Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Cuando el Coma Termina, la Pesadilla Comienza
Cuando el Coma Termina, la Pesadilla Comienza

Cuando el Coma Termina, la Pesadilla Comienza

Autor: : Yanchi Jinzhan
Género: Romance
"Han pasado cinco años. Cuidé a mi esposo en coma, Máximo Castillo, como un fantasma en mi propia vida, mientras transformaba su moribunda empresa vinícola en un imperio próspero con mis propias manos. Incluso di a luz a sus dos hijos. Pero el día que Máximo despertó, mi mundo se hizo pedazos. No hubo gratitud, solo desprecio. Me acusó de ser una arribista, una cazafortunas que se aprovechó de su desgracia. Frente a mí, proclamó su amor eterno por su "amiga de la infancia" Sasha, la mujer que me había robado mi prometido antes de mi matrimonio arreglado. Cuando me atreví a sugerir el divorcio, su "preocupación" por la reputación de Sasha reveló una bofetada más dolorosa que cualquiera física. Luego, frente a mis hijos, negó su paternidad, llamándolos "herramientas" para asegurar mi poder. El colmo fue cuando Máximo, cegado por el odio, ¡abofeteó a nuestra hija de cuatro años! Mi corazón se rompió en mil pedazos. ¿Cómo podía el hombre al que había servido durante tanto tiempo ser tan cruel? Incluso su madre me humilló, recordándome mi "lugar" y despojándome del control de la bodega que yo misma había reconstruido. La humillación continuó en la fiesta de bienvenida, orquestada para Sasha, donde Máximo me castigó públicamente por defenderme. Al día siguiente, la trampa de Sasha me arrastró a lo más bajo: una acusación vil que Máximo usó para despojarme de mis hijos y convertir a Sasha en la "verdadera" señora de la casa. Perdí la reputación, el hogar, y ahora, ¿mis hijos? Esta injusticia me quemaba el alma, ¿cómo podían hacerme esto, después de todo lo que sacrifiqué? Ya no podía soportarlo, me iban a quitar todo, pero no iba a ceder. No, esta vez, yo era la que iba a sacar mis cartas.

Introducción

"Han pasado cinco años.

Cuidé a mi esposo en coma, Máximo Castillo, como un fantasma en mi propia vida, mientras transformaba su moribunda empresa vinícola en un imperio próspero con mis propias manos.

Incluso di a luz a sus dos hijos.

Pero el día que Máximo despertó, mi mundo se hizo pedazos.

No hubo gratitud, solo desprecio.

Me acusó de ser una arribista, una cazafortunas que se aprovechó de su desgracia.

Frente a mí, proclamó su amor eterno por su "amiga de la infancia" Sasha, la mujer que me había robado mi prometido antes de mi matrimonio arreglado.

Cuando me atreví a sugerir el divorcio, su "preocupación" por la reputación de Sasha reveló una bofetada más dolorosa que cualquiera física.

Luego, frente a mis hijos, negó su paternidad, llamándolos "herramientas" para asegurar mi poder.

El colmo fue cuando Máximo, cegado por el odio, ¡abofeteó a nuestra hija de cuatro años!

Mi corazón se rompió en mil pedazos. ¿Cómo podía el hombre al que había servido durante tanto tiempo ser tan cruel?

Incluso su madre me humilló, recordándome mi "lugar" y despojándome del control de la bodega que yo misma había reconstruido.

La humillación continuó en la fiesta de bienvenida, orquestada para Sasha, donde Máximo me castigó públicamente por defenderme.

Al día siguiente, la trampa de Sasha me arrastró a lo más bajo: una acusación vil que Máximo usó para despojarme de mis hijos y convertir a Sasha en la "verdadera" señora de la casa.

Perdí la reputación, el hogar, y ahora, ¿mis hijos?

Esta injusticia me quemaba el alma, ¿cómo podían hacerme esto, después de todo lo que sacrifiqué?

Ya no podía soportarlo, me iban a quitar todo, pero no iba a ceder.

No, esta vez, yo era la que iba a sacar mis cartas.

Capítulo 1

"Luciana, despierta. El Joven Maestro ha despertado".

La voz de la ama de llaves sonaba lejana, como un eco desde otro mundo. Abrí los ojos lentamente, la luz del sol de la tarde me deslumbró. Me senté en la cama, mi cuerpo todavía pesado por el cansancio.

Cinco años.

Durante cinco años, mi esposo, Máximo Castillo, el heredero del imperio vinícola Castillo, había estado en coma. Nuestro matrimonio fue un arreglo, una orden directa del Presidente de la República, su tío. La familia Castillo estaba al borde de la quiebra y yo, Luciana Salazar, era la única que podía salvarlos.

Mi familia, poseedora de una antigua "Cédula de Gracia Real", no pudo negarse. Tuve que romper mi compromiso con Ivan Lawrence, el hombre que amaba, para casarme con un hombre en coma.

Durante estos cinco años, no solo cuidé a Máximo día y noche, sino que usé mi "toque de Midas" para reflotar las bodegas Castillo, transformando un negocio moribundo en un imperio floreciente. Durante este tiempo, también di a luz a nuestros dos hijos, Leo y Luna.

"¿Ha despertado?", pregunté, mi voz ronca.

La ama de llaves asintió, su rostro una mezcla de alegría y nerviosismo. "Sí, señora. Está en la sala principal. La está esperando".

Me levanté, me puse una bata y bajé las escaleras. Mi corazón latía con una extraña mezcla de alivio y aprensión. El hombre al que había servido durante cinco años finalmente estaba despierto.

Máximo estaba de pie junto a la ventana, su silueta recortada contra la luz. Se giró al oírme entrar. Su rostro, aunque más delgado, seguía siendo increíblemente apuesto, pero sus ojos estaban llenos de un frío glacial.

"Así que tú eres Luciana Salazar", dijo, su voz era la de un extraño.

Asentí. "Máximo, bienvenido de nuevo".

Él soltó una risa seca y sin alegría. "No actúes como si te importara. Sé exactamente por qué estás aquí. Una arribista que se aprovechó de mi desgracia para meterse en la familia Castillo".

Sus palabras me golpearon. No hubo gratitud, solo desprecio.

"Solo quiero que sepas una cosa", continuó, acercándose a mí, su mirada llena de veneno. "Mi corazón siempre ha pertenecido y siempre pertenecerá a Sasha Chavez. Nunca esperes nada de mí. Para mí, solo eres la mujer que lleva mi apellido, nada más".

Respiré hondo, conteniendo la ola de dolor y frustración. "¿Sasha? ¿Tu amiga de la infancia?".

"El amor de mi vida", corrigió él con dureza.

Me quedé en silencio por un momento, asimilando la crueldad de la situación. Cinco años de mi vida, borrados por un amor idealizado.

"Está bien", dije finalmente, mi voz tranquila y firme. "Si eso es lo que quieres, te daré el divorcio".

Esperaba alivio en su rostro, pero en su lugar, vi furia.

"¿Divorcio?", siseó. "¿Ahora? Sasha acaba de comprometerse. ¿Intentas arruinar su reputación? ¿Quieres que la gente piense que es una rompehogares?".

No podía creer lo que oía. Su única preocupación era la imagen de otra mujer.

"No me importa Sasha", respondí, mi paciencia agotándose. "Solo quiero una cosa. Que trates bien a nuestros hijos. Son tus hijos, Máximo".

Él me miró como si hubiera dicho la cosa más absurda del mundo.

"¿Mis hijos?", se burló. "Son tus herramientas. Herramientas para asegurar tu poder en esta familia. El pequeño heredero que creaste para quedarte con todo".

En ese momento, dos pequeñas figuras aparecieron en lo alto de las escaleras. Leo y Luna, mis gemelos de cuatro años, nos miraban con los ojos muy abiertos, habiendo escuchado cada palabra cruel.

Capítulo 2

El rostro de mi hijo Leo se contrajo de dolor. "Papá... ¿no nos quieres?".

Luna, siempre más directa, frunció el ceño. "Mamá dice que la tía Sasha es una mala mujer".

El nombre de Sasha pareció encender una furia incontrolable en Máximo. Se movió tan rápido que apenas pude reaccionar. Cruzó la habitación y subió las escaleras.

"¡Cómo te atreves a mencionar su nombre!", gritó.

Y entonces, abofeteó a nuestra hija.

El sonido agudo de la bofetada resonó en el gran salón. Luna soltó un grito ahogado, su pequeña mano cubriendo su mejilla roja.

Corrí hacia ellos, mi cuerpo temblando de rabia. Aparté a Máximo de mis hijos y los abracé con fuerza.

"¡No vuelvas a tocarlos!", grité, mi voz rota por la furia y el dolor. "¿Qué clase de padre eres?".

"¡Mira lo que has hecho!", me acusó él, señalando a los niños que lloraban. "¡Los has criado para ser irrespetuosos y maliciosos! ¡Les has envenenado la mente contra la mujer que amo!".

"¡Son niños!", exclamé, protegiéndolos detrás de mí. "Y tú eres un monstruo".

La madre de Máximo, la matriarca de la familia, apareció en ese momento, atraída por el ruido. Al principio, me había visto como la salvadora de su fortuna, pero ahora, con su hijo despierto, su vieja arrogancia había vuelto.

"¿Qué es todo este escándalo?", preguntó, su mirada desaprobando la escena.

"¡Madre, esta mujer ha enseñado a mis hijos a insultar a Sasha!", dijo Máximo.

La matriarca me miró con desdén. "Luciana, quizás has olvidado tu lugar. Tu único deber era cuidar de mi hijo y darle herederos. No criar pequeños salvajes".

Sabía que no tenía sentido discutir. La lealtad de esa familia era solo para ellos mismos.

"No quiero nada de ustedes", dije, mi voz vacía de toda emoción. "Me divorciaré de ti, Máximo. Y me llevaré a mis hijos".

Máximo se rió. "No irás a ninguna parte. Y a partir de este momento, ya no eres la directora ejecutiva de las bodegas Castillo. He recuperado mi compañía".

Me quitó el poder que yo misma había reconstruido de las cenizas, el poder que había salvado su nombre.

"Y para celebrar mi regreso", anunció su madre con una sonrisa maliciosa, "daremos una gran fiesta de bienvenida. Sasha será nuestra invitada de honor".

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022