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Casi una prima

Casi una prima

Autor: : Miri Baustian
Género: Romance
Un incontrolable juego de seducción comienza entre Ornella y Franco. Pronto todos notan esa atracción que sienten el uno por el otro a pesar de ser casi primos. La maldad de una novia resentida y el miedo de Franco de perder la comodidad de su libertad, juegan en contra cuando quiere dominar la situación. Ornella se da cuenta que esa seducción de la que disfrutaba, no le alcanzaba, no solo quería acercamientos inocentes, quería ser hasta el aire en su respiración, ser ella la dueña de su corazón, aunque eso era más complicado de lograr.

Capítulo 1 Mis ratones

Por Franco

Se abrió la puerta de mi oficina, no levanté la mirada de mi laptop.

Odiaba que entren sin llamar previamente.

No sé donde estaba mi secretaria.

De todos modos, los que entran sin llamar podían ser mi primo y mi madre, a quién ya curé espanto cuando me vio con mi novia en un momento bastante íntimo.

Claro, después me dio el sermón diciendo que una oficina no era para hacer esas ¨cosas¨, pero desde ese momento y para evitar su propia incomodidad, cuando necesita venir a mi oficina, me manda un mensaje por celular y luego golpea la puerta.

Siento a alguien que rodeó mi escritorio y estaba parada a mi costado.

Vi las piernas y me corrí hacia atrás, sin darme tiempo de hacer otra cosa, porque ella se sentó sobre mi escritorio corriendo la laptop.

A cualquier otra persona no le hubiese permitido hacer una cosa así.

Pero ella...me puede.

Es como una primita o algo así...

Acaba de cumplir 18 años y yo tengo 25, ella es la hija de la mejor amiga de mi madre que también es su asistente y trabajamos todos juntos en nuestra empresa familiar, que a raíz del fallecimiento de mi padre hace 2 años, me hice cargo yo, mi madre no estaba en condiciones y mi hermana tiene la edad de Ornella.

Cuando la miré me quedé sin habla.

Tenía puesto un ajustado y diminuto short de jeans y cuando digo diminuto...es muyyyy pequeño y un top negro que muestra mucho más de lo debido...

Su pecho quedó a la altura de mis ojos.

No tenía corpiño.

Yo tenía el aire acondicionado bastante alto, por lo que enseguida noté que no traía corpiño debajo de ese top negro de tela fina.

Todavía no levanté la mirada, estaba hipnotizado mirando...hacia adelante mío.

Es tu primita, me dije.

No podés ponerte así con Ornella, me moví inquieto en mi silla.

Levantá la vista idiota, me reté a mi mismo.

Con un esfuerzo sobrehumano, la mire a la cara, mi amigo me estaba avisando que deje de mirarla.

Me encontré con sus hermosos ojos verdes y una sonrisa espectacular.

-¡Hola, qué pensativo!

-Ehhhh, sí, estaba estudiando un documento.

-Ya me podés contratar como tu asistente.

-No.

-¿Por qué?

Me descolocó, no sabía qué decirle, pero tenerla todo el día cerca no podría y ni hablar del escándalo que me haría mi novia.

Estaba totalmente celosa de Ornella, no sabía por qué, si era como una primita.

-Sí, lo podés hacer, y me tenés que felicitar.

Se inclina hacía adelante, casi pone sus pechos en mi boca.

Yo doy un salto hacia atrás.

Hasta me debí haber puesto colorado, la miré, estoy muy nervioso, por no decir excitado.

-¿Qué...hacés?

-Me quiero parar y con estos tacos no puedo pararme fácil, me tenía que agarrar de vos.

Yo tengo la mente muy sucia, debe ser eso.

Cuando me mostró las sandalias de tacos rojos, abiertos y altísimos, levantó la pierna, hoy me va a matar de un infarto.

¿Lo hará a propósito? No creo...es mi primita.

Se vuelve a agarrar de mí.

Yo estoy controlando mi mente, pero tengo un límite.

-Dale, parate y dame un abrazo.

-¿Para qué?

En realidad no me quería parar, se iba a notar mi amigo, que está por reventar mis pantalones.

-Aprobé el curso de ingreso a la facultad.

Me agarra de la mano y me hace parar.

La voy a abrazar como cuando era chiquita o sino de lejos...

Pero ella, impulsiva, se pega a mí, rozándome con sus pechos y sé que está sintiendo mi erección.

Yo no doy más y me pegué a ella, sin dejar que pase ni una hoja de papel entre los dos.

No se corrió, no se alejó, yo la abrazo deslizando mi mano por su espalda casi desnuda.

-Ornella...

Le dije al oído con voz ronca.

La miré a los ojos, ella me estaba mirando.

Llevé una mano a su cara y con un dedo le delineo los labios.

Cuando me incliné para besarla, ya no aguanto más, me estaba consumiendo el deseo, y era evidente que no podía ni pensar en mis acciones, golpean en la puerta.

Nos separamos, yo me senté de golpe, se notaba la carpa en mis pantalones.

-Adelante.

Dije, tratando que mi voz salga lo más normal posible.

Entra Claudia, mi novia.

-Hola amor.

Comienza a decirme, pero cuando ve a Ornella parada al lado mío, su cara se transformó.

Quiso disimular, aunque no lo logró y sé que me espera un día de discusiones, pienso rápidamente que regalo le puedo hacer para calmarla.

-¿Qué hacés acá, Ornella?

Le pregunta de muy malos modos.

Ornella sonríe, con suficiencia, la quiero matar porque con esa sonrisa, está provocando adrede a Claudia, ya sé lo que se viene, porque entre ella y Mili, mi hermana, le hacen la vida imposible.

Cuando están las tres juntas se disputan mi atención, compiten por todo y después a compensar a Claudia con regalos.

-Vine para Franco que me felicite por mi ingreso a la facultad.

-Todos ingresamos a la facultad.

Le dice con ese aire de superioridad que la hace ver muy antipática.

-Y a decirle que mi tía me prometió contratarme como asistente de él.

-¿De quién?

Cerré los ojos, la que me espera...

-De Franco.

Claudia me mira lanzando flechas envenenadas que le salen por los ojos.

Yo levanté las manos como diciendo que no tengo nada que ver.

-¿Así vestida pensás trabajar?

Le dice con mucho desprecio.

-¿Estoy fea?

Me pregunta haciendo puchero.

Ay su boca...

Separo mis ojos sin contestar, no le puedo decir que está para derretir todo el hielo de la Antártida.

-Aparte voy a empezar en marzo, primero vacaciones y mucha pileta.

Me mira guiñándome un ojo.

-Pareces una cualquiera vestida así.

No, no, no...

-Cuando tenga tu edad, me voy a vestir como una vieja.

Y lo vi venir.

Las tenía a las dos de frente, a punto de agarrarse de los pelos.

-Chicas, ya está bien.

Dije parándome entre las dos.

-Ornella, discúlpate.

-¿Por qué? Me llamo una cualquiera.

-Orne, cielo, no sos una cualquiera, pero ya te dije varias veces...

Me quedé, porque Claudia estaba a punto de golpearme a mí.

-Les dije varias veces a vos y a mi hermanita -resalte hermanita- que no se pueden vestir tan provocativas, está mal.

-Pero es muy divertido ver como todos, absolutamente todos los hombres, nos miran y nos dicen cosas.

Mi cara cambió, tenía un ataque de celos, quiero taparla, que se quede conmigo, debajo de mí sería mejor.

Estoy loco por lo que estoy pensando con mi novia delante mío.

No resistí el impulso de pensar en ella de esa manera.

-¿Están locas? Se pueden cruzar con algún degenerado que quiera hacerles algo, tocarlas o algo peor.

Mierda, como que me estoy describiendo.

La tengo tomada por el brazo y se lo estoy apretando más de lo debido.

-¿Qué te pasa? Me lástimas.

Ornella se queja

-Tienen que tener cuidado, no es divertido lo que hacen.

Mis palabras son para llamarle la atención, como el adulto responsable que soy.

-Franco, ¿Por qué te ponés así? Ella no es nada tuyo.

-Claudia, te equivocás, es por mi hermana y por ella, ninguna de las dos tienen padre y el hombre de la casa soy yo, son mi responsabilidad.

-Yo me visto como quiero, cuando tenga 30 o por ahí 40, me voy a vestir como ella.

Ornella no se calla y busca provocar a mi novia y lo logró fácilmente.

-¿Ves? Me trata de vieja.

-No te dijo nada, y vos tapate un poco porque sino...

Me mira sonriendo ¿Me está provocando a propósito?

-¿Por qué sino qué?

Me está desafiando y si estaríamos solos, le contestaría...

No puedo ni empezar a decirle todo lo que me provoca hacerle.

Noto que me estoy poniendo duro de pensar, no Franco, no es el momento.

-De verdad, eviten problemas.

-Ufa.

Me dice con una actitud infantil, que nada tiene que ver con su cuerpo y su cara.

Sí, tiene rasgos infantiles, una carita en donde se notan sus 18 años, pero...mierda, no dejo de repetirme que ya tiene 18.

No entiendo que me está pasando.

Es un juego peligroso, es una chiquilla que vi nacer, crecer y...desarrollarse.

-Orne, me alegro mucho por tu ingreso a la facultad...¿Ahora, nos podrás dejar a Claudia y a mí para tratar un tema importante a solas, por favor?

-Esta bien, nos vemos.

Me abraza pegando su cuerpo al mío, yo me quedo inmovil, Claudia me mira con odio y celos, trato de no sentir los pezones parados de Ornella en mi pecho.

-Anda con cuidado.

Dije tomando fuerzas no sé de donde, para separarla de mí.

Cuando por fin se fué, me acerque en forma inmediata a Claudia

-Cielo, ahora que estamos solos...

-¿Ahora si te acercás?

-¿De qué hablás? Siempre me acerco a vos...

-Esta mocosa me tiene harta, ya lo sabés.

Claudia no puede dominar sus celos.

-No puedo hacer nada, es casi mi primita.

-Casi.

Recalca.

-Claudia, no empieces con tus celos absurdos.

-No son absurdos.

-Sí y lo sabés, quiero estar bien con vos y no discutir otra vez a causa de Orne.

-No la llames Orne, me enferma.

-Se llama así, basta, de verdad, es casi mi prima, la ahijada de mi madre y la mejor amiga de mi hermana.

-Esa es otra.

-¿Quién?

-Tu hermana.

-Ya basta, no podés meterte con Mili, ni siquiera está.

-Perdón, corazón.

-¿Vez? Terminamos mal en lugar de estar ocupando el tiempo en otra cosa.

La verdad es que toda la excitación que me había provocado Ornella había desaparecido, pero sé que con unas pocas caricias, estaría otra vez a mil.

Necesitaba un desahogo, por Dios...

-Clau, vení, necesito tus besos.

Soy un mentiroso, lo que necesitaba era un desahogo...

Terminamos haciendo un rapidito en mi oficina.

Tratando de no hacer demasiado ruido, sé que se escucha y mi asistente, una señora a punto de jubilarse, que trabaja con mis padres desde tiempos remotos, siempre, absolutamente siempre, le va con el chisme a mi madre.

Pero esta vez sentía que explotaría si no me echaba uno, aunque sea rapidito y todo por culpa de Ornella.

Estuve a punto de besarla y le apoyé mi miembro endurecido.

Estaba casi obsesionado con ese momento, nunca tuvimos un momento tan...íntimo.

Soy una bestia, es como mi primita y yo solo recuerdo su pecho a la altura de mis ojos.

Aparte, la que se vendría si es que mi madre la contrata como mi asistente, no podría aguantar tenerla siempre cerca.

Aunque realmente siempre está rondando por donde estoy.

Sé que es casualidad, es que con mi hermana hacen todo juntas.

Por eso la veo siempre, y por siempre, quiero decir todos los días.

Si tengo que ir a buscar a mi hermana a una discoteca, las traigo a las dos, si la tengo que llevar a un recital, las llevó a las dos, si estan tomando sol en casa, están las dos, si entran a la piscina, entran juntas, en la facultad también hicieron el ingreso juntas y obvio que eligieron la misma carrera.

Se visten parecido y más allá de lo que me provoca Ornella, no me gusta para nada cómo se visten.

Mi hermana es muy bonita y tiene buen cuerpo y Ornella también, hasta en eso se parecen, físicamente son bastante parecidas.

Es verdad siento que debo proteger a mi hermana, mi madre no se recuperó del todo de la muerte de mi papá.

El padre de Ornella falleció hace 6 años, también estuve para ella cuando sucedió, en esa época trate de llevarlas al cine, a tomar helados, a pasear, y creo que por eso digo que es casi como una prima.

Una prima que no tiene ni una gota de sangre en común conmigo.

Capítulo 2 Borrachas

Por Franco

Llegué de la empresa, hacía un calor infernal, eran las tres de la tarde, volví a esa hora porque era sábado, y los sábados no suelo trabajar todo el día.

Me puse un short de baño y me dirigí a la piscina, me iba a refrescar, estaba por zambullirme de cabeza, cuando las veo.

Estaban de espalda, me molesta bastante ver a mi hermanita con una pequeña bikini, se expone demasiado, aunque... estaba en casa.

También estaba Ornella, con una bikini más pequeñita aún...

Dios, que culo...

En lugar de tirarme a la pileta, me acerqué a las chicas.

-Hola.

Al acercarme, me di cuenta que tenían la parte del corpiño de la malla, desabrochada, para no tener marcas de bronceado.

¿La delantera, Orne, también la tendrá sin marcas de corpiño para broncearse pareja?

Mi hermana no se movió, pero Ornella se incorporó un poco, levantando su torso.

¿Qué le pasa?

Le estoy viendo el pecho desnudo... Bueno casi, tampoco se incorporó demasiado y sé que estoy mirando demasiado.

Se da cuenta que la estoy mirando y aún así no cambia de posición.

No puede ser.

¿Por qué me pasa esto a mí?

Yo, desde que ella se desarrolló, siempre traté de mantenerme al margen, de no mirarla con ojos que no sean como los de un hermano mayor o los de un primo.

Pero sé que no siempre lo logré.

Aunque tengo novia y de verdad la quiero.

A Claudia la conocí en la facultad, hace tres años que salimos, vamos bastante en serio, no estamos comprometidos ni nada por el estilo, pero me proyecto junto a ella en el tiempo, así debe ser la vida.

No obstante, siento algo inexplicable por Ornella.

Debe ser porque sé que para mí está prohibida.

Es tan jovencita y me vuelve loco como se viste.

Siempre tan provocativa, tan distinta a Claudia.

Claudia se viste formal porque es abogada, trabaja en un juzgado.

No puede vestirse como una chiquilla.

Ya no tiene 18 años...

Claudia tiene mi edad, es adecuada para mí.

Pienso todo ésto, pero no dejo de mirar su pecho, me estoy sintiendo muy incómodo y aún así, sigo mirándola, adivinando lo que no se vé y deleitándome por lo que se vé.

-Te estoy hablando Franco.

Dice mi hermana.

Menos mal que está mirando para otro lado, de verdad estaba perdido, con mis ojos clavados en Ornella.

-Ehhh, sí.

Se incorpora ella también.

Emocionada.

-¡Buenísimo!

No sé por qué dice buenísimo.

Pero ésto es incomodo, está en la misma posición que Ornella.

-Mili, tapate, estás desnuda y soy tu hermano.

-Sos un enfermo, no se me ve nada.

-No me gusta que estén sin malla.

-Tenemos mallas puestas y estamos solas.

-Estoy yo.

-Pero sos mi hermano.

-Pero no sabés si vengo con alguien.

-No viniste con nadie.

-Se tapan más, las dos.

Dije sin poder apartar la vista de Ornella, no puede estar así, me...vuelve loco.

Nadé un rato largo, necesitaba cansarme y enfriarme.

No sé si ella es consciente de lo que me hace sentir.

Cuando ya estaba agotado, salgo de la pileta y Ornella está sola, de espalda, pero sentada y sigue sin corpiño.

Me tendría que haber ido, pero una fuerza inconsciente e incontrolable hizo que me acerque.

-¡Qué susto!

Me dice mientras agarra lentamente el corpiño de la malla y se lo pone, a todo esto la vi completamente desnuda, hasta el lunar y sus pezones rosados, está bien que se tapó con el brazo, pero yo...la ví, en otro momento me hubiera alejado, sería lo correcto.

No sé en qué momento se volvió tan descarada.

Y en qué momento creció tanto.

-¿Me atás la malla en la espalda? Porque si me muevo, me ves y no te gusta.

Como decirle que me encanta, que estoy fascinado, pero que no es correcto...

No es correcto lo que siento, es la ahijada de mi madre, la mejor amiga de mi hermana, una prima para mí.

Mi manos casi temblaban, por favor, con mi experiencia y me estaba comportando como un adolescente.

Al agarrarle la tirita de la malla le roce la piel, yo me estaba conteniendo para que mis manos no se vayan a un lugar incorrecto, ya sé, estaba de espalda, pero mis manos tenían ganas de deslizarse hacia adelante.

Le hice un nudo apretado y fuerte, no se lo va a poder desatar sola, me imaginé a mí desatándolo.

Estaba tan cerca de ella que mi aliento rebotaba en su cuello.

La solté de golpe y me fui, como alma que lleva el diablo.

Estaba excitado, ella tiene que ser consciente de lo que me produce su cercanía.

Sé que ella algo debe sentir por mí, o a lo mejor lo que siente es que le gusta ponerme a mil, ya lo dijo el otro día en mi oficina, que le encanta que la miren y le digan cosas.

No sé en qué momento empezó ésto, tal vez existió siempre, bueno, no siempre.

Hace un par de veranos atrás, empezaron a vestirse más provocativas, ella y mi hermanita,

No me gusta que mi hermana se exponga y Ornella, bueno, Ornella...tampoco.

Llegué a mi habitación avergonzado por la carpa que tenía en mis pantalones, no puedo controlarme, eso me molesta y mucho.

Este año, justo después de cumplir los 18, se destaparon totalmente.

Estuve el resto del día en mi habitación, traté de dormir un rato, a la noche íbamos a cenar con Claudia y después terminamos en su departamento.

Claudia insiste en que yo viva solo, pero mi madre todavía está mal y mi hermana necesita atención, que la lleve, la acompañe, la busque...

No le quiero comprar un auto porque la calle es peligrosa y porque me gusta que ellas dependan de mí.

Mi hermanita y Ornella...

Estoy a punto de salir, cuando las veo bajar por la escalera, vestidas casi como prostitutas, maquilladas al máximo.

-Mili ¿Qué hacés vestida así?¿A dónde vas?

-Te pregunté hoy, cuando estábamos tomando sol y me dijiste que sí, hasta te contesté buenísimo.

Mierda, es verdad, dijo buenísimo y yo por mirar como un baboso a Ornella, no sabía que me había dicho.

No le puedo decir que por estar perdido mirando a su amiga, le dije cualquier cosa.

-¿A dónde van?

-Ya te dije, a la discoteca nueva.

-Están muy llamativas vestidas, las dos.

-Que cuida que sos, hermanito.

-Mili no te podés vestir así y vos...tampoco.

Mi hermana, ignorándome por completo, fue a la cocina y Orne se me acercó, mucho.

-¿Por qué no puedo ir así?¿Estoy fea?

-Yo...vos...no podés salir tan llamativa.

-Eso es cuestión de opinión... mientras no me quede mal, yo me siento cómoda así.

Gira mostrándome como le queda ese enterito rojo, que se puso, es short, enterito, ajustado, una tela que se le pega a su cuerpo, le marca todo y otra vez está sin corpiño, se le vé todo y quien sabe con qué degenerados se van a cruzar.

-Ya crecimos, puedo usar ésto y otras cosas.

¿Por qué se me acerca tanto?

-Ornella...tenés que taparte un poco más, ponete ropa interior, por favor.

-Tengo bombacha, es colaless para que se luzca más el catsuit.

-Ornella, no me podés decir que ropa interior tenés puesta, te escucha Claudia y se me arma.

-Claudia no está.

Dijo guiñando un ojo.

Me acerco a ella, la estoy por acorralar contra la pared, a besarla como un loco, estoy perdiendo el sentido.

La agarré de los brazos, apoyándola contra la pared y escuché que se abre la puerta de la calle.

Era mi mamá.

Me separé tan bruscamente que casi me caigo.

Estoy agitado, no puedo seguir así.

A lo mejor eso de vivir solo y verla un poco menos ...

Estar cerca de ella es como una droga.

-Qué hermosa que estás Orne y vos también Mili, que la pasen lindo esta noche, a lo mejor conocen a algun chico que les guste.

Mi cara se desfiguró por completo

No quiero que a ella le guste alguien más.

Quiero ser el único con el que ella coquetee.

-Gracias tiuchi, sí, hay unos chicos bastante interesantes en nuestro grupo de amigos

Yo quiero ser el único interesante para Ornella.

-Menos mal que accediste a llevarlas y a buscarlas, Mili me contó.

Me callo, porque no sé cuando accedí a eso, ni siquiera pensaba dejarlas ir.

Las protejo.

No soy un hermano sobreprotector, bueno, tal vez un poco.

Pero Ornella...no quiero que salga, ni que conozca gente interesante, ni amigos, ni nada.

-No tengo problema en llevarlas y traerlas, solo digo que se podrían vestir un poco más...

-No me voy a vestir como una vieja, como se viste tu novia.

Dice Mili, que no pierde oportunidad para decir algo sobre Claudia.

-No empieces, no sé porque no les gusta Claudia.

-Es mala onda y es ella la que no nos quiere.

-Vamos, que después tengo que salir, cuando quieran volver, me llaman.

-O nos pueden traer los chicos.

-Nada de chicos, me llaman a mí.

Le digo a mi hermana, pensando que las pueden traer por separado y hacerles algo.

Salimos y las dejé en la puerta de la discoteca, es verdad, están todas las chicas vestidas más o menos parecidas, lo que sucede es que ellas se destacan.

Mi hermana era preciosa y Ornella, ella es tan sexi, con esos ojos verdes preciosos y ese cuerpo que me genera tantas cosas.

Sin querer pensar más, las dejé en la cuadra de la discoteca, recomendándole mil cosas, Mili me quiere matar, Ornela me mira y sé que también está bastante molesta.

Claudia ya estaba lista para salir, reprochándome que tardé, cuando le dije que fue porque dejé a las chicas en la puerta de una discoteca y que por eso se me hizo tarde, se puso peor.

-Es mi hermana y la tengo que cuidar.

Con eso que no se meta, le guste o no, soy el responsable y mi hermanita es mi prioridad.

-Sí, pero siempre está con Ornella.

-No se gasta el asiento del auto porque venga Orne.

Se calló la boca, la realidad es bastante molesto los celos que mi novia le tiene a mi hermana y ni decir los que le tiene a Ornella, y eso que no tiene idea sobre las erecciones que últimamente me está provocando Ornella, lo logra solo con verla y si se entera que estuve tres veces a punto de besarla, porque en la pileta, estaba más que loco por hacerlo, y en mi oficina, si ella no hubiera llegado, lo hubiera hecho...hace un rato, en mi casa también estuvo a punto de besarla,por suerte fuimos interrumpidos por mi madre.

Es mejor ser interrumpidos, no sé con qué cara la miraría después, porque con Claudia no pensaba terminar la relación.

Salimos a tomar algo y luego volvimos a su departamento, estábamos en lo mejor de la acción, estoy con ella encima, haciéndolo por segunda vez, cuando suena mi celular, lo ignoro, aparentemente, no obstante apuré el trámite, por sí eran las chicas quienes me estaban llamando.

Claudia parece que piensa que también pueden ser las chicas y alarga la cuestión.

El celular vuelve a llamar.

-Ahora estás conmigo.

Me dice cuando nota que yo miro ansioso hacia donde está mi celular.

Es verdad, es nuestro momento.

De todos modos, apuro los embestistes y me derramé, casi sin gozar.

No sé si Claudia llegó a tener un orgasmo, mi mente estaba pendiente del sonido de mi teléfono.

Apenas acabé, tomé el celular, trate de manejar mi respiración, no me gusta que me escuchen agitado, y que piense que estoy teniendo sexo.

Llamé al número que me había llamado, era Ornella.

No le entendía muy bien, la música tapaba la mayoría del sonido y ella parecía borracha.

¿Borracha?

-Orne, ¿Estás borracha?¿Y Mili?

-Yo nop esatouy brooorsash.

Mierda, ni podía hablar.

Corto y llamé a Mili, me atendió Ornella de nuevo, diciendo que Mili está tomada, o al menos eso quería decir.

Capítulo 3 Tentación

Me vestí volando, Claudia estaba con cara de culo, diciendo obscenidades.

Yo estaba enojado con las chicas por haber tomado y con Claudia, porque en lugar de calmarme, me ponía peor.

Parece que quería pisotearlas cuando ya estaban caídas.

No me gustó esa actitud.

Siempre hacía lo mismo.

Ellas son mi familia y las adoro, porque más allá de lo que últimamente me pasa con Ornella, la adoro, como siempre, al igual que a mi hermanita y también adoro a mi madre.

También está Mari, la madre de Ornella, que es como mi tía y una tía a quién quiero mucho.

Llegamos a la disco, Claudia me dice que me espera en el auto.

Pensaba que iba a pasar vergüenza si salía con dos chicas tomadas, que su imagen se iba a ver afectada y no sé qué sarta de tonterías me dijo.

Es muy prejuiciosa.

No comparto para nada ese pensamiento.

Entré y vi a dos tipos muy cerca de las chicas, me puse como loco.

-Mili, no salís nunca más, y vos Orne, tampoco.

No creo que entiendan lo que les digo, Mili está casi desvanecida, la alcé y la llevé a mi camioneta, luego volví por Ornella, ella podía caminar, pero si se agarraba de algo o de alguén, así que también la levanté a upa y la llevé a mi camioneta.

Claudia, cuando me vio llevando a Ornella en mis brazos, se puso súper celosa ¿Pero qué más podía hacer?

Llegamos a mi casa, saqué a Mili de la camioneta y la llevé a su habitación, volví por Ornella y también, alzándola, la llevé a la habitación de Mili, allí había dos camas, porque desde chicas compartían tanto que había dos camas en la habitación de cada una.

Cuando deposité a Ornella en la cama, le quise acomodar su ropa, tenía más de medio pecho afuera, pensé en acomodar su ropa sin otra intención, solo que cuando la rocé, el animal que llevo adentro, se apoderó de mí y al mirarle lo labios, no pude resistirme, terminé por besarla en la boca, lo hice con una pasión desmedida, no me conozco, está borracha y yo haciendo ésto.

Sentí su pezón endurecerse, tan pegada a mí la tenía.

Ahogue un gemido en su boca.

Ella me devolvió el beso, yo no quería que ese momento acabara.

Por otro lado, esperaba que Ornella no recuerde lo que hice.

¿Será de verdad que soy un degenerado, como me dice Mili cuándo le digo que se cubra más? ¿Es qué los hombres no sienten lo mismo que yo, cuándo ven a Ornella?

Sentí la voz de Claudia llamándome, mientras subía la escalera, estaba chillando porque tardaba.

Salí de la habitación de las chicas, casi temblando, ese beso fue de otra dimensión, su sabor dulce, mezclado con el alcohol, me había dejado en standby .

No quería ni acercarme a Claudia, porque me iba a oler el beso que le di a Ornella.

Al menos eso suponía.

No sentía culpa con respecto a Claudia.

Me sentía mal porque no correspondía hacer lo que le hice a Ornella.

Para colmo de males, estaba duro y no podía sacarme de mi mente a Orne.

Estábamos volviendo al departamento de mi novia.

-¡Cuidado!

Mierda, casi choco, entre el cansancio y la boca de Ornella, por no pensar en la piel tan suave y exquisita que tiene, y los pezones duros, porque se los sentí...

-Franco casi chocaste dos veces.

-Es que estoy cansado.

-Todo por culpa de esas dos mocosas.

-No empieces, porque te dejo en tu departamento y vuelvo a casa.

-No, ya no manejás más en este estado.

Tiene razón, no podría, tampoco se lo quiero admitir.

Por otro lado, necesito acción, estoy necesitado de sexo, el beso que le di a Ornella y como me lo respondió, llevarla en brazos, verla acostada en la cama, con la ropa desordenada, me excitó muchísimo, necesitaba acción nuevamente.

Llegamos al departamento y me acerqué a Claudia en son de paz.

-No, Franco, ahora no, es tarde.

-Estoy despabilado, dale...

Me serví un trago de whisky, para que no me encuentre sabor en mi boca el aliento de Ornella, a lo mejor ya se fue hace rato, pero yo lo sigo sintiendo.

Intenté de nuevo un acercamiento, sino, voy a tener que darme una ducha de agua bien fría.

Por suerte, mi novia accedió, pero yo no podía sacar el aliento de Ornella de mi boca o de mi mente.

Hacerlo con Claudia, de repente ya no era siquiera tan entretenido, pero era eso o nada.

También había más opciones, pero no en ese momento.

Sí, quiero a Claudia, ponele, pero no es ese amor fatal, con el que sentís mariposas en el estómago.

Ni esa pasión que desborda, ni esas ganas de acostarte con ella y solo con ella.

Tenía algún que otro affaire.

Nada de importancia.

Sin embargo, sé que estamos pasando un momento bastante de mierda con Claudia, ella está cada vez más celosa de mi familia y eso no lo puedo permitir, y con respecto a Ornella, a lo mejor se imagina mis ratones, los que no me dejan tranquilo.

Pienso continuamente en Ornella y sé que es porque no la puedo tener y porque ella me busca, aunque creo que lo hace inconsciente, no debe estar ni cerca de sentir algo por mí, aunque el beso que me devolvió...

Estando dormida.

¿En quién estaba pensando cuando me devolvió ese beso?

Los celos me carcomieron y no podía más con mi mal humor.

Al día siguiente me desperté cerca del medio día, quería ir a casa, solo pensaba me tenían que escuchar las dos.

No pueden tomar hasta quedar casi inconscientes.

Si no saben tomar, que no tomen.

Me visto rápido, Claudia seguía durmiendo, no sé si despertarla, no quiero que venga a casa, es un asunto bastante serio el que tengo que hablar con las chicas, y si está Claudia, les va a comenzar a decir un montón de cosas que a mí me molestan.

Por otro lado, si se despierta y no estoy, se va a enojar, a la mierda con las mujeres.

Me siento bastante presionado y la atracción que siento por Ornella no hace más que complicar las cosas y aumentar mi estrés.

Decidí dejarla dormir, porque si se despertaba e íbamos a mi casa, igual iba a tener cara de culo.

Mientras manejaba, iba pensando todo lo que le tenía que decir a mi hermana y a Ornella.

Cuando llegué a casa, ellas seguían durmiendo, mi madre no sabía nada, pero no puedo cubrir ese tipo de actitud, lo lamento, sé que tiene bastante con su luto, pero también tiene que comprender que no puede dejar de lado todos los problemas, me duele mucho la muerte de mi padre, muchísimo, fue un gran padre, un maravilloso marido y una persona increíble, pero ya hacía dos años que había fallecido.

Mi hermana no podía hacer lo que se le ocurría y mi madre tenía que empezar a poner límites, sino después se iba a complicar más con las actitudes que Mili tenía últimamente, y con respecto a Ornella, siento que soy responsable por ella y que la tengo que cuidar del mismo modo que a mi hermana, aunque no sea nada mío, ella significa muchísimo para mí.

-Voy a despertarlas y me van a escuchar.

Dije con decisión, luego de hablar con mi progenitora.

Mi madre estuvo de acuerdo.

Gran error, entré sin llamar.

Mili seguía durmiendo y Ornella estaba envuelta en un toallón, se había duchado.

El cabello dorado, ahora muy oscuro, porque estaba mojado, le caía por la espalda, estaba sin una gota de pintura e igual era una mujer hermosísima.

Lucía tan juvenil y muy sexi envuelta solo con ese toallón.

-Tengo que hablar con ustedes dos.

Dije mientras estaba entrando.

Claro que la vi envuelta en el toallón y me callé la boca, o más bien no podía seguir hablando porque no podía cerrar mi boca, espero no babear.

-Orne...yo...vengo después.

Verla así me hizo olvidar del enojo.

-Tendrías que llamar, ya no somos unas niñitas, me podrías haber encontrado desnuda y después te enojas conmigo...

-Perdón, tenés razón.

-Si, ya lo sé, pero después no te enojes cuando entre a tu habitación sin llamar.

-Orne vos no tenés que entrar a mi habitación.

Le dije titubeando.

-¿Vos podés entrar acá, sabiendo que estoy yo y después enojarte conmigo?

Ornella se me acerca demasiado, yo estoy tratando de controlar mi respiración, para que no note lo que puede lograr con su presencia tan cerca mío.

-¿Te molesto?¿Ya no me querés como antes?

Me pregunta con voz de niña pequeña.

-Ornella, no me molestás y sí, te quiero un montón, pero...

-¿Qué?

Me preguntó haciendo pucheros, Dios, su boca...

-Orne...déjame...salir, así...te vestís.

Le digo, porque ella me tenía agarrado de un brazo.

-¿Vez, lo hacés otra vez?

-¿Qué hago?

-Viniste a decirme algo y de repente no me querés hablar.

-Orne, vestite, por favor y después hablamos.

-No, hablemos ahora, yo...te quiero pedir perdón, ya sé que nos excedimos anoche.

No puedo hablar mientras ella está así, casi desnuda, mi mente está más pendiente de su cuerpo que de lo que le tengo que decir.

-Sí, se excedieron muchísimo, cuando llegué estaban con dos tipos al lado, se las podrían haber llevado a cualquier lado y hacerles cualquier cosa.

-Perdón, no va a volver a pasar.

-Tienen que tener cuidado, te pueden poner cualquier cosa en la bebida y terminan violadas o muertas.

Se le caían las lágrimas.

Yo la quería consolar, abrazar...besar.

-Orne, no llores, solo tenés que entender que hay cosas que no se hacen.

-No lo volveré a hacer, te lo prometo.

-Ayer estaba tan estresado cuando volvía para el departamento de Claudia que casi choco dos veces, no puedo más con ustedes.

-Perdón.

Ella se me acerca y me abraza, levanta los brazos para colgarse de mi cuello y siento que se le afloja el toallón.

-Orne, soltame y vestite, por favor.

Le digo en voz baja.

-Antes me abrazabas...

-Nena, por favor, no me hagas ésto.

Se lo digo al oído, no sé si mi hermana sigue dormida.

Yo estoy excitado y muero por besarla, Ornela está tan pegada a mí que es imposible que no esté notando mi excitación.

-Ornela...yo...me tengo que ir.

La tengo muy cerquita, la habitación está en penumbras y yo apenas me puedo controlar para no tomarla en mis brazos.

-Perdonanos...porfi, ¿sí?

-Orne...no lo vuelvan a hacer, si les pasa algo yo me muero, ¿Sí cielo? Ahora vestite.

La agarré de la cintura y la separé, ella enseguida agarró el toallón, se le iba a caer.

Salí huyendo.

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