Nota: ¡Hola, bellezas! Espero se encuentren muy bien. Nos volvemos a leer en un mundo nuevo. Ya saben que cuando hago este tipo de trama me gusta dejar la advertencia para evitarles un mal momento a las que no les gusta.
Esta historia está llena de lenguaje soez, drogadicción, violencia, sexo explícito, etc.
Las actualizaciones serán esporádicas, así que les pido mucha paciencia.
Gracias por darme una nueva oportunidad, por el inmenso apoyo que le das a mi trabajo y por todo el cariño que me depositas al leerme. Agradezco de todo corazón todo lo que me brindas.
Sin más, ¡espero que tengan una lectura apoteósica!
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Bogotá D.C, Colombia
Todos me juzgan, me señalan y me critican por la vida que llevo, pero nadie se detiene a preguntarme por qué hago lo que hago. Salir de fiesta y vivir a todo lo que da mi vida es lo único que me ayuda a sacar de la mente esas escenas tan asquerosas y poco gratas que tuve que presenciar hace un tiempo de mi madre.
Desde que mis padres se separaron, no hay día que mi mamá no salga a beber con todas sus amistades. Su hipocresía me tiene cansada, es tan capaz de juzgarme cuando no se ha visto en un espejo. Su capacidad de evadir que cometió un error al dejarse ir por su despecho en lugar de enfocarse en mi hermanito y en mí es tremenda. Su única excusa es que no nos hace falta nada y que, como buenos hijos, lo único que podemos hacer es sacar buenas notas en el colegio.
Tengo diecisiete años y toda mi vida he hecho su santa voluntad, ayudándole en todo lo que ella me pida porque no ha sido fácil su separación con mi padre, pero desde que la vi una noche dejarse tocar de otros hombres mientras ella no podía ni siquiera con su borrachera, esa buena imagen que tenía de ella se esfumó. Comprendí que ella lo único que buscaba era el consuelo en otros brazos. Ahora mismo tiene un muchacho bastante joven, que prácticamente es un par de años mayor que yo, y ella cree que se ve divina a su lado.
Para la edad no hay amor, eso lo tengo bastante claro porque de hecho mi madre es mucho más joven que mi padre, pero ese tal Marcos no me cae ni un poco bien. Ese hombre no me genera ni un poco de confianza y ella está tan ciega por él que no le importa un pepino lo que yo le diga.
Por esa y muchas más razones busqué algo que me hiciera olvidar la actitud de mi madre y de la lejanía y casi abandono de mi padre. Encontré en el trago y en las drogas esa felicidad que tanto buscaba y los convertí en mi zona de confort. Salgo todos los fines de semana con mis amigos y regreso a casa hasta el lunes en la mañana. No regresé al colegio y no creo que tenga caso volver cuando sé que voy a perder el último año del bachillerato. Estudiar no es algo que me mate y tampoco es de mi interés.
Dejé mi cabello rizado caer a mi espalda y ajusté mi corta falda antes de salir de la habitación que comparto con mi hermano. Mi madre no está, pero es normal que no pare un viernes en casa por estar detrás del culo de ese tipo, ya que últimamente la he visto llorar y discutir con él por teléfono.
-¿Vas a salir, Juli? -Alejandro, mi hermano menor por solo dos años, me detuvo.
-Sí.
-¿Vas a llegar muy tarde? Hoy no quiero estar solo -sonrió emocionado-. ¿Por qué no jugamos play como antes?
-¿Johan no viene hoy?
-No, su mamá no lo dejó venir hoy -hizo una mueca-. Vamos, Juli, quédate, ¿sí?
Es imposible negarme a mi hermano y a esos ojos tan bonitos que tiene.
-Está bien -su sonrisa grande y emocionada me alegró la noche-. Pero sin trampas, Alejandro.
-¡No tengo la culpa que seas mala para jugar!
-Juguemos Mario.
Soltó una risita, sacando del cajón del mueble de la sala los discos del play y me acosté en el sofá en espera de que el juego comience.
-Hallo no es tan difícil, solo que disparas a la loca.
-No sé cómo se juega. Además que no sé a quién debo dispararle.
Mientras el juego de Mario cargaba me explicó el juego que considero más difícil. Hace mucho no pasaba un rato con mi hermano y había olvidado lo divertido que es y lo bien que se siente saber que nuestros lazos de hermanos aún siguen intactos.
-Yo soy Mario -agarró el control y bufé.
-Siempre lo eres.
Jugamos por largas horas, comiendo papas de paquete y gaseosa. Mi hermano parecía tener pilas AA incrustadas en su sistema, siempre tiene bastante energía en las noches.
El sueño lo venció a las tres de la mañana y se quedó dormido en el sofá. Lo arropé muy bien con una cobija porque hacía mucho frío y subí a la terraza para contemplar la noche.
La ansiedad de fumar me llevó a hacerlo. Mi madre no estaba y ella solía llegar después de las seis de la mañana. Mi hermano dormía y no había nadie más en la casa que pudiera detenerme. Armé un bareto mientras escuchaba música en mi pequeño reproductor y lo fumé con toda la calma, viendo la luna resplandecer y las pocas estrellas brillar.
Mis amigas y mi novio me enviaron mensajes, pero no respondí a ninguno de ellos. En ese momento quería estar sola en mi soledad y tristeza. Extrañaba mi familia, a mis padres y la buena energía de mi hermano. Me hacía falta todo lo que tenía de niña, pero ya no quedaba nada y tenía que entender que nada duraba para siempre.
El frío calaba mi ropa, más por el hecho de que estaba en una minifalda y una blusa muy escotada, pero el poder de la marihuana me mantenía cálida. La niebla cubría las calles y de repente me dieron muchas ganas de salirme. Debería estar en algún bar de la zona o en el parque tomando y fumando, pero allí me encontraba, ida en mis pensamientos y soyada en la mía.
Un taxi se detuvo frente a la casa y me quedé mirando desde la terraza como mi madre salía muy borracha junto a Marcos. Todo iba bien hasta que llegaron a arruinar mi mente de paz.
No bajé de la terraza ni hice bulla hasta no esperar a que se acostaran. Lo último que quiero es verlos y tener que soportar a mi madre y a ese man tan fastidioso. Cuando el sol ya avisaba su salida, guardé mis cosas en la pretina de mi falda y empecé a bajar las escaleras hacia el segundo piso.
A punto de dar la vuelta por el corredor, me topé de frente con Marcos. Se veía un poco tomado, pero bien. Repasó mi cuerpo con su mirada y se recostó de la pared, cruzándose de brazos.
-¿Estás drogada?
-¿A usted qué le importa si lo estoy? -traté de esquivarlo para entrar a mi cuarto, pero se hizo en el medio del estrecho corredor-. Vaya y joda a su abuela, hijueputa.
-¿Por qué eres tan mal hablada, Juliana?
-Porque sí, sapo.
Soltó una risita, relamiendo sus labios.
-Eres una niña bastante grosera.
-Si no me dice no me doy cuenta -resoplé-. Quite de ahí que tengo sueño.
-Tu mamá se preocupa mucho por ustedes y tú no lo valoras -soltó y reí.
-Vaya forma de preocuparse por nosotros, tirándose a un hombre mucho menor que ella y llegando a la casa toda borracha -lo miré con todo el odio que sentía en mi corazón.
-Trabaja muy duro para sacarlos adelante y está en todo el derecho de relajarse un poco.
-Y nadie dice que no, pero hace mucho dejó ir el papel de madre. No entiendo qué hago hablando de esto con usted.
-Podemos ser amigos -puso su mano en mi hombro y la empujé-. Es más, yo te entiendo mejor que nadie.
-¿Sabe qué? -me acerqué a él y lo miré fijamente a los ojos-. Cómase un cerro de mierda, sapo -lo empujé con todas mis fuerzas y entré a mi cuarto.
No soporto a ese sapo. Faltaba más que ahora quiera convertirse en mi amigo y quiera hablarme sobre lo que mi madre hace bien, tratando de cubrir todos las fallas con el hecho de que no nos falta nada. ¿Acaso no se da cuenta lo mucho que lo odio y no lo soporto?
Ese sábado desperté al medio día. No había rastro de Alejo por ninguna parte, lo que me hizo recordar que debía estar entrenando. Mi madre tampoco se encontraba en casa, ya que los sábados abría el negocio y, como la mujer responsable que era, iba a trabajar con todo y guayabo.
Sonreí al saber que me encontraba sola en la casa, pero la felicidad me duró muy poco cuando fui a bañarme y me encontré con Marcos que salía del baño.
-Buenas tardes -sonrió.
Me sentí bastante intimidada e incómoda al estar solo en toalla frente a un hombre que iba igual que yo, pero ignoré ese hecho y me encerré en el baño sin darle una mirada o devolverle el saludo. Ese hombre no me cuadra ni un poco, su mirada tiene mucho de lo que he visto en la calle y la malicia no me pasa desapercibida.
Cuando salí del baño todo parecía en silencio y pensé que ya se había marchado, pero me sorprendió verlo en mi cuarto, solo vistiendo una bermuda.
-¿Qué hace aquí?
-Buscaba el CD de fútbol. Alejo me dijo que podía jugar un rato mientras él llegaba.
-Fuera de mi cuarto.
Me miró por encima de su hombro porque estaba de espaldas a mí y se giró por completo, dándome una mirada que activó cada una de mis alarmas.
-¡Largo!
-Perdón -salió del cuarto con el CD que había mencionado antes y suspiré de alivio.
Marcos es un hombre de veintisiete años, piel trigueña y ojos marrones. Es muy atractivo, eso no se puede negar, pero no me da buena espina y mi madre está demasiado tragada de él. Su sonrisa y su mirada es bien descarada y maliciosa.
Me puse un jean blanco y un top negro y le respondí el mensaje a Andrés, mi novio. Ayer no salí porque Alejo me lo pidió, pero hoy no pienso quedarme en la casa a ver a mi madre y ese hombre juntos.
Salí tiempo después y lo vi en la sala jugando en el play. ¿Será que en su casa no lo quieren? ¿Por qué sigue aquí si mi madre llega hasta las seis? No puedo creer que, un año después de la separación de mis padres, mi madre ya haya metido a su nuevo amor a la casa y lo peor del caso es que le permita quedarse aquí.
-Te dejé el desayuno hecho encima de la estufa.
-Yo puedo hacerme sola de comer.
-Lo sé, solo quería ayudar en algo.
-Ayuda más si se larga de una puta vez.
¿Qué hay de mal con ese tipo? ¿Por qué sonríe de esa manera?
Me hice unos huevos revueltos con café y regresé a mi cuarto sin reparar en la existencia de ese sujeto. Lo menos que quiero es verle la cara a ese pedazo de mierda a cada instante del día y en mi casa ya no puedo estar tranquila.
Puse música en mi bocina y me quedé acostada en la cama hasta que la ansiedad de nuevo me gobernó. Mi padre siempre ha sido muy bueno, cariñoso y sobreprotector, pero hace meses que se marchó de la ciudad y no he sabido nada de él. No tengo ni la menor idea cuándo volverá y mi madre no me da razones de él. Lo extraño mucho, quiero un fuerte abrazo de su parte y sentirme segura en el.
Busqué la marihuana en el gavete y saqué todo lo necesario para armar el cigarrillo. Una vez quedó listo, lo llevé a mis labios y lo encendí, aspirando profundamente hasta llenar mis pulmones y quemando mi garganta en el proceso. Lo fumé sin preocupación alguna, sabiendo que Alejo tardaría en llegar y todavia tenía tiempo suficiente para que el olor a hierba se fuera del cuarto para cuando el volviera de su entrenamiento.
La puerta de mi cuarto se abrió, dejando a la vista a ese sujeto y le sostuve la mirada mientras fumaba frente suyo.
-¿Por qué razón te arruinas la vida con eso, Juliana?
-No se meta en mi vida.
-La marihuana te hará sentir bien por un rato, te hará olvidar por un momento de los problemas, pero no soluciona nada. Lo único que consigues es arruinarte la vida.
-Su mierda barata para otra. Déjeme en paz y váyase de mi cuarto.
-¿Por qué siempre estás a la defensiva conmigo? Yo solo busco llevar la fiesta en paz contigo, pero eres imposible.
-Ya ni trabarme puedo hacerlo en paz.
Se acercó a la cama y me arrebató el cigarrillo de la boca, con el ceño fruncido y una mirada severa.
-No sabes lo que estás haciendo con tu vida al meterte esta mierda. Es normal querer experimentar, llevarle la contraria a los padres y ser rebelde, pero las drogas solo arruinan la vida, Juliana.
-No sea sapo. Usted no es nadie en mi vida. Que se revuelque con mi mamá no le da derecho a nada.
-Ten más respeto con tu madre.
-Entonces que se respete ella primero -zanjé, levantándome de la cama e intentando quitarle mi cigarrillo.
-No te lo voy a dar. Mira tremendo cigarrillo para ti sola. No abuses, Juliana, porque no tienes ni la menor idea del poder que tienen los vicios.
No le puse cuidado a sus palabras y me acerqué más a él, pero llevó el brazo hacia atrás y quedamos muy cerca. Podía sentir el aroma de su perfume y él el mío. Levanté la mirada y la suya se desvió a mis labios y más por debajo de mi cuello.
-Aun eres joven y demasiado bonita para que te metas esto.
-No se azare, me he metido cosas mucho mejores que esto -me aparté de él y solté una carcajada-. Puede meterselo culo arriba si es lo que quiere.
Busqué mis zapatillas y me las puse. Agarré mi teléfono y lo metí en la pretina de mi pantalón. Quedé en encontrarme con Andrés en la mariposa y el centro me quedaba un poco retirado, por lo que debía apurarme.
-¿A dónde vas? -me tomó del brazo y resoplé-. No voy a permitir que salgas así. Estás muy drogada.
-Estoy perfectamente...
Mi espalda chocó contra la pared con fuerza y me impidió moverme, sujetando mis manos con las suyas y cerrando toda ruta de escape con su cuerpo. Su rostro, principalmente sus labios quedaron a centímetros de los míos.
-La calle no está hecha para cualquiera, mamacita. Se te olvida que eres muy bonita y una presa fácil para todo aquel que quiera llegar a su cometido -separó mis piernas con las suyas y posó su mano en mi vientre, provocándome escalofríos ante el tacto de nuestras pieles-. Mira lo indefensa que estás. Drogada, sin poder moverte y teniéndome entre tus piernas, ¿dime cómo piensas defenderte? -aproximó su nariz a mi cuello y contuve el aliento, quedando totalmente paralizada-. Hueles deliciosa y estás bien rica, Juli. No te imaginas lo mucho que quisiera hacerte ahora mismo.
La mano que tenía en mi vientre la deslizó con suma facilidad y rapidez dentro de mi pantalón mientras que sus labios hacían un recorrido húmedo hasta mi oreja. No podía moverme ni hablar, estaba tan drogada que lo único que podía sentir era el calor concentrándose en esa zona que se humedecía cada vez más rápido. Una pequeña parte de mí sabía que estaba haciendo mal, que debía apartarlo y darle en los huevos, pero me sentía muy excitada ante el roce de sus dedos y esos besos que dejaba sobre mi piel.
Por inercia separé mis piernas y sus dedos presionaron mi punto más sensible por encima de mi ropa interior, aflojándome un gemido sonoro. Estiró sus dedos por el medio de mis labios con suavidad, presionando con un poco más de fuerza y prolongando las corrientes y agudizando el calor en mi interior.
«¿Qué me pasa? ¿Por qué me estoy dejando meter mano por este man?».
-¿Te calienta que te toquen mientras estás drogada? -murmuró en mi oído, presionando con un poco más de fuerza mis nervios-. Eres tremenda, mamacita.
Adentró su mano por mi ropa interior y tocó directamente mi vagina, esparciendo mi humedad por mis labios menores antes de esconderlos de un solo golpe en mi interior, curvando y presionando con precisión. No simuló penetrarme con suavidad y cuidado, lo hizo rápido, fuerte y profundo. Mi mente quedó en blanco, no podía pensar en otra cosa que no fuera en llegar a ese éxtasis que se avecinaba brutal. Me sentía muy ligera y plena, siendo atendida de manera ruda por un hombre con experiencia.
Andrés es tres años mayor que yo, pero él siempre me toma con suavidad y mucho amor. Sus dedos no tienen la misma potencia que los de este malnacido y supongo que es mucho más bestia en la cama.
Sus dedos estaban tocando donde mejor se sentía y la misma presión me tenía a tope. Gemía y movía las caderas a la par, queriendo más, necesitando que esa liberación llegara cuanto antes. Su otra mano masajeó uno de mis senos por encima de mi blusa mientras sus dedos salían y entraban de mí con ímpetu y rudeza. Me sentía muy caliente y mis paredes ardían de ansía.
-¿Te das cuenta dónde quedó tu grosería, mi Juli? -dejó sus dedos en mi interior, moviéndolos en círculos con suma rapidez y mis piernas flaqueron-. Mira lo mojada que estás por mí y lo mucho que me aprietas. ¿No quieres que me salga de aquí?
Tomó mi mano y la llevó a su erección, haciéndome frotarlo con suavidad mientras sus dedos seguían moviéndose libremente en mis adentros.
-Me gustaría romperte y hacerte tragar todas tus palabras -presionó con rudeza y exploté, mordiendo mis labios con fuerza y moviendo mi mano por mi propia cuenta en su erección-. Que rico, mi Juli.
Abrí los ojos y su sonrisa descarada sacudió todo mi cuerpo. Aunque me liberé como nunca lo había hecho, todavía sentía muchas ganas de estar completamente llena. Ese calor en mi interior no mermaba y su gran erección se me apetecía mucho.
-¿Te han comido la lengua, Julianita? -se burló, sacando sus dedos de mi pantalón y llevándolos a su boca-. Estabas bien cargada, ¿eh? No solo te sientes sino también sabes muy rico.
-Malparido...
El timbre de la casa sonó y nos separamos a toda velocidad. Marcos se sentó en el sofá y siguió jugando en el play como si nada estuviera pasando. Yo me quedé ahí, temblando y recuperando el aliento mientras procesaba lo que había acabado de pasar y había permitido. El timbre sonó varias veces más y me acomodé la ropa lo mejor que pude y le abrí la puerta a mi hermano. Su efusividad no tardó en disipar lo que sea que pasó entre ese malnacido y yo y la realidad me golpeó en el maldito orgullo.
Me sentía sucia, asquerosa y que le seguía los pasos a mi mamá. ¿Cómo fui capaz de permitirle que me tocara? ¿Por qué no lo separé de mí? Sabía que ese malnacido no era de fiar y que detrás de su falsa preocupación había algo más.
-¡¿Qué más, Juli?! -golpeó mi cabeza y se tiró en el sofá junto al perro ese-. ¿Me puedo unir, Marcos?
-Claro, campeón -me miró de reojo y sonrió ladeado.
No le dije nada porque mi hermano estaba justo ahí y lo menos que quería era que se enterara lo que había acabado de suceder con el novio de mi mamá. Me sentí muy mal, pero yo misma lo permití y no me voy a echar a la pena ni a victimizar por eso. Estaba drogada y, aunque no es excusa, debí ponerme un alto desde el principio.
-¿Vas a salir, Juli? -inquirió mi hermano.
-Sí, voy a salir con Andrés.
-¡Bien! Dale mis saludos y que cuándo viene a jugar.
-Yo le digo.
Estaba a punto de salir de la casa, cuando escuché la voz de Marcos:
-No llegues tan tarde, Juli. Cuídate y no tomes mucho -llevó su mano a su boca y, con disimulo, lamió descaradamente sus dedos-. Espero la pases bien...
Le saqué el dedo del medio y azoté la puerta con furia. Ahora ese lagarto no va a dejarme en paz cada vez que estemos a solas. Bajé las defensas con él de una manera que no me puedo perdonar.