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Cautiva del Destino

Cautiva del Destino

Autor: : Vermont
Género: Romance
Atrapada en medio de la violencia, Jeanne se encuentra dividida entre dos hombres que le han causado un gran dolor en el pasado. Ambos están inmersos en una lucha por el poder, y ella debe elegir entre ellos, pero pronto descubre que nada es lo que parece. Su salvador heroico puede ser en realidad un villano, desesperadamente enamorado de ella. Con su vida en peligro y su mente en turbulencia, Jeanne debe enfrentar sus demonios internos y descubrir la verdad.

Capítulo 1 capitulo 1

La vida en una gran metrópolis pesa, como si la gravedad de planeta estuviera sobre si misma, el bullicio de las multitudes, los coches y los puestos de comida que saturan el aire con sus olores se convierte en una pesadilla. Permanecer horas atrapada en un tráfico infernal genera un mal humor que podría destruir a cualquiera.

Sin embargo, ella no era cualquiera. Había vivido al borde del precipicio durante toda su vida, desafiando constantemente su capacidad de supervivencia. A sus 19 años, era completamente independiente, habiendo perdido a sus amados padres cuando apenas tenía 15 años.

El dinero de su herencia había sido congelado por los bancos, y solo recibía una pequeña suma mensual para sobrevivir. Vivía en una casa grande, pero siempre se quedaba en su cuarto, el más pequeño de la casa, construida por su padre con sus propias manos.

Aún recuerda la primera vez que durmió en esa casa, sin pintura y oscura, careciendo de puertas. Pero poco a poco, su hogar se transformó en el más grande y hermoso del barrio, gracias al esfuerzo y talento de su padre, un constructor con pocos estudios que se convirtió en uno de los mejores arquitectos del país. Su madre administraba la empresa, y su hermana había seguido los pasos de su padre, convirtiéndose en una experta en la materia.

Pero Jeanne era diferente. No era una persona estática, sino que amaba viajar y lo hacía cada vez que tenía la oportunidad. Desde los 12 años, se propuso recorrer el país completo, y durante las vacaciones arrastraba a sus padres a todo tipo de lugares, donde probaban la comida local y conocían los centros espirituales. Para ella, era el mayor deleite que podía existir.

Jeanne había llegado temprano a su sesión con el psicólogo, quería tener tiempo para sentarse y reflexionar sobre su futuro, sobre lo que quería hacer ahora que había terminado la escuela secundaria. Mirando por la ventana, pensó en cómo había llegado hasta ahí, en su soledad y en la tragedia que había marcado su vida. Pero Geovany, su psicólogo, estaba allí para ayudarla a seguir adelante.

- ¿Lo has pensado? -, preguntó el hombre interrumpiendo sus pensamientos. Jeanne se sorprendió al escuchar su voz y lo miró con curiosidad. - ¿Pensar qué? -, preguntó ella, aún confundida por la conversación.

- Que pasará ahora que te vas a graduar de la escuela secundaria -, dijo él con una sonrisa amable. - Quiero estudiar, por supuesto, solo que aún no decido -, respondió ella, tratando de mantener su voz en calma.

- ¿Te inclinarás por la construcción? -, preguntó Geovany con curiosidad. - No, nunca lo haría. Ese mundo fue el que mató a mi familia y ahora, gracias a ti, puedo respirar sin la presión en el pecho -, respondió ella con tristeza en su voz.

- ¿Entonces? -, preguntó Geovany, esperando una respuesta. - Quisiera, ya sabes, algo de arte -, dijo ella, pensando en su pasión por la pintura. - ¿Retomarás la pintura? -, preguntó Geovany con una sonrisa. - Creo que sería algo bueno, hace mucho que no lo hago -, dijo ella con una pequeña sonrisa en sus labios.

- Es una buena terapia, cuando lo decidas déjamelo saber y te ayudaré a encontrar el mejor lugar para que sigas tu camino -, dijo Geovany con una voz suave y amable. - Eso me ayudaría mucho, pero quiero hacerlo por mi cuenta -, dijo Jeanne con determinación en su voz.

- Jeanne, no es malo recibir algo de ayuda -, dijo Geovany con una sonrisa reconfortante. - Pero, si eso es lo que quieres, te apoyaré en todo lo que decidas hacer. Solo recuerda que tienes un talento increíble y que debes perseguir tus sueños con pasión y determinación -.

Jeanne asintió, agradecida por las palabras de aliento de su psicólogo. Sabía que no sería fácil, pero estaba dispuesta a seguir adelante y a perseguir sus sueños. La vida podía ser dura y solitaria, pero con la ayuda de Geovany y su propia determinación, estaba segura de que podría superar cualquier obstáculo y alcanzar el éxito que se merecía.

Ella había aprendido a vivir con lo que tenía, a aceptar las limitaciones que le había impuesto la vida, pero su amor por los libros nunca disminuyó. Los libros eran su refugio, su escape, su compañía en los momentos solitarios. Y esa librería en particular era su tesoro, su paraíso terrenal.

Al entrar, el aroma de los libros viejos la envolvió, como si fuera un abrazo cálido y familiar. Se paseó entre los estantes, acariciando las tapas de los libros con los dedos, leyendo los títulos en voz baja, sintiendo la emoción de descubrir un tesoro escondido entre las páginas amarillentas. No había nada más reconfortante para ella que la sensación de perderse en un buen libro.

Mientras buscaba entre los estantes, su mente volvía a aquellos días felices de su infancia, cuando su hermana le enseñaba a leer y le traía libros para matar su aburrimiento. Pensaba en su padre, quien odiaba los aparatos tecnológicos y prefería regalarle libros que nunca dejaban de sorprenderla. Y por supuesto, recordaba a su madre, quien la había concebido en la línea de la menopausia y la había dejado sola en el mundo con su muerte.

Pero ella no se dejaba vencer por la tristeza, se aferraba a los buenos recuerdos, a la pasión por los libros, a la esperanza de un futuro mejor. Como aquellos árboles que perdían sus hojas en otoño, ella también había perdido mucho, pero sabía que volvería a florecer con más fuerza en primavera.

Capítulo 2 capitulo 2

Aunque el día se presentaba con una belleza indescriptible, algo inquietante y opresivo flotaba en el ambiente, como si un par de ojos la observara desde las sombras. Sin embargo, ella trató de ignorar esa sensación de ansiedad que la atormentaba y continuó su camino.

Pero pronto descubriría que no era solo su mente jugándole una mala pasada, sino que había algo tangible y peligroso en su entorno. Desde hacía varias semanas, un coche negro la seguía a todas partes, una imponente camioneta que inspiraba temor y oscuras conjeturas.

Y dentro de ese vehículo, un hombre con una mirada perturbadora se relamía los labios mientras observaba a la chica caminar con gracia y delicadeza. Para él, esa inocencia que la envolvía como un aura de luz era el mayor aliciente para sus oscuros deseos.

Evan era el primogénito de una familia dedicada al tráfico de armas, drogas y personas, con ramificaciones en todo el mundo, pero principalmente en los países asiáticos, donde el mercado negro era más próspero y lucrativo. China y Corea del Norte eran sus principales fuentes de ingreso, el primero se encargaba de los negocios y el segundo de la fabricación de armas y la eliminación de los obstáculos.

Aunque estaba lejos de su hogar, en un país del tercer mundo repleto de gente repulsiva y de moral disoluta, Evan no podía alejarse de esa chica que lo había hechizado con su sola presencia. Desde el restaurante donde había pactado su cita de negocios, había visto a la chica leyendo en medio del parque, y algo en ella lo había atrapado con una fuerza irresistible.

Así que, movido por una obsesión enfermiza, había comenzado a seguirla a todas partes, planeando mil y una maneras de acercarse a ella sin despertar su temor o su desconfianza. Quería que esa hermosa criatura cayera rendida a sus pies, que lo amara con la misma pasión que él la anhelaba, que fuera suya y de nadie más.

Y así, decidido a hacerla suya por la fuerza si fuera necesario, avanzó hacia la librería donde ella solía comprar sus libros, dispuesto a abordarla con una sonrisa encantadora y una mirada que ocultaba su verdadera naturaleza depredadora.

Todo estaba dispuesto. Sabía exactamente en qué planta se encontraba, siempre en el tercero ojeando libros de pintura. Luego se dirigiría al cuarto para buscar libros en otros idiomas y finalmente terminaría en el segundo seleccionando libros de romance.

La entrada de Evan causó una gran impresión, no solo porque era evidente que no era del país, sino también por su imponente presencia. Era alto, con penetrantes ojos negros y un traje hecho a medida, parecía un actor, pero con un aura oscura.

Subió rápidamente al tercer piso de la librería, buscó en las diferentes salas y no la encontró. Su corazón latía acelerado, la había visto entrar, pero ¿por qué no estaba donde se suponía que debía estar?

Él era un gran apasionado del arte, por lo que entablar una conversación sobre ese tema sería muy fácil y seguro que la impresionaría. Luego, se ofrecería a comprarle los libros que quisiera, irían a cenar y la noche terminaría con el intercambio de contactos o quizás con un beso. Pero si ella no estaba allí, todo se iría por el desagüe.

Llamó a Cheng, su mano derecha, para preguntarle si había visto a la chica salir, pero el hombre de casi 40 años le respondió negativamente. Jeanne seguía allí.

Evan respiró profundamente y se dispuso a buscarla. Fue al cuarto piso, pero tampoco encontró rastro de la chica. Ahora sabiendo dónde estaba, bajó rápidamente y la vio mirando libros en el segundo piso. Sintió furia al pensar que esa chica, justo en su día, había decidido cambiar su rutina.

Aunque quería ir y gritarle en la cara, reclamarle por arruinar sus planes, se obligó a calmarse. Claro que el dulce aroma de su perfume que llegó hasta él después de que una ráfaga de viento soltada por el ventilador dentro del sitio lo llevó a su nariz, lo reconfortó. Se arregló el cabello, verificó que su traje estuviera impecable, dibujó una sonrisa amigable en su rostro y dio un par de pasos hacia ella. Pero la marcha se detuvo cuando vio una escena que de nuevo lo hizo hervir la sangre y querer matar al hombre que sujetaba la cintura de su mujer.

Lo que Evan claramente no vio fue cuando la chica llegó a la librería, los minutos que le dio para que se acomodara dentro de la librería, sumados a los que se demoró buscándola y el atraso que le dio seguirla desde una calle atrás para que no lo notara fueron decisivos para que otra historia se forjara.

Jeanne caminó como siempre hacia la librería, con una sonrisa saludó a Mario, el dueño de aquel lugar que tanto le gustaba visitar. Claro que él no era la persona que había iniciado aquel lugar, lo había heredado de su padre, él y su hermana llevaban el negocio.

"En el cargamento de ayer llegaron algunos títulos interesantes para el segundo piso", dijo Mario.

Mario sabía que la chica siempre revisaba primero los libros de arte, y después algunos en otros idiomas, pero también sabía que ella no podía permitirse comprarlos. Para ella, hacerlo significaría saltarse algunas comidas. Así que, la chica solo los veía, y algunas veces en secreto, leía algunos libros en otros idiomas. Pero siempre compraba solo los de romance, que eran los más baratos y los únicos que se podía permitir.

Jeanne hablaba inglés y francés casi a la perfección, pero siempre había querido aprender algunos idiomas extras. Lamentablemente, no se lo podía permitir, ya que era costoso.

Un día, al oír que habían llegado nuevos libros, la chica subió corriendo a la tienda y se dispuso a verlos. Estaba emocionada porque ese mes le había sobrado un poco más de dinero y podría comprar dos o quizás tres libros, algo que no había hecho en mucho tiempo. Al ver la lista de los nuevos libros, un nombre saltó a sus ojos y se apresuró a tomarlo.

Habían llegado dos ejemplares de ese libro, y ella quería asegurarse de conseguir uno de ellos. Pero la ubicación del libro en el estante más alto fue un problema para ella. La chica media apenas 1.58 metros y le tenía un miedo gigante a las alturas. La opción de tomar la escalera para bajarlo era imposible. Entonces, decidió estirarse lo más posible y, en última instancia, preferiría saltar o llamar a Mario para que la ayudara.

Al estirarse para alcanzar el libro, perdió el equilibrio y pisó sin querer a alguien que la tomó fuertemente de la cintura para evitar que cayera. Rápidamente, se volteó para disculparse por su torpeza, pero los ojos verdes del chico más atractivo que había visto la hipnotizaron. La chica se quedó sin habla y no pudo decir nada.

Capítulo 3 capitulo 3

Aquella escena en la librería había dejado a Jeanne en un estado de shock, como si el tiempo hubiera quedado suspendido. Pero cuando el chico habló, sus palabras la sacaron de su ensimismamiento.

-Deberías haberle pedido ayuda a Mario, no arriesgarte a caer - dijo con tono serio.

La chica se sintió terriblemente avergonzada, como si hubiera sido pillada haciendo algo malo. El chico, notando su incomodidad, trató de aliviar la situación.

- ¿Estás bien? - preguntó con preocupación.

Jeanne asintió tímidamente.

- ¿Qué haremos con el pisotón? Ahora no podré bailar - bromeó el chico, tratando de quitarle hierro al asunto.

La chica se mordió el labio, arrepentida de su torpeza.

-Hagamos algo - propuso el chico -, invítame un café y yo me olvido del pisotón.

Aunque el trato parecía justo, Jeanne se sintió triste porque el dinero que iba a usar para comprar más libros o algo dulce, ahora lo tendría que usar para invitar al chico a tomar café. Pero no quiso parecer ingrata y asintió en silencio.

Al llegar a la caja, el chico sorprendió a Jeanne al poner otro libro sobre el mostrador y pagar por ambos. La chica se sintió desconcertada y quiso protestar, pero el chico le sonrió con dulzura y le dijo:

-Tú me invitas un café, así que yo te invito un libro. Es lo más justo.

Jeanne se quedó sin palabras, con una extraña sensación en el estómago. Salieron de la librería y se dirigieron a una cafetería cercana. Jeanne no pudo evitar notar que el chico le estaba tomado de la mano, lo que la hizo sentir un poco nerviosa.

- ¿Puedo ordenar por ti? - preguntó el chico con una sonrisa.

La chica asintió, sin saber muy bien qué hacer. La persona que les atendió en la cafetería les ofreció el menú de parejas, lo que hizo que Jeanne se sonrojara aún más. Nunca había tenido novio ni había salido con alguien, y ese chico misterioso era el primer hombre que estaba cerca de ella sin rechazarla.

El joven pidió un par de cafés con crema batida y chocolate, su bebida favorita, aunque nadie lo sabía. Pensó en la gran coincidencia que era que a él también le gustara el café dulce y conociera esa librería.

Después de que los cafés llegaron, el joven sacó un libro de su bolsa y se lo entregó a Jeanne, pero tuvo que salir a contestar una llamada que lo interrumpió. Jeanne vio por la ventana cómo el chico parecía discutir con su interlocutor, y también notó a un hombre gritándole a otro frente a la librería, lo que hizo que su piel se erizara.

-Tan concentrada estaba en la discusión que se llevaba afuera que no notó cuando el joven volvió a entrar y le tocó el hombro, asustándola y haciéndola saltar en su asiento.

-Lo siento, ¿te asusté? - dijo el joven con un tono neutral.

- No, es solo que estaba distraída. ¿Todo está bien? - preguntó Jeanne refiriéndose a la llamada que había recibido el joven

- Sí, es solo el trabajo. Es difícil tener un momento libre.

- Lo siento, te estoy quitando tiempo de tu trabajo. Déjame pagar el café para que podamos irnos - dijo Jeanne, queriendo levantarse de la silla.

- No, tú termina el café. Es una tragedia que se desperdicie, ¿no crees? O quizá es porque, oh no, ¿es demasiado dulce para ti? Lo siento, olvidé que muchas personas no toman café dulce.

- No te preocupes, este es mi café favorito. Amo las cosas dulces, aunque no pueda comerlas muy seguido.

- ¿Eres diabética? - dijo el joven preocupado por el nivel de azúcar en el café.

- Oh no, no es eso, solo que el dinero es algo que tengo que medir muy bien, por lo que es difícil comprarlas.

- Lo entiendo - dijo el joven viendo la hora en su celular - perdón, enserio me tengo que ir.

Diciendo esto, tomó sus cosas y salió de la cafetería sin siquiera darle su nombre o su número. Jeanne se sintió decepcionada por eso. Quería volver a verlo, era una persona agradable y quizá con él podría hablar sobre libros, o simplemente tener un amigo con una hermosa y cálida sonrisa.

Pasó un rato más en el lugar, observando a la gente caminar y saboreando su bebida preferida. El tiempo se deslizó lentamente y con mucho placer. Cuando terminó su bebida, se dispuso a pagar, pero al llegar a la caja, la persona que había tomado su pedido le informó que su desconocido favorito había pagado y había agregado una rebanada de pastel de fresas con crema para llevar, que debía ser entregada a la chica cuando ella saliera de la tienda.

El corazón de Jeanne se llenó de felicidad, pero rápidamente fue remplazado por melancolía. Ese chico le había dado tanto ese día y ella ni siquiera sabía su nombre. Tomó el pastel y el libro y salió del café, caminando un par de cuadras antes de que la lluvia comenzara a caer en cantidades enormes. Jeanne corrió hacia su casa, intentando cubrir la caja del pastel y su libro para que no se estropearan, sin darse cuenta de que un automóvil la seguía nuevamente, esta vez con un Evan frustrado.

La mirada del hombre ya no era tan tranquila como lo había sido por la mañana cuando pensó que su plan tendría éxito; ahora solo quería saber qué relación tenían esas dos personas y qué tan cercana era, para que ese tipo se atreviera a tocar sus cosas.

Quería ofrecer llevar a Jeanne, pero Cheng lo persuadió de no hacerlo, ya que sería extraño, y era mejor tener más información del hombre de la librería para poder actuar mejor. También tendría que investigar mejor a la chica para darle a su jefe algo más que una librería, ni siquiera sabían por qué ella iba al edificio desde donde había salido hacia la librería.

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