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Corazón de Limón

Corazón de Limón

Autor: : Sol Cánaves Díaz
Género: Romance
Corazón de Limón es la continuación de Corazón de Miel. Annie Sucrette se enfrenta ahora a la ajetreada vida universitaria con todo lo que eso implica: Exámenes, fiestas, encontrar el primer empleo y algunos conflictos... Pero también buenos amigos y el amor incondicional de su novio y mejor amigo, Kentin. Sin embargo, cuando las cosas parecen que no podían estar mejor, un fantasma del pasado regresa para destruir todo lo que ha llevado casi dos años construirse. ¿La vida de Annie será destruida o logrará parar el fuego antes de que destruya todo? Libro 3 disponible para leer: Corazón de Chocolate.

Capítulo 1 La Capital

En sólo unos minutos el mar quedó a nuestras espaldas para adentrarnos hacia la Ciudad Capital, donde íbamos a pasar los próximos cinco años de nuestra vida dedicadas al estudio y al trabajo.

Gracias a las recomendaciones de mi suegro, había conseguido trabajo en una perfumería del centro comercial, a solo un par de pasos de la Facultad de Ciencias Jurídicas; a mi mamá no le gustaba la idea que trabaje pero a papá la idea no le desagradaba para nada, ya que así aprendería a valerme por mí misma.

-Has estado demasiado tiempo bajo el ala de tus padres, un par de golpes no te vendrán mal-dijo cuando estaba terminando de guardar mis cosas en las cajas de cartón para la mudanza.

-Aun así, cariño... Annie sólo tiene diecinueve años, acaba de graduarse... -Mamá parecía más afligida que otra cosa al ver que su única hija abandonaba el nido para vivir una nueva aventura, lejos de su atenta pero muy amable mirada maternal-. De todas formas yo te enviaré dinero semanalmente para que tengas para tus gastos universitarios, los dos sabemos muy bien lo caro que sale estudiar... Las fotocopias, los libros, el transporte...

-Pero si tiene chófer -rio papá.

-Mi novio no es mi chófer -mascullé enojada.

El Jeep Commander de Kentin se estacionó frente a un enorme edificio de catorce pisos, allí era donde íbamos a vivir por los próximos cinco años, más precisamente en el Penthouse, el único con terraza y balcón para nosotros solos y mi perro Fuser, un Pitbull Terrier Americano, más bueno Lassie y más mimoso que un cachorro. Mi suegro nuevamente había sido el cerebro en la operación de conseguir un lugar para mi perro pues mis padres no iban a poder cuidarlo, en la residencia universitaria no permitían animales y rentar una casa en las afueras de la ciudad iba a ser muy contraproducente para todos al momento de cursar las clases.

Mientras Kentin subía a mi perro hasta su nuevo hogar, Ayaka, Rose y yo nos quedamos en la calle bajando las cosas del camión de la mudanza. Yo no traía demasiadas cosas, solo mi ropa, libros, perfumes, mi televisor, mi PS4 y mis videojuegos entre otros afectos personales, pero Rose y Ayaka traían demasiada ropa.

-Tuvieron que haber regalado unas cuantas prendas -mascullé con la frente cubierta de sudor mientras ayudaba a colocar todo en el ascensor, presionábamos el último piso y Kentin desde arriba descargaba todo para volver a mandar el ascensor hacia la recepción del edificio-. O al menos venderlas, que se yo.

-Yo nunca regalo mis creaciones. -sentenció Rose con tono muy serio. Rose era una muchacha alta y bronceada, de cabello plateado y penetrantes ojos amarillos, sofisticada y con un marcado estilo victoriano, su mayor sueño era que su ropa desfile en las más prestigiosas pasarelas de París y el mundo.

-Además, siempre se puede reciclar lo viejo -rio Ayaka subido al camión de mudanzas mientras bajaba nuestro ficus, con el cabello celeste, su piel blanca y ojos violetas, su particular estilo de vestir que incluía todos los colores del arcoíris y su enorme y bondadoso corazón había provocado suspiros en más de una en el instituto pero él las había rechazado muy cortésmente pues a mi amigo le gustaban los muchachos.

Una vez que bajamos todo, y les dimos las gracias a los conductores, nos subimos al ascensor y al cerrarse las puertas una muchacha de ojos verdes, piel pálida y largos cabellos castaños con graciosos bucles me devolvió la mirada. Ascendimos hasta nuestro departamento, por suerte íbamos a estar solos en el décimo cuarto piso, no me gustaba vivir en apartamentos, no se tiene privacidad y una se entera hasta cuando el vecino de arriba tira de la cadena. Abrí la puerta y observé el que iba a ser nuestro hogar, era un loft minimalista en blanco y verde con cocina-comedor y grandes ventanales, al parecer quien lo había diseñado era un japonés porque reconocí muchos acabados zen y puertas corredizas en vez de las clásicas puertas occidentales, una puerta de vidrio que llevaba al balcón-terraza, el cual tenía un cantero bastante grande con algunas plantas y una mesa con cuatro sillas, una barbacoa y la caseta de mi perro con Fuser olfateando el césped del cantero.

-Por fin llegan. Me había olvidado de que eran tantas cajas -jadeó Kentin. Mi novio y mejor de amigo de años, en los últimos años había pegado un estirón considerable, de pasar a medir un metro sesenta ahora medía uno ochenta; su cabello había sufrido un ligero acondicionamiento para estar apto para la carrera militar, pues de pasar a tener un estilo despeinado y relajado, con un bonito fleco en su frente y una melena cortada en capas ahora lucía su cabello corto en la nuca y patillas y en una pequeña cresta en la parte superior de la cabeza. Su estilo de vestir era variado pero bien marcado, si no usaba su uniforme militar o unos cómodos joggings elegía un estilo rugbier-polista que le quedaba muy bien, le gustaban las marcas de Ralph Lauren y Kevinstone pero siempre sus colores elegidos eran el blanco, el negro, toda la gama de los verdes, el azul y el rojo, algo que le favorecía enormemente por sus hermosos ojos verdes, y nunca se sacaba sus mitones de moto de cuero negro, eran su marca personal desde el instituto-. Dentro de poco empiezo a cocinar, primero quiero que acomodemos un poco más.

-¿Qué piensas cocinar? -preguntó Rose, cuando hablaban de comida a Rosemary se le abría automáticamente el apetito. Kentin dejó salir una carcajada.

-Quizás spaghettis, pero aún no estoy muy seguro -respondió.

Cada uno tomó sus cosas y nos dirigimos hacia nuestros dormitorios, el dormitorio que compartía con Kentin era una suite matrimonial con una enorme ventana vista a la ciudad, dejé mis cosas allí y empecé a acomodar el resto de las cajas según las inscripciones que le habíamos hecho en las cajas de cartón. Dejé las cosas de la limpieza en el lavadero y las de la cocina en el comedor y cuando cada zona tuvo sus pertenencias me dispuse a acomodar mis cosas.

Lo primero que saqué era una foto de mi grupo de amigos: En ella estaban mi novio, Rose y Ayaka; Aren, el hermano gemelo y gamer de Ayaka, un muchacho de cabello negro y ojos celestes, a quien no había visto desde que mi prima, Asagi (quien posaba a su lado, rubia de cabello corto y hermosos ojos) había decidido terminar su relación con él y regresar a Escocia, provocando en Aren una profunda depresión. No había tenido noticias desde que ella se regresó a Europa y Ayaka no había dicho más de lo que ya sabíamos: Aren se había autoexcluido a su habitación y se negaba salir o hablar con nadie.

Pero ellos no eran los únicos pues también sonreían para la foto Ida, pelirroja y de hermosa sonrisa; Keyla, morena y fuerte con un hermoso cabello negro y brillantes ojos verdes; Melany, recatada y aplicada de cabello castaño y ojos celestes; Lila, tímida pero sonriente; Nicholas y su hermana Allison, ambos rubios pero el primero de ojos ámbares y la segunda de ojos verdes; Chessire y Mei, la primera castaña y seria y la segunda, asiática y de lacio cabello negro; y Chester y Louis, el primero pelirrojo, bipolar e inmaduro, de melena lacia que le llegaba a los hombros sonreía a la cámara mientras hacía un gesto muy grosero con la mano, y el segundo albino con las puntas de su cabello negras, caballero, maduro, serio pero sumamente olvidadizo y capaz de perderse hasta para ir al baño de su casa, que miraba a la cámara con sus ojos bicolor sonriendo, el derecho celeste y el izquierdo verde. Esa foto la habíamos tomado el último día de vacaciones que habíamos pasado en la residencia vacacional a orillas de la playa de la familia de Kentin.

Louis, Chester, Allison y Nicholas estaban viviendo en la Capital pero el resto de los amigos no, casi todos se habían quedado en el pueblo pues no habían logrado pasar los exámenes de ingreso de la universidad. Melany y Lila habían logrado entrar a la Carrera de Bellas Artes pero Keyla, incapaz de soportar otros cinco años más de estudio, prefirió aprovechar e irse con Iris a un año sabático para descansar de doce años de instituto obligatorio. Mei y Chessire se quedaron en el pueblo y empezaron a trabajar apenas se graduaron, así que Allison no las podía ver tanto como acostumbraba cuando éramos estudiantes. Por su parte ella y su hermano habían logrado ingresar a las carreras de Licenciatura en Turismo y Contabilidad respectivamente.

Dejé esa foto tan hermosa en mi mesa de luz y miré la ciudad que se encontraba a mis pies, a solo una calle podía ver el campus de la universidad, el centro comercial donde trabajaría y otros edificios.

Sonó mi teléfono celular y vi que era un WhatsApp de Nicholas.

«Ya estamos en nuestra casa, ven cuando quieras! :D».

Y a continuación me llegó una selfie de Nicholas y su hermana en la puerta de una modesta pero bella casa de un piso. Yo sonreí y le mandé otro mensaje.

«Yo también ya estoy en mi loft, está genial, quieren venir a tomar algo a la noche? Besitos, los quiero ;*»

Cuando Nicholas me confirmó que iba a venir salí corriendo para ir a comprar algo al supermercado que quedaba a pocas calles. Apenas salí me vi aturdida por los ruidos de la urbe y la modernidad. Extrañaba la tranquilidad del pueblo.

Capítulo 2 Welcome to the Jungle!

Cuando salí a la calle pude ver cómo era ese ajetreado mundo urbano de la gran ciudad: Era una jungla, ni más ni menos, donde sólo el más capaz y fuerte iba a sobrevivir.

Si bien había vivido un tiempo en grandes y ajetreadas ciudades como Bogotá, la ciudad de la furia Buenos Aires, CDMX, París, São Paulo y otros lugares por el trabajo de mis padres, ahora debía valerme por mí misma; tal como había dicho papá «ya no iba a estar debajo del ala de mis padres», pero me había acostumbrado tanto a la tranquilidad del pueblo, su quietud y sus tradiciones que ahora me sentía incómoda y hasta fuera de lugar. Caminé hacia el supermercado aferrando mi bolsa ecológica en una mano y mis llaves en la otra, había dejado el teléfono en el loft por el apuro de salir a hacer las compras y si necesitaba llamar a alguien iba a estar en un serio aprieto, ni siquiera me sabía el número de teléfono de Kentin o del apartamento y no había traído monedas para usar el teléfono público. Ya estaba anocheciendo y las luces de las calles empezaban a encenderse lentamente, miré hacia el cielo pero la contaminación lumínica no me permitía ver las estrellas que a esa hora en el pueblo ya aparecían.

Vi muchos mendigos durmiendo en las puertas de los negocios, quizás borrachos o drogados... y también alguna que otra prostituta que ya salía para comenzar a dar sus placeres nocturnos.

Para llegar al supermercado tenía que atravesar por un parque donde Kentin me había dicho que era un lugar genial para hacer ejercicios o pasear a Fuser. Había un grupo de muchachos sentados debajo de un farol, llevaban capuchas y estaban escuchando hip-hop y fumando cigarrillos.

-Hey, linda ¿para dónde vas? -preguntó uno de ellos, eran cinco y no podía verles las caras-. No te he visto por aquí, ¿te acabas de mudar?

-Miren esas tetas, seguro trabaja en alguna esquina -rio otro.

-No creo, tiene demasiada ropa para eso -masculló otro-, pero las inocentes son las peores.

Algo olía extremadamente raro en el ambiente, un olor que me cerraba la garganta y me hacía toser, apuré el paso para alejarme de ellos mientras ese grupo de chicos seguía insistiendo en que me quede con ellos. Casi saliendo del parque logré ver el enorme cartel del supermercado, no era más que un 7-Eleven pero al menos iba a cumplir su propósito, sólo necesitaba algo para beber y quizás unas papitas y otros snacks para entretener a mis invitados. Entré casi corriendo, las puertas automáticas se abrieron y música de Selena Gómez me llegó hasta los oídos, tomé uno de los canastitos amarillos y caminé entre las góndolas del local buscando lo que necesitaba. Tomé una botella de Coca-Cola de los refrigeradores, un six-pack de Miller y dos bolsas de papitas, estaba buscando maní salado cuando un chico extremadamente delgado que caminaba todo encorvado me empujó con el hombro en medio del pasillo.

-¡Ten más cuidado, perra! -me dijo abriendo sus brazos, lo miré y era casi igual a Skinny Pete de Breaking Bad, hasta incluso tenía la misma cara de perdido.

-Lo lamento -susurré.

-Sí... Eso pensé... -Y continuó su camino. Seguramente se iba a robar algo de la tienda. Más me valía apurarme, tomé un par de bolsas palitos de queso y me acerqué a la caja. El dependiente me miró con ojo crítico.

-¿Identificación? -preguntó. Cierto, debía demostrar que era mayor de edad para comprar bebidas con alcohol, metí mi mano en el bolsillo delantero del pantalón y saqué mi tarjeta de débito y mi documento de identidad, el dependiente lo miró y luego dirigió su mirada a mí-. No pareces de dieciocho años.

-Pero tengo diecinueve -respondí. El empleado volvió a mirar mi identificación como buscando algún rastro de falsedad pero era totalmente verdadera.

-Serían $236 -masculló, le tendí la tarjeta y él la pasó por el lector magnético, mientras esperaba a que la transacción se complete empezó a embolsar mi compra pero lo detuve.

-Traje mi bolsita -le tendí mi humilde bolsa ecológica de color naranja con el logo Go Green, suspirando la tomó y metió mis compras en ella, finalizamos la transacción estampado mi firma en el recibo de la tarjeta, guardé todo en mi bolsillo y me colgué la bolsa al hombro.

-Muchas gracias -dije, esperaba una respuesta pero el tipo me gruñó. Salí por las puertas automáticas y empecé el recorrido de regreso a casa; ya era de noche y las luces iluminaban la calle y la ciudad entera.

Cerca de la entrada del parque había un par de personas comprando algo a un tipo, seguramente relojes de imitación, pensé. No quería volver a cruzarme con ese grupo de chicos así que en vez de entrar en el parque decidí rodearlo e ir por donde había más luz, me tomaría más tiempo pero me ahorraría de un segundo encuentro. Esta vez vi más prostitutas esperando por clientes, vestían provocativamente y caminaban de un lado a otro de la acera pero lo raro era que cerca de ellas había un grupo de chicos bien vestidos en uno de los faroles de entrada al parque.

-Hola, princesa, ¿buscas compañía? -preguntó uno de los muchachos, le noté un acento brasileño, me giré para mirarlo mientras pasaba levantando una ceja-. Eres muy linda, así que te haré un descuento.

Yo parpadeé sorprendida ¿descuento? ¿qué vendía?

-Adilson, si quieres una clienta no te regales así, ellas vendrán -le retó uno de los muchachos, tenía un acento claramente español, me percaté que todos ellos eran muy guapos y sin duda tenían un físico muy bien proporcionado. Decidí no responder y caminé más rápido con tal de llegar a casa, cuando vi el edificio apuré el paso, ya en la entrada le hice señas al portero, él me abrió la puerta y yo le agradecí.

Entré al ascensor y subí hasta mi piso, entré en el loft y cerré la puerta, había olor a salsa y carne, Kentin estaba cocinando y me miró desde la cocina.

-¿Dónde estabas? Te llamé a tu móvil y no respondías -preguntó afligido-. ¿De dónde vienes?, ¿acaso saliste a esta hora?

-P...Perdón, fui a comprar algo para beber y picotear porque vienen Allison y Nicholas a conocer el departamento y me dejé el teléfono -le expliqué, dejé la bolsa en la mesa de la cocina y empecé a sacar las compras, Kentin me miró de arriba a abajo con ojo crítico.

-¿Qué te pasa?, ¿por qué estas tan agitada? -preguntó, dejó la cuchara y me miró con el ceño fruncido-. ¿Acaso te asaltaron?

-No, no me asaltaron... Pero sí un chico en el 7-Eleven de aquí cerca me chocó a propósito -respondí, le expliqué además de mi encuentro con esos chicos del parque, el olor raro de esos cigarrillos, la gente que le estaba comprando algo ese tipo extraño, los muchachos bien vestidos y lo mucho que entrañaba la tranquilidad del pueblo. Cuando terminé Kentin me miraba serio con sus ojos verdes devorándome.

-Primero que nada... -empezó luego de unos segundo de intenso silencio-. Que sea la última vez que no me avisas a dónde vas. No, no me blanquees los ojos, Annie. Todavía no conoces la ciudad y no sé tú pero yo no quiero que te violen o te asalten, más si sales de noche, la próxima vez que alguien te acompañe. Segundo, lo que esos chicos estaban fumando era marihuana.

-¿Marihuana? -pregunté.

-Sí, es una droga.

-¡Ya sé lo que es la marihuana!

-¿Y entonces de qué te sorprende?

-¿Pues que su consumo no está prohibido? -pregunté.

-¿Es ilícito matar? -preguntó mi novio.

-Obvio. -respondí.

-Y la gente igual mata -dijo Kentin y continuó cocinando sin dejar de hablar-. Pasa lo mismo con esa planta de mierda, encima los activistas están más pesados que nunca con su legalización y no se dan cuenta si bien es una de las drogas más suaves es la puerta a todo el resto de las adicciones, porque hoy es un poco y mañana ese poco ya no te causa el mismo efecto y le entras a la cocaína y así te metes en un laberinto del que después es muy difícil salir y era eso lo que esas personas estaban comprando, era un dealer; tercero, lo que te ofreció ese chico era sexo.

-¿Sexo? -pregunté sorprendida-, ¿desde cuándo hay prostitutos en las calles?

-Desde la antigua Grecia, pero el término correcto sería gigoló -me explicó Kentin-. Están por todos lados y generalmente tener acceso a ellos es muy difícil, por lo general debería recomendarte una cliente habitual, es raro verlos en las calles. Parece que el negocio no va bien.

-¿Y tú cómo es que sabes todo eso? -quise saber sorprendida del nivel de información que manejaba Kentin. Mi novio rio mientras yo me servía un poco de Coca-Cola.

-Uno de mis compañeros de la escuela militar es prostituto -me ahogué con el refresco- ¡No, en serio! Lo hace para poder pagar sus gastos, su familia es realmente humilde y tiene la ventaja de tener un cuerpo entrenado y el uniforme militar.

-¿Y hay mujeres que pagan por tener sexo? -me parecía inconcebible que una mujer tenga que pagar para eso.

-Claro, aunque no es sólo sexo. Muchas clientas lo hacen por la compañía, charlar con alguien, ir a cenar, al cine, incluso de viaje, no sólo es el acto de coger ¿entiendes? -dijo Kentin con una sonrisa.

Yo me puse colorada cuando dijo esa palabra, me sentía como una niña de quince años cuando mi novio usaba esas palabras fuertes.

-Todavía eres bastante inocentona -rio mientras tomaba una lata de cerveza y la abría.

-¿Qué cocinas? -pregunté.

-¡Hoy sí que estás curiosa! -exclamó divertido-. Sabes que la curiosidad mató el gato ¿no? Risotto de pollo.

-Trata de no quemar nada -dije sacándole la lengua a modo de broma, sonó el telefonillo de la casa.

-¡Cocino mejor que tú y lo sabes! -respondió Kentin, indignado.

-¿Hola? -dije cuando atendí el aparato.

-Hellooo! -canturreó la voz de Allison del otro lado- ¡Ya llegamos! ¡Trajimos cosas ricas!

-¡Entren! -exclamé y presioné el botón para abrirles y colgué de nuevo el teléfono.

-¿Y te ofrecían mucho descuento? -preguntó Kentin sin dejar de cocinar, me miró sobre su hombro con una sonrisa pícara en los labios-. Deberían saber que yo te hago el amor gratis, todos los días.

-¡Suficiente pago con lavar tus calzoncillos! -exclamé.

-¡Qué mala eres! -rio.

El timbre de casa sonó y abrí la puerta, Allison se me lanzó a los brazos con una sonrisa en los labios, Nicholas estaba detrás con bolsas del supermercado.

-¡Annieeee! -exclamó la rubia al verme.

-¡Hola, Annie! -dijo Nicholas muy feliz de verme dándome un cálido abrazo-. Hey, Kentin. ¿Te pusieron a cocinar?

-Sí, porque si no la señora no me paga, ya me dijo que no va a pagarme más por mis servicios sexuales -dijo Kentin riendo, él y Nick dieron un abrazo golpeándose la espalda mutuamente con energía.

-¿Cómo es eso, Annie? -preguntó Nick, divertido.

-Annie no tiene que pagarle a nadie, los hombres deberían hacer filas para estar con ella -dijo Allison defendiéndome.

-Mejor que no me entere de los que están por detrás mío... -gruñó Kentin sonriendo.

La velada empezó con charlas animadas y picoteo. Ayaka, Rose, Allison y yo estábamos sentados en la mesa mientras Nick y Kentin preferían quedarse apoyados en la mesada de la cocina y bebiendo cerveza. Nicholas nos contó que estaba muy ansioso porque la siguiente semana comenzaríamos la universidad, Kentin mañana empezaría a acondicionarse para la Academia pero Rose y Ayaka comenzarían recién el mes próximo.

Una vez que la comida estuvo lista, nos sentamos a comer y Kentin entretuvo a nuestros invitados contando lo sucedido cuando fui a comprar, mitad riendo y mitad serio. Allison abrió muchos los ojos cuando les contó lo de los gigoló.

-Vieran la cara que puso Annie cuando le dije que le habían ofertado sexo -rio Kentin, Rose y Ayaka también rieron.

-Eres demasiado inocente, Annie -dijo Nicholas sonriendo.

-Bueno, nunca había oído hablar de ellos -mascullé, cruzándome de brazos y roja de la vergüenza.

-En Sweet Armonis había un par pero la directora se enteró y los expulsó -dijo Allison sirviéndose más risotto.

-¿Y cómo sabes eso? -le preguntó su hermano.

-Escuché el rumor -se defendió la rubia, muy colorada.

Cuando los chicos se fueron ya eran más de las dos de la mañana, debíamos ir a dormir, mañana tendríamos un día muy ajetreado acomodando las cosas de la mudanza y Kentin debía ir a la Academia a ultimar unos detalles antes de su ingreso definitivo.

-¿Cuánto tiempo estarás en la Academia como interno? -le pregunté a mi novio cuando nos preparamos a dormir.

-El mínimo son seis meses, y luego de eso tengo la opción de quedarme o de ir sólo a clases y volver -respondió con una sonrisa cuando me acosté y me abrazó-. ¿Ya me extrañas?

-Ajá -susurré acariciando su nariz con mi dedo.

-Voy a ser todo tuyo durante esta semana -susurró a mi oído.

Capítulo 3 ¡La Universidad no es como en las películas!

No sin mucho esfuerzo logramos acomodar nuestro nuevo hogar, lo más complicado fue convencer a Rose y Ayaka que Fuser esté dentro del apartamento hasta que se acostumbre a su nueva casa pues estaba bastante alterado por el ruido de la ciudad y se asomaba a cada rato desde el barandal de la terraza; Kentin tenía miedo que un día de estos caiga al vacío así que mi perro tenía que compartir el espacio con todos nosotros hasta que resolvamos el asunto del barandal.

Aprovechamos esa semana para acondicionarnos a la ciudad, pero iba a necesitar más tiempo para poder acostumbrarme a los ruidos de la urbe, su movimiento, el malhumor generalizado de la gente y la inseguridad que se vivía por robos y hurtos menores, aunque lo más molesto fue sin dudas escuchar a Rose llorando porque un sujeto la manoseó en el metro (aunque mi amiga, ni lerda ni perezosa, le llenó la cara de arañazos al degenerado que se atrevió a sobrepasarse con mi amiga) así que Kentin nos regaló a Rose y a mí un spray de pimienta y nos enseñó algo de defensa personal.

La noche anterior a mi primer día de universidad me encontraba frente al espejo eligiendo mi conjunto, comparaba una blusa amarilla con un vestido semi largo azul, incapaz de decidir cuál elegir cuando escuché como discutían Rose y Ayaka.

-¡Vamos a tener que acordar algo! ¡No puedes meter tipos extraños al apartamento! ¡No conoces a nadie en la ciudad y pueden matarnos mientras dormimos, Ayaka! -gritó Rose desde la cocina, la noche anterior habíamos encontrado a un chico extraño saliendo del apartamento mientras Ayaka estaba desmayado de la borrachera en el sofá; aparentemente el muchacho no tenía ni idea que allí vivían más personas por la expresión que puso cuando nos vio, lo peor de todo es que al día siguiente descubrimos que a Rose le faltaba dinero.

-¡No eres mi madre, Rosemary! ¡Soy mayor de edad y puedo invitar a la gente que quiera! -respondió Ayaka.

-¡Esto no es un prostíbulo, Ayaka! ¡Si quieres invitar a amigos al menos que estemos todos pero gracias a tu "invitado" me faltan más de $5000!

-¡Estoy seguro de que te los gastaste y no lo recuerdas!

-¡Basta ya! -fue la voz de Kentin la que puso orden en la sala, pues mi novio también estaba bastante molesto por lo ocurrido-. Te lo digo en serio, Ayaka: Que no se vuelva a repetir lo de anoche. No vives sólo aquí, si quieres invitar gente debes avisarnos.

Kentin entró de nuevo a nuestra habitación y cerró la puerta corrediza, suspiró mientras entraba al baño y encendía la luz.

-Increíble... -masculló, dejé mis atuendos sobre la cama y me acerqué a él. Se estaba sacando los lentes de contacto, lo miré con preocupación pues desde que nos habíamos mudado todos juntos él y Aya no se llevaban muy bien que digamos. Nuestro amigo estaba revolucionado por la reciente libertad degustada y, si no estaba invitando un chico nuevo casi cada noche llegaba demasiado borracho como para abrir la puerta del apartamento-. Ahora tengo que ponerle orden a esos dos antes que se maten mutuamente. Amor, ¿puedes traerme mis lentes? Están en mi mesita.

Fui a buscar sus lentes pues Kentin tenía muy mala vista, encontré sus gafas de montura verde en su cajón y se los di.

-Gracias, linda -dijo mientras se los colocaba, volvió a suspirar-. Espero que no tengas problemas con él durante mi ausencia, lo último que necesitas es una escena así mientras no estoy.

-Supongo que este fue el baldazo de agua fría que Ayaka necesitaba -mascullé. A mí también me molestaba ese libertinaje, dentro del apartamento había muchos objetos de valor, sin mencionar que mi perro podía atacar a quien no reconociera como parte de la familia-. No me gustaría tener que pararle los pies como tú lo hiciste, pero si debo hacerlo, lo haré.

Kentin dejó salir una risita de complacencia, tomó su cepillo de dientes y procedió con su higiene bucal mientras yo continuaba eligiendo mi atuendo para mi primer día de educación superior.

-¿Crees que volverá a hacerlo? -preguntó mi novio desde el baño.

-Yo creo que no. Pero de todas maneras te mantendré al tanto si sucede de nuevo -respondí.

-Gracias. Sé que Aya no es malo pero... Creo que es demasiada libertad para tan poco tiempo. -Kentin salió del baño mientras apagaba la luz y se recostó en la cama mientras encendía el televisor de nuestra habitación y buscaba algún programa de su interés, después de dar una vuelta por los canales se puso a ver por enésima vez La Comunidad del Anillo. Me puse mi camiseta para dormir y me metí en la cama, tomé mi ejemplar de El Retrato de Dorian Grey y me puse a leer-. ¿Por qué no te acercas a mí? Mañana puedes leer lo que quieras antes de dormir, pero hoy es nuestra última noche juntos hasta el sábado.

-Creo que tienes razón... -cerré mi libro y lo dejé sobre la mesita, me acerqué a él y lo abracé con amor mientras él me envolvía con sus brazos y besaba mi cabello. Miré distraída la pantalla del televisor en el mismo momento en que se encontraban Aragon y Arwen en el bosque-. ¿Tienes alguna noticia de Aren?

-Iba a preguntarte lo mismo -dijo Kentin sin dejar de ver la película.

-Pues creo que es más factible el hecho que Aren tenga más contacto contigo que conmigo -agregué-. Yo soy la prima de la muchacha que le rompió el corazón.

-Aren no es tan idiota como para enojarse contigo, amor. Pero no, no tengo noticias de él. Ni su hermano tampoco. Estoy empezando a impacientarme, este silencio no es normal en él.

-Tienes toda la razón el mundo. No es algo propio de nuestro amigo.

-¿Has intentado contactarte con él?

-Sí, pero no me responde los mensajes.

-A mí menos... Creo que un día de estos debería ir hasta su casa y bajarle la puerta de una patada.

Reí, pues sin dudas eso era muy propio de él: Menos palabras, más acción. Poco a poco empecé a caer dormida hasta que finalmente me hundí en un dulce sueño.

Me levanté temprano para despedir a Kentin que se iba a la Academia, recién lo vería el viernes a la noche cuando regrese, pero estaríamos en contacto todo el tiempo en sus ratos libres. Así mismo ese día empezaría a trabajar por primera vez de manera formal, el uniforme de la perfumería consistía en una falda de tubo negra, una camisa blanca y mi placa de identificación; me até el cabello en una colita bien tirante y me maquillé un poco, me puse mis plataformas negras y me preparé el desayuno.

-Hasta el viernes, mi amor. -Kentin me besó apasionadamente en los labios, iba a extrañarlo mortalmente. Sus labios dejaron los míos para acercarse a mi oído-. Pienso hacerte el amor toda la noche del viernes, así que espérame.

-No me lo digas dos veces o no dejaré que te vayas a la Academia -sonreí con las mejillas ardiendo.

Nos despedimos con un profundo abrazo y un sincero te amo, y finalmente Kentin cruzó el umbral de la puerta.

Me senté a tomar mi capuccino instantáneo mientras me mordía el labio pensando en la propuesta indecoRose de Kentin con una sonrisa lasciva. Una vez lista, les dejé una nota a Ayaka y Rose que seguían durmiendo.

Chicos: Asegúrense de que el plato de agua de Fuser esté siempre lleno, toma muchísima agua, yo me encargaré de darle de comer apenas llegue de la facultad.

Los quiero mucho, Annie

La dejé en la puerta del refri y bajé hacia la recepción, el portero me dio los buenos días.

-Buenos días, Annie -saludó el señor Benitez, era un caballero que rondaba los sesenta años, moreno y de ojos marrones, con unas cuantas arrugas en la cara y muy amable y dedicado a su trabajo.

-Buenos días, Pedro -lo saludé mientras me acomodaba mi cartera al hombro-. Aquí tiene las llaves de repuesto de nuestro departamento por cualquier eventualidad.

-Muchas gracias, que tengas un gran comienzo -dijo con una sonrisa. Se lo agradecí y salí hacia la calle. Nuevamente ahí estaba ese ruido infernal de la urbe, rodeé la manzana para ir hacia el centro comercial dónde iba a tener mi primer día de empleo. Luego de mucho pensar, me había dado cuenta de que me convenía regresar a casa a darme una rápida ducha, cambiarme de ropa y comer allí que tener que pasar derecho a la universidad, tenía bastante tiempo pues mi horario laboral finalizaba a la una de la tarde y entraba a clases a las tres.

Cuando llegué al centro comercial lo encontré grande e intimidante, en el pueblo solo había uno pero era más una galería con varios locales que un mall propiamente dicho. Mi trabajo quedaba en el tercer piso, así las escaleras mecánicas y vi a mis compañeras de trabajo.

-Hola, buenos días -dije cuando llegué con una sonrisa-. Soy Annie Sucrette, la chica nueva.

-¡Hola, Annie! Bienvenida -saludó una muchacha de cabello Rose y ojos amarillos, era alta y muy delgada, parecía una modelo pues era muy atractiva-. Me llamo Letizia, ellas son Capucine y Khola.

Señaló a una chica de cabello rizado, muy rizado y ojos negros, tenía labios finos, nariz respingada y rostro ovalado, y a una chica muy morena y con hermosos labios carnosos, cabello lacio y ojos verdes.

-Bienvenida, Annie -dijeron ambas.

-Gracias -agradecí esa bienvenida tan sincera.

-No te preocupes, la jefa nos ha encargado a las tres que te enseñemos la atención al público, y no te dejaremos sola por las próximas tres semanas -dijo Capucine con una sonrisa-. Así que no tengas miedo de preguntar todas las dudas que tengas.

-El trabajo de por sí no es complicado, sólo debemos estudiar el catálogo de perfumes y maquillajes, saber algo de cosmetología y atender a la clientela -señaló Khola mientras entrabamos-. Si quieres hacerte café allí está la cocina con todo lo necesario, si quieres ir al baño nos avisas a cualquiera de nosotras y pasando el McDonald's de este piso, están los lavabos femeninos.

-Y ahora ven que tengo que ingresar tu huella digital para que puedas empezar a marcar -pidió Letizia, rodeó mis hombros con su brazo y me guio a un lector de huellas, seguí sus instrucciones y ya estaba ingresada en el sistema-. ¡Listo! De ahora en adelante, apenas entres al local y cuando termine tu horario laboral, marcarás con tu pulgar.

-Muchas gracias, espero que pueda aprender rápido -dije con una sonrisa.

Mi primer día de trabajo había resultado muy bien, las chicas se desenvolvían con gracia y simpatía, por el momento yo me encargaba de entregar muestras gratis a los que pasaban por la puerta del local y de servir café los clientes. Me despedí de mis compañeras y regresé a casa, se notaba que era hora pico porque había demasiados automóviles y hacía mucho calor. Entré en el loft y saludé a Rose y Ayaka que estaban cocinando.

-¡Hola, chicos! -los saludé.

-¡Annie! ¿qué tal tu primer día? -me preguntó Rose con la cara llena de felicidad. Ayaka apenas me dirigió la mirada, al parecer todavía seguía dolido por el reto de Kentin.

-Muy bien, afortunadamente fue un primer día muy tranquilo -respondí y entré, la comida de Rose olía deliciosa, Fuser vino corriendo cuando me vio llegar pidiendo sus caricias.

-Debemos decirle al Señor Benitez que nos urge aumentar la altura del barandal de la terraza -señaló Rose cuando vio a mi perro-. Salta muy alto y temo que un día no podremos salvarlo de una muerte segura.

-Hoy se lo digo cuando salga para la universidad-prometí, me saqué las plataformas puesto que el piso de parquet podía dañarse y luego nosotros pagaríamos por la restauración-Mientras tanto, tendremos que dejar que esté adentro de la casa en los horarios que no hay nadie para cuidarlo.

Luego de una rápida ducha y del almuerzo (Rose había preparado lasagna, mi comida favorita) me puse a revisar el barandal del balcón. A mí me llegaba hasta el pecho y me sentía muy segura, no entendía como hacía mi perro para ponerse en tremendo peligro, pero luego vi el cantero de tierra y en ese sitio el muro me llegaba a las caderas. Ahora entendía por qué Rose estaba preocupada por él. Regresé adentro del apartamento y llamé a la recepción, le conté todo al señor Benitez y prometió que subiría enseguida a tomar las medidas necesarias para aumentar la altura en esa zona.

Casi eran las tres así que me movilicé a la Universidad abrumada por el sentimiento de adrenalina que me generaba esta nueva etapa de mi vida. Mi primera asignatura era Derecho Romano en el Aula Magna 3, pero al llegar casi no había ningún asiento disponible excepto en los asientos adelante de todo. Me senté al lado de una chica muy bonita.

-Hola. Soy Annie -dije con una sonrisa, la muchacha levantó la vista de su teléfono, me miró de arriba a abajo con desconfianza y regresó a su aparato. Suspiré resignada, al parecer la buena onda terminaba en la puerta de la Facultad.

Menuda diferencia mi primer día de trabajo con el de Universidad: Mientras que en la perfumería las chicas habían sido muy amables en la Facultad no había intercambiado palabra con nadie, los profesores no habían sido mejores, todos los profesores eran hombres, todos abogados y en todos se notaba el odio a la pedagogía pero, al parecer, lo hacían porque el salario era jugosito. Al finalizar mi primer día de facultad, ya tenía tres trabajos prácticos que realizar, dos ensayos sobre la evolución del Derecho Romano y sobre El Príncipe de Maquiavelo y una fecha de examen para la cual tenía que leer y aprender cien páginas.

Llegué a casa fulminada, al entrar Rose y Ayaka me recibieron.

-Hola, linda ¿qué tal tu día? -preguntó Ayaka, al parecer ya se le había pasado el enojo al verme tan cansada.

-Agotador... -susurré mientras me dejaba caer en el sofá- La universidad no es nada parecida a como la muestran en las películas.

Rose rio con ganas.

-¿Esperabas algo así como American Pie? -preguntó divertida.

-No, más bien como Una conejita en la Universidad -le respondí, vi que ya habían solucionado el problema de la altura del barandal con unos barrotes, entonces así Fuser ya no se caería-. Ya sabes: Fiestas, descontrol... Pero no. Primero Disney nos miente con el príncipe azul, luego American Pie con el instituto y ahora la Universidad. Crecemos en una mentira.

-Si dejaras de quejarte sabrías que tú tienes un príncipe azul que está esperando que lo llames -dijo Ayaka, con una sonrisa-. Hoy cocinaré yo, así que ve a descansar un poco.

Le agradecí y tomé mi teléfono para marcar su número pero no me respondió, seguramente estaba ocupado así que le dejé el mensaje. Me tiré en la cama y en cuestión de segundos ya me había dormido, babeando la almohada de Kentin y oliendo su perfume.

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