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Cinco

Cinco

Autor: : Dayamí Pérez Ponce
Género: Hombre Lobo
Estela Bridge es una joven reservada, perfeccionista y recién graduada de la Universidad, comienza su primer empleo en la exclusiva empresa de autos de lujo Más Uno. Su jefe es Sam Hill: CEO, veintiocho años, irresistible, dominante... y portador de un secreto mortal. Sam no solo es un mujeriego peligroso, también es un hombre lobo, un beta condenado a luchar por el poder y por su lugar como alfa. Una antigua maldición arrastra a Estela a un mundo oculto donde reinan las sombras, la sangre, la pasión y el deseo. Un mundo donde las reglas humanas no existen. Mark, el alfa, la reclama. Sam la desea. Y Estela, atrapada entre dos fuerzas salvajes, deberá decidir a quién pertenece su corazón... y su cuerpo. Estela también guarda un secreto oscuro. Uno que aún duerme dentro de ella. Uno que podría cambiarlo todo. Entre rivalidades, deseo prohibido y una atracción imposible de negar, el amor se convierte en el mayor peligro. Contiene Escenas spicy explícitas

Capítulo 1 Encuentro.

Siento que el aliento se me escapa.Cada bocanada de aire rasga mis pulmones, como si algo invisible lo cortara antes de llegar a mí.

Entonces abro los ojos , llevo el sudor cómo segunda piel y no logro ralentizar mi frecuencia cardíaca

Desde que cumplí veintidós años,esas pesadillas recurrentes me atormentan cada noche de luna llena .

Mi padre, demasiado reservado desde que mi madre desapareció de nuestras vidas, me regala una risa torcida cada vez que intento explicarle la coincidencia entre mis terrores nocturnos y el calendario lunar.

Dice que exagero. Que es estrés.

Niego del cielo agrietado, donde la luna negra se enclava como un ojo inmóvil en medio de la noche.

De entre las sombras surge una mueca dentada sobre un rostro difuso, un rostro que parece enraizarse en orejas puntiagudas que se alargan, que se funden en un hocico salvaje... hasta convertirse en una bestia que no debería existir, una presencia que me hace estremecer antes incluso de comprenderla.

Así que me alisto enseguida,pero pensarlo me provoca escalofríos.

Sacudo la cabeza y me obligo a levantarme.

Hoy no hay espacio para miedos.

Hoy empiezo mi primer día de trabajo,en la reconocida empresa Más uno,dedicada a la venta de autos lujosos.

Me recojo el cabello rubio en una cebolla perfecta y me coloco mi falda azul platino cubriéndome hasta las rodillas. La camisa blanca está impecable.

Hoy represento el apellido Bridge, y hacerlo brillar después de graduarme de la universidad es lo más emocionante que tengo en mi vida ahora mismo.

Bajo las escaleras y sólo me encuentro una dirección borrosa en una nota pegada a la puerta del refrigerador ,pero será suficiente .

Afuera, el día amanece soleado. Perfecto. Exactamente como lo había imaginado.

Camino hacia la avenida para tomar un taxi, pero el sol se desvanece de pronto. El cielo se tiñe de gris y un aroma exquisito a lluvia me cosquillea la nariz.

Las primeras gotas caen sin aviso, empapando mi cabello, manchando mi camisa.

Entonces lo veo.

Un auto negro, lujoso, excesivo. Un Ferrari, me atrevería a pensar. Reduce la velocidad justo frente a mí y, por un segundo, creo que va a detenerse.

Tal vez el auto-stop sea mejor idea que un taxi.

Avanzo hacia la calle y entonces acelera.

La rueda se hunde en el charco y la mezcla de barro y agua vuela directo hacia mí, arruinando mi falda inmaculada.

-¡Maldito idiota! ¿Eres ciego o qué? -chillo, furiosa, intentando ver al imbécil oculto tras la ventanilla cerrada.

Pero la ventanilla baja lentamente. Con descaro.

Un brazo largo sale primero. La manga del traje negro se ajusta a él y deja al descubierto un tatuaje pequeño pero imposible de ignorar: un cinco en número romano, grabado en la muñeca.

El hombre me muestra el dedo medio.

-¿Pero qué carajos...? -maldigo, cruzándome de brazos mientras observo el desastre que ahora es mi ropa.

El auto arranca y desaparece.

Un taxi se detiene justo entonces. El conductor me mira de arriba abajo, rueda los ojos al ver mis fachas y no dice una palabra cuando subo.

Me hundo en el asiento,con algo de esfuerzo le indico a dónde voy leyendo la nota mojada dentro del bolso.

Blanqueo los ojos y condeno mentalmente al estúpido del Ferrari.

Nada puede arreglar esto. La toalla que llevo conmigo solo empeora las manchas.Con el cabello alborotado y las mejillas ardiendo de rabia, me bajo frente a un edificio inmenso y precioso.

Un hombre amable me da la bienvenida y me indica el camino.

El elevador es tan refinado como la arquitectura exterior. Al salir, un pasillo largo se abre ante mí.

Un grupo de personas escucha atento al señor Dante, el gerente, que da la bienvenida matutina.

Todos me observan con ojos que juzgan hasta el alma.Me incorporo con naturalidad fingida, tan sutil que pareciera que llevara horas allí.

-Muy bien... ahora les presento al señor Hill, subdirector general. Su padre, el dueño de la compañía, se nos unirá más tarde -anuncia Dante, clavando la mirada en mí.

El pasillo queda en silencio.Aparece un hombre alto, de cabello negro. La camisa oscura se tensa sobre sus músculos; su piel clara contrasta con la dureza de sus facciones.

Hay algo en él demasiado intenso. La luz parece seguirle, reflejando una fuerza sobrenatural .

Cada gesto, cada respiración, sugiere peligro contenido.

-Buenos días -saluda-. Bienvenidos los nuevos. Esta tarde Dante les informará sobre la próxima reunión de finanzas.

Su voz es grave, demasiado .Me vibra en el pecho.

Mi padre me advirtió que trabajaría directamente con el subdirector. Llevaría su gestión de ventas.Así que debo esperar.Pero entonces él se acerca.

Mi corazón se acelera. Las manos me sudan.Bajo su manga, el tatuaje del cinco romano aparece otra vez.

El mismo cinco.No puede ser.

-Vaya... si es la hija del señor Bridge -dice-. Estela, ¿verdad?

-Sí... señor -respondo sin mirarlo.

-Acompáñame.

Lo sigo. Su espalda es ancha, poderosa. Sus nudillos conservan restos de sangre seca. Huele a perfume caro... y a algo más dulce y denso,miel de maple.

Cada gesto parece calcularlo antes de hacerlo, como un depredador.Por un instante, su mirada se vuelve extrañamente penetrante, casi instintiva

Algo salvaje, recorre cada movimiento suyo, como si luchara por mantener el control.

Cuando abre la oficina un escritorio enorme la adorna, papeles, una ventana cubierta por cortinas azules y a un lado, uno más pequeño.

-Este es tu lugar, Estela. Aunque deberías limpiarte primero -ordena, con una sonrisa ladeada y una pequeña cortada bajo el labio.

Lo miro con ganas de borrarlo del mundo.

-Claro... esta mañana un imbécil arruinó mi ropa -gruño con ironía arqueando una ceja

Sus ojos avellana recorren mi cuerpo sin pudor. Un calor inexplicable me quema el estómago.

Su mirada me atrae y al mismo tiempo asusta, él asiente.

-Natali te dará tu primera tarea. El informe es para el mediodía.

Como si hubiera estado esperando detrás de la puerta, una mujer alta entra contoneándose. Tiene el cabello negro hasta la cintura y ojos verdes cargados de desprecio.

Su falda es más corta que su educación.

Deja los papeles y se marcha.Antes de salir, intenta atrapar la atención de Sam... pero su mirada ya está ocupada.

En mí.

-¿Tienes calor? -pregunta de pronto.

Me sonrojo.

-¿Qué? Yo...-titubeo, viendo cómo su sonrisa se curva, peligrosa.

Y por alguna razón, sé que nada en mi vida volverá a estar bajo control.

Capítulo 2 Sin juicio.

-Si deseas, puedes cerrar la ventana y prender el climatizador -balbucea Sam, tecleando sin parar frente a su ordenador.

-No, así estoy bien.

Me dispongo a revisar los documentos. Basta una hojeada: manos a la obra. En media hora todo está listo, solo queda imprimir.

-¿Qué imprimes, Estela? -cotillea Sam, clavando en mí esos ojos avellana que parecen escudriñar algo más profundo que mi apariencia.

-¿No me dijo que el informe era para el mediodía? Pues... ya está.

-¿Qué?... imposible.-susurra, tan sorprendido que parece que su cuerpo tenso va a estallar.

Tomo el montón de hojas, las ordeno con cuidado en un file y se lo entrego personalmente.

-¡Wow!... no puedo escribir tan deprisa.

-No escribí, señor... usé Excel. Fue muy fácil.-murmuro casi humildemente

-Mmm... ya veo... no sé mucho de Excel. ¿Qué te parece, Estela, si me enseñas? -masculla, mirando embelesado cada hoja y algo en su expresión hace que mi corazón se acelere sin razón aparente.

-¿Qué le enseño? -pregunto con los ojos brillantes, sentándome en mi silla.

-¡A usar Excel!... ¿qué me dices?... ¿hoy en mi apartamento a las ocho?

El corazón se me aprieta, la cabeza se me hace un nudo y, por supuesto, mi cerebro genera un enorme no.

-¡Por supuesto! -respondo sin siquiera pensarlo.

-¡Perfecto!... te envío las indicaciones a tu móvil.

Ruedo los ojos hacia la pantalla brillante de mi ordenador. La secuencia de números me abruma, la respiración se me entrecorta. Es increíble que haya aceptado una invitación así en mi primer día aquí.

Pero ya es demasiado tarde para arrepentirme.

La puerta de caoba pulida se abre. Natali entra como si nada.

-¡Hill!... la salida hoy es a las tres, recuerda -le informa con una voz melosa e insoportable.

-Lo... lo siento, Natali... márchate tú... debo trabajar. Y por favor, toca la puerta antes de entrar -susurra Sam, como si yo fuera sorda.

-¿Qué?... ¿qué dices, Sam?-lo cuestiona ella, fingiendo no entender.

-¡Que salgas! -ordena furioso, señalando la puerta.

Su cabello negro y sedoso se arremolina sobre sus hombros. El escote marcado de su pronunciado busto está empapado en sudor. Frunce el ceño y dirige su mirada amarga hacia mí.

Destila rabia por los poros; la envidia recorre todo su cuerpo.

Sam queda quieto, paralizado, pero hay algo en su postura: la tensión contenida, como si una fuerza más allá de lo humano luchara por salir. Tras el portazo y la escena, solo resopla y continúa con su trabajo.

Yo aún me familiarizo con el mío. Un silencio vago se escurre por la oficina y el calor sofocante del mediodía no me permite continuar.

-Señor... ¿puedo prender el climatizador?

-Mjm -masculla sin alzar la vista.

Las cortinas aterciopeladas se atascan del lado derecho. Mi estatura no es suficiente para alcanzarlas; casi de puntillas siento un vapor inexplicable tras mi oreja.

Sam levanta el brazo, corre la cortina de una sola vez y cierra la ventana.

Pero no se marcha.

Percibo su aliento en mi nuca. Un aroma delicioso a menta mezclada con fresas me envuelve el alma.

Algo en él despierta un instinto antiguo y primitivo que no puedo identificar.

Cuando me volteo, aún está ahí, mirándome fijamente. Tiene la ceja partida y el rostro cubierto de moretones.

-¿Estás bien? -averiguo, pasando mis dedos sobre su ceja.

-Sí... -afirma, retirándome la mano y reincorporándose a su trabajo.

No sé en qué pensaba al tomarme tal atrevimiento. Mis delicados dedos volaron solos, nerviosos ante su tacto.

Otra vez no decimos nada. Poco a poco se instala una tranquilidad cautivadora. El piso va quedando vacío; los últimos tacones discordantes se escuchan a las tres. Debe ser Natali.

-¡Te puedes ir!... recuerda que esta noche paso por ti... a las ocho.

-Mjm... claro.-atino a emitir un sonido imperceptible .

-O... si quieres... quédate un rato más y vamos directo a mi apartamento. No te preocupes, allí te puedes duchar y eso.

-No... no, mejor pasa por mí. Esta noche estará clara... hay luna llena -susurro, apenas audible.

Noto cómo los ojos de Sam se abren con sobresalto. Me mira nervioso.

-Hoy... ¿hoy no es 19 de marzo? -tartamudea.

-No, señor... es 20.

-¡No puede ser!... -balbucea, dando un brinco en la silla.

-Recordé algo... ¿me enseñas mañana? Tengo un compromiso muy importante hoy -añade, ajustándose la corbata como si se ahogara de repente.

-¡Oh!... de acuerdo, como quieras.

-Bueno... mejor... está bien... pero no podré recogerte. ¿Te pido un taxi? -duda, se queja, se mueve atolondrado y no deja de sudar.

No comprendo su intriga con la invitación, pero para mí está bien cualquier cosa. Al final, ya acepté.

«¿Qué puede pasar? »pienso, sin dejar de observar cómo se rasca la cabeza y mira nervioso a todos lados.

Sam pasa la tarde haciéndome preguntas, pero es tan sexy que no me niego a ninguna.

Finalmente concluye la jornada. Mi labor también. Recojo todo, me despido y me marcho.

Las dudas caen sobre mi cabeza como gotas de lluvia endurecidas: una avalancha de preguntas sin respuesta. Pero prefiero no escuchar esa vocecilla que intenta impedirme ir a su apartamento. Con mi padre de viaje, será muy fácil.

Me siento como una adolescente. Me tomo mi tiempo para ducharme y me avergüenzo un poco de la ropa que llevo.

Al fondo del guardarropas sigue ese vestido café que me regaló la tía Dixi. Es atrevido: llega hasta los muslos, deja la espalda descubierta y tiene un gran escote.

Me peino, me plancho bien el cabello. Una vez alisado, me cae casi hasta las nalgas. Un tono suave carmelita sobre los labios y listo.

El taxi llega con una puntualidad exacta. Los nervios hacen de las suyas y un sudor indiscreto recorre mi espalda desnuda.

La noche está preciosa. Una luna enorme y resplandeciente ilumina cada adoquín de las callejuelas, y la brisa gélida me acaricia el alma.

El taxi se detiene frente a un edificio casi tan alto como la empresa. Según la dirección, debo ir al piso quince.

Cuando llego al apartamento número veintidós, un chico muy alto con un pulóver negro ajustado me abre la puerta. Junto al tatuaje del cinco en número romano, una serie de tatuajes grandes y pequeños recorre su piel.

El pulóver es tan ceñido que marca cada músculo.

Cuando reacciono, sus ojos ya no son color avellana. Pinceladas de sensualidad invaden su iris, tornándose negros como la noche.

Se queda estático y me devora de arriba abajo con la mirada, tomándose su tiempo.

-¡Hola, Estela!... estás muy bonita... pasa, pasa -me invita, haciéndose a un lado.

-Gracias, señor Hill.

-Tutéame, por favor... soy Sam.

Asiento y entro. El lujo me abruma: una televisión enorme adorna la pared frontal, lámparas doradas con flores de cristal blanco iluminan el techo, y la decoración es exquisita. Todo es tan fino, tan de clase alta, que me cuesta respirar.

Sam parece notar mi incomodidad.

-Siéntate donde gustes. Traeré algo de beber... el negocio va bien y, bueno, podemos darnos ciertos lujos. Mi padre insiste en que se debe gozar del fruto del sacrificio -explica, perdiéndose tras las cortinas de encaje fino.

Regresa con una bandeja simpática: una soda y unos panqueques.

-No sabía qué bebías, así que te traje soda de limón y... unos dulces.

-Gracias... ¡me encantan los dulces! -respondo, saboreando un delicioso panqueque.

Sam está ahí, sentado en el sofá, mirándome comer.

Fijamente.

Cuando sus ojos se encuentran con los míos, enciende el portátil.

Capítulo 3 Lujuria

Las lámparas irradian una luz vaga y opaca ,solo se percibe la claridad del portátil en nuestros rostros y un ambiente tranquilo y reconfortante.

Me acomodo algo cerca de Sam,el vestido se me encoje de tal forma que casi llega a mi ropa interior pero no me percato.Doy explicaciones de informática que aprendí por mi cuenta y le hago una tabla en Excel a Sam para que me comprenda.

Siento que tengo la garganta seca de tanto hablar .

Parece que entiende todo muy bien,pero un nerviosismo inusual se refleja en sus ojos ,no deja de observar el enorme ventanal casi invisible trás tantas cortinas amontonadas delante ,ni siquiera entra algo de luz,la noche está muy clara producto a la luna llena .

-Sam...Sam

-Sí...sí...¡lo entendí todo perfecto!.

-Sam ...¿ocurre algo?...parece que quieres escapar por la ventana.-indago rodando mis ojos por su rostro mientras señalo la pantalla.

-¿Qué hora es?

-Las diez y diez.

Suspira profundamente cómo si esperáse algo,aún tiene las pupilas dilatadas y su piel blanca pálida se comienza a tornar algo tersa.

-¿Te traigo una bebida?

-No sé...quizás otra soda ...que sea...-titubeo dándome el último sorbo.

-No...me refiero a un poco de vino,es muy suave ,tenemos aún dos horas -me interrumpe mirando el reloj que al parecer no sabía que llevaba cuando me preguntó la hora .

-Es qué...no bebo alcohol-farfullo y me cruzo de brazos.

-Disculpa si es demasiado para ti...¡pero te invito!...vamos .

-Bueno...de acuerdo solo un poco¿sí?

Otra vez desaparece entre las cortinas,cada segundo que pasa me enredo más y más en esta situación,de una enseñanza que pudo ocurrir en el trabajo, estoy aquí bebiendo con un chico que recién conocí hoy,y para colmo es mi jefe.

-¡Aquí tienes !

Sam está un poco raro esta noche ,me entrega una copa con un vino color miel y un aroma increíble,pero está casi temblando y algo de locura se refleja en su rostro,parece demente.

Su mirada inestable recorre mis muslos al descubierto y se concentra en la comisura que se puede contemplar de mi ropa interior color azul.

-Sam ...¿estás bien?...la luna te vuelve loco ...jeje-sonrío y me doy un sorbo que me calienta hasta el estómago.

Dicho esto Sam reacciona algo furioso y a la vez tímido,aún tiembla y las pupilas no dejan de estar negras.

-Lo siento esta noche ...¡estoy bien!...¡estoy bien !.-arrastra las palabras con la lengua enredada y la mirada cortante.

Para la segunda copa Sam está tan cerca de mí que puedo analizar cada parte de su rostro .

Una sonrisa maliciosa y muy sexy se dibuja en sus labios y no me quita la mirada de arriba ,hasta el punto de sentirme algo incómoda.

-¿Qué te parece si jugamos a algo?-pregunta algo atolondrado.

Las palabras de Sam se escuchan algo distantes,su rostro está algo borroso y una alegría placentera me hace sentir muy bien ,parece que el vino está haciendo efecto.

-Sí... claro .

-Te voy a hacer tres preguntas, tú también a mí...y si el otro cree que no debe responder se sacará una pieza de ropa y al final ...¡habrá una sorpresa!-celebra ladeando la cabeza con la mirada perdida.

Ese calor sin respuestas me recorre el cuerpo,no es por la bebida ,es por algo más ,no tengo control sobre mí,es una propuesta tan indecorosa, obvio le diré que no.

-Sí claro -espeto sin titubear con la garganta seca a pesar del vino que estoy bebiendo.

-Comienzo yo...¿vale?-me informa como si me diera opciones.

-¿Tienes novio ?

-No

-Mmm...muy fácil...¿eres virgen?

Un hormigueo carcome mi pecho,el corazón se me acelera y me pongo de pie.

-Sólo tengo dos piezas de ropa ,mi vestido y mi braga.-percibo mi voz algo difusa pero no logro pensar con claridad.

-¿No llevas sujetador Estela ?

-No...este vestido trae relleno,no lo necesito...pero no quiero responder.

Los ojos de Sam se iluminan,están pendientes a cada movimiento que hago.

Muy sutil se puede vislumbrar cómo su entrepierna deja ver un bulto que se va agrandando, disimuladamente se coloca la mano sobre él y me intenta distraer.

-¡Cambiémos las reglas!...esta vez me la sacaré yo.

-¿Qué te sacarás?-pregunto sin pensar.

-La ropa Estela ...la ropa

Sam se pone de pie ,se quita el pulóver y puedo ver más tatuajes en su pecho ,unos músculos marcados y algunas cicatrices,el sudor le recorre el cuello formando un surco hasta su abdomen,mis ojos indiscretos la siguen y se me pierde en su ombligo.

Una humedad me acaricia el cuerpo,siento que el suelo se remueve con cada latido de mi corazón,no siento la cabeza y tengo la boca reseca .

-Última pregunta Estela ...¿yo te gusto?

Un az bajo la manga ,muy astuto.

Tomo el borde de mi vestido lo bajo lo suficiente y me quito mi braga.

-¡Aquí está mí pieza !

Los ojos de Sam una vez más parecen irradiar luz,se carraspea la garganta y se sienta ,esta vez coloca un cojín sobre su entrepierna y se pasa las manos sobre la cabeza.

-Ahora... tú

-Muy bien Sam...¿tienes novia?

-¡No!-y sonríe malévolamente

-De acuerdo...¿yo te gusto?

Sam se pone de pie nuevamente,me mira como si no existiera nada más en el mundo y se quita el pantalón.

Ahora puedo ver claramente su ropa interior alzada por completo,el sudor le empapa el vientre y sus ojos acechantes parecen acorralarme cómo si fuera una presa .

-La última Sam...¿qué harías si me quito el vestido?

El silencio ensordecedor se apodera de la sala de estar,el bulto en su entrepierna parece que va a explotar y con una mirada desafiante y un tono muy calmado responde a mí pregunta.

-¡Follarte hasta que te desmayes !.

Mis ojos se pierden en los suyos ,mi pecho parece explotar y las manos me tiemblan.

-Las ...las doce...Estela debes irte -interrumpe mirando a todos lados.

-¿Qué?...ahora ...¿por qué?

Sam está ahora más extraño,se viste rápidamente, tiembla sin parar y parece sacarme a empujones del departamento,muy rápido me visto también,lo observo dubitativa y me quedo inmóvil.

-Te llamo un taxi aguarda abajo-me ordena apagando el portátil.

Los ojos de Sam están más raros que antes ,da la sensación que el cabello le crece y los labios se le resecan.

Casi de un empujón me avienta afuera y cierra de un portazo.

Es increíble,no comprendo nada ,pero la culpa me remueve el alma y me estremece cada fibra de mi ser,no debí aceptar tal propuesta,soy una persona realmente tranquila y muy cuerda ,no sé en qué pensaba.

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