* * * * * * * * * * JADED * * * * * * * * * *
-¡Por dios, Jaded! -escucho la voz de mi mejor amiga, Amy-. ¿Puedes bajar un poco el volumen? -reclama un tanto divertida.
-No... -le digo al sonreír divertida-. Me encanta esa canción; la amo -le digo al referirme a "The book" de Alexandre Desplant.
-Pues yo amo poder escuchar -me responde al señalar sus oídos-; así que... -alarga al tiempo en que se dirige a mi estéreo y le baja bastante volumen- ¡listo! -exclama-. Así está mejor -sentencia.
-¡Oye! -le reclamo al mirarla fijamente al tiempo en que me levanto de mi sofá para poder volver a subirle todo el volumen al reproductor.
-Ni se te ocurra, Jaded -me amenaza al pararse frente a mí.
-Quiero mi música -le digo muy seria, pero ella seguía sin moverse.
-No -contesta tajante-. Te dañarás los tímpanos -indica severa-. Y vives de tus oídos -me recuerda; y... y tenía que reconocer que ella tenía mucha razón.
-Está bien -le digo nada contenta-, pero tampoco es para que le bajes esa cantidad de volumen -le indico; y ella sonríe.
-Pareces una niña, Jaded -precisa burlona.
-Lo sé -le sonrío-. Soy insoportable cuando me cortan la música -especifico; y ella sonríe.
-¿Alexandre Desplant? -pregunta de pronto; y yo inhalo y exhalo de manera pesada.
-Sí... -suspiro- Alexandre Desplant -confirmo; y ella sonríe, pero, esta vez, no tan animada.
-¿Qué pasó ahora? -cuestiona al mirarme; y yo no sabía si contarle o no lo que estaba sucediendo.
Siempre había sido una persona bastante hermética y casi nunca (por no decir nunca) solía expresar lo que me sucedía. Por otro lado, tampoco era de hablar demasiado con las personas, lo cual se convirtió en un problema en mi etapa de colegio. Recuerdo que, durante mi primaria (creo que tenía 9 años), una profesora citó a mis padres (en varias oportunidades) para hablar sobre el por qué no hablaba (hubieran visto mi reacción cuando mis padres me hablaron de eso). La profesora asoció, rápidamente, que el que no hablara mucho se debía a que era demasiado tímida o que algo más estaba ocurriendo en mi núcleo familiar. Y aquí debo aclarar algo muy importante y es que, si bien me sentí incómoda cuando me enteré de que mi profesora había citado a mis padres para hablar del asunto, ahora tenía que reconocer que era una gran maestra, ya que uno siempre tiene que estar alerta y atenta, si del futuro de la generación se trata.
Bueno, volviendo al tema principal. Tengo que decir que no era tímida; de hecho, me desenvuelvo bien en exposiciones y, cada vez que me tocaba actuar, recitar algún poema o brindar un discurso, lo hacía sin temor alguno. El asunto aquí es que prefiero mucho más escuchar que... hablar. En cuanto a lo que sucedía en mi escuela primaria, pues... creo que el problema era el ruido originado de los gritos de mis compañeros y compañeras de salón cada vez que teníamos un pequeño descanso en el salón (no me refiero el recreo). No me gustaba el ruido (los gritos); así que, cada vez que había esos recesos, sacaba una de las tantas obras (libros) de colección, que mi papá compraba, y me dedicaba a leer; y, cuando hacía ello, me abstraía del mundo que me rodeaba (solo éramos el libro y yo).
¡Ah!... Y también el niño que me gustaba.
Bueno, el asunto es que no soy tímida y tengo varios argumentos para sustentar aquella hipótesis, pero no los voy a aburrir con esas cosas.
SIN EMBARGO, sí tenía que admitir que solía ser bastante reservada con mis asuntos y conflictos personales.
-¿Jaded? -escucho a lo lejos- ¡Hey, Jaded! -escucho el exagerado tono de voz de "Amy" a la vez que veo cómo se acerca a mí y me mira con su ceño fruncido.
-¿Qué? ¿Qué pasa? -le pregunto al haberme sobresaltado por la fuerza con la que me nombró.
-Pero... ¿a dónde te fuiste? -cuestiona curiosa.
-Lo siento... -le digo al regresar a mi sofá y al tomar los pentagramas, que había sobre aquel, para poder seguir estudiándolos y, finalmente, sentarme otra vez...
-¿Otra vez él, cierto? -me pregunta desde su lugar.
-Todo está bien -le digo; y regreso mi atención a las hojas que tenía en mis manos.
-Jaded...
-Estoy bien, Amy -pronuncio; y sonrío.
-Me gustaría que me tuvieses más confianza -señala ella al caminar hacia mí y sentarse al otro extremo del sofá.
-Confío en ti, Amy -expreso al dejar de observar mis hojas para levantar mi mirada hacia ella-. Y, en serio, aún no ha pasado nada.
-¿Aún? -cuestiona extrañada; y yo sonrío para después inhalar y exhalar suavemente.
-Está bien... voy a contarte -le preciso; y ella sonríe.
-Gracias por la confianza -expresa sincera.
-Gracias por preocuparte -le respondo.
-Eres mi mejor amiga, Jaded -puntualiza segura al acercarse a mí para abrazarme.
Aquel era otro asunto. No me gustaban mucho las muestras de afecto; así que, hasta cierto punto, me resultaban incómodas.
-Al parecer, nunca cambiarás, Jaded -manifiesta Amy de forma divertida al poner distancia entre ambas.
-Lo siento -es lo único que se me ocurre decirle.
-No te preocupes; ya te conozco -sentencia al guiñarme uno de sus ojos-. Ahora dime, ¿qué pasó?
-Pues no lo sé -respondo al mirarla-. ¿Recuerdas a la mujer de la que te hablé?
-Sí -afirma ella-. La estudiante de la otra clase.
-Exacto -le digo.
-¿Qué pasa con ella? -cuestiona interesada.
-Creo que, a él, realmente, le interesa ella -le digo un tanto desanimada; y mi amiga comienza a negar con la cabeza.
-Sabes lo que pienso de eso -menciona muy seria-. Deberías decírselo ya -insiste otra vez con ello.
-No puedo hacer eso -le respondo de inmediato; y aquella me ve muy seria.
-Jaded... -suspira-, no puedes seguir así -señala-. Llevas enamorada de él varios años; ya debiste habérselo dicho hace mucho -concreta.
-Arruinaría la amistad, Amy -refuto al instante-. Y Evan es mi mejor amigo -le recuerdo.
-Pero ¿en dónde quedas tú, Jaded? -interroga frontal-. Estás enamorada de él y, aunque no lo quieras admitir, sé que te duele cuando alguien más aparece en su vida -señala con mucha seguridad-, así como la mujer de la otra clase -añade.
-Amy...
-¿Qué? ¿Lo vas a negar? -me cuestiona seria sin quitarme la vista de encima.
-No -le respondo y... decido abrirme un poco con ella-. Es cierto que me puedo llegar a asentir algo... triste, pero -sonrío- también soy feliz por él -concreto.
-Jaded.
-Lo digo en serio, Amy -expreso muy sincera-. Y más ahora -agrego; y, cuando digo ello, mi amiga me mira un tanto curiosa.
-¿Por qué más ahora?
-Ay... qué hermosa canción -añado, de manera inesperada, al escuchar "There you'll be" de Faith Hill.
-¿Me estás cambiando de tema? -indaga mi amiga; y yo le sonrío.
-No, claro que no -contesto con honestidad.
-Qué rara eres -indica sonriente.
-Pero así me amas -le digo; y aquella sonríe mucho más para después asentir con su cabeza.
-Es cierto -confiesa-; así te amo -completa-. Pero ahora no te confesaré mi amor -comenta divertida-. Primero, dime "¿por qué más ahora?" -repite su pregunta.
-Porque esta mujer es... distinta -le informo.
-¿Cómo distinta?
-Ella es muy distinta a todas las otra novias y salientes que Evan ha tenido -le preciso.
-¿Por qué dices eso? -inquiere muy interesada.
-Pues... -suspiro; y luego, sonrío- porque creo que... ahora sí, él está enamorado realmente -articulo; y ella se queda observándome fijamente-. Y, desde que conozco a Evan, pues no lo había visto así por alguien -añado.
-Entonces...
-Entonces significa que no tendría sentido que yo le confesase que estoy enamorada de él -concluyo con mucha seguridad-. Solo tornaría la situación muy incómoda y sé que arruinaría nuestra amistad.
-Yo creo que, de todas maneras, deberías decírselo -puntualiza-. Además, ¿no entiendo por qué dices que se arruinaría la amistad que tienen?
-Porque lo conozco -respondo en el acto; y aquella exhala de manera pesada.
-Aun así, creo que deberías decírselo -señala muy seria-. Ya son muchos años -añade.
-Lo pensaré -es lo único que le digo al tiempo en que decido alejarme un poco de ella para poder recostarme en el sofá y así, seguir estudiando mis pentagramas.
-¿Lo dices en serio? -cuestiona.
-Sí, lo pensaré -le repito.
-Bueno, eso ya es un gran avance -precisa ella-. Tanto, que se me hace mentira que lo hayas dicho -agrega; y aquello me hace sonreír.
-Seguiré estudiando -es lo único que le digo.
-Bueno, como quieras -responde ella-. Yo solo venía a recoger un vinilo que dejé en tu habitación -señala.
-Entra, la puerta está abierta -le indico; y aquella asiente para después levantarse del sofá y dirigirse a mi habitación.
Mientras tanto, yo me quedo pensando en el "¿qué pasaría, realmente, si yo le confesara a Evan que estoy enamorada de él?".
«Y desde hace varios años», añado en mi mente.
-Listo -vuelvo a oír la voz de mi amiga-. Ya me voy -precisa al tiempo en que se acerca a mí y me da un beso en la frente.
Luego, Amy se gira de inmediato y empieza a caminar hacia la puerta para salir de mi departamento.
-Amy -la llamo; y ella voltea para poder verme.
-¿Qué paso? -cuestiona relajada.
-Estás olvidando tu llave de emergencia -le digo al señalarle la llave que le di de mi departamento (la cual estaba en el sofá).
-¡Ay! ¡Cierto! -exclama ella; y se acerca a recogerla-. Bueno, ahora sí me voy -precisa y, en menos de 10 segundos, ya desapareció de mi sala.
Cuando mi amiga sale, ya puedo respirar un poco más tranquila. Esto debido a que, si bien Amy deseaba darme un buen consejo, la sola idea de imaginarme frente a Evan contándole todo lo que sentía por él, me aterraba. Nunca había hecho eso y, sinceramente, me daba un poco de temor.
Paso las horas sentada en mi sofá, caminando por mi sala, echada en mi cama o recostada en el piso con mis piernas apoyadas en la pared mientras continúo revisando cada pentagrama que tenía en mi mano, ya que, en pocos días, tenía evaluación en piano. Quería que todo saliese bien; sin embargo, el pentagrama que había mandado a revisar el profesor no me convencía del todo; así que estaba aventurándome a hacerle unos pequeños arreglos.
-Ah... -suelto un suspiro al estar echada sobre mi piso con mis piernas elevada a la pared- solo espero que no me desaprueben por esto -manifiesto con deseo al hacer unos apuntes con mi lápiz y corregir una que otra nota o tempo.
Estoy muy concentrada en aquella tarea hasta que escucho cómo mi celular empieza a sonar.
-Ahora no -digo en forma de queja, ya que estaba trabajando; así que no me gustaba que me molesten-. ¿Por qué no apagué el celular? -me reclamo al tiempo en que empiezo a ponerme de pie para dirigirme a mi habitación (lugar de donde provenía el sonido y donde recordaba haber dejado mi móvil).
Cuando llego a mi habitación, voy hacia mi tocador y tomo mi celular (el cual estaba encima de aquel).
Al ver quién era, no puedo evitar sonreír...
«Evan», repaso su nombre en mi mente y, sin perder más el tiempo, llevo mi móvil a mi oído.
-Hola -contesto su llamada a la vez que me dirijo a mi cama (la cual estaba apegada a la pared en la que había una pequeña ventana) y me acuesto en ella para después elevar mis piernas y posar mis pies en la pared (mi típica costumbre).
-Jaded -me saluda animado.
-Evan...
-¿Qué tal? ¿Qué haces? -me pregunta.
-Pues... -alargo al tiempo en que veo mis pentagramas- aquí, estudiando -completo-. ¿Y tú? ¿Qué haces?
-Estoy en la facultad -me comenta-. ¿Vienes? -me pregunta- Para estudiar juntos -me propone; y yo sonrío.
-Estoy en mi departamento -le digo (el cual estaba un poco alejado de mi universidad).
-Creí que estabas por aquí -me menciona-. ¿No la haces venir? -interroga.
-Pues... no estoy segura -le digo sincera-... aunque
-¿Aunque?
-Aunque, ahora que lo recuerdo -hablo a la vez que me levanto de mi cama para dirigirme a mi escritorio- Sí -digo de pronto-. Tengo que ir a la universidad.
-¿Qué pasó?
-Olvidé que tenía que devolver un libro -le comunico-; así que tengo que regresar.
-Bien, ¿entonces te espero en cafetería?
-¿Para repasar las notas? -le pregunto.
-¿Qué notas? -cuestiona él de forma interesada.
-¿Qué notas? -repito su pregunta de forma divertida.
-Nooo... -articula- Dime de qué me estoy olvidando ahora -me pide preocupado; y yo me río a la vez que camino hacia mi pequeño armario para tomar un polo y un jogger.
-Este fin de semana tenemos evaluación en piano, Evan -le recuerdo sonriente mientras pongo el celular en alta voz y lo coloco sobre mi tocador.
-Estoy muy distraído -precisa divertido.
-Siempre has sido así; no sé de qué te sorprendes -le respondo burlona al empezar a cambiarme de ropa; y solo escucho cómo él se ríe.
-¿Entonces nos vemos en cafetería? -cuestiona nuevamente.
-Mejor veámonos en la sala de música -le propongo-. Y, de paso, aprovechamos para practicar un poco -añado.
-Entonces en la sala de música será-sentencia.
-Bien... -suspiro- estoy ahí en una hora entonces.
-Ya, te espero entonces -me dice-. Tengo que contarte algo también.
-Bien -sonrío-, no demoro entonces...
-Nos vemos entonces...
-Nos vemos -respondo; y luego de ello, cuelgo para terminar de vestirme.
Luego de casi una hora, llego a la universidad y me dirijo con rapidez a biblioteca. En aquel lugar, devuelvo el libro que pedí prestado y, sin perder más segundos, voy rumbo a la sala de música. Al llegar a aquella, camino hacia una sala de piano en especial (la siete, ya que esa es la que habíamos elegido Evan y yo para ser nuestro punto de encuentro cada vez que necesitábamos hablar o estudiar).
Cuando llego a mi destino, puedo ver que él ya se encontraba sentado frente al piano...
-Hola -lo saludo; y él voltea y me sonríe.
-Llegas tarde -me dice; y yo sonrío.
-Solo... -observo mi reloj- tres minutos -le señalo al regresar mi mirada a él.
-No deja de ser tarde -responde con naturalidad; y yo solo me limito a rodar mis ojos.
-Mejor empecemos -le formulo a la vez que me siento a su lado (compartíamos el banquillo).
-¿Con qué quieres empezar? -me cuestiona al mirarme fijamente; y, en eso, aprovecho para repasar su rostro.
-No sé... -me encojo de hombros- se supone que debemos practicar los pentagramas que Brown nos dejó para la evaluación de este viernes.
-Sí, tienes razón -indica al tiempo en que se pone pensativo-, pero, tal vez, podemos aprovechar para tocar otras cosas.
-¿Qué propones? -le pregunto al mirarlo.
-No sé... sorpréndeme -menciona con una sonrisa en su rostro.
-Está bien -suspiro; y me coloco en el centro del banquillo. Mientras tanto, él se acomoda un poco más al extremo de aquel-. Ahí voy -añado al cerrar mis ojos; y, casi de inmediato, empiezo a reproducir las notas de "Historia de amor" bajo la interpretación de Richard Clayderman (uno de mis pianistas favoritos).
-Una de tus favoritas -escucho que comenta Evan; y sonrío mientras continúo tocando el piano.
Amaba este tema; y sí... era uno de mis favoritos. Cada bendita nota era perfecta para mí y amaba reproducirla cuantas veces podía y más... frente a Evan.
-Debo confesarte algo -me dice mientras yo sigo disfrutando de las melodías que trataba que fueran perfectas-. Hoy... -susurra, a la vez que yo sigo moviendo mis manos sin decir palabra alguna.
-Hablé con Carrie -me dice; y el solo escuchar su nombre... me hace sentir un tanto extraña
«Carrie», repaso en mi mente.
-No sé qué hacer -reconoce ante mí-. Creo que está saliendo con alguien y... -se queda callado.
Mientras tanto, yo seguía en lo mío, pero el que solo mencionara su nombre, casi provoca que me distraiga.
-Yo la quiero -manifiesta de forma sorpresiva; y, cuando dice ello, no puedo evitar quebrarme un poco por dentro (pero no lo demuestro). Luego, me pongo a pensar y recordar en que él nunca, en todos los años que lo conozco, había dicho querer a alguien; y eso... eso era una señal más de que, realmente, Evan, esta vez, sí estaba muy enamorado.
«Enamorado... Evan... enamorado», me digo en silencio; y sonrío de forma discreta sin dejar de tocar el piano.
-Pero creo que ya está con alguien -añade; y aquello me toma por sorpresa también-. Y ahora... -suspira- ahora tengo miedo de decirle que la quiero-confiesa; y puedo sentir algo de tristeza en él; y eso, al fin y al cabo, no me gustaba.
-Así que ya no se lo diré -sentencia; y, en ese momento, dejo de tocar de forma intempestiva.
Continúo con mis ojos cerrados y aprovechando el momento para meditar bien lo que le iba a decir.
-¿Jaded? -me nombra extrañado- Jaded...
-No hagas eso -le digo firme.
-¿Qué? -susurra él; y, en ese momento, decido abrir mis ojos para poder girarme y verlo.
Cuando lo hago, puedo observar que aquel me mira de forma curiosa y tenía su entrecejo levemente fruncido.
-No hagas eso -repito al mirarlo a sus ojos (los cuales amaba).
-Jad...
-Evan... -lo interrumpo al tiempo en que poso mi mano sobre la que él mantenía en una de sus piernas- díselo -le digo firme-; no te calles -preciso muy seria.
-Pero Jad...
-Tú me comentaste, hace un tiempo, que ella estaba enamorada de ti -le recuerdo; y él asiente-. Y también recuerdo que, hace unos días, me dijiste que, probablemente, ella seguía interesada en ti.
-Sí -responde él en un susurro.
-Díselo, Evan -le digo una vez más.
-¿Por qué?... -interroga en un siseo- creo que ella
-Yo también creo que aún le interesas -le digo muy sincera-. He visto cómo te mira las veces en las que hemos estudiado juntos -le doy a conocer al seguir viéndolo fijamente-. Le gustas, Evan -le digo-. Estoy... completamente segura de eso -le señalo con firmeza.
-Pero...
-No lo pienses tanto; arriésgate -le pido-. Creo que tienes todas las de ganar y; además, la ayudas a ella -le digo; y luego, sonrío.
-¿Por qué dices eso?
-Porque si el otro hombre en el que ella dice estar interesado es Blake, pues no es cierto -manifiesto tajante; y aquel sonríe.
-¿Cómo supiste que era él?
-¿En serio me estás preguntando eso? -interrogo al arquear una de mis cejas; y él sonríe.
-Se me olvidaba con quién estaba hablando... -susurra él al mirarme.
-Díselo, Evan -le pido una vez más; y él me sonríe para, finalmente, asentir.
-Eres la mejor amiga del mundo, Jaded -expresa con honestidad al estrechar la mano que yo había puesto sobre la suya-. Me encantaría abrazarte -me confiesa sonriente-, pero sé que no te gustan los abrazos -me dice; y yo asiento en modo de agradecimiento.
Y sí... no es que no me gustase recibir algún abrazo por parte de Evan, pero prefería evitarlos.
-¿Seguimos estudiando? -me pregunta.
-Creo que... -susurro- creo que deberías dejar de perder el tiempo e ir hablar con Carrie -pronuncio con seguridad; y aquel sonríe.
-Sí, eso haré -contesta sonriente-. Creo que ya va a salir de su clase -me informa-. Voy a buscarla ahora -sentencia; y se acerca para arme un beso; y luego, irse.
Cuando Evan se ha marchado, por fin, puedo soltar todo el aire contenido. No podía describir cómo me sentía; solo sabía que...
«Fue lo correcto», sentencio en mi mente; y, luego de ello, me levanto del banquillo y tomo mi pequeño morral para salir de la universidad e ir a caminar un poco, ya que sentía la necesidad de hacerlo, pues deseaba pensar.
Llevo más de dos horas caminando por la ciudad hasta que me detengo frente a un hermoso parque. Ahí, decido sentarme en una de sus bancas para poder escuchar música y seguir pensando.
Luego de haber elegido la banca, la cual estaba ubicada frente a una hermosa pileta, me coloco mis audífonos y elijo una canción para escuchar (en esta ocasión, "Stuck on you" de Lionel Richie es la elegida).
-Fue lo mejor -siseo al tiempo en que un suspiro abandona mis labios; y después, sonrío un tanto triste.
Luego, solo empiezo a observar el parque en el que me encontraba. Este era verdaderamente hermoso y, si bien había mucha gente en aquel y, por lo tanto, ruido, creo que tenía la posibilidad de convertirse en uno de mis favoritos. No acostumbraba a venir por este lugar, muy raramente lo hacía (incluso, creo que la última vez que pasé por aquí fue hace más de un año).
-Bueno... -exhalo con suavidad- pero ahora eres el elegido para ahogar mi pena -le digo al parque como si pudiera escucharme.
«Definitivamente, estás demente, Jaded», me digo en silencio; y sonrío.
Sigo observando el lugar con mucho detenimiento y atención hasta que, de pronto, mi celular suena.
«Ahora, ¿quién será?», pienso a la vez que abro mi morral para sacarlo de ahí.
Cuando lo tengo en mis manos, lo enciendo rápidamente y puedo ver que hay un mensaje de Evan, el cual reviso en el acto y...
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Tenías razón, Jaded : )
Ella seguía enamorada de mí.
Ya somos novios.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Termino de leer y... me congelo.
Creí que vivir enamorada de Evan por muchos años y haberlo visto coquetear con varias mujeres; así como el hecho de que me contara cómo iba su relación con aquellas, fuera suficiente como para haber pensado en que, cuando este día llegara (que se enamorara de verdad de alguien; y que ese alguien no fuese yo), pues estaría como "anestesiada", que no me afectaría mucho; sin embargo...
«Me equivoqué rotundamente», preciso en mi mente a la vez que empiezo a sentir algo en mi mejilla.
«¿Qué pasa?», me pregunto extrañada, en silencio, a la vez que llevo mi mano derecha hacia uno de mis pómulos y, con ello, me doy cuenta de que había empezado a llorar sin siquiera pensarlo.
Limpio suavemente mi mejilla y pómulo con mi mano; y luego, pongo esta frente a mí para empezar a observarla con detenimiento.
-Lágrimas -susurro al verlas con atención (Así como si nunca antes las hubiese visto).
-Debo regresar a mi departamento -sentencio, de pronto, e, inmediatamente, me levanto de la banca en la que estaba sentada y empiezo a caminar (a paso apresurado) rumbo a aquel.
Doy unos cuantos pasos hasta que, cuando estoy pasando por la pileta del parque, siento cómo alguien me golpea con mucha fuerza... tanta que...
* * * * * * * HOPE STEVEN * * * * * * * * *
«Mierda», preciso en silencio al ver, de forma incrédula, a la mujer dentro de la pileta del parque. A la mujer que yo había tirado (tenía que aclarar).
-Señorita -le digo preocupado al reaccionar; y así, acercarme a ella para ayudarla a levantarse-. ¿Está bien? ¿Se lastimó? -le pregunto al tomar una de sus manos, la cual acepta sin resistencia alguna (lo cual me sorprende, ya que cualquier mujer estaría furiosa si un desconocido la tira a la fuente de agua de un parque, en el que hay mucha gente, y arruina su ropa).
-Dios -sisea suavemente al ponerse de pie con mi ayuda.
Inmediatamente después, se suelta de mi agarre y empieza a sacudir sus manos hacia sus costados como si con ello fuese a lograr des empaparse del agua.
-Señorita -le hablo una vez más, pero esta no me hace caso; solo se dedica a mirarse completa y, cuando hace ello, suelta una pesada respiración.
«Bien, aquí viene el reclamo», me digo al tiempo en que espero que aquella empezara a gritarme.
«Me lo merezco», añado en mi mente mientras sigo esperando, pero nada, la mujer no articula una sola palabra en mi contra.
Aquella solo se queda mirándome atentamente y yo... yo a ella.
-Señorita, la ayudo -interviene un hombre al tiempo en que toma una mano de la desconocida y ayuda a sacarla de la fuente.
«¡Carajo! ¡Reacciona, Steven!», me reclamo en silencio.
-Perdón yo... -trato de hablar, pero...
-Gracias -dice la mujer al dirigirse al hombre que la había ayudado.
-¿Desea que la ayude con algo más? -le pregunta él al mirarla fijamente- Tal vez...
-No, no -intervengo de forma inmediata al seguir viendo a la mujer, quien era extrañamente cautivamente.
Cuando intervengo, me gano la atención tanto de la mujer como la del hombre (Este último me miraba un poco molesto).
-Yo me encargo -completo al mirar a ambos.
-No es necesario -interfiere, rápidamente, la mujer-. Yo... estoy bien -menciona demasiado serena; y aquello me extrañaba-. Vivo un poco cerca a este parque -precisa- así que...
-De ninguna manera, señorita -habla el hombre de forma tajante.
-No voy a dejar que se vaya sola a su casa así -intervengo yo al tiempo en que decido verla directamente a sus ojos.
-No es necesario; no se preocupe...
-Insisto -articulo al interrumpirla-. Tengo mi auto estacionado muy cerca de aquí y...
-No -responde de forma inmediata y tajante (lo cual me sorprende; sin embargo, al otro hombre le parece gracioso, ya que se ríe ligeramente)-. Lo siento -interviene, nuevamente la mujer al mostrarse apenada (y eso me parece muy extraño, ya que se supone que el debería disculparse soy yo)-. No debí haberle hablado así; lo lamento -menciona nuevamente.
-No... no se preocupe -contesto algo desconcertado por la actitud de la mujer.
-Bien... entonces -suspira-. Me voy -determina.
-No, no, no; claro que no -le digo-. Yo voy a llevarla a su casa -le insisto.
-Eso está bien -interviene el hombre que estaba a nuestro lado-, pero no puede ser en tu auto -me señala serio-. ¿Acaso no te das cuenta que la señorita no quiere eso? -inquiere aquel; y yo regreso mi mirada a la mujer.
-Es cierto -dice ella-, pero, en serio, no se preocupe, yo...
-Entonces iremos caminando -le propongo, pero a ella no se le ve muy convencida.
-Yo... puedo ir sola a mi casa; no se preocupe -se sigue resistiendo.
-Entonces déjeme comprarle algo de ropa para que se cambie -le pido-. Es lo mínimo que puedo hacer -agrego realmente apenado.
-Está bien -acepta ella al tiempo en que asiente con su cabeza-. Pero solo pagará la mitad -aclara con firmeza.
-No -me niego a esa idea-. Yo paga...
-No -refuta ella al no dejarme terminar de hablar-. Yo también estaba muy distraída -me explica-, así que, en parte, también es mi culpa -sentencia al soltar una suave respiración mientras yo me quedo mirándola con curiosidad.
-Bien... -escucho la voz del otro hombre-, entonces yo me retiro, señorita -le habla de forma educada a la mujer.
-Muchas gracias -le responde ella de forma gentil; y el hombre siente como parte de su respuesta y, en unos segundos, se marcha.
-Bien -tomo la palabra-, entonces vamos a una tienda -le digo.
-Vamos a la que está allá -me señala la más cercana.
-Está bien -le respondo al asentir para después disponernos a caminar hacia la tienda de ropa más cercana que habíamos divisado.
Estoy caminando al lado de la extraña mujer (porque ni siquiera sabía su nombre) hasta que vuelve a sonar mi celular. Decido sacar aquel de mi bolsillo, ya que quería saber quién era, puesto que, tal vez, podría ser Sov para decirme que, lo de hace un momento, solo se trataba de una broma de muy mal gusto.
Cuando aquella terminó de decirme que culminaba con nuestro compromiso, no lo podía creer; sin embargo, el verla correr después de decirme ello, me demostró que no estaba bromeando. Y bueno, ahora, como consecuencia de correr detrás de la mujer que amaba, había tirado a la desconocida que caminaba a mi lado a la fuente de agua
-Su celular sigue sonando -oigo la voz de la extraña y joven mujer.
-Sí, sí, perdón -le digo al tiempo en que reviso de quién se trataba.
«Paul», leo en silencio y después, guardo mi celular.
No tenía ganas de hablar de trabajo y, muy seguramente, de ello es de lo que quería hablarme.
-Oiga -me habla mujer al mirarme de forma directa.
-¿Sí? -le respondo al hacer lo mismo.
-Si tiene algo importante que hacer, no se preocupe por mí; puede ir...
-No, de ninguna manera -niego tajante al seguir observándola-. Yo lamento mucho lo que pasó...
-Y yo acepto sus disculpas; no se preocupe -precisa al interrumpirme-. Pero si realmente tiene algo importante que hacer...
-No -vuelvo a negar rotundo-. Yo la acompañaré a comprar su ropa y luego, me gustaría acompañarla a su casa.
-Eso no será necesario -responde ella de forma inmediata.
-Pues insistiré -le digo firme al encogerme, ligeramente, de hombros.
-Bueno -articula ella al tiempo en que exhala suavemente-. Si es lo que quiere hacer...
-Sí, es lo que quiero -contesto en el acto al fijar mi mirada en ella; y aquella sonríe un tanto divertida.
-Está bien -es lo que articula al rendirse.
Después de ese cruce de palabras, entramos a la tienda de ropa. Ahí, la joven mujer escogió un polo básico, un jogger muy parecido al que estaba usando, así como un par de medias y zapatillas. Luego, se fue hacia la zona de vestidores para cambiarse de ropa.
Mientras ella se estaba cambiando, yo aproveché en sacar mi móvil para llamar a Sov; teníamos que hablar, sobre todo porque ella solo dijo que el compromiso se rompía sin explicación alguna demás. Voy a mi agenda del celular y busco su contacto para marcarle. Cuando lo hago, llevo mi móvil a mi oído y me alejo un poco del área de caja.
«No contesta», preciso en mi mente cuando el celular llevaba unos segundos timbrando hasta que se hace oír la contestadora. Cuando sucede ello, cuelgo de inmediato y vuelvo a intentar.
«Contesta, Sov», pido en silencio, pero me llevo una gran sorpresa cuando mi móvil me manda directo a su casilla de voz.
«Lo apagó», sentencio en miente al tiempo en que decido no insistir más y guardar mi celular.
No entendía por qué había hecho tal cosa; pensé que nuestra relación iba bien, pero tal parece que me equivoqué.
«Tal parece, no. Te equivocaste», interviene mi subconsciente al tiempo en que exhalo de manera pesada.
-Tarjeta -escucho, de pronto, la voz de la mujer con la que estaba y, de inmediato, me giro de nuevo hacia caja para así, encontrarme con la imagen de ella entregando su tarjeta; así como las etiquetas de cada prenda.
-No, no, no -intervengo rápidamente al ir hacia ella y tomar, ligeramente, su brazo para que no pagara.
-Dijimos mitad, mitad -le recuerdo; y ella sonríe un tanto incómoda.
-No es necesario...
-Por favor, no haga esto -le pido al mirarla fijamente; y ella también hace lo mismo: me mira.
-Está bien -accede después de unos segundos; y, ene se momento, decido dejar de sujetar su brazo-. Lo lamento -añade; y aquello me hace sonreír.
-Se apena por cualquier cosa -le digo al tiempo en que saco mi billetera para buscar una de mis tarjetas y entregársela a la señorita de caja-. Cóbrese de aquí la mitad -le pido con cortesía a la mujer que se encargaba de los cobros; y ella asiente sonriente.
Después de realizar el pago, la mujer y yo decidimos salir del lugar.
-Un momento -menciona la extraña al empezar a caminar hacia un mostrador lleno de turbantes; y yo la sigo detrás.
-¿También quiere uno de esos? -le pregunto; y ella sonríe al mirar uno en especial.
-Sí... -susurra al mirar con admiración un turbante bastante peculiar- me llevaré este -sentencia sonriente al seguir mirando el accesorio para después tomarlo y, sin perder el tiempo, llevarlo a caja para que realice el pago.
Luego de pagar por aquel, se dirige al espejo que había en la tienda y empieza a soltarse el moño que había hecho con su cabello (razón por la cual aquel no llegó a mojarse mucho o casi nada). Me quedo observando, de forma atenta, cómo empieza a desatárselo hasta que me que completamente impresionado con el largo de aquel, así como lo bonito que era.
«Qué hermoso», preciso en mi mente al ver cómo caía aquel y luego, por instinto, me concentro en toda la imagen de la mujer y... sonrío.
Aquella parecía ser una persona bastante tranquila, serena, relajada y, en cuanto a su forma de vestir, pues también gritaba lo mismo.
«Muy distinta a las mujeres que conozco», menciono en mi mente al seguir observándola.
-Listo -articula ella al mirar su reflejo para después llevar una de sus manos a su turbante y suspirar-... bonito -murmura al verlo y luego, se gira hacia mí nuevamente.
«Sí, es hermosa», preciso sin siquiera pensarlo; y aquello me toma por sorpresa.
-¿Lista? -le pregunto al verla; y ella asiente.
-Sí, vamos -indica y, luego de ello, salimos de la tienda.
* * * * * * * * * * JADED * * * * * * * * * * *
-Bueno... -susurro al salir de la tienda- muchas gracias -le digo al desconocido mientras detengo mi andar.
-No tienes nada de qué agradecer -responde él al mirarme-. De hecho, soy yo el que te debe unas disculpas -agrega apenado-. Yo... venía corriendo y no me di cuenta de que...
-No se preocupe -me apresuro en responder-. Yo también he tenido responsabilidad -le digo de forma comprensiva-. También venía distraída pensando en...
Me detengo de hablar al recordar el motivo por el cual empecé a caminar rápidamente para llegar a mi departamento cuanto antes y, así, poder encerrarme en mi habitación a llorar.
Me gustaba que Evan pudiera haber logrado concretar una relación con Carrie; sin embargo, me era inevitable no poder sentir algo de tristeza.
-¿Señorita? -escucho la voz del desconocido al tiempo en que veo una mano pasar frente a mis ojos- Señorita -escucho una vez más (un poco más fuerte) y, ahí, recién reacciono.
-¿Ah? ¿Qué? -respondo algo confundida.
-¿Señorita, se siente bien? -me cuestiona él l mirarme con curiosidad-. ¿Hay algo más que, tal vez, pueda hacer por usted? -agrega.
-No, no, no, no -niego rotundamente-. Perdón, perdón -agrego apenada de forma inmediata.
-Tranquila, no se preocupe -responde relajado al sonreír.
-Lo lamento -expreso con total sinceridad-, pero tranquilícese usted también -le pido-. Mi único problema era mi ropa mojada -le preciso al mirarlo-, pero ahora ya está todo resuelto; así que no hay necesidad de algo más -puntualizo firme.
-¿Está segura? -cuestiona él no muy convencido.
-Completamente segura -respondo con mucha firmeza; y le sonrío (gesto al cual soy correspondida, de la misma manera, por el extraño).
-¿Completamente segura? -vuelve a cuestionar él; y yo sonrío.
-Completamente -determino al mirarlo a sus ojos, los cuales eran bastante bonitos.
«Pero ningunos como los de Evan», precisa mi subconsciente.
-Tal vez, podría acompañarla hasta su casa -propone el desconocido de forma repentina.
Y digo de forma repentina porque creo que no había la necesidad de ello.
-No se preocupe -le reitero-. Yo estoy bien y; además, vivo demasiado cerca a esta zona -le miento, ya que, en sí, este parque no estaba tan cerca de mi casa-. Así que no hay necesidad; no se preocupe -concluyo sonriente.
-Bien... -susurra él al no estar convencido al cien por ciento todavía.
-Bueno... cuídese -le digo-. Muchas gracias por la ropa y... -me callo.
-¿Y? -articula él en forma de pregunta.
-Y... -alargo- nada -puntualizo-. Solo... muchas gracias otra vez.
-No tiene nada de qué agradecer -responde; y sonríe para mí.
-Bueno, me voy -menciono-. Adiós -murmuro y luego, empiezo a caminar rumbo a mi departamento a hacer lo que tenía planeado: llorar para poder dejar salir la especie de frustración que sentía por no haber hecho lo que hace demasiado tiempo debí haber realizado.
«Pero bueno... ahora ya es tarde», sentencio en silencio mientras sigo caminando.
Saco mi celular, el cual, por suerte, no había sufrido daño alguno, y después, me coloco bien mis audífonos inalámbricos.
Ahora, continuaba mi rumbo con la compañía de una canción que me encantaba: "Every breath you take" de "The Police". Creo que, después de todo, el tema era perfecto para este día tan... diferente y determinante para mí. Llevaba demasiados años enamorada en silencio de mi mejor amigo y esto, de alguna manera, me asfixiaba. Me asfixiaba porque, muchas veces, sentí la necesidad de confesarle lo que sentía por él; sin embargo, estaba casi segura de que aquello sería una pésima idea, ya que tenía la extraña sensación y sospecha de que, si hacía ello, Evan se alejaría completamente de mí.
-Creo que no debería escuchar música en tan alto volumen -oigo una voz muy cerca de mí, la cual logra que yo me sobresaltara.
-Pero qué... carajos -articulo en un susurro ahogado y, a los segundos, el desconocido se coloca delante de mí y me detiene-. Pero... ¿qué hace aquí? -cuestiono incrédula al observarlo.
-Regresaba hacia mi auto -me responde relajado al sonreír.
-Me asustó -le informo algo desconcertada aún-. No debería hacer eso -le recomiendo al tiempo en que respiro profundamente para tranquilizarme por completo.
-Lo siento, no creí que hablarle muy cerca la sobresaltaría demasiado -menciona.
-No, descuide -le digo al verlo apenado-. Pero sí..., este tipo de cosas me sobresaltan más de lo que debería -le comunico-. Aunque más cuidado debería tener usted -añado de pronto; y aquel frunce su ceño al no entender a lo que me refería; y yo sonrío ante ello.
-¿A qué se refiere? -pregunta interesado.
-Sé defenderme -es lo único que le digo-. Un solo movimiento más, el que sea, y usted ya habría estado en el piso -preciso muy seria; y aquel sonríe para después empezar a reír ligeramente.
-Entonces es usted de temer -precisa divertido.
-No estoy bromeando -le digo muy seria; y aquel deja de sonreír.
-Está bien, lo siento -responde para después, colocarse a mi lado y, así, dejarme seguir mi camino otra vez.
-¿Dejó su auto por aquí? -interrogo interesada, ya que, después de todo, el tipo no me inspiraba demasiada confianza (pareciese que me estuviera siguiendo o, tal vez, solo era paranoia mía).
-Sí -contesta-. Es el que está allá -señala y, cuando sigo hacia donde señalaba su dedo, me encuentro con una verdadera belleza.
-¿Ese es su auto? -interrogo incrédula al retornar mi mirada a aquel.
-Sí -responde relajado mientras sonríe-. ¿Le gustan los autos de colección? -cuestiona de pronto.
-Sí... -susurro impresionada al seguir viendo la belleza de cuatro ruedas que estaba a unos metros de distancia de mí.
-Si desea, puede acercarse a verlo -propone gentil.
-Ah... no, gracias -contesto no muy animada, puesto que moría de ganas por revisar, más de cerca, cada detalle del automóvil; sin embargo, no sabía qué tan seguro era aproximarme al auto de un desconocido sin ser secuestrada-. Está bien así -agrego mientras sigo mi rumbo.
-¿Está segura? -pregunta divertido al observarme- Porque no lo parece -añade.
-Sí, estoy segura -contesto sin dejar de caminar.
-No soy ningún secuestrador -comenta de pronto.
-¿Y cómo puedo estar segura de eso? -pregunto al mirarlo; y aquel sonríe.
-Porque si fuera un secuestrador, creo que no elegiría un lugar público y tan concurrido como este para cometer mi fin-indica con seguridad-. ¿No cree?
-Creo que... esa sería la clase de justificación que daría un secuestrador -respondo un tanto divertida.
-Veo que tiene usted buen sentido del humor -manifiesta él al mirarme.
-Y yo veo que usted no tiene claro el concepto de "buen sentido del humor" -respondo con diversión y, aquel extraño, sonríe.
-Reafirmo lo que le dije -es lo único que se limita a responder para después continuar caminando.
-Gracias una vez más por su amabilidad -le digo al desconocido cuando debo seguir otra calle muy distinta a la que se encontraba su auto-. Espero que tenga un buen día -concluyo y le extiendo una mano, la cual aquel recibe y la estrecha.
-Gracias a ti -responde- y disculpa por haberte lanzado a la fuente de agua -sonríe; y yo hago lo mismo-. Que... también tenga un buen día -finaliza y, después de ello, cada uno sigue su camino.
«Bueno... sigamos», es lo único que me digo, en silencio, para continuar con mi rumbo.
-Ay, qué hermosa canción -expreso cuando he vuelto a reproducir música en mi celular y, en esta oportunidad, "Thank you for loving me" de Bon Jovi comienza a retumbar en mis oídos.
Me permito disfrutar, tranquilamente, de aquella canción cuando, de repente, veo la imagen del desconocido posicionarse frente a mí, pero a unos cuantos metros de distancia.
Al verlo, nuevamente, me detengo, pauso mi música y, finalmente, lo miro de forma atenta.
-¿Ahora qué sucede? -le pregunto algo extrañada.
-Lamento ser tan molestoso e incluso provocar miedo, ya que tiene motivos suficientes para desconfiar de mí -precisa-, pero... no me siento bien así -confiesa de forma repentina.
-No entiendo...
-Me gustaría poder acompañarla hasta su casa -suelta de pronto-. Yo...
-No es necesario -lo interrumpo-. En serio, estoy bien, ya no tiene nada de qué...
-Por favor -me interrumpe-, la tiré a una fuente de agua y, si bien le compré la ropa, me sentiría mejor si me dejara acompañarla -indica-. Si desea, vamos caminando -propone-. Yo no tengo problema alguno con ello -comunica-. Y si eso no le parece suficiente, puede tomarme una fotografía a mí y a la placa de mi auto y enviársela a sus padres o a una de sus amigas -agrega y, cuando dice ello, no puedo evitar reírme ligeramente.
-¿En serio dejaría que le tome una fotografía a usted y a la placa de su auto? -interrogo divertida.
-Si con eso acepta que la acompañe hasta su casa, sí -responde firme.
-Wao... -siseo un poco incrédula al no poder creer en lo que decía-. ¿Lo dice en serio? -vuelvo a preguntar- Porque yo sí le tomaría la palabra -le advierto; y aquel asiente con seguridad, lo cual me sorprende demasiado.
-¿Quiere tomarme la foto ahora? -es lo único que agrega después de mi advertencia.
-Está bien... -acepto-, pero solo le tomaré una foto a usted y a su auto, no a la placa -le señalo.
-Bueno, como usted desee -precisa y, luego de ello, procedo a tomarle una foto, la cual envío a Amy.
No pasan más de dos minutos cuando recibo un mensaje de mi mejor amiga preguntando... "¿Y quién es ese bombón?", lo cual me hace sonreír, pero más allá de explicaciones, solo le respondo... "Solo es por precaución".
-Le acabo de enviar su fotografía a mi mejor amiga -le comunico al desconocido.
-Bien, me parece bien -contesta él.
-Ahora... su auto -determino mientras camino hacia aquel y, cuando llego, no pierdo el tiempo y me dedico a fotografiarlo de todos los ángulos posibles.
-Veo que le gusta mucho -articula él al sonreír.
-Tiene un auto realmente fantástico -le comento mientras termino de fotografiar a la belleza que tenía al frente-. Bien... -exhalo con suavidad- eso sería todo -concluyo al tiempo en que le envío una foto del automóvil a mi amiga.
-Ahora sí... ¿puedo acompañarla? -cuestiona él; y yo me giro a verlo.
-Sí, ahora sí -respondo al observarlo con curiosidad-, pero antes... -alargo- ¿puedo hacerle una pregunta?
-Claro... dígame
-¿Por qué el empeño en acompañarme? -le pregunto interesada al hablar suavemente.
-Pues... primero, porque creo que es lo que debo hacer -indica-. Segundo, porque mi padre me mataría si supiera que no acompañé, hasta su casa, a la mujer que tiré a una fuente de agua por mi imprudencia al correr sin tomar en cuenta a los demás -manifiesta serio- y, por último, pero no sé si sea apropiado decirlo... -menciona- porque... -articula dudoso.
-Porqueee... -alargo como para que aquel continuará.
-Porque, tal vez, me equivoque -precisa-, pero creo que usted no se encuentra muy bien -señala de forma repentina al mirarme fijamente-. Parece que hubiese recibido una noticia no muy agradable o que, si bien no me incumbe, estuviese pasando por un mal momento -concreta algo apenado-. Porque, no es que quiera librarme de cualquier responsabilidad, pero yo venía gritando -me informa- y me pude dar cuenta de que me había robado la atención de todos en el parque -añade-. Y me parece un poco extraño que usted no me haya escuchado, lo cual quiere decir que ha estado muy distraída y pensativa -formula- y creo que no debería andar caminando así, sola, por las calles, ya que podría accidentarse -concluye y, al terminar de escuchar sus razones, me quedo estática y preguntándome que...
«¿Acaso soy tan evidente?», formulo en mi mente.
-Lo lamento, no debí haber dicho eso -vuelvo a oír la voz del desconocido.
-No, no, no se preocupe -respondo de inmediato-. Está todo bien, pero, si es por eso que quiere acompañarme, entonces le pediría que no se moleste en hacerlo -señalo tajante-. Mi casa está muy cerca y llegaré a ella cuanto antes -afirmo-. Gracias de todas maneras -agrego y, luego de pronunciar aquello, me giro para seguir con mi rumbo.
-Por favor, no -me pide el hombre al pararse frente a mí-. Lamento haber sido muy indiscreto; en serio, realmente, lo lamento -manifiesta muy apenado-, pero recuerde que esa es solo una de mis razones -enfatiza-. La principal es porque deseo acompañarla; no me sentiré tranquilo hasta que me cerciore de que llegó bien a su casa -destaca con firmeza-. Lamento mucho mi indiscreción, pero, en serio, me gustaría acompañarla -sentencia y, ante sus palabras, no me queda más que aceptar.
Aceptar porque, después de todo, si yo notara que alguien no se siente bien, pues también haría lo mismo.
-Está bien... -acepto no muy animada-, pero le tengo que confesar algo...
-¿Qué cosa? -pregunta interesado.
-Mi casa no está tan cerca -le informo; y aquel sonríe.
-Ese no es ningún problema para mí -señala con seguridad.
-¿Seguro? -cuestiono nuevamente-. Porque, en realidad, no está muy cerca -le recalco; y aquel sonríe mucho más.
-Pues... -alarga- en ese caso, creo que deberíamos apresurarnos en ir hasta su casa para que yo pueda regresar por mi auto -señala.
-Cierto... su auto -menciono apenada-. En ese caso, creo que lo mejor es que se quede -sentencio firme.
-No, claro que no -refuta él-. La voy a acompañar, luego, puedo tomar un taxi para regresar por mi auto -precisa tajante.
-Bueno... como usted quiera -le digo-, pero ya le advertí que mi casa no está nada cerca.
-Y yo ya le dije que ese no es problema para mí -recalca.
-Yo ya le advertí -repito y, después de nuestra conversación, ambos empezamos a caminar rumbo a mi departamento.
-Por cierto, me llamo Steven -pronuncia él de forma repentina; y yo sonrío.
-Es cierto, no nos hemos presentado -puntualizo mientras camino a su lado-. Yo me llamo Jaded -me presento.
-Pues... un gusto, Jaded -articula él al extenderme una de sus manos, la cual recibo gentil.
-Un gusto, Steven -respondo al mirarlo por unos segundos para después regresar mi atención al frente y continuar con el trayecto.
-Me causa curiosidad tu nombre -comenta él- ¿Por qué te pusieron así? -cuestiona con interés.
-¿Quiere que le cuente la historia de mi nombre?
-Si no le molesta -responde amable al mirarme.
-Bueno... -suspiro- se la contaré -le digo y, así, nos dirigimos a mi casa mientras me dedico a contarle el por qué mis padres decidieron llamarme "Jaded".