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Cautivado, no quiero nada más que a ti

Cautivado, no quiero nada más que a ti

Autor: : Adolf Dunne
Género: Moderno
Su prometido y su mejor amiga trabajaron juntos para tenderle una trampa. Ella perdió todo y falleció en la calle. Sin embargo, renació. En el momento en que abrió los ojos, su esposo intentaba estrangularla. Por suerte, sobrevivió a eso. Firmó el acuerdo de divorcio sin dudarlo y se preparó para una vida miserable. Para su sorpresa, su madre en esta nueva vida le dejó una gran cantidad de dinero. Aprovechando su nueva oportunidad, le dio vuelta a la tortilla y se vengó. Todo iba bien en su carrera y en el amor cuando su antiguo esposo volvió a buscarla.

Capítulo 1 Renacimiento y divorcio

"Raquel, maldita zorra. ¡Vete al diablo!".

En la cama king size, el rostro del hombre estaba contraído por la furia, y sus ojos negros ardían de odio. Las venas se le saltaban en la frente y los brazos mientras estrangulaba a la joven.

Ella estaba medio dormida, pero sentía que algo andaba mal. ¡No podía respirar!

Raquel Bennet abrió los ojos de par en par, aún aturdida por el sueño. Sintió un par de manos en su cuello, asfixiándola. Estaba confundida y consumida por el pánico.

Cuando sus pulmones empezaron a gritar por aire, su instinto de supervivencia se despertó. Levantó las manos hacia su garganta, tratando de defenderse de su agresor.

Pero el hombre no se movió. En cambio, apretó más su agarre en su cuello, haciendo que su rostro se pusiera rojo oscuro y su vista se nublara.

¡Pum!

La puerta se abrió de golpe y el mayordomo entró corriendo. Su rostro palideció al ver la escena, pero no perdió ni un segundo. Corrió hacia la cama y agarró al hombre por el brazo, gritando: "¡Señor Sullivan! ¡Señor Sullivan, por favor, suéltela! ¡La está matando!".

"¡Se lo merece!". El hombre tenía una mirada desquiciada y escupía al hablar.

El mayordomo sabía que no podía detenerlo físicamente, así que se arrodilló junto a la cama y comenzó a suplicar por la vida de la joven. "¡Señor Sullivan, por favor! Si la mata, su abuela se revolcaría en su tumba. ¡No podrá descansar en paz!".

¿Abuela?

Al oír las palabras del mayordomo, Victor Sullivan aflojó un poco su agarre.

Raquel aprovechó la oportunidad para escapar de sus manos y arrastrarse lejos. Su espalda chocó contra la cabecera y se quedó allí hecha un ovillo, mirando a su marido con los ojos muy abiertos y llenos de miedo.

El mayordomo vio el cambio en la actitud de su jefe como una señal para seguir insistiendo. "¡Señor Sullivan, tenga paciencia! Hoy su divorcio se hará oficial. ¡No volverá a verla nunca más! Perdónele la vida por el bien de su madre. Ella salvó a su abuela una vez, ¿lo recuerda? ¡Por favor, cálmese!".

Victor pareció entender la razón detrás de las palabras de su empleado. Se levantó de la cama y se puso la pijama en silencio. Cuando terminó, se dio la vuelta y dijo con voz fría como el hielo:

"Le diré a Iván que envíe los papeles del divorcio. Fírmalos y luego lárgate de aquí. No quiero volver a ver tu rostro nunca más".

Con una última mirada llena de odio, salió de la habitación, seguido por el mayordomo.

La puerta se cerró de golpe detrás de ellos, y el sonido lastimó los oídos de Raquel. Se cubrió con las cobijas, aún en shock. Su rostro estaba pálido como un muerto y su corazón latía con fuerza en el pecho.

Bajó la cabeza y miró su cuerpo. Estaba completamente desnuda y tenía moretones oscuros que desfiguraban su piel, por lo demás impecable.

La adrenalina que corría por sus venas había adormecido el dolor hasta ese momento, pero cuando lo peor hubo pasado, sintió que le dolía todo el cuerpo. Le dolía todo.

No encontró ropa de mujer en el armario, solo camisas de hombre y trajes negros.

Agarró una camisa y un pantalón de traje y se los puso. Los pantalones le quedaban ridículamente grandes y arrastraban por el suelo.

Además del dolor físico, sintió una terrible jaqueca. Gimiendo, caminó hasta el sofá y se sentó. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Recuerdos que no le pertenecían comenzaron a inundar su mente.

Momentos después, volvió a abrir los ojos. Esos recuerdos pertenecían a la anterior dueña de este cuerpo, la mujer llamada Raquel. Tras ordenar en silencio sus pensamientos, llegó a dos conclusiones:

Había renacido. De ser Shelia Davis, ahora era Raquel Bennet.

La que habitaba este cuerpo antes que ella era una chica inútil, perdidamente enamorada de Victor. Su madre se había enfermado y muerto hacía un tiempo y su padre era un patético sinvergüenza.

Llamaron a la puerta.

El sonido sacó a Raquel de su ensoñación. Una voz fría llegó desde el otro lado: "¿Puedo pasar?".

Se apresuró a enrollar la parte inferior del pantalón y a abrir la puerta. Un hombre alto y de aspecto serio estaba allí, sosteniendo un montón de papeles en la mano.

Iván. Raquel buscó rápidamente en sus recuerdos y reconoció el nombre del hombre.

Con el rostro inexpresivo, Iván Chavez le entregó los documentos y una pluma. "El señor Sullivan me pidió que la acompañara a la salida en cuanto firmara los papeles del divorcio".

Raquel echó un vistazo a los documentos, recordando lo que el mayordomo había dicho antes. Hoy era el segundo aniversario de boda de Victor y Raquel, pero a partir de ahora también sería el fin de su matrimonio.

¿El acuerdo de divorcio se había preparado en menos de una hora? Victor debía odiar mucho a la chica.

Tomó el acuerdo y comenzó a pasar las páginas, firmando "Raquel Bennet" con pulcritud donde fuera necesario. Terminó en menos de treinta segundos.

"Aquí tienes", dijo Raquel, mientras devolvía los papeles a Iván y hacía clic con la pluma.

Iván la miró asombrado, con las cejas levantadas. No esperaba que fuera tan fácil. Cuando su jefe le pidió que trajera el acuerdo, le advirtió que Raquel no querría firmarlo, así que podría tener que usar la fuerza.

"¿No quiere leerlo primero?", dijo él, sin extender la mano para tomar los papeles.

Raquel alzó las cejas y respondió con firmeza: "No".

"¿No tiene curiosidad por saber qué obtendrá de este divorcio?", Iván frunció el ceño, cada vez más confundido.

Ella volvió a levantar las cejas mientras se subía el pantalón, y le dedicó una sonrisa: "No hace falta leerlo. Sé que hay dos posibles resultados. Uno es que me quede con un montón de deudas y pronto me declare en bancarrota, y el otro es que tenga que abandonar este matrimonio sin un centavo. Estoy segura de que Victor reunió a un equipo de abogados excepcionales para trabajar en la mejor opción para él".

Los ojos de Iván se ensombrecieron. Tomó los papeles del divorcio y dijo: "El señor Sullivan solo quiere que se vaya sin llevarse ninguno de sus bienes".

"Bueno, asegúrate de darle las gracias de mi parte". A Raquel le importaba un carajo todo eso. Era la anterior ocupante de este cuerpo la que amaba a Victor, no ella. Ni siquiera le importaba si ese hombre vivía o moría.

No quería a un hombre violento como él de esposo. Un hombre capaz de estrangular a su propia mujer hasta la muerte. Ahora tenía otra oportunidad de vivir y pensaba aprovecharla al máximo.

Los ojos de Iván se posaron en el cuello de Raquel.

"¿Quiere que llame a un médico?", preguntó.

Raquel se quedó perpleja un momento. Luego recordó los moretones alrededor de su cuello y levantó la mano para tocarlos. La sensación de asfixia volvió a ella y tuvo que sacudir la cabeza para deshacerse de la imagen.

"No, gracias. Estoy bien. No es tan grave", respondió, encogiéndose de hombros.

"Entonces, por favor, haga sus maletas". El tono de Iván volvió a la normalidad: frío y profesional.

Ella asintió y salió descalza del dormitorio de Victor, aún ajustándose el pantalón. Tenía un largo camino por recorrer hasta llegar a su propio dormitorio. Victor odiaba tanto a la chica que ni siquiera quería cruzarse con ella en el pasillo, así que su habitación estaba al otro lado de la enorme casa.

Tardó casi dos minutos en llegar.

Su dormitorio había sido originalmente un trastero, pero poco después de la boda, Rachel se había mudado aquí. Empujó la puerta y atravesó con agilidad el estrecho umbral.

La habitación era muy pequeña; solo contenía una cama y un tocador, y los muebles estaban tan juntos que no había espacio para caminar con comodidad.

Raquel no tenía mucho que empacar. Excepto por sus cosméticos esparcidos por el tocador y algunas prendas de vestir, no poseía mucho más. Se cambió a su propia ropa y metió el resto de sus cosas en una maleta.

"Bueno, ya tengo todo empacado. Me voy ahora. ¡Espero no volver a verte nunca más, Iván! ¡Adiós!", dijo con voz despreocupada y fría, mientras arrastraba su maleta por el pasillo.

"Raquel, ¿a dónde crees que vas?". De repente, las puertas del ascensor se abrieron, revelando a una mujer en traje de negocios. Sus tacones altos resonaron en el suelo de mármol, el sonido nítido y cortante, a juego con su voz aguda.

Capítulo 2 Alicia la puso en aprietos

Raquel se detuvo para observar a la mujer que se acercaba a ella.

"¿Alicia?". Alicia Jenkins era su media hermana, una auténtica perra de dos caras.

La aludida era su media hermana, una auténtica doble cara. Cuando se paró frente a Raquel, sonrió. "Mi querida hermana, ¿te mudas?".

Raquel puso los ojos en blanco y esbozó una sonrisa falsa. "Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. ¿Por qué sigues haciendo preguntas tan estúpidas? ¿Acaso un oso caga en el bosque?".

Su comentario dejó a Alicia furiosa. Pero pronto reprimió su ira, cambiando de nuevo a una expresión inocente.

"Solo intento mostrarte un poco de preocupación. ¿Cómo puedes pensar así de mí?".

¿Preocupación?

Eso era divertido. Solo quería burlarse de ella.

Con un rostro desprovisto de emoción, Iván intervino en su conversación. Le recordó a Raquel: "Señora Sullivan, es hora de que se vaya. El señor Sullivan está a punto de volver".

Las comisuras de los labios de Raquel se crisparon. Señaló a Alicia y le dijo a Iván: "No es que no quiera irme; es solo que hay una perra rabiosa bloqueando mi camino. Temo que me muerda".

Iván se quedó sin palabras.

Alicia comenzó a derramar lágrimas de cocodrilo. "Raquel, sé que hoy te divorcias. Me preocupaba mucho que estuvieras triste, así que me salí antes del trabajo para venir a verte. ¿Cómo... cómo pudiste decirme eso? Soy tu hermana".

"¡Cállate! No tengo una perra por hermana". Raquel se distanció rápidamente de ella y se volvió hacia Iván de nuevo. "Iván, ¿nos vamos?".

Sus sienes comenzaron a doler, y por un momento no pudo mantener su expresión severa. Sin otra opción, el hombre le dijo a Alicia: "Señorita Jenkins, por favor, discúlpenos".

Alicia se mordió el labio inferior. Sus ojos ardían de rabia en ese momento, pero estaban cubiertos por su flequillo.

"Iván, un perro sin adiestrar no puede comprender el lenguaje humano", dijo Raquel para burlarse de ella.

Ese comentario hizo que Alicia se enfureciera. Apretó los puños y fulminó a Raquel con la mirada.

Al ver que Alicia contenía su ira, Raquel ladeó un poco la cabeza, sonriendo para irritarla aún más.

La sonrisa arrogante en el rostro de Raquel la molestó.

¿Qué demonios estaba pasando? Raquel solía ser tímida, y siempre era obediente y agradecida con ella. ¿Por qué su personalidad había dado un vuelco?

"Señorita Jenkins", llamó Iván, su voz contenía un dejo de impaciencia.

Alicia apretó los labios, ocultando sus sospechas. "Iván, no estoy insinuando que no quiera que mi hermana se vaya. Solo que Victor me pidió que viera cómo iban las cosas por aquí".

Tanto Iván como Raquel se sorprendieron al oír eso.

"Victor sabía que yo venía aquí, así que me dijo específicamente que vigilara a Raquel mientras hacía las maletas y se marchaba. Dijo que, según el acuerdo de divorcio, Raquel no podía llevarse nada que perteneciera a la familia Sullivan. Solo estoy aquí para asegurarme de que cumple el acuerdo". Alicia miró la maleta que estaba junto a Raquel.

"Así que, Raquel, ¿podrías abrir tu maleta? Tengo que comprobar si te llevaste algo que no te pertenece".

Raquel frunció el ceño ante eso. "Solo contiene algo de ropa. ¡No me llevé nada que pertenezca a los Sullivan!".

Alicia le arrebató la maleta y dijo: "Me temo que no te corresponde a ti decidirlo. Si no te llevaste nada inapropiado, ¿por qué tienes tanto miedo de dejarme ver el contenido de tu maleta?".

Tras decir eso, Alicia dejó la maleta en el suelo y la abrió.

Dentro había varias prendas apiladas en desorden. Parecía que Raquel realmente no se había llevado nada valioso.

Alicia apretó los dientes. No esperaba que Raquel dijera la verdad. No dispuesta a dejarla ir tan fácilmente, Alicia rebuscó entre la ropa. Era como si no fuera a parar hasta encontrar una prueba que demostrara que Raquel había robado algo a los Sullivan.

El único contenido de la maleta era la ropa y los cosméticos de Raquel, y sin embargo Alicia siguió rebuscando en ella durante más de diez minutos.

"¿Ya terminaste de revisar?". Raquel miró a Alicia.

"Solo sigo las órdenes de Victor. Es mejor revisar a fondo", respondió Alicia en voz baja.

"Bien. Adelante, revisa esa ropa todo el tiempo que quieras. Yo ya no la quiero". Raquel negó con la cabeza. Los moretones de su cuerpo aún no habían cicatrizado. Realmente no quería perder más tiempo con Alicia, y no quería esperar a que Victor volviera e intentara estrangularla de nuevo.

Una vez dicho esto, Raquel pasó junto a Alicia, se dirigió al ascensor y pulsó el botón. Iván la siguió.

¡Ding!

Al poco rato, el ascensor llegó al tercer piso. Las puertas corredizas se abrieron despacio. Justo antes de que Raquel pudiera entrar, sintió de repente un escalofrío. La temperatura a su alrededor bajó varios grados, haciéndola temblar y detenerse en seco.

Lo primero que vio fue un par de zapatos de cuero brillante. Cuando levantó la cabeza, vio el rostro distante de Victor.

"Señor Sullivan". Iván fue el primero en reaccionar, inclinando la cabeza con respeto.

"Raquel, parece que olvidaste lo que te dije esta mañana". Había un destello de advertencia en los ojos del recién llegado, y sonaba malhumorado.

En cuanto lo vio, Raquel pensó en cómo Victor la había estrangulado esa mañana. Tembló de miedo, recelosa de lo que pudiera hacerle.

De pie, en posición de atención, dijo: "No, lo recuerdo".

"¿Ah, sí? Entonces, ¿por qué demonios sigues aquí?", preguntó Victor, caminando hacia ella.

Raquel siguió retrocediendo hasta que su espalda quedó contra la pared. Cerró los ojos un segundo y luego se armó de valor para mirarlo a los ojos.

"Deberías preguntarle a Alicia. Estaba a punto de irme, pero ella apareció de la nada y me retrasó. Por eso yo...".

Raquel estaba a medio camino de terminar su explicación cuando Alicia la interrumpió de repente.

"¿Cómo puedes mentir así?", preguntó con los ojos llorosos.

"¡No miento!". En ese momento, Raquel estaba maldiciendo a Alicia en su cabeza. Si no fuera por esta mujer, se habría ido hace una hora y no se habría topado con Victor.

Maldita sea.

Como si estuviera a punto de echarse a llorar, Alicia dijo: "Victor, no quería retrasar la marcha de Raquel. Solo seguía tus órdenes de revisar su equipaje. Temo que te robe tus cosas. A mi hermana le encanta mentir. No esperaba que volviera a mentir esta vez".

Las palabras de Alicia le recordaron a Victor todo lo que Raquel había hecho, haciéndolo parecer más hosco de lo habitual. "¿De verdad crees que no intentaré matarte?".

De repente, agarró a Rauqel del cuello y le azotó la cabeza contra la pared. Ella no se lo esperaba, pero consiguió agarrar la mano de su agresor por instinto. El dolor que le venía de la nuca la mareó.

"¡Vic... Victor!". Raquel gritó con dificultad.

"¿Cómo te atreves a poner a prueba mi paciencia una y otra vez?", dijo Victor.

Con cada segundo que pasaba, Raquel perdía el conocimiento. No podía liberarse del agarre de Victor.

Al ver la situación, Iván decidió intervenir. Se adelantó a toda prisa y dijo: "Señor Sullivan, si le ocurre algo a la señora Sullivan, esos bastardos de la Junta Directiva lo usarán en su contra. Si eso ocurre, su plan de concentrar el capital se verá obstaculizado".

"¡Vete a la mierda!", rugió Victor. Sus dedos que agarraban el cuello de Raquel se pusieron pálidos por la fuerza con la que la sujetaba.

Capítulo 3 Te atormentaré para siempre

A pesar de lo preocupado que estaba por Raquel, Iván no se atrevió a responderle a Victor.

No quería morir.

Por eso usó sus últimas fuerzas para apartar la mano de su jefe. En cuanto Rachel pudo recuperar el aliento, lo miró fijamente con los ojos rojos.

"Si muero aquí y ahora, moriré como tu esposa, como miembro de la Familia Sullivan. Algún día, cuando mueras, te enterrarán a mi lado, ¡y te atormentaré más allá de la vida!", dijo la joven con dificultad; su rostro se había puesto rojo por la asfixia. Poco a poco, se quedó sin fuerzas para forcejear, y sintió que su conciencia se desvanecía.

"¿Quién te crees que eres? No mereces ser enterrada en el mausoleo de mi familia". Victor sonó indiferente. "Si mueres, incineraré tu cuerpo y tiraré las cenizas a un cubo de basura. ¡Una mujer como tú merece descansar con la basura!".

Raquel estalló en carcajadas.

"¿De qué te ríes?", preguntó Victor.

"Aunque tires mis cenizas a un cubo de basura, eso no cambiará el hecho de que soy tu esposa legal y formo parte de tu árbol genealógico. Me detestas, ¿verdad? Lo siento, pero nunca te librarás de mí, ¡ni siquiera si muero!".

Victor la miró con odio mientras apretaba con más fuerza, levantándola en el aire. Como resultado, la joven gritó de dolor y las lágrimas rodaron por sus mejillas.

Justo cuando estaba alucinando con la pareja desvergonzada de su vida anterior, Victor la soltó de repente, dejándola caer al suelo.

Ella sintió que todos los huesos se hubieran roto, e incluso el más mínimo movimiento la hacía gemir de dolor.

"¡Ejem! ¡Ejem!". Tosió con violencia y jadeó en busca de aire, respirando con mucha dificultad.

Iván miró a Raquel con indiferencia y bajó la cabeza. "Señor Sullivan, todo es culpa mía. No la insté a marcharse a tiempo. Estoy dispuesto a sufrir las consecuencias".

Alicia palideció de miedo al ver a Victor golpear a Raquel. Se arrodilló y suplicó: "Victor, yo... ¡Esto es culpa mía! No revisé la maleta de Raquel más rápido, por eso tuvo la oportunidad de mentir y ganar tiempo".

La acusada sintió que se le apretaba el pecho mientras tosía una y otra vez.

"No me llevé nada que te pertenezca", dijo con voz ronca.

Victor sacó unas toallitas húmedas para limpiarse la mano que había tocado el cuello de la joven. El asco era evidente en su rostro.

"¿No te llevaste nada? Compraste toda tu ropa con mi dinero. ¿Cómo te atreves a decir que no te llevaste mis cosas?".

Raquel apretó los labios, incapaz de refutar su lógica. El día de su boda, Alicia quemó toda la ropa que Raquel había comprado, diciendo que era demasiado vulgar y que a Victor probablemente no le gustaría verla usándola.

"¡Quítale la ropa y échala!". Tras decir eso, Victor se marchó junto con Iván sin dudarlo.

Solo cuando los dos se fueron, Alicia se levantó y caminó hacia Raquel. Su anterior aparente ternura había desaparecido.

"Raquel, te casaste con Victor y te acostaste con él, ¿y qué? Al final, ¡te echó! Querías enamorarlo, ¿verdad? ¡Eso nunca va a pasar! ¿De verdad crees que te pedí que te maquillaras mucho y engordaras porque a Victor le gusta? Esto es muy gracioso. No puedo creer que te lo hayas creído. ¡A ningún hombre le gustará una mujer gorda e idiota como tú! Solo me estaba burlando de ti. ¡Solo quería que él te odiara aún más!".

El rostro de Raquel palideció. Cuando oyó lo que Alicia dijo, ni siquiera la miró. Sus palabras le eran indiferentes y no pareció escuchar su provocación.

Al ver que la otra no respondía, Alicia apretó los dientes con rabia. "¿Por qué me miras así?".

"¡Ja! Eres tan patética". Raquel soltó una risita, tratando de soportar el dolor.

Estaba segura de que había sufrido una lesión interna, y solo el acto de hablar era lo suficientemente doloroso como para hacerla sentir como si sus órganos se estuvieran retorciendo.

Pero no podía permitirse mostrar ningún signo de debilidad, porque de lo contrario su hermana se deleitaría torturándola. La maldad estaba en la naturaleza de esa mujer.

"¿Qué dijiste?". Alicia abrió los ojos sorprendida. Cuando Raquel se burló de ella, se sintió provocada.

"Dije...", Raquel respiró hondo para aliviar el dolor en el pecho. "Estás viviendo una vida miserable y ridícula. ¡Eres la persona más patética que he conocido! Que te llamen bastarda debe hacerte sentir inferior, ¿no? Has estado haciendo todo lo posible por robarme todo lo que tenía desde que éramos niñas, porque yo soy la hija legítima de la Familia Bennet, y tú solo eres una sucia bastarda. Siempre serás impresentable!".

"¡Perra! ¡Cállate la puta boca!", gritó Alicia. Parecía que Raquel había tocado un punto sensible.

Raquel sonrió y continuó: "Estos dos últimos años, confié en ti y, sin embargo, me engañaste aprovechándote de mi deseo de llamar la atención de Victor. Me engañaste para que hiciera estupideces delante de él, para que me aborreciera. Al principio, no sentía nada por mí, y luego empezó a odiarme. Y ahora, está demasiado disgustado como para siquiera mirarme. Debes estar orgullosa de este logro, ¿no?".

Alicia apretó los puños, mirando a Raquel con odio. "¡Bueno, deberías culparte a ti misma por ser tan estúpida!".

"Tienes razón. Fui estúpida", admitió Raquel. En ese momento, se sentía avergonzada por lo que había hecho en los últimos dos años.

A pesar de ser la hija de una familia rica y poderosa, había vivido una vida patética. ¿Cómo terminó así?

"Tienes una clara estimación de ti misma". La expresión del rostro de Alicia la hacía parecer la ganadora entre ellas.

"Casi muero, y eso es suficiente para despertarme. Después de todo, no soy tan estúpida como tú". Raquel quiso asegurarse de no tener ningún hueso roto, así que se apoyó en el suelo con las manos. Sin embargo, el dolor era demasiado intenso para soportarlo, así que volvió a caer.

El sudor goteaba por su frente mientras gemía, con las manos presionando contra el duro suelo. Las venas del dorso de sus manos se abultaban porque estaba ejerciendo hasta la última gota de fuerza que podía reunir.

El rostro de Alicia se volvió sombrío.

"Tu fin está cerca, Raquel. ¿Cómo te atreves a hablarme así? Recuerda, ya no eres la esposa de Victor y, por lo tanto, ¡ya no formas parte de la Familia Sullivan! Su abuela ya está muerta, ¡así que no queda nadie que te proteja! Si tienes cerebro en esa cabeza vacía, deberías arrodillarte y suplicarme que convenza a nuestro padre para que te permita volver a casa".

Cuando Alicia mencionó a la abuela de Victor, una mirada lejana apareció en el rostro de Raquel.

La anciana había sido quien la eligió para ser su esposa. Poco después de casarse y entrar en la Familia Sullivan, la matriarca murió de enfermedad. Ella solía ser la protectora de Raquel cuando aún vivía. Durante ese tiempo, Raquel vivió una vida digna en la residencia de la Familia Sullivan.

"¿Crees que podrás casarte con Victor y compartir el Grupo Sullivan con él después de que me divorcie?".

Al oír eso, Alicia se puso de pie con orgullo. "Tú pudiste hacerlo, así que yo probablemente también".

"No puedes", dijo Raquel en un tono débil, pero firme. "¿Por qué estás tan segura de que Victor aceptará casarse contigo? ¿Solo porque él también es un hijo ilegítimo, crees que eres lo suficientemente buena para ser su esposa?

Tu madre es una amante, ¡una rompehogares! A diferencia de ti, Victor nació antes de que su padre se casara. ¡Y su madre nunca destruyó el matrimonio de ningún hombre!

Dicho esto, nunca merecerás ser la esposa de Victor", dijo Raquel.

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