En el año 2038, mi vida tenía dos realidades: en "El Sueño del Guerrero", era "Puente del Sur de Bambú", una jugadora deliberadamente fea, profundamente enamorada del todopoderoso "Guerrero de Fuego", el campeón del juego.
En mi "otra" vida, Sofía era una ilustradora anónima, viviendo con la ansiedad de ser juzgada por mi belleza natural.
Creía que Héctor, mi Guerrero de Fuego, me amaba por lo que era, más allá de la pantalla.
Pero un día, mientras preparaba un regalo para él en el juego, mi mundo se vino abajo.
Lo escuché decir que solo me utilizaba para "pasar el rato" mientras su exnovia Ximena regresaba.
Y lo peor, el CEO de InnovaTech, mi quisquilloso cliente en la vida real era el mismo Héctor, quien me despreciaba en persona y en el juego.
La humillación no se detuvo ahí: me despojaron públicamente de mi título de colíder de gremio y Héctor, sin un ápice de humanidad, disolvió nuestra relación frente a todo el servidor.
"Nunca te quise", me espetó, "salir con un avatar tan feo como el tuyo era asqueroso".
Mi dolor se convirtió en ira, ardiente e imparable.
Decidí que ya no sería más la víctima de nadie y que el mundo se enteraría de todo.
En el año 2038, el juego de realidad virtual "El Sueño del Guerrero" era más que un simple pasatiempo, se había convertido en un segundo mundo para millones de personas. Su tecnología de inmersión total permitía a los jugadores sentir, oler y tocar como si estuvieran realmente allí, creando una sociedad paralela con sus propias reglas, celebridades y dramas.
Y el drama más grande del servidor en los últimos tres años giraba en torno a una pareja insólita, el jugador número uno, "Guerrero de Fuego", y su compañera, "Puente del Sur de Bambú". Los foros del juego ardían con debates interminables.
"¿Neta que no entiendo qué le ve Guerrero de Fuego a esa mujer? Es la más fea del juego, sin exagerar."
"Dicen que se puso la belleza en -100%. ¿Por qué alguien haría eso? Seguro en la vida real es un monstruo."
"A lo mejor tiene un talento oculto o es millonaria. No hay otra explicación para que el dios del juego ande con ella."
Sofía leyó los comentarios con el rostro inexpresivo, ya estaba acostumbrada. Se quitó el casco de realidad virtual y el vibrante mundo de "El Sueño del Guerrero" se desvaneció, dejando solo el silencio de su pequeño apartamento. Ella era Puente del Sur de Bambú.
Se miró en el oscuro reflejo de la pantalla. Una joven de rasgos finos, ojos grandes y una belleza natural que rara vez dejaba que el mundo viera. La ansiedad por su apariencia era un monstruo que la había atormentado desde la adolescencia, un miedo paralizante a ser juzgada que la hacía esconderse. En el juego, donde podía ser quien quisiera, eligió ser fea. Era su armadura, su forma de asegurarse de que si alguien se acercaba, fuera por su interior y no por una cara bonita. Y Héctor, su Guerrero de Fuego, lo había hecho. O eso creía ella.
Últimamente, Héctor estaba distante. Sus mensajes eran cortos, sus respuestas tardías. Antes pasaban horas explorando juntos, pero ahora siempre tenía una excusa, una reunión del gremio, una incursión importante. La inseguridad comenzó a carcomer a Sofía.
"Tal vez si termino el diseño de su nueva arma, se pondrá contento", se dijo a sí misma, tratando de ahogar la voz de la duda.
Se puso el casco de nuevo, sumergiéndose en el mundo virtual. Como ilustradora independiente, su talento para el diseño era excepcional. Había pasado semanas creando unos guanteletes de batalla para Héctor, un arma legendaria que lo haría aún más poderoso. Se dirigió a la forja del gremio para dar los toques finales, esperando sorprenderlo. Al acercarse, escuchó voces familiares desde adentro, la de Héctor y la de sus lugartenientes.
"Héctor, ¿cuánto tiempo más vas a seguir con esa Puente del Sur de Bambú? Ahora que Ximena ha vuelto, ya no tienes que fingir."
El corazón de Sofía se detuvo. Se quedó helada, escondida detrás de una columna.
La voz de Héctor sonó, fría y despreocupada, una voz que ella nunca había escuchado. "Tranquilos, solo estaba pasando el rato mientras Ximena no estaba. Era conveniente tener a alguien que me ayudara con los materiales y esas cosas. Mañana mismo termino con ella."
Las palabras de Héctor se repitieron en la mente de Sofía, cada una un golpe seco y doloroso. Así que eso era todo, conveniencia. Tres años de compañerismo, de risas, de supuestas confidencias, reducidos a una simple transacción. Ella le conseguía materiales y él le daba la ilusión de ser querida.
Un recuerdo fugaz la asaltó, una noche bajo un cielo estrellado de píxeles en el juego. Héctor la había abrazado y le había dicho: "No me importa cómo te veas en el juego, Sofía. Lo que veo es tu lealtad, tu talento. Eso es lo que amo." Todas esas palabras ahora se sentían como ceniza en su boca, una mentira cruel y calculada.
Con manos temblorosas, se quitó el casco. La realidad de su pequeño estudio la golpeó. Sobre su tableta de dibujo estaba el último encargo que había terminado, una serie de ilustraciones promocionales para la empresa de tecnología más importante del país, InnovaTech. El trabajo había sido exigente, el cliente increíblemente quisquilloso.
Recordó la llamada de esa misma tarde con el asistente del CEO. "El señor Héctor quiere los cambios para esta noche, sin falta. Es muy particular con la estética." Sofía había trabajado sin descanso para cumplir, sin saber que el hombre que la trataba como una simple empleada en la vida real era el mismo que le rompía el corazón en el mundo virtual. El CEO de InnovaTech era Héctor. Y ella, su ilustradora anónima.
No se lo podía creer. El hombre que la ignoraba en las videollamadas, que apenas la miraba a través de la pantalla, era el mismo que le había jurado amor eterno en el juego. La ironía era tan amarga que le quemaba la garganta. Él no tenía idea de que la ilustradora que contrataba y la jugadora "fea" con la que salía eran la misma persona. Para él, ella era dos piezas separadas y prescindibles en su vida.
Volvió a entrar al juego, con una nueva y fría determinación. Necesitaba ver la verdad con sus propios ojos. Se dirigió a la plaza principal de la ciudad, y allí estaban. Guerrero de Fuego, imponente con su armadura carmesí, y a su lado, una jugadora de belleza deslumbrante, con un vestido rosa y joyas brillantes, "Princesa Dulce". Era Ximena, su exnovia.
Los amigos de Héctor los rodeaban, riendo y celebrando. "¡Por fin ha vuelto la verdadera reina del gremio!", gritó uno. "Héctor, sabíamos que solo la esperabas a ella. Esa otra, la fea, nunca fue digna de ti."
Héctor no dijo nada para defender a Sofía. Simplemente sonrió, una sonrisa arrogante y satisfecha, mientras ponía un brazo alrededor de la cintura de Ximena. En ese momento, el chat del mundo explotó. Todos los jugadores del servidor estaban viendo el regreso de la famosa pareja. Las burlas y las especulaciones sobre la inminente ruptura con Puente del Sur de Bambú inundaron cada canal, convirtiendo el dolor privado de Sofía en un humillante espectáculo público.