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Clases de amor, para el diablo

Clases de amor, para el diablo

Autor: : Yuleisy Bandres
Género: Romance
¿Casarme con Damián Lancaster para salvar la compañía de mi padre? Era una propuesta que consideraba injusta de su parte, sabía que mi familia se negaría a tal propuesta, pero daba por hecho que yo no. Era obvio que jamás permitiría que mi padre lo perdiera todo, por lo que terminé aceptando el trato de aquel estúpido hombre arrogante. Él era el peor de todos, el hombre más basto y poco romántico que podía existir en la tierra. Se suponía que yo debía odiarlo con mi vida por lo que nos había hecho a todos, pero al contrario de eso, terminé dándole clases de amor y enamorándome perdidamente de él gracias a sus torpes y ordinarios intentos de conquistarme.

Capítulo 1 PROLÓGO

Antonella

-¡No! -gritan mi padre y mis hermanos ante la propuesta de este sujeto.

Su nombre es Damián Lancaster, un ser engreído y prepotente. Él cree que por tener millones en su cuenta bancaria puede venir a mi casa a proponernos un contrato como ese. Podrá estar muy buenmozo, muy apetitoso y todo. Podrá ser el hombre más anhelado por las mujeres de la ciudad y el hombre con quien muchas fantasean, pero para mí es solo un idiota oportunista que se aprovecha de la situación que tiene mi familia. Para mí, es mi peor pesadilla.

-Jamás dejaremos que eso pase. ¡Estás loco, Damián!¡Te creí mi amigo! -brama mi hermano Renzo, enfadado, al borde de querer golpearlo.

-¿Entonces prefieren dejar que la empresa se vaya a la quiebra?

No aparta su vista de mí.

Todos aquí estamos en shock, más que todo yo, que soy la más afectada, porque seré yo ese sacrificio humano. A pesar de que mis hermanos y padres se opongan, soy la presa que él quiere cazar.

-Sí, preferimos eso. Preferiremos perder la casa y todo, pero jamás te entregaremos a nuestra hija.

Sophia De Castelo, mi hermosa madre, aquella que siempre está para defenderme ante todos. La cuestión es que esta vez no creo que pueda lograrlo.

-¿Qué te sucede, Damián? Eras como de la familia.

Ahí está Alan Castelo, mi héroe, mi otro hermano bello y hermoso, que también se opone a la idea absurda del contrato.

-Eras nuestro amigo -prosigue.

El idiota de Damián sonríe como si nada le importara, como si los que están en contra de su propuesta sean una burla.

-Entonces, ¿no van a aceptar?-pregunta con ese eje de imponencia.

-¡No! -contestan todos, menos yo.

¿Qué podré decir ante esto? Ni palabras tengo para expresar.

-Bien, me voy. Intenté ser cordial. -Camina en mi dirección y se detiene a mi lado sin mirarme-. Espero que tu padre no caiga en depresión, Antonella. -Cierro mis ojos-. Perder todo por lo que ha luchado acabará con él. Has visto cómo muchos millonarios sufren tras las pérdidas de sus empresas, y él caerá en lo mismo si no lo salvas. Queda en tus manos.

Sigue su camino, dejándome con muchas dudas.

No podría ver a mi padre sufrir, no me lo perdonaría.

-Espera -digo con mi vista en el suelo. Luego la alzo.

Él se detiene y mira sobre su hombro.

Desde aquí puedo apreciar cómo se mantiene una sonrisa en sus labios ya de victoria.

-Hija, ¿qué haces? -Mi padre camina hasta donde estoy-. Antonella, ni...

Lo callo cuando alzo mi mano.

-Todos ya hablaron y dieron su opinión, excepto yo -hablo con firmeza-. Mi opinión cuenta en esta casa, y creo que es la más importante de todas, a fin de cuenta -expreso con mi corazón casi saliéndose. Estoy tan nerviosa, tan aterrada.

-Hermanita, es...

Callo a Renzo también.

-Acepto el trato, pero con una condición. -Se gira y asiente para que yo continúe-. Quiero que la empresa quede completamente a nombre de mi padre y que nunca intentes quitársela. Quiero que todo el dinero que le des no se lo cobres nunca, porque para eso me casaré contigo. Tu paga seré yo, y eso debe ser suficiente para ti.

Camina en mi dirección, y yo ni puedo mirarlo a los ojos. Es tan imponente su mirada que me intimida.

-Acepto tu condición, mi hermosa Antonella -contesta tras obligarme a verlo-. Haré todo lo que me estás pidiendo. Nos casaremos para la semana que viene, y ese mismo día tu padre recuperará su empresa. Soy un hombre de palabra. Tengo todo el poder suficiente para que tu padre tenga en sus manos lo que es suyo.

Mi mentón tiembla.

-¡No! No puedes aceptar, hija -suplica mi padre, pero ya era tarde, ya estoy negociando con él.

-Es mi decisión, y nadie debe oponerse. -Estiro mi mano, y Damián hace lo mismo-. Quiero un contrato escrito, Damián.

-Lo tendrás.-Observa a toda mi familia-. Me gustaría hablar a solas contigo.

Ninguno quiere moverse.

-Déjennos a solas, por favor -pido.

Por un momento dudan, hasta que salen de la sala.

Estar a solas con él me pone nerviosa.

-Deja de temblar, no voy a hacerte daño. -Trago con dificultad-. Eres tan hermosa, Antonella.

-¿Quieres un mérito por tu halago? -Soy cortante.

-Mejor un beso.

-Ni en tus sueños, viejo -ofendo su ego.

-¿Me llamaste viejo? -Su tono es molesto.

-Sí, te llamé viejo. ¿Es que acaso no lo eres?

Ladea sus labios.

-Eres atrevida, me gusta.

Elevo mi ceja.

-¿Y qué con eso?

-No tienes ni idea de lo que este viejo te puede hacer.

Abro los ojos, una forma de fingiendo sorpresa, y luego sonrío.

-Tampoco me interesa saberlo, dudo que sea interesante.

Me doy la vuelta para irme, pero me detiene de la cintura para susurrarme al oído:

-Eso no dirás cuando te tenga debajo de mí, ardiendo de placer en mi infierno.

Mi piel se eriza por completo y todo en mi cuerpo se estremece.

-¿Qué te hace pensar que eso pasará? ¿Te crees el diablo?

-¿Quieres saber? -Con sus dedos roza mi suave piel.

-No, gracias.

Sostiene mi mentón y alza mi rostro para mirarme a los ojos.

-Te haré llegar al infierno para luego enviarte hasta el cielo, princesa.

Esas son sus últimas palabras, las cuales me dejan sin aliento.

Capítulo 2 Seré su peor tormento

Antonella

Hoy es mi tercer mes de casada, ¿y qué les puedo decir? Es... maravillosamente fatal. Ese hombre no es nada romántico, amoroso, detallista ni tierno. En pocas palabras, no tiene sentimientos. Es horrible vivir así con un sujeto que no se quiere ni así mismo. Él pretende que yo me enamore, pero ¿de verdad cree que lo haré con su forma tan bastarda de ser? ¡Eso es imposible! No podría enamorarme de alguien que ni siquiera intenta hacer algo para demostrar afecto. Lo peor de todo es que intenta llevarme a la cama. ¡Ni loca, ni borracha y ni que esté bajo los efectos de las drogadas o a punto de morir lo haré con él! ¿Por qué? Simple: ¡su pene es inmenso! Estoy traumada. Esa cosa es tan grande que podría acabar con mi vida. ¡Oh, por Dios! La primera vez que lo vi casi me infarté. Me dio hasta taquicardia. La tensión me bajaba y me subía de la impresión. Salí corriendo de la habitación y me encerré en otra, traumada, porque, para completar, compartimos la misma. Aunque le supliqué mi propia habitación, no quiso. Me dijo que eso no lo iba a aceptar. Es un infeliz, además de ser posesivo y demente. Ayer me armó el escándalo de mi vida. Pobre de Nico, Damián se excedió con él en los insultos.

-¿Entonces aún no vas a estar con él? ¿Anoche te volviste a asustar? Qué cobarde-se burla mi amiga Dalia como si lo que ella me pide fuera fácil y nada preocupante.

-¿Estás loca? Estaba de lo más dormida cuando sentí ese tronco presionar mi pequeño trasero. Es lógico que me levantara asustada y saliera corriendo. ¡Piensen! Ese hombre me destrozará. -Alzo las manos al aire para que me comprendan-. ¿No ven mi cuerpecito ni el cuerpo de ese monstruo?

-Amiga, si es así como lo describes, tienes que probarlo -comenta Amelia, mi otra amiga.

-De verdad no me siento cómoda con él. Nos casamos por compromiso y ya. Eso es todo. Ni siquiera hace el intento de al menos lograr que me guste. Es seco y piensa es en sexo y en su maldito infierno, porque les cuento que se cree el diablo. ¡Lo odio!

Mis amigas se burlan de mí.

-¿Qué tan malo puede ser? -Amelia se muerde el labio-. Deberías probar y ambos arder juntos.

Entorno la mirada, fastidiada.

-Antonella, estás ya casada con él. Pierdes el tiempo negándote cuando tienes a tu lado un papasote como Damián. Además, tú fuiste quien aceptó su propuesta, sabías muy bien todo lo que implicaba eso -dice Dalia con seriedad-. Si tanto te preocupa que no tiene nada de romántico, enséñale. -Es el colmo, ahora yo debo enseñarle a un viejo cómo ser romántico-. Es un hombre de 32 años, está acostumbrado a mujeres por aquí y mujeres por allá, se nota que jamás ha tenido a alguien cerca que lo ame, y es lógico que él no sepa qué es eso.

¿Por qué lo defienden tanto?

-No me interesa, y no es tan fácil como ustedes creen. No siento ni una chispita de atracción hacia ese hombre. Lo repudio con todo mi corazón.-Mis ojos se cristalizan-. Está muy guapo, sí, es verdad. Lamentablemente, su forma de ser conmigo hace que lo odie y no quiera verlo en todo el día.-Limpio mis lágrimas.

-Ay, amiga, sabes que ya no puedes regresar atrás. Te casaste, y ahora queda poner de tu parte. Hazle caso a Dalia. Enséñale a ser mejor. Nunca es tarde para cambiar.

Suspiro resignada.

-Ahora resulta que debo darle clases de amor al diablo -espeto molesta.

-¿De verdad no te gusta para nada?

Niego.

-No, odio su manera de ser; posesivo, controlador, celoso y ordinario. -Vuelvo a llorar-. No quiero estar con él.

Mis amigas me abrazan.

-Olvidemos ese tema. ¿Irás a donde tus padres?

Asiento desanimada.

-Sí. Renzo se va en unos minutos de casa. -Tomo aire.

-¿Aún no te trata?

Un nudo se forma en mi garganta.

-No -respondo en un susurro-.Todavía no me perdona que haya aceptado la propuesta de Damián. Se siente traicionado. -Comienzo a tomar mis cosas-. Eran amigos, y la manera en cómo él se aprovechó lo destrozó, más cuando se salió con la suya. -Limpio mis lágrimas de nuevo-. Extraño a mis hermanos. Ninguno de los dos me quiere hablar, y eso me duele tanto en el alma. Si tan solo comprendieran un poco.

-Dales tiempo para que se les pase, amiga. Están enojados.

-Y parece que nunca dejarán de estarlo...

-Hola, preciosa. -Nicolás me agarra de la cintura y posa un beso en mi mejilla-.Estás hermosa hoy.

Le sonrío a mi gran amor, ese con el cual ya estaba decidida a darle el sí para ser su novia, pero luego llegó Damián a arruinarlo todo, como siempre.

Nicolás es un hombre maravilloso, alto, de piel clara, ojos negros, divertido y alegre como ninguno. He vivido enamorada de él desde que tengo uso de razón.

-Hola. -Esbozo una sonrisa-.¿Qué haces aquí en la universidad?

-Pasé a verte y a preguntarte si querías almorzar conmigo.

Sabe cuál será mi respuesta.

-Sabes que no puedo.

-Qué mala suerte la mía, Nella. Si pudiera hacer algo para librarte de ese matrimonio, créeme que no lo pensaría mucho. Al menos sé que estás bien y hermosa, como siempre.-Me da un beso en la mejilla.

Mi amiga jala de mi bolso.

-¿Qué sucede? -le inquiero.

Ella señala con disimulo.

«¡Mierda!».

Mi corazón está sufriendo un paro cardíaco. Los ojos de Damián se mantienen fijos en Nicolás, que no deja de mirarlo de forma retadora. Lo menos que necesito en estos momentos es que este par de hombres se enfrenten por mí en plena universidad, así que mi mejor estrategia es simple: darle un beso en los labios a Damián para detenerlo.

-Hola -digo después de besarlo.

-¿Me besaste para darle oportunidad de que se fuera? -me cuestiona molesto.

Me giro, y ninguno está. Gracias a Dios mis amigas se lo llevaron, y les apuesto que lo arrastraron a la fuerza.

-¿Qué? -Lo miro sonriente-. No sé de qué hablas. -Paso por su lado para subir a su auto-. Tenemos que irnos, Damián. -Lo agarro de la mano.

Él sigue buscando con la mirada a Nicolás. Por suerte, no lo encontrará.

-No quiero ver a ese idiota detrás de ti, o no respondo de mis actos.

Entrecierro mis ojos por su molesta amenaza.

-Es mi amigo, Damián, y puedo estar con quien quiera.

Respira profundo, conteniéndose.

-Sube, hablaremos en la casa.

Entro, y me cierra la puerta con fuerza.

Este hombre es tan amargado como ninguno.

-Será en la noche, pues tengo que ir a donde mis padres.

Niega.

-Iremos a mi empresa y luego a la casa. Tenemos que hablar.

Mantengo la calma para no entrar en discusión como cada vez que me lleva la contraria.

-¿Por qué siempre debo hacer lo que dices? -Me giro para mirarlo.

-Porque eres mi esposa.

Le tiro mi teléfono.

-¡Exacto, tu esposa, no tu estúpida sirviente! -Le lanzo esta vez mi bolso.

-¡¿Quieres calmarte?! -Ahora es él quien me grita-. Siempre quieres llevarme la contraria. -Golpea el volante-. ¡Maldición, Antonella! Eres irritante, muy irritante.

-Y tú eres un viejo insoportable y aburrido. Debiste pensarlo mejor antes de proponer esa idea, Damián.

Se detiene en el camino para mirarme.

-Si crees que tu comportamiento me hará huir, estás muy equivocada. Tú, pequeña gritona, vas a terminar enamorada de mí, y cuando eso suceda, te acordarás de este momento. No hay mujer que se pueda resistir ante mí, preciosa.

Elevo mi ceja y me río en su rostro.

-El día que yo me enamore de ti será cuando aprendas a ser más romántico y menos anticuado, y mientras eso no suceda, estúpido, vas a tener que soportar mis berrinches, o como quieras llamarlo. Esto es lo que sucede cuando obligas a una mujer que no te ama a casarse.

Enciende el auto.

-Soportaré lo que sea necesario, Antonella. -Me guiña un ojo.

Giro mi mirada a otro lado.

Cada día vamos de mal en peor, y ninguno de los dos muestra intenciones de mejorar. A decir verdad, es muy difícil hacerlo cuando nunca concordamos en nada.

Damián es un hombre complicado, todo debe ser como dice y como quiera, y yo no me dejo someter ni mucho menos gobernar, cosa que lo irrita y lo hace perder la paciencia. Él quería tenerme como esposa, y ahora que es así, que me soporte. Voy a ser su peor tormento.

Capítulo 3 Que comiencen las clases

Antonella

No nos dirigimos más la palabra durante el camino. Llegamos a su gran imperio y bajamos del auto. Al entrar a la empresa, todos se me quedan observando con envidia, en especial las mujeres, que muestran su gran odio hacia mi persona por creer que he sido la suertuda que se casó con el millonario. Ja, si supieran la verdad de este matrimonio, aunque me divierte llegar aquí y sentirme empoderada y sobresaliente. Me gusta mirar las caras de envidias de esas pobres mujeres que sueñan con tener a Damián en su cama.

«¡Zorras, es mío! Aunque no lo quiera ni me lo goce, es mío».

Al llegar a su piso, entramos a su oficina, lugar donde me deja para ir a buscar unos documentos no sé dónde y que tampoco me interesan. Al cabo de media hora y de tanta espera, y ya obstinada de que no aparezca, salgo en busca de él. Mientras camino por los pasillos, escucho ruidos provenientes de una oficina. Al entrar, me llevo una grata sorpresa, que me deja con la boca abierta.

«¡Pero miren nada más a quiénes he pillado!».

-¡Antonella! -Damián se gira a verme y baja a la chica de sus piernas.

-¿Se puede saber qué pasa aquí? -Me cruzo de brazos-. Mejor dicho, ¿se puede saber qué haces tú besando a mi esposo, zorra barata? -Ella mira a todos lados e intenta hablar, pero la hago callar-. Qué fácil eres.

-Antonella, hablemos en la oficina. -Coloco mis manos en la cintura-. Ahora.

-¡No! -digo firme y sin moverme de mi lugar-. ¡Me reclamas a mí cuando Nico está a mi lado, pero mírate tú! -lo señalo-. ¡Te revuelcas con esta perra estando yo aquí presente!

Ella se me abalanza encima, y Damián la detiene.

-¿Qué crees que haces? -le habla con carácter.

-¡Me está insultando! -Se altera al ver que Damián no la defiende.

¿Qué les pasa a estas mujeres?

-Estoy en mi derecho de hacerlo porque soy su esposa, su mujer. -Camino hasta donde ella, retándola con la mirada. Es obvio que me siento confiada. Además, sé que Damián no dejará que ella me toque ni un solo cabello, de lo contrario ya hubiese salido corriendo porque no sé pelear.

-¡¿Su mujer?! -Ríe fuerte-. ¿Te sientes muy señora por estar casada con él? -Se me acerca aún más-. ¿Sabes algo, niña? Mientras estás aun creciendo, él se acuesta conmigo cada vez que podemos.

Viro la mirada. La pobre mujer me da pena. ¿Cómo algo así puede hacerla sentir orgullosa? Qué lástima el que existan mujeres como ella.

-Qué te puedo decir, tiene que sacar a la perrita a pasear.

Levanta la mano para abofetearme, y él, no se lo permite. Gracias a Dios, porque de seguro me iba a doler en la madre.

-Estás despedida. -Me doy la vuelta, dejando a ese par sorprendidos.

«¡Esto lo disfruto mucho!».

-¡¿Disculpa?! -Se atraviesa en mi camino-.No eres nadie para despedirme. Tú aquí en esta empresa no eres nada.

«Soy tan mala».

-Soy más de lo que puedes saber. ¿Se te olvidó que estoy casada con el dueño y que, por lo tanto, parte de esta empresa es mía? Así que me da derecho a despedirte y no permitirte el paso en la empresa -le informo cerca de su rostro. Espero que no me golpee-. Sino me crees, pregúntale a mi adorado esposo. -enfatizo la palabra. Cualquiera que me escuche pensará que lo adoro mucho.

-Damián... -Lo mira preocupada.

-Señor Lancaster para ti.-Me coloco al lado de mi infeliz esposo-. Cariño, ya parte de esta empresa está a mi nombre, no sigas humillándote más y vete -le señalo la puerta.

Damián no reacciona. Él sabe muy bien que no puede contradecirme porque una de las cosas que pactamos era que yo también tendría derecho en su gran imperio, así que mi voto cuenta. Después de todo, hice una buena negociación con él. Sí, valió la pena casarnos.

-Eres un cobarde -llora.

-Debiste pensar mejor las cosas. Mi esposo suele romperles los corazones a las mujeres débiles como tú. -Le muestro mi mejor sonrisa, y ella sale de la oficina echando fuego-. Qué lástima, me agradaba, de verdad, pero tú lo arruinaste.

Salgo, me dirijo a su oficina y tomo asiento en su lugar.

Minutos después, aparece con cara de querer acabar con el mundo.

«Ay, caramba, ya me viene el chaparrón de agua».

- ¿Tenías que despedirla?

Observo mis uñas pintadas.

-Sí -respondo ahora mirándolo-. ¿Te duele que haya despedido a tu zorrita?

-Sí. -Le hago caritas tristes-. ¿Qué quieres que haga? Tú no me das lo que necesito y es lógico que busque lo que quiero en otra, ¿no crees?

-No -me levanto para caminar hasta él-, no me parece lógico, porque si tú no me permites estar con el chico que me gusta entonces yo tampoco te permito estar con la mujer que quieras.

Me agarra.

-Tú me perteneces a mí, Antonella, y no voy a dejar que nadie toque el cuerpo que pronto será mío.

-Jamás seré tuya, Damián. -Intento alejarlo, pero es imposible. Este hombre es como una roca gigantesca.

-Ya lo veremos. -Muerde mi cuello, y doy un gritito-. ¿Por qué te resistes cuando sabes que terminarás cayendo en mis redes?

-Porque no quiero estar con alguien por el cual no siento nada. -Me suelto como puedo.

-¡¿Qué debo hacer para gustarte un poco?!

-¡Ser menos posesivo, menos celoso, menos controlador y un poco, solo un poco más, cariñoso!

-¿Cariñoso? -Suelta una carcajada-. ¿Qué es eso?

No puede ser cierto.

-¿Cómo que qué es eso? -Me cruzo de brazos-. Tienes que al menos mostrar afecto hacia mí, por ejemplo, llenarme de detalles. No todo el tiempo, pero sí de vez en cuando. O decirme cosas bonitas, que me hagan sonreír.

Contiene la risa.

-Olvídalo, no soy ese tipo. No nací el día de los idiotas.

Respiro profundo.

Esto será muy difícil, pero muy difícil.

-Es verdad, tú naciste fue el día de los imbéciles. -Agarro mi bolso para hacer el intento de salir-. ¡suéltame, Damián!

-Tú no vas a ningún lado. Cuando yo termine de firmar unos documentos, nos vamos a la casa. Estoy hablando en serio, Antonella. Tú y yo tenemos que hablar.

Quiero desaparecerlo del planeta tierra.

-Imbécil. Eres un completo imbécil. -Me gano una nalgada-. ¡¿Por qué haces eso?!

No me gusta que me nalguee, ¡lo odio!

-Porque es mío y puedo hacerlo las veces que quiera.

Tomo asiento rápido antes de que lo vuelva a hacer.

-Degenerado.

Al llegar a casa, dejo mis zapatos, la cartera y mi chaqueta tirados en el suelo para subir a mi habitación. Él viene detrás de mí; levanta todo mi desastres como cada día desde que empezamos a vivir juntos. Entramos a la habitación y ordena mis cosas en su lugar. Yo, por mi lado, me tiro bocabajo en la amplia y cómoda cama para cerrar mis ojos por un rato, cuando de repente siento al ordinario ese voltearme.

-Ni creas que vas a dormir.

-¡Damián! -chillo por lo brusco que es.

«¿En serio, Señor?¿No pudiste enviarme uno más sumiso?».

-Ten, tu regalo de nuestro tercer mes, "cariño". -Me lanza la caja de chocolates.

-¡Damián! -espeto al sentir cómo golpea en mi cabeza.

-Oh, lo siento, te juro que no fue mi intención.

Dejo de mirarlo y lo alejo de mala gana.

-¿No podías ser menos salvaje? ¡Pudiste entregármelos en las manos, idiota! -Me levanto furiosa. Lo que más me molesta son sus burlas.

-Te juro que no quise lastimarte. Lamento tener que ser tan tosco.

-¡Eres un idiota, el peor de los idiotas que pueda existir!

Entro al baño y cierro la puerta con seguro para que no entre a molestarme.

¿Habrá alguien más en el mundo con un esposo así? Porque si soy la única con este calvario entonces estoy jodida.

Es sábado por la mañana y me levanto muy temprano. Anoche dormí con una almohada en mi trasero para no sentir esa cosa gigante chocar conmigo o rozarme. Cada vez que lo siento me despierto preocupada por tenerlo pegado, vigilándome en silencio y esperando el momento apropiado para tomarme.

Bajo a la cocina y saludo a Susana con unos buenos días. Mientras ella prepara el desayuno, me ocupo de arreglar la mesa bien bonita. Pasé toda la noche pensando en la sugerencia de mi amiga, esa de ayudarlo a ser un mejor hombre. Después de todo, no tengo muchas opciones. Es algo así como que me enamoro porque me enamoro. ¿Qué puedo hacer? ¿Divorciarme? Eso sería una opción denegada, él jamás me dejaría ir, y ya me lo ha demostrado. Lo que me queda es aprender a soportarlo, quizá a quererlo, y enseñarle a cambiar un poco su, ¿cómo se le podría decir a eso?, lado frío, ¿tal vez? Como sea, me tocará ser quien de ese paso importante y lo ayude. Dicen que la mujer hace al hombre, veamos qué tan cierto es este dicho.

Subo las escaleras y llego a nuestra habitación. Golpeo la puerta con una paleta como loca, y logro despertarlo. Dejo de tocar cuando lo veo levantarse y enredarse con las sábanas para luego caer al suelo.

-¡¿Estás loca, Antonella?! -Se pone en pie. Me revuelco de la risa-. ¿Por qué me has despertado tan temprano? -Levanta la sábana y la coloca en la cama.

Cuando recupero el aliento, me enderezo para hablar.

-Es hora de las clases, señor.

Frunce su ceño y coloca ambas manos en su cintura.

-¿Qué?

-Sí, clases. -Lo miro más de cerca-. Te daré clases de amor.

Me contempla con expresión confusa.

-¿Acaso te volviste loca?

-No estoy jugando, diablo, a partir de ahora te enseñaré a ser un ángel, así que te sugiero bajar, de lo contrario volveré por ti y te patearé el trasero hasta el cansancio. Vamos a hacer de ti un mejor hombre.

Damián se queda perplejo, mientras yo me doy la vuelta y salgo de la habitación con una sonrisa. Sé que esto será un completo desastre, pero si él desea que yo sienta al menos un poco de cariño por él tendrá que mejorar, o de lo contrario jamás vamos a congeniar.

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