"¿Vas a quitarte la ropa tú misma, o quieres que te ayude?", preguntó el hombre, sin molestarse en ocultar el desprecio en su voz.
Helena Ellis se tensó de inmediato. Se quedó paralizada mientras él le bajaba lentamente el cierre del vestido de novia; lo siguiente que supo fue que el aire frío acariciaba su piel desnuda. Completamente en pánico, agarró la tela y se giró hacia el hombre; sus ojos se encontraron con su intensa mirada.
"Llevas un vestido que nunca fue para ti. Emily debería ser quien lo porte", soltó él, de forma implacable, golpeándola sin piedad con sus palabras.
El hombre frente a Helena era Alden Wilson, heredero del principal imperio empresarial de la ciudad de Cheson. Se suponía que él se casaría con Emily Simpson, la hermanastra de la joven. Pero como esta desapareció sin dejar rastro justo antes de la boda, Helena se vio obligada a intervenir y ocupar su lugar.
Todo comenzó cuando Gemma Simpson, su distante madre que apenas había hablado con ella desde que alcanzó la mayoría de edad, apareció sin previo aviso en su puerta. Y en lugar de saludarla, lo primero que hizo fue exigirle que se casara con Alden, tomando el lugar de Emily.
"Helena, ¿cómo piensas cubrir los costos de la casa de reposo para tu padre? Sus gastos solo irán en aumento. Si ayudas a Emily, solo por esta vez, la familia Simpson se encargará de las cuentas", suplicó la madre, apretándole con fuerza las manos a su hija.
Esta última no dudó en rechazar la propuesta de inmediato. Al día siguiente, su padre había desaparecido: los Simpson se lo llevaron, sin previo aviso. El hombre, ya frágil por una demencia senil cada vez más grave, se convirtió en moneda de cambio. Así fue como Helena terminó enfundada en ese vestido de novia, obligada a pronunciar los votos que debió haber dicho su hermanastra.
Sin embargo, no había tenido alternativa; hizo lo que tenía que hacer. Su padre era la única persona que siempre había estado a su lado, así que no lo abandonaría por ningún motivo.
Olvidándose de los dolorosos recuerdos, la chica bajó la cabeza y habló con Alden, que estaba frente a ella. "Señor Wilson, este matrimonio arreglado es un mero trato para los negocios. No hay ninguna diferencia si te casas conmigo o con otra persona".
"Mírame a los ojos cuando me hablas", indicó el aludido, en un tono frío y cortante. Acto seguido, levantó con firmeza el mentón de la chica, para asegurarse de que sus miradas se encontraran.
Solo entonces ella vio algo detrás de su oreja: un pequeño dispositivo, elegante y sutil. Se trataba de un implante coclear, un producto para mejorar la audición.
'Tiene una discapacidad auditiva. ¿Esa es la razón por la que Emily desapareció antes de su boda?', se preguntó.
"Ahora que sabes la razón por la que tu hermana me dejó plantado, ¿aun así quieres casarte conmigo?", soltó Alden, con unas sonrisa sarcástica y tensa.
Acababa de regresar del extranjero, así que la mayoría de la gente no estaba al tanto de la pérdida auditiva que había sufrido hacía catorce años.
"Me casaré contigo", pronunció Helena, ocultando el destello de duda en sus ojos.
"¿Y por qué?", la cuestionó él, con voz baja; su expresión se oscureció mientras dejaba atrás su actitud juguetona.
Helena inhaló profundamente y declaró con la compostura de una presentadora de noticias: "Mis padres me dijeron que este matrimonio solo duraría hasta que el proyecto en desarrollo esté completo. A cambio, me prometieron una generosa compensación por parte de la familia Wilson y me aseguraron que ese dinero solo sería mío. Hago esto porque necesito el dinero".
La familia Wilson obtendría mucho más que dinero de ese matrimonio. Sin embargo, la chica no lo hacía por codicia, pues no le interesaba conseguir riqueza o aumentar su estatus. En cambio, usaría el dinero para lo que había acordado con su madre: pagarle a su padre una casa de reposo adecuada.
"Vaya, no temes expresar lo que quieres, ¿verdad?", dijo Alden, con una risita. Muchas mujeres habían intentado acercársele por su riqueza, pero ninguna había sido tan audaz y franca como Helena. "Si llamamos a esto una transacción...", prosiguió con frialdad. "Entonces estoy en mi derecho de inspeccionar la mercancía".
La joven se tensó en el acto ante esas palabras. Se puso pálida, contuvo la respiración y dejó que los brazos le cayeran inertes a los lados.
'¿Está sugiriendo que quiere que empecemos nuestro matrimonio con sexo?', se preguntó Helena, mientras el arrepentimiento se extendía por su pecho.
Ella ni siquiera había besado al exnovio que tuvo por cuatro años, ¿cómo se suponía que se entregara a un hombre que acababa de conocer?
El ambiente se volvió opresivo, casi asfixiante. A Helena se le nubló la vista y le fallaron las rodillas; estuvo a punto de colapsar en el suelo, pero antes de que eso pasara, dos brazos fuertes la atraparon y la envolvieron en un abrazo.
La joven quedó sorprendida por la inesperada calidez de Alden y, poco a poco, la presión en su pecho comenzó a aliviarse. Había vivido con esa condición desde que tenía memoria; de hecho, no había sido capaz de intimar con ningún hombre. El mínimo intento de cercanía física la dejaba sin aliento.
Sin embargo, algo en el toque de Alden calmaba la tormenta en su interior. Sintió el pecho, firme y cálido, de su futuro esposo contra su mejilla y oyó su latido fuerte y constante. Lo siguiente que supo fue que él le rozaba su piel expuesta con la punta de los dedos; la gentileza del acto la dejó confundida. Justo en el momento en que ella pensó que las cosas escalarían a más, Alden se retiró sin previo aviso.
"¿Desde cuándo te sientes así?", inquirió este en voz baja.
"No... no estoy segura", confesó la chica, dubitativamente.
Un médico le había explicado que su condición no era algo que una medicina pudiera curar, pues estaba profundamente arraigada en su mente.
"Entonces, la familia Simpson debe creer que juntar a una mujer como tú y a un discapacitado como yo es el mejor acuerdo", comentó Alden, tras soltar una suave carcajada llena de ironía.
Helena no dijo nada, simplemente apretó el vestido con fuerza, luchando contra el miedo que se extendía en su pecho.
'¿Y si él decide cancelar el matrimonio? Si lo hace, ¿qué pasará con mi papá? La familia Simpson me dejó claro que si no me casaba, no me brindaría su ayuda. Y tal vez esa gente nunca me deje ver a mi papá de nuevo', se lamentó la joven.
"Quítate ese vestido estrafalario y esas joyas vulgares. No necesitas una ceremonia para ser mi esposa", indicó Alden, en un tono firme que resonó por toda la habitación, mientras Helena levantaba la mirada con el desconcierto grabado en su rostro.
"Nadie fuera de la familia debe saber de nuestro matrimonio. Y no nos divorciaremos hasta que el proyecto en desarrollo concluya. Ah, por ningún motivo debe haber algún escándalo. Si cumples con esas condiciones, el dinero será tuyo. ¿Entendido?", prosiguió él, delineando con brutal precisión sus exigencias.
Helena comprendió la situación, justo antes de que el hombre perdiera la paciencia por completo.
'¿Realmente aceptó que yo ocupara el lugar de Emily?', se preguntó.
Sin embargo, no le dio muchas vueltas al asunto, pues temía que cambiara de opinión. Rápidamente, se quitó el collar y los aretes, antes de despojarse del vestido de novia, quedando únicamente cubierta por su ropa interior.
"¿Piensas salir de aquí medio desnuda?", le preguntó Alden, en un tono burlón.
Helena se quedó congelada, mientras la realidad la golpeaba de nuevo.
Con indiferencia, él sacó un anillo del bolsillo interior de su saco y lo deslizó en el delgado dedo de la chica. Esta no pudo contener su sorpresa al ver que la banda rodeaba su falange perfectamente, como si hubiera sido hecha específicamente para ella.
"Este anillo debe ser bastante valioso", comentó con cautela. "Prometo que lo cuidaré bien y te lo devolveré cuando nos divorciemos".
Alden se quedó callado mientras su futura esposa le colocaba el anillo a juego en su dedo anular. Sin ceremonia ni bendiciones familiares, fueron al Registro Civil y se casaron.
Después, él le entregó a Helena las llaves de su nueva residencia y le pidió a Xavier Ashton, su asistente, que la llevara personalmente allí. No fue hasta que ella desapareció completamente de su vista que contestó la llamada de Dorian Morrison, su amigo.
"¿Finalmente la atrapaste con tu elaborado plan?", preguntó con una sonrisa maliciosa Dorian, en el otro extremo de la línea.
Alden giró el anillo de bodas en su dedo. Luego abrió su palma para examinar la marca carmesí dejada por los labios carnosos de Helena; la visión lo hizo alzar la ceja.
"Estamos legalmente casados y no hay ninguna clase de conspiración", afirmó rotundamente.
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"¿Estás diciendo que el toque de un hombre logró detener tu ataque de ansiedad?", preguntó Valeria Clark, con una expresión seria. Ella era la amiga y psicoterapeuta de Helena. En ese momento, ambas se encontraban en su consultorio, y la primera documentaba con precisión el padecimiento de la segunda.
Helena se reclinó en el sofá, mientras sus pensamientos vagaban desordenados. Las cosas habían sucedido exactamente así: Alden la había ayudado en ese momento crítico y, de alguna manera, terminaron casados. Ya habían pasado dos meses, pero su matrimonio seguía sintiéndose como una ilusión.
"Valeria, ¿crees que mi condición podrá curarse algún día?", preguntó Helena, exhalando profundamente.
Había seguido diligentemente la terapia, pues soñaba con casarse y tener hijos de manera natural algún día. Sin embargo, parecía que su sueño se disolvería en la imposibilidad, pues se había casado con Alden, un hombre que nunca dormiría con ella.
Valeria miró el anillo de bodas que adornaba el dedo de su amiga; estaba visiblemente irritada por su presencia.
"Tus bloqueos mentales provienen de recuerdos que perdiste hace catorce años. Una vez que logremos recuperarlos, deberías mostrar una mejora rápida y progresiva. Pero hablando como tu doctora y amiga, recomiendo que te sometas a un examen médico completo de inmediato".
"¿Por qué?", preguntó la otra, enderezándose, mientras su ansiedad crecía.
"Te casaste con un completo extraño sin consultarme. Es razonable que sospeche que tu cerebro pudo haber sufrido alguna clase de trauma desconocido", respondió Valeria, manteniendo su expresión estoica.
Helena guardó silencio, pues el sarcasmo de su interlocutora la había afectado más de lo que pretendía. Valeria fue quien consiguió a un médico para que atendiera a su padre e incluso cubrió varios meses de sus honorarios. De hecho, reconocía que, como amiga, ya había hecho demasiado por ella, así que no quería imponerle más cargas.
Afortunadamente, la familia Simpson había cumplido su parte del trato y envió a su padre de vuelta a la casa de reposo. Ella solo tenía que soportar hasta que el proyecto en desarrollo concluyera, para que Alden se divorciara de ella sin dudarlo.
Después de su sesión, Helena se despidió de Valeria y se dirigió directamente al edificio adyacente: Nexus TV. Como presentadora del tiempo, estaba lista para cualquier transmisión meteorológica no programada.
Tras bambalinas, Eleanor Murphy, la presentadora de noticias de la noche, platicaba animadamente con algunas de sus compañeras.
"¿Ya se enteraron? Alden, el heredero del Grupo Wilson, quien recientemente regresó del extranjero, vendrá hoy a la sede para una entrevista".
Helena estaba maquillándose cuando escuchó eso. Su mano tembló notablemente y el labial se le resbaló, dejándole los labios manchados. No podía creer que Alden fuera al lugar donde trabajaba. Durante los últimos dos meses, él apenas había puesto un pie en el hogar compartido.
Por su parte, ella había seguido al pie de la letra sus demandas, manteniendo su relación oculta. Debido a su profesión, salía de casa temprano cada mañana, así que no se veían en todo el día. Nunca se imaginó que se encontraría con su esposo en el trabajo.
"¿Heredero? ¿No te enteraste del último chisme? Alden sufrió un accidente y perdió completamente la audición. ¿Cómo podría su familia confiarle un imperio tan vasto a alguien... dañado como él?", soltó Eleanor, chasqueando la lengua con desdén.
"Si está discapacitado, ¿por qué no se quedó en el extranjero viviendo de la riqueza familiar?", inquirió otra voz, con una crueldad casual.
"Probablemente regresó para evitar que el patrimonio familiar acabara en manos de su hermano. Es una pena que terminara así... porque es bastante guapo. Si no fuera por su... condición, definitivamente valdría la pena intentar conquistarlo", comentó Eleanor, con una carcajada que resonó en el aire.
"Deberías cuidar tus palabras", le advirtió una de sus secuaces con fingida preocupación. "Después de un accidente de tal magnitud, ¿cómo sabemos que sus oídos fueron las únicas víctimas?".
Las mujeres estallaron en carcajadas burlonas y despectivas.
Justo más allá de la puerta parcialmente abierta, Alden permanecía inmóvil, con una expresión estoica, mientras escuchaba burlas a las que ya se había acostumbrado. Esa clase de desprecio se había convertido en un compañero constante.
"Señor Wilson, iré a...", empezó Xavier, con el ceño fruncido por la indignación.
Antes de que pudiera completar su amenaza, Helena, que había estado maquillándose en su lugar, se levantó abruptamente de su asiento. Golpeó su polvera sobre la mesa con deliberada fuerza, asegurándose de que el agudo crujido resonara como un trueno.
En el acto, el chisme se evaporó, y todas las cabezas se giraron hacia ella, con los ojos bien abiertos ante la inesperada interrupción.
"¿Qué te tiene tan inquieta hoy? Normalmente siempre estás tranquila", soltó Eleanor, con los brazos cruzados firmemente, mirando de reojo a Helena.
"No es profesional chismear sobre la vida personal de alguien en la oficina, especialmente si esa persona es uno de los invitados de nuestro programa", respondió la otra con claridad, manteniéndose firme.
"¿Y a ti qué te importa? ¿Ahora Alden y tú son súper amigos o qué?", rebatió Eleanor, con una brusca carcajada.
Helena dio un paso al frente para acortar la distancia entre ellas. Como era más alta que Eleanor, proyectaba una ligera sombra sobre ella.
"No, ni siquiera somos cercanos", respondió, manteniendo una expresión inescrutable. "Pero eso no significa que esté bien hablar así de alguien. Todos hemos pasado por momentos difíciles. Y él sigue de pie, lo que habla de que tiene más fuerza e integridad que el grueso de las personas que conozco".
"¡Quién lo habría dicho! Helena, no sabía que estabas enamorada de Alden", bufó Eleanor, con una mueca.
La aludida se tensó por un momento. Al instante siguiente, el rostro frío, inescrutable y atractivo de Alden apareció en su mente. Su esposo no entraba en lo que se consideraba convencionalmente encantador, pues no era cálido ni expresivo; de hecho, ni siquiera encajaba en el tipo de hombre que prefería.
Sin embargo, había mostrado decencia en los momentos importantes. Ese día, cuando ella estaba a punto de entrar en un ataque de pánico, él no se había aprovechado de su vulnerabilidad; por el contrario, la había calmado.
Además, gracias a que Alden la había aceptado como esposa, los Simpson le devolvieron a su padre, quien nuevamente se quedaba en la casa de reposo. Esa razón era suficiente para que ella lo defendiera.
"Seamos sinceras, alguien como tú, tan sencilla y poco atractiva, podría estar frente a él desnuda, y ni así te miraría", presionó más Elanor, sintiendo que había tocado una fibra sensible en su interlocutora.
Un repentino golpe rompió la tensión, capturando la atención de todas.
'¿Cuándo llegó Alden? ¿Habrá escuchado cada una de las palabras de Eleanor?', se preguntó Helena, poniéndose rígida.
"Las presentadoras de Nexus TV sí que saben cómo sorprenderme", comentó el recién llegado, con voz calmada, mientras entraba en los camerinos. La autoridad silenciosa que exudaba llenó inmediatamente la habitación.
Apenas Eleanor lo reconoció, se puso más pálida. "S-Señor Wilson... No me di cuenta de que estaba aquí", tartamudeó.
Todos entendían el poder detrás del apellido Wilson. El Grupo Wilson dominaba el mundo empresarial de Cheson. De hecho, Nexus TV no era una compañía cualquiera, tenía inversiones de la familia Wilson respaldándola.
Aunque Alden estaba discapacitado, Eleanor solo era una simple presentadora, así que no tenía derecho a opinar sobre él. Quienes habían celebrado sus comentarios malintencionados ahora miraban al suelo, en completo silencio y llenas de vergüenza.
"Solo estaba bromeando. No fue mi intención lastimar a nadie...", afirmó Eleanor, con una sonrisa fingida, dando un paso hacia adelante, sin parar de temblar.
Alden jugueteó con el anillo en su dedo mientras miraba casualmente a Helena. "Presentadora del tiempo, ¿a ti también te pareció graciosa la broma?".
Helena contuvo la respiración, pues no tenía idea de cómo su esposo se había enterado de que era la presentadora del tiempo para Nexus TV. Sin embargo, rápidamente recuperó la compostura y negó con la cabeza.
"Discúlpate", ordenó Alden, con un tono tan frío como el hielo, mientras volteaba a ver Eleanor.
"Por supuesto, señor Wilson. Ahora veo que me pasé de la raya. De verdad lo lamento. Prometo que no lo volveré a hacer...", exhaló temblorosamente la instigadora, dispuesta a arreglar la situación.
"No conmigo", la interrumpió Alden. "Con ella".
Helena parpadeó, sorprendida por esa inesperada solicitud. ¿Su esposo verdaderamente la estaba defendiendo?
Eleanor, por otro lado, estaba aún más atónita. ¿Desde cuándo Helena, la chica silenciosa y discreta se había convertido en alguien tan importante para que Alden la defendiera?
En ese momento, la instigadora apenas era capaz de ocultar la indignación que ardía en su interior. Ella era la cara de Nexus TV, la presentadora de noticias que todos reconocían. A pesar de ello, la estaban obligando a disculparse con una persona cuyo segmento apenas duraba diez minutos. Apretó la mandíbula, mientras sentía la vergüenza quemándole el pecho. Nunca la habían humillado tanto en su vida. Sin embargo, la gélida mirada de Alden la dejó sin palabras.
"Señorita Ellis, me disculpo. Eso estuvo fuera de lugar", se obligó a declarar, pues era consciente de que estaba acorralada.
A pesar de sus palabras, en su mirada no había ni ápice de arrepentimiento. De hecho, en sus pupilas ardía el odio. Estaba claro que ese asunto aún no había terminado.
Justo en ese momento, la puerta se abrió y Dominick Lloyd, el director técnico de la estación, entró y rompió la tensión. Sin ninguna presentación, le entregó a Alden un guion y un micrófono inalámbrico, mientras decía: "Señor Wilson, podemos comenzar con el ensayo apenas esté listo".
El aludido confirmó con un simple asentimiento de cabeza que estaba listo.
"Helena, ¿te importaría ayudar al señor Wilson con su micrófono?", preguntó Dominick, tras recorrer con la mirada el lugar.
Antes de que Helena pudiera reaccionar, Xavier colocó el micrófono en su mano, dedicándole un rápido asentimiento.
Todos los demás se fueron, uno por uno, siguiendo a Dominick, hasta que solo los esposos se quedaron en la tranquila estancia.
Helena se le acercó a Alden y le enganchó el micrófono en el cuello de su camisa, con movimientos cuidados y experimentados.
"Gracias", dijo con sinceridad, mirándolo a los ojos. Además de su padre, este era el único hombre que la había defendido.
Él bajó la mirada y observó cómo los dedos de su esposa se movían contra su camisa. La visión hizo que, inesperadamente, algo se agitara en su interior.
"No dejes que nadie intente insultarte así de nuevo", pronunció finalmente, en voz baja.
Helena levantó la vista, momentáneamente sorprendida, y luego le dedicó una amarga sonrisa. "Ellas siempre son crueles, aunque hoy Eleanor no está completamente equivocada".
Helena sabía que su compañera había sido dura, pero también entendía que solo estaba expresando lo que muchos hombres creían de ella. Además, su cuerpo y su mente rechazaban la intimidad con cualquier varón. Esa era causa de que su relación de cuatro años terminara.
En un parpadeo, Alden agarró a su esposa de la muñeca y la atrajo hacia sí. Su aliento acarició su mejilla, cálida y cercana, ocasionando que se le acelerara el pulso.
"Dime algo", comenzó, mirándola fijamente. "¿Todavía estás enojada porque no caí en tu intento de seducirme el día de nuestra boda, solo para demostrar tu encanto femenino?".