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Corazón de Chocolate

Corazón de Chocolate

Autor: : Sol Cánaves Díaz
Género: Romance
Corazón de Chocolate es la tercera parte de la saga "Corazón", continuación de Corazón de Limón. Annie se encuentra ahora en la titánica tarea de ganarse la aprobación y el respeto de la jefa del clan O'Connor: La abuela Mae, para la cual ha viajado a Irlanda con sus padres, su prometido, Kentin, y su suegro, Thomas. Pronto se dará cuenta que es más sencillo mezclar el agua y el aceite que lograr convencer a la abuela Mae de que ella es el mejor partido para su nieto, la cual parece dispuesta a sabotear la boda Sucrette-O'Connor bajo cualquier costo. ¿Annie aceptará el reto o hasta allí llegará su amor?

Capítulo 1 Irlanda

El hermoso paisaje irlandés se expandía a mis anchas mientras Thomas conducía el auto rentado en el aeropuerto. Kentin iba en el asiento del acompañante, mis padres y yo en los asientos traseros, ya estábamos entrando en la ciudad de Brai.

Situada al Sur de Dublin el verde de los árboles y el celeste del cielo y del mar contrastaban directamente con las escalas de grises y blancos de las casas y calles que conformaban la ciudad; sólo los tejados rojos y las flores plantadas en los canteros eran una explosión de color ante aquella humilde fachada, influenciada sin duda por la arquitectura de su época colonial pues las casas conservaban ese sobrio estilo inglés, pequeñas y con ventanas de oscura madera. Sólo la rueda de la fortuna de lo que parecía ser una feria permanente competía con las hermosas colinas que rodeaban la ciudad, imaginaba que por la noche todo se encontraba bañado en luces de neón y sonidos de electrónicos dignos de Star Wars además de risas y conversaciones alegres entre la gente que visitaba el lugar.

Thomas dobló en una esquina y empezó a ascender por una calle un poco empinada y poco a poco empezamos a aminorar la marcha hasta detenernos en la única casa que rompía con la monotonía de la arquitectura inglesa, claramente de diseño francés y refinado. Frente a ella se encontraban de pie un pequeño grupo de personas, todos con una sonrisa dibujada en sus rostros y por encima de sus cabezas colgaba un cartel que decía "Welcome Back!" en una linda caligrafía irlandesa, como de esas que se ven en los pubs. Al parecer habíamos llegado a la casa de los O'Connor porque podía ver muchos de los rasgos físicos de mi suegro y mi prometido repetidos en algunas de las personas allí presentes, pero entre toda esa multitud resaltaba la abuela Mae. Allí estaba... mi prueba de fuego para poder ser aceptada en la familia de Kentin. El corazón empezó a latirme más fuerte cuando Thomas aparcó frente a la hermosa casa y todos descendimos del vehículo.

El primero en ir corriendo a saludar fue mi prometido, que tomó en brazos a su abuela y le plantó un beso en la mejilla derecha con el mismo amor que lo hacía conmigo. Mis padres y yo nos demoramos más pues debíamos bajar las maletas, Thomas ayudó en el proceso, pero la insistente voz de Kentin llamándome hizo que abandonara el equipaje de mi madre en la acera y me acercara hacia él. Sentía las miradas de los familiares de Kentin sobre mí, quizás tomando notas visuales de todo lo que podían apreciar de mí, también sentía las mejillas encendidas pues odiaba ser el centro de atención en cualquier aspecto de mi vida, pero me focalicé en la mano de mi prometido, extendida hacia mi, para ayudarme a cruzar aquellos centímetros que me separaban de la mujer más importante de su vida. Más importante que su propia madre.

-Abuela, quiero presentarte a Annie -sonrió a sus anchas mientras tomaba mi mano con fuerza. Esbocé mi sonrisa más encantadora mientras su abuela me miraba con aires calculadores-, mi prometida.

Al escuchar esto, la abuela Mae abrió mucho los ojos observando a su nieto pero él sonreía y yo temblaba como una hoja. Mae giró sus ojos hacia mí, dirigiéndome tal mirada que se erizaron los vellos de la nuca. Al parecer algo de mí no le había convencido, y me gustaría saber qué.

-¿Prometida? -preguntó la abuela Mae mientras sonreía solo con los labios mientras el resto de su rostro y en especial sus ojos emanaban a chorros desaprobación absoluta-. Felicidades, cariño.

Me tomó de la mejilla y me apretó con tanta fuerza que me hizo doler. Abrí mucho los ojos y cuando retiró sus dedos me tomé el cachete con la mano... aún me ardía pero Kentin sonría. Aparentemente no se daba cuenta del trato pasivo-agresivo de su abuela hacia mí. Mi suegro me puso las manos sobre los hombros y me los palmeó suavemente mientras Kentin tomaba de la mano a su abuela y pasaban hacia dentro de la casa, al parecer nadie había apreciado el "cariño" que mi "suegra" me había dado pues me saludaron con total normalidad, al igual que mis padres y mi suegro; sólo Thomas había percibido la verdadera intención de aquel gesto pues suspiró con evidente hartazgo.

-No puedo hacer nada -susurró Thomas con cierto dolor en sus palabras como adivinándome el pensamiento-. Deberás prepararte, Annie. Esto es sólo una muestra.

-¿Y si hablo con Kentin? -pregunté.

-No. Déjame que yo hablé con él, creo es algo que me corresponde a mí -respondió-. Pero por ahora entremos, no quiero hacer esperar a mi madre.

La buena vibra que había estado presente hasta ese momento en mi familia había desaparecido. Atrás quedaron los buenos momentos vividos en el avión, las carcajadas y los chistes... Nos habíamos reído tanto y tan fuerte que tuvo que venir la asistente de vuelo a pedirnos que, por favor, nos riéramos un poco más suave pues molestábamos al resto de los pasajeros. Ahora una asquerosa vibra de rechazo y estricto orden inundaba el lugar pese a que la casa era tan linda por dentro como por fuera. Tenía una decoración antigua y en colores marrones y verdes, había fotos de sus nietos e hijos, de ella y su marido en su boda, pero lo que me sorprendía es que en las fotos en las que estaban todos en familia, había unas cuantas que tenía un rostro cortado, vi que siempre al lado de ese rostro cortado estaba Thomas.

-Mi mujer -susurró mi suegro mientras se ponía a mi lado, observando la foto con cierto dolor-. Cuando nos fuimos de Irlanda mi madre hizo todo esto.

¿Hasta dónde podía llegar el rencor de una madre hacia la pareja de su hijo (o nieto)? Continué observando la casa con atención mientras mis padres entraban con todo el equipaje. A pesar de que la casa era muy bonita y estaba llena de recuerdos era evidente la energía que emanaba, una energía siniestra, de rechazo y putrefacción, no era la energía que había en nuestro apartamento o en casa de mis padres, incluso en casa de mis abuelos mientras ellos habían estado con vida, donde te invitaba a tomar las fotografías o los recuerdos, apreciarlos, admirarlos sentirlos... En cambio aquí parecía que si yo osaba alterar el orden preestablecido al tomar una foto para verla de cerca, sonaría una sirena advirtiendo a la dueña de casa.

No podía quedarme mucho tiempo retraída en mis pensamientos y análisis del hogar de mi anfitriona así que decidí hacer sociales. Me presentaron a los tíos y primos de Kentin, a sus primos y sus parejas, no me molesté en recordar el nombre de todos pues muy probablemente no los volvería a ver, pero fue el abuelo de Kentin, Richard, un hombre bonachón y con un poco de papada, quien me hizo sentir bienvenida por primera vez desde que había pisado esa casa. Reconocí en sus ojos verdeazulados los rasgos físicos de mi suegro, el poco cabello que tenía era blanco por la edad pero un par oscuras cejas que se resistían al paso del tiempo, las orejas salidas como si estuviera entre paréntesis aunque eso le daba un aspecto divertido y amable, lentes cuadrados sostenidos por la punta de una nariz ancha pero no prominente, y una sonrisa que parecía una línea y que iba de oreja a oreja.

-Así que tú eres mi nueva nieta -dijo en español. Hasta ese momento, por una cuestión de cortesía, habíamos decidido hablar en inglés así que parpadeé sorprendida al escucharlo hablar en mi lenguaje. Tenía una voz un poco gruesa y rasposa pero cálida. Me abrió sus brazos de par en par en un claro gesto de amor familiar, me acerqué y lo abracé. Olía muy bien y era cálido y mullido. Richard me soltó y me observó detenidamente, apreciando cada aspecto de mi ser-. Eres más bonita de lo que me imaginaba. Cuando Kentin me contó que iba a casarse con la mujer más hermosa del mundo no lo podía creer, pero ahora veo que es así.

No pude evitar sonrojarme y sonreír. Por lo general, no le creía a las personas cuando me decían que soy bonita pero Richard me hizo sentir muy aceptada en ese momento, y su apreciación había sido totalmente sincera y desinteresada.

-Es un placer conocerlo, Richard -sonreí pero él movió la mano hacia un costado, como espantando aquella formalidad innecesaria.

-Dime abuelo, o Rick si lo prefieres en caso de que quieras mantener cierta formalidad conmigo. Aunque soy de los que piensan que ser formal no es ser sinónimo de ser respetuoso- suplicó Richard mientras me invitaba a tomar asiento en uno de los sillones y, que hasta ese momento, había evitado sentarme pues temía alterar el orden de la casa. La pequeña recepción consistía en sándwiches, snacks y todo tipo de aperitivos. Me convidó uno para empezar la charla así que lo acepté con una sonrisa, teníamos que hablar en voz un tanto alta pues el bullicio de la casa era considerable debido a la pequeña multitud allí reunida. Sólo nos interrumpimos cuando Rick y yo nos acercamos hacia la cocina para buscar algo de beber y Thomas bajó las escaleras junto con mis padres-. ¡Thomas, hijo! ¿Dónde estabas?

-Perdón, papá. Estaba dejando los equipajes de los chicos en la habitación de Kentin -se excusó Thomas. Quién sabe cómo pero la abuela Mae apareció de la nada y nos miró con la misma mirada desaprobadora que me había regalado cuando nos habíamos conocido hacía unos minutos atrás.

-¿Escuché bien? -preguntó. Su voz era gélida y aunque medía su humildes ciento cincuenta centímetros en ese momento, retando a su hijo, parecía que medía dos metros. Mi suegro no pudo evitar bajar la cabeza-. Thomas, no pretenderás que Kentin duerma con... Ehhh...

-Annie -respondí entre dientes. Pero nos acababan de presentar y ya se había olvidado mi nombre... Mae chasqueó la lengua.

-Annie, sí, eso. No pretenderás que Kentin duerma con Annie sin estar casados.

Thomas parpadeó sorprendido, al parecer mi estado civil no era impedimento para dormir con mi prometido como lo habíamos hecho durante todo un año con todo lo que eso implicaba.

-¿Por qué no? Si han vivido juntos un año y han dormido en la misma cama... -respondió Thomas, pero la abuela Mae cerró sus ojos mientras levantaba la mano interrumpiendo a su hijo.

-No. Kentin dormirá sólo, en su habitación, como corresponde -anunció la abuela de mi prometido dando por zanjado y terminado el asunto-. Annie puede dormir en la habitación que era del servicio, sus padres dormirán en el cuarto de huéspedes.

¡Dormir en la habitación del servicio! ¿Había escuchado bien?

-Mary -suspiró Rick mientras la miraba a través de sus anteojos-, al menos que Annie duerma en la habitación que usaba David. Ya nadie la usa.

-¿En la habitación de David? -repitió. Parecía que iba a poner otro pero más, sin embargo Rick se adelantó y dispuso que por el momento esa iba a ser mi recámara.

-Siempre podemos irnos a un hotel... -empezó Thomas pero Mae nuevamente lo interrumpió.

-El propósito de este viaje era conocer a la que, supuestamente, va a ser nuestra familia política, ¿no? Pues entonces aquí se quedan. -no entendía que quería decir con "supuestamente". Iba a casarme con Kentin y eso era un hecho, aunque ella no me acepte como nieta política.

La velada continuó casi con normalidad, y digo casi porque no consideraba normal el rechazo que Mae sentía hacia mí y hacia mi familia, aunque fue la gota que colmó el vaso cuando estaba charlando con Kentin y él insistió en que hable más con su abuela. Así que los dos nos acercamos con el objetivo de sociabilizar, Kentin aferrándome de los hombros y yo con un vaso de refresco en una mano para sostenerme a algo.

-¿Trabajas, Annie? -quiso saber.

-N-no... Sólo estudio... -empecé pero Kentin me interrumpió.

-Está estudiando derecho, abuela. Será una excelente abogada como el tío David -dijo mi prometido.

-¿Y crees que tu vida profesional no tendrá impacto en tu familia? Luego por qué las mujeres se quejan de que sus esposos se van con una de sus queridas... Buscando lo que no tienen en casa fuera de ella. Me imagino que planeas tener hijos. Kentin siempre habló de tener al menos tres. No entiendo cómo dividirás el tiempo entre tus hijos, tu marido, tu casa y tu profesión.

-Yo... -quería decirle que estábamos en pleno siglo XXI, que mi profesión no tenía por qué superponerse a mi vida y a mi maternidad, si es que decidíamos ser padres, pero no tuve tiempo a responder pues Mae se dirigió a Kentin.

-Veo que no has aprendido de los errores de tu padre, querido -le dijo con mucha seriedad-. Nuevamente priorizando una mujer que se pone a sí misma antes que a su propia familia, ya me imagino lo que será cuando tengan hijos. Pero descuida, siempre que la salud me lo permita iré a vivir con ustedes para hacer cargo de mis bisnietos.

-Abuela... -rio Kentin con nerviosismo. Pero yo estaba indignada por el trato de esa mujer, aunque no terminó allí.

-Aunque tengo que reconocer que es bonita. Al menos mis bisnietos no tendrán malos genes. Mañana deberías ir y hablar con el padre Moore para que él lleve a cabo tu boda, deberías reservar la Iglesia.

-¿Para qué? -repitió mi prometido.

-Para reservar la Iglesia del Santísimo Redentor. Se casarán aquí, por supuesto -le explicó Mae a su nieto-. Debes estar con la familia, es un momento muy especial, es la tradición, Todos los O'Connor se han casado en esa iglesia y tú no serás la excepción. Todas las tradiciones familiares deben cumplirse, especialmente la del vestido de novia.

-¿Qué cosa? -quise saber.

Mae suspiró, algo ofendida por la interrupción.

-En nuestra familia es tradición que la nuera lleve el vestido de novia de su suegra para tener un matrimonio tan feliz y duradero como el de su familia política -me explicó-. La... madre de Kentin no se casó en la Iglesia del Santísimo Redentor ni usó mi vestido de novia, por eso pasó lo que pasó, así que mañana te lo probaremos para hacerle algunos ajustes. Puede que te vaya un poco chico, especialmente en el busto, pero eso no es culpa tuya, tu no fuiste responsable de ser abusada de niña.

-¡¿Disculpe?! -exclamé indignada-. ¿Qué le hace pensar que fui abusada de niña?

-El tamaño de tus senos, es obvio -dijo muy segura de sí misma-: Toda mujer de senos grandes fue abusada de niña.

-¡Yo jamás fui abusada de niña, viví una infancia muy feliz y sana! ¡Si soy pechugona es por los genes en mi familia! ¡Mi madre es pechugona, mi abuela también lo fue! -no me había dado cuenta pero estaba gritando producto de la indignación y humillación por la que me hacía pasar esa mujer-. ¡Usted habla desde la más absoluta ignorancia!

-¡Annie! -me retó Kentin pero no continué con la conversación pues los ojos llenos de lágrimas dejé a mi prometido y subí corriendo las escaleras hacia el baño, completamente ofendida e indignada con esa mujer. Ahora entendía la advertencia de mi suegro para con su madre.

Capítulo 2 Secretos Familiares

Me costó mucho conciliar el sueño a raíz de lo ocurrido en la cena familiar. La bronca e indignación que sentía hervía en mi interior, y me parecía inaudito lo que la abuela Mae había dicho. Así que según ella, el hecho que una mujer tenga senos grandes era una clarísima evidencia que había sido abusada de niña... Pero que estupidez... Logré dormirme luego de sufrir un ataque de acidez estomacal producto de mi ira, y cuando estaba logrando entrar en un sueño profundo, me despertaron unos golpes suaves pero firmes en la puerta. Toc, toc, toc... Luego silencio...

Quizás había escuchado mal así que simplemente cerré los ojos e intenté volver a dormirme.

Toc, toc, toc...

No era mi imaginación, alguien estaba golpeando la puerta de mi habitación, me incorporé y restregué mis ojos mientras intentaba desperezarme... Toc, toc, toc, otra vez.

-Ya voy -mascullé de mala manera, pero luego recordé que estaba en Irlanda, así que repetí lo que dije anteriormente en inglés. Acomodé un poco mi cabello que ya estaba con su rebeldía de todas las mañanas y abrí la puerta mientras rechazaba un bostezo; del otro lado de la puerta me observaba mi madre, estaba como yo, ojerosa y con sus cabellos revueltos por todos lados, me sonrió con amabilidad.

-Parece que tú también tienes problemas con el jetlag -susurró con una sonrisa, me acarició el rostro con dulzura-. Es hora de bajar a desayunar, cariño.

-¿Qué hora es? -pregunté mientras me desperezaba y me dirigía hacia el equipaje para buscar un conjunto de ropa limpia.

-Son las nueve de la mañana de la hora local -respondió mi madre. Gruñí, eran cinco horas menos en casa, deseaba volver a meterme en la cama y dormir todo el día pero sabía que eso no iba a caerle nada en gracia a la abuela de mi novio, así que le dije a mi madre que bajaría una vez que me arreglara. Pese a que sabía que Mae no veía con buenos ojos a las mujeres que usaban jeans tomé unos y me los calcé; si ella ya aseguraba que una mujer pechugona era una niña abusada poco y nada me importaba lo que piense de mi por usar pantalones de mezclilla. Así que me vestí con un look grunge que seguramente la escandalizaría e intenté ocultar un poco mis ojeras con maquillaje, pero no importaba lo que hiciera, todavía se notaban, me peiné mi castaño y largo cabello en una coleta y luego bajé las escaleras.

En el salón comedor estaba mi padre conversando animadamente con el abuelo Rick, se escuchaba la voz de Kentin y su abuela riendo mientras cocinaban, estaba muy dolida con él por haber permitido ese trato de su abuela así que me fui a sentar en un sofá; al hacerlo un perrito blanco, de patas cortas, chaparro y bigotes largos hechos con su pelaje apareció, era un Terrier escocés, que me movía su cola amigablemente saludando.

-Hola, ¿quién eres tú? -pregunté mientras le acariciaba las orejas.

-Es Winston III -dijo Rick mientras se acercaba un poco inseguro en su caminar-, o mejor conocido por mis nietos como "Winny".

-Me gusta Winston -dije mientras Winston me miraba con sus ojos pequeños, como nueces.

-¿Qué vas a hacer hoy, Annie? -preguntó Rick mientras se sentaba con dificultad en el sofá, a mi lado.

-Nada en especial -le respondí, Winston se acomodó en mi regazo.

-¿Te gustaría acompañar a este viejo decrépito a un torneo de ajedrez? -Preguntó con su sonrisa dibujada en una fina línea, yo le sonreí.

-No es decrépito y sí, me encantaría acompañarlo -accedí con gusto, al menos el abuelo era muy simpático y accesible, no como la Reina. En ese momento entraron Kentin y Mae. La mirada que la abuela de mi novio me dirigió fue mortal: Era obvio que no estaba de acuerdo en los pantalones que estaba usando, ni en mis zapatillas Converse o en la camisa a cuadros holgada, arremangada y anudada al frente, yo la miré desafiante, y en vez de decirme algo dirigió su reto a su esposo.

-Richard, te he dicho un millón de veces que no dejes que Winston se suba a los muebles -masculló Mae mientras dejaba la bandeja con varias tazas humeantes en la mesa, entorné los ojos. «No soy un mueble», pensé.

Kentin me miró y me sonrió, pero le desvié la mirada y me concentré en seguir acariciando a Winston. Mi madre y Thomas bajaron y nos reunimos a la mesa a desayunar, Mae había preparado el mismo té para todos, yo honestamente prefería café.

-Disculpe, Rick. ¿Tiene café para convidarme? -pregunté con amabilidad pero Mae habló.

-En esta casa no hay café, Annie, solo té -dijo con dureza, yo levanté una ceja.

-Desde que me operaron del corazón que me han prohibido que fume y beba café -me explicó Rick con dulzura-. Así que Mary se encargó de que no haya nada de esas cosas en esta casa, aunque bien sabe Dios lo mucho que deseo una buena taza de café humeante en las mañanas, no tanto un cigarrillo pero sí una excelente taza de café.

Yo me presioné el puente de la nariz mientras Mae y Rick iniciaban una discusión sobre la salud del anciano y lo mucho que a Mae le había costado; terminé de beberme ese asqueroso té, di gracias por la comida mientras levantaba mi taza y regresé a mi habitación a seguir durmiendo. Abrí la puerta y arrastrando los pies me dejé caer en mi cama, cuando quise cerrar los ojos volvieron a tocar la puerta; rezongando entre dientes, me levanté y abrí la puerta, allí estaba Kentin, como mala cara y de brazos cruzados, yo parpadeé.

-¿A qué viene todo ese maldito comportamiento que realizaste anoche en la cena y hoy? -preguntó, yo volví a parpadear, aturdida e incapaz de comprenderle.

-¿De qué hablas? -pregunté.

-De tu actitud, Annie, de eso hablo -me respondió-: De tu actitud de mierda de salir corriendo en la cena y hoy dejar la mesa en pleno desayuno familiar, ¿acaso tus padres no te enseñaron modales?

Yo blanquee los ojos mientras me volvía a tumbar en la cama.

-¡Te estoy hablando, maldita sea! -gritó Kentin, si algo no soportaba era que me levante la voz como si fuese uno de los reclutas de su pelotón.

­-Primero que nada, me bajas el tono de voz, cretino -le dije mientras me ponía de pie y lo enfrentaba-. Que aquí no eres el Sargento O'Connor, eres mi prometido y futuro marido y a mí me debes respeto.

-Te respetaré en la medida que me respetes a mí y a los que forman parte de mi familia.

-Pues entonces ve y muéstrale los dientes a tu abuela, si te atreves.

-¿De qué carajos estás hablando?

-¡Pues que ella me faltó el respeto primero y no hiciste nada! ¿Cómo no quieres que no me vaya de la mesa si tus abuelos se ponen a discutir o si tu abuela asegura que fui abusada de niña sólo por el tamaño de mis senos?

Kentin se envaró.

-Ella no... No quiso... Estás exagerando las cosas-dijo Kentin, quitándole importancia a mi comentario, no pude evitar dejar salir una risa de incredulidad-. Tienes que entender que ella viene de otra época, de una crianza sumamente machista donde las mujeres muy pechugonas sólo podían trabajar en un burdel o ser una rompe hogares, y porque en ese momento pensaba que toda mujer que elegía ese camino era porque había sufrido un abuso.

-Vamos, sigue tratando de justificar lo injustificable -gruñí con una sonrisa irónica-. Tan sólo di «mierda, amor... Mi abuela sí que la cagó. Te pido disculpas por no defenderte». No te van a quitar la medalla al mejor recluta por eso.

-Ya te dije que no lo dijo en serio. No tiene la culpa de que la hayan criado así, Annie- dijo Kentin con cara seria, yo no pude evitar reírme pues me parecía la excusa más patética que había escuchado en mi vida, pues siguiendo esa misma lógica de pensamiento había que perdonar las atrocidades de todo el mundo que haya sido criado en un ambiente poco favorable. Kentin se apretó el puente de la nariz, molesto- Esta bien, ¿sabes qué? Haz lo que quieras, mi abuela no tiene nada contra ti, así que deja de montarte la película que estas montando.

-Entonces dile a tu abuela que deje de audicionar para el papel de bruja -le respondí, mi prometido frunció el ceño y salió de la habitación, dando un portazo.

Acompañé al abuelo Rick a su torneo de ajedrez, era en un viejo pub irlandés donde todos los martes era exclusivo para su grupo de amigos.

-El nieto de uno de mis amigos es el dueño del pub. -me contó Rick mientras entrabamos al local, se llamaba "Shamrock", era un lugar cálido, donde la madera oscura y lustrada era la protagonista, había una barra con varios taburetes, un video juego a fichas del Pac-Man, mesas y sillas haciendo juego con la madera, un poster de Bono y otro de AC/DC y varias fotos-. Así que gracias a él nos juntamos aquí todos los martes a jugar unas partidas de ajedrez acompañados por una Guinness y cacahuates.

-Creí que Mae no lo dejaba tomar alcohol -dije con una sonrisa pícara.

-No, no me deja, por eso será nuestro secreto -susurró y me guiñó un ojo mientras sacaba la punta de la lengua.

En el fondo del local estaban esperándolos sus amigos, abuelos de su edad muy animados, se notaba que los años no les había alcanzado el alma; al principio me pareció entretenido ver como aquellos viejitos se estuvieran disputando Europa en ese tablero a cuadros blanco y negro pero luego me aburrí y fui a probar suerte con el Pac-Man; sin embargo no tenía fichas y no sabía cómo funcionaba, de repente una mano golpeó dos veces el costado de la máquina y esta instante ya estaba lista para que juegue.

Me giré y vi a un muchacho de más o menos unos treinta años, de estatura media pero hombros y espalda anchos, al parecer jugaba al rugby o algún otro deporte de alto impacto, tenía el cabello negro, un poco largo y rizado, ojos azules, nariz un poco prominente y barba de tres días que le cubría desde los pómulos hasta debajo del cuello.

-Hay que ser un poco rudo con ella desde que una ficha se quedó atascada dentro -rio con un acento irlandés bien marcado.

-Gracias -le dije con una sonrisa, inicié la partida y mientras me divertía, ese sujeto me observaba de cerca, haciéndome poner incómoda.

-No eres irlandesa, ¿no es así? -preguntó el muchacho, yo le dirigí una rápida mirada de soslayo.

-No, no soy de aquí -le respondí y le conté de donde era-. ¿Cómo te diste cuenta de que no soy irlandesa?

-Fácil, todas las chicas irlandesas comprometidas usan el anillo de Claddagh en la mano izquierda -respondió mientras señalaba mi anillo de compromiso, el cual era un hermoso diamante-. Tú, en cambio, usas una joya.

-¿El anillo de Claddagh? -repetí, curiosa por saber que era.

-Es una de las más antiguas y románticas tradiciones de aquí -me respondió-: Simboliza el amor y la amistad eterna, observa.

El muchacho extendió su mano derecha y vi que llevaba un anillo de plata, eran dos manos sosteniendo un corazón coronado.

-La persona que lo lleva en la mano derecha, mirando hacia afuera, está soltera -explicó mientras se sacaba el anillo y se lo colocaba, esta vez, mirando hacia adentro-. Si lo usas de esta forma, indica que tu corazón está ocupado.

Yo miré el anillo, embobada por lo hermoso y romántico que era, y me pregunté si Kentin realmente deseaba que forme parte de su vida, de su cultura y, allí estaba mi mayor duda, de su familia.

-Me llamo Gaeil, por cierto -se presentó mientras me extendía la mano como saludo.

-Annie -dije mientras se la tomaba.

-¿Y quién es el afortunado, Annie? -preguntó, con media sonrisa.

-Kentin O'Connor -respondí mientras mis dedos jugueteaban nerviosos en mi anillo de compromiso.

-Sí lo conozco, es un buen chico -dijo, se estiró y luego se dirigió a la barra-. Debo volver al trabajo, avísame cuando te cases.

Yo parpadeé sorprendida ante este pedido.

-¿Por qué quieres que te avise? -pregunté.

-Porque es de buena suerte que te felicite un hombre que no es de tu círculo de amigos -rio Gaeil y se perdió tras una cortina de cuentas de madera.

Me sorprendió lo buena onda que había sido conmigo, pese a que no me conocía de nada. Seguramente era amigo de Kentin, aunque me gustaría saber qué hacía mi novio frecuentando a un hombre de treinta años y por qué jamás me había comentado que tenía amigos aquí. Posiblemente sea un primo suyo, aunque no recuerdo haberlo visto en la recepción que nos hicieron en casa de sus abuelos.

Al regresar a la casa de la abuela Mae busqué a Kentin para contarle lo sucedido, estaba sentado en una silla del jardín disfrutando un poco del aire fresco.

-Ya volví -le dije mientras me sentaba a su lado, él me saludó con un gruñido. ¿Acaso seguía molesto?-. ¿Estás bien?

Él no respondió, sólo se limitó a decir que sí con la cabeza, yo me crucé de piernas y brazos, molesta.

-¿No vas a preguntarme como nos fue? -pregunté mientras lo miraba.

-Seguramente vendrá mi abuelo a contarme -masculló. Chasqueé la lengua, molesta y me levanté, dejándolo solo. Cuando estaba entrando en el salón para dirigirme a mi habitación apareció el abuelo Rick.

-Annie, ¿a qué viene esa cara de asesina? -preguntó divertido.

-Nada, es sólo Kentin que continua molesto -suspiré mientras lo señalaba con la cabeza-. Ni siquiera me preguntó cómo me fue, y yo que quería preguntarle de dónde conoce a Gaeil.

El abuelo Rick se envaró y por primera vez vi que tenía miedo en los ojos.

-No le digas ni una palabra que conociste a Gaeil -me advirtió en un susurro, yo parpadeé sorprendida y levanté una ceja.

-¿Acaso son enemigos? -quise saber, el abuelo Rick meneó la cabeza de lado a lado.

-Peor que eso -respondió-: Gaeil es el medio hermano mayor de Kentin.

Capítulo 3 Gaeil O'Connor, el Bastardo

Parpadeé varias veces incapaz de creer lo que me había confesado el abuelo Rick, al principio creí que era una broma pero estaba siendo 100% sincero conmigo; aunque honestamente no entendía cuál era el problema, pero si Kentin jamás me había dicho nada acerca que tenía un medio hermano mayor luego de casi tres años de noviazgo, era porque NO quería decírmelo; es más... él siempre hablaba de sí mismo como si fuese hijo único. Richard me tomó de la mano y nos sentamos en el salón a conversar más tranquilos.

-Cuando Thomas tenía diecisiete años, empezó a salir con una compañera suya del instituto, Lorelei -empezó a relatar Rick-. Se llevaban muy bien y eran una linda pareja, incluso a Mae le gustaba. Pero todo cambió cuando Lorelei quedó embarazada de Thomas con solo dieciocho años y aún ninguno de los dos había acabado los estudios. El padre de Lorelei, el cual es uno de los señores que estuvieron hoy en el pub, quiso obligar a Thomas y Lorelei a que se casen, en aquella época era una deshonra quedar embarazada antes del matrimonio; Thomas aceptó pero Lorelei se negó y provocó la ira de Mae cuando mi esposa se enteró que planeaba interrumpir el embarazo.

«Thomas se lo contó a todo el pueblo y Lorelei, entre la espada y la pared, tuvo a Gaeil, al nacer ella se desligó de sus responsabilidades de madre y lo dejó al cuidado de Thomas. Gaeil creció en esta casa hasta que mi hijo se casó con Rachel y tuvieron a Kentin; en ese momento, Mae dejó de ver a Gaeil como a un nieto y pasó a ser un bastardo sin madre ni familia. Gaeil dejó de vivir con nosotros y fue recibido por los padres de su madre, eso es algo que nunca le perdonaré a mi esposa, el hecho que haya negado a un miembro de nuestra sangre.

Rick se quedó en silencio mientras el dolor atravesaba su cara surcada de arrugas; sus manos, que estaban juntas, posada una sobre la otra, temblaban como hojas al viento.

-Cuando Rachel falleció, Mae le llenó la cabeza a Kentin de un vil hermano mayor que no lo quería -continuó Rick con su relato-. Mi nieto se creyó esas historias y pese al evidente interés que Gaeil sentía (y siente) hacia su hermano menor, Kentin continúa llamándolo bastardo, como si haber nacido en un matrimonio legal te diera más o menos derechos.

-No es por los derechos, abuelo -dijo la voz de Kentin desde la puerta del jardín. Rick y yo nos giramos para verlo, se lo notaba sumamente molesto y sus ojos verdes brillaban con malicia, fríos y calculadores-; sino porque la abuela tiene razón con todo lo que me dijo acerca de Gaeil.

Rick y yo nos quedamos callados, yo me paralicé incrédula de ver ese costado oscuro y siniestro de mi prometido, el hombre con quien quería pasar toda la vida; pero ¿lo quería así?, ¿quería pasar la vida con un muchacho como él?

-Y en cuanto a ti -gruñó Kentin señalándome-: Que no me entere que volviste a ver a ese bastardo, y créeme cuando te digo que me enteraré si lo haces.

Kentin se retiró y yo le saqué la lengua a sus espaldas.

El abuelo Rick suspiró frustrado. De repente había dejado de ser un hombre vigoroso y alegre para transformarse en un anciano débil y enclenque. Al parecer no soportaba ver que sus dos nietos se peleen así.

-Se nota que es muy doloroso para usted, Rick -susurré tomando sus manos entre las mías-. No puedo ni imaginar lo que está pasando.

-Todo el mundo piensa que Kentin es mi nieto favorito -confesó-, pero yo me hice abuelo gracias a Gaeil. Fue él quien me dio ese título, y Kentin fue el segundo en nacer, pero era tan pequeño y débil que no esperábamos que viva más allá de los tres meses de vida. Siempre digo que amo a todos mis nietos, pero Gaeil y Kentin son mi corazón y pulmones: Si me falta uno de ellos yo no podría vivir. Y verlos así, peleados desde hace años, sin dirigirse la palabra... Y todo por culpa de mi esposa... Es algo que me parte el corazón.

Me quedé muda. Jamás había escuchado de esa definición de amor, comparando a sus nietos con su corazón y pulmones... Era un tipo de amor demasiado visceral, y que sólo una persona con hijos podría entender.

Entré a Shamrock, el ambiente estaba cargado de tabaco y calor, era sofocante y me costaba respirar, me senté en la barra y esperé a que Gaeil me atienda, me saqué mi chaqueta de cuero negro y me crucé de piernas mientras veía a la gente a mi alrededor.

-¡Pero si es la futura novia! -exclamó la voz de Gaeil, yo me giré, Gaeil llevaba puesto unos anteojos de montura cuadrada y marco grueso. No me había dado cuenta que llevaba un piercing en el labio inferior del costado derecho, y me sonreía- ¿Qué le sirvo a la princesa?

-¿Qué tal una Coca-Cola, O'Connor? -pregunté con una sonrisa, Gaeil se envaró, yo le sonreí para tranquilizarlo-. Richard me lo contó todo, no te preocupes.

Gaeil se quedó un momento en silencio y me hizo señas con el índice para que lo siguiera, levantó la barra y abrió una puerta para que pase y juntos atravesamos la cortina de cuentas de madera; llegamos a un pequeño despacho, Gaeil, cerró la puerta y me invitó a tomar asiento.

-¿Rick te contó todo? -me preguntó, yo asentí.

-Todos y cada uno de los detalles de la historia -le respondí-, incluido lo de Mae.

Gaeil inspiró profundamente mientras se presionaba el puente de la nariz.

-La verdad te compadezco, de todas las familias de Irlanda tenías que enamorarte de un O'Connor -suspiró con una sonrisa de pena y compasión.

-No sería tan difícil si Mae dejara de actuar como una bruja -gruñí mientras me acomodaba el cabello.

-Es que no actúa, es una bruja -me corrigió Gaeil y nos reímos con ganas-. Qué bueno es ver que mi hermanito ha conseguido una buena chica, si tan solo no fuese tan manipulable y tozudo...

-No es manipulable, es solo que no sabe confiar en las personas indicadas -le corregí.

-¿Y cómo fue que mi hermano se convirtió en el tanque irlandés que es ahora? -preguntó en medio de una risa, yo también me reí y pasé a contarle toda la historia.

Empecé por el principio, con mi llegada al pueblo y mi inscripción en Sweet Armonis, como Kentin (en aquél tiempo el enano de grandes gafas) me había seguido hasta el instituto, los abusos que había sufrido allí, cómo había sido trasladado por su padre a la escuela militar, su regreso transformado en el actual soldado todo terreno, cómo él me había brindado siempre su apoyo incondicional y cómo lentamente me fui enamorando de él.

-Cuando te escucho decir todo esto casi casi me creo que existe el amor verdadero -confesó con una sonrisa, no pude evitar reírme.

-Existe, sólo que no cualquiera puede verlo -dije-. Lo esencial es invisible a los ojos.

Gaeil se rio con ganas, me invitó una bebida (sin alcohol, por pedido mío) y a reunirnos en un café mañana para conversar, yo acepté encantada y regresé a la casa de los abuelos de mi prometido.

-¿Cuándo regresarás al pueblo? -me preguntó Rosemary del otro lado del mundo, estábamos en reunión en Skype, en la llamada también estaban Keyla, Melany, Ida y Lila.

-En una semana, más o menos -le respondí, Las chicas estaban preparándose para salir, se habían juntado todas en casa de Leigh y Louis para salir en grupo, mis amigas estaban muy guapas-. Kentin quiere ver todos los preparativos para la boda.

-Te extrañamos -dijo Ida, haciendo pucherito y acercándose a la cámara, yo me reí-. ¿Me prometes que cuando vengas saldremos todas juntas?

-Claro que sí -les prometí mientras levantaba ambos pulgares.

-¡Ah! Cierto, casi me olvido -recordó Rose mientras me guiñaba un ojo-. A que no adivinas quién finalmente conquistó al delegado...

Yo me envaré, sorprendida.

-¿Melany? -pregunté. La aludida asintió con energía, roja de la vergüenza pero radiante-¿Estás saliendo con Nicholas? ¿De verdad?

-¡Sí! -exclamó muy contenta mientras sonreía con su hermosa sonrisa- ¡Tomó su tiempo pero lo conseguí!

-¡Eso es genial! -exclamé con una sonrisa, me alegraba mucho por ella. Melany había estado enamorada de Nicholas desde que ingresé al Instituto aunque el hecho de pensar que me había acostado con su actual novio era un secreto que pensaba llevármelo a la tumba.

-Quizás con un poco de amor y dedicación pueda hacer que el viejo Nicholas vuelva. -se la veía muy segura que el antiguo yo del exdelegado regrese, ese chico que vestía formal y elegante, que no era mujeriego y aplicado para sus estudios.

-¡Y eso no es todo! -dijo Keyla tratando de desviar el tema- Rose se casa en un mes y seremos sus madrinas en la boda.

Yo no pude evitar gritar de la emoción, Rose hizo la aplaudió entusiasmada y sonrió de oreja a oreja.

-¡Bueno, sólo falta que digan que una de ustedes está embarazada y hacemos un babyshower! -bromeé con una sonrisa, las chicas se quedaron calladas, yo abrí los ojos como platos... ¿Era así?- ¿Quién de ustedes...?

-Allison -respondió Melany, estaba roja como un tomate-. Allison está embarazada de ocho semanas.

Yo me quedé dura, quizás cuando cursaba el instituto seguramente no me hubiera sorprendido una noticia así ya que la rubia era la más rápida de todo el colegio, pero ahora la sorpresa me había caído como un yunque en la cabeza.

-¿Y el bebé es de... -pregunté pero se me adelantaron.

-De Chester, así es -respondió Lila.

Yo todavía no salía de mi asombro: Chester y Allison serían padres, Melany salía con Nicholas y Rose se casaría con Leon en unas semanas... ¿Acaso el mundo avanzó un par de años luz en mi ausencia?

-Por favor, no me digan que Louis está saliendo con Lila porque ahí sí que me shockean de por vida -supliqué, Lila se puso colorada mientras se reía nerviosa.

-No, Annie, ambos seguimos solteros -rio Lila con una sonrisa-. Creo que él sigue esperándote.

-Y tú sigues esperando a que Ayaka se vuelva hetero -le dijo Keyla mientras le sacudía el cabello con una mano-. Mejor te traigo un banquito, que si esperas de pie, te cansarás.

-¿No hay nadie que te guste, Lila? -le pregunté, ella negó con la cabeza.

-Honestamente, no -respondió ruborizada mientras jugaba con sus dedos-, pero espero poder conocer a alguien, quiero vivir lo que están viviendo tú, Mel y Rose.

-No es la gran cosa, al principio lo amas y lo luego lo quieres matar -reí con cara de circunstancia, Rose estalló en una carcajada.

-Te amo, te odio, te amo, te odio -dijo Rose-: Así es el amor.

-Bueno, pequeña, te dejamos porque Louis, Chester y la embarazada están esperándonos abajo -dijo Keyla saludándome con la mano.

-No dejen que Allison beba -les recordé, me despedí de las chicas y corté la videollamada.

Al día siguiente me reuní con Gaeil en una café del centro a conversar, llegué puntual y mi cuñado ya estaba esperándome sentado en una mesa, un poco apartada de la ventana, al verme se puso de pie y me sonrió.

-Hola, Gaeil -lo saludé mientras tiritaba de frio, no terminaba de adaptarme al clima de Brai-. ¿Hace mucho que esperas?

-No, llegué hace apenas unos minutos -dijo con una sonrisa. Nos pusimos a conversar animadamente mientras el resto de las personas estaban enfrascadas en sus propios mundillos, pedimos una cerveza y un capuchino caliente, luego de unos minutos me animé a preguntarle.

-¿Por qué quisiste que nos reuniéramos? -quise saber, Gaeil antes de responder miró hacia los costados, comprobando que nadie nos escuchaba,

-Porque quiero pedirte un favor -dijo, yo esperé a que continué-: Quiero pedirte que me ayudes a que mi hermano y yo nos llevemos mejor.

-¿Quieres que te ayude a fortalecer tus lazos con Kentin? -Pregunté, no sólo ya tenía la muy ardua tarea de gustarle a la abuela Mae, si no que ahora se me sumaba esto.

-A cambio de eso te diré cómo hacer para que Mae te dé su aprobación -susurró mientras me guiñaba un ojo, yo tragué saliva, debía de estar muy desesperada para inmiscuirme en problemas familiares, pero todo sea por la felicidad de mi novio y mi aceptación como miembro de su familia.

-Está bien lo haré -respondí, Gaeil me sonrió complacido y se acercó un poco más hacia mí, bajando la voz.

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