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Circo de Almas Rotas: Mi Corazón

Circo de Almas Rotas: Mi Corazón

Autor: : SANCHA ARENCIBIA
Género: Fantasía
El olor a aserrín mojado y el frío del lodo se pegaban a mi piel, sentía un dolor sordo en mi cuerpo, pero el dolor más agudo venía de las risas y la música dentro de la carpa principal, que eran para mi hermana Valentina y Ricardo, el hombre que yo amaba. Me habían echado del circo, de mi hogar y de mi vida. Mi abuela, Doña Elena, la matriarca del Circo Estrella, me desterró frente a todos, llamándome ladrona y traidora. Ahí me quedé, Sofía, en el barro, mientras la lluvia lavaba la sangre de mis rodillas y las lágrimas de mi cara. Pero justo cuando pensaba que iba a morir sola y olvidada, una luz brillante me cegó y, al abrir los ojos, estaba de vuelta en la carpa principal. Mi abuela me anunció frente a todos que era la hora de que una de nosotras se convirtiera en la nueva estrella del circo, y puso a Valentina y a mí a competir por la herencia. Mi corazón se llenó de un odio frío e intenso: odiaba a Valentina por su traición, a Ricardo por usarme, y a mi abuela por su ceguera. "La ganadora no solo tendrá la carpa principal y el nombre de estrella, tendrá la lealtad de esta familia y un futuro brillante, la perdedora... bueno, en el circo no hay lugar para el segundo mejor", sentenció mi abuela. Esta no era una competencia justa, era una trampa para destruirme, pues yo ya lo había vivido: mi gran acto con Ricardo, que me había costado una lesión permanente en el hombro, no fue reconocido después de que él me soltara y corriera a los brazos de Valentina, quien me acusó de robarle el amor. Fui despojada de mi victoria, mi honor y mi familia, desterrada, y el dolor de la traición me cambió para siempre. Ahora, de vuelta en este maldito día, no sería la misma Sofía ingenua. Si este mundo, este circo, esta familia, estaban empeñados en destruirme, entonces yo los destruiría primero a todos.

Introducción

El olor a aserrín mojado y el frío del lodo se pegaban a mi piel, sentía un dolor sordo en mi cuerpo, pero el dolor más agudo venía de las risas y la música dentro de la carpa principal, que eran para mi hermana Valentina y Ricardo, el hombre que yo amaba.

Me habían echado del circo, de mi hogar y de mi vida.

Mi abuela, Doña Elena, la matriarca del Circo Estrella, me desterró frente a todos, llamándome ladrona y traidora.

Ahí me quedé, Sofía, en el barro, mientras la lluvia lavaba la sangre de mis rodillas y las lágrimas de mi cara.

Pero justo cuando pensaba que iba a morir sola y olvidada, una luz brillante me cegó y, al abrir los ojos, estaba de vuelta en la carpa principal.

Mi abuela me anunció frente a todos que era la hora de que una de nosotras se convirtiera en la nueva estrella del circo, y puso a Valentina y a mí a competir por la herencia.

Mi corazón se llenó de un odio frío e intenso: odiaba a Valentina por su traición, a Ricardo por usarme, y a mi abuela por su ceguera.

"La ganadora no solo tendrá la carpa principal y el nombre de estrella, tendrá la lealtad de esta familia y un futuro brillante, la perdedora... bueno, en el circo no hay lugar para el segundo mejor", sentenció mi abuela.

Esta no era una competencia justa, era una trampa para destruirme, pues yo ya lo había vivido: mi gran acto con Ricardo, que me había costado una lesión permanente en el hombro, no fue reconocido después de que él me soltara y corriera a los brazos de Valentina, quien me acusó de robarle el amor.

Fui despojada de mi victoria, mi honor y mi familia, desterrada, y el dolor de la traición me cambió para siempre.

Ahora, de vuelta en este maldito día, no sería la misma Sofía ingenua.

Si este mundo, este circo, esta familia, estaban empeñados en destruirme, entonces yo los destruiría primero a todos.

Capítulo 1

El olor a aserrín mojado y el frío del lodo se filtraban por mi ropa rota, sentía un dolor sordo en todo el cuerpo, pero lo que más dolía era el sonido que venía de adentro de la carpa principal, las risas, los aplausos, la música triunfal, todo era para ellos, para mi hermana Valentina y para Ricardo, el hombre que yo amaba.

Me habían echado del circo, de mi hogar, de mi vida.

Mi abuela, Doña Elena, la matriarca del Circo Estrella, me había desterrado frente a todos, llamándome ladrona y traidora.

Y yo, Sofía, simplemente me quedé ahí, en el barro, mientras la lluvia lavaba la sangre de mis rodillas y las lágrimas de mi cara.

El frío se volvió insoportable, mis párpados pesaban una tonelada, y justo cuando pensé que iba a morir ahí, sola y olvidada, una luz brillante me cegó.

El calor del sol me golpeó la cara, el olor ya no era a lodo, sino a palomitas de maíz y algodón de azúcar, los sonidos ya no eran de mi propia agonía, sino del murmullo emocionado de la gente del circo.

Abrí los ojos de golpe.

Estaba de pie en el centro de la pista, bajo la carpa principal, la misma carpa de la que me habían expulsado.

Mi cuerpo no dolía, mis ropas estaban limpias, y frente a mí, en su trono improvisado, estaba mi abuela, Doña Elena, con su imponente presencia.

Miré a mi lado, ahí estaba Valentina, mi hermana gemela, sonriéndome con esa dulzura falsa que ahora me revolvía el estómago.

Y un poco más allá, apoyado en un poste con una sonrisa coqueta, estaba Ricardo, el malabarista, mirándome como si yo fuera el centro de su universo.

Mi corazón se detuvo.

No, no podía ser.

Esto era un sueño, una alucinación antes de morir.

Pero todo se sentía demasiado real, el calor, los olores, las caras conocidas de los otros artistas que nos rodeaban.

Entonces, la voz de mi abuela resonó en la carpa, y cada palabra fue como un martillo golpeando mi alma.

"¡Artistas del Circo Estrella!"

Su voz era fuerte y clara, llena de la autoridad que nadie se atrevía a cuestionar.

"Como saben, yo, Elena, ya no soy joven, mis manos ya no son firmes y mi vista se nubla, es hora de que una nueva estrella guíe nuestro circo."

Un silencio expectante llenó el lugar.

"Mis dos nietas, Sofía y Valentina, han crecido bajo esta carpa, la sangre del circo corre por sus venas, pero solo una puede heredar la carpa principal, solo una puede convertirse en la próxima gran estrella."

Sentí la mirada de todos sobre nosotras.

Valentina se acercó a mí y me tomó la mano, su piel se sentía suave, pero para mí era como tocar una serpiente.

"Hermanita, qué emoción" , susurró, sus ojos brillando con una ambición que solo yo podía ver.

Aparté la mirada de ella y me enfoqué en Ricardo, él me guiñó un ojo, una promesa silenciosa de que estaríamos juntos en esto.

En mi vida pasada, ese guiño me había hecho sentir mariposas en el estómago, ahora, solo sentía un frío glacial.

Odio.

Un odio tan puro y profundo que me asustó.

Odiaba a Valentina por su traición, por su cara de ángel que escondía un demonio, odiaba a Ricardo por usar mi amor y mis secretos para su propio beneficio y odiaba a mi abuela por ser tan ciega, por dejarse engañar por las lágrimas de cocodrilo y las mentiras bien actuadas.

"El desafío es simple" , continuó la abuela, su voz cortando mis pensamientos oscuros. "Quien de ustedes dos logre crear y presentar el acto más original, el más conmovedor, el que haga que el público llore y ría al mismo tiempo, heredará todo."

La abuela hizo una pausa, mirando a toda la compañía.

"La ganadora no solo tendrá la carpa principal y el nombre de estrella, tendrá la lealtad de esta familia y un futuro brillante, la perdedora... bueno, en el circo no hay lugar para el segundo mejor."

Las palabras de mi abuela encendieron un fuego en los ojos de los demás artistas, se oían murmullos de emoción y envidia, todos soñaban con una oportunidad así.

Pero yo ya había vivido esto.

Sabía que no era una competencia justa, era una trampa.

Una trampa diseñada para destruirme.

En la vida anterior, yo había ganado, mi acto con Ricardo fue perfecto, el público me ovacionó de pie, lloraron con la belleza y el peligro de nuestro número, un truco familiar que me costó una lesión permanente en el hombro, un sacrificio que hice por amor, por el arte, por la aprobación de mi abuela.

Pero en el momento de mi triunfo, Ricardo me soltó, me dejó caer simbólicamente y corrió a los brazos de Valentina.

Él anunció que nuestro acto solo fue un "ensayo" para su verdadera presentación con el amor de su vida, mi hermana.

Valentina lloró, diciendo que yo le había "robado" el amor de Ricardo, que lo había manipulado para crear mi acto.

Y todos, incluida mi abuela, le creyeron.

Fui despojada de mi victoria, de mi honor, de mi familia.

Ahora, de vuelta en este maldito día, sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

La multitud vitoreaba, Valentina sonreía y Ricardo me miraba con falso amor.

Pero yo ya no era la misma Sofía ingenua.

El dolor y la traición me habían cambiado.

Esta vez, Ricardo no tendría mis secretos, Valentina no tendría mi sacrificio para robar, y mi abuela... mi abuela vería la verdad, aunque tuviera que quemar el circo hasta los cimientos para que la viera.

Una idea terrible y oscura nació en mi mente.

Si no podía tener justicia, tendría venganza.

Si este mundo, este circo, esta familia, estaba empeñada en destruirme, entonces yo los destruiría primero.

A todos.

Capítulo 2

Valentina y yo nacimos bajo la misma lona, con minutos de diferencia, éramos un acto en nosotras mismas desde el principio, las gemelas del Circo Estrella, unidas en todo.

O eso era lo que todos creían.

La verdad es que siempre fuimos dos mitades de una misma moneda, pero el mundo siempre pareció preferir su cara.

Yo era la fuerte, la ágil, la que pasaba horas y horas entrenando hasta que los músculos me ardían y las manos me sangraban, mi especialidad eran las alturas, las sedas aéreas, la contorsión, los actos que dejaban al público sin aliento por el peligro y la gracia.

Valentina era la "delicada" , la "dulce" , su talento era limitado, sus actos eran simples, bonitos, pero sin la chispa del verdadero genio circense, sin embargo, compensaba su falta de habilidad con una astucia y una capacidad de manipulación que yo, en mi inocencia, nunca pude ver.

Nuestra abuela, Doña Elena, sin darse cuenta, fomentó esta dinámica.

"Sofía, no seas tan brusca con tu hermana, ella es frágil" , me decía cuando Valentina fingía una caída para no hacer un truco difícil.

"Valentina, qué rostro tan angelical tienes, la gente te adora" , le decía, ignorando por completo las horas de sudor y esfuerzo que yo invertía.

Esa preferencia sutil pero constante fue el veneno que lentamente pudrió nuestra relación.

Cuando la abuela anunció el desafío en mi vida anterior, yo vi una oportunidad para demostrar finalmente mi valor por mérito propio, para que viera que la fuerza y la dedicación valían más que una cara bonita.

Estaba decidida a crear algo nunca antes visto.

Y entonces apareció Ricardo.

Era nuevo en la compañía, un malabarista con un carisma que desarmaba a cualquiera, sus ojos oscuros prometían aventuras y su sonrisa te hacía sentir la única persona en el mundo.

Me enamoré como una tonta.

Le abrí mi corazón y, peor aún, le abrí mi cuaderno de secretos.

Le conté sobre el "Vuelo del Ángel Caído" , un truco legendario de nuestra familia, un acto de contorsión y fuerza en las sedas aéreas que requería una confianza absoluta entre la pareja y un sacrificio físico brutal por parte del acróbata aéreo.

El truco implicaba dislocar voluntariamente el hombro en el aire para lograr una caída controlada que parecía un suicidio, solo para ser atrapado en el último segundo.

Era hermoso, trágico y espectacular.

Y muy, muy peligroso.

Una mala ejecución y mi carrera, o mi vida, se acabarían.

"Es perfecto, Sofía, nuestro acto" , me dijo Ricardo, sus ojos brillando de ambición. "Con esto, no habrá duda de quién es la nueva estrella."

Entrenamos día y noche, él aprendió cada movimiento, cada secreto, yo le enseñé a soportar mi peso, a anticipar mi caída, a ser mi ancla.

Soporté el dolor de las prácticas, los músculos desgarrados, el hombro que gritaba en protesta cada vez que lo forzaba más allá de sus límites naturales.

Todo por nosotros, por nuestro futuro.

El día de la presentación, el público estaba en éxtasis, cada movimiento era perfecto, la música, las luces, nuestra conexión, todo era mágico.

Llegó el momento culminante.

Subí a lo más alto de la carpa, el silencio era total, solo se oía el latido de mi propio corazón.

Miré a Ricardo abajo, él me sonrió, asintiendo.

Confié.

Salté.

El aire silbaba en mis oídos, mi cuerpo se retorcía en la caída controlada, y entonces, el dolor agudo y familiar en mi hombro cuando se salió de su lugar.

Fue un grito ahogado de dolor y belleza.

El público jadeó.

Justo cuando mis manos debían encontrar las suyas, él dio un paso atrás.

No me atrapó.

En su lugar, Valentina apareció a su lado, como si hubiera estado esperando en las sombras todo el tiempo.

Caí.

No desde la altura total, él me había enseñado una variación "segura" para el ensayo, pero la caída fue lo suficientemente dura como para dejarme sin aire y con el hombro destrozado en el suelo de la pista.

El dolor físico no fue nada comparado con el de la traición.

Ricardo levantó la mano y la música se detuvo.

"¡Damas y caballeros!" , gritó, su voz resonando. "¡Les agradezco su entusiasmo por este... ensayo!"

Hubo murmullos de confusión.

"Mi verdadera compañera, el verdadero amor de mi vida, y la inspiración para el verdadero 'Vuelo del Ángel' , es ella."

Señaló a Valentina.

Ella se adelantó, con lágrimas falsas corriendo por sus mejillas perfectas.

"Oh, Sofía" , sollozó, su voz quebrada y lastimera para que todos la oyeran. "Yo... yo no quería que esto pasara, Ricardo y yo nos amamos, pero tú... tú estabas tan obsesionada con ganar que lo sedujiste, le robaste nuestras ideas para tu propio beneficio, lo obligaste a hacer esto."

El mundo se me vino encima, la narrativa se había volteado en un segundo.

Yo era la villana.

La gente empezó a abuchearme, a mí, que yacía en el suelo, rota y humillada.

Mi abuela se levantó de su trono, su cara era una máscara de furia y decepción.

Caminó hacia mí, no para ayudarme, sino para sentenciarme.

"Sofía" , su voz era hielo puro. "Has traído la vergüenza a esta familia, has usado la manipulación y el engaño, has deshonrado el legado de tus antepasados."

Se inclinó y agarró mi brazo sano, obligándome a ponerme de rodillas frente a ella.

"No eres digna de llevar nuestro nombre, no eres digna de pisar esta pista nunca más."

Frente a todos los artistas, frente al público que momentos antes me aclamaba, ella me abofeteó.

"¡Fuera! ¡Estás desterrada del Circo Estrella! ¡Para nosotros, estás muerta!"

Me arrastraron fuera de la carpa como a un animal, mientras escuchaba a Valentina, entre sollozos, pedirle a la abuela que no fuera tan dura.

"Abuela, por favor" , dijo. "Al menos... al menos que me deje sus trajes, son tan hermosos y sería un desperdicio."

Esa fue la última gota.

Mientras los guardias me sacaban, grité con todas mis fuerzas.

"¡Es mentira! ¡Ella miente! ¡Ricardo, dile la verdad!"

Pero Ricardo ni siquiera me miró, estaba demasiado ocupado consolando a la "víctima" , a Valentina.

Nadie me creyó.

Mi voz se perdió en la ovación que le dieron a la nueva estrella, Valentina, la dulce y frágil niña que había "sufrido" tanto.

Y así fue como terminé en el lodo, muriendo, antes de despertar de nuevo en el inicio de mi pesadilla.

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