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Contrato de amor en Venecia

Contrato de amor en Venecia

Autor: : Eva Alejandra
Género: Romance
Esta historia se desarrolla en Venecia, el destino perfecto para el amor. Te habla de los hombres y sus mezquindades. Y del compromiso y del sacrificio de las madres por los hijos. De las princesas que fuimos para nuestros padres, de lo que enfrontamos a diario y de los sueños cumplidos.

Capítulo 1 1

Le suelto una advertencia al abusador, prefiero eso, antes que abofetear al

baboso cuñado de mi jefe. Estoy harta de tener que escabullirme para evitar los

acosos de los hombres con los que trabajo.

En esta oportunidad, mi jefe se encuentra de viaje, por lo que decido quedarme

sola, en la oficina, a la hora de la comida. En aparente tranquilidad.

Mis compañeros salieron, almuerzo y leo unos capítulos del libro de turno.

Pasada media hora, llaman a la puerta, es el señor Carmelo, esposo de la

hermana de mi jefe. Cada vez que me ve, noto en él, esa extraña mirada y la

expresión de su rostro me incomodaba. Me encuentra sola y me pide que le haga

los duplicados de algunos documentos.

Nos dirigimos al área donde están los equipos. Le doy la espalda y comienzo a

sacar las copias. En ese momento, siento como me pasa la carpeta que lleva en

sus manos por las nalgas. Es una sensación tan desagradable, que me contengo

para no gritar. Me volteo, de inmediato y, mirándolo a los ojos, lo amenazo con

decirle a su mujer. Por el tono de mi voz, sabe que hablo en serio. Él se echa

hacia atrás y se retira, diciéndome que pasará luego.

Llega el gerente de la empresa, me siento a conversar con él y le cuento lo

sucedido. Este lo toma con poca seriedad, aunque trata de disimular. Y, de

repente, suelta una carcajada.

Al mirar que yo estoy fastidiada por su actitud, se pone serio y me pide disculpas.

- No te irrites, es que me parece gracioso que ese gordo se atreva a tanto. La

próxima vez que te falte el respeto, le das una buena cachetada -. Continuó

riendo.

- Esta vez, me he aguantado - le dije, pero le advertí que le contaría a su mujer,

si lo volvía a hacer.

Terminada la reunión, me retiro a mi oficina. El presidente del grupo se encuentra

de viaje. No tengo a quien más acudir.

Esta bendita tarde la paso brava. ¡Coño! - me digo - ¡Renuncia! ¡Ya!.¡Encuentra

otro trabajo donde no te molesten!.

Salgo del trabajo y me voy al centro comercial, deseo tanto viajar. Hago un cálculo

de la indemnización que recibiré si me retiro del trabajo y consulto los destinos y

precio de los boletos de avión. La chica de la agencia me dice que solo me

alcanza para ir a Jamaica. No está mal.

Desde este momento, empiezo a darle forma a la idea en mi cabeza.

Llego a casa y le doy un beso en la mejilla a mi madre, mientras recojo mi cabello

en una cola, para refrescarme.

- ¡Hoy hace mucho calor!.

- Si mami, la temperatura está en 32 grados.

- Dame otro beso, hija, te noto rara - susurró su madre.

- Mamá, ya sabes que no me gusta que me interrogues, no quiero preocuparte.

¿Qué hay de cenar?.

Me voy hacia la cocina y levanto la tapa de una olla deseando encontrar pasta,

amo la comida italiana. En lugar de eso, hay frijoles.

Le doy otro beso, esta vez más cercano, y le digo:

- Voy a encender el aire para que se refresque el ambiente, mientras me baño.

Me tomo mi tiempo bajo la ducha. Me pongo ropa simple, como la que suelo usar

en casa. Un short rosa y azul, con un top beige. El cabello recogido y sandalias de

goma, de esas que se meten por el dedo. Al terminar, bajo las escaleras.

Mi semblante ha cambiado, me veo más relajada.

- Hija, preparé frijoles guisados con arroz ...

Hago una mueca, indicando desagrado.

- No me provoca, mamá. Me apetece una pasta. Pero mejor me haré un

sándwich, para no ensuciar mucho.

- No, hija... Aliméntate ...

- Es que quiero algo liviano. Y tú sabes que los frijoles no me agradan. ¡Los

como solo para complacerte!.

- ¿Qué te sucede?.

- No deseo hablar de eso ahora porque me va a regresar la molestia. Ya estoy

más tranquila.

- Está bien, mi amor.

- Se me ocurrió una idea. Quiero viajar.

- ¿Y eso?, ¿Adónde vas?.

- Por querer... Me gusta Europa, fui a una agencia y el presupuesto me alcanza

hasta Jamaica.

- ¿Y qué vas a hacer allí?, ¿Por qué no te vas a Italia?.

- Me sale más caro.

- El hermano de mi amigo Cristiano vive allá y siempre me invita. Si tú quieres,

hablo con él.

- Esa sí es una gran noticia, mami.

Me puse muy feliz, me imagino en Italia, paseando y degustando deliciosos

platillos. La propuesta de mi madre me lleva a soñar despierta.

De la emoción, me olvido del mal rato que he pasado en la oficina.

Estoy cocinando la cena, mientras pienso en como arreglar todo para que el viaje

se haga realidad.

-¡Mamá!, ¿Quieres que te prepare uno?, ¡Si dices que sí, te cuento lo que pasó

en la oficina!.

- Está bien, prepara uno rico.

Hice dos, uno para cada una, rellenos con queso, jamón, tomate y salsas.

Me acerco a mi madre y le entrego la comida.

- Te va a encantar.

- A ver, cuenta, que no aguanto la curiosidad.

- En resumidas... el cuñado del jefe me faltó el respeto.

- ¡Qué abuso!, ¿Y qué hiciste?.

- Hablé con el gerente, el hermano de Felipe. Cuando está de viaje, me toca

entenderme con él.

- Me parece bien. Ya basta de abusos con las mujeres.

- Si, en verdad, no fue tanto lo que hizo, solo fue algo desagradable. Me dio asco

su expresión. Lo que más me molestó fue su mirada y la manera en que se

transformó su rostro. Es un pervertido. Lo amenacé con contarle a su esposa.

- Bien hecho, hija. No hay que quedarse callada. Si no, otro día va y te hace algo

peor.

- Si, entonces... ahora te toca a ti.

- ¿A mí?.

- Mamá no te hagas ... Háblame del tal Cristiano y de su familia. ¿Cómo son?,

¿Qué te dijo cuando te invitó a Italia?.

- Ya... ellos son romanos, son mis amigos. Tienen tres años en Margarita, los he

ayudado mucho. Siempre me dicen que me tome unas vacaciones y que puedo

llegar a la casa de su hermano.

- Genial... ¿Y en qué parte de Italia vive la familia?.

- En Roma, es una pareja con dos hijas. Allí te podrías quedar a dormir.

Y, me habló de Venecia, donde me ofreció llegar a la casa de su prima.

- Es mejor de lo que esperaba, entonces podré conocer Roma y Venecia.

- Sí, pero deja que le diga. Y luego organizamos.

- Es una gran noticia mamá. Estoy feliz. Haré ese viaje y conoceré todo. Es un

destino fantástico. Lo mejor que me puede suceder.

- ¿Y el dinero?, ¿Cuánto tienes ahorrado?.

- No mucho, tuve que pagar la universidad. Pero, si renuncio, cobro una buena

indemnización.

- Piensa bien, hija. Si es lo mejor para ti, yo te apoyo.

- Lo voy a meditar. Mientras, tú conversa con el italiano.

Mi madre se va a su habitación a descansar, está feliz de ver que alcanzo mis

metas y quiere darme una mano.

Yo voy al estudio, no tengo sueño. La prioridad en este momento es investigar, ver

vídeos sobre Roma y Venecia. Me parece tan romántico...

Estoy instruyéndome un buen rato, hasta que las ganas de ir a la cama me

vencen. Y me voy a dormir. Esa noche es espléndida, tengo sueños hermosos.

Despierto con el delicioso aroma proveniente de la cocina. Mi madre está

preparando el desayuno y huele muy bien. Me doy una ducha y me arreglo. No

uso faldas, ni vestidos, procuro llamar la atención, lo menos posible. Así que,

decido ponerme una blusa manga larga de algodón y un pantalón de pliegues.

Ambas piezas en color azul y zapatillas negras, al igual que mi bolso.

Bajo las escaleras, llena de confianza y amor hacia mi madre, al verla la abrazo

diciendo:

- Bendición mami, te quiero mucho.

-¿Me dejarás sola? -, me preguntó Carmen.

-¿Por qué lo dices?, ¡Claro que no, nunca te librarás de mí!. Estarás conmigo

siempre, donde quiera que yo esté.

- Gracias hija, te amo. Come y ve a trabajar. Y, recuerda, no debes avergonzarte.

Las cosas que piensan algunos hombres, no tienen nada que ver contigo.

Cada quien mira, según su experiencia y desde su corazón. Los abusadores

actúan así, porque suponen que pueden tener acceso a todas las mujeres. Tu solo

marca tu distancia y te irá bien.

Tomamos el desayuno, un delicioso revoltillo de huevos con jamón y queso

amarillo, pan tostado y café.

- Me encanta la comida, gracias. Me voy antes de que se me haga tarde. No

olvides llamar a tu amigo. Espero tener buenas noticias.

- ¡Cuenta con eso!. Que Dios te cuide.

Conduzco hasta la Urbanización Jorge Coll, donde se ubicaba mi oficina.

Acostumbro llegar temprano.

Al girar en la esquina, veo la fachada de la casa. Una quinta de estilo colonial, muy

bonita. Al frente, está estacionada la camioneta de mi jefe. Quien desciende, en

ese momento, cargando su maletín de piel. Lleva gafas oscuras y un atuendo de

jeans y camisa a cuadros. Siempre impecable.

Me alegro de verlo. Así puedo hablar con él y tomar una decisión.

Mi jefe tiene muy mala reputación con las mujeres. Está casado con una alemana

y tuvo dos hijos con ella. De vez en cuando se acercan por la oficina.

-¡Hola, buenos días, señor Felipe!

- ¡Oh, Ale! -gritó -. Qué gusto verte. Siempre llegas temprano.

- Me es cómodo, así me pongo al día y estoy lista para empezar la jornada.

- ¡La gente exitosa se levanta antes del amanecer!, ¡Sí!, ¡Eh!, ¿Qué hay de

nuevo por acá?.

- En líneas generales, todo ha estado bien, durante su ausencia.

- ¿Qué pasó?.

- ¿No le dijo su hermano?.

- ¡Ese nunca me dice nada!, ¡Me tiene harto!. Dime tú...

- Solo fue algo que me hizo su cuñado, me faltó el respeto y estoy bien molesta.

Hasta he pensado en renunciar.

-¡Mmmm!, ¿Vas a darle el gusto a ese pendejo?. Todos sabemos que engaña a

mi hermana hace años. Deja tus cosas y ven a mi oficina a conversar.

- Está bien, ¿Le pido un café?.

- Sí, dile a la muchacha que me prepare un sándwich y un negrito. Yo espero ...

Al rato, cuando entro a su oficina, él se encuentra comiendo, con tantas ganas,

que da gusto. Tiene los bigotes llenos de salsa. Y las manos de grasa. Toma una

servilleta para limpiarse y me invita a sentarme.

-¡Oh, qué rico cocina!. Estaba sin desayunar. Me levanté temprano y salí.

Extrañaba todo esto.

Entonces, vas a renunciar por culpa del gordo ese. ¿Y eso qué quiere decir?.

¿Tiras la toalla, a la primera dificultad?. Dime.

- No es eso. Lo que ocurre es que resulta muy incómodo trabajar así. Con temor,

aquí todos son hombres. En cualquier momento puede pasar algo peor.

- Te garantizo que nada malo te va a suceder. En cuanto al gordo, ya lo voy a

llamar para decirle lo que se merece.

- Gracias, señor Felipe.

- Ya ves que no tienes que irte. En todo caso. ¿Qué planeabas hacer si

renunciabas?.

- Pensé en viajar. Siempre lo he querido y me parece un buen momento.

- Muy interesante. ¿Y adónde quieres ir?.

- Tengo una oportunidad de ir a Italia. Llegaría a casa de unos amigos de mi

familia.

- Es una gran idea, yo adoro viajar. Te propongo algo. Vete y luego decides si

renuncias o no. ¿Tienes vacaciones pendientes?.

- Sí, tengo dos períodos vencidos.

- Voy a llamar a mi agente para que me cotice los pasajes, los pagaremos como

un anticipo de tus prestaciones sociales. ¿Estás de acuerdo?.

- ¡Si, si, si!. No quiero parecer ingenua. ¿Es en serio?.

- ¡Nunca he hablado más serio en mi vida!. Es más, ya lo llamo.

Levanta el teléfono y marca el número de su agente de viajes. Pide que le envíen,

a su correo, el monto de un pasaje ida y vuelta a Roma.

- ¡Listo, déjame eso a mí!. ¡Ja, ja, ja!. Ya vas a ver que todo va a salir mejor de lo

que piensas.

- Le estoy muy agradecida. Cuento con usted...

Me retiro a mi oficina, no lo puedo creer. Me siento feliz, más que nunca. Todo

fluye tan natural, sin imaginarlo, ya estoy cerca de mi objetivo. Ahora, solo me falta

llegar a casa, en la tarde, y que mi madre tenga buenas noticias. Después de todo,

la oferta que me hizo el jefe subió mis ánimos.

Me siento apreciada y valorada por mis méritos.

Me esfuerzo mucho para hacer bien mis tareas. Soy una trabajadora

comprometida. Y, ahora, en este momento, cosecho los frutos de mi esfuerzo.

Capítulo 2 2

Paso el día trabajando, con la mejor disposición. La oferta que me ha hecho mi jefe es

irresistible. No dejo de pensar en ello.

Soy atractiva y, espero, que el apoyo que me presta, no tenga nada que ver con eso. No lo

soportaré.

Termina la jornada laboral y voy directo a casa.

No aguanto las ganas de confiarle a mi madre lo que me sucede. Las cosas están saliendo

bien.

Apenas llego, le doy un gran beso.

- Mami, no sabes lo que ha pasado -. Le dije con una gran sonrisa.

- Hola hija, qué rico abrazo. A ver, dime pronto por qué yo también tengo algo que

contarte.

- Mi jefe me ha ofrecido un adelanto para pagar los boletos. Incluso los va a gestionar él

mismo, con su agente de viajes.

- Esa es una gran noticia, aunque me parece algo espléndido de su parte.

- Es que es muy buena gente...

- Ten precaución, no me gusta mucho su actitud. ¿Cuál es su interés?.

- Tendré cuidado, lo prometo.

- No te confíes. La ingenuidad, en este caso, va a jugar en tu contra.

- Tienes razón, pero no es lógico rechazar su oferta. Es perfecto. Puedo viajar y conservar

el puesto de trabajo, al mismo tiempo.

- Yo también te tengo una noticia. Hablé con Cristiano.

- ¿Y eso qué quiere decir, mamá?. Dime, de una vez.

- Que vas a viajar hija.

Corro por toda la casa. Grito de la alegría. Hasta que aterrizo en los brazos de mi madre. La

beso, la abrazo y sigo corriendo y saltando. La emoción es incontenible. Ambas lloramos

ilusionadas.

-¡No lo puedo creer, mamá!. ¿Te das cuenta?.

- Me da mucho gusto, verte tan feliz.

De aquí, en adelante, tienes que concentrarte en los detalles. Viajarás sola y la organización

es vital. Debes ser muy precavida.

- Si, mami, lo que tú digas. Te hago caso, en todo, lo prometo.

- Vas a llegar a Roma, pasarás alrededor de 15 días o te quedas una semana allá y luego

vas a conocer Venecia. El tiempo se va rápido, en especial, cuando uno se divierte. Así que

planifica bien para que conozcas los lugares más importantes.

- Voy a llamar a Lila, su esposo es Italiano. Puede orientarme un poco.

- Ok, pero ya cuando tengas el pasaje y estés lista para viajar. No te adelantes. Ve al ritmo

de los acontecimientos. Obedece mi amor.

- Es cierto, voy a chequear mi pasaporte y a mirar qué ropa me puedo llevar.

- Vas en pleno verano, así que, elige atuendos frescos. Allá la temperatura es bárbara en

esta fecha.

Estoy en mi habitación, sacando la ropa del closet y colocándola sobre la cama. Pongo a un

lado la que más me gusta. Siempre elijo la vestimenta que me queda mejor.

Me entretengo, probándome algunos atuendos y los combino frente al espejo. Saco los

zapatos de sus cajas y calzo mis sandalias favoritas, con tacón transparente en forma de

cuña. Sus tiras en color gris ratón, con destellos brillantes, se cruzan sobre mis pies.

Descuelgo mi conjunto de pantalón y blazer de color vino tinto. Me encanta la reacción de

las personas cuando me ven con él. Siempre lo uso, agregando, debajo de la chaqueta, un

top blanco de tiros. Le queda perfecto.

Ordeno, dentro de la maleta, la ropa ya clasificada y la cierro. Coloco todo de nuevo en el

closet. No me gusta el desorden.

Ahora estoy en el estudio y enciendo la computadora, para seguir investigando.

Carmen, mi madre, entra y se me queda mirando. Viendo que busco información sobre

Venecia.

-¿Te gusta?. Dime.

- ¡Es un lugar hermoso, tan elegante!.

- Claro mami. Ya clasifiqué la ropa que voy a llevar. Quiero verme bella.

- Ve cómoda y, al mismo tiempo, bien arreglada.

- Incluiré algunos libros, de regreso tocan los exámenes.

- Yo dudo mucho que vayas a estudiar.

- ¿Tú crees?. En un rato, en las noches, tengo que hacerlo, el material es extenso.

- No te hagas expectativas. Allá verás. Disfruta tu experiencia.

- ¿Y qué le voy a decir a papá?.

- Le dirás la verdad, pienso yo. Vas de vacaciones y llegarás a la casa de una familia

amiga.

Yo tengo por norma no dar explicaciones. Y, si me animo, lo hago de la manera más directa

y sencilla. Sin mucha vuelta.

- Le diré cuando esté todo listo, incluyendo el boleto.

-¡Así se habla!. Y, deje de distraerme, señorita, que debo cocinar. Se hace tarde.

- No tengo hambre - respondo. Mientras, continúo buscando información, esta vez sobre

Roma.

Apunto los lugares más relevantes. Mi madre me dijo que los familiares de Cristiano viven

en la capital, pero no el sector. Comienzo a planificar para visitar cada día, por lo menos,

un sitio turístico. El resto del día estaré libre, iré a pasear y conoceré gente.

Carmen va a la cocina y yo me quedo triste. La veo algo desarreglada, con los ánimos

bajos, desde la traición que le hizo mi padre. Me gustaría que se dedicara más a mejorar su

aspecto físico, que optara por ejercitarse y se arreglara las uñas y el cabello. No se lo digo

para no hacerla sentir mal.

Cuando mi padre se fue de la casa, me afectó demasiado, éramos muy cercanos. Lo

admiraba y adoraba y él me consentía, complacía mis caprichos.

Mi madre calló por años los problemas entre ellos. No deseaba que yo sufriera por la

incertidumbre que acompaña una separación.

Él es un hombre muy elegante, viste traje y corbata, impecable. Usa zapatos en piel,

siempre relucientes. Tenía dos clósets en casa, ocupados con sus camisas, en todos los

colores y estilos. Al igual que trajes de lana y cachemir, en tonos claros y oscuros.

Me encantaba ayudar a papá, incluso, me gustaba hacer el nudo de su corbata. A veces, me

salía, otras no. Él me explicaba cómo arreglarlo y me dejaba intentar de nuevo. Para él era

un placer recibir mi cariño y atención.

El día que mi padre se fue de la casa, tras una discusión con mamá. Pensé que volvería,

pero eso no ocurrió. Me costó comprender que, de allí en adelante, viviríamos sin él.

En especial, por el motivo de la ruptura de la relación.

Nunca olvido ese día. Cuando sentí un dolor tan fuerte, como si me hubiesen arrancado el

corazón del pecho. Me quedó un ardor por dentro. Una tristeza tan grande, que las lágrimas

salían, sin control, de mis ojos. Nos sentimos traicionadas. Lo que hizo mi padre nos afectó

a las dos.

Abandona a la familia por los amoríos con otra mujer, recién llegada a su vida. No puedo

entender como un hombre responsable, un caballero tan guapo e inteligente, nos da la

espalda. Somos sus dos grandes amores y nos deja por una desconocida. En definitiva,

aprendí que, los hombres son débiles y capaces de perder todo por el instinto sexual animal

que los mueve. Sin medir las consecuencias de sus actos.

No solo cargo con mi dolor. Si no que finjo entereza para apoyar a mi pobre madre, que

está destrozada y llora sin cesar. En un estado depresivo perenne.

Decido ser fuerte. Me ocupo de apoyar y proteger a mi madre, que nunca me falla.

Mi padre, antes de irse, me prometió que las cosas no cambiarían en nada entre nosotros.

Lo que en la práctica no sucedió.

Cada día tenía menos tiempo que dedicarme. Cualquier excusa era buena para no buscarme

o dejar de pasar la mensualidad. Hasta que un día, ya harta de depender de él, comencé a

trabajar y a cubrir lo necesario. Mi madre se ocupa de tareas online, pero el ingreso no le da

para todo.

Poco a poco, me fui alejando de él. Hasta que las conversaciones se espaciaron tanto que

pasábamos días sin hablarnos.

Yo decidí no reclamarle más, desde un día que, de manera muy deportiva, me dijo que

cuando creciera lo entendería. La disculpa me pareció tan infantil, que su imagen se quebró

en pedazos. Delante de mis ojos, pasó de ser aquel hombre admirado y querido, a un ser

que se movía por instinto, sin capacidad de amar.

Mi madre se enteró de la infidelidad de mi padre, mucho antes que se lo informara su amiga

Carla. Lo supo porque le encontró marcas de labial en sus camisas, en más de una

oportunidad. Lo que no sabía era el nombre de la muchacha.

Como siempre ocurre en estos casos. Todas las amigas de mi mamá estaban enteradas de lo

que hacía, pero nadie se atrevía a decírselo. Hasta que, Carla, harta de los descaros de él.

Quien se paseaba, sin decoro, con su amante por toda la urbanización. Decidió hablar.

Pienso que el apoyo que me da mi madre para este viaje, tiene mucho que ver con lo

sucedido. Ella se sacrificó por mantener una relación que se le fue de las manos. Por la

incapacidad de su marido de valorar lo que es importante y permanente, la familia. Ahora,

mi madre me da la confianza para extender mis alas y volar. De vivir y buscar alcanzar mis

sueños. Sin depender de nadie más, solo de mi misma. Considero que está acertada, puedo

garantizarme un futuro. Contar con otra persona es como colgar de un precipicio. Te caes

en cualquier momento.

A pesar de los meses transcurridos, lloro, al recordar aquello. Voy al baño a lavarme el

rostro y soplar mi nariz.

Deseo construir un futuro y, más que nada, solidez económica para mi familia. Todo es

pasajero y la estabilidad depende, en gran medida, del bienestar financiero. Que si bien, no

otorga la felicidad. Permite llevar la vida tranquila que merecemos. Sin angustias ni sofocos

por deudas o falta de dinero para los gastos básicos.

No tengo, por el momento, ningún romance en puerta. Aunque sí, el deseo de enamorarme

algún día.

Carmen se encuentra en sus faenas...

- ¿Mamita, qué estás preparando, te ayudo?.

- Si gustas puedes picar aliños. Estoy cocinando empanadas de pescado con salsa tártara.

- ¡Qué rico...!. Si, te ayudo...

- Entonces, corta la cebolla bien finita para que no se sienta tan fuerte al paladar.

- Me encanta cocinar contigo, lo que preparas te queda superrico.

- Gracias mi amor, lo dices porque me quieres.

- No es cierto, en la escuela mis amigos se peleaban por probar lo que me enviabas en la

lonchera. Decían que mi mamá era chef...

- Tan bellos, digamos que le pongo un poco de amor y mucha atención a lo que cocino,

eso sí.

- ¿Qué pescado es?.

- Es mantarraya, la sancocho con tiempo, la guiso y la tengo congelada, lista para comer.

Trabajo un solo día, eso me ayuda un montón. Es parecido al sabor del cazón. Aunque esta

me agrada más, su gusto es menos fuerte.

- Con ese guiso se puede hacer un pastel de chucho.

- Viste cómo has aprendido... La cocina es imaginación y valentía. Para realizar platos

nuevos, solo debes atreverte a experimentar con los ingredientes. Saber combinarlos.

- Es cierto, en la familia todas somos buenas. Siempre recuerdo lo sabroso que cocinaba

la abuelita.

- Si, tu abuela era una excelente cocinera. Le encantaba preparar todo tipo de platos.

Hasta sus vegetales eran especiales.

- Lo recuerdo, en una oportunidad le comenté que no me apetecía la ensalada de

zanahoria con repollo rallado. Y me dijo, "no te gusta porque no has probado la mía". En lo

que comí un poco, me encantó... Hasta le pedí más...

- Cada quien con su sazón. Su toque especial. Por eso, la misma receta tiene un sabor

diferente dependiendo de quién la prepare.

- Si algún día tengo hijos, los voy a enseñar a cocinar desde pequeños. Que se

acostumbren a comer bien. Sano y nutritivo.

Culminamos el plato y nos sentamos a cenar. La salsa le da un toque especial, realza el

sabor del pescado. Combina con el crocante de la empanada frita.

Terminamos de comer, lavo los platos y limpio la cocina, mientras mi madre barre. Luego,

nos sentamos a compartir un programa en la televisión. Nos encantan las series del gourmet

sobre la cocina del mundo. Los ingredientes que usan y las recetas.

Disfrutamos de un rato tranquilo, hasta que llegó la hora de irse a dormir. Nos dimos un

beso afectuoso y seguimos a las habitaciones a descansar.

Extiendo el mat, hago ejercicios de estiramiento y medito. Mi estado de relajación es tal

que me quedo dormida, me sumerjo en un sueño profundo.

Capítulo 3 3

Desperté más temprano que de costumbre. Quise sorprender a mamá con un desayuno

americano, antes de irme al trabajo.

Debía salir más temprano para pasar por control de estudios en la universidad. Y así

conversar con la secretaria sobre la programación de exámenes. Curso educación a

distancia, el material lo publicaban en la web. De modo que, asistir en persona, es parte de

las relaciones que cultivo con el personal de la uni. De esa manera, me entero de los

pormenores.

Pienso que la interacción que resulta del contacto físico no puede ser sustituida por otro

método, ni siquiera el encuentro en video.

Qué gusto ver la cara de Carmen cuando bajó y encontró el desayuno servido.

- Buenos días, mami. ¿Te agrada?.

- ¡Feliz día, hija!. ¿Acaso me he quedado dormida?. ¿Qué hora es?.

- No, para nada. Soy yo que he madrugado. Tengo que pasar por la universidad antes de ir

a la oficina.

- ¿Y eso?. ¿Ya inician los exámenes?.

- No, ni siquiera han publicado el cronograma. Es por ello que me voy a llegar en persona.

Así saludo y me entero cuál es la planificación.

- Muy bien. Siempre tan organizada.

- Gracias mami.

- Vamos a comer que se enfría...

- Te quedó delicioso... En especial estos panes, suaves y esponjosos.

- Ya los hago al ojo, sin receta.

- Heredaste el talento culinario de la familia, no me canso de decírtelo.

- Gracias mami.

En la tarde voy a la academia, tengo baile hoy. Llegaré en la noche. ¿Necesitas alguna otra

cosa?.

- Sí, pasa comprando queso y vegetales.

- Bien, si recuerdas algo más me escribes.

- Me lavo y salgo. No me gusta llegar tarde.

Nos despedimos y fui por mi auto al estacionamiento. En estos días me encuentro muy

motivada. Con muchas ganas de que todo resulte como deseo.

El día está fresco, después de la lluvia de la noche anterior. Las calles humedecidas me

invitan a conducir despacio. En unos minutos, atravieso la ciudad hasta la sede de la

institución. Saludo e ingresó al recinto.

Llego con una espléndida sonrisa, que contagia a los presentes. Tomo asiento y espero a ser

atendida.

La encargada me recibe poco tiempo después.

- Buenos días, linda. ¿Qué te trae por acá?. Dime. ¡Ojalá que todos los estudiantes

llegaran así, con una sonrisa!.

- ¿Se me nota?. Es que estoy feliz. ¿Cómo has estado?.

- ¡Bien, linda!. Cargada de trabajo, igual que siempre.

- Seguro sacas todo pronto. Vine porque quiero saber cuándo publican el calendario de

pruebas. Tengo que viajar.

- ¡Qué buena noticia!. ¿Para dónde vas?

- Voy a conocer Italia.

- Te felicito, es un país hermoso. Y la gastronomía... una delicia.

- Sí, no sé cómo voy a hacer, mantener mi peso ante tantas tentaciones será un reto.

- Lo importante es que disfrutes. Lo demás es secundario.

Con relación a los exámenes, están aún reunidos en espera de definir las fechas. Pienso que

para esta semana debemos tener listo todo.

- ¿Me puedes mandar un mensaje?. Necesito saber qué libros llevar para estudiar allá.

- ¡En Italia, lo dudo...!

- Sí, ya me lo han dicho, ja, ja, ja.

- Ese es un viaje que quizás hagas una sola vez en la vida. Mi consejo es que te olvides de

llevar libros, pero igual te avisaré cuando sepa las fechas de cada materia.

- Eres genial, te lo agradezco. Un gusto verte. Me voy, tengo que trabajar. Nos

hablamos...

- Chao linda, suerte en tu viaje.

- Gracias.

Salí muy animada de la reunión y me fui a la oficina, ubicada a quince minutos en carro.

Al llegar saludé a mis compañeros. Dispuse todo e inicié la jornada. Encendí los equipos y

saqué la agenda. Acostumbraba leer lo que tenía pendiente para el día.

Comencé ordenando e identificando las carpetas en el archivo. Quiero ingresar los

documentos de los inmuebles recién adquiridos por la empresa. Es una de las pocas tareas

manuales que hago. El resto es todo en el sistema computarizado.

Estoy entretenida, cortando las etiquetas, cuando recibo una llamada por la línea interna. Mi

jefe me pide que vaya a su oficina.

Dejo a un lado, lo comenzado y salí atravesando el patio interior hasta el pasillo que sigue

después de la fuente. A mano derecha, el privado del señor Felipe. Justo al lado de la

biblioteca.

- ¡Toc, toc!.

- ¿Quién?.

- Soy yo, Alessandra.

- Pasa no más.

- Buenos días. ¿Cómo está usted?.

- Bien, ¿Y tú?. Te he mandado a llamar por lo siguiente. El señor de la agencia me carga

loco. Ya tengo que darle la fecha para que emita los boletos de tu viaje.

Mi rostro se iluminó. Sin poder contener la alegría, sonreí y le dije. Tomando el calendario

del escritorio.

- Disculpe. ¿Me permite?.

- Claro, ve las fechas para llamarlo de una vez.

- Me gustaría viajar esta semana que entra, entre el 10 y el 15 de junio. Así paso mi

cumpleaños allá.

- ¡Ja, ja, ja!. Bravo, muy bien pensado.

El señor Felipe llamó a la agencia y le comunicó al operador la fecha del viaje, con retorno

15 días después.

- Gracias, señor Felipe. No sé cómo agradecerle todo lo que ha hecho por mí.

- No es nada. Tú no más disfruta y me cuentas. ¿Tienes maleta?.

- Sí, tengo una pequeña, pero me hace falta otra.

- A ver, no empaques mucho equipaje porque luego te va a estorbar. Y allá seguro que

compras algo. Lleva la maleta que tienes y, a lo sumo, un bolso de mano con lo más

esencial. Hazme caso que yo odio andar con mucho equipaje. Es más tedioso a la hora de

moverse.

- Así lo haré. Usted tiene más experiencia que yo.

- No te creas, cuando viajas mucho te fastidia. Es como todo, al principio te deslumbras.

Ya luego rezas por quedarte en casa tranquilo.

- Así es. Tiene usted razón. Entonces, si no me necesita, me retiro. Estoy incorporando al

archivo unos documentos.

- Anda tranquila. Yo tengo que hacer unas cuantas llamadas. Apenas me manden el boleto

electrónico, te aviso. Lo imprimes y sacas copia. ¿Revisaste el pasaporte?. Pendiente con

eso.

- Eso fue lo primero que guardé en mi equipaje. Está vigente, se vence en 3 meses.

- Entonces debes ir a renovarlo. Así no te permiten viajar.

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