Cinco años atrás...
Berlín-Alemania.
Alessandra De Santis creía haberlo conseguido todo. Le había costado salir de las faldas de su familia, pero con la ayuda de su mejor amigo, Fabrizio, consiguió irse lejos del radar de la mafia. Ella lo consideraba un hermano y se comportaba mucho mejor que Alessandro, su hermano mayor.
Eran más las discusiones entre hermanos porque ella no se doblegaba ante las leyes que había en su familia, que a las muestras de afecto que se daban. Alessandro no era mal hermano, de hecho, era muy protector con su hermana, solo que él nunca supo cómo demostrar afecto.
Los hombres en la mafia tenían una misión en la vida... Matar y ser fríos.
Las mujeres para ellos era eso, objetos para satisfacer sus necesidades y ella jamás lo aceptaría.
Una muñeca en un mar de sangre.
-¿Sabías que te ves hermosa cuando estás metida en tus pensamientos? -le decía Thomas.
Ellos se habían escapado a Alemania para poder vivir juntos. Tenían dos años en Berlín y, aunque ella tenía excelentes conocimientos empresariales, porque sí, Fabrizio se opuso para que la dejaran ser una mujer normal, en Berlín trabajaba en un café.
A veces agradecía que Fabrizio fuera el capo y su padre no pudiera pasar sobre sus decisiones.
-No sabes lo afortunada que me siento de estar contigo todos los días -él, con una sonrisa, besó sus labios.
Thomas la amaba profundamente. Se conocieron en la universidad y fueron amigos por mucho tiempo. Él no sabía que era la hermana menor de la mano derecha de un criminal, pero no le importó y se enfrentó con ese hombre muchas veces.
-¿No vas a llamar a Alessandro hoy? Es su cumpleaños y sé qué eres su persona favorita, Ale...
Odiaba que la llamaran así...
-No quiero que se entere en donde estoy, Thomas. Hemos vivido muy bien aquí y una llamada mía a Italia, acabaría en desastre -se alejó del balcón de la habitación.
De solo pensar que Alessandro pudiera buscarla, se le hacía un nudo en la garganta. Ella tenía más miedo de él que de su propio padre.
Por alguna razón, Andrea De Santis estaba demasiado tranquilo.
-Él entendió lo que Fabrizio le explicó, Ale. Tu hermano...
-¡Mi hermano no entiende nada, Thomas! Nosotros estamos viviendo tranquilos solo por la orden que dió Fabrizio. ¿Pero crees que estamos a salvo de Alessandro? Tiene sed de sangre al igual que...
-¡Al igual que Fabrizio y toda la gente que te rodea, Alessandra! No estamos seguros de ninguna manera, pero en todos los años que hemos estado juntos, tu hermano respetó tu decisión. ¡Me enfrenté al Sottocapo de la Cosa Nostra, Alessandra! ¡¿Crees que no me hubiese asesinado el día uno que toqué tu mano si él quería?!
-Thomas, él es...
-Tienes diferencias con él, pero no es tan malo como lo haces ver...
-¡Asesina a personas desde que tiene 14 años, Thomas! No me digas que no es...
-¡Y nunca te ha hecho daño a ti, Ale! Tú mejor que nadie sabe que tu hermano estuvo fuera de tu casa por mucho tiempo y no sabe nada de lo que sucedía en tu familia -suspiró y se acercó a abrazarla-. No discutamos otra vez esto... Siempre es igual. Solo no quiero que estés triste cuando recuerdas a tu hermano...
Ella recibió su abrazo y lloró. Odiaba todo lo que tenía que ver con la mafia, pero más odiaba que su hermano la dejara sola en ese mundo mientras se fue a estudiar a Gales. Ellos eran muy unidos, pero al llegar a cierta edad, deben iniciarse en la organización.
Alessandro no era malo, pero había cambiado mucho al regresar a Italia. Era un hombre frío y aunque le tenía miedo, igualmente lo enfrentaba. No confiaba en él porque la había dejado atrás y eso jamás se lo iba a perdonar.
***
Era la noche más lluviosa y fría que podía haber en Berlín ese 4 de noviembre. Los noticieros no hablaron sobre una tormenta o algo parecido. Thomas y Alessandra habían tenido una cena romántica que terminó en un acalorado encuentro amoroso.
Como todos los sábados en la noche, estaban los dos sentados en su acogedora sala de estar, viendo la televisión, pero su momento fue interrumpido, de manera abrupta por el hombre que ella menos esperaba encontrar.
-Papá... -susurró, al abrir la puerta.
-¡Hasta que por fin doy con tu paradero! No sabes cuánto me costó esperar a que el inútil de tu hermano se fuera de Italia -entró al departamento y vió a Thomas con asco.
Alessandra había olvidado el miedo que daban los guardaespaldas de su padre... Y él.
-¿Qué haces aquí? Fabrizio...
-Soy el jefe de la familia De Santis, hija. No iba a dejarte la libertad que Alessandro le pidió a Fabrizio para ti. Tu deber es estar en casa con tu madre y esperando a que algún Capo pida tu mano -señala a su novio-. No estar con eso.
Alessandra tragó grueso y se puso frente a Thomas, para intentar protegerlo.
-Él no ha hecho nada, papá. Nosotros estamos viviendo bien y no me estoy metiendo en problemas. No he usado el dinero de la organización y...
-¿Estás defendiendo a ese hombre, Alessandra? -la ira se fue apoderando del hombre-. ¡Responde, maldición!
-Tenemos el permiso de Fabrizio y Alessandro...
Y antes de poder continuar, el rostro de la castaña fue abofeteado por su padre, haciendo un estruendo en el silencioso departamento.
-Ale... -antes de poder acercarse, fue tomado por los hombres de Andrea por su brazo.
-¡No, papá! -ella también fue tomada por los otros hombres y alejada de Thomas.
-Este hombre es un desgraciado que te quitó tu pureza. Ahora nadie va a quererte y deshonraste a la familia. ¿Dame una razón para no matarlos, Alessandra?
-Lo amo, papá... Tenemos el permiso del Capo para estar juntos... Por favor... -le suplicaba su hija, entre lágrimas.
-¿Y él te aceptó sabiendo quién eras? Qué ilusa eres, niña -el hombre no podía creerlo.
Era abominable que su hija no estuviera con un capo o un hombre sin poder... Tanta belleza y estudio desperdiciado.
-Yo amo a Alessandra, señor... -dijo el alemán con temor, pero enfrentaría cualquier destino con tal de que ella siguiera con vida.
-¡Cállate, inútil! -sacó el arma de su funda y golpeó el rostro del joven.
Alessandra perdió el aire al verlo sangrar.
-¡Papá, déjalo, por favor! Thomas no está en este mundo...
Se giró a verla y sintió como todo su cuerpo se tensó. Ese no era su padre. Estaba viendo al ex mano derecha del padre de Fabrizio.
Ella sintió como su corazón y su pecho empezaron a arder.
-¡Desgració el honor de la famiglia De Santis, Alessandra! Y eso no tiene perdón. Seré señalado por todo el mundo por tener una hija que se dejó engatusar por un hombre sin poder -miró a Thomas-. Dame una razón para no asesinarte por manchar a mi famiglia.
-Yo la amo, señor. Jamás lastimaría a Ale y como se lo dije a su hermano, no tendré poder, pero prometo darle todo...
-No puedes, mi hija corre peligro estando contigo -acarició su sien-. Mi hijo es un inútil que se deja manipular por Alessandra.
-Papá...
-Ruega por tu vida y aléjate de Alessandra -apuntó el rostro de Thomas.
Lamentablemente, él no tenía a más nadie. Su abuela murió cuando él estaba estudiando y se encontraba solo en el mundo. Vivir sin Alessandra no podía, ella era su todo y en verdad creyó que podían ser felices.
-No voy a rogar por mi vida y mucho menos voy a alejarme de Alessandra -el joven fue arrodillado-. Le pido disculpas por no ser un hombre con poder y dinero. Lamento haber manchado el honor de su familia, pero amo a su hija profundamente. Le prometí a Fabri...
Y fue callado con otro golpe. Alessandra no paraba de llorar y suplicar que lo dejara ir. Ella ya había prometido regresar a casa y alejarse de él.
-No digas Fabrizio... ¡Maldición, Alessandra, nunca piensas las cosas! -la apuntó-. Uno de los dos debe morir y llevarse la culpa de haber manchado a mi famiglia. Y el que quede con vida, jamás deberá decirle ni a mi hijo ni al capo lo que sucedió verdaderamente hoy.
-Deje a Ale con vida, por favor... Ella...
-Bien. Él muere por ti. Todo un caballero. Ahora despídete de él, Alessandra. Debemos regresar a Italia -le ordenó.
Las piernas de la pobre chica se hicieron gelatina, los hombres de su padre la dejaron libre y fue hacia Thomas.
-Por favor, amor...
-Te amo, Ale. No pelees y deja de culpar a tu hermano de cosas que no sabe. Él es un buen hombre que solo piensa en ti. No me extrañes mucho y se feliz. Ten hijos y enamórate de alguien más. No estaré enojado y te cuidaré desde donde esté -besó sus labios.
-Te amo, Thomas... -fue arrancada de su lado y arrastrada fuera del departamento.
Todo el edificio había sido tomado por su padre. Seis disparos se escucharon desde el interior de lo que un día fue su casa.
-¡No, Thomas! -gritó, lastimando su garganta. Intentó regresar, pero no se lo permitieron.
Su padre salió de su casa con los zapatos llenos de sangre y una sonrisa llena de satisfacción.
-Nada te ata a este mundo. Es hora de volver a casa y tomar tu lugar. He vengado el honor de mi famiglia -le dijo, al pasar por su lado.
Ella quedó helada y sintió como algo corría por sus piernas.
Su padre había destrozado su vida en cuestión de minutos. Lo que había empezado con una cena romántica, terminó en una desgracia.
No dijo nada y esperó morir junto a Thomas y su hijo.
Alessandra De Santis odiaba a su padre más, que a la propia organización que le había arrebatado el amor de su hermano.
En la actualidad...
Sicilia-Italia.
Le había tomado cinco años, con tres meses, catorce días, diecisiete horas y cincuenta y cinco segundos, adaptarse a no tener a Thomas en su vida. Para Alessandra De Santis, la vida le había golpeado durísimo y sin tregua. Muchas noches se preguntó si ella había hecho algo mal, si había hecho enfadar a los dioses y no sé, tal vez, en su vida pasada, se metió con alguien muy malo y ella debía pagar ahora.
Ella había perdido al primer hombre de su vida, el que más amó y le enseñó el arte de amar y ser amado. Alessandra venía de un mundo en donde el cariño es una muestra innecesaria, pero el asesinar te hacía grande.
Lamentablemente, ella se enteró de que sería madre un día antes de la muerte de Thomas, solo que no hubo tiempo para poder decirle. Tampoco quiso hacerlo en el momento de su ejecución porque sabía que él moriría y se llevaría esa pena para la eternidad.
Ella no era la persona más creyente de todas, pero no quería que su gran amor, quedara penando en este mundo cruel.
-Señorita De Santis, debe terminar de ver los perfiles de las jóvenes que su padre traerá a Italia -le informaba su secretaria.
-¿Acaso sabe que quiero destruir su plan? -le preguntó, recostándose en su silla.
-No, solo lo sabe usted, pero el capo está sospechando de sus constantes viajes hacia Alemania.
-Bueno, soy la encargada de todo lo asqueroso que ellos hacen. Ni modo que trabaje desde aquí -dijo con amargura.
La puerta de su oficina es abierta y la silueta de su amigo hizo acto de presencia.
-Te encontré de buen humor, piccola -se burló Fabrizio, sentándose en la silla-. Vete, no tienes nada que hacer aquí ahora.
La secretaria salió lo más rápido que sus pies le permitieron y la sonrisa de Alessandra llamó su atención.
-Deja de asustar a mis empleados, piccolo. El presupuesto no me da para contratar semanalmente a tanta gente -se quejó la castaña-. ¿A qué se debe tu visita por aquí?
-¿Llamaste a Alessandro? Al parecer está nervioso por el compromiso. No entiendo para qué se va a casar si ella no me genera ningún interés en la organización.
-Andrea De Santis -respondió, de solo mencionar ese nombre, todo su interior le producía asco.
Fabrizio la detalló y notó como los ojos llenos de vida que su pequeña amiga tuvo, habían desaparecido después de regresar de Alemania hace cinco años. Dijo que su novio y su hijo habían sido asesinados por su padre, pero lamentablemente, en la organización, cada jefe de familia se encargaba de sus asuntos y el único que podía vengar a su hermana, era Alessandro.
-¿Algún día le dirás? Es tu hermano y merece saber lo que te hizo tu padre. Soy el capo de la organización, pero no puedo intervenir en todos los problemas familiares. Empezaría una guerra y...
-Alessandro admira a mi padre. Es su héroe y no voy a quitarle nada. Que su futura prometida le quite todas las ilusiones con respecto a él. Por mi parte, seguiré atacando a esa inútil para que uno de ellos haga algo.
-¿Qué te asesinen? -la chica asiente, logrando que Fabrizio se ría-. Sobre mi cadáver te ponen un dedo encima. Y confía más en tu hermano. Eres su luz, piccola. Solo estás ciega de odio.
-Mataron a mi famiglia, piccolo. Perdona no poder tener una felicidad rebosante.
Y era cierto, se había amargado desde que regresó a su infierno. Alessandro la protegía al igual que Fabrizio, pero a ella no le importaba.
Solo quería irse de la organización.
Nadie se atrevió a decir, absolutamente nada, sobre su partida y Andrea, su padre, vivía con el miedo constante, de que su hijo o el capo, se enteraran de lo que le había hecho a su protegida.
-Alessandro jamás lo perdonaría por haberte herido, pero es tu decisión -suspiró pesadamente-. ¿Qué hay en Alemania? Vas muy seguido allá y quiero saber que escondes.
-Tengo dos amigas que son médicos. Estoy trabajando con ellas, pero no sé cómo tocar el tema de la mafia. Ya sabes, siempre se van -lo miró resignada-. Llamaré a Alessandro en un rato. Tal vez logremos ir a comer con él.
Ambos siguieron hablando sobre cosas triviales, para mejorar sus ánimos. Fabrizio había perdido a su hermana menor y los hermanos De Santis, se habían convertido en su refugio.
Los tres se cuidaban mucho, solo que la terca de Alessandra, no lograba verlo de esa manera.
***
Habían tomado la decisión de verse en un restaurante ruso muy famoso en la ciudad. Era una zona neutral y no había necesidad de guardaespaldas, pero por precaución, los matones de su hermano y amigo, se hacían pasar por civiles.
-¿Cuándo anuncias el compromiso con la inútil? -bebía de su vino, al ver la molestia de su hermano.
Lo había extrañado mucho.
-¿En serio serás así? Teníamos un mes sin vernos y...
-Mejor pido la cuenta -interrumpió Fabrizio.
-¿Pero estás viendo que es ella? Vine porque estoy preocupado y Alessandra empieza todo, Fabrizio -se quejó el italiano.
-Como lloras, Ale. ¿Eso fue lo mejor que te pudiste conseguir para que fuera tu sottocapo, piccolo? -lo miró con diversión-. Deberíamos hacer una búsqueda de nuevo mano derecha.
-¿Tú crees? -mira al aludido-. Necesito un tipo rudo, no eso. Gracias, piccola. Siempre me salvas de mis desastres.
-¡Oigan, sigo aquí! -se quejó, pero los tres se echaron a reír.
Alessandra los miró con amor, ellos eran su única familia y aunque estaba resentida con su hermano, había momentos de tregua, en donde la vida le dolía menos. Odiaba a su padre a muerte, pero no dañaría a su hermano y le causaría una herida a las múltiples que él ya tiene.
Era una situación difícil para ella porque quería acabar con su padre, pero la única persona que podría hacerlo sin tener problemas, estaba sentado frente a ella, discutiendo tonterías con Fabrizio.
«La vida es tan injusta conmigo», pensó, tomando un trago amargo del vino, para pasar el nudo que se había formado en su garganta.
Ya no lloraba por Thomas ni por su hijo. Se había resignado a estar sola y moriría cuando encontrara venganza o, cuando saliera huyendo de la organización.
-Ale, te presento a uno de mis soldatos. Él desde ahora se va a encargar de la seguridad de la casa. No estoy confiando en mi padre y en las constantes discusiones que tienes con él -le informa su hermano.
Ella alzó la vista al hombre corpulento que se paró frente a ellos. Alessandra alzó una ceja y lo miró despectivamente.
No confiaba en los nuevos y mucho menos si eran para su casa. En esa mansión Alessandra no existía.
-¿Lo contrataste tú o Andrea? -apartó la mirada, cuando le preguntó a su hermano-. No confío en nadie que sea enviado de tu padre, Alessandro.
-¿Cuál es la parte que no entiendes que es mi soldato, Alessandra? No estoy en casa tanto tiempo como tú y él será el encargado de cuidarte mientras estés ahí -ya se había cabreado.
-¿Acaso no tienes nombre? -miró de reojos al hombre.
Él le dió una sonrisa cínica y se presentó.
-Dereck Collins -no extendió su mano y tampoco volvió a hablar.
-Me recuerdas a Bastian... -se levantó de la silla-. Ya es tarde, así que iré a casa. ¿Se viene conmigo o todavía no empieza su turno?
Dereck pudo sentir la burla en la voz de la mujer, pero solo guardó silencio y sí, recordó a su buen amigo, Bastian Zervas.
-Dereck, ve con ella y recuerda todo lo que te dije. Las únicas órdenes que debes obedecer son las mías -Alessandra lo miró mal-, y las órdenes que consideres necesarias de mi hermana.
-Bien -le extiende su mano-. Deme las llaves del auto. Voy a conducir por usted.
-¿Acaso crees que no puedo manejar mi propio auto?
-Puede, pero debo llevarla a su casa y así poder empezar mi turno. Si usted no llega, no me pagan -respondió con sarcasmo.
Ella se enojó y se acercó a él, de manera amenazante. La diferencia de tamaño era abismal, pero eso no la detendría.
-¿Acaso no sabe quién soy yo? Podrías estar cavando tu propia tumba en este instante.
-Alessandra De Santis, hermana menor del sottocapo y protegida del capo de la Cosa Nostra -la miró con tanta frialdad, que ella se sintió extraña-. Sé exactamente a quién me estoy enfrentando. Miedo no tengo y cobarde no soy. Así que si ya se encuentra satisfecha con mi respuesta, deme las llaves del auto para poder llevarla a su casa y así poder empezar mi turno de trabajo.
Ella quiso llorar, pero disimuló para que nadie lo notara. Dereck miró ese pequeño cambio y supo que algo la había afectado.
-Los llamaré si hay algo nuevo. Fue lindo verlos después de tanto tiempo -se despidió de ellos, le entregó las llaves a Dereck y salieron del restaurante.
Las palabras, que le había dicho el insolente soldado, habían despertado un recuerdo olvidado y doloroso.
«Sé a quién me estoy enfrentando», eran las palabras que había dicho Thomas cuando se enteró de su identidad.
Se tambaleó antes de entrar al auto, Dereck la sostuvo, logrando que ella le diera una mirada de odio.
-En tu vida, vuelvas a ponerme una mano encima -le advirtió, soltándose de su agarre-. De lo que veas en esa casa, trata de no decirle todo a Alessandro.
-¿Qué gano yo si guardo silencio? -estaba pálida, pero él intentó que ella recibiera un poco de aire fresco, antes de irse en el auto-. Puedo morir por desleal...
-¿Qué quieres? Te doy algo si tú me das algo. No veo que sea un mal trato... -intentó convencerlo.
-Por lo visto no tienes una buena relación con los tuyos -se acercó y abrió la puerta del auto-. ¿Acaso quieres escapar?
La tensión de Alessandra, lo hizo sonreír. Había dado en el clavo en cuestión de segundos.
-¿Qué quieres?
-Yo tengo conocidos que te pueden ayudar a escapar de lo que no te gusta, Alessandra...
Le cabreó que no la tratara con respeto, pero ya había sido descubierta y necesitaba ayuda para irse y encontrar el cuerpo de Thomas.
-Te doy toda la información de la mafia si me ayudas a escapar -él alzó una ceja-. Ayúdame a guardar el secreto de lo que pasa en esa casa. Te entrego la cabeza de Andrea De Santis si la quieres... Pero ayúdame a escapar y encontrar en donde mi padre tiene escondido a una persona importante para mí.
Dereck ladeó la cabeza y miró a los lados.
-Depende de lo que vea, haré el trato contigo, pero debes prometer que me darás todo lo que te pida de la organización.
-Haremos un contrato... No hoy, pero haremos un contrato -respondió con rapidez.
Muy en el fondo de su amargura y resignación, ella quería escapar y encontrar en donde estaba enterrado Thomas y Dereck, él necesitaba toda la información necesaria sobre ellos.
Alguien iba a vender a la organización y otro, iba a engañarlos.
Una línea imaginaria había sido cruzada y fue directamente hacia la boca del lobo.
Todo el trayecto a la mansión, fue de completo silencio. Ninguno dijo absolutamente nada, de lo que habían intentado hablar cuando ella perdió el equilibrio. Para Alessandra, el solo pensar en su amado Thomas y en donde podría estar, la desestabilizaba más de lo que podrían imaginar.
Sus pensamientos fueron invadidos por sus amargos recuerdos. Su mirada perdida en la autopista mientras su mente decía que su hijo, tendría cinco años si hubiese nacido.
Su familia fue destruida antes de poder intentar formarse y se lamentaba todos los días su ausencia.
Dereck veía fugazmente cada gesto que ella hacía. Fruncía el ceño, mordía su labio y parpadeaba con rapidez, para no llorar. Se había infiltrado a la organización por órdenes de sus superiores. Debía encontrar toda la información necesaria para arruinarle los planes a los italianos, de abrir otro negocio de lavado de dólares.
Era difícil seguirles el rastro, pero habían logrado conseguir una brecha y entrar sin problemas.
La mujer que le estaba tocando cuidar, era un blanco fácil a nivel general. Parecía demasiado frágil para tal organización y lo que más le causó una extraña sensación en su pecho, fue el saber que ella lo había perdido todo.
Eso tenían en común...
A Dereck le habían permitido estar en el caso porque después de todo, él buscaba morir.
La mujer que él había amado durante toda su vida, lo había engañado mientras él estaba en el extranjero trabajando. Supo de su engaño porque al estar junto a su esposa, tuvo una infección y lamentablemente, en dos años que estuvo fuera, realmente le resultaba imposible estar con alguien.
Veinte años de relación destruida en segundos. Lo peor de todo eso es que después de enfrentarla, todo el mundo estuvo en su contra por no entenderla a ella.
"Me dejaste sola mucho tiempo..."
Esas palabras se repetían constantemente en su cabeza. Simplemente, no lo entendió y se alejó de todo el mundo. Dereck quedó solo por elección y decidió meterse de lleno en su trabajo.
-¿No le dirás nada a mi hermano? -no se dió cuenta de que ella lo estaba viendo también.
-¿Perdón? -la miró con confusión y volvió su atención a la autopista.
-Lo que veas en esa casa... Por favor, no se lo digas a mi hermano -le pidió con amabilidad y un poco de angustia.
Para ella era tan problemático que Alessandro le hubiese puesto a alguien para cuidarla en casa... Se enterarían de lo que ella callaba y eso era tan peligroso.
-¿Por qué debo ser desleal a mi jefe? ¿Sabe que podría morir por tan solo desobedecer media orden? -la vió tragar grueso, pero quería respuestas.
Le daba igual si desobedecía, Alessandro dijo que debía ser sus ojos en esa mansión y cualquier cosa que fuera sospechoso, debía informarle, pero le causaba demasiada curiosidad la insistencia de ella.
-Mi hermano y Fabrizio hay cosas que no saben... Bueno, más que todo mi hermano y no quiero que se entere de nada. Mi padre solo tiene una mala relación conmigo y si Alessandro se entera, probablemente lo saqué del medio o no me crea...
-Si usted es la víctima, prometo servirle de testigo para lo que sea que necesite. La policía puede ayudar en caso de que usted esté en peligro y... -la risa nerviosa de ella, lo hace callar.
Dereck se detuvo en un semáforo que indicaba que estaban llegando a la mansión.
-En la organización, la ley es mi padre y si él falta, sería mi hermano... Si me caso con un capo, paso a ser propiedad de él y su ley sería la mía. Las mujeres en la mafia son solo eso, juguetes sexuales y muñecas en los eventos de la alta sociedad -dijo con amargura.
-Pero tengo entendido que tienes libertad de hacer lo que quieras -Dereck frunció el ceño, al ver que ella le señaló una mansión al final de la calle.
Era la más grande de esa zona, pero nada comparado con la del jefe.
-Tengo libertad cuando estoy fuera, pero en casa es otra cosa. Por favor, mientras intento escapar, no le digas nada a mi hermano y no hagas ningún tipo de comentario que te comprometa. Piensa y actúa como ellos... Solo ignórame, por favor...
La manera en la que ella le hablaba le daba escalofrío. Sabía que Alessandra estaba pasando por cosas turbias, pero verla tan frágil le causó una sensación extraña.
Quería protegerla mientras estuviese aquí... Pero eso lo decía sin ser una orden.
-No puedo ignorar a alguien que a gritos pide ayuda y muere por desaparecer a la vez -respondió, empezando a conducir.
-Escapar se convirtió en mi sueño inalcanzable... -apoyó su cabeza en el asiento y no volvió a decir más nada.
Sería un regreso a casa duro y esperaba que nadie saliera a recibirla como siempre...
***
Y por supuesto, una vez más, Alessandra tenía razón. Ella entró con Dereck por la puerta de la cocina mientras le indicaba cada parte de la casa. El jefe de seguridad ya había sido llamado por su hermano y le informó sobre el nuevo empleado.
La diferencia es que Dereck jamás recibiría las órdenes de nadie que no fuera, Alessandro De Santis.
-¿En dónde están todos? -le preguntó el castaño, ella tragó grueso y se giró a verlo-. ¿No debería alguien venir a recibirte?
-No hay tiempo para eso... Todos tienen una vida -le dijo con una leve sonrisa.
Dereck no preguntó más al notarla incómoda. Los guardaespaldas, cuando la vieron no demostraron ningún respeto hacia ella y los sirvientes dentro de la casa, solo la veían con desprecio.
-¿Cuál es tu habitación? ¿Sueles hacer algo después de que llegas aquí? -ella lo ignoró y le siguió enseñando la casa.
Había ojos ocultos por todos lados, él podía sentir las miradas y hasta los cuchicheos de las personas, pero nadie se atrevía a aparecer frente a ellos.
-No sé en dónde vas a dormir, pero mi habitación está en la tercera planta al final del pasillo y cuando Alessandro está en casa, mi habitación está al lado de la suya en el segundo piso -le informó sin verlo-. El despacho de Andrea está ahí y siempre permanece cerrado.
-¿Cada cuánto viene Alessandro a casa?
-Una vez cada tres meses o más. Siempre está ocupado, pero cuando él viene, las cosas son bastante movidas. Los empleados son buenos entre ellos mismos y trata de no hacer mucho ruido durante el día. Fiorella debe estar en el jardín con sus amigas tomando el té, así que el ruido solo es permitido hacia ese lado -se detiene y lo ve-. Debes permanecer el mayor tiempo posible en la cocina mientras estoy en casa. Las comidas son servidas puntualmente para ustedes, trata de no saltarte ninguna porque es necesario que comas.
La vió subir las escaleras y aunque Alessandra no lo esperaba, él la siguió. Debía saber en qué condiciones se encontraba el lugar en donde ella se encontraba.
-¿Tampoco vas a obedecerme a mí? -se agarró de la baranda de las escaleras.
-Veré la habitación y luego iré a la cocina a conocer a los empleados -respondió con simpleza.
-¿Este es el guardaespaldas de Alessandro? ¿El hombre que solo va a recibir órdenes de mi hijo ausente? -la voz de Andrea, hizo que a Alessandra, le dieran náuseas.
Siempre era igual...
-Soy Dereck Collins, estaré trabajando para la señorita Alessandra por órdenes del señor Alessandro -se presentó, ante el hombre mayor que estaba parado frente a ellos.
Andrea los miró a los dos con desprecio y sintió frustración al darse cuenta de que su hijo estaba sospechando de las cosas que pasaban en su casa.
-¿Eres el espía de Alessandro? No tienes permitido estar en la mansión a tus anchas. Tu lugar es la cocina mientras ella esté en casa -miró a su hija, que estaba parada como una estatua viviente.
Andrea sintió la misma repulsión que sentía Alessandra hacia él.
-No soy el espía del señor Alessandro, pero debo informarle todo lo que haga y deje de hacer su hija. Tengo permitido observar la mansión y estar en cualquier lugar porque sí, tengo el permiso de mi jefe, Alessandro -Dereck, sin titubear, nervios o una pizca de emoción, le respondió.
Alessandra sintió temor de que su padre pudiera lastimarlo y aunque quiso intervenir, lo más probable es que más tarde ella reciba la furia de Andrea.
-¿Estás diciendo que mi hijo me quitó la autoridad para darte órdenes? Creía que era un juego... -lo miró con furia.
Dereck sacó el celular, marco a Alessandro y al tercer repique, atendió.
-Estoy en casa de la señorita Alessandra... Sí, me he encontrado a su padre, pero al parecer lo estoy incomodando... Perfecto, ya se lo paso -subió unos escalones más y le entregó el celular-. Para usted, señor.
Dereck le dió una sonrisa, que hizo que a Andrea la sangre le hirviera.
-Alessandro, esto es... -y no pudo decir nada.
Los dedos de Alessandra estaban perforando la baranda de las escaleras. Se sentía aterrorizada por la manera en que Andrea veía a Dereck y a él, parecía no importarle nada.
-Collins...
-Toma, he terminado la llamada. Tienes permitido hacer lo que quieras, pero debo informarte que el jefe de esta familia soy yo. Si yo digo que...
-El señor Alessandro me dijo mis obligaciones y mi atención será única y exclusivamente para la señorita Alessandra. No tendrá problemas conmigo ni con su hijo si ella se encuentra bien. De hecho, ni siquiera va a tener la necesidad de dirigirme la palabra o que me encuentre casualmente con usted. Seré la sombra de su hija, ese es mi trabajo -y aunque las palabras podían haber salido como si nada, tenían, claramente, una amenaza en ellas.
Andrea bajó las escaleras y le entregó el celular a Dereck, miró a su hija y le dió dos besos en sus mejillas.
-Tú y yo hablaremos más tarde, cariño. Por ahora descansa o ve con tu madre. Sé que está preparando una fiesta de bienvenida al parásito de la mujer de tu hermano -le puso la mano en su hombro, haciendo mucha presión.
-Mañana debo irme de viaje. Así que iré a empacar...
Salió prácticamente corriendo de las escaleras. Dereck miró la reacción, al igual que Andrea, pero este pensó que podía ponerlo de su lado.
-No te encariñes con ella. Es la viuda de la mafia y morirás si te acercas más de lo debido. No la toques ni la mires, a menos que quieras conocer la ira de mi familia. Lo que veas en esta casa, se debe de quedar aquí, a menos que quieras morir en un intento de hablar -lo amenazó-. Estando de mi lado tendrás las puertas abiertas. No me quieres de enemigo, Collins.
Dereck sonrió.
-Yo no tengo de enemigos a nadie, pero dudo mucho que la cantidad de dinero que me dió el señor Alessandro, me lo pueda dar usted -bajo algunos escalones para quedar frente a él-. Yo solo estoy recibiendo órdenes de cuidar a la señorita. La mansión se puede caer a pedazos, siempre y cuando a ella, el polvo no la toque. Porque me veré en la obligación de notificarle al capo.
Y ese nombre fue suficiente para hacer entender a Andrea que estaba en la mira del líder italiano.