Siempre estuve seguro de lo que quería para mi vida, de todos esos sueños que con tanta ilusión iban creciendo en mi pecho con el pasar de lo años junto a la que creía yo era mi único y verdadero amor. No voy a echarme flores, porque sería ser hipócrita sabiendo que somos seres imperfectos, pero desde que Lili se adueñó de mi mente y de mi corazón, solo ha sido ella la única a la que he mirado y pensado como mi todo.
El amor no debe ser a fuerza una obligación, basta con que sea sincero, honesto, leal y, que, por más tentación que haya en medio del camino, sea lo suficientemente sabio para poner un alto y no caer ante los brazos de otro. El amor se construye entre dos personas, pero la confianza es algo que muy difícilmente se puede brindar al otro sin sentir temor a ser destrozada.
A Lili le entregué mi corazón y mi confianza una vez me di cuenta que ella era una mujer sincera y de buen corazón, más no sabía cuáles eran sus verdaderas intenciones al acercarse a mí. Ella actuó tan bien frente a mí por tantos años; juró amarme, quererme por toda una vida. Prometió que sería el único hombre al que le entregaría lo mejor de sí. Aseguró que sin mí no podía vivir.
Su hipocresía y su falsedad merecen el primer premio del engaño. Por ocho años no me di cuenta de que ella amaba entre las sombras de mi corazón a mi propio hermano, con ese que comparto un vínculo muy fuerte. Realmente nadie de nosotros se dio cuenta del buen papel que estuvo haciendo.
A lo largo de estos meses que he estado lejos de todos y, principalmente de ella y sus recuerdos, me he dado de cuenta que no sirve de nada alejarme si mi corazón sigue estando enamorado de alguien que no siente ni va a sentir un poco de amor por mí o por lo que fuimos alguna vez.
He querido ir a buscarla como al principio, suplicarle una oportunidad y aceptar que su corazón no me pertenece; asegurarle que puedo luchar por ganarlo día a día si ella así me lo permite. Incluso estoy dispuesto a dejar mi orgullo por el suelo de ser necesario, mas sus últimas palabras me hacen entrar en razón y todo ese estúpido impulso se desvanece en el aire. No puedo seguir aferrado a un nada. Ella ya me aclaró lo poco que le importo de una forma en la que me tiene destruido y tendido a su desamor.
«Tal vez olvidarte no hace parte de nuestro destino; tal vez significa que aún tenemos camino por recorrer tomados de las manos», le escribí una vez más, tan sumido y entregado al alcohol, pero seguro de la estupidez tan grande que estoy haciendo al seguir insistiendo en una relación que siempre estuvo muerta.
Solté un suspiro, antes de llevarme la botella de cerveza a la boca y beber de un solo trago un poco más de la mitad de esta. En un principio era tan poco tolerante al alcohol, quizás porque nunca fui hombre de beber, pero ahora mi garganta y mi estómago se han vuelto grandes amigos con cualquier bebida alcohólica. Y ni qué decir de mi sistema; mi cuerpo se siente cálido con la amargura y el efecto que la cerveza causa en mí. Ahora es la única que me mantiene «vivo» para no morir en el intento de recoger los pedazos rotos de mi corazón.
Mi madre y mi hermano me han tratado de convencer para volver a casa, pero siendo honesto, no tengo nada qué hacer en ese lugar. Cada rincón de esa casa me recuerda lo mucho que entregué mi corazón; también me recuerda como fuego en la piel, lo mucho que me destrozaron el alma con unas escasas y simples palabras. Hubiera preferido seguir viviendo en la ignorancia, engañado y con un amor lejos y cercano a la vez, que enterarme de una verdad que acabó con todo lo que soy.
Mi teléfono sonó sobre la mesa, despertando la ilusión y acelerando la latidos de mi corazón, pero toda fantasía de que sea mi cosita preciosa murió al ver el nombre de mi hermano iluminar la pantalla.
-No tenemos nada de qué hablar, mi florecita - sonreí triste-. Sé feliz, es tu momento -desvié la llamada al buzón de mensajes y apagué el teléfono.
Me siento feliz por Harper, después de todo, merece todo lo bueno que le está pasando ahora en su vida. Tiene una linda mujer a su lado, haciéndole vivir todo eso que yo viví algún día en los brazos de Lili. No quiero que por mi culpa su momento de ser feliz se arruine. Además de que está a un solo paso de formar su familia y su propio camino. No puedo ser tan egoísta y arruinarle su felicidad con mis problemas. No es justo con todo lo que me costó sacarlo de una rutina monótona y amargada.
-Si sigues hablando solo, voy a llevarte al psiquiatra. A mí no me engañas, sobri, estás igual de loco a tu madre.
Me reí, limpiando mis lágrimas y recibiendo con los brazos abiertos a mi tío Francois.
-¿No deberías estar con tu esposa?
-Debería, pero no podía dejarte aquí solo. Además de que haría cualquier cosa por salir de casa y tener un respiro de esa mujer tan demandante y consumidora.
-Espero llegues de rodillas y suplicando por tu simple vida. Acabo de grabarte.
-Es que no me dejaste terminar de hablar, hombre - se acercó al teléfono, haciéndome sonreír y extrañar lo que era antes-. A mí no molesta que me consuma y me demande; todo lo contrario, como todo un perro fiel a su dueño, ahí estaré feliz y dichoso de recibir todo su tierno cariño.
Logró hacerme reír, él tiene el don de sacarte una sonrisa con sus ocurrencias.
-Dile a mi madre y a Harper que estoy bien. Cuando esté listo de volver, volveré a casa. Pero por ahora...
-Ellos no me enviaron.
-Estoy bien, Francois. No necesito niñera. Regresa a tu casa y trata de que tu mujer no deje de amarte. Cuando ya no sienta más este vacío en mi pecho, retomaré mi vida y mis obligaciones. Ahora, vete de aquí -seguí bebiendo con la mirada puesta en la playa, ignorando las palabras de mi tío y hundiéndome en la inmensidad del mar.
Lo que tenía pensado como un par de días, quizás unas cuantas semanas, se transformaron en meses. Pasé no sé cuántos meses lejos de todo, tratando de salir de un desamor, pero la verdad es que cada día la recordaba y la extrañaba más. Por más lejos que esté de ella, no dejo de pensarla ni un segundo. Incluso me he propuesto buscarla y proponerle una oportunidad para amarla sin que haya mentiras de por medio. La esperanza de que ella me ame no ha muerto en mi pecho ni un solo día.
Sin embargo, hubo un angelito precioso que me llenó todos los vacíos con solo mirarla a los ojos y sentir la calidez de su alma e inocencia. Desde que Serena llegó al mundo, tomé la valentía y decidí dar el paso y luchar por lo que tanto he querido y soñado. Mi vida gira entorno a Lili, ella siempre será con la única que me cree un mundo en todas las vidas. Ella es la única que merece el título de mi esposa y madre de todas mis criaturas.
Teniendo a mi sobrina en brazos, Amelia y Harper llegaron a la sala de estar tomados de las manos y sonriendo.
-¿Vas a quedarte a cenar? Emma, la amiga de Amelia, traerá comida suficiente para todos.
-¿La colombiana?
-Esa misma. Viene a conocer a Serena - explicó Amelia-. Quédate un poco más con nosotros, si quieres.
-Es tentadora la oferta, pero tengo que hacer unas cosas primero.
-¿Qué cosas? - inquirió Harper.
-Tengo algunos pendientes en la oficina. Ya sabes, estuve desentendido de todo por largo tiempo, así que voy a aprovechar estos días para terminar de ponerme al día - le mentí por primer vez a mí hermano y mejor amigo-. Te veo pronto, princesa -dejé un beso en la frente de Serena antes de entregarla a su madre-. Si salgo antes de la oficina, vendré.
-Te esperamos - Amelia sonrió.
Me resulta tierna mi cuñada, mas cuando quiere hacerme subir el ánimo a como dé lugar, pero esto que siento por dentro, es algo que solo Lili puede arreglar...
O en su defecto, terminar de destruir.
Salí de la casa de ellos en dirección a una floristería y luego al apartamento de Lili. Hace días tenía pensado venir a hacerle una visita, pero no había tenido el valor de hacerlo por miedo al rechazo. Lo ha hecho tantas veces, que ya no quiero seguir haciéndome más daño a mí mismo. No obstante, el corazón cuando está enamorado no razona ni entiende de rechazos.
Entré al edificio con el corazón latiendo a mil por segundo y las manos temblando sin control. La última vez que estuve aquí me dejó en claro lo mucho que se arrepentía de haber perdido su tiempo con alguien que no amaba. Me dijo tantas cosas que me hirieron y me hicieron tomar la decisión de irme, pero negado a dejar de sentir amor por ella.
Mientras subía por el ascensor, contemplé las Gerberas azules y blancas entre mi mano. Siempre fueron sus flores favoritas, y le gustaba mucho cada que llegaba con un ramo y una caja de sus golosinas favoritas, porque no es de comer ningún tipo de chocolate. Me permití saborear en mi mente los recuerdos, creer que es una visita más y un día más en el que me va a recibir con los brazos abiertos y un dulce beso apasionado en el medio del pasillo.
Si todo fue mentira para ella, ¿por que hizo verlo tan real con el pasar del tiempo?
¿Por qué mentirme por tantos años?
¿Por qué quedarse a mi lado solo por estar cerca de su verdadero amor?
Las preguntas y las dudas me atacaron de repente, torturando no solo mi mente, sino mi corazón que se niega a dejarla ir de la noche a la mañana o con el pasar del tiempo.
Ella era mi todo, y ha sido difícil aceptar no tenerla a mi lado; calentando mi corazón y mi alma con sus besos traicioneros, pero que me dejaban colgando de sus manos.
Respiré profundamente antes de soltar toda frustración por la boca y pensando en positivo; en que esta vez no se negaría a mí. El corazón por poco me sale del pecho en el preciso instante en el que toqué el timbre y no pasaron ni dos minutos cuando abrió con una expresión que me partió el alma en pedazos.
Hace meses no la veo, pero sigue tan bonita como la recuerdo. Lo único que no me gusta es verla con el rastro fresco de las lágrimas por sus suaves mejillas. Sus lindos ojos azules no merecen tener ningún indicio de dolor, pero se nota a simple vista que algo anda mal.
-¿Qué haces aquí? Por favor vete, sabes bien que no te quiero ver más.
-¿Por qué es tan difícil que me des una explicación? - luché para no quebrarme ante ella-. O una oportunidad para saber qué tengo que hacer para que me ames.
-No puedes amar a la fuerza, Colin. Yo te quise... te quiero y te aprecio por lo que vivimos y por lo que un día creí sentir por ti, pero no te pude amar; nunca pude conectar mi corazón con el tuyo - sus lágrimas me debilitaron al tiempo que sus palabras me golpeaban fuerte y directo en el corazón-. No me sigas buscando más. Déjame vivir y vive tu vida con la mujer que quieras. Ya te he pedido perdón más de una vez...
-Si te digo que te sigo amando con la misma intensidad de siempre e incluso más, ¿no te es suficiente? - tragué mi orgullo y me hinqué frente a ella-. Permíteme enamorarte, sé que puedo lograr capturar tu corazón. Seré paciente, sabré esperar por ti y tu corazón, pero sabes bien que no puedo vivir sin ti. Eres todo para mí, mi amor. No me sigas torturando con tu ausencia. Han pasado meses, y sigo con los sentimientos intactos en mi pecho.
-No hay nada qué pensar, Colin - se arrodilló frente a mí y me acarició la mejilla, dejando salir sus lágrimas-. Eres un buen hombre, mereces que te amen de esa misma forma apasionada en la que tú amas, más yo no soy esa mujer que pueda dártelo todo.
-Sí lo eres, cosita preciosa - vi un rayo de esperanza, así que, sin perder tiempo, tomé su rostro entre mis manos y acerqué nuestras bocas, fascinado con la cercanía que me está permitiendo-. Déjame demostrarte con hechos que sí puedes amarme como yo lo hago -rocé nuestros labios con gran suavidad-. Déjame amarte hoy y siempre, mi reina.
Me apoderé de su boca, deleitado con el sabor de sus besos y la felicidad que, al corresponder con la misma intensidad, me provocó.
No puedo explicar lo que por dentro siento. Saberla mía una vez más es todo lo que necesito para que la vida se alce nuevamente por cada parte de mi cuerpo y me permita saborear la esperanza que, lejos de morir, prevalece en cada roce frenético de nuestros labios.
En vista de que me apretó más hacia sí, me separé de ella únicamente para cerrar la puerta de su apartamento y volver a atacar su boca, acariciando sus caderas y pegándola más a mi cuerpo con el deseo embobado por su aceptación. Sufrí tanto en su ausencia, recreando cada noche el vaivén de sus caderas y el dulce néctar de su piel. A solo pasos de perder la cordura, sonreí extasiado y pleno con la pasión que con solo un beso me está demostrando.
A pasos torpes, la traje conmigo hasta la habitación que tantas noches compartimos juntos y nos dimos amor de sobra. El pálpito de mi corazón se volvió más violento, sin dejar de sentirse completo entre esos besos y caricias llenos de ansiedad y necesidad.
La arrojé suavemente a la cama, respirando entrecortado y viendo sus mejillas rosadas y el deseo inscrito en sus pupilas. No quise arruinar este momento tan sublime con palabras que no son necesarias y, para ser realistas, sobran. Así que muriendo por hacerla mía para siempre, me acomodé entre sus piernas y le robé otro beso mucho más profundo y largo en sus labios. A un paso lento y casi mortal acaricié su cuerpo por encima de la tela de su vestido, despertando de la muerte que ella misma me había dejado.
¡Y se siente tan bien volver a respirar vida y esperanza entre sus manos! Ella es la única capaz de destruirme y armarme en solo cuestión de segundos.
Extasiado por las posibilidades que me hice en la cabeza, descendí mis besos por su barbilla, su cuello hasta su pecho, besando todo a mi paso; provocando y tentando la anticipación de un encuentro. Sumé mis manos a su piel, acariciando cada centímetro de su silueta hasta llegar a sus hombros y jugar con las delgadas tiras de su vestido.
Le hice la pregunta silenciosa con cierto temor y, al no recibir ninguna respuesta negativa en su mirada, deslicé los manguillos por sus hombros, maravillado al verla desnuda en su totalidad. Me incorporé en la cama para contemplarla a detalle y así poder grabar sus expresiones y su piel sin ninguna interferencia. Sigue siendo tan suave y tersa como lo recuerda mi tacto.
Sin perder tiempo me quité la ropa bajo su atenta mirada y su sutil mordida de labio. Sus ojos tan fijos en mi cuerpo me tienen ardiendo de ganas y deseo. Hace mucho dejé de sentirme de esta manera tan maravillosa, ahora mismo mi cielo está haciéndome revivir una vez más entre las cenizas encendidas de su amor.
Me perdí en sus brazos, volviendo a atacar su boca con mayor ímpetu y marcando un ritmo demandante y fogoso que nos hacía respirar con difícultad, más cuando nuestras pieles se rozan tan deliciosamente. Llevé mis dedos a su sexo, torturando suave y en círculos sus nervios. Sentirla temblar en mis manos me hizo sentir poderoso y, que, no había nadie más en el mundo que la hiciera sacudir de esta manera. La humedad no tardó en intensificarse, así mismo como los besos y los finos jadeos que nos tenían envueltos en la bruma de la pasión y la extrañeza.
Extrañaba todo lo nuestro; besarla hasta dejarla sin aliento y amarla hasta que el mismo cansancio nos obligaba a detenernos. No entiendo porqué dice no amarme, si en cada entrega me demostraba lo mucho que me amaba. Dudé en sus palabras y en su supuesto amor por Harper.
¿Por qué decir algo que no se siente?
¿Por qué apartarme de su lado, si sus expresiones y sus besos me dicen todo lo contrario?
¿Por qué se me hace tan difícil comprenderla?
Tras ese rayo de inquietud y duda, intensifiqué la fricción de mis dedos en su v*gina, haciéndola arquear la espalda y, poco después, dejarse ir entre mis dedos. Degusté su orgasm* en mi boca a plenitud, dejándole en claro con un acto tan íntimo quién soy y quién seré siempre en su vida.
Dejé un casto beso en sus labios antes de fundirme en ella y prolongar su excitación. Sus piernas se cerraron en mi cadera y sus brazos me rodearon por el cuello, empujándome hacía ella y bebiendo todo de mí.
Le hice el amor con dulzura, esbozando placer y gozo en cada una de las estocadas suaves y profundas que dejaba en su interior. Fue tan bello y mágico sentirla mía; entregándome sus gemidos, sus movimientos ondeados de cadera y que se unían a los míos cada que iba a su encuentro y presionaba su punto más sensible. La adoré cómo lo que ella significa para mí; la reina de mi desbaratado castillo, pero con sus besos apasionados y su palpitar violento, lo reconstruía segundo a segundo.
La escuché llorar en medio de mis movimientos y me preocupé pensando que estaba haciéndole daño, pero en el momento que quise apartarme de ella, me abrazó tan fuerte que mi pecho me advirtió que algo no estaba bien.
-No te detengas - en ningún momento abrió sus lindos y azulados ojos para mirarme directamente a los míos.
Seguí bailando en sus adentros, ignorando ese hecho y volviendo a besar su cuello y parte de su hombro hasta que la presión de mis venas explotaron como hace mucho no la hacían. Me dejé ir en su interior con un gruñido furioso, presionándome contra ella y, quizás, dejando la marca de mis dedos en sus caderas.
Me quedé quieto, saboreando el momento y recuperando el aliento que perdí. ¡Fui imposible no sonreír estúpidamente! No encuentro mi cómo expresar lo que siento ahora mismo, descansando sobre su pecho y sintiendo su piel contra la mía una vez más.
-Te amo tanto, mi cosita preciosa - pellizqué sus caderas juguetonamente-. Eres una descarada al hacerme sufrir de esta manera tan cruel, ¿eh? -solté a reír genuinamente; como hace mucho no la hacía-. Espero que te hayas divertido haciéndome pagar por lo que el Colin de la otra vida te haya hecho, pero este que ves aquí, es un fiel sin remedio a su única dueña. No me vuelvas a hacer padecer, mi amor -me recosté en su pecho, aún sin salirme de su interior.
-Colin... - su voz salió casi audible-. Vete y no me sigas buscando más, por favor.
-¿Qué? - la miré de inmediato, borrando la sonrisa de mis labios.
-Que haya tenido un momento de debilidad no va a cambiar las cosas entre los dos.
-Pero...
-Esto no debió haber pasado, pero sucedió y no puedo hacer nada para devolver el tiempo y no haberme dejado llevar por el momento - me empujó, salió de la cama y se puso nuevamente su vestido-. Eres un adulto, sabes comprender cuando una persona dice «No». Lamento no corresponder tu sentimientos; realmente lamento mucho haberte retenido por culpa de mi maldito egoísmo. Espero algún día me puedas perdonar, porque en el fondo sí te quise, aunque no haya sido como lo esperabas. Estoy tratando de olvidarme de Harper, rehacer mi vida y dejar atrás esa obsesión insana que me hice en la cabeza. Además de que no tiene sentido si la persona que amas va a casarse con alguien más.
-¡Lo que no tiene sentido es que te hayas enamorado de mi propio hermano!
-¡Pero me enamoré de él y no de ti, entiéndelo de una vez! En el corazón no manda nadie, Colin. No tengo la culpa de haberme fijado en él.
-¿Para qué estar conmigo entonces? - supliqué por una respuesta, escuchando los pedazos de mi corazón terminándose de quebrar en lo que, por un segundo pensé que ya no era un cuerpo vacío-. ¿Por qué jugar conmigo durante ocho años? ¡Fueron ocho malditos años en los que te lo entregué todo! Lili, eres mi primer amor.
-¡Y lamento haber sido egoísta! Estoy consciente de que lo hice todo mal - se quebró en llanto-. Pero estoy segura que puedes encontrar...
-No, nunca, porque sencillamente eres la única en mi corazón y en mi cabeza - me vestí rápido y torpe, sintiéndome el doble de estúpido.
-Lo lamento... - repitió en el medio de un llanto que me estaba quemando por dentro.
-Aun así dejé de lado mi orgullo, incluso me estoy humillando ahora mismo para tener, aunque sean, un poco de tu amor.
-Quise amarte, pero lo único que conseguí fue comodidad y aprecio en tus brazos - me miró fijamente-. En cambio, el amor que me hacía sentir Harper era...
-No sigas... - sonreí amargo, comprendiendo lo ridículo que me veo tratando de encontrar amor en una persona que no ve nada de lo que soy y de lo que estoy dispuesto a hacer por ella-. Tu ganas, no te volveré a buscar ni a molestar más. De corazón espero que nadie juegue con tus sentimientos de esta manera tan... asquerosa - me quebré sin poder evitarlo, así que solo le di una mirada herida y desilucionada antes de salir de su apartamento sin rumbo alguno... ahora sí, terminándome de perder en el mundo.