Henodé fue desterrada del Olimpo por desafiar a su padre, Eros, al afirmar que mientras existiera la lujuria y el egoísmo en la tierra, nadie necesitaría el amor.
Ofendido por sus palabras, su padre la exilió al mundo humano convirtiéndola en mortal, privándola de sus poderes y alas.
Siendo la diosa de la lujuria, Eros la maldijo para que ningún hombre sintiera atracción sexual hacia ella, a menos que sintiera el más puro y profundo amor.
Llevándola así, a la locura.
Axelia, segunda hija de Eros y Psique, fue concebida en la casa de Afrodita, convirtiéndola en diosa del amor y la atracción sexual. Además, fue besada por Atenea, otorgándole el don de la sabiduría, y también fue besada por Afrodita, otorgándole el don de la belleza.
Será enviada a la tierra en una misión para reemplazar a su padre como Cupido, con el fin de unir a los humanos en algo más grande que su propio egoísmo.
-¡Debe de estar bromeando! -exclamé furiosa. -¡No iré a la tierra, y mucho menos haré su trabajo!
Psique me miró con compasión, recordándome que alguna vez ella también fue humana.
-Sabes cómo es tu padre. Cuando él decide algo, así es. Además, aunque sea el dios del amor, tiene un mal temperamento.
Le dirigí una mirada fría. ¿Cómo es posible que mi propia madre no me apoye?
-Sabes muy bien que el mundo humano está lleno de oscuridad y horrores. Aunque me convierta en su Cupido, dudo mucho que pueda haber una pizca de amor en ese lugar.
-Querida, aunque la tierra sea un lugar oscuro y horrible, recuerda que siempre habrá personas que aún creen en la compasión y el amor.
¿Qué harías si los dioses conspiraran en tu contra?
Está bien, lo sé. Esa no es la realidad, pero es así como se siente.
-Por favor, mamá... -rogaba insistentemente mientras nos dirigíamos al salón principal de la casa de Eros para encontrarme con mi padre-. No quiero ir a la Tierra.
-La decisión ya está tomada, así que entra. Tu padre debe estar esperándote -señaló la imponente puerta frente a nosotras.
Resignada, atravesé la puerta bruscamente y me encontré al otro lado con Atenea y mi padre.
-¿Me llamaste? -me dirigí a mi padre, aunque la respuesta era obvia.
-Sí, como tu madre te habrá informado, serás enviada a la Tierra -me miró seriamente.
-Aún no lo entiendo. ¿Por qué tienen tanto empeño en salvar a esas personas? Sus almas están tan corrompidas que deberían entregárselas a Hades. Seguro él les daría mejor uso -murmuré, dejando escapar mis pensamientos más oscuros.
Mi padre me observó durante unos segundos, analizándome.
-Créeme, lo he considerado, pero todos merecen una segunda oportunidad, Axelia. Por eso te envío a ti.
-No creo estar lista.
-Sí lo estás -afirmó.
-¿Qué te hace estar tan seguro?
-Nunca se puede tener certeza absoluta sobre algo, mi pequeña, incluso siendo un dios -rió levemente-, pero si de algo estoy seguro, es de que serás lo suficientemente capaz para manejar esto -colocó su mano sobre mi hombro-. En algún momento esto iba a suceder. Sé que será difícil tomar mi lugar, pero te has preparado toda tu vida para esto.
Lo miré a los ojos y le dediqué una sonrisa, pequeña pero genuina.
-¿Y si fracaso? ¿Qué ocurrirá si no soy lo suficientemente buena para salvarlos? Padre, no puedo enfrentar esto sola.
Atenea nos interrumpió.
-Lamento interrumpir su emotivo momento, pero he considerado esto con mucho cuidado. Ya que serás enviada a la Tierra, he decidido enviar a mi hijo contigo para que aprenda sobre la cultura humana. Como diosa de la Sabiduría y como madre, sé que juntos se cuidarán bien.
La idea no me terminaba de convencer. Ethos y yo nunca habíamos tenido ningún tipo de contacto.
-Con todo respeto, Atenea, no creo que sea una buena idea -dije, balbuceando.
-Lamento decirte que ya hemos tomado una decisión y nada nos hará cambiar de opinión. Saldrán mañana por la mañana, así que es mejor que te prepares.
Terminó de hablar, dejándome con la palabra en la boca y sin opción para quejarme.
¿Acaso no tomarían en cuenta mi opinión sobre este asunto?
-Ya lo has escuchado -la voz de mi padre me sacó de mis pensamientos.
Asentí con la cabeza, dando por terminada aquella conversación, y me encaminé hacia mis aposentos.
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El día en que seríamos enviados a la Tierra había llegado.
Como si se tratara de una marcha fúnebre, comencé a caminar hacia el salón principal.
Una imponente puerta de roble se alzaba frente a mí.
Respiré profundamente, conteniendo el aliento por unos segundos, para luego exhalar en un suspiro sonoro.
-Vamos, Axelia, puedes hacerlo -estaba a punto de entrar cuando alguien se acercó a mi lado.
-¿Nerviosa? -era la primera vez que Ethos me dirigía la palabra, su voz resonaba grave.
-¿Se nota mucho?
-Sí -sonrió ampliamente, revelando un hoyuelo en su mejilla.
Ahora que lo observaba de cerca, podía detallarlo perfectamente: sus ojos eran azules como el cielo, su cabello era castaño oscuro con algunos rizos, al igual que su madre, y su piel tenía un tono bronceado que parecía casi dorado si dejabas volar la imaginación.
-Creo que deberíamos entrar. ¿Estás lista?
-Sí... Solo dame unos segundos para mentalizarme. -Respiré profundamente, intentando calmar mis nervios, y exhale lentamente. Era ahora o nunca-. Estoy lista.
Ethos asintió y abrió la imponente puerta. Al otro lado estaban mis padres, Atenea y Afrodita.
-Finalmente han llegado -habló mi padre-. ¿Están listos?
-No, pero no tenemos opción -respondió Ethos irónicamente. Mi padre solo sonrió.
-¿Por qué no llevan nada? -preguntó Afrodita.
-La verdad es que no me gusta la ropa de los mortales, es... ¿Cómo decirlo? -traté de buscar las palabras correctas.
-¿Fea? ¿Rara? -intervino Ethos.
Afrodita rió.
-En cierto modo, sí, pero no pueden ir desnudos ni con túnicas en el mundo humano, lamentablemente. Recuerden que deben pasar desapercibidos y eso no está bien visto en su sociedad -nos recordó Afrodita-. No se preocupen, yo los ayudaré con eso.
Con un chasquido, nuestra vestimenta fue reemplazada por ropa humana, nada extravagante pero funcional.
-Espero que les guste.
Observé mi atuendo. "No está mal", pareció coincidir Ethos conmigo.
-También tenemos algo para ustedes -esta vez habló Atenea.
Se acercó a su hijo.
-Ethos, hijo de Atenas, dios de la guerra y la sabiduría, acércate -ordenó.
Atenea hizo aparecer un collar de plata con una hermosa piedra roja redondeada.
-Cuando te sientas solo o asustado, no dudes en pedir mi ayuda. Este collar te protegerá y guiará tu camino cuando te sientas perdido. Confía en él, pues su magia es tan antigua como el propio universo conocido.
Atenea colocó el collar a Ethos y luego lo abrazó fuertemente.
-Axelia, hija de Eros, diosa del amor correspondido y la atracción sexual -mi padre me llamó-. Sé que tomar mi lugar será difícil. Aún recuerdo la primera vez que lancé una flecha a una persona... La verdad es que las cosas no salieron muy bien -comenzó a reír-. Pero tú tienes un don y sé que lo harás mejor que yo. Le pedí a Hefesto que creara un arco especial para ti. Puede transformarse en un brazalete, pensé que sería más cómodo y discreto de esa manera -me entregó el brazalete/arco-. Estas son flechas especiales. Cualquier humano o dios que sea herido por ellas quedará instantáneamente bajo el efecto de Cupido.
-¿Y por qué son especiales?
-Porque, como dije, cualquier dios o humano que las reciba se enamorará, pero no tendrán efecto en ti.
-Entonces, no importa cuántas veces me hiera con ellas, no me enamoraré por estar bajo su efecto, ¿verdad?
-¡Exacto! Son como flechas de entrenamiento.
-Muchas gracias.
-Bien -interrumpió Afrodita-. Creo que es hora de que emprendan el viaje, o el Olimpo se inundará de lágrimas.
-Tienes razón -coincidió Atenea.
-¿A dónde iremos? -preguntó Ethos.
-Irán a una pequeña ciudad que no tiene nada de especial, pero será un buen comienzo para ustedes. Se hospedarán con una familia de clase media. Hécate ha hecho creer a la familia que son estudiantes de intercambio. Está de más decir que creen que son humanos, así que actúen como adolescentes normales y no permitan que descubran lo que son.
"Genial."
-Bueno, eso es todo. Espero que sus misiones sean exitosas -dijo Atenea.
Atenea abrazó por última vez a su hijo y yo abracé a mi padre.
-Espero que la cuides bien, o te atravesaré con una flecha, y no será precisamente para que te enamores. -susurró mi padre a Ethos, quien tragó saliva.
-No se preocupe, la cuidaré con mi vida -respondió Ethos con firmeza y luego tomó mi mano.
-Es hora de irnos -dije, y comenzamos a dirigirnos al portal.
Adiós, lujos del Olimpo, los extrañaré.
Το ταξίδι αρχίζει
"Comienza el viaje"
El portal irradiaba un resplandor mágico y nos transportó a la Tierra, específicamente a un bosque en las afueras de la ciudad.
El cielo estaba nublado, y la humedad era notable.
-¡Qué maravilla! -exclamé, frustrada-. Ahora tendremos que caminar hasta nuestro destino.
-Tranquila, Lia, esto nos dará tiempo para repasar el plan -me tranquilizó Ethos.
-¿Lia? -lo miré confundida.
-Sí, es una abreviatura de tu nombre, y suena lindo -sonrió, contagiándome de su energía.
-Entonces te llamaré Et.
-Me parece bien.
-¿Cuál será nuestro plan? -pregunté a Ethos, quien levantó los hombros en respuesta.
-Aún no lo sé, pero lo más importante será mantener en secreto nuestra verdadera identidad como dioses, pasar desapercibidos y cumplir con nuestra misión.
-Lo tendremos que averiguar sobre la marcha, ¿no? -respondí en tono sarcástico-. Supongo que deberíamos empezar a caminar. ¿Por qué no usas el collar que Atenea te dio?
-Buena idea -Ethos tomó el collar en su mano y una tenue luz brotó de él, haciendo que flotara en el aire.
-¿Los mortales no verán la luz? -pregunté, curiosa. -. Creo que se espantarían.
-Es mágico, será imperceptible para ellos.
-Perfecto -dije, siguiendo la luz flotante-. En este momento, desearía tener mis alas.
-Tienes que esperar hasta cumplir los diecisiete, ¿verdad?
-Así es.
-Qué mala suerte -bromeó Ethos.
-Me alegra que encuentres divertido mi sufrimiento -respondí con ironía.
-Miremos el lado positivo: estando en la Tierra, los años pasarán más rápido.
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Después de caminar durante casi una hora, finalmente llegamos a nuestro destino: una hermosa comunidad de casas en las afueras de la ciudad, cerca de lo que parecía ser Londres.
Después de pasar varias casas, la luz del collar desapareció, indicando que habíamos llegado.
Nos encontramos frente a una casa de dos pisos, con una fachada antigua, paredes blancas y altos pilares. Estaba rodeada de varias plantas y había un pequeño banco junto a la puerta principal. Nos apresuramos y tocamos la puerta.
Después de unos minutos, una niña, de al parecer diez años, abrió la puerta.
-Hola, cariño -le dije, sonriendo-. ¿Están tus padres en casa?
-Por ahora no están, pero si quieres, puedo tomarles un mensaje.
-Sí, verás, nos dijeron que esta es la dirección de la famila Morrison. Somos estudiantes de intercambio -expliqué, entregándole una carta con toda la información falsa sobre el intercambio.
La niña sonrió ampliamente, como si recordara algo.
-¿Ustedes son Amelia y Héctor?
Ethos se acercó a nosotras. -Axelia y Ethos -corrigió.
La niña soltó una risita.
-Lo siento, será mejor que entren. Está empezando a hacer frío -se frotó los brazos para calentarse. Asentimos y la seguimos al interior.
-Mis padres no tardarán en llegar. Salieron a comprar algunas cosas para darles la bienvenida. Así que por favor, siéntense -nos indicó un gran mueble que se encontraba en el vestíbulo, justo frente a una acogedora chimenea.
Al sentarme, la calidez de la chimenea me envolvió y agradecí el cambio de temperatura.
-¿Cómo te llamas? -preguntó Et, sonriente.
-Addelyne, pero pueden llamarme Addy.
-Mucho gusto, Addy. A mí puedes llamarme Et.
-Y a mí puedes llamarme Lia.
La niña nos regaló una sonrisa.
- ¿Quisieran algo para tomar? ¿Jugo, café, quizás un té? -sus ojos nos observaron expectantes.
-Agua es suficiente para mí, gracias -pidio Et.
Ahora la mirada de la pequeña se encontraba sobre mi
-Yo estoy perfecta así, gracias -le ofrecí una pequeña sonrisa en agradecimiento.
-Listo, entonces vuelvo en un segundo.
Mientras la pequeña salía de la habitación, me di la tarea de observar aquel lugar, el cual era tan distinto a mi hogar.
Nunca había estado en el mundo humano sola, y mucho menos había estado tan cerca de ellos. Me acerqué a la chimenea para observar los retratos que se encontraban adornando el lugar.
"Parecen ser una buena familia."
Me dediqué a ver uno a uno cada retrato.
-Esas fotos son del cumpleaños de papá. Esa vez fuimos a esquiar y Matt se fracturó el brazo cuando intentó bajar la montaña el solo -soltó una pequeña risita mientras entregaba a Ethos el vaso con agua -. Él ni siquiera sabía esquiar, y solo lo hizo para intentar impresionar a unas chicas.
-Imagino que no le funcionó -comentó Ethos mientras le daba un sorbo a su agua.
-Para nada. Después de que los socorristas lo ayudaran a salir de la nieve y que lo llevarán a la enfermería del complejo no quiso salir de su habitación el resto de la semana que estuvimos allá.
No pude evitar reír. Los humanos son interesantes.
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Mientras disfrutábamos de una agradable conversación, el sonido de unas llaves nos interrumpió.
Habíamos estado esperando alrededor de quince minutos, y durante ese tiempo pude darme cuenta de lo dulce que era Addy.
Nos contó que su hermano mayor, Matthew, tenía nuestra misma edad y asistiríamos juntos a la misma escuela. Según sus palabras, Matthew tenía un carácter "especial", lo que sea que eso significara.
La puerta principal se abrió y entraron tres personas: primero un hombre de unos treinta y ocho años, con cabello castaño y ojos azules; luego una mujer de aproximadamente la misma edad, con cabello rubio y ojos verdes ("Ya puedo ver de dónde Addy sacó su belleza, es igual a su madre, excepto por los ojos que heredó de su padre"), y finalmente un joven con ojos verdes y cabello castaño, presumiblemente Matthew.
Matthew dejó algunas cosas en la cocina y luego subió al segundo piso, desapareciendo de nuestra vista.
Al percatarse de nuestra presencia se acercaron.
-Mamá, papá, ellos son Axelia y Ethos -nos presentó Addy.
-¡Oh! ¡Bienvenidos a nuestro hogar! -saludó alegremente el hombre.
-Sean bienvenidos a nuestra humilde morada-dijo la mujer-. Mi nombre es Coraline y él es mi esposo, Augusto.
-Soy Axelia, un gusto conocerlos -estreché su mano.
-Y yo soy Ethos, pero pueden llamarme Et -sonrió.
-Qué nombres tan interesantes -comentó Augusto, sonriéndonos amablemente.
-Espero que se sientan como en casa en nuestro hogar -nos ofreció Coraline una cálida sonrisa-. Por favor, síganme y les mostraré su habitación.
Nos llevó al segundo piso, donde había cinco puertas.
-Esta es la habitación principal -señaló la puerta frente a las escaleras, junto a otra que tenía el nombre "Addelyne"-. Como habrán notado, esta es la habitación de Addy. Al final del pasillo está el baño -prosiguió caminando por el pasillo, y justo enfrente de la habitación de Addy había otras dos puertas-. Esta es la habitación de Matthew, nuestro hijo mayor -aclaró-. Y esta será su habitación.
Abrió la puerta y nos mostró el interior. La habitación tenía dos camas individuales separadas, un armario y una cómoda. Era una habitación sencilla pero acogedora.
-Lamento tener que hacerles compartir habitación, pero es lo mejor que podemos ofrecerles -se disculpó Coraline.
-No se preocupen -dijo Et, pasando su brazo alrededor de mi cuello-. Estamos en familia.