"¡Suéltalo, suéltalo! ¡No volveré a llorar!". Anne Mo estaba en la bañera con los ojos cerrados, se aplicaba una máscara facial mientras cantaba una canción; disfrutaba estar sola en casa.
Cuando terminó la canción, se quitó la máscara, salió de la bañera y se secó con una toalla limpia; luego se aplicó con cuidado una loción en todo el cuerpo.
Había terminado con su ritual de belleza nocturno y estaba lista para dormir; y como estaba sola, podía acomodarse a su gusto en la cama grande.
Estaba de buen humor cuando abrió la puerta del baño, desnuda, pero se sorprendió muchísimo por lo que vio.
"¿George? Tú...", murmuró, incoherente. Sus ojos se abrieron en estado de shock al mirar al hombre que estaba sentado tranquilamente en el sofá.
George Liang enarcó las cejas cuando escuchó el sonido y su mirada se detuvo en el cuerpo desnudo de Anne.
"Oh, cariño, qué gran regalo, me siento muy halagado", dijo con voz ronca mientras se levantaba del sofá y se acercaba a ella lentamente.
"¡Oye! ¿No estabas en un viaje de negocios? ¿Por qué volviste de repente?". Anne estaba tan asustada que retrocedió un paso. "Eres un hombre de negocios, debes darle importancia a tu palabra. Hoy es miércoles. ¡Miércoles!".
La joven no podía retroceder más, pero George continuaba acercándose. Sin otra opción, se apoyó contra la pared, lo miró con ojos horrorizados y se cubrió con las manos.
George la miró intensamente; la examinó de pies a cabeza y la profundidad de su mirada la hizo temblar de miedo.
Luego, la miró a los ojos y le preguntó con voz ronca: "Me tienes miedo, ¿no?".
Anne maldijo por dentro:'¡Mierda!'. Después de su noche de bodas, no pudo levantarse de la cama durante tres días, y hasta tuvo que aplicarse una pomada durante un mes. 'Si estuvieras en mi lugar, ¿no tendrías miedo? ¡Cualquiera tendría miedo!', pensó.
Apretó los dientes con odio, miró esos ojos profundos como un pozo y dijo con cautela: "Sí, un poco".
George apretó los labios en una línea recta y miró fijamente el hermoso rostro durante un largo rato; luego se dirigió al baño sin decir una palabra.
Anne exhaló un suspiro de alivio al oír cerrarse la puerta; corrió al armario a toda velocidad, sacó un pijama y se lo puso.
No quería estar a solas con su marido, así que mientras él se duchaba, se secó el pelo rápidamente con el secador y se metió de un salto en la cama; se tapó con el cubrecamas y se dijo:
'Duérmete, Anne, no te hará nada si estás dormida'.
Sin embargo, subestimó la intensidad del deseo de George;
aunque la vio dormida, la despertó sin piedad.
La joven abrió los ojos, entre dormida y despierta, y lo primero que vio fue el hermoso rostro de George sobre ella.
Sujetó el cubrecama que él había retirado, se cubrió hasta el pecho y volvió a recordarle: "Hoy es miércoles; dijiste que solo tendríamos sexo los martes, jueves y sábados".
"Son más de las doce de la noche, así que ya es jueves", contestó él en voz baja y con una mirada inflexible.
Ella levantó la vista y miró el reloj de pared; eran las doce y dos minutos.
Su rostro se sonrojó cuando la rabia subió a su corazón y se quedó muda por un momento, pero enseguida espetó, "¡Estás rompiendo la regla!".
"¿Por qué dices eso?", preguntó él con calma, mientras le desabotonaba lentamente el pijama.
"De esta manera, no podré dormir bien todas las noches", se quejó Anne. Sus ojos se abrieron de miedo y parecía agraviada después de haber pensado la situación detenidamente.
"Cuando firmaste el acuerdo, no decía que no podía dormir contigo de madrugada ¿verdad? Entonces, ¿qué regla rompí? De todos modos, todavía tendrás el domingo para ti", dijo muy serio.
'¡Maldición!'. La joven hervía de rabia.
Lo miró furiosa y gritó con los dientes apretados: "¡George Liang, eres viejo! ¡Debería darte vergüenza!".
El rostro del hombre se ensombreció ante estas palabras; apartó el cubrecama y presionó su cuerpo contra el de ella.
"¿Así que viejo?, veamos", susurró en su oído mientras apretaba los dientes enojado y la presionaba con fuerza contra la cama.
Anne sabía que, de todos modos, al final sufriría igual, así que decidió por esta vez no contener más su ira.
"¡Por supuesto que eres viejo!, tienes casi cuarenta años. ¿Crees puedes negarlo al mostrar tu fuerza en la cama? Si tomas demasiados afrodisíacos, vas a sobrecargar tu físico y además, tienen efectos secundarios. Puedes volverte impotente o poner en peligro tu vida. Deja de hacerlo, cuida tu vida, ¿de acuerdo?".
Anne era por lo general tímida y no se atrevía a hablar en voz alta para no meterse en problemas, pero esta vez, su esposo la había sacado de quicio, así que le gritó sin que le importara nada.
Cuando terminó de desahogarse, reparó en su expresión y pensó: '¡Dios mío! Está lívido de rabia; parece que di en el clavo y que mis palabras lo lastimaron'.
Como era una mujer de naturaleza bondadosa, sintió pena al ver que permanecía largo tiempo callado; entonces, intentó consolarlo con torpeza: "En realidad, no eres tan mayor. ¿No dicen que la vida comienza a los cuarenta? Todavía eres un hombre lleno de vitalidad; sin embargo, los seres humanos no podemos competir con las leyes de la naturaleza. Todos somos iguales, solo asúmelo. Después de todo, ya viviste tu juventud y experimentaste muchas cosas; cuando estabas en la escuela secundaria yo todavía no había nacido, ¿verdad? Nadie puede escapar del envejecimiento, así que tómatelo con calma y vive de acuerdo con tu edad. ¿No estás de acuerdo?".
La expresión de George no podía ser más terrible; miró intensamente el hermoso rostro de la joven y, pronunciando cada palabra con enojo, dijo: "Cuando yo estaba en la secundaria, ¿no habías nacido? ¿Estás segura? ¿Cuántos años crees que tengo?".
La joven se sintió intimidada por su mirada enojada y dijo con cautela: "Bueno, eres más de diez años mayor que yo".
Esto lo puso más furioso; apretó los labios contra su rostro y dijo con los dientes apretados: "Tú tienes veinticuatro y yo treinta y tres. ¿Cómo sería más de diez años mayor que tú? ¿Acaso no sabes contar? ¿En la escuela te enseñaba matemáticas un profesor de educación física?".
Los ojos de Anne se agrandaron y estaba a punto de discutirle, pero él la besó apasionadamente.
"Mmm...", protestó agitando las manos y los pies con fiereza. Él le susurró al oído: "Déjame mostrarte si mi fuerza física puede competir con las leyes de la naturaleza".
¡Qué hombre dominante! Bueno, era el CEO del C Group y un hombre de palabra, así que sin duda ella sufriría las consecuencias;
tendría que pagar un precio muy alto por su impulsividad.
La joven no pudo evitar sentirse arrepentida y pensó: '¡Ja! Dicen que no hay que ceder ante el poder. ¡Mentira!'. Al final, cuando el oponente era realmente poderoso, había que ceder.
Al día siguiente, Anne tenía ojeras profundas bajo los ojos; solo se levantó de la cama cuando sonó el despertador por última vez. Después de lavarse la cara y enjuagarse la boca, aún aturdida, se vistió para ir a trabajar.
Solo una mujer puede comprender realmente lo doloroso de la falta de sueño; aunque intentó disimularlo con varios cosméticos, no pudo cubrir los círculos oscuros debajo de sus ojos.
La joven se sintió más desanimada todavía cuando vio a su marido desayunando muy animado.
Se sentía tan agraviada que no pudo menos de soltar ajos y cebollas: '¡Maldición! Él fue quien ejerció toda la fuerza, pero ¿por qué fui yo quien sufrió?'.
"Ven a desayunar", dijo George mientras empujaba hacia ella el plato de tortilla, la botella de leche y un plato de ensalada; su tono de voz y su expresión eran de calma.
Anne bostezó y contestó con poco ánimo: "No, gracias, no quiero desayunar; iré al coche y dormiré mientras te espero".
La joven necesitaba ponerse al día con el sueño, de lo contrario, no tendría energía suficiente para hacer frente al trabajo de hoy.
Anne aún dormía profundamente cuando llegaron al lugar donde debía bajarse del auto, por lo que George tuvo que despertarla.
Anne estaba medio aturdida cuando se desabrochó el cinturón de seguridad y estaba a punto de salir cuando George la agarró de la muñeca y le entregó una bolsa con el desayuno. Dijo, con voz serena: "Ven conmigo a una fiesta esta noche".
"No, no"; tomó el desayuno que le ofrecía y sacudió la cabeza vigorosamente. "He escuchado muchos rumores en la oficina después de que me ascendiste a asistente del gerente de relaciones públicas; si además voy a una fiesta contigo, me temo que harán comentarios desagradables sobre mí". Abrió la puerta, salió del auto y caminó lentamente hacia la oficina;
George la siguió con la mirada unos segundos, luego encendió el motor y se dirigió al estacionamiento de la empresa.
En cuanto entró, Anne fue a la despensa a desayunar y luego fue al baño para enjuagarse la boca; era el lugar perfecto para escuchar los últimos chismes.
"Oye, ¿sabes qué? Esta mañana vi que Anne, la asistente del gerente, salía de un automóvil de lujo".
Anne se sorprendió al escucharlas y no pudo evitar pensar: '¡Maldita sea!, salí del coche muy lejos de la empresa y ¿aún así me vio? ¡Tiene una visión excelente!'. Afortunadamente, George hoy había traído un automóvil diferente, porque si hubiera conducido el coche habitual, la empleada lo habría reconocido.
"¿Qué tiene de extraño que salga de un coche lujoso? Después de todo, la ascendieron sin ningún motivo; es evidente que tiene un buen respaldo".
"¿Qué buen respaldo? Alguien del departamento de recursos humanos dijo que sus padres murieron".
"Aunque sus padres están muertos, ella tiene un papito".
"¡Ja, ja! Tienes razón".
Anne apretó los puños en silencio mientras escuchaba la conversación; estaba furiosa. Después de un largo rato, aflojó las manos y
se consoló diciéndose: 'Olvídalo, Cuantos menos problemas, mejor'. En realidad, su matrimonio no era muy diferente de lo que describieron.
Anne respiró hondo varias veces para calmarse, contuvo la ira y volvió a su escritorio para trabajar.
"Anne, el señor Liang hablará en la gala benéfica de esta noche en representación de muchos empresarios, prepara el borrador de su discurso con anticipación", ordenó Liza Zhao, la gerente de relaciones públicas, con voz fría.
"Ya está listo, Liza", respondió Anne con la cabeza gacha.
Antes de que la mujer pudiera darse la vuelta, entró la secretaria del CEO y dijo: "Liza, el señor Liang quiere ver a Anne en su oficina".
Anne se sintió un poco incómoda bajo el escrutinio de su jefa, pero se puso de pie y siguió a la secretaria.
Llegaron frente a la oficina y la secretaria llamó a la puerta; cuando escucharon la voz fría de George desde el interior, la secretaria le indicó que siguiera; Anne estaba temblando, pero no se atrevió a demostrarlo, así que puso una mirada indiferente y abrió la puerta con suavidad.
"Señor Liang, ¿qué puedo hacer por usted?", preguntó con la cabeza baja mientras daba unos pasos hacia adelante.
Él levantó la cabeza y la miró por un momento, luego dijo en tono indiferente: "Cierra la puerta".
Anne tuvo un mal presentimiento, lo miró atentamente y preguntó en voz baja: "¿Qué quieres?".
George tenía una expresión seria, miró el documento que tenía en la mano y dijo con voz fría : "Te dije que cerraras la puerta, solo hazlo".
Anne no sabía qué responder; pensó: 'Solo estoy preocupada por mi seguridad. ¿Qué hay de malo con eso?'.
Pero por supuesto, no se atrevió a resistirse; cerró la puerta de mala gana y miró a George intranquila. Luego dijo con cautela: "Bueno, señor Liang, la ciencia dice que tener relaciones sexuales con demasiada frecuencia puede ser malo para la fertilidad; eres un hombre educado, también lo sabes, ¿verdad?".
George levantó la mirada del documento hacia su rostro pálido; obviamente, parecía nerviosa; entonces, dijo en voz baja con una expresión muy seria: "¿En serio?, pero como ya dijiste, soy un anciano; si no trabajo duro para tener un bebé, estaré más ansioso. ¿No te parece? Los hombres, en general, somos así; también eres una mujer educada, así que debes entenderlo".
Anne no sabía qué decir, así que solo pudo maldecir mentalmente: '¡Mierda!' En el fondo estaba muy enojada, pero no podía demostrarlo.
"Señor Liang, no eres viejo en absoluto, de hecho, estás en tu mejor momento. Eres fuerte y fértil", dijo con una sonrisa halagadora, pero era evidente que eso no era lo que quería decir.
George apretó los labios con fuerza para contener la risa, la miró y dijo con calma: "¿En serio?, sin embargo, soy más de diez años mayor que tú, eso me preocupa".
Anne tenía muchas ganas de partirlo por la mitad y despedazarlo.
Se contuvo, apretó los dientes y dijo con cara triste: "No, señor Liang, solo eres nueve años mayor que yo. Solo nueve años; no soy buena en matemáticas, por favor, no lo tomes en serio".
'¡Oh, Dios mío! ¿Y tú eres el digno CEO de C Group? ¿Cómo puedes ser tan cruel?', pensó la chica.
George jugó un momento con la lapicera en la mano y miró el rostro arrepentido de la joven, luego dijo significativamente: "¿De verdad? Ya que soy nueve años mayor que tú, creo que tengo que apurarme para ser padre lo antes posible; de lo contrario, cuando tengamos un hijo, la gente te felicitará a ti por ser una madre joven y a mí por ser un padre viejo. ¿No crees que es un poco embarazoso?".
Anne se quedó sin palabras.
Su rostro enrojeció de rabia, pero después de un tiempo pudo decir: "Es hora de trabajar. ¡No pierdas el tiempo!".
Al verla tan ansiosa, George sacó un libro de contabilidad del cajón de su escritorio, se lo dio y dijo con indiferencia: "Comprueba estas cifras".
Cuando Anne abrió el libro mayor, su rostro se ensombreció, sintió que estaba empezando a tener un dolor de cabeza. "Señor Liang, trabajo en el departamento de relaciones públicas, ¿No crees que este trabajo es para el departamento de finanzas?".
"Esta es una cuenta secreta, y no me sentiré seguro si alguien más la ve; tú eres la única que puede comprobarla. Ve a la sala y comienza a trabajar; y no interrumpas mi trabajo".
La joven no supo qué contestar por enésima vez.
Sin más opción, entró en la sala privada con el libro de contabilidad, que era tan grueso como una enciclopedia, y se sentó en el sofá. Apenas comenzó a revisar las cuentas del mes notó que los números eran muy pequeños; y como no había dormido lo suficiente la noche anterior, finalmente se quedó dormida antes de siquiera comenzar su tarea.
George estaba muy ocupado con su trabajo, pero unos quince minutos después, levantó la mano y miró su reloj.
Se levantó de su silla y caminó hacia la habitación; en cuanto abrió la puerta, la vio dormida en el sofá, que era lo que había esperado que sucediera.
En su rostro tranquilo e indiferente se dibujó una sonrisa; se acercó, la llevó suavemente a la cama y la cubrió con una manta delgada.
Anne se despertó con el timbre de su teléfono; era Liza.
"¿Dónde está el borrador del discurso? ¡Tráelo ya mismo al J Grand Hotel!".
Anne asintió, y luego de terminar la llamada miró la hora en su reloj. '¡Oh, Dios mío!, son las seis y media de la tarde. ¿Cómo dormí tanto tiempo?'.
Se arregló el cabello y salió corriendo del salón a toda velocidad; y descubrió que la gran oficina estaba vacía: George ya se había marchado.
'¡Este hombre ha ido demasiado lejos! ¿Por qué no me despertó antes de salir de la oficina?'.
"Te pedí que trajeras el borrador del discurso del señor Liang. ¿Por qué tardaste tanto? ¿Eres un caracol o algo así?". Una voz aguda se escuchó en la entrada del hotel, en medio de la gente que iba y venía.
El J Grand Hotel era el mejor hotel de A City, y la gala benéfica que el alcalde había organizado estaba en pleno apogeo.
"Lo siento, Liza, me quedé atrapada en el tráfico", se disculpó Anne mientras se secaba el sudor de la frente.
"¿Un embotellamiento? Esa no es una excusa suficiente para tu pobre desempeño", se burló Liza. Resopló y miró a Anne con desdén. 'No sirve para nada', pensó.
"Lo siento mucho, Liza, prometo que no volverá a suceder". Anne se veía tan tranquila, no parecían importarle las miradas de los transeúntes.
Liza quería regañarla más, pero un auto de lujo se detuvo frente a ellas; se abrió la puerta y del interior salió un hombre guapo y de aspecto frío, sus piernas eran largas y rectas y sus rasgos delicados.
Miró a Anne, que estaba parada con la cabeza gacha, y preguntó con frialdad: "¿Qué pasa?".
La expresión de Liza se suavizó de inmediato y dijo en voz baja: "No es nada, señor Liang; es solo que Anne fue tan negligente que se olvidó de darme antes el borrador del discurso que usted va a dar luego, y ahora casi llega tarde".
Anne permaneció en silencio pero en su interior se mofó: '¡Ja!, es su culpa, él fue quien no me despertó esta tarde.
Después de un rato, dijo: "Lo lamento, señor Liang". Aunque no quería, tuvo que tragarse su orgullo y disculparse con George, bajo la mirada severa de Liza.
"El señor Liang no tiene tiempo para preocuparse por personas como tú, simplemente haz tu trabajo y sé más inteligente la próxima vez", intervino Liza; luego de hacerle una advertencia con la mirada, miró su reloj y agregó: "La ceremonia de apertura comenzará en cinco minutos, entremos, señor Liang".
Sin embargo, George no se movió;
sus ojos estaban fijos en el rostro frío de Anne y le preguntó en voz baja: "¿Qué pasa? ¿Nuestra empresa no te trata bien?".
El fuego de su mirada incomodó a la joven, que levantó la cabeza y respondió: "No, no".
Los ojos de George se oscurecieron y con un toque de impaciencia en la voz, dijo en un tono más fuerte: "Entonces, ¿por qué te vistes así?, hasta yo me siento avergonzado".
Anne miró su vestido floreado y se preguntó cuál era el problema; ella era solo una asistente con un salario de seis mil dólares. ¿Qué tipo de ropa quería que usara? Quería refutarle: 'No es asunto tuyo', sin embargo, no quería provocar problemas, así que, mientras no la presionara demasiado, no reaccionaría. Lo miró y dijo: "Entendido, señor Liang".
Pero George aún no había terminado; dio un paso y se acercó a ella; con su aura de frialdad y nobleza la obligó a retroceder involuntariamente.
"Ya que lo sabes, ¿por qué no vas y te cambias?", demandó.
"¿Qué? ¿Dónde me voy a cambiar?", Anne levantó la cabeza y lo miró aturdida.
"Liza, llévala a una tienda cercana para que se cambie de ropa", ordenó con frialdad.
"Pero, señor Liang, la fiesta está por comenzar"; Liza miró a Anne con recelo y luego a él con cautela.
George bajó la cabeza y miró la hora. "Entraré primero". Después de decir esto, se dio la vuelta y caminó solo hacia el corredor.
"¿Por qué te quedas parada ahí? ¡Ve a cambiarte!", gritó Liza mientras se acomodaba los anteojos en el puente de la nariz de su rostro gordo. Se veía feroz.
Como Anne no quería hablar con la anciana malhumorada, la siguió en silencio.
La actitud de Liza era desagradable y grosera, pero tenía un buen sentido de la moda; escogió al azar tres vestidos para que se los probara, y Anne pareció transformarse en una persona totalmente diferente en un instante; era una mujer muy bella.
"Llevaremos este, no te lo quites. Señorita, por favor quite la etiqueta", le ordenó muy seria a la vendedora.
"Muy bien; cuesta siete mil seiscientos dólares con el descuento", dijo la vendedora con una sonrisa.
Liza se volvió para mirar a Anne, que ahora llevaba un vestido azul, y dijo con frialdad: "¿Por qué sigues ahí parada?, paga la cuenta".
Anne estaba totalmente consternada. '¡Dios mío! ¿Siete mil seiscientos dólares?', gritó mentalmente. Ni siquiera su salario completo más el bono le alcanzaban para pagarlo.
"Es demasiado costoso. ¿Podemos buscar algo más barato?", dijo Anne con tristeza; le dolía el bolsillo.
"Ya lo tienes puesto y le sacaron la etiqueta; ¿Cómo podrías no comprarlo? ¡Date prisa!, el señor Liang nos está esperando", espetó con impaciencia; en seguida se dio la vuelta y salió de la tienda.
Dejó a Anne, que se sentía agraviada, sola con la vendedora. '¡Maldición!', protestó para sí, pero no tuvo otra opción que pagar con tristeza la cuenta y salir detrás de Liza.
Cuando entraron en el salón, el alcalde ya estaba dando su discurso en el escenario; la audiencia aplaudía ruidosamente y nadie las notó.
Anne siguió a Liza hasta el asiento junto a George; él la miró y sus ojos se detuvieron en su escote, luego le dijo en voz baja: "Siéntate a mi lado".
Liza, que estaba a punto de sentarse junto a George, se sintió avergonzada y fulminó a la joven con la mirada.
Anne se sintió muy incómoda y se sentó, con expresión rígida; sentía como si estuviera sentada sobre alfileres y agujas; ni siquiera podía oír lo que decía el alcalde.
George era el representante de los empresarios, así que después de que el alcalde terminó, subió al escenario para dar su discurso. Anne exhaló un suspiro de alivio mientras lo miraba.
"¿Cuándo te enrollaste con el señor Liang?", preguntó Liza en voz baja, con tono de sospecha.
Anne se puso rígida por un momento y su rostro se puso pálido, hasta que logró balbucear: "¿Qué? ¿Qué acabas de decir?".
La mirada de Liza reflejaba su disgusto. "Te pregunto cuál es tu relación con el señor Liang".
Anne negó con la cabeza y respondió con franqueza: "Nada, no tengo ninguna relación con él".
Liza estaba a punto de decir algo más, pero al ver que George estaba a punto de bajar del escenario, la miró con incredulidad y no dijo nada.
Anne realmente no quería sentarse junto a George; la asustaba tanto sentirse observada por él que agarró su bolso antes de que volviera a su asiento, y le dijo a Liza: "Iré al baño, llámeme si necesita algo".
De alguna manera, se sintió aliviada cuando entró al baño; luego, mientras se estaba lavando la cara, escuchó una voz suave y gentil detrás de sí.
"¡Hola! ¿Usted es del C Grupo?".
Anne se secó la cara con papel que sacó del aparato que estaba en la pared, y cuando se dio la vuelta, vio a una mujer hermosa y muy bien maquillada parada detrás de ella, que la miraba con una sonrisa suave en el rostro.
"Sí. ¿Qué sucede?". Anne adoptó una actitud distante, y su tono de voz era frío.
"Bueno, el asunto es el siguiente. ¿Conoce a George Liang, el CEO de su empresa?", preguntó Queenie Liu con timidez.