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Confidencias de una... prostituta

Confidencias de una... prostituta

Autor: : Flagranti Amore
Género: Aventura
Una sexoservidora, accede a contar las experiencias vividas a lo largo de su trayectoria, narrando con claridad lo que ha visto, lo que ha oído y lo que ha experimentado. No sólo sus experiencias son develadas, también las de sus compañeras de labores, o las de los clientes que buscan en ella a una persona que las escuche. Así conoceremos la historia de la novia que se deja seducir por la pasión que le despierta el mejor amigo de su pareja. Y con él descubre un placer que nunca antes había imaginado. O la historia del empresario que, por una intensa pasión, decide acabar con todo su pasado y comenzar de cero para descubrir una nueva vida. También conoceremos la historia de un taxista que no es capaz de resistir un deseo intenso que le despierta una mujer, a la que anhela más que nada en la vida y por la que es capaz de todo... Confesiones de una sexoservidora... es un compendio de historias y vivencias que seguramente colmarán sus expectativas y les harán pasar momentos verdaderamente interesantes y divertidos... que las disfruten

Capítulo 1 Y así comienza

Hola mis queridos lectores, cachondones y conocedores del placer supremo de esa bella actividad que es el goce íntimo, sexual y pasional, del que todos queremos lo más que se pueda obtener y sin límite de goce.

Y se los digo yo que me siento muy efectiva para ello. Y que digo efectiva, soy la mejor que se puedan imaginar en la cama.

Se preguntarán ¿Quién es esta vieja que nos habla de esa manera? Bueno pues déjenme decirles que me llamo Emma Mado Duro, y en el nombre llevo la fama, pero además de apodo me dicen el "saludo", ya que no se lo niego a nadie.

Ya en serio, soy sexoservidora, bueno prostituta, piruja o ramera, como ustedes quieran llamarme, aunque la gran mayoría me dice puta.

La neta no me importa, ya que en el "talón", en el trabajo para que me entiendan, una aprende a soportar a todo tipo de gente, con los apodos que nos ponen, algunos cariñosos y otros ofensivos, aunque, siempre, tratando de hacerse los graciosos.

Es común que los clientes que buscan nuestros servicios, nos llamen "cariñosas" para que no se oiga tan gacho decirnos de otra manera, sólo que, las rucas que se autoproclaman "decentes", y que nos juzgan sin conocernos, nos llaman con todo su cándido pudor, educación y decencia: "Pinches putas", mostrándonos ese abierto desprecio que sienten ante nosotras.

No pretendo disculpar la vida que llevo, ya que me vale madres lo que piensen de mí, "parcho" porque me gusta y además me sirve para ganar dinero, no que hay mujeres, que toda su pinche vida se la pasan abriendo las piernas y no gozan ni un orgasmo y lo peor de todo es que, aunque ellas crean que por estar casadas no son putas, como yo, la están regando ya que, se vendieron por un papel que no sirve ni para limpiarse las nalgas, ya que raspa cuando una lo utiliza.

Claro que, entre las pirujas, las que cobramos, hay de todo como en todas las profesiones y oficios, hay unas que saben muy bien lo que hacen y al cobrar brindan un buen trabajo a conciencia, a un hombre necesitado.

También hay otras que sólo piensan en joder al cliente y no se tientan el corazón para matarlo si es necesario, lo bueno de todo esto es que no somos la mayoría las que pensamos así, por eso es que a pesar de todo lo que nos rodea, los clientes siguen buscándonos y pagando lo que cobramos por hacerles una "talacha" completa, algo que no encuentran en sus "hogares"

Cuando me invitaron para que escribie¬ra mis vivencias para esta novela, estuve tentada a negarme, no es fácil hablar de lo que una tiene que vivir día con día, o mejor dicho, noche con noche y de colchón en colchón en donde tenemos que sudar las nalgas para ganarnos el pan nuestro de cada día.

Sólo que, me alentó el hecho de pensar que, por medio de estas páginas, ustedes cono¬cerían la mera neta del asunto. Así que aquí estoy yo para decírselas a lo mero pelón, aunque estoy segura que no a muchos les gustara que se las recuerde, y no me refiero a su sacrosanta, sino a la verdad, por qué a muchos de los que estarán leyendo esto me los he encontrado en algún cuarto de hotel.

A muchos entrando a otros saliendo, y no faltan los que me he encontrado en la calle buscando mujer para pasar la noche, regateando como si la mercancía que está a la venta fuera de tianguis, en fin, así es esto.

Bueno, dejemos las mamadas para otra ocasión, así que vamos a ponerle Jorge al chamaco y comenzaré por contarles una historia que me tocó vivir hace algunos años, cuando trabajé en uno de los muchos cabarets de barria¬da.

Cuando aún se encontraban en pleno apogeo y los clientes se peleaban por nosotras, ya fuera para sacarnos a bailar, o para invitarnos a su mesa a beber y a platicar, sin dejar a un lado los que pretendían seducirnos para que les diéramos cachuchazo o para que les hiciéramos un buen descuento.

La noche estaba floja, es decir, no había mucha clientela y el lugar estaba medio vacío, por lo que otras compañeras, al igual que yo, ocupábamos las mesas en espera de que llegara el "bueno", así le decimos al cliente que trae lo suficiente para pagarnos unas copas, unos bailes y luego un rico y sabroso acostón.

Me encontraba en la mesa bebiendo una cuba que había pedido para hacer tiempo, cuando de pronto, una de las "nuevas", se acercó a la mesa y se sentó, traía un vaso en la mano y se veía medio tristona.

Por algunos minutos nos estuvimos ahí, bebiendo en silencio, viendo que la clientela no llegaba, la noche prometía ser "mala", esto es, que no sacaríamos ni para la comida del día, en fin, son cosas que pasan siempre.

-Oye... ¿tú eres Emma? -me dijo de pronto ella.

-Sí, Emma Mado Duro, para servirte -le respondí sonriendo.

-Me han dicho las muchachas que eres muy buena cuatita

-Hago lo que se puede, en este negocio si no nos cuidados nosotras ¿quién nos va a cuidad cuando necesitemos un paro?

-En eso sí, tienes razón... nunca se sabe.

-¿Y tú, qué onda? Te veo deprimida, pasa algo.

-Los recuerdos que llegan de pronto, ya sabes cómo es esto.

-Sí, no hay nada peor que estarse acordando de coas que quisiéramos olvidar para siempre, o que tal vez no las hubiéramos vivido.

-Eso sí, aunque también al recordarlas nos damos cuenta de todo lo que pudimos hacer y no lo hicimos por imbéciles.

-No te amargues con eso, después de todo, ya lo hicimos, ya lo vivimos y ya nos jodimos, o ya lo disfrutamos y a tragar camote que no hay de otra.

-Tienes razón, como dicen por ahí, "lo bailado, quién nos lo quita", total que de una o de otra manera estamos jodidas.

-¿Y qué es lo que tanto te atraganta? -le pregunté viéndola a los ojos- bueno, si tienes granas de hablar del asunto.

-Pues sí, tengo muchas ganas de sacar esto que se me atora en la garganta y que a nadie se lo he contado antes...

-Bueno, pues suéltalo... no vaya a ser que termine por ahogarte

-De acuerdo... ahí va...

-Han pasado casi tres años, y aún recuerdo perfectamente cada detalle del día que vino a nuestra casa un buen amigo de mi ex novio Enrique, que se llamaba Marcos.

Se presentó casi de repente, pues sin haber avisado nos llamó desde el aeropuerto que ya había llegado -comenzó diciendo ella y yo le di un trago a mi bebida para escucharla con toda atención.

-Resulta que ambos habían estudiado juntos en la universidad y hacía más de 3 años que no se veían. Según me contó Quique, eran dos grandes amigos que vivieron muchas cosas juntos.

Fuimos a buscarlo al aeropuerto y cuando Quique, me señaló quien era al momento en que bajaba la escalerilla del avión, me quedé estupefacta.

Era un muchacho no muy alto, muy atractivo, moreno de piel, con barba muy corta y cuidada, pelo castaño claro, con un cuerpo bien formado y muy musculoso, unos ojos negros muy penetrantes y unos labios que pedían ser devorados.

Llevaba unas gafas de sol y vestía una camiseta blanca y unos vaqueros ajustados que remarcaban un hermoso "paquete".

-Vaya... sí que te fijaste bien en él -le dije sonriendo

-Claro que lo hice, bueno, al acercarse, pude notar de inmediato, que me sentía muy atraída por él. Era un hombre tal y como a mí me gustan.

Cuando estuvo a nuestro lado, se quitó las gafas de sol y me dedicó una linda sonrisa. No pude evitar un estremecimiento por todo mi cuerpo y como, los latidos de mi corazón se aceleraban. Que tonta, nunca me había pasado nada parecido con solo mirar a un hombre.

-Hola, mi hermano, ¿cómo te va? -le dijo Quique mientras se daban un fraternal y sincero abrazo, que le fue correspondido.

-Pos ahí vamos, no me puedo quejar -contestó Marcos, con una voz ronca que me resultó muy varonil.

Después Roberto nos presentó, nos dimos dos besos en las mejillas a manera de saludo y mi piel se puso de gallina, noté como un chispazo entre mis piernas.

Le sonreí y él me guiñó un ojo. Yo llevaba un vestido corto que enseñaba mis piernas y mi escote y él no dejó de observar toda mi anatomía. Me escaneó de pies a cabeza

Llegamos los tres a la casa, nos pegamos todos un buen baño, por separado, claro, pues el día era muy caluroso, decidimos ponernos cómodos y me vestí con una camiseta fina de tirantes, sin sostén y un pantalón gris de algodón que utilizo para

hacer gimnasia muy ajustado, de esos que se adaptan al cuerpo.

Marcos bajó con una camiseta sin mangas y un pantalón de deporte corto. Tenía un cuerpo magnífico muy musculoso y todo el cuerpo lleno de vello rubio, estaba buenísimo.

Cuando nos vimos nos observamos de arriba a abajo, los dos nos gustábamos mutuamente y lo notábamos, no sé si Quique, se dio cuenta, pero no nos quitábamos

ojo de encima.

Durante toda la velada nuestras miradas se cruzaban y observábamos nuestros cuerpos, los dos nos íbamos excitando más y más. Los dos empezaron a contarse sus aventuras durante un buen rato, pues como decía no se veían desde hacía mucho tiempo, hablaron de todo un poco, incluso de sus muchas aventuras con mujeres. Preparé unos bocadillos y unas cervezas y charlamos hasta bien entrada la noche. Su conversación era muy divertida, ya que era muy simpático, además no se hacían aburridas sus historias de estudiantes tal y como él las contaba.

Preparé una cena sencilla y mientras Quique, ponía la mesa, Marcos, se acercó a la cocina para "ayudarme".

-¿Sabes que eres una mujer impresionante? -me dijo al oído a lo derecho.

Me quedé un poco extrañada por su descaro, aunque tampoco le di demasiada importancia, pues me gusta que me digan cosas bonitas, sobre todo viniendo de un

hombre tan atractivo como aquel.

-Gracias -contesté con cierto rubor.

-En serio, eres una mujer preciosa, me encantas. - volvió a decirme cuando me

agarraba por la cintura.

Aquello se estaba convirtiendo en un problema y tuve que cortarlo de inmediato.

-Anda, ayúdame a llevar estos platos al comedor. -le dije para evitar problemas.

Cenamos los tres, entre bromas y charlas sobre sus aventuras en la universidad.

A las doce de la noche nos fuimos a dormir.

Recuerdo como esa noche Quique y yo cogimos como pocas veces, ya que yo me había excitado mucho durante todo el día.

Me sentía extraña, como si me hubieran lavado el cerebro, estaba plena y totalmente "enverijada" de Marcos.

El día siguiente era domingo y nos dedicamos a enseñarle a Marcos toda la ciudad y sus alrededores. Fuimos viendo la parte antigua y después las zonas más turísticas.

Como Marcos es fotógrafo profesional y trabaja para una agencia de publicidad no paró de hacer fotografías de todo.

Después nos fuimos a comer a un restaurante muy acogedor.

La tarde la dedicamos a visitar algún museo y a ver escaparates por la ciudad.

Por la noche, después de cenar, salimos a tomar unas copas por la zona de ambiente y llegamos a casa sobre las dos de la madrugada.

No podía evitar mirar a Marcos cada vez que me era posible, acariciando con los ojos todo lo que tenía frente a mí, me encantaba todo de él, sus movimientos, su forma de hablar, su espontaneidad y desde luego su impresionante físico.

Esa noche Quique y yo volvimos a hacer el amor como si no hubiera un mañana, cogimos como pocas veces, pues Marcos me encantaba y había conseguido que me pusiera algo mojadita en más de una ocasión con sus miradas o sus gestos hacia mí.

A la mañana siguiente yo me estaba bañando, cuando noté que alguien me espiaba

detrás de la mampara de la ducha, cuando salí toda confiada creyendo que se trataba de Quique, me quedé de piedra al ver a Marcos.

Capítulo 2 ¡No quería ser infiel!

La noche estaba "floja" para conseguir clientes, así que sentadas a la mesa, disfrutando de una bebida, me encontraba escuchando las congojas de una de las prostitutas nuevas, una que recién se había iniciado en el negocio y andaba deprimida, con ganas de sacar lo que le quemaba el pecho.

-Cómo te digo, me quedé de piedra al encontrarme con Marcos. Me vio completamente desnuda durante un par de segundos, hasta que me tapé con una toalla lo más rápido que pude, por lo que creo apenas tuvo tiempo de verme bien, aunque seguramente lo hizo a detalle.

-¡Marcos, por favor! -le dije haciéndole entender que saliera del baño cubriéndome con la toalla.

-Perdona, no me di cuenta -dijo como respuesta poco creíble, mientras sonreía, al mismo tiempo que cerraba la puerta tras de sí.

Él sabía de sobra que era yo la que estaba en la regadera, así que no podía disimular, y lo peor de todo es que Quique, estaba en el cuarto contiguo, supongo que dormido y me imagino que se hubiera enojado bastante si lo hubiera atrapado ahí, pero Marcos era un hombre con mucho cinismo.

Debo reconocer que yo me sentía muy atraída por él a pesar de eso.

Cuando estaba en mi cuarto secándome y Quique, seguía dormido, Marcos, entró en mi cuarto sin llamar a la puerta, asomando la cabeza.

Otra vez me pilló encuerada, aunque me di la vuelta en seguida:

-Oye no encuentro las toallas ¿Puedes darme una? - me dijo como si nada

-Si claro, ahora voy -dije tapándome otra vez con la toalla.

Me puse una bata y salí tras él en dirección al baño para decirle donde estaban las toallas. Nada más salir de mi habitación, me volví a quedar helada, ya que Marcos estaba completamente desnudo esperándome en el pasillo.

-Oh, perdona, no sabía... -dije algo ruborizada.

-No te preocupes, no tengo nada raro ¿o sí?

No contesté, no sé qué me pasó, pero no le quité la vista de encima, podía haber vuelto la cabeza, en cambio no lo hice. Marcos era un chico perfecto, con un rostro que me encantaba y un cuerpo muy musculoso, se notaba que hacía deporte, tenía dos fuertes brazos, unos muslos muy anchos, un torso bien marcado al igual que sus abdominales, unas manos muy bonitas y una verga que, aunque en reposo, me pareció bastante grande y hermosa.

Tenía el pecho cubierto de pelo castaño claro, igual que sus brazos y piernas.

Él se dio la vuelta y caminó en dirección al baño y yo lo seguí, sin perderme detalle de su preciosa anatomía: grandes espaldas, un cuerpo muy bien proporcionado y un culo duro y apetitoso que se cimbraba a cada paso que daba delante de mí.

Me fui excitando por momentos, pues no se ven hombres así todos los días.

Entré en el baño y allí estaba esperándome de nuevo de frente, a pocos centímetros de mí tal y como su madre le trajo al mundo. Mi corazón se iba acelerando y podía notar las gotas de sudor en mi espalda, las piernas me flojeaban, mis mejillas ardían... Seguí observándole medio atontada, sobre todo sus atributos, que me parecieron muy bonitos.

Un sonrosado glande sobresalía de la piel de su pene, bastante grueso, a pesar de estar fláccido. Tenía su miembro rodeado de un vello castaño claro, así como todo el vello de su cuerpo.

Las gotas de agua se resbalaban por su piel. Su pelo mojado, sus hombros brillantes y una gota se deslizaba desde su ombligo hasta llegar a la punta de su glande, quedándose allí como invitándome a que la secara con mi lengua.

¿Qué me estaba pasando? ¿Estaba loca por estar haciendo eso? Mi novio, el hombre que me amaba y me adoraba estaba en el cuarto de al lado, y yo calentándome a lo pendejo por un infeliz egoísta y traidor que no respetaba la amistad.

Estaba muy bueno y muy guapo, eso nadie lo ponía en duda, pero no le importaba provocar a la novia de su amigo, no le importaba traicionar la confianza que Quique, le tenía, ¿Y yo? ¿Había perdido el respeto por mí misma? ¿Estaba apendejada por ese cabrón que no lo merecía? Desde luego no era dueña de mis actos.

El caso es que no cambié en mi actitud de observarlo con detenimiento, todo lo demás no parecía importarme en ese momento, ya me estaba volviendo igual de cínica que él y también una traidora infiel.

-¿Te has quedado un poco sorprendida? -me preguntó.

Volví a la realidad, tras oír su pregunta.

-Si, lo cierto es que no esperaba verte así...

-¿Desnudo?

-Si.

-Bueno es algo natural, al menos a mí me lo parece ¿no?

-Si, pero...

-¿Acaso no te gusta verme así?

-No, pero es que...

-¿No te gusto?

-Si, claro, o sea, quiero decir no, perdona... mira, aquí están las toallas -le dije muy nerviosa.

Me puse colorada como un tomate, le di las toallas y salí como un cohete de ahí. Al llegar a mi cuarto, me apoyé en la puerta intentado recuperar la respiración y mis pulsaciones, que sin duda se habían puesto a más de 100.

Quique, seguía durmiendo. Me despojé de la bata y mis pezones estaban duros como piedras, al tocarme uno de ellos noté un escalofrío por todo mi cuerpo.

Al acariciar mi cintura, notaba en mi sexo los latidos de mi corazón, me palpé la rajadita y estaba muy húmeda. Me había puesto cachonda de ver a Marcos desnudo y la situación de haberse producido estando Quique tan cerca, creo que me excitó aún más.

Clavé un dedo en mi panocha y comencé a masturbarme de espaldas a Quique.

Mi respiración se aceleraba, no quería hacer demasiado ruido para no despertarlo. Me senté en el borde de la cama y continué tocándome las tetas y metiendo un dedo en mi mojado sexo, hasta que pronto me vino un orgasmo prolongado, lo que me hizo soltar algún gemido, aunque procuré apagarlos tapando mi boca con la bata.

Me había masturbado pensando en Marcos y mis pensamientos me incitaban pensando en hacer el amor con él, en sentirme atrapada entre sus potentes brazos, en engañar a mi novio y dejarme arrastrar por el placer.

Después de desayunar, salimos los tres a dar una vuelta y fuimos al mercado a comprar las cosas para la comida, pues Quique quería agasajar a su amigo con una buena paella, era su especialidad.

Al volver a casa, yo me puse un vestido estampado corto de verano sin mangas, Quique, también se acomodó con unos pantalones cortos y una camiseta y Marcos, me sorprendió de nuevo al bajar al comedor con tan solo su calzón, mostrándome su desnudo y atlético torso.

-¡Que sexy estás con ese vestido! -me piropeó.

-Gracias. -contesté agradecida, aunque mi pulso comenzó de nuevo a acelerarse.

Mientras Quique preparaba la paella, Marcos y yo poníamos la mesa. En un momento, cuando yo estaba estirada apoyada sobre la mesa colocando los platos, Marcos se pegó a mí por detrás, juntando su pelvis a mi culito, lo que hizo que todo mi cuerpo sintiera un escalofrío.

Así permaneció unos segundos y yo no hice nada durante ese tiempo, me estaba calentando por momentos y me gustaba sentir la dureza de su miembro en mi culo.

Como aquello no le pareció suficiente, sus manos agarraron mi cintura y subiéndolas lentamente acarició mis pechos por los costados de mi vestido.

Fue entonces cuando me separé de él.

-¿Estás loco, pendejo? -le dije con enfado.

-¿Acaso no te gusto? -preguntó con ironía y con cara de lujuria.

-Estás, pero si bien pendejo.

-Vamos preciosa, sé que te gusto y que estas cachonda.

Vaya descaro y vaya cinismo que tenía el desgraciado.

Lo cierto es que lo que decía era verdad, estaba muy encendida, casi fuera de mí y lo que más deseaba era ver su verga a tope y sentir sus manos sobre mi piel, meterme su aparato en la boca o sentirlo entre mis piernas.

Lo sabía el muy cabrón. Pero no podía ser, mi novio estaba en la cocina con la puerta abierta, no podía ser, era una locura.

-Marcos, no insistas por favor, ¿quieres que se lo diga a Quique? -le dije de nuevo a modo de amenaza con la intención de que abandonara su actitud.

-Vamos, no seas tonta, es lo que te apetece, niégalo sino...

No lo negué, pero tampoco dije nada. Me apoyé semisentada en la mesa esperando

su nueva reacción. Se colocó frente a mí y me preguntó:

-¿Quieres verme desnudo otra vez?

-No Marcos, por favor, Quique, puede verte...

- Mejor aún, me encanta el morbo de poder ser descubiertos.

-Pero Quique, es mi novio y es tu amigo...

-Y tú eres una preciosidad y te deseo, lo demás no importa, además noto como estás de caliente... ¿No te gustaría ver mi cuerpo otra vez?

Cómo sabía el muy cabrón, que yo estaba caliente, muy caliente. Marcos cumplió sus palabras y se bajó el calzón quedando nuevamente desnudo frente a mí.

Esta vez su camote se mostraba a pleno rendimiento, y que rendimiento, era un aparato más grande de lo normal. Su cabecita brillaba igual que mis ojos que no apartaban la vista de él.

Me quedé inmóvil, en la misma posición con mi culo apoyado en la mesa del comedor.

-Marcos por favor... -le supliqué, aunque en el fondo me maravillaba verle así.

Se acercó hasta mí, me agarró por la cintura, me separó las piernas y se apretujó contra mí, al principio yo me dejaba hacer, no sabía lo que me pasaba, no era dueña de mí, la locura había llegado al máximo. ¿o aún no?

Se metió entre mis piernas y gracias a la altura de la mesa su sexo quedó a la altura del mío, percibiendo su calor y la dureza de su verga desnuda sobre mi chochito a través de la tela de mi vestido y mis ya mojadas braguitas.

Lo separé de nuevo empujándolo por el pecho.

-Para ya por favor, Quique está ahí...

Por un momento miré a la cocina, aunque mi novio parecía estar muy ocupado con su paella, se le oía trastear con los utensilios. Marcos volvió al ataque pegándose a mí de nuevo y me acariciaba las tetas por encima del vestido y yo evidentemente me entregué a sus caricias, era algo contra lo que no podía luchar y era lo que más deseaba.

Comenzó a besarme primero en cortos y suaves besos sobre mis labios y que acabaron siendo apasionados, cuando nuestras lenguas se juntaron en nuestras ardientes bocas.

Yo estaba hasta la madre, sin importarme nada, es más, me excitaba mucho la idea de poder ser descubierta por mi novio, y claro, lo que era inevitable era que mi novio tuviera un amigo así, que una no es de piedra y eso Quique, debería saberlo.

Me fue quitando despacio los botones de mi vestido, hasta que mis tetas saltaron fuera de él pues no llevaba sujetador y Marcos, siguió con el chupeteo sobre mis chiches, pellizcando mis pezones con sus dientes, a mí me encantaba, estaba alucinando, un gusto tremendo me invadía.

Después me despojó por completo de mi vestido, dejándome sólo con las pantaletitas. Él parecía estar disfrutando igual que yo con la situación.

Se agachó frente a mí e intentó bajarme los calzones. Yo me resistí agarrándolos fuertemente y tirando de ellos hacia arriba.

-No, no, por favor, me vas a desnudar... -le dije en voz baja, sintiendo aquello como algo que no parecía tener remedio.

-Schsssssss -me hizo callar volviendo a bajarme los calzones lentamente por mis muslos observando detenidamente mi coño.

-¡Mmmmmm! Está bien recortadito como a mí me gusta. Me encanta ese hilillo de

pelos alrededor de esa preciosa panochita.

No se hizo esperar y metió su cara entre mis piernas devorando literalmente mi sexo, mis muslos, mi clítoris. El gusto fue en aumento y yo estaba como una loca caliente. Abría las piernas inconscientemente para que pudiera llegar mejor a todos los rincones de mi sexo.

Capítulo 3 Esta pasión es superior a mí

Me estaba dando un gusto fuera de lo normal, sus labios jugaban con mi panocha, recorriendo cada parte de ella y se centraba en mi clítoris, y sus manos pellizcaban mis pezones.

Se incorporó de nuevo y colocando su dura y potente verga frente a mi anhelante pucha y pasándola arriba y abajo por mi rajadita, intentaba ir metiéndomela, yo aún sentía cierta culpabilidad a pesar de estar muy caliente y lo agarraba por el tronco de su pene separándolo de mí.

-No, por favor, no hagas eso, Marcos.

Él insistía e intentaba por todos los medios introducirse en mi interior. Yo seguía resistiéndome y volví a agarrarlo de su precioso, grande y duro miembro y empujándolo por el pecho.

-No me la metas, por Dios, no, no -dije nerviosa, aunque lo que más deseaba era tenerla dentro de mí, partiéndome en dos.

Otra vez sus intentos para entrar en mí y otra vez mi resistencia aunque cada vez con menos intensidad.

-No, no, no, Marcos... por favor...

Me insertó de golpe casi la mitad de su poderoso miembro. Yo me moría de gusto.

-¡Ohhh, Dios, no, no, no....! ¡Ooohhh! ¡Si, si, si...! - gemía yo entrecortadamente.

Volvió hacia atrás sacando casi por entero su enorme camote, hasta introducírmelo por completo. Así permanecimos unos segundos. Sentí un gusto increíble cuando estaba completamente metida y eso que parecía que no me iba a entrar.

Marcos, me sonrió y comenzó a moverse adelante y atrás metiéndomela con fuerza, hasta que sus huevos chocaban contra mí culo.

Su enorme miembro se adaptó a mi mejor de lo que esperaba y él, además de estar buenísimo, cogía como nadie, era un experto.

Sabía mover las caderas como nadie, sabía buscar y proporcionar el máximo placer. Estábamos allí contra la mesa del comedor, sudando con nuestros desnudos cuerpos y mi novio a apenas 5 metros de nosotros. Le agarraba del pelo y le susurré al oído.

-Sii, siiiiii, siiiiiiii, que bien, que bien, que gusto...

No tardé en notar la proximidad del orgasmo cuando volvimos a besarnos y a mordernos los labios, fue entonces cuando el gusto invadió mi cuerpo, llegando desde mi clítoris hasta cada centímetro de mi piel, viviendo un orgasmo increíble, aunque no podía expresar mis gritos de gozo, ni mis jadeos, pero fue maravilloso.

Al rato, Marcos, tras sonreírme otra vez, cerró los ojos, aceleró el ritmo, chocando contra mí con mucha fuerza y de pronto paró en seco con toda su verga dentro de mi vagina, inundándome con su leche.

Podía notar como a cada espasmo de su pene, su semen bañaba mis entrañas. Tuvo que apretar su boca contra una de mis tetas y apaciguar el ruido con ella, pues también pareció tener un buen orgasmo.

Nos quedamos unidos un rato, sin saber muy bien lo que me había pasado. Por un

lado me sentí en la gloria, pero por otro no podía remediar un sentimiento de culpabilidad y sentirme como una puta.

-¿Ya han puesto la mesa? -nos preguntó Quique de pronto desde la cocina. Aquello me hizo volver a la realidad y precipitadamente contesté.

-Si cariño, ya casi está lista.

A toda prisa volví a ponerme el calzón y el vestido, pero en cambio, Marcos, se tomó su tiempo mientras me sonreía y me miraba detenidamente, no parecía importarle nada ni nadie. Al fin se puso el calzón.

Apenas dos minutos después salió Quique de la cocina con la paellera entre sus manos. ¡Casi nos sorprende cogiendo!

Yo apenas pude hablar nada durante la comida, me encontraba mal, me sentía angustiada, abochornada y sucia, en cambio Marcos como si nada, es más, mirándome fijamente a los ojos y a modo de broma le decía a Quique:

-Oye, está buenísima, hacía tiempo que no me comía algo tan rico...

Quique entendió que lo decía por la paella, pero yo sabía que no era eso exactamente a lo que se refería. Insistió con su ironía.

-Que rica está, mmmmmm, está muy sabrosa,

-¿Te gusta en serio?

-¿Que si me gusta? Si está deliciosa, como sabes cuidarme amigo.

Que sinvergüenza, yo me encontraba echa polvo y él como una rosa, acabábamos de hacer algo increíble tan cerca de Quique, en cambio Marcos, estaba restregándoselo a su amigo, aunque éste no se diera cuenta.

Sentí odio por él y por mi misma. Me sentí fatal.

Preparé el café y aún me temblaban las piernas, no sé exactamente si por el hecho de haber cogido o de haber sido infiel.

Mientras servía los cafés, Marcos me miraba con descaro las piernas y el escote y Quique, bien que se daba cuenta, pero no parecía prestar demasiada importancia a ese hecho, sobre todo porque debía conocer bien a su amigo ¿o quizás no?

Mis pensamientos me torturaban, pues a pesar de sentirme mal por lo que había hecho, deseaba tener un nuevo encuentro con Marcos y que me poseyera de nuevo.

Mis sentimientos de culpabilidad se debilitaban para convertirse en unos deseos irrefrenables de volver a hacer el amor con Marcos, había perdido la cordura.

Por la tarde fuimos al cine y yo me senté entre los dos, algo que en principio parecía una casualidad, aunque creo que el instinto me traicionaba, pues sabía que algo iba a pasar y ya lo creo que pasó.

Cuando comenzó la película, de la cual no recuerdo ni el título, Quique, me agarró de la mano y Marcos, con cierto disimulo acariciaba mi rodilla con la parte exterior de su mano, poco a poco siguió subiendo su mano hasta la mitad de mi muslo, justo donde comenzaba la tela de mi minifalda.

Otra vez noté un escalofrío, mi corazón palpitaba y mis pezones se endurecían. Estaba cometiendo de nuevo un error que podía ser fatal, pero eso era muy excitante y tenía un morbo increíble, era superior a mis fuerzas.

La mano de Marcos, llegó a tocar mi pecho derecho por encima de mi camiseta y se

recreaba con la dureza de mi pezón.

Yo miraba de reojo a Quique, pero estaba concentrado en la proyección. Marcos seguía muy atareado con mi pecho, pero no parecía tener bastante y su otra mano, esta vez sin tanto disimulo y aprovechando la oscuridad, se coló entre mis piernas que yo entreabrí para facilitarle la labor y continuó subiendo por la parte interior de mis muslos hasta llegar a mí tanga y acariciar mi empapada rajadita.

Al rozarme el sexo, di un pequeño respingo, que alertó a Quique, pero le dije que no me pasaba nada, que me sentía algo mareada.

Me levanté y me dirigí al baño con una calentura de campeonato.

-¿Te acompaño? -me preguntó mi novio.

-No cariño, no hace falta, enseguida vuelvo.

Al llegar a los servicios me miré al espejo, mis mejillas estaban coloradas, me lavé con abundante agua fría para apagar mi calor. Todo mi cuerpo ardía y no tenía agua suficiente para enfriarlo.

Mientras observaba mi cara en el espejo me repetía una y otra vez:

-"No está bien lo que haces, eres una caliente infiel"

Pero cuando Marcos me tocaba no podía remediar entregarme a sus caricias y a todo lo que me quisiera hacer... Una lágrima se deslizó por mi mejilla.

Cuando estaba secándome la cara con unas toallas de papel, alguien me abrazó por la cintura tras de mí y pegó su cuerpo al mío besándome en el cuello, cuando me volví bastante asustada, comprobé que era de nuevo Marcos.

-Pero ¿qué haces aquí? -le pregunté con cara de susto.

-Quiero estar cerca de ti, ya ves que no te dejo sola ni un momento.

Mientras decía esto me acariciaba los pechos por encima de la camiseta y me besaba en el cuello y me mordía el lóbulo de la oreja.

-No Marcos, por favor... puede entrar alguien.

Sin contestar me agarró de un brazo y me llevó hasta una de las puertas de los baños. Nos encerramos y allí volvió a abrazarme y a hacerme sentir la dureza de su miembro entre mis piernas.

-¿Y Quique? Se puede imaginar algo estando los dos fuera del cine -le dije.

-No te preocupes, le dije que iba por palomitas de maíz.

Siguió besando mi cuello, cosa que hizo que cerrara los ojos para sentirlo mejor, cuando quise darme cuenta me había despojado de la camiseta al igual que de la falda, en un visto y no visto me quitó los calzones, quedándome completamente desnuda.

En cuestión de segundos el hizo lo mismo y nos quedamos ambos totalmente desnudos en aquel reducido espacio. No sé cómo pudo hacer tan rápida aquella operación, pero batió todos los récords.

Colocó la tapa del water y se sentó, yo no pude resistir la tentación y ante la vista de su tiesa y preciosa verga, me arrodillé entre sus piernas y en un acto inconsciente, de un bocado me la metí casi entera en la boca como una posesa, empezando a succionarla.

Primero despacio y luego a mayor velocidad haciéndole una buena mamada a aquella enorme tranca, chupando y rozando con mi lengua toda su longitud, haciendo girar mi boca sobre ella y emitiendo ruidos como si estuviera comiendo un caramelo, parecía una niña saboreando una paleta.

-Siii, sigue, sigue, sigue así -jadeaba él.

Seguí con mi labor de chuparla, pero mi pucha pedía a gritos ser perforada y levantándome me coloqué sobre sus piernas orientando su dura, gruesa y potente macana, a la entrada de mi cueva.

Me senté lentamente sobre su erecto pito, sintiendo su calor a cada centímetro que se iba colando con alguna dificultad en mi interior.

Mi estrecha vagina se adaptaba con cierta dificultad al poderoso tamaño de su garrote. Sosteniéndome a las paredes de los costados subía y bajaba sobre su tiesa daga y no parábamos de gemir y jadear llenos de gusto.

No tardó en llegarnos un orgasmo increíble, primero él y yo unos segundos después.

Marcos sabía coger como nadie, nunca me habían dado tanto placer, sintiendo un gusto fuera de lo normal y el añadido de ponerle los cuernos a mi novio, tan cerca de nosotros, me había convertido en la puta de Marcos.

Cada minuto que pasaba lo deseaba más y más. Era un hombre guapísimo y que estaba más que bueno, algo a lo que cualquier mujer débil como yo no hubiera podido resistirse, sobre todo por su gran habilidad para dar placer a una mujer.

Él fue el primero en volver a la sala con las palomitas y a decirle a Quique, que me había visto, me había preguntado cómo estaba y que yo le había contestado que mejor, que estaba lavándome la cara.

Cuando volví yo al interior del cine, Quique, me preguntó preocupado:

-¿Estás mejor cariño?

-Si, ahora estoy mucho mejor -le contesté, si él supiera... pensaba para mí.

Al día siguiente aprovechamos para ir a la playa.

Yo me había puesto un bikini diminuto tipo tanga que tapaba lo justo y Quique se enojó bastante pues se le notaba celoso y Marcos, no se medía, ni se contenía, observándome con lujuria, cosa que a Quique parecía irritarlo aún más.

Yo además me insinuaba toda provocativa haciendo movimientos sensuales, cosa que agradaba a Marcos y molestaba a Quique.

Cuanto más enfurecido veía a Quique más me excitaba y más deseaba follar con Marcos. Por otro lado, yo quería que no volviera a ocurrir nada, pero mi deseo por Marcos iba creciendo más y más.

Era una sensación extraña, pero muy placentera.

Estuvimos bañándonos los tres durante un rato en el agua y de pronto, Quique, sintió frio y volvió a la arena, pero Marcos y yo continuamos en el mar, lo que aprovechamos para acariciarnos bajo el agua, tocar nuestros cuerpos, introducir nuestros dedos bajo la tela de nuestras ropas y darnos gusto mutuamente.

Yo estaba loca por Marcos y cada cosa que hacía me gustaba más sobre todo si era algo audaz y cachondo.

Quique, nos observaba desde la orilla con cierta inquietud, pero evidentemente no podía ver lo que sucedía entre su amigo y yo, bajo el agua.

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