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Cegado por un Ángel Falso

Cegado por un Ángel Falso

Autor: : Yue Man Shuang
Género: Romance
Sofía, una bailarina de espíritu indomable, se ve forzada a casarse con un rico heredero en coma para salvar la bodega familiar. Su corazón latía por Mateo, el guardaespaldas de su padre, pero él solo tenía ojos para su hermanastra Isabela, la favorita de su padre. Mateo, ciegamente obsesionado con la apariencia inocente de Isabela, creía que ella era la bailarina del vestido rojo de la que se enamoró años atrás. Sofía soportó años de rechazo y humillaciones, observando a Mateo proteger a Isabela con devoción, incluso cuando Sofía, herida, era ignorada. Isabela, mientras tanto, se jactaba de su cruel manipulación y de usar a Mateo como un "perro poderoso". ¿Cómo podía Mateo, a quien amaba, ser tan cruel y ciego frente a esa impostora "angelical"? Con el corazón roto por la injusticia y la traición, Sofía decide romper con todo y escapar de esa vida tóxica. Lo que ella no sabe es que Mateo, el multimillonario heredero de un imperio bancario, está a punto de descubrir la verdad: ¡la bailarina del vestido rojo que le robó el corazón siempre fue Sofía! Y que Isabela, con su maldad inimaginable, ha manipulado sus vidas desde el principio.

Introducción

Sofía, una bailarina de espíritu indomable, se ve forzada a casarse con un rico heredero en coma para salvar la bodega familiar.

Su corazón latía por Mateo, el guardaespaldas de su padre, pero él solo tenía ojos para su hermanastra Isabela, la favorita de su padre.

Mateo, ciegamente obsesionado con la apariencia inocente de Isabela, creía que ella era la bailarina del vestido rojo de la que se enamoró años atrás.

Sofía soportó años de rechazo y humillaciones, observando a Mateo proteger a Isabela con devoción, incluso cuando Sofía, herida, era ignorada.

Isabela, mientras tanto, se jactaba de su cruel manipulación y de usar a Mateo como un "perro poderoso".

¿Cómo podía Mateo, a quien amaba, ser tan cruel y ciego frente a esa impostora "angelical"?

Con el corazón roto por la injusticia y la traición, Sofía decide romper con todo y escapar de esa vida tóxica.

Lo que ella no sabe es que Mateo, el multimillonario heredero de un imperio bancario, está a punto de descubrir la verdad: ¡la bailarina del vestido rojo que le robó el corazón siempre fue Sofía!

Y que Isabela, con su maldad inimaginable, ha manipulado sus vidas desde el principio.

Capítulo 1

"Me casaré con él".

Mi voz sonó firme en el despacho de mi padre, cortando el pesado silencio que olía a vino viejo y a derrota.

Fernando Valdepeñas, mi padre, levantó la vista de sus papeles. Sus ojos, una vez llenos de orgullo, ahora solo reflejaban cansancio.

"Sofía, ¿estás segura?"

Asentí, sin emoción.

"Acepto el matrimonio con Alejandro de la Torre. Acepto casarme con un hombre en coma para salvar esta bodega".

Él suspiró, una mezcla de alivio y culpa.

"Es lo mejor para la familia".

"No", lo corté. "Es lo mejor para ti. Pero lo haré. Con dos condiciones".

Sus cejas se arquearon.

"Primero, quiero el sesenta por ciento de las acciones de la bodega. El control mayoritario. Es el legado de mi madre, y no lo dejaré en tus manos".

Su rostro se contrajo de dolor, pero asintió. Sabía que no tenía otra opción. La bodega Valdepeñas se hundía.

"¿Y la segunda?"

Tragué saliva. El nudo en mi garganta se sentía como una piedra.

"Reasigna a Mateo. Que deje de ser mi guardaespaldas. Envíalo a proteger a Isabela".

Mi padre me miró, confundido.

"¿A Isabela? ¿Por qué? Mateo es el mejor..."

"Precisamente", dije, mi voz un hilo de hielo. "Ella es tu favorita. Merece lo mejor, ¿no? Yo me voy, ya no lo necesitaré".

Era mi forma de cortar el último lazo. Mi intento desesperado de arrancarme el corazón antes de que me lo terminaran de romper.

Mi padre no discutió. En su mente, yo era solo un sacrificio necesario. Su verdadera preocupación siempre fue Isabela, su hija ilegítima, el recordatorio viviente de su infidelidad. La misma infidelidad que, indirectamente, mató a mi madre. Él creía que protegiendo a Isabela, expiaba su culpa.

Sentí un temblor en mi mano y la apreté en un puño para detenerlo. Tenía que ser fuerte. Ya no más debilidad.

Salí del despacho y caminé por los pasillos de la finca, el lugar donde crecí. Me detuve junto a la ventana que daba a los establos.

Y allí estaban.

Mateo, mi amor secreto, el hombre por el que mi corazón latía de forma estúpida, le estaba arreglando una flor en el pelo a Isabela. Su toque era suave, sus ojos llenos de una ternura que nunca me había dedicado a mí.

Isabela, con su vestido de colores pastel y su expresión de santa, le sonreía.

"Gracias, Mateo. Eres tan bueno conmigo".

El dolor me golpeó, agudo y familiar. Era una herida que nunca cerraba.

Durante tres años, había intentado todo para que Mateo me viera. Le llevaba agua fría cuando trabajaba bajo el sol como capataz de la ganadería. Aprendí a curar heridas para atender sus rasguños. Bailé flamenco para él en las fiestas, con la esperanza de que viera la pasión en mis ojos.

Pero él solo veía a Isabela. La "pura" e "inocente" Isabela.

Mi mente voló a la noche de la feria de Jerez. Mi padre me había presentado a su hija bastarda, Isabela Reyes. Una chica de apariencia frágil que se escondía detrás de él. Ese mismo día, mi soledad se hizo más profunda. Mi padre tenía una nueva hija a quien adorar.

Y Mateo también.

Recordé una noche, borracha de vino y de celos, cuando lo confronté.

"¿Por qué ella? ¿Qué tiene ella que no tenga yo?"

Él me miró con desprecio. Su voz fue como un latigazo.

"Ella es pura. Es un ángel. Tú, Sofía, eres solo la hija mimada del jefe. Ruidosa y problemática. Nunca serás como ella".

Esa noche entendí que mi amor era una causa perdida.

Ahora, viéndolos juntos, la herida se abrió de nuevo, más profunda que nunca.

Pero esta vez, la ira reemplazó al dolor.

Ya basta.

Se acabó.

Con una determinación fría, salí de mi escondite y caminé directamente hacia ellos.

Capítulo 2

"Mateo".

Mi voz fue tranquila, pero cargada de autoridad.

Ambos se giraron, sorprendidos. Mateo retiró su mano del pelo de Isabela, pero su rostro permaneció impasible, como si no lo hubiera pillado en un momento íntimo.

Isabela, en cambio, bajó la mirada, fingiendo timidez.

"Señorita Sofía".

La voz de Mateo era grave y distante. Siempre lo era conmigo.

"Mi padre ha aprobado mi petición", anuncié, mirándolo fijamente a los ojos. "A partir de mañana, serás reasignado. Tus servicios ya no son necesarios para mí".

Él no parpadeó.

"¿A dónde voy?"

"Protegerás a Isabela. Será tu única responsabilidad".

Una chispa de algo, ¿sorpresa? ¿alivio?, cruzó su rostro por una fracción de segundo. Luego volvió a su máscara de indiferencia.

"Como ordene la señorita".

Pero yo lo vi. Vi el sutil cambio en su postura, la forma en que su mirada se desvió instintivamente hacia Isabela. Era toda la confirmación que necesitaba.

Me di la vuelta sin decir una palabra más y me dirigí al coche que me esperaba.

El viaje a Sevilla fue silencioso. Normalmente, yo habría llenado el silencio con conversaciones triviales, intentando desesperadamente que me prestara atención. Hoy, no dije nada. Miré por la ventana, viendo pasar los campos de olivos, sintiendo cómo mi corazón se convertía en una piedra.

Llegamos a la calle Sierpes, el corazón comercial de Sevilla. Tenía que comprar mi ajuar de novia, la dote para un matrimonio que era una farsa.

Mientras entraba en la boutique más exclusiva, escuché una voz dulce detrás de mí.

"¡Sofía, espérame!"

Era Isabela. Corría hacia mí, con su aire de fragilidad.

"Papá dijo que venías a Sevilla y pensé en acompañarte. Espero no molestarte".

Antes de que pudiera responder, Mateo ya estaba a su lado, abriéndole la puerta de la tienda con una solicitud silenciosa en sus ojos.

"Isabela se asustó con un perro en la calle", explicó Mateo, su tono protector. "Pensé que sería mejor que entrara".

Rodé los ojos. Siempre una excusa. Siempre la víctima.

"No te preocupes, Mateo", dijo Isabela con voz temblorosa. "Estoy bien. Sofía, no te enfades con él. Solo quería asegurarme de que no estuvieras sola".

Era una maestra. Sabía exactamente qué botones tocar para ganarse la simpatía de Mateo y hacerme quedar a mí como la mala.

"No estoy enfadada", dije, mi voz cortante. "Simplemente no tengo tiempo para juegos. Estoy aquí para comprar lo que necesito".

Me volví hacia la dependienta.

"Quiero ver los mejores trajes de flamenca que tengan. Y los vestidos de noche. No importa el precio".

Era el dinero de la dote de los De la Torre. Podía gastar lo que quisiera.

Isabela observaba desde un rincón. Cuando vio un espectacular vestido rojo de volantes, sus ojos brillaron de envidia.

"Ese es precioso", susurró. "Pero debe ser muy caro. Yo nunca podría permitirme algo así".

La dependienta, al oírla, me miró con desdén y luego a Isabela con simpatía.

Justo cuando iba a pedir que me lo envolvieran, el gerente de la tienda apareció de repente, corriendo hacia Isabela con una reverencia.

"Señorita Reyes, perdone nuestra ignorancia. No sabíamos que vendría".

Isabela parecía confundida. Yo también.

"Un benefactor anónimo ha llamado", continuó el gerente, su voz llena de asombro. "Ha ordenado que toda la nueva colección, absolutamente todo lo que hay en esta tienda, sea para usted. Como un regalo".

Un silencio cayó sobre la tienda.

Isabela se tapó la boca, sus ojos se abrieron de par en par en un acto de sorpresa perfecta.

Mi corazón se detuvo. Miré a Mateo, que estaba de pie junto a la puerta, observando la escena. No mostraba ninguna sorpresa.

Y entonces lo supe.

El benefactor anónimo. El poder invisible que le daba a Isabela todo lo que deseaba mientras a mí me humillaba.

Era él.

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