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Corazones enredados: Enamorado de mi fea esposa

Corazones enredados: Enamorado de mi fea esposa

Autor: : Car Rapple
Género: Moderno
Tras una noche apasionada, Verena dejó algo de dinero y quiso marcharse, pero fue retenida por su acompañante: "¿No te toca a ti hacerme feliz?". Verena, siempre disfrazada de fea, se acostó con el tío de su prometido, Darren, para escapar de su compromiso con su infiel prometido. Darren gozaba de respeto y admiración, todos creía que era frío y temible. Corría el rumor de que lo habían visto besando a una dama contra la pared, pero muchos no lo creyeron. Después de todo, ¿quién podría conquistar el corazón de Darren? Entonces, sorprendentemente, Darren fue sorprendido agachándose para ayudar a Verena con sus zapatos, ¡todo para conseguir un beso de ella!

Capítulo 1 El secreto

La habitación del hotel estaba envuelta en la oscuridad.

En la cama había dos cuerpos entrelazados. Un hombre disfrutaba del placer que le ofrecía la mujer debajo de él. Se entregó a ella con desenfreno, sin tener en cuenta su inocencia.

Verena Fowler, abrumada por la intensidad del encuentro, finalmente cedió a la inconsciencia.

Despertó molesta, por el incesante sonido de su celular. Se apuró a silenciarlo y luego miró la hora; se dio cuenta de que ya eran las diez de la mañana. ¡Llegaría tarde a su banquete de compromiso!

Su prometido la había sido infiel con su mejor amiga en más de una ocasión, traicionando por completo su confianza. Como si eso no fuera suficiente, la noche anterior había tenido el descaro de llamarla, obligándola a escuchar en directo su infidelidad.

Naturalmente, el espectáculo la puso furiosa y así fue como terminó en un club buscando consuelo, que encontró en un encantador desconocido.

Cuando intentó levantarse, una ola de dolor la invadió. Los esfuerzos de la noche anterior la habían dejado tan adolorida que le daba la impresión de que sus huesos cederían ante la mínima presión.

Sin embargo, ignoró la molestia y se apuró: ¡si no llegaba a tiempo a su compromiso, tendría que enfrentarse a la ira de la familia Fowler y eso era lo último que necesitaba!

Verena se vistió rápidamente y estaba a punto de irse cuando sintió que la agarraban de la muñeca. Se dio la vuelta y miró atentamente al hombre que yacía en la cama, completamente despierto.

"¿Te vas tan pronto?", le preguntó con voz baja y ronca, que resonó en la penumbra.

A pesar de la oscuridad, Verena notó que su mirada era aguda como la de un halcón, ¡muy parecida a la de su prometido!

La joven fingió ignorancia y sonrió. Luego agarró su cartera, sacó un puñado de billetes y los dejó sobre la mesita de noche.

"Guapo, tu servicio estuvo increíble. Es una pena que tenga que irme rápido para llegar a mi compromiso, pero no te preocupes, ¡seguramente volveremos a encontrarnos!", soltó, antes de irse.

Darren Briggs, ofendido por ese comentario, sonrió con gélido desdén. Acto seguido, llamó a su secretario, Henry Holt, quien no tardó en llegar con su ropa.

Tras bañarse, se puso un traje, que lo hacía exudar un aire de distante dignidad. Su mirada permaneció desprovista de calidez. Antes de salir, agarró los billetes que la dama había dejado y los guardó en su cartera.

"Jefe, el compromiso de su sobrino está a punto de comenzar. ¿Nos vamos?", sondeó Henry.

"Bien", musitó el hombre.

"El señor Hamilton expresó su disgusto por su ausencia anoche", insistió el empleado.

Darren se quedó callado, perdido en sus reflexiones. Hacía muy poco que había regresado a Fledo, por lo que se vio obligado a salir de fiesta con viejos conocidos. En el club, terminó involucrado con una mujer borracha, con la que mantuvo intimidad casi toda la noche.

A pesar de su habitual autocontrol, se había sentido inexplicablemente atraído hacia ella, sensación de la que no pudo deshacerse a pesar de que no era tan guapa; sin embargo, la desconocida tenía un encanto inexplicable, un aroma que calmaba su alma inquieta.

Incluso en ese momento, su recuerdo persistía en su mente. Para Darren, quien padecía de insomnio, ese encuentro había sido un respiro.

Mientras tanto, Verena detuvo un taxi y le pidió al conductor que la llevara al hotel en el que se celebraría su compromiso. Llegó al lugar poco antes de las once; el salón de banquete bullía de actividad. Apenas entró en el cuarto de maquillaje, la interceptó su padre, Richard Fowler, listo para golpearla.

"Estoy a punto de comprometerme. ¿Crees que una cara hinchada hará que se me vea mejor el maquillaje?", le cuestionó Verena, mirándolo a los ojos con una férrea resolución, tras interceptar su mano.

"¿Por qué no respondiste mis llamadas? ¡Eres muy atrevida! ¡Si algo sale mal hoy, lo lamentarás!", estalló en una diatriba Richard, al ver frustrados sus intentos de golpearla.

La familia Briggs era la más poderosa en Fledo, principalmente porque Darren era una figura de inmensa influencia en Tacland. De hecho, si no fuera por la amistad entre las dos familias, Verena no habría tenido ninguna posibilidad de comprometerse con un Briggs.

Más temprano esa mañana, comenzaron a correr los rumores sobre la presencia de Darren en el banquete de compromiso de su sobrino. Ambas familias habían preparado meticulosamente el evento, pero la hora de la celebración estaba cada vez más cerca y ninguno de los prometidos aparecía.

"¿Ya llegó Eric?", le preguntó Verena a su padre, mirándolo con frialdad. Se refería a Eric Briggs, su prometido.

Richard dudó un momento. La verdad, el susodicho no aparecía por ningún lado, pero su familia ya estaba recorriendo toda la ciudad para encontrarlo. Sin embargo, daba la impresión de que Eric estaba escapando de su compromiso, pues había apagado su celular.

"Eric no está aquí, ¿esperan que me comprometa sola?", cuestionó la mujer, cuyos labios se curvaron en una mueca de desprecio.

"La familia Briggs ya está buscándolo. ¡Date prisa en cambiarte de ropa y maquillarte!", le indicó Richard, con el semblante sombrío.

La maquillista intentó acercarse a Verena, ansiosa por comenzar su trabajo; sin embargo, esta la despidió para mantener su secreto. "Me encargaré de mi maquillaje personalmente", le dijo.

Su madre siempre le había advertido sobre los peligros de la belleza excesiva. Fue así como Verena se volvió una experta en ocultar su belleza bajo capas de maquillaje. Si la maquillista le tocaba la cara, su secreto quedaría al descubierto.

De repente, se produjo un alboroto en la entrada. "¡Darren está aquí!", anunció alguien.

Al instante, Richard reaccionó. Guio a su hija afuera y le advirtió: "Ha llegado Darren Briggs. ¡Más te vale comportarte en su presencia!".

Verena conocía bien ese nombre. Darren era el hijo ilegítimo de los Briggs, quienes alguna vez lo habían echado.

No obstante, él había resurgido de las cenizas y terminó convirtiéndose en una presencia tan formidable, ¡que ni siquiera la dinastía Briggs, en Fledo, podía darse el lujo de ignorarlo!

Capítulo 2 Un compromiso inevitable

Verena siguió a Richard y pronto su mirada se posó en una escena peculiar: varias personas rodeaban a alguien. Darren, quien medía 1, 90 metros, destacaba entre la multitud. Su atractivo rostro tenía un dejo de frialdad e impaciencia.

Verena no se unió al grupo, sino que optó por observar en silencio aquel rostro que le resultaba familiar. ¿Cómo podría olvidarlo después de lo sucedido la noche anterior? Los recuerdos de su encuentro aún ardían en su mente.

Sin embargo, el hombre ahora lucía completamente diferente. Anoche brillaba bajo el sudor que caía en cascada por su frente, deslizándose por su rostro, su clavícula, el pecho y los abdominales. En contraste, ahora iba vestido con un traje y estaba meticulosamente peinado. Además, no había rastro de su bestialidad, que había sido reemplazada por una fría aura de reserva, similar a la de un monarca inalcanzable. El rosario budista en su muñeca acentuaba su porte sobrio y elegante.

Verena no se sorprendió de volver a verlo. Después de todo, había planeado ese encuentro de la noche anterior. Darren, por su parte, se giró hacia ella y frunció el ceño al notar su presencia.

Sus miradas se cruzaron por un breve instante, pero fue suficiente para que un escalofrío recorriera el cuerpo de Verena. La intensidad de su mirada le hizo sentir que él era capaz de desnudar su alma. Incapaz de sostener ese contacto, se escabulló entre la multitud, con la esperanza de pasar desapercibida.

"Darren, ha pasado un tiempo desde la última vez que estuviste en Fledo. Esperamos que puedas quedarte bastante tiempo", lo saludó con el máximo respeto William Briggs, el patriarca de la familia y padre del prometido de Verena.

"Está bien", respondió el aludido con frialdad, antes de dejar que lo llevaran a la mesa, donde fue recibido con entusiasmo por la familia Fowler, especialmente por Richard.

"Entonces, ¿cuándo comienza la fiesta de compromiso?", preguntó Darren, mirando su reloj, una pieza tan valiosa como dos casas en pleno centro de Fledo.

"Me temo que tendremos que retrasarlo", comentó William, secándose una gota de sudor de la frente.

"¿Retrasarlo? ¿Por qué?".

Los cuestionamientos de Darren pesaron mucho sobre William, quien sintió que le estrujaban el corazón. La verdad era que sus hombres todavía no habían encontrado a su hijo. Faltaba poco para que fuera mediodía y ante la ausencia de Eric, la tensión estaba en su punto máximo.

"Estamos esperando a Eric. Parece que no está muy interesado en comprometerse conmigo, ya que salió huyendo", dijo Verena en tono sarcástico, rompiendo el incómodo silencio.

Darren volvió a mirar a la chica, quien estaba en medio de la multitud. Aunque su rostro no tenía nada especialmente llamativo, su presencia era innegable cuando hablaba.

Él había establecido ese compromiso, cuando los involucrados eran unos niños, así que la ausencia de Eric era el equivalente a que le diera una cachetada.

"Te aseguro que no es lo que parece. Mi hijo está atendiendo asuntos urgentes, pero llegará en cualquier momento", se apresuró a justificar William.

"Parece que por más que lo buscas, no puedes encontrarlo. ¿Quieres que te diga dónde está?", le ofreció Verena, mirándolo con una expresión gélida. Acto seguido, le pasó la ubicación del departamento de su mejor amiga.

William, con un dejo de vergüenza, mandó a alguien a buscar a Eric. Este llegó poco después, evidentemente agotado por la noche de pasión que había pasado.

"¡Eres un sinvergüenza! No puedes comprometerte así, ve a cambiarte de ropa. ¡Y apúrate, que la ceremonia de compromiso ya debería haber comenzado!", le gritó William a su hijo.

"Papá, ya te dije que no puedo comprometerme con Verena. Es horrenda; solo pensar en ella me da náuseas. Si mis amigos descubren que estoy comprometido con alguien así, se burlarán de mí para siempre. ¿Cómo podría verlos a la cara si eso pasa?", se quejó Eric, culpando a la chica de todo y mirándola con evidente desdén.

"¡Te guste o no, hoy se hará la ceremonia de compromiso!", señaló su padre. Luego, volteó a ver a uno de los asistentes y le dijo: "¡Acompaña a Eric a cambiarse de ropa!".

Con eso quedó claro que el berrinche de su hijo no había influido en lo más mínimo en su decisión.

A Verena también la llevaron a prepararse para la ceremonia. En el vestidor, tuvo problemas con el cierre de su vestido: por más que lo intentaba, este se negaba a subir.

Mientras seguía con su predicamento, escuchó que la puerta se abría con un ligero crujido. Aunque ella estaba de espaldas, haciéndole imposible ver la identidad de la persona que había entrado, se inclinó hacia delante, dejando al descubierto su cuello y habló.

"¿Puedes ayudarme con esto?", imploró.

Una mano grande se colocó sobre su vestido y hábilmente destrabó el cierre, que finalmente subió.

"Gracias", comenzó Verena, girándose para expresarle su gratitud a su salvador. Se congeló al ver el hermoso rostro frente a ella, mientras el pánico se expandía por su corazón.

'¿No debería estar afuera, disfrutando de la adulación de la multitud? ¿Cómo logró escabullirse hasta aquí sin que nadie lo notara?', se preguntó la joven.

"¿Cómo entraste aquí?", cuestionó al intruso.

"Tú dímelo", respondió Darren, avanzando hacia ella, sofocándola con su presencia y prácticamente haciéndole imposible respirar.

"¡Eres bastante descarada para tenderme esta trampa!", la acusó, apretándole la garganta con fuerza.

El cuello de Verena era delgado, así que ella sintió que su vida estaría en peligro si se lo apretaba con más fuerza. La noche anterior, Darren no había mostrado compasión: le había dejado la piel del cuello marcada con chupetones, los cuales ella había tenido que cubrir con varias capas de maquillaje.

"Darren, ¿estás bromeando? Apenas me entero de que eres el tío de Eric", respondió ella, con una expresión de completa calma, sosteniéndole la mirada. A pesar de que su rostro no era llamativo, en sus pupilas brillaba la vida.

"¡Los que intentan engañarme no terminan bien!", le advirtió Darren, apretando aún más su agarre.

Verena sintió que el aire escapaba de sus pulmones. ¡Descubrió que ese sujeto era tan despiadado como decían los rumores! Y aunque su encuentro de anoche era parte de su meticuloso plan, sabía que no era el momento de confesar.

Eric coquetea como quiera. ¿Por qué tendría yo que quedarme en casa cruzada de brazos? De hecho, hoy lo encontraron engañándome con otra mujer y la verdad ya perdí la cuenta de todas las veces que me fue infiel este mes", comentó Verena con un dejo de resentimiento en su voz.

Aquella confesión pareció surtir efecto: Darren aflojó ligeramente el agarre alrededor de su cuello.

El hombre no se sorprendió, pues Eric era conocido por ser un casanova, ¿como se esperaba que alguien como él fuera tan célibe como un monje? Además, también sabía que hasta anoche Verena se había mantenido pura y casta.

"No me importa una mierda lo que pienses, ¡tu compromiso con Eric sigue en pie!", sentenció Darren, su voz fría como el hielo.

"Eres plenamente consciente de que este compromiso no llegará a ninguna parte. ¿Por qué sigues buscándome a escondidas? ¿No temes que te atrapen?", lo cuestionó ella, con una sonrisa en los labios.

Técnicamente, no había razón para que Verena y Darren se conocieran. Más de uno alzaría una ceja al enterarse de que los habían encontrado solos en el vestidor, momentos antes de la ceremonia de compromiso.

"Te sugiero que cuides tus palabras y modales. De lo contrario...", le advirtió con frialdad el hombre, evitando hacer contacto visual. Aunque no terminó la frase, el peso de su amenaza quedó flotando en el aire.

"Darren, prácticamente somos desconocidos. Me temo que no estoy entendiendo muy bien lo que quieres decir", replicó Verena, levantando la barbilla con confianza, insinuando que lo que había sucedido entre ellos quedaría en secreto.

"Más te vale que no se te olvide", resopló el hombre, soltándola y dirigiéndose a la puerta del vestidor.

Antes de que su mano pudiera agarrar la chapa, una voz femenina resonó desde el exterior. "Verena, ¿estás ahí? Tengo algo importante que decirte. Voy a entrar".

La susodicha permaneció callada y la mujer del otro lado de la puerta no dio señales de marcharse. Si entraba en ese momento, encontraría a Verena y Darren solos en la habitación.

Capítulo 3 Las súplicas

Verena podía sentir el descontento de Darren flotando en el aire, casi como si pudiera saborearlo. Pero ella no lo había obligado a buscarla; él había ido por su propia cuenta. Si ahora estaba atrapado en esa situación, era su responsabilidad.

"Tal vez deberías esconderte un momento", sugirió la joven, notando la tensión en él.

"¿Esconderme? ¿Yo?", soltó Darren, con el rostro contraído por la incomodidad que le causaron esas palabras.

'¿Por qué debería esconderme como si fuera un adúltero atrapado? Apenas intercambié algunas palabras con Verena, ¿por qué debería de esconderme', se dijo.

"Muy bien, ¡entonces salgamos con la cabeza en alto! De todas formas, no tengo nada que perder. ¡Y quién sabe, tal vez tu influencia me ayude a cancelar este compromiso!", respondió la chica.

"Verena, ¿con quién hablas?", preguntó una voz femenina desde el otro lado de la puerta, acompañada por el sonido de un ligero empujón.

Aunque reacio, Darren se deslizó rápidamente detrás de la cortina.

Verena abrió la puerta, colocándose en el umbral para impedir que la intrusa entrara. No era otra que Shirley Larson, su confidente desde hacía años... y la amante actual de Eric.

Shirley era la viva imagen de la belleza frágil y delicada: sus ojos, maquillados con rímel rojo, despertaban simpatía; además, su atuendo, un top con tirantes finos, dejaba al descubierto las marcas que Eric había dejado en su piel.

"Verena, te ves impresionante hoy", comentó Shirley, mirándola con envidia, sus ojos fijos en el elegante vestido de su amiga.

"¿A qué estás jugando?", le cuestionó la aludida, sin molestarse en ocultar su desdén.

"Amiga, tú conoces mi historia. Mi familia es muy pobre y yo estoy desamparada: mi madre me abandonó y mi padre es un adicto al juego. Eric es lo único que me queda. No te comprometas con él, por favor... Por lo que más quieras, devuélvemelo. No tienes idea de cuánto lo amo", suplicó Shirley, con los ojos llorosos.

"¡Eres una amante bastante descarada! ¡Es la primera vez que me topo con alguien así!", dijo Verena, dedicándole una mirada gélida.

"Desde que naciste lo tienes todo, así que no puedes entender mi dolor. ¿Por qué tienes que quitarme a Eric?", continuó Shirley, arrodillándose ante Verena. "Por favor. Te lo imploro...", suplicó la sinvergüenza, cada vez más desesperada.

Antes de que Verena pudiera reaccionar, Eric intervino y levantó a su amada. "Shirley, ¿qué estás haciendo?", le preguntó, con la voz temblando por el dolor que le causaba verla en ese estado.

"Verena, ¿por qué meterla en nuestro problema? Ella es frágil y la estás llevando al límite al obligarla a arrodillarse. ¿Cómo puedes ser tan cruel?", le acusó el infiel.

"Eric, para que quede claro: Shirley vino aquí por su cuenta, y se arrodilló porque quiso. ¡Yo no le pedí nada!", se defendió la acusada.

"No la culpes. Todo es mi culpa. Mi amor por ti me ciega. No soporto verte con otra persona", intervino Shirley, aferrándose al brazo de su amado.

Verena sintió una oleada de repulsión ante la teatral escena. Justo cuando iba a cerrar la puerta, las palabras de Eric la detuvieron en seco.

"Aunque me case contigo, nunca te amaré. Nunca te tocaré. ¡Así que lo mejor es que te rindas!", declaró el hombre, ni siquiera soportaba verla

Verena tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no carcajearse ante su absurda declaración.

"Ustedes dos deberían considerar dedicarse a la comedia. Pero dejemos algo claro: es la familia Briggs, no yo, quien se interpone entre ustedes. ¡Son tan patéticos!", escupió Verena cada palabra, antes de encerrarse con un portazo.

Al instante, Darren salió de atrás de la cortina; había escuchado cada palabra de la discusión.

"¿Lo ves? Incluso si me acostara con cien hombres, no sentiría ni una pizca de culpa por tu querido sobrino", comentó ella, imperturbable.

Por un instante, Darren se quedó en silencio, sin saber qué responder.

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