Durante diez años, Rico Mendoza fue la roca detrás del imperio de cosméticos de Sofía del Valle.
Una noche, con los pétalos de rosa sobre la mesa y un anillo de diamantes quemándole en el bolsillo, le propuso matrimonio en el restaurante más caro de la ciudad.
Ella le dijo que era "anticuado", lo humilló públicamente, y luego se rio, revelando que ya tenía un amante y que su relación con Rico era solo una apuesta con sus amigas.
El corazón de Rico se hizo pedazos al escucharla confesar con desdén que él era solo su "perrito faldero" y que lo creía tan predecible que "siempre volvería rogando".
Rechazado y con el alma destrozada, Rico decidió que era hora de que Sofía descubriera de lo que es capaz un hombre cuando lo subestiman y lo empujan al límite.
El restaurante era el más caro de la ciudad, el tipo de lugar al que solo vas una vez en la vida para algo realmente importante. Ricardo "Rico" Mendoza había gastado una fortuna, pero no le importaba, porque esta noche era la noche. Había pétalos de rosa sobre el mantel blanco, violinistas tocando suavemente en una esquina y una pequeña caja de terciopelo en su bolsillo que le quemaba la pierna. Se sentía nervioso, pero feliz.
Después de diez años, por fin iba a suceder. Diez años con Sofia del Valle, su novia desde que eran casi niños. Diez años viéndola crecer, ayudándola a levantar su imperio de cosméticos desde cero, siendo su roca, su apoyo incondicional. Él había sido el motor silencioso detrás de su éxito, manejando la logística, las finanzas, todo lo aburrido para que ella pudiera brillar. Y ahora, todo ese esfuerzo, todo ese amor, culminaría en una simple pregunta.
Sofia llegó tarde, como siempre. Entró al restaurante moviendo sus caderas, con un vestido rojo tan ajustado que todos los hombres se giraron para verla. Era hermosa, y lo sabía.
"Hola, mi amor" , dijo, dándole un beso rápido en la mejilla que apenas lo rozó. Se sentó y miró alrededor con una mueca de aburrimiento. "Este lugar es un poco... anticuado, ¿no crees?"
Rico tragó saliva, su nerviosismo aumentando. "Quería que fuera especial, Sofia" .
"Claro, claro" , dijo ella, sacando su teléfono y poniéndolo sobre la mesa. Empezó a teclear rápidamente, con una sonrisita en los labios.
Él esperó a que terminara, pero no lo hizo. Los minutos pasaban y ella seguía pegada a la pantalla. Los violinistas empezaron la canción que él había pedido, su canción. Sofia ni siquiera levantó la vista. El corazón de Rico empezó a sentirse pesado.
"Sofia" , dijo, su voz un poco temblorosa.
"¿Mmm?"
"Tengo algo que decirte" .
Ella suspiró, finalmente bloqueó el teléfono y lo miró con impaciencia. "Habla, Rico. Tengo una reunión temprano mañana" .
El momento estaba arruinado, pero ya no podía echarse para atrás. Se arrodilló, el movimiento torpe y ensayado. Sacó la cajita de terciopelo y la abrió. El diamante brilló bajo las luces del restaurante, una promesa de futuro.
"Sofia del Valle" , empezó, con la voz llena de emoción. "Hemos estado juntos diez años. Te he visto convertirte en la mujer increíble que eres. Eres mi vida entera. ¿Quieres... quieres casarte conmigo?"
Hubo un silencio. Sofia no miró el anillo. Lo miró a él, arrodillado en el suelo, y una expresión de puro desdén cruzó su rostro. No era sorpresa, no era alegría. Era fastidio.
"Rico, levántate" , dijo, su voz fría como el hielo. "Estás haciendo una escena. La gente nos mira" .
Él se quedó paralizado. "Pero... Sofia..."
"¿Casarme contigo?" , se rio, una risa corta y sin alegría. "¿Para qué? ¿Para seguir viviendo esta vida aburrida? ¿Para que me sigas a todas partes como un perrito faldero? No, gracias. Necesito emoción, Rico. Pasión. Algo que tú perdiste hace mucho tiempo" .
Cada palabra era un golpe. Humillado, Rico se levantó lentamente, guardando el anillo en su bolsillo. La gente a su alrededor murmuraba. Sintió que sus mejillas ardían.
En ese momento, el teléfono de Sofia vibró sobre la mesa. Ella lo tomó y contestó, su voz cambiando por completo, volviéndose melosa y coqueta.
"Hola, guapo... Sí, estoy un poco ocupada... No, nada importante, solo una cena aburrida... Claro que sí, te veo más tarde. No tardes" .
Colgó y miró a Rico como si nada. "Me tengo que ir" .
"¿Quién era?" , preguntó Rico, aunque ya sabía la respuesta. Su voz era apenas un susurro.
"Nadie que te importe" , dijo ella, levantándose y alisando su vestido. "Mira, Rico, sé que estás dolido, pero lo superarás. Siempre lo haces" . Se inclinó y le susurró al oído, su aliento olía a vino caro. "Apuesto con mis amigas a que en menos de una semana estás de rodillas, pidiéndome perdón. Siempre vuelves" .
Se rio de nuevo y se dio la vuelta para irse.
"¡Sofia, espera!" , gritó él, desesperado, intentando agarrarla del brazo.
Ella se apartó bruscamente. "No me toques. Ya te lo dije, se acabó" .
Y con eso, caminó hacia la salida, dejando a Rico solo en medio del restaurante, con el sonido de los violines y las miradas de lástima de todos los presentes. Un amigo le envió un mensaje de texto en ese momento: "¿Qué pasó? ¿Dónde está Sofia?" . La pregunta lo sacó de su trance. Tenía que saber. Tenía que ver con sus propios ojos la traición que su corazón ya sentía. Impulsado por un dolor ciego, dejó un fajo de billetes en la mesa y corrió hacia la salida, decidido a seguirla.
Rico salió a la calle fría y vio el Ferrari rojo de Sofia alejarse a toda velocidad. Sin pensar, se subió a su propio coche, un sedán práctico y familiar que de repente le pareció patético, y la siguió. Mantuvo una distancia prudente, con el corazón latiéndole con fuerza contra las costillas. No sabía a dónde iba, pero una parte de él, la parte masoquista que había aguantado tanto durante años, necesitaba ver la verdad, por más dolorosa que fuera.
El coche de Sofia no se dirigió a su casa, ni a la oficina. Se metió en las calles estrechas y exclusivas de Polanco, deteniéndose frente a un club privado con una puerta de madera oscura y sin letreros. Rico aparcó más adelante, en la sombra, y observó. Vio a Sofia bajar del coche, arreglarse el pelo y entrar con la seguridad de quien pertenece a ese lugar.
Rico dudó solo un momento. Conocía ese club. Era para socios, un lugar donde los ricos y poderosos de la Ciudad de México iban a ser ellos mismos, lejos de las cámaras y los curiosos. Él tenía una membresía gracias a los contactos de la empresa, una membresía que nunca había usado. Esta noche lo haría.
Entró y el ruido lo golpeó. Música electrónica, risas, el olor a perfume caro y alcohol. El lugar estaba oscuro, iluminado solo por luces de neón que hacían que todo pareciera irreal. Buscó entre la multitud, sintiéndose fuera de lugar con su traje de propuesta de matrimonio. Y entonces la vio.
Estaba en un reservado, en un sofá de cuero rojo, riéndose a carcajadas. Y no estaba sola. A su lado, un hombre mucho más joven, con el pelo perfectamente peinado y una camisa de diseñador abierta hasta la mitad del pecho, le rodeaba la cintura con un brazo. Él le susurraba algo al oído y ella se reía, echando la cabeza hacia atrás. Luego, el joven se inclinó y la besó, un beso largo y profundo, lleno de una pasión que Rico no había recibido en años.
Rico se quedó paralizado. Era como ver una película de su propia vida desmoronándose. Podía sentir el sabor amargo de la bilis en la garganta. Quería gritar, correr hacia allí, golpearlos. Pero sus pies estaban pegados al suelo.
Fue entonces cuando escuchó sus voces, amplificadas por un momento de calma en la música. Era Brenda, la mejor amiga de Sofia, sentada frente a ellos con otras dos mujeres.
"Entonces, ¿qué pasó con el perrito faldero?" , preguntó Brenda, con una sonrisa burlona.
Sofia se separó del joven y se encogió de hombros. "Lo de siempre. Se arrodilló, el anillo, el discurso cursi... Tuve que cortarlo. Era patético" .
"¿Y qué le dijiste?" , preguntó otra de las amigas.
"La verdad. Que es aburrido. Que necesito a un hombre de verdad, no a un asistente personal" , dijo Sofia, y miró al joven a su lado con adoración. "Alguien con energía, ¿sabes?"
El joven sonrió con arrogancia y le dio otro beso, esta vez en el cuello.
Brenda se rio a carcajadas. "Pobre Rico. Todavía cree que eres la misma chica de la que se enamoró en la prepa. No tiene idea de que te has vuelto demasiado para él" .
"Lo sé" , suspiró Sofia, fingiendo tristeza. "Pero es tan predecible. Aposté con ustedes que me llamará rogando antes del fin de semana. ¿Quién entra?"
"¡Yo!" , gritaron las otras al unísono, sacando sus carteras.
Rico escuchó todo. Cada palabra, cada risa, cada burla. Ya no sentía rabia, solo un vacío inmenso y helado. La humillación del restaurante no era nada comparada con esto. Esto era la aniquilación total de su amor, de su lealtad, de su propia dignidad. Lo habían reducido a una broma, a una apuesta entre mujeres superficiales.
No hizo ningún ruido. No llamó la atención. Con un dolor silencioso que le aplastaba el pecho, se dio la vuelta y caminó hacia la salida. Nadie lo notó. Salió del club y el aire frío de la noche le golpeó la cara, pero no sintió nada. Estaba entumecido. Se subió a su coche y se quedó allí, mirando a la nada, mientras el mundo que había construido durante diez años se derrumbaba a su alrededor, convirtiéndose en cenizas.