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Conquistando a la Mujer del Mafioso.

Conquistando a la Mujer del Mafioso.

Autor: : D.J Jimenez
Género: Romance
La historia de Kloe fue trágica desde su niñez, pero todos sus traumas y sufrimientos no se comparaban con lo que viviría en su vida de casada con el mafioso Geoger Harper. Humillaciones y maltratos eran solo algunas de las cosas que ella sufriría en todos sus años de matrimonio, haciéndola pensar, que su vida nunca tendría otro significado que le diera una pizca de esperanza y ganas por vivir en este mundo lleno de maldad. Todo cambia cuando es interceptada por Tom Blondet, un agente encubierto del FBI, multimillonario, encargado de llevar el caso del señor Harper, pero todo era distinto, desde que el apuesto Tom vio la foto de la esposa de George, una rubia perfecta, con los ojos azules más hermosos que cualquier mortal había visto en la tierra, enamorándose perdidamente como nunca en su vida. Desde su primer encuentro, Kloe y Tom sabían que estaban destinados para otra cosa, no solo ser el policía y la víctima, él la amó desde el día uno, de ella se podría decir lo mismo, aunque su extrema decencia la obligaba a pensar en voz alta lo contrario. Las cosas no serían sencillas para nadie, la extrema belleza de ella la hacía apetecible para muchos y no sería la excepción de sus hijastros, uno enamorado y el otro, dejándose llevar por la lujuria, buscaría el momento de poseerla. Oliver arriesgó su vida por liberar a su madrastra, esperando que ella cambiara de parecer sobre una relación entre ellos, pero Kloe estaba clara de sus sentimientos, dejándole claro que un amorío entre madrastra e hijastro nunca podría ser. Tom, después de conquistar el corazón de Kloe y en vista del primer intento fallido por rescatarla de la mansión Harper, dedicó todo su tiempo ejecutando un plan perfecto para rescatarla.

Capítulo 1 Capitulo 1

Kloe se levantaba otra vez con dificultad de su cama, esto parecía normal en ella últimamente, poner un pie en el suelo con mucho cuidado para no sentir tanto dolor, a su lado estaba su esposo, un hombre cuarenta y cinco años mayor que ella y con el cual se tuvo que casar para poder sacar de la quiebra a su padre.

El señor Harper, un poderoso empresario y político, envuelto en infinidades de tramas de corrupción, que fueron sutilmente ocultadas y que hasta ahora, cuarenta años después de estar metido en tipo de negocios sigue siendo, ante los ojos de la sociedad, un tipo inteligente, humilde y un buen cristiano.

Kloe entró al baño para ver el daño de anoche, George siempre fue muy cuidadoso de nunca golpearla del cuello para arriba, tampoco lo hacía en sitios en donde ella no pudiera ocultarlo fácilmente y de ser necesario, Kloe debía inventar siempre una muy buena excusa que no levantara ninguna sospecha de lo que realmente le ocurría.

"Debo huir de aquí"

Ese era su pensamiento cada día, sobretodo después de que su "amado esposo" llegara ebrio en la madrugada y sin mediar palabra, sin importarle que ella simplemente estuviera dormida, la maniataba e inmovilizaba con todas sus fuerzas para prácticamente violarla, además de golpearla por todo el cuerpo sin ningún motivo aparente.

Kloe no podía gritar y si lo hacía, ¿Quién iría a ayudarla?

La respuesta era nadie, en la casa todos los trabajadores sabían lo que ocurría en la alcoba principal, pero sus contratos de confidencialidad los obligaba a ni siquiera mencionarlo en los pasillos sin correr el riesgo de que los despidieran, arruinándole las vidas de por medio.

- Quiero una tasa de café.- gritó George desde la cama, al ser domingo, su único día libre de la semana, podía darse el gusto de emborracharse toda la noche del sábado y poder pasar la resaca sin ningún problema.

- Ya se lo traigo.- respondió Kloe desde el baño, a pesar de ser su esposo, ella lo trataba de usted, como si fuera su abuelo.

- No debes tratarme de usted, recuerda que soy tu esposo o, ¿Ya lo olvidaste?- gruñó él al verla entrar nuevamente en la habitación, ella temblaba del miedo, pero no podía demostrarlo, esto, especialmente, lo hacía enojar con mucha facilidad.

- Respondí rápido, no me di cuenta, lo siento.- se disculpó ella, con la cabeza agachada para que él no se diera cuenta de lo aterrada que estaba.

- No te preocupes, ven acá.- la sujetó del brazo para acercarla a la fuerza y darle un beso, ella se quejó del dolor, había sido en ese brazo donde anoche, la había sujetado muy fuerte, estando a punto de partirlo.

- Me duele.- dijo Kloe, fue en un tono apenas perceptible, pero esto lo terminó de sacar de sus casilla, provocando que él tirará la bandeja donde ella había traído el café.

- ¿Sabes hacer alguna cosa aparte de quejarte? Eres débil, igual que tu padre, viejo infeliz que me hizo quedar ayer un par de horas extras trabajando, todo para solucionar sus cagadas.- explotó él levantándose de la cama para dirigirse al baño, era una imagen desagradable, estaba completamente desnudo y todo le colgaba.- será mejor que hayas limpiando todo esto para cuando salga.

Kloe no respondió, hacía varios años que ella había aprendido a no responder, en su lugar se quedó parada al frente de la cama, viendo hacia el piso, como descubrió que podía evitar algún golpe o reacción por parte de él.

Con él afuera e su campo visual, se abalanzó sobre la alfombra para recoger todo el desastre que había, ignorando las lagrimas que recorrían su perfecto rostro, como dos cataratas.

Ahora comprendía la actitud de George anoche, su padre lo había hecho enojar y él no tenía otra forma de sacar toda su ira que con ella, su estúpida y tonta esposa, la niña hermosa que fue entregada en sus brazos para salvar a su familia de vivir en la ruina.

¿A qué costo?

¿Vale la pena tener una vida miserable por culpa de tu familia?

¿Merece tu familia de tu sacrificio para vivir una vida digna?

Eran cinco años ya de este tormento, donde Kloe olvidó lo que era vivir, para dedicarse a estar al lado de un hombre que no solo la despreciaba y odiaba como mujer, si no que también se había encargado de destruir su autoestima y esencia como mujer, con cada día que pasaba.

- ¿Dónde estabas? Hace cinco minutos que te estoy esperando para desayunar.- George estaba sentado en la mesa, leyendo una revista de asuntos financieros y Kloe llegaba apresuradamente.

- Estaba limpiando.- intentó responder ella, pero él la interrumpió.

- No me interesa, debes ser cuidadosa, sabes que no me gusta esperar por nadie y menos por ti, además.- se calló él cuando una de sus muchas sirvientas le servía algunos tocinos y huevos revueltos.

A pesar de ser un verdadero hijo de puta, él siempre guardaba las apariencias frente a los demás, no importaba quien fuera y a pesar de que todo el mundo que trabajaba a su lado debía firmar un contrato de confidencialidad muy estricto, él no se fiaba y no se podía permitir que nadie supiera como trata a su segunda esposa.

- Debes estar lista en veinte minutos, iremos a almorzar con los Stone en su nuevo yate, sirve de algo y por lo menos arréglate bien.- esto último se lo susurró al oído, habían varios empleados alrededor de ellos, atentos por si se le ofrecía alguna cosa más al señor de la casa.

- Está bien.- respondió ella sin mirarlo, provocando un rugido de su parte por romper una de sus reglas, verlo a los ojos cuando le hablaban.

Si había algo peor que estar encerrada en esa enorme mansión, era tener que salir junto a él a una reunión de sus amigos, personas igual que su esposo, prepotentes y arrogantes, creyentes de que al ser multimillonarios tenían el derecho de tratar mal a todo el que se le atravesara al frente.

Kloe había decidido que si debía vivir esta vida llena de torturas e insultos, por lo menos se vería despampanante, se colocó un hermoso y muy costoso vestido rojo, ideal para la ocasión, acompañado de joyas excéntricas y un sombrero de diseñador de la última colección de verano.

Se avecinaba una jornada tormentosa para Kloe, reunirse con personas a las cuales ella no les agradaba, solo para escuchar comentarios hirientes sobre su familia y el como se entregó a un tipo como George solo para salvar a la empresa de su padre de la quiebra. Todo esto lo decían sin la presencia de George, aunque esto a él no le molestaría, en cambio, contribuiría con varios comentarios igual o mucho más picantes que los demás.

- Vuelves a tardar, ya veo porqué la empresa de tu familia quebró, seguramente todos son tan inútiles cómo tú.- le susurró George al oído de Kloe, hasta la presencia de un simple chófer lo intimidaba como para hacer notar su verdadera personalidad.

Ella trataba de despejar su mente cuando salía de la casa, solo lo podía hacer junto a George, pero al menos estaba tranquila de que él no podría atacarla o insultarla a los gritos mientras estuvieran rodeados de otras personas.

- George, amigo, bienvenido a bordo.- lo saludó Erick Stone, el anfitrión de la fiesta.- estás en tu bote, vamos a saludar a los Harrison.

La sola presencia de George armó un pequeño alboroto, todos los invitados que estaban a bordo del yate se acercaron uno a uno para saludar al nuevo integrante de la reunión.

- George, cuéntanos, ¿Cuándo tendrás un nuevo hijo con tu nueva esposa?- intervino Jade, la señora Stone.

- Estamos a punto de conseguirlo, pronto haremos una fiesta para anunciar al nuevo integrante de la familia Harper.- mintió George, él y Kloe no estaban interesados en tener un bebé, pero con sus arrebatos ebrios cualquier cosa podía pasar.

A pesar de que George estaba casado con la mujer más hermosa de toda la fiesta, parecía que la odiaba y Kloe no entendía el por qué.

- Iré a retocarme cariño, ya vuelvo.- dijo Kloe, apenas habían llegado y ella ya sentía que quería salir corriendo del lugar, aunque en este caso debía irse nadando.

Mientras Kloe estaba en el baño, a solas, notó como la puerta del baño de damas se abrió y para su sorpresa era un hombre, a su parecer el más guapo de la fiesta, pero esto no evitó su molestia al verlo entrar donde no debía.

- Es el baño de damas debes.- intentó reclamar Kloe, pero él se acercó y le pidió que hiciera silencio, ella estaba sorprendida, aunque no sentía miedo.

- No tengo mucho tiempo, soy agente del FBI, su esposo está metido en muchos negocios fraudulentos.- dijo él en un susurró.

- No se de qué está hablando, pero por favor retírese de este baño ya o gritaré a seguridad.- respondió ella nerviosa.

- Sé todo por lo que estás pasando y lo confirmé desde que llegó, no ha parado de sobarse el brazo, aquí está mi tarjeta, si quieres liberarte de todo eso puedes llamarme.- el hombre hablaba muy cerca de ella, nadie más podía escuchar, haciendo que su piel se pusiera como la de una gallina.

Kloe salió del baño dejando al apuesto caballero adentro, ella estaba confundida, ¿Cómo él puede saber algo de lo que a ella le ocurre en su alcoba?

- Tardaste mucho en el baño, ¿Con quien estabas?- la sorprendió George al salir del baño.

- ¿Ahora también vigilaras cuánto tiempo tardo en el baño?- respondió Kloe, que aunque estaba nerviosa por hablarle así, sabía que en esta situación él no podría hacer nada.

El resto de la velada Kloe se la pasó pensando solo en lo que había ocurrido en el baño, ella sabía de los malos pasos que su esposo llevaba, él mismo más de una vez estando ebrio se los había confesado, pero el solo hecho de pensar en traicionarlo hacía que su piel se le volviera a erizara.

Capítulo 2 Capitulo 2

Suficiente tormento había sido pasar toda la tarde con personas a las que no les agradas ni un poco solo por complacer a tu querido esposo, mientras él apenas y nota tu molestia y sin importarle nada de eso en lo absoluto.

Volver al encierro en la mansión era mejor que estar obligada a escuchar extensas conversaciones de negocios y chistes hirientes sobre ti y tu familia, alentados por el hombre que se supone debe estar para cuidarte y protegerte siempre.

Bien guardada quedó la tarjeta con el número de aquel agente del FBI, apuesto y atlético agente, ese era el tipo de hombre con el que siempre nuestra quería Kloe había soñado con casarse algún día. Aunque después de esta experiencia nupcial con el desgraciado de George, ella simplemente soñaba con un hombre que la quisiera, la respetara, la tratará como era debido y sobre todo que no la maltratara a su antojo.

Pero su vida no sería fácil y con una enfermedad difícil de tratar desde su niñez hizo que su padre se aprovechara de eso y le exigiera que se casara con el señor Harper para salvar su empresa, así como él se esforzó en su momento para curarla de aquella dolorosa enfermedad.

¿A caso ese no era su deber cómo padre?

¿Cuánto más debe sufrir Kloe por haber sobrevivido?

- Despierta.- gritó George al entrar en la habitación, había pasado una semana desde su fiesta en el yate y afortunadamente él había estado tan ocupado, que apenas y le había hablado a su esposa.- necesito tener un hijo con mi nueva esposa.

Kloe despertó aterrorizada, George había llegado ebrio nuevamente y esto solo la hacia suponer lo peor.

- Cielo, ¿Qué ocurre?- respondió Kloe muy nerviosa, rogando que no fuera cierto lo que él acababa de decir sobre tener un bebé, si había algo que ella odiaba mucho era tener que acostarse con él.

- Desvístete, no seguiré siendo el hazme reír por no tener un hijo con mi esposa.- George se bajó los pantalones y se acercó hasta Kloe para que esta le hiciera sexo oral y lograra que tuviera una erección.

Ella pensó en oponerse a esto y rechazarlo, pero esto supondría lo peor de él y lo haría enfadarse muchísimo, golpeándola descontroladamente hasta cansarse.

- Oh si, sigue, al menos sabes hacer algo bien.- gemía él de placer, mientras Kloe esperaba que acabara lo más rápido posible.- ahora acomódate, te penetraré, cómo mi perra que eres.

Kloe se puso en posición para que la penetraran y sin más acción George entró en su intimidad, sin ni siquiera prepararla para tal ocasión, haciéndola sentir mucho dolor, dado que ella no sentía ningún tipo de deseo por él y esto no la dejaba lubricar bien su parte más sensible.

Afortunadamente todo acabó muy rápido, George sin más fuerza se tiró a su lado en la cama, mientras que Kloe se fue al baño y se dejó caer en el piso para llorar por horas, sintiéndose sucia tanto por fuera como por dentro.

...

Pasaron tres meses desde aquel encuentro sexual entre dos esposos sin amor y, para su mala suerte, Kloe salió embarazada ese día, así que ahora estaba mucho más amarrada a ese señor que la odiaba y que ella también odiaba tanto.

Como era de esperarse, George al enterarse de la buena nueva, mandó a organizar una enorme celebración para anunciar por todo lo alto que sería padre nuevamente, con su nueva esposa.

- Cariño, te traje un regalo, mi asistente lo escogió para ti, dice que es uno de los más exclusivos del mercado.- dijo al entrar al baño sin importarle lo que Kloe estuviera haciendo, para entregarle una enorme caja donde estaba un hermoso vestido, acompañado de zapatos y joyería nueva.- pruébate todo esto para el gran evento de hoy.

- Está todo muy lindo, gracias.- fingió ella algo de felicidad, aunque desde que se habían enterado del embarazo él no volvió a golpearla, ella sabía que nada en él había cambiado y que cuando el bebé naciera todo volvería a ser como antes.

- Bien, te dejo, debo ir a resolver algunos asuntos y así poder celebrar mas tarde, los invitados llegarán a las ocho.

Todo estaba hermoso, pero esto a Kloe no le importaba, ella quería vivir una vida normal y llena de amor verdadero, pero le tocó vivir esto y ahora estaba amarrada hasta que su esposo muriera, o eso esperaba ella, que su esposo cuarenta y cinco años mayor muriera primero.

Aunque con sus arranques de ira, impulsadas por el alcohol que bebía constantemente, ella temía que algún día no parara de golpearla hasta verla muerta.

La hora de empezar a recibir a los invitados había llegado y Kloe, con su ropa nueva, bajó hasta el salón principal de la mansión para empezar una noche complicada para ella. Antes de la llegada de su esposo, Kloe recibió a muchos invitados, que le daban elogios falsos por su embarazo, la mayoría de los invitados estaban solo por cumplir con su esposo, no por ella, al cual también le temían por su posición social.

- Señores, quisiera su atención por favor.- hizo sonar una copa George, para llamar la atención de todos los presentes.- como ya la mayoría saben, están aquí para festejar que seré padre nuevamente, mi cuarto hijo está en camino con esta hermosa mujer a la que me enorgullece decir que es mi esposa, gracias por asistir y salud, por mi nuevo hijo.

- Salud.- gritaron todos al unísono y Kloe solo podía mostrar una falsa sonrisa en su rostro al saber de primera mano el engaño de esta celebración.

- Señor Harper, muchas felicidades y gracias por invitarme a esta celebración a pesar de conocerlo por poco tiempo.- se acercó el agente del FBI que habló con Kloe en el baño de damas del yate de los Stone.

- Tom, gracias por venir, cariño, él es Tom Spencer, un nuevo socio.- Tom le estiró la mano a Kloe mientras a ella le temblaban un poco las piernas.

- Un placer, Kloe Harper.- saludó ella, asombrada de volverlo a ver y está vez en su casa.

- Felicidades por tu embarazo.- dijo Tom, sonriendo.

- Gracias, los dejaré solos para que hablen, iré a saludar a mis padres.

Kloe se alejó de ellos, sabía que a él no le interesaban los negocios, si no encerrar a George y ella no tenía intención de involucrarse en algo como eso, a pesar de desear alejarse de su esposo, ella no quería correr ningún riesgo ahora que estaba embarazada.

- Papá, mamá, necesito hablar con ustedes.- dijo Kloe al llegar hasta donde estaban sus padres.

- Cariño estás radiante.- expresó su madre al verla acercarse, esta actuaba como si todo estuviera normal en su vida.

- No es momento para falsos halagos madre, papá necesito que culmines tus negocios con George para yo poder alejarme de él.- en los ojos de Kloe se podía notar toda la tristeza que estaba sintiendo por dentro.

- Hija, creo que eso tendrá que esperar, George es ahora el socio mayoritario en mi empresa y sin él me iría a la quiebra, ¿Acaso no te importa tu familia?- Kloe dio un paso atrás al escuchar estás palabras de su padre.

- ¿No me importa mi familia? ¿Cómo puedes ser capaz de preguntar algo cómo esto?- en la cabeza de Kloe no cabía el por qué sus padres eran tan insensibles con ella.- ustedes no tienen ni idea de todo lo que he tenido que soportar para que no se queden sin dinero, ahora ya no solo soy yo, si no también mi hijo y no puedo permitir que él viva en el mismo infierno que yo.

- Entiendo tu punto cariño, pero déjame recordarte todo el tiempo y dinero que gasté cuando enfermaste, ahora deja de hacerte la víctima y cumple con tu deber y con tu familia.- sentenció la madre de Kloe, sin duda alguna ella estaba sola y si quería salir de las garras de su esposo, tendría que ser por su propia cuenta.- iremos a saludar a los Stuart, desde que volvimos a estar en la elite no hemos conversado con ellos.

Kloe se quedó parada en el sitio donde estaba hablando con sus padres, ella trataba de comprender el nivel de maldad que existía en su propia familia y esto la hacia comprender el infierno en el que había caído. Sus padres siempre le exigieron de más, ellos se excusaban con la enfermedad que ella sufrió cuando era una niña y con ese chantaje emocional la hicieron cometer una serie de actos en contra de su voluntad.

Mientras Kloe secaba sus lágrimas en una de las terrazas de la casa, la ventana se abrió y el apuesto falso nuevo inversor de su esposo se apareció a su lado.

- Están celebrando tu embarazo y tú te escondes aquí.- dijo Tom mientras se acercaba a Kloe.

- Que susto, no deberías estar aquí, vete.- el corazón de Kloe comenzaba a latir con fuerza, por más que no fuera su culpa, si alguien los veía en este lugar solos, ella no sabía lo que podría pasar.

- Kloe, por favor, necesito de tu ayuda para encerrar a tu esposo, él es una mala persona y tu no mereces todo el daño que te ha causado.- le pidió Tom, viéndola con una mirada de impotencia, al ver los ojos de Kloe, él solo podía sentir eso.

- No sé lo que te han dicho, pero esos son nuestros asuntos y tu no puedes interferir en ellos, así que si no te vas ahora, le diré a mi esposo que un agente del FBI quiere hacer negocios con él.- Kloe terminó de decir estás palabras y escuchó la voz de su esposo pronunciando su nombre del otro lado de la puerta de cristal.

Este era el fin, si George la encontraba hablando a solas con Tom, pensaría lo peor de ella y enloquecería de ira al finalizar la fiesta que había abajo, sin importarle su embarazo ni nada.

Capítulo 3 Capitulo 3

Con el corazón en la boca, sintiendo la fuerza con la que le latía, Kloe salió de la terraza, debía distraer a su esposo, nadie podía ver a Tom ahí.

- Kloe, ¿Dónde estás metida?- volvió a gritar George, subiendo el tono, enfureciéndose.

- Estoy aquí, solo estaba tomando un poco de aire.- respondía Kloe, acercándose hasta su esposo para que este no entrara a la terraza y la encontrara con Tom.

- ¿Con quién estás ahí?- la increpó George, por alguna razón él siempre pensaba que ella estaba haciendo las cosas mal.

- Con nadie, solo estaba tomando ai...- intentó explicar ella, pero George apenas y la escuchó, salió a la terraza a verificarlo por sí mismo.

Kloe no sabía si salir corriendo de ese lugar, aprovechar que todos estaban en la fiesta y escapar, lejos, muy lejos, donde nadie pudiera encontrarla, estar si un hogar y sin dinero sería mejor comparado con lo que ocurriría después que encontrara a Tom en la terraza.

- No entiendo.- decía George desde afuera, Kloe no se podía mover, estaba paralizada, ¿Qué le haría George ahora?- no entiendo para que te quieres esconder siempre que estás conmigo, ¿Acaso te avergüenzas de mí?

- Por supuesto que no.- respondió Kloe, bajando la mirada, no entendía nada, ¿Dónde estaba Tom?- por el embarazo a veces me siento.

- No me importa, eres mi esposa, debes estar a mi lado, mi hija llegó y quiere conocerte.- la interrumpió George, encendiendo sus mejillas, pero con las manos atadas, no podía hacer nada o todos se enterarían- ¿Cuántas veces debo repetirte que me debes mirar a los ojos cuando te hable?

- Disculpa, es solo que.- Kloe no tuvo más remedio que levantar la mirada, no podía seguir haciendo molestar a su esposo.

- Baja ya, no hagas esperar a mi hija, pero antes retócate el maquillaje, no sé porque siempre tienes que estar llorando como una estúpida, débil y estúpida.- escupió George, dándose media vuelta, para bajar al salón principal, donde su hija lo esperaba.

Sin entender cómo Tom había escapado, Kloe fue al baño a retocarse el maquillaje, debía verse perfecta siempre, esa era otra exigencia de su esposo y está vez más, dado que conocería a su hijastra, quien tenía su misma edad, veinticinco años para ambas.

Al llegar al salón, donde todos degustaban el caviar y el whisky, Kloe vio a la hija de George, la reconoció por las fotos, en los cinco años que llevaba viviendo en la mansión Harper, ninguno de los hijos de su esposo habían venido a visitarlo, se habían visto en otras ciudades, cuando él viajaba, pero nunca aquí.

- Bebé, te presento a mi esposa.- dijo George, con una gran sonrisa, para todo el mundo se trataba de un buen hombre siempre.

- Ya era hora, ¿Cuánto más debía esperar?- respondió Dasha, quien parecía tener el mismo carácter aberrante de su padre.

- Tranquila cariño, estamos en una fiesta.- la regañó levemente su padre, indicándole con los ojos que al frente de todos no podía mostrar esta actitud.

- Perdón, por mi embarazo necesitaba algo de aire, es un gusto conocerte.- dijo Kloe, quien deseaba que ella fuera una buena persona y la ayudara con su esposo, por lo menos que lo convenciera de que no la golpeara, pero no era así, esta nueva integrante de su familia era igual o peor que su esposo.

- Si, si, lo que sea, padre necesito preguntarte algo, en privado.- escupió Dasha, viendo a Kloe, diciéndole sin palabras que los dejara solos.

- Está bien, los dejo solos.- dijo nada más Kloe, alejándose de los verdaderos Harper, sintiéndose miserable nuevamente.

Kloe debía soportar todo esto, ni siquiera con sus padres podía hablar, ellos tampoco la entendían ni la comprendían, en realidad ni siquiera se podía decir que la querían ni un poco.

La única persona en el mundo que se podía decir la quería de verdad, era su tía Lola, quien se tuvo que mudar al caribe estadounidense, Miami, por una enfermedad respiratoria de su esposo y le recomendaron estar en ese tipo de ambiente.

Por ese motivo Kloe tenía cinco años sin verla, desde el día de su boda, donde Lola le había prometido que la sacaría de todo esto, de esta enorme injusticia que cometían sus padres con ella, pero lamentablemente no lo había podido cumplir, seguía atrapada en esta mansión, tan fría y falta de amor, sin contar los maltratos a los que debía enfrentarse todos los días.

Bien entrada la madrugada, al fin se habían retirado todos los invitados, Kloe pudo subir a su habitación, para quitarse al fin los tacones que su esposo le obligó a usar, sin importarle el sobrepeso que ya era algo evidente por el bebé que llevaba dentro.

- Que estupenda celebración, bueno, un hijo mío no merece menos.- decía George, mientras entraba a la habitación y se tiraba en la cama, agotado.- Que bueno que Dasha pudo venir, ella es mi bebé, mi mayor tesoro.- proseguía George, mientras Kloe solo asentía, quitándose el maquillaje.

- Ujum.- se limitaba a responder.

- Maldita sea mujer, ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Si yo te hablo tú dejas todo lo que haces y pones tu atención en mí.- gritó George, encendiendo los nervios de Kloe, quien siempre esperaba la peor reacción de su esposo.

- Perdón, solo estoy algo cansada.- respondió Kloe, temblando, sabía que a George no le importaba que su hija estuviera en la mansión para hacer cualquier cosa terrible.

- ¿De qué diablos estas cansada? No haces nada, solo estás en la casa, tienes cocinera, sirvienta, no mueves un dedo por nada ni nadie y te atreves a ignorarme con la excusa de "estoy cansada"- seguía furioso George, quien se irritaba con cualquier acción de su esposa, para él nada era suficiente.

- Lo siento, yo.- intentó seguir explicando Kloe, pero George ya estaba harto de seguir escuchándola.

- Ya basta, me dormiré, te salvas de que estás embarazada, si no...- la amenazó George, dejándole bien claro que cuando naciera el bebé todo volvería a ser como antes.

Esto fue suficiente para que Kloe tomara una decisión, muy complicada y delicada, pero no tenía otra opción, Tom le había puesto la opción de acabar con George y quitarle de encima el infierno en el que estaba viviendo, esta era su única oportunidad de poder lograrlo.

- Baja a desayunar, Dasha nos espera y mi hija no espera por nadie.- le ordenó George a su esposa, quien empezaba a odiar a su hijastra sin conocerla prácticamente.

- Buenos días.- dijo Kloe al llegar a la mesa, era un día espectacular, soleado y con un clima realmente hermoso, ideal para un desayuno a la orilla de la piscina, algo para disfrutar en familia, pero este no sería el caso de Kloe definitivamente.

Kloe tomó asiento sin obtener respuesta, padre e hija conversaban en silencio, ignorando a quien acababa de llegar, parecía que se trataba de cualquier persona, la menos importante, en cambio era la que se suponía debía ser la mujer de la casa.

- Por dios, les pedí claramente que el jugo fuera sin hielo, Kloe, ve a la cocina y tráeme un vaso con jugo de naranja sin hielo.- le ordenó Dasha a su madrastra, sin ni siquiera decir por favor, simplemente así y ya.

- Le pediré a Marta que lo haga.- respondió Kloe, sintiendo como ardía su interior y viendo a todos lados, buscando a la empleada de la casa para que hiciera el cambio del jugo.

Para Kloe no sería problema buscarlo, pero la forma en que se lo habían pedido no era la correcta y ella no se dejaría tratar así también por la hija de su esposo, quien no era una niña, era una mujer hecha y derecha.

- No quiero que lo haga Marta, quiero que lo hagas tú.- replicó Dasha, viendo con odio a la esposa de su padre.- ¿Qué esperas?

- Kloe, no entiendo ¿Por qué sigues aquí si te han ordenado algo?- intervino George, sin levantar la mirada, él seguía ojeando algunos documentos.

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