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Crowley: Lujuria y Poder

Crowley: Lujuria y Poder

Autor: : Cas Charlii
Género: Fantasía
Alister necesita una esposa para que adorne su campaña y pueda conseguir lo que más desea... Elahe necesita huir de un matrimonio arreglado con un Conde... Un Destinos escrito pondrá a Alister y Elahe juntos desde antes de conocerse, juntos se unirán para conseguir el poder absoluto y tener a todo el mundo a sus pies. Alister quemara el mundo por ella y Elahe manipulara a quien sea para que él consiga el poder absoluto. Entrando en un mundo lleno de sangre, poder, deseos prohibidos y lujuria

Capítulo 1 Prefacio

Alister Crowley, el mejor psiquiatra de Castlebrook, especialista en traumas de Marines, militares, agentes federales, pero desde hace 7 años que ha sido el mejor y más eficiente psiquiatra del Manicomio Smile, el Manicomio de los psicópatas, asesinos, homicidas, suicidas y toda clase de criminal loco.

Es el mejor en su trabajo porque se empeña en la mente de las personas, no es ser amable y regalar sonrisas amistosas, al menos no a quien se las merece. Alister Crowley, es egoísta, arrogante, un verdadero hijo de puta, pero es eso lo que lo hace el mejor en su trabajo. Al estar cada día con personas de mentes retorcidas que se han comido a sus hijos, tú mente no debe ser un paraíso donde haya unicornios rosas, debe estar igual o peor qué la de ellos.

Justo ahora está tomando el cabello de una enfermera que está de rodillas frente a él, está embistiendo su boca con su miembro duro, el maquillaje de la chica está corrido, sus lágrimas y el color rojizo adornan su rostro mientras su garganta emite arcadas por la profundidad en la que llega el grueso y grande miembro del psiquiatra.

Los gruñidos de Alister pueden escucharse en su oficina, toda su sangre se siente como fuego caliente que se centra en su miembro. Una mamada no es suficiente para calmar el fuego en su interior, pero al menos aminora la sensación de lava ardiente en su sangre. Toda la tensión se acumula en su miembro, aferra sus manos al cabello desordenado de la chica, obligándola a que se trague todo semen. Cuando derrama la última gota, suspira aliviado y con una sonrisa de satisfacción.

Suelta a la chica y se hace a un lado, la mira hecha un desastre mientras trata de recuperar el aliento y la compostura. Alister se ha subido el pantalón y limpiado el sudor de su frente, toma un pañuelo y se lo entrega a la chica para que se limpie.

Se sienta sobre su silla, soltando un fuerte suspiro, saca una cajetilla de cigarros, lleva uno a sus labios y lo enciende. Ni siquiera recuerda el nombre de la enfermera. Hay tantas en ese lugar y cada día es la misma situación, más de una se fija en él y hace su acercamiento, como puede ser su día de suerte como puede no serlo.

- Entra al baño, estás hecha un desastre – dijo sin interés, soltando el humo del cigarro.

- Está prohibido fumar – dijo la chica mientras se dirigía al baño de su oficina.

- Está prohibido chupársela al personal médico.

La chica no dijo nada, solo hizo una mueca molesta antes de encerrarse en el baño.

Alister miró el reloj, tiene una reunión en 10 minutos. El Manicomio Smile, ha sido un pilar de fuerza en ese siglo, han extraditado a los locos psicópatas desde otro país a ese Manicomio porque es el mejor. Saben quién es él, su buena reputación como psiquiatra ha ganado demasiados reconocimientos de los cuales está orgulloso y saber que el puesto de Director ejecutivo, es decir, el dueño y jefe de todo el Smile está por ser liberado, hace que el fuego en su interior incremente. Necesita ese puesto, el poder que obtendría al tener el Smile en sus manos.

Pero claro, sabe que Henry Miller también quiere el puesto, otro psiquiatra que ha querido opacar su desempeño, claramente no es tan bueno como él y aunque quiera pelear el puesto, ganará sin dudarlo.

La enfermera salió del baño, como nueva. Fue entonces que miró su nombre bordado en su blusa blanca, María T., bueno al menos ya sabe como se llama.

- Quiero que organices mis citas de mañana – ordenó, tirando la colilla del cigarro.

- Está bien – lo miró. Esperaba algo más, como todas. – Oye, estaba pensando en que podríamos ir a tomar algo saliendo de aquí y...

- No salgo con el personal que trabaja para mí – dijo, tomando su bata.

- Pero creí que...

- Si te basas en creencias deberías medicarte, más de uno de los que están aquí creen cosas – le sonrió. – Haz lo que te pedí y lo quiero bien.

Dejándole la palabra en la boca, salió de su oficina.

Caminando por los pasillos, con su bata blanca y su nombre Doctor Crowley bordado con hilo azul relucían. El porte del psiquiatra intimida a cualquiera, pero era eso lo que atraía a todas las mujeres.

Cuando llegó al último piso, fue directamente a la puerta de la sala de reuniones, no se molestó en tocar, solo empujó la puerta y entró, llamando la atención de todos. Tomó lugar justo en medio, empujó sus lentes sobre el puente de su nariz y los miró.

- Bienvenido Doctor Crowley.

Solo hizo un asentimiento con la cabeza. Henry lo miró desde el otro lado de la mesa, odiaba a Crowley y lo odiaba más porque sabía que era mucho mejor en su trabajo que él mismo.

Mientras los reactores decían los buenos avances que habían tenido, las sentencias acortadas de algunos de los pacientes y demás cosas. Crowley levantó la vista a la ventana que había ahí, pudo ver un cuervo negro rondando la zona, se le dibujo una pequeña sonrisa al saber de quien se trataba.

- Pasemos al tema que les interesa a todos – Alister apartó la mirada del cuervo para ver al reactor. – El puesto de Junot Andersson pronto quedará libre por su jubilación, es aquí donde se hace la elección para el siguiente Director en Jefe del Smile.

Henry se acomodó en su lugar, entrelazo sus dedos sobre la mesa y puso atención a lo que el reactor diría. En cambio Alister se mantenía de brazos cruzados, sin mostrar mucho interés.

- Aquí tenemos a dos buenos candidatos, Henry Miller, un psiquiatra que ha logrado reducir condenas y que los pacientes controlen sus impulsos – Henry sonrió orgulloso. – Y claro, tenemos a Alister Crowley, el mejor psiquiatra en traumas severos, experto en mentes retorcidas, ha logrado la liberación de tres pacientes sin ninguna recaída hasta el momento. Sin mencionar que el Doctor Crowley nos ha apoyado de todas las formas, ha hecho del Manicomio un buen lugar en todos los sentidos.

Alister sonrió de lado, fijando su mirada en Henry.

- La tenemos complicada – dijo la psiquiatra de niños. – Pero todos sabemos que Crowley es el mejor.

- Lo dices porque te lo follas – dijo Henry molesto.

Alister sonrió divertido, soltó un suspiro y lo miró.

- Hagamos esto como se debe, con la campaña y el apoyo – dijo Henry. – No por comprar a la mayoría con sexo y dinero.

- ¿Algo que decir Crowley? Has estado callado – dijo el reactor.

- Apoyo lo que Henry dijo, la campaña y el apoyo de la comunidad es lo importante, no importa cómo lo hagamos – sonrió divertido. – A final de cuentas, por más que tenga el apoyo de todos aquí sentados, la decisión final la da el Ministro Conway, es a él a quien debes ganarte Miller.

- Hablas como si ya fuera seguro que ganaras – dijo Henry. – ¿Te vas a coger a Conway?

- Tu hijastro ya se coge a su hija – se relamió los labios sin apartar su oscura mirada de Miller. – Ahorra tus palabras, no te conviene hablar aún – le dio un guiño y Miller se quedó callado.

- La decisión final será en tres meses, que es cuando Junot se retira y Conway vendrá, que gane el mejor.

Alister volvió la mirada a la ventana, el cuervo ya no estaba.

Se levantó y salió de la sala de reuniones.

- Tienes más que ganado el puesto – dijo Amanda, la encargada de los niños psicópatas. – Tienes mi apoyo, lo sabes – sonrió, apretando su gran brazo.

- La campaña será divertida – dijo Jack con una sonrisa. – Ten en cuenta que Miller jugará el papel de esposo y padre amoroso, ya tiene puntos a su favor gracias a eso. Conway aprecia mucho a los hombres que son responsables de su familia.

- ¿Tú de qué lado estás, Jack? – dijo Amanda.

- De Ali, claro – le sonrió. – Pero no niego que esto será divertido, Miller sacará a la luz todos tus trapitos sucios.

- No oculto nada -- se encogió de hombros. – En cambio, dime qué tanto afectará cuando se sepa que Sara Murdock es su hija – sonrió mirándolos. – Jack está en lo correcto, la campaña será divertida.

Salió del ascensor y se fue a su oficina.

Reviso sus citas ordenadas por María, apago su computadora y comenzó a guardar sus cosas. Se quitó su bata y la dejó colgada en su oficina. Salió del Manicomio, dirigiendose a su Impala 67 color negro, el único buen regalo de su padre. Puso sus cosas en el asiento de atrás, cuando escuchó el graznido de un cuervo seguido de un aleteo, se dio vuelta y miró a una mujer de cabello negro, ojos verdes y una gran sonrisa.

- ¿Cuándo llegaste? - dijo Alister recargado de su auto.

- Ayer en la noche - el sonido de sus tacones acercarse hizo que Alister sonriera. - De hecho te vi, llegué minutos después de que te fueras de casa de mi hermano.

Alister percibió su fragancia a rosas, estaba frente suyo, podía mirar a la perfección su escote y su perfecta figura. Sus manos tomaron la cintura de la morena, atrayéndola a su cuerpo.

- ¿Qué opinas de lo que escuchaste en la reunión? – preguntó, metiendo sus manos bajo su blusa.

- Sabes bien que tienes ganado ese lugar y sino me encargare de hacer tuyo ese lugar, matare a Henry por ti – acaricio su mejilla y Alister sonrió.

- Henry me sirve vivo – sonrió mirando sus ojos verdes. - ¿Te quedaras?

- Lo suficiente.

Alister puso su mano en la nuca de la morena y la besó. Un fogoso y candente beso. Sentía como su miembro volvía a ponerse duro y como el fuego en su interior incrementaba. Suspiro separándose de ella, acariciando su mentón, le sonrió.

- Sube al auto.

Alister encendió el auto y puso la radio, comenzó a sonar Guns and roses, su grupo favorito.

- Dime ¿qué tienen tú y esa enfermera?

- ¿Ahora me espías? – dijo mirándola.

- Quería saber que hacías y pase por tu oficina cuando vi a esa tipa de rodillas.

- Sabes que debo calmar el fuego con algo – sonrió de lado.

- Ya estoy aquí, no tienes que calmar tu fuego con nadie más – gruño.

- Alguien debe saciarme en mi horario laboral.

- Mataré a quien se vuelva a poner de rodillas frente a ti y no sea para rogarte perdón.

- Hazlo.

Alister le sonrió al ver a la chica enfurecida. Le gustaba provocar a la muerte.

- Sabes que ellas son solo carne para mí – la miró. – Eres el único ser sobrenatural con el que follo a placer, no sacias el fuego en mi interior, pero me encanta follarte – le sonrió.

- Te odio – sonrió mirándolo.

- Lo sé.

Alister condujo hasta llegar a la casa del bosque en la que su padre ahora vivía, Amelia le contaba lo que hizo en esos meses fuera de Castlebrook, mientras que él asentía o decía vagos comentarios al respecto. Cuando llegó pudo ver a su padre y a su mejor amigo hablando en la entrada.

- Papá Boris – dijo Amelia con una sonrisa, antes de abrazar al hombre.

- Al menos alguien si me dice papá – sonrió Boris. – ¿Cómo estuvo la reunión? – dijo, mirando a su hijo.

- La campaña será de tres meses, Conway es quien da la decisión final, lo sabes. Pero Jack dijo algo que me dejó pensando.

- ¿Qué?

- Miller usará su carta de la familia, por más que quiera sobornar o exponerlo, gana puntos con eso – suspiro molesto.

Boris miró a su hijo y después miró a los hermanos Gorman.

- Tal vez puedes usar una buena carta a tu favor – dijo Boris.

- ¿Cuál?

- Casate.

Alister rio divertido, como si acabara de contarle un buen chiste.

- Oye, la edad sí que te ha hecho divertido – lo miró.

- Hablo enserio Alister, te conseguí alguien buena, es capaz de soportar al dragón que eres y lo más importante, puede soportar tener a tus hijos.

- ¿Qué loca has conseguido? – se cruzó de brazos.

- A mí – dijo Amelia.

- ¿Tú? ¿Por qué?

Amelia se acercó a él con una sonrisa.

- Hemos estado juntos desde niños, somos amantes desde hace años, además quiero ayudar en la campaña y no quiero que los dragones se extingan. Solo están ustedes dos, son los últimos dragones vivos, soy un cuervo de la muerte, soy capaz de tener a tus hijos.

Alister apretó los dientes. Odia escuchar que son los últimos dragones, su padre es el último dragón viejo y él ni siquiera ha podido pasar la conversión a dragón. Para poder tener hijos, necesita convertirse en dragón y así perseverar su especie.

- ¡No soy un dragón! – la miró. – Tengo 36 putos años y no me he convertido en dragón, solo siento el maldito fuego que me quema por dentro, siento como mi sangre se vuelve lava, ya ni el sexo puede aliviar el fuego. Me estoy quemando vivo.

- Eso es normal antes de la conversión – dijo su padre. - Necesitas exponerte al fuego más caliente y abrasador para que la bestia responda.

- Lo dice el dragón de 200 años - lo miró. – Hemos tratado de muchas maneras y no me he convertido en dragón – pasó una mano por su cabello.

- Yo tardé mucho para ser el cuervo de la muerte, mi hermano ya era un cuervo a sus 10 años, yo lo fui hasta los 30 – dijo Amelia, trató de tocar su brazo pero la quemaba. Miró a Alister, un dragón siempre está caliente de la piel, pero cuando enfurecia parecía fuego. - Alister, concéntrate en lo que puedes hacer ahora y...

Alister les dio la espalda, subió a su auto y se marchó de ahí. Amelia estaba por seguirlo, pero su hermano lo detuvo.

- Déjalo ir, yo me haré cargo de él.

Constantin subió a su auto y fue tras él, era su mejor amigo y sabía donde estaría.

Mientras que Amelia y Boris se quedaban solos, ella aprovechó para acercarse más al hombre, tomó su rostro entre sus manos e hizo que la mirara.

- Él aceptara, te lo aseguro.

- Te dije que era mala idea, él no aceptará nada hasta su conversión.

- Pero no ha sucedido, además, comprado contigo, él aún es un bebé. ¿Cuándo fue tu conversión?

- Era mucho mayor que él – declaró sin ánimo. – Pero eran otros tiempos, los dragones aún éramos poderosos, temidos, ahora somos solo un mito y obras de ficción que entretienen al mundo – la miró. – Ya trate con brujas, hechiceros, demonios, incluso con su propia madre y nadie sabe el retraso de su conversión. Me juré no presionarlo como lo hice con su hermana, él jamás me perdonará eso.

- Y tú deja de culparte, Azuba accedió a ser quemada viva para su conversión, lastima que no sobreviviera. Ella no era un verdadero dragón – acaricio su rostro. – Alister entrará en razón, aceptara este matrimonio y sí no ocurre su transición siempre estaremos nosotros.

Boris llevó sus manos a la cintura de la chica y la miró con cariño. Si bien lo suyo solo ha sido sexo, ha desarrollado ciertos sentimientos por la que sera la mujer de su hijo.

- Gracias por estar conmigo – susurró.

- Siempre estaré contigo, estamos juntos en esto.

Se inclinó y le dio un besó en los labios. Un besó que despertó la pasión entre ellos. Por algo Boris se mantenía lejos de Castlebrook, para hacer lo que quisiera, como follarse a una chica que podría ser su hija.

La noche había caído, Alister estaba disfrutando del placer que le causaba quitarle la vida a una mujer, ver como el brillo de sus ojos se extingue y como su sangre lo bañaba por completo. Despertaba a su bestia interior. Con la daga que su madre le dio, hacía el corte en el cuerpo de la mujer que previamente había seducido y follado en su auto y que ahora yacía en la tierra sin vida, y le sacaba el corazón. Aunque su conversión aún no ocurría, debía alimentar a la bestia que resguardaba en su interior, así como apaciguar el fuego con sacrificios que él mismo hacía.

En el pasado no había necesidad de que él se ensuciara las manos, los mortales les daban sacrificios a los dragones, los mejores y los que los mantenían fuertes. Las vírgenes puras. En la actualidad, pocas eran las mujeres vírgenes, por lo que había encontrado su forma de saciar su apetito con la lujuria en mujeres que pecaban constantemente.

- Deja de espiarme el culo – dijo en cuanto terminó de sacar el corazón de la mujer.

El graznido del cuervo se escuchó antes de qué Constantin saliera de las sombras.

- Tengo hambre, quitale los riñones – dijo con una sonrisa.

- Quitaselos tú, ensuciate las manos por una vez cabrón – le dio la daga y se levantó.

- Yo elimino tu evidencia, nene – le sonrió antes de hacer el corte. – Era linda ¿cómo cayó en tus redes?

- Nadie se resiste a mí – dijo con una sonrisa.

- Orgulloso – sonrió divertido y se acercó a poner los órganos junto al corazón. – ¿La vas a dejar ahí?

- Sí, me da pereza transportarla – lo miró. – ¿Quieres hacer los honores?

- No sería la primera vez.

Constantin tomó su forma de cuervo, Alister sonrió mirando a su mejor amigo actuando en su forma primitiva, sacó un cigarro y lo llevó a sus labios para encenderlo. Le había dado vueltas a todo ese asunto del matrimonio arreglado, no le desagrada la elección de pareja, quiere a Amelia y a su familia, pero le jode que todo sea por capricho de su padre.

No aceptara el matrimonio arreglado, al menos no aún, porque sabe que una boda es un punto a su favor para Conway y para el puesto que quiere. Pero antes necesita arreglar el tema de su conversión para poder tomar una decisión.

Constantin voló hacía el hombro de Alister, él lo miró unos segundos, siempre había admirado a los cuervos y su forma de ser, pero jamás iban a superar a los dragones.

- Si vas a quedarte, no toques el tema de tu hermana, de mi padre, ni nada de lo que se habló está tarde. ¿Entendido? – el cuervo graznó y Alister sonrió. – Perfecto, ahora vámonos y más te vale tomar tu forma humana, no quiero plumas ni rasguños en mi auto.

Alister soltó un suspiro, sabe que todo eso es el inicio de algo muy grande...

Capítulo 2 Alister

Alister

Sus ojos grises, como si tuviera a la luna misma en sus ojos. Su piel pálida, como la nieve. Su cabello negro caia sobre sus hombros. Sus labios carnosos y rosados. Las pecas que adornaban su rostro. El lunar de su ceja izquierda. El sonido de su risa, la forma en la que me mira, es algo inexplicable.

- Alister.

Mi nombre saliendo de sus labios, la dulzura y malicia con la que lo dice. Como si acariciara mi nombre con sus labios. Extiende una de sus manos y puedo sentir su frío tacto sobre mi mejilla, me acaricia con ternura. Siento una gran sensación creciendo en mi pecho, algo cálido en mi interior y no, no es el fuego abrazador que suelo sentir todo el tiempo, es pacifico, es perfecto...

- Alister - vuelve a llamarme con dulzura. - ¿Me amas? - preguntó, con un intenso brillo en sus ojos.

Pude sentir como sonreía, mi corazón latía a la par del suyo, extendí mi mano y acaricie su rostro. Es hermosa, no hay belleza que se le compare.

- Sabes que yo...

El graznido de un cuervo en mi oreja me despertó de golpe, vi mi ventana abierta y la figura de Amelia de pie, había tres plumas negras cayendo al piso.

Maldita loca.

- ¿Buen sueño? - dijo con una sonrisa.

- Los dragones no sueñan - respondí molesto. Frote mis ojos y mire el techo. - ¿Qué mierda haces aquí? Creí dejar las cosas en claro ayer.

Escuché sus pasos y enseguida sentí como se acostaba a mi lado, no la mire, pero sí podía sentir su mirada en mí, era de esperarse, sabe que duermo desnudo, no soporto la ropa cuando todo el tiempo estoy caliente.

A decir verdad, no me importa que Amelia esté aquí. Los dragones no soñamos, nos hundimos en un sueño profundo sin saber nada más, pero cuando un dragón sueña generalmente esos no son sueños, sino visiones.

Solo una vez he tenido una visión y esa fue cuando vi a mi hermana morir envuelta en llamas. Fue el peor primer sueño o visión.

Sin embargo, soñar con esa chica, fue raro. No la reconozco, nunca la había visto, su belleza no puedo compararla con nadie porque nadie la supera. Es hermosa, es perfecta. Quisiera saber quien es ella.

- Mundo llamando a Alister - tronó los dedos frente a mí. - ¿Dónde andas?

- Pensando en cómo arrebatarle todos los puntos a Miller - me levanté de la cama.

Estaba desnudo por lo que le di una gran vista a Amelia de mi cuerpo, estaba por ponerme un pantalón deportivo cuando sentí las manos de Amelia por mi cuerpo. Sonreí, me gusta que siempre esté a mi disposición.

- Ganarás el puesto de Smile - dijo a mi oído, comenzando a besar mi cuello. - Me encargaré de que lo ganes, mataré a todos.

- No necesito que mates a nadie - me di vuelta, la tomé del cuello y sonreí. - Al menos no ahora.

- ¿Qué quieres que haga? - sonrió con malicia.

- Ponte de rodillas.

Amelia se puso de rodillas, mi miembro ya estaba duro, en cuanto sus manos lo tomaron sentí como mi sangre se volvía lava. Al ser un dragón es natural que todo nuestro cuerpo esté siempre caliente, sentir como nuestra sangre es tan caliente y espesa como si fuera lava, solo se apacigua con tres cosas, el sexo, el alimento puro de un dragón que son las vírgenes y estar enlazado con alguien. Volví al presente cuando Amelia hizo un movimiento con su lengua que me hizo gruñir. La tomé del cabello, ella puso sus manos sobre sus piernas sometiéndose ante mí, me miró y yo comencé a embestir su boca. Sus arcadas se hicieron presentes, pero no me detuve, continué arremetiendo en su garganta hasta que me vine. Eyacule en su boca y ella se trago todo.

Me encantaba su mirada cuando terminaba en su boca, era tan satisfactoria. Pero no como la de esa mujer. ¡Maldición! Ahora ya no saldría de mi mente.

Me separe de ella, tome mi pantalón y me lo puse. Amelia estaba recuperando el aliento cuando volví a verla, salí de la habitación dejándola sola. Vivía en la casa en la que me crié, mi padre me la dejó cuando decidió irse a vivir a la cabaña del bosque, baje las escaleras hasta llegar a la sala, me dirigí a la cocina, puse la cafetera y encendí la televisión. Necesito despejar mi mente, sacarme a esa mujer de la cabeza.

"El cazador ataca de nuevo, se suma la víctima número 27 del año y hasta el momento sigue sin haber indicios, la policía hace todo por descubrir quién es este asesino serial."

Sonreí, jamás lo sabrán. Mire la televisión y la fotografía de la chica de ayer apareció, era linda, aunque muy mala bebiendo, con dos cervezas ya la tenía sobre mí.

- Otra rubia, tienes una inclinación por las rubias - dijo Amelia. Entró a la cocina y se sirvió café.

- Las rubias son hermosas - pero nadie se le compara a ella. Sea quien sea. - ¿Qué haces aquí?

- Bebo café.

- No hablo de eso, ¿qué quieres? Por algo has venido temprano, a menos que estés aquí para que follemos - tome una taza y se me serví café.

- Eres un hijo de puta, quería saber como estabas y te comportas como un cretino.

- Por favor, siempre he sido así no seas delicada - puse los ojos en blanco. - Así que si has venido aquí para sobornarme con una mamada y que acepte esa ridiculez de que nos casemos, mejor vete.

Amelia se acercó, ya no le dolían mis palabras, no era la primera vez que le hablaba así.

- Para tu desgracia los dos sabemos que este matrimonio es bueno para todos - sonrió. - Vamos a follar y te la voy a chupar aceptes o no el matrimonio, pero los dos sabemos que casarnos es lo mejor, tu conversión sólo está retrasada, vamos a hallar una forma para que te vuelvas el dragón que todo el mundo quiere y así tener el poder total.

Y la desgraciada sabía usar las palabras, conozco su manipulación, conozco su mente y cada trastorno en ella.

- Dile eso al resto de tus amantes, sabes bien que yo no soy tan imbécil para caer en tus redes - le dio un besó en la frente y me sonrió maliciosa. - ¿Desayunas?

- No, tengo que irme con mamá, por cierto quiere que vayas a cenar tú y tu padre.

- Si es otra táctica para que acepte el matrimonio, no lo aceptaré nena.

- Quiere que nos reunamos solamente, una cena familiar, ¿que dices?

Su madre era la única que me había tratado bien, después de que la mía se largara, ella era como mi madre y la apreciaba, pero sabía bien para que me querían ahí.

- Yo llegaré - dije sin más, aunque no iría.

- Bien - se acercó y me besó. - Te quiero guapo.

Sonreí y se fue.

Amelia es una buena mujer, nos conocemos desde niños, su familia estuvo conmigo cuando mi madre me dejó con la basura de mi padre. No dudaría en tomarla como mujer, mi padre ha estado buscando una pareja para mí desde que cumplí los 30, pero nadie llena sus expectativas, ni las mías. Por raro que suene, quiero conocer a la indicada para mí, no importa si es una simple humana, he tenido tanto caos en mi vida, que quiero un momento dulce.

Sin embargo, eso nunca será posible. Mientras mi conversión no llegue, no tomaré a nadie.

Abrí la nevera y saque las cosas para preparar mi desayuno, mientras seguía escuchando el reporte de la policía sobre "el cazador" no suelo atacar más de dos veces en una semana, como lo dije antes, los dragones nos alimentabamos de vírgenes puras, yo encuentro mi alimento de otra forma, además en este siglo ya nadie es virgen después de los 16.

Estaba cortando por trozos el corazón, cuando alguien abre la puerta de mi casa, fruncí el ceño y mire a mi padre entrar. ¡Maldición! Un poco de paz es lo único que pido.

- Cambiare la cerradura - declare mientras seguía cocinando. - Ya recibí la visita de Amelia, si una chupada no me hizo cambiar de opinión ante tu absurda idea del matrimonio, ¿qué te hará creer que con tu presencia algo cambiará?

Levanté la vista y vi a mi padre mirando las noticias. Él es más sutil con su comida, a mí me gusta ser el cazador nato que soy.

- Sé que no te agrado Alister - soltó un gran suspiro. - He buscado por muchos lugares el porqué del retraso de tu conversión, incluso visite a Lilith - ahora sí que tuvo mi atención. Boris visitando a Lilith, ese par hace años que ni se miraba a la cara. - Y en algo concordamos.

- ¿Qué? - apague el fuego, cerrando los ojos con el aroma del desayuno.

- Retomar los rituales que teníamos antes, vírgenes, sangre, fuego y una bruja poderosa y por suerte tu madre es la última que existe - se cruzó de brazos y me miró. - Es tu decisión, piensalo y si quieres hacerlo, lo haremos juntos, porque necesitas sangre de un dragón.

- Lo pensaré - lo mire y sonreí de lado.

- Está bien - me sonrió. - Supongo que no irás a la cena.

- Te veré luego Boris.

Boris me sonrió y se fue sin decir nada más. Sé que ha tratado de arreglar nuestra relación, pero no quiero tener relación alguna con mi sangre, estoy mejor solo.

Aunque me sorprende que mis padres se hayan visto las caras con el fin de convertir a su único hijo con vida en un dragón poderoso. Sé que ellos se amaron mucho en su momento, mi madre nunca lo perdonó por lo que le hizo a Azuba, su vínculo nunca se rompió que mi madre logró quebrarlo para estar desligada de él.

Los ojos grises de esa chica vinieron a mi mente de nuevo, sentí qué mi corazón se aceleró. ¿Qué mierda me pasa? El sueño no salía de mi mente, podía escuchar mi su voz decir mi nombre, su hermosa risa, la forma en la que me mira. Maldición, jamás he visto eso en mi vida. Nadie me ha mirado de esa forma.

Tenía una sonrisa estúpida en el rostro. Parezco un anormal. Pero no puedo dejar de pensar en ella, es tan hermosa. Si esto es en verdad una jodida visión, quiero que se cumpla, deseo verla.

°°°°°°°°°°°°°°

La terapia de grupo siempre funciona, cuando las personas no han asesinado, ni han comido a sus víctimas. Pero es interesante ver como mentes perversas y criminales se juntan con psicópatas sanguinarios.

Escuchar como se peleaban entre ellos por saber quién ha sido el más sanguinario es muy divertido, es como ver simios pelear por una banana.

- ¡Basta! - grite, al ver que la hora ya había pasado. - Nadie gana ¿y saben por qué? Porque si todos juntan sus asesinatos, crean una masacre y más de uno se termina bañando en sangre. Aquí nadie gana, porque si siguen pensando que son superiores no llegarán a ningún lugar, pero si unen sus mentes, ¿que van a crear?

- Una masacre.

Sonreí orgulloso.

- Nos veremos la siguiente semana, no quiero más peleas.

Estos chicos son nuevos, me gusta tratar con los nuevos porque son mente manipulables, en cambio los que ya son mis pacientes fijos y más viejos en el lugar, ellos son más perversos y los trato como personas, no como asesinos.

Estaba por ir a tomar un café, quería despejar mi mente o al menos tratar de no pensar en la chica de ojos grises, cuando escuche a Miller hablar con otros en la cafetería.

- Los Murdock están de mi lado, teniendo a ellos tengo a casi medio Castlebrook de mi lado. Alister no va a ganar el Smile.

- Lo dudo - dijo Amanda. - Alister tiene muchas cosas a su favor.

- Mejor no alardeamos - dijo Ana. - Que gane el mejor.

Los Murdock, ellos estaban de lado de Miller solo por ser amigo de la familia, pero yo he sido de más ayuda en esa familia que él. Dante no me dirá que no cuando le pida mi apoyo.

- Miller, vas a perder tu carta más factible, los Murdock ya son míos.

La imagen de la chica de ojos grises apareció en mi mente, sonriendo como si estuviera orgullosa de mí. Suspire como un idiota. Esa chica me va a enloquecer.

Capítulo 3 Elahe

Elahe

Me siento en un parque de atracciones peligroso, hay armas de alto calibre, armas largas, francotiradores, arcos, ballestas, realmente siento que estoy en un videojuego porque a solo un par de kilómetros está un helipuerto. Pasó los dedos por las armas, siento su textura, los cartuchos, las flechas bien diseñadas.

- ¿Quieres probarlas?

- Claro que quiero ¿me dejaras probarlas? - hago un puchero, mientras veo a mi padre.

- Tendrás que darte una larga ducha después, no quiero que tus hermanas huelan la pólvora - me da un beso en la frente. - Anda, tengo negocios que hacer.

Veo tres camionetas negras llegar, tomó una AK 45 en mis manos y le pongo el cartucho.

- ¿Necesitas respaldo? - preguntó al ver a los hombres que bajaban.

- No preciosa, al menos no ahora - me dio un guiño y se fue.

Les doy un último vistazo a los hombres, seguramente son de alguna otra mafia que quieren hacer tratos con mi padre. Los Kasebi fueron una familia de la realeza en la antigüedad, con poder y respeto, claro eran de la realeza en un mundo donde los humanos seguían siendo lacayos de los seres sobrenaturales. Al estar en un siglo donde todos se convirtieron en mitos, leyendas y contenido para la pantalla grande, tuvieron que tomar otras riendas. Si querían seguir teniendo el poder y la autoridad, debían tomarlo como una mafia poderosa y eso somos ahora.

Apunto mi arma al centro, no sé quienes son pero quiero impresionarlo o tal vez intimidarlos lo cual es imposible, soy solo una chica. Vació el cartucho completo sobre el centro, no fallando en ningún momento. Sonrió y dejó el arma sobre la mesa. Vuelvo a ver en dirección a mi padre y los hombres, todos están mirándome, como si fuera una atracción exótica, tal vez lo sea, soy humana a diferencia de mi familia y de las familias con las que tienen tratos. Mis hermanas controlan muchas cosas con su mente, mi madre tiene sangre élfica por lo que la hace poderosa y mi padre es un semidios y yo, bueno soy una pobre humana a la que tuvieron lástima. Fue mi padre quien me encontró en un contenedor de basura, dijo que mi llanto era tan fuerte que solo alejaba a la gente, pero él se acercó y en el momento que me tomó en sus brazos deje de llorar. Creo que por eso me siento unida a él.

Me acercó al arco, es de mis armas favoritas, si con un arma larga no falló, con el arco soy una ama. Me cuelgo el estuche de las flechas, tomó el arco entre mis manos, me encanta sentir su textura, todo está en la forma que tome el arco, el cómo saldrá la flecha disparada.

Mi padre ha pintado varias zonas rojas en los árboles justo para mi práctica con el arco. Sostengo el arco y tomó una flecha. Cierro los ojos un momento, concentrándome en los sonidos a mi alrededor, en los latidos de mi corazón, contengo la respiración, abro los ojos y disparó una flecha tras otra. Cuando mis flechas se acaban, me detengo un segundo y suspiro, las flechas han dado cada uno en el blaco o en el rojo, en este caso.

Sonrió orgullosa.

- Me dijeron que eres buena montando a caballo - doy un respingo al ver a alguien cerca de mí. - Lo lamento, no quería asustarte.

- No te escuche - sostengo el arco con fuerza. ¿Qué clase de criatura es? - Sí, soy buena montando caballo ¿por qué?

- En el camino vi un par de caballos salvajes, la pareja, de hecho, era un semental y una yegua, hermosos y le pedí a mis hombres que los trajeran para acá - bien, omitir su insinuación de la pareja. - Quiero ver que tan buena eres montando.

- No será el primer semental salvaje que monte - sonrió pasando de largo.

¿Con qué criaturas está haciendo negocio mi padre? He leído de muchas, por no decir de todas ellas, extintas y que aún prevalecen. Todos son cautivadoras y con poder, pero sin duda las que me han hecho casi estremecer de lo poderosas y temidas criaturas, han sido los Dragones. Bestias enormes que tenían el poder incluso sobre los dioses. Dicen que están extintas y es una lástima.

Veo a los caballos llegar. La yegua es dócil, la veo en su forma de caminar sin ser arisca con la gente o en este caso con las criaturas, es hermosa. Pero el semental, es arisco, sabe que son seres sobrenaturales y está tenso.

- Supongo que elegirás el semental - dijo el hombre cuando llegó a mi lado.

- Y tú a la yegua, porque claramente es tuya, es dócil, no se asusta con lo que sean tú y los tuyos - trate de no decirlo tan despectiva, pero no pude. - El semental sabe lo que son, el salvaje con ustedes más que con los humanos.

Miró al hombre, está molesto por mi comentario y no lo siento, aunque sea una simple humana, soy hija de un poderoso semidiós e hija de la mafia Kasebi. Cuando mi padre se acerca el hombre se aleja para acercarse a los caballos.

- Eres experta molestando a la gente - me sonrió. - Pero admito que es molesto el tipo.

- ¿Quién es y qué son? Nunca los vi y no recuerdo haberlos visto en algún libro.

- Los has visto en libros, solo que los libros son antiguos y los pintan de diferentes maneras - le doy una liga para que amarre mi cabello y lo hace. - Los de tu época los conocen más por Crepúsculo y ese tipo de películas.

- No jodas - me giró a verlo cuando terminó de amarrar mi cabello. - ¿Hablas enserio?

- El tipo arrogante con el que hablaste es un Conde, quiere hacer tratos pero antes quiere hablar con tu madre.

- Significa que los veré de nuevo - suspire al ver cómo se preparaba para montar. - Montaré al semental y después lo voy a matar.

- ¿Por qué?

- Es divertido que no lo notes, ese tipo verá que si monto al semental creare un lazo con él al ser su primera jinete y solo para demostrar su poder y lo sanguinario que es, matara a mi semental.

- Vaya - mi mira. - Por eso eres mi chica favorita y la que está conmigo en la mafia - le sonrió. - Toma tu glock, un disparo en la cabeza, será rápido.

Guardo la glock y me encamino a donde está el supuesto Conde, que al verlo no parece vampiro ¿qué no se queman con el sol? O tal vez ya encontraron magia que los proteja del sol y actúen como un humano cualquiera. Todos tuvieron que adaptarse a las nuevas circunstancias.

- ¿Estás lista?

- Lo estoy - suspiró y miró al semental. - Suéltalo.

- Se irá.

- Suéltalo - vuelvo a decir cuando me acerco a él.

Sus hombres lo liberan de los lazos, el caballo sigue alterado, pero parece que siente mi presencia cuando me acercó más a él. Sus ojos negros me observan, por alguna razón siempre me he sentido conectada a los animales salvajes que se pudan montar, tal vez mi instinto de jinete o no lo sé, pero me gusta.

El semental no apartaba la vista de mí, ni yo de él, me acerqué un poco más con el fin de poder tocarlo. Estaba más calmado. El vínculo entre jinete y caballo es importante, porque serás el único en el que confiara.

- Hola precioso - susurré cuando estuve cerca de él. - Eres una hermosa criatura, salvaje en todo su esplendor - sonreí cuando inclinó su cabeza. Me había aceptado. - Dejame ser tu jinete por un momento.

Sé qué todos me miran y no me importa, el vínculo que se crea con un jinete debe ser especial y único. El semental está tranquilo, lo acaricio y admiro un poco más, cuando por fin lo monto. Es bruzo para ambos, sin silla suelo resbalar, pero me sostengo de él y nos adaptamos.

- Bien precioso, quiero que corras lo más rápido que puedas. ¡Ya!

El semental comienza a cabalgar, miró sobre mi hombro, el Conde trata de seguirme el pasó pero seré más rápida que él, voy a desaparecer. Lo perderé de vista, porque aunque deba matarlo, no quiero, es como romper su confianza y no quiero eso. Escucho hélices de helicópteros, así detengo el pasó, perdí al Conde.

- Bien hecho muchacho - bajó de él y lo miró. - Sé libre, corre.

Diablos, creo que nunca había creado un vínculo tan rápido. Suspiró al ver que antes de irse corriendo, me mira como si fuera un adiós. Sonrió y me encamino al helipuerto. Papá sabe que aquí estaré, por lo que no me preocupa eso.

Recuerdo que una vez leí que los dragones que eran montados era por su alma gemela o algo por el estilo, se volvía jinete de dragón, y creaba un vínculo con la bestia y el hombre. Debe ser algo lindo, estar conectada a alguien, sentirlo en cada latir de tu corazón, en cada respiro... algo que nunca me pasara a mí.

Veo el auto de mi padre llegar, está solo. Me acercó a él y lo miró.

- ¿Qué pasó con Dracula?

- Se largo, pero parece que tu incompetencia y rebeldía lo impresiono, te quiere ver de nuevo cuando vaya a casa - me miró. - Te diría que te comportes, pero solo te esforzaras por joder todo - le sonrió. - ¿Mataste al semental?

- No pude, pude sentirme conectada a él, no quería traicionar su confianza - suspiré y subí al auto. - ¿Nos vamos?

- Vámonos.

La adrenalina de disparar y el vínculo con el semental, creo que fue lo único bueno de este día. Porque algo me hace creer que esos chupasangre arruinaran lo poco bueno que tengo en mi vida.

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