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Cita inesperada

Cita inesperada

Autor: : sxtzambrana
Género: Romance
Valeria Torres, una exitosa CEO, ha dedicado su vida al trabajo, pero su vida personal es un desastre. Cuando acepta una cita a ciega para escapar de sus problemas, se encuentra con Marco, su primer amor, a quien dejó atrás años atrás por su carrera. Lo que comienza como una cita incómoda, pronto se convierte en un trato inesperado: Marco le propone un matrimonio por conveniencia. Necesita casarse para cumplir con el último deseo de su abuelo, y Valeria, presionada por su padre, acepta a cambio de salvar su legado familiar. Lo que parecía un acuerdo frío pronto se complica cuando los sentimientos no resueltos entre ellos resurgen. Mientras intentan mantener su relación en términos de negocio, descubren que el matrimonio podría ser mucho más que una solución práctica: tal vez sea la oportunidad para sanar viejas heridas... o para abrir nuevas.

Capítulo 1 Introducción a Valeria

Valeria Torres se despertó con la misma sensación que todos los días: la presión de un mundo que no dejaba espacio para la debilidad. A las seis de la mañana, su teléfono comenzó a vibrar sobre la mesita de noche. El correo electrónico del trabajo siempre era lo primero que veía al abrir los ojos. Durante años, se había acostumbrado a la rutina inquebrantable de su vida. Desayuno rápido, llamadas, reuniones, decisiones críticas y una carrera que parecía nunca detenerse.

Era CEO de una de las empresas tecnológicas más influyentes del país, Torres Tech, una compañía que ella misma había levantado desde cero. A sus treinta y ocho años, Valeria era el epítome del éxito. Su nombre sonaba en todos los círculos empresariales, y la presencia de su rostro en las revistas de negocios era constante. Pero lo que nadie sabía, lo que ni siquiera sus empleados llegaban a intuir, era que detrás de esa imagen imparable de mujer poderosa, Valeria vivía una vida vacía.

Cada mañana, después de revisar sus correos, dejaba que el día la arrastrara hacia su rutina. La torre de cristal que albergaba su oficina era su santuario, el lugar donde sentía que tenía el control absoluto de su vida. En ese entorno de mármol, vidrio y tecnología de punta, no había espacio para los sentimientos, ni para los recuerdos que se habían ido quedando atrás.

Las decisiones empresariales que tomaba cada día le otorgaban una satisfacción momentánea. A veces, tras lograr un avance significativo en el mercado o cerrar un contrato millonario, sentía la adrenalina del triunfo. Pero esa satisfacción nunca duraba mucho. Siempre había algo más que conquistar, algo más que optimizar, algo más que mejorar. En la jungla corporativa, el éxito nunca era suficiente.

Valeria había trabajado incansablemente para llegar a donde estaba. Había luchado contra las expectativas de su padre, un hombre que siempre creyó que ella debía ser algo más que una simple empresaria exitosa. Había sido la hija perfecta para su madre, pero nunca la mujer que ambos esperaban. Siendo hija única, los ojos de su familia siempre habían estado sobre ella. Desde pequeña, su padre la había empujado a seguir sus pasos, asegurándose de que tuviera la mejor educación, los mejores contactos y la mejor carrera. El amor de su madre siempre estuvo condicionado a su rendimiento: "Hazlo bien y serás recompensada", le decían, aunque las recompensas nunca llegaban a sentirse como un verdadero acto de cariño.

De alguna manera, Valeria nunca logró cumplir completamente con las expectativas familiares. Se convirtió en una mujer fuerte, decidida, y su éxito profesional era la prueba palpable de su capacidad. Pero en lo profundo de su ser, sentía que nunca había sido realmente vista por quienes más amaba.

A las nueve en punto, como siempre, entró en la sala de juntas. Una mesa larga de madera oscura se extendía frente a ella, rodeada de sillas que representaban tanto autoridad como lejanía. Los altos ejecutivos de Torres Tech ya estaban reunidos, esperando ansiosos las instrucciones de su líder. La sala, aunque moderna y elegante, siempre le resultó fría y distante. Su mirada recorrió las caras conocidas de sus colaboradores más cercanos. Sabía que ninguno de ellos entendía lo que sentía. Para ellos, ella era un referente, una mujer que lo tenía todo bajo control. La mujer perfecta.

La reunión comenzó de inmediato, con informes sobre el estado del mercado, el progreso de las nuevas innovaciones y los desafíos que se presentaban a la empresa. Valeria tomaba notas, hacía preguntas incisivas y desafiaba cualquier desviación de la visión que ella misma había creado para la compañía. No estaba en la sala para hacer amigos, sino para dirigir. Cada palabra que pronunciaba estaba medida, cada decisión que tomaba era definitiva. En su mente, no había espacio para el error.

A los treinta minutos, la reunión terminó con una claridad que solo ella sabía dar. Los demás salieron en silencio, sabiendo que Valeria había dado el último veredicto. Cuando la sala quedó vacía, ella se permitió unos segundos para respirar. Nadie más estaba allí, y en ese momento, una leve sensación de soledad la invadió. Pero era una sensación que había aprendido a ignorar con los años.

El timbre de su teléfono sonó de nuevo, interrumpiendo sus pensamientos. Era un mensaje de texto, algo que rara vez le interesaba. Sin embargo, al ver el nombre en la pantalla, una pequeña chispa de curiosidad la impulsó a abrirlo. "¿Nos vemos hoy?" Era un mensaje de su amiga, Clara, que solía insistirle para que tuviera algo de vida social.

"¡Claro!", respondió, sin pensar demasiado en ello. No podía recordar la última vez que había hecho algo fuera de su rutina de trabajo. Había comenzado a evitar las salidas sociales, a mantenerse alejada de los amigos. Incluso había dejado de asistir a eventos y reuniones de caridad en los últimos meses. Las relaciones humanas habían quedado relegadas al último lugar de su lista de prioridades.

La soledad era su compañera constante. En su enorme apartamento en el centro de la ciudad, las noches pasaban en silencio absoluto. La misma cama grande que había sido su refugio durante años, siempre vacía. La casa perfecta, la vida perfecta, pero vacía de sentido.

"Tal vez salir un poco no me hará mal", pensó mientras salía de su oficina, dispuesta a cumplir con la cita impuesta por Clara. Tomó el ascensor y bajó al garaje, donde su auto de lujo la esperaba. La ciudad se veía diferente desde su automóvil. Las luces de los edificios brillaban en la distancia, mientras la vida continuaba en la calle, ajena a su propia batalla interna.

El restaurante al que Clara la había invitado estaba a unos minutos. Al llegar, se dio cuenta de que había llegado con unos minutos de adelanto. Como era costumbre, encontró un lugar apartado donde podría observar sin ser vista. Clara aún no llegaba, pero a Valeria no le molestaba. Había aprendido a disfrutar de los momentos en los que solo estaba consigo misma. En ese espacio de tiempo en el que las horas parecían diluirse, Valeria volvió a reflexionar sobre su vida, sobre lo que había logrado y sobre lo que le faltaba. ¿Era esto lo que había soñado? ¿Era esto lo que quería?

Las luces tenues del restaurante y el murmullo de las conversaciones la rodeaban, pero Valeria se sentía más distante que nunca. Nadie la entendía, nadie compartía su lucha, ni siquiera Clara, quien siempre había sido su amiga más cercana. El éxito había sido su refugio, pero también su cárcel.

Finalmente, Clara llegó, interrumpiendo sus pensamientos. Valeria se enderezó y sonrió levemente, intentando ocultar la melancolía que se había apoderado de ella. Después de todo, tenía lo que todos querían: una carrera exitosa, una vida cómoda, un lugar en el mundo. Pero a veces, como ahora, deseaba poder dejar todo eso atrás, para sentir, para vivir, para ser vista de una manera que no fuera solo a través del brillo de su éxito.

"¿Qué tal, Val? Te veo pensativa. ¿Estás bien?", preguntó Clara mientras se sentaba frente a ella. Valeria sonrió, intentando disipar cualquier sombra de duda en su rostro. "Sí, todo está perfecto", respondió, sin que sus palabras coincidieran con lo que sentía en su corazón.

Y así, la noche continuó, como tantas otras, con risas superficiales y conversaciones vacías. Valeria seguía siendo la mujer que todos querían que fuera, pero dentro de ella, la soledad seguía creciendo.

Capítulo 2 El Conflicto Familiar

El sonido del timbre en el teléfono de Valeria la sacó de su concentración. Era una llamada del trabajo, pero la ignoró. Sabía que nada de lo que ocurriera en la oficina podía compararse con la llamada que estaba por recibir. En cuanto vio el nombre de su padre en la pantalla, suspiró profundamente.

"No ahora, por favor," pensó mientras dejaba que el teléfono vibrara en la mesa. Sin embargo, sabía que no podía evitarlo por mucho tiempo. La familia era, al final, el único peso que nunca había podido dejar atrás. Le dio un vistazo a la pantalla una vez más, y la mano que tenía sobre el teléfono cedió, aceptando la inevitabilidad de la conversación. Contestó.

-Hola, papá -dijo Valeria con voz firme, pero con una pequeña grieta de desgano en la tonalidad.

-Valeria, querida, ¿cómo estás? -su padre, siempre con su voz profunda y controlada, comenzó de la manera habitual, pero sabía que venía una de esas conversaciones. Aquellas que la hacían sentir que la vida fuera de la oficina no era más que una serie de expectativas a las que siempre debía adaptarse.

-Bien, papá, todo en orden -respondió Valeria, tratando de ser breve. Su mirada pasó por la ventana de su oficina, observando el ajetreo de la ciudad, pero sin realmente ver nada. Solo la sensación de que cada día se volvía más monótono.

-Me alegra oírlo. Pero tengo que hablar contigo sobre algo importante, algo que no podemos seguir ignorando -su padre dijo esto con la tranquilidad de quien ya había dado la charla varias veces.

Valeria sintió que su pulso aumentaba. No era la primera vez que tocaban este tema, pero algo le decía que esta vez sería diferente. No había manera de evitarlo.

-¿De qué se trata? -preguntó, intentando mantener la calma mientras se acomodaba en su silla, esperando lo peor.

-He estado pensando, Valeria -su padre hizo una pausa, como si estuviera tomando aire antes de lo inevitable-. Este asunto del matrimonio... Es hora de que cumplas con tus responsabilidades. No podemos seguir adelante sin que tomes las decisiones correctas. Tienes que casarte.

Las palabras de su padre cayeron pesadas en su mente, como una tonelada de ladrillos que se estrellaban contra una estructura ya debilitada. En su cabeza, la idea de casarse siempre había estado allí, pero nunca había sido una prioridad. No podía entender cómo su padre podía seguir insistiendo en ese tema, cuando ella tenía una vida que había construido sola, a fuerza de esfuerzo y sacrificio.

-Papá, ya te he dicho que no es el momento. Mi vida está enfocada en Torres Tech, en mi carrera. ¿No ves lo que he logrado? -su voz se alzó, con un dejo de frustración. Sin embargo, sabía que su respuesta no cambiaría nada.

-Lo que has logrado es admirable, Valeria, pero hay cosas más importantes en la vida que los números y el éxito empresarial. La familia es lo primero, y ya es hora de que asumas tu lugar como la mujer que eres. Eres la única heredera de todo esto, y no puedes hacerlo todo sola. Necesitas un compañero, alguien que esté a tu lado.

Valeria apretó los dientes. No podía creer que su padre estuviera diciendo esto. Sabía que él siempre había sido tradicionalista, pero la insistencia comenzaba a ser insoportable.

-No entiendo por qué tienes que seguir insistiendo en eso -contestó, buscando mantener la calma, pero su tono estaba cargado de incredulidad-. No necesito a nadie para mi vida. He trabajado demasiado para llegar hasta aquí, y no voy a dejar que nadie me detenga.

Su padre suspiró, y en su respiración Valeria pudo sentir una mezcla de exasperación y decepción. Sabía lo que su padre esperaba de ella. Había estado presionándola durante años para que cumpliera con el legado familiar, para que fuera una mujer "completa", en sus términos. Eso significaba matrimonio, hijos, una vida familiar tradicional, y todo lo que Valeria había aprendido a rechazar.

-Valeria, no estoy pidiéndote que renuncies a tu empresa, ni que dejes de ser quien eres. Lo que te pido es que encuentres un equilibrio. La vida no es solo trabajo. Te mereces alguien que te apoye, que te complemente. No puedes hacerlo todo sola. Necesitas a alguien que se haga cargo de lo que tú no puedes controlar. Una esposa no es solo una socia en los negocios. Es la pieza que te falta para ser verdaderamente feliz. La imagen completa.

Valeria sintió cómo se le apretaba el pecho. Las palabras de su padre la lastimaban más de lo que le gustaría admitir. La presión de las expectativas familiares era una carga constante. Durante años, había tenido que luchar contra esas expectativas, demostrar que podía ser la mejor sin tener que depender de nadie. Pero ahora, con cada conversación como esta, se sentía como si estuviera fallando.

-Papá, ya te lo he dicho. No me interesa casarme. Mi vida no se trata de cumplir con tus expectativas ni con las de nadie. Yo tengo mis propios objetivos, mis propias prioridades. Y el matrimonio, para mí, no es una de ellas -respondió Valeria, intentando que su tono fuera firme, pero sin dejar que la vulnerabilidad se filtrara.

Hubo un silencio en la línea. Su padre no parecía sorprenderse, pero Valeria podía escuchar el peso de sus palabras, como si estuviera evaluando cada respuesta que daba.

-Entiendo que te sientas así, hija. Pero, ¿realmente te crees feliz con todo eso? -preguntó él, esta vez con suavidad, casi como si estuviera hablando a la persona que había criado, no a la mujer de negocios que ella había llegado a ser.

Valeria cerró los ojos por un segundo. Su vida estaba llena de logros, pero vacía de los pequeños momentos de alegría que solo el amor y las conexiones personales podían brindar. A pesar de todo su éxito, no podía evitar sentirse sola. Había sido tan fuerte, tan independiente, que había construido un muro a su alrededor. Un muro que la mantenía a salvo de las emociones, pero que también la aislaba de los demás.

-¿Qué quieres que haga, papá? ¿Casarme con cualquiera solo para cumplir con lo que esperas de mí? ¿Qué sentido tiene eso? -respondió, incapaz de esconder su frustración.

-No es cualquier persona, Valeria. Sabes que el matrimonio no solo se trata de amor. Es una alianza, una forma de garantizar la estabilidad de la familia y de los negocios. Tienes que pensar en el futuro. Tú y yo sabemos que hay muchas cosas en juego. Lo que te pido es que pienses en lo que está en juego para todos, no solo para ti.

Valeria frunció el ceño. "Estabilidad", "futuro"... todo eso le sonaba tan ajeno. ¿Por qué su vida tenía que ser una constante cadena de decisiones dictadas por la familia, por las expectativas que se habían impuesto sobre ella desde que tenía memoria?

-No necesito un matrimonio para ser exitosa, papá. Puedo tener éxito y ser feliz sin seguir el camino que tú me marcas -dijo, con determinación, aunque la voz se le quebraba un poco.

El silencio en la línea fue largo, demasiado largo. Finalmente, su padre habló con una seriedad que hizo que el corazón de Valeria se acelerara.

-Valeria, sé que crees que lo tienes todo bajo control, pero la vida no se trata solo de lo que uno puede lograr. A veces, lo que necesitamos es un compañero. Y si no lo encuentras por ti misma, lo buscaré por ti.

El tono de su padre fue tan frío y calculado que Valeria se quedó sin palabras. Lo conocía bien. Si decía que iba a buscar algo, lo haría. No era la primera vez que él había intervenido en su vida personal, pero ahora parecía más decidido que nunca.

-Papá, no te atrevas -dijo ella, con una mezcla de incredulidad y rabia. Nunca había sentido tanta frustración hacia él. La idea de que pudiera imponérsele una elección de pareja era algo que no estaba dispuesta a aceptar.

-Lo haré si es necesario. Quiero lo mejor para ti, hija. Y el tiempo de hacer todo por tu cuenta ha pasado. No puedes seguir siendo tan... independiente. Tienes que ser una mujer completa, Valeria. Y eso incluye casarte.

Valeria colgó el teléfono sin despedirse. El silencio de su oficina parecía envolverla, más pesado que nunca. Sabía que su padre no dejaría de presionar. Pero lo que más le dolía era la sensación de que, por mucho que lo intentara, siempre estaría atrapada en las expectativas de los demás.

¿Qué más podía hacer? ¿Podría seguir luchando contra las expectativas de su familia y, al mismo tiempo, encontrar un equilibrio en su vida personal y profesional? La pregunta retumbaba en su mente mientras se sentaba en su escritorio, mirando por la ventana, sin poder encontrar una respuesta.

Capítulo 3 Una Amiga Insistente

Valeria miraba fijamente su teléfono, observando el mensaje de texto que había recibido hacía unos minutos. El nombre en la pantalla era familiar, una amiga de la universidad, Clara, con quien había compartido innumerables momentos de risas y confidencias. Pero, a pesar de la cercanía de los años, en los últimos tiempos sus vidas se habían distanciado. Valeria había optado por encerrarse en su mundo, siempre rodeada de trabajo, reuniones, decisiones empresariales y una rutina implacable que no dejaba espacio para mucho más.

La notificación seguía allí, esperando ser leída.

"¿Cuándo te vas a dar un respiro, Val? Te he propuesto mil veces salir a despejarte y tú siempre lo evitas. Mira, te he conseguido una cita. Una cita a ciega. Sólo para distraerte un poco. Quiero verte sonreír, por favor."

Valeria suspiró. Clara, como siempre, insistente. Las palabras de su amiga la hicieron sonreír, pero también la llenaron de incomodidad. Sabía que lo hacía por su bien, por el bien de la Valeria que había dejado de lado todo lo que no fuera su empresa. "Quizá sea hora de desconectar un poco," pensó, pero esa idea le sonaba tan ajena. En su vida no había espacio para las distracciones, o al menos, no las había dejado entrar.

Al principio pensó ignorar el mensaje, como siempre lo hacía cuando Clara le proponía una actividad que involucraba salir de su zona de confort. Pero, mientras la luz del sol se desvanecía a través de la ventana de su oficina, un pequeño impulso la movió a escribir.

"Está bien, Clara. Una cita a ciega. Pero no te hagas ilusiones. No voy a encontrar al amor de mi vida."

No fue un "sí" rotundo, pero era un compromiso. Algo que Valeria sabía que había estado evitando durante mucho tiempo. A veces, las presiones externas, las expectativas de su familia y su propia determinación por mantener su independencia la habían llevado a apartar cualquier forma de conexión emocional genuina. Pero Clara no era el tipo de amiga que la dejaba escapar tan fácilmente.

Poco después, Valeria llegó al restaurante, un elegante bistró en el centro de la ciudad, con un ambiente cálido y sofisticado. Las mesas estaban decoradas con flores frescas, y la suave música de piano llenaba el aire, creando una atmósfera relajada. Cuando entró, Clara ya estaba allí, sentada en una mesa junto a la ventana. Su amiga la saludó con entusiasmo, levantándose para darle un abrazo.

-¡Por fin, Val! -exclamó Clara con una sonrisa amplia-. Sé que estaba siendo un poco insistente, pero ya era hora de que salieras de tu burbuja. Te lo mereces.

Valeria sonrió con algo de reservas. Clara siempre había sido el alma de la fiesta, una mujer extrovertida y espontánea, mientras que ella, en comparación, había asumido el papel de la mujer seria y centrada, casi inaccesible.

-¿Cómo estás? -le preguntó Valeria, tomando asiento. A pesar de la incomodidad inicial, disfrutaba de la presencia de Clara. Era la única persona que la conocía lo suficiente como para desafiarla sin que se sintiera invadida.

-Bien, bien. Pero lo mejor de todo es que hoy, por fin, te sacaré de tu rutina -dijo Clara, guiñándole un ojo con picardía. Valeria levantó una ceja.

-Lo dudo. No sé cómo logras hacerme esto, pero te advierto que no estoy buscando nada serio. Ya lo dije en el mensaje.

Clara sonrió con complicidad, como si ya hubiera anticipado la respuesta de Valeria.

-No te preocupes, lo sé. La idea no es que te enamores, sino que te diviertas. ¡Lo que sea que eso signifique para ti! -dijo Clara mientras hojeaba el menú.

Valeria suspiró, pero no pudo evitar soltar una ligera risa. La verdad era que hacía meses que no salía con Clara, ni siquiera para hacer cosas sencillas como ir a tomar un café o disfrutar de una cena casual. Siempre tenía algo que hacer, siempre una tarea pendiente, siempre una decisión que tomar. Había perdido el hábito de desconectar de todo, de disfrutar el presente sin estar preocupada por el futuro.

-Tienes razón -admitió Valeria, mirando a Clara con una ligera sonrisa-. Ha pasado mucho tiempo desde que no hacemos algo así. Está bien, acepto la cita, aunque sigo sin entender por qué me insistes tanto en esto. ¿Qué tienes en mente?

Clara se inclinó hacia adelante con una expresión traviesa.

-Bueno, te lo diré sin rodeos. El hombre con el que te vas a encontrar es... interesante, por decirlo de alguna manera. No te preocupes, no es el príncipe azul ni nada por el estilo. Es solo un chico normal, como tú y yo. Pero, como dije, te mereces un poco de diversión.

Valeria la miró con escepticismo.

-¿Cómo sabes que va a ser normal? ¿Y qué significa "interesante"? -preguntó, levantando una ceja, curiosa pero cautelosa.

Clara se encogió de hombros, una sonrisa juguetona en su rostro.

-Lo conocerás por ti misma. Confía en mí, Valeria. Sólo sal y disfruta de la compañía por una vez. Si no te gusta, te lo juro, te dejo en paz con este tema. Pero hoy es tu noche para desconectar de todo lo que no sea... bueno, divertirte.

Antes de que Valeria pudiera responder, el camarero llegó a la mesa y tomó la orden. Clara rápidamente se desvió de la conversación, pidiendo un vino blanco para acompañar la cena, mientras Valeria se limitaba a observarla, entretenida por su entusiasmo.

Minutos después, Valeria vio a un hombre entrar al restaurante, mirando a su alrededor como si estuviera buscando a alguien. Tenía una postura confiada y un aire relajado, pero también algo distraído, como si no estuviera completamente seguro de por qué estaba allí. Era algo peculiar, porque por lo general, los hombres que Clara le había presentado en el pasado eran todos demasiado seguros de sí mismos, un tipo de hombre que Valeria había aprendido a evitar.

Clara levantó la mano y el hombre se acercó rápidamente, saludando con una sonrisa genuina.

-Hola, ¿cómo estás? -dijo, extendiendo la mano. -Soy Marco.

Valeria lo observó por un momento antes de estrechar su mano. Era evidente que no era un hombre convencional, pero tampoco parecía fuera de lo común. Su rostro era agradable, sus ojos brillaban con una chispa de curiosidad, y su sonrisa era sincera. Algo en su mirada la hizo sentir, de alguna manera, que había algo más detrás de esa actitud relajada. Quizá simplemente estaba acostumbrada a tratar con personas más calculadoras, pero algo en Marco parecía... genuino.

-Hola, soy Valeria -respondió ella con una sonrisa educada, sin esperar mucho más de lo que ya había sucedido. La cita había comenzado, y mientras no fuera una completa catástrofe, la aceptaría con gracia.

-Un placer conocerte -dijo Marco mientras tomaba asiento, mirando a Clara con una expresión que reflejaba una mezcla de expectación y diversión.

Clara se sentó rápidamente y se inclinó hacia Valeria.

-Ves, ya te dije que era interesante -murmuró Clara con una sonrisa pícara, pero Valeria no respondió. Estaba demasiado concentrada en analizar a Marco.

La conversación siguió fluyendo sin dificultades, aunque Valeria no podía evitar sentirse un poco incómoda. Marco era simpático, pero no lograba conectar con él como esperaba. Era una cita a ciega, y Valeria no podía evitar notar cómo los recuerdos de su primer amor, Marco, el que se había ido de su vida años atrás, venían a su mente. ¿Por qué hoy? pensaba. ¿Por qué ahora?

Sin embargo, mientras la noche avanzaba y las copas de vino se iban vaciando lentamente, Valeria comenzó a relajarse un poco más. Marco resultó ser un hombre agradable, sin pretensiones, con un humor sencillo y una conversación ligera que la hacía olvidar, por momentos, la pesada carga que llevaba sobre sus hombros.

Pero aún en esos momentos de desconexión, Valeria no podía dejar de pensar que algo estaba cambiando. Algo en su interior se estaba moviendo, aunque ella aún no lograba identificar qué exactamente. A pesar de su naturaleza reservada, la velada estaba logrando algo en ella: la estaba sacando, aunque fuera por un breve rato, de su burbuja.

La noche seguía su curso, y Valeria comenzó a preguntarse si realmente había algo de valor en la idea de salir, de estar con alguien más, de sentir la ligereza de una conversación sin que todo estuviera ligado al trabajo o a las expectativas familiares. ¿Podría dejarse llevar, siquiera por una vez?

Clara tenía razón: quizás necesitaba, más que nada, simplemente olvidarse del mundo por un rato.

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