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Cuando la noche cae

Cuando la noche cae

Autor: : Meldie
Género: Romance
Anne es una huerfana que quedó a cargo del convento, su camino era volverse una monja, ya se había resignado a su destino, pese a que soñaba ser una enfermera y tener una familia. Alphonse Roux es el ministro de justica, un hombre serio y distante, que, por alguna extraña razón visita el hospital muy a menudo. La joven mujer se ha encargado de curar y cuidar del ministro siempre que acude en su ayuda, durante ese tiempo, ambos han desarrollado un inusual lazo, que, para ojos de Anne... es algo prohibido, pero no para él. Acompaña a esta pareja por un viaje oscuro y siniestro, que se desarrolla en las frías y peligrosas calles de París.

Capítulo 1 I

Todavía recuerdo aquella noche, en donde la conocí, cuando la tuve entre mis brazos sentí la necesidad de protegerla a toda costa, sin importar que ocurra, quería estar a su lado siempre que pudiera, pero desafortunadamente las cosas cambiaron drásticamente cuando cumplí mis diez años, no quería dejarla, pero sabía que tenía que hacerlo para poder convertirme en un buen cazador y protegerla de todo...

o al menos ese era mi objetivo principal, pero con el tiempo las cosas cambiaron, ya que dejé de verla y casi me olvidé de su existencia o eso hubiera ocurrido si no tuviera ese sueño tan recurrente, en donde estoy bajo esa tormenta de nieve y escucho un bebé llorar, pero es tan débil su llanto que apenas es perceptible, menos mal que mi oído es bastante agudo y puedo escuchar cosas que los humanos no pueden.

Ese sueño me estuvo persiguiendo hasta que tuve los dieciocho, ya que decidí dejar ir ese sueño porque mis padres me habían comprometido con una mujer, Simone, su familia y la nuestra eran muy cercanas hasta que ocurrió lo inesperado. Un grupo de vampiros atacó nuestra carroza cuando íbamos de regreso a nuestras casas luego de una fiesta, por mi arrogancia casi perdemos la vida ambos, ya que, al ser un Dhampir la sangre de un vampiro y humana corre por mis venas, además de que somos cazadores natos de nuestros padres, esto se me subió a la cabeza, más de lo que pensaba, sufrí heridas bastante graves y perdí mi ojo izquierdo, menos mal que mi padre apareció para ayudarnos.

Debido a la gravedad de mis heridas, mi prometida me ofreció un poco de su sangre para poder recuperarme, era la primera vez que bebía la sangre de un humano y debo decir que sabía exquisito, afortunadamente estaba mi padre ahí para detenerme, de lo contrario, seguramente la hubiera matado.

La culpa pudo conmigo y decidí volver al camino del Señor y empecé a ir más seguido a la iglesia, buscando la respuesta a mi pesar, fue en una de mis visitas que la vi otra vez, a esa niña de tres años convertida en toda una joven muy hermosa de cabellera negra reluciente, era la más radiante de todas, pero sabía que no estaba bien que posara mis ojos en ella, porque era una iniciada y hasta donde sabia, dentro de poco se convertiría en una monja.

Era imposible para mí apartar la vista de su presencia, era tan hermosa y radiante que no pude dejar de verla, ella había captado toda mi atención, así que decidí levantarme e irme, pero una conversación entre ella y la madre superiora llamó mi atención. Al parecer, Anne está estudiando medicina ya que quiere convertirse en una enfermera, pero esto podría perjudicarla en sus labores como monja en el futuro, aun así, ella está decidida a hacerlo y está haciendo sus prácticas en el hospital Nueva Esperanza.

Desde en el momento en que tuve esta información, estuve yendo a ese hospital solo para poder verla y afortunadamente ella era quien me atendía cuando estaba herido y es verdad que puedo curar mis heridas sin necesidad de recibir atención médica, pero mi necesidad por verla y estar cerca de ella eran demasiado grandes que solo por eso acudía al hospital.

Durante una de mis visitas, noté que uno de los doctores veía con otros ojos a Anne, parecía que estaba dispuesto a hacer que cambie de opinión con respecto a sus votos; normalmente no soy un hombre celoso, pero en este caso, mi sangre hervía cada vez que ese doctor estaba cerca de ella, la forma en como la trataba hacia que me llenara de celos y hasta cierto punto envida.

Como una de tantas noches, llegó al hospital, para ser más específico, al área de emergencias, escabullirme por el lugar es sencillo y siempre lo he hecho. Camino por uno de los pasillos en busca de Anne y no es difícil buscarla, porque puedo sentir su aroma que es inconfundible, ella siempre tiene un olor dulce y delicado.

Estoy por doblar una esquina y me encuentro de frente con ella, que suelta un pequeño jadeo de sorpresa, me disculpé por haberla asustado, que no era mi intención tomarla desprevenida, se río de forma nerviosa y negó levemente con la cabeza.

-Descuide, señor Alphonse- Contestó en tono suave. -¿Qué necesita? ¿Otra vez se ha herido? - Me reprochó casi enseguida.

No le dije nada, simplemente la miré directo a los ojos, me dedicó una pequeña sonrisa y me dijo que en un momento me atendía, agradecí su comprensión y me fui la cuarto de siempre seguido de ella, quien no paraba de reprocharme por no cuidarme; es algo que escucho siempre que vengo a verla, ya que ella no sabe a qué me dedico, para Anne, siempre estoy metido en peleas innecesarias y que debo cuidarme, pero lo cierto es que, enfrentarse a vampiros por la noche no es algo que quiera hacer, sino que debo hacerlo.

Acomoda sus cosas sobre una mesita y mientras ella saca lo que necesita, yo tomo asiento en un banco y me quito el saco junto con la camisa; debo admitir que me gusta mucho presumir mi cuerpo bien esculpido y noto en los latidos del corazón de Anne que no pasó desapercibido para ella, aunque se muestre seria y reacia a mí, su cuerpo me indica lo contrario.

Cuando termina de atenderme, me despido de ella y le agradezco la atención prestada, antes de irme, Anne me reprocha suavemente por mi descuido y me pide encarecidamente que me cuide, que le preocupa mi salud, que espera que no me siga poniendo en riesgo, pero no puedo prometerle nada, París debe estar a salvo para que ella pueda tener una vida tranquila.

Salgo del hospital y enciendo un cigarro, observo por unos momentos el cielo y me encamino hacia mi casa montado en mi caballo, sentir la brisa helada sobre el rostro ayuda a que piense mejor y sé que debería alejarme de Anne ya que, dentro de poco, hará sus votos de castidad y se volverá monja, pero no puedo y no quiero alejarme de ella.

Como era lo esperado, apenas regreso a la mansión y mi padre me está esperando en la sala con la chimenea encendida, no tarda ni un segundo y me pregunta porque no me confieso a Anne, si tanto la quiero, le dije que no era algo sencillo, ya que dentro de poco hará sus votos, al oír esto, él me miró de una forma extraña para luego empezar a reírse.

Capítulo 2 II

-Alphonse, si tanto quieres a esa chica, has que desista de esa idea, no pierdes nada con intentarlo.

Arquee levemente mi ceja, fingiendo que no le he escuchado con claridad, mi padre río levemente y se acercó a mí, diciéndome que debería confesar mis sentimientos a Anne, pero sé que eso no va a cambiar nada, porque es cierto que mi cuerpo le atrae, pero no significa que sienta algo romántico por mí, al fin y al cabo... ella es una humana y también reacciona a las cosas que le gustan. Sé que debería resignarme y dejarla ir, pero ¿Cómo dejas ir entre tus dedos a la persona que has protegido por años? La he visto crecer, al menos por un tiempo y ahora que la vuelvo a ver, me he enamorado más de ella, se ha convertido en una joven preciosa y maravillosa, con un corazón puro y sincero.

-Vamos hijo, eres un Roux, no dudo que la joven caiga rendida a tus pies.

Desde que fue convertido en vampiro, el carácter de mi padre ha cambiado drásticamente, pasó de ser un hombre serio, recatado y en ocasiones callado, a ser uno muy ligero al hablar, libertino y muy alegre, pero pese a ser una criatura de la noche, sigue siendo devoto a Dios y sigue respirando su matrimonio con mi madre.

-No quiero atraerla por mi apellido, quiero que se fije en mí porque de verdad siente algo hacia mi persona, no por mi dinero.

Al ver que va a seguir hablando del tema de Anne, opto por irme a descansar, mañana tengo mucho trabajo en el palacio de justicia y en la noche me toca hacer mis rondas, así que me he despedido de mi padre, que no dejaba de decirme que me confiese a Anne y que incluso, podría hacer que ella caiga completamente rendida a mis brazos, pero no pienso usar mis poderes para enamorala, si ella acepta estar conmigo, es porque así lo desea, no porque yo la he manipulado.

A la mañana siguiente hago mi rutina de siempre, incluso en la noche, espero no encontrarme con nada desagradable, no quiero que Anne tenga que pasar un mal momento por mi culpa como ha pasado los últimos días; sé que ella tiene muchas preguntas, pero es mejor mantenerla al margen de todo, tengo miedo que, si le cuento la verdad sobre mi naturaleza, ella se va a alejar de mí para siempre y no podría soportarlo.

-Miedo.... hace tiempo que no sentía esto.... es extraño que esta palabra resuene en mi cabeza como un eco interminable.

Decido no mortificarme más y hacer mis rondas, para calmar las aguas, he empezado a fumar un cigarro, con la esperanza de poder tranquilizarme, pero es algo que no consigo, no me gusta sentirme de esta forma.... yo... realmente estoy muy, pero muy enamorado de Anne y no entiendo por qué.

Anne.

-Esa mañana-

Estoy recogiendo mis cosas para irme al hospital como todas las mañanas de los jueves, pero me quedé hasta tarde estudiando y me ha costado mucho trabajo levantarme; normalmente voy solo tres veces a la semana al hospital Nueva Esperanza, pero como estoy a poco de graduarme de enfermera, he tenido que abarcar más días de práctica.

-Anne, ya se te está haciendo tarde... recuerda que el chofer no espera eternamente- Escucho a la distancia la voz de una de las hermanas.

Por la presión que siento por parte de la hermana y que además de que se me ha hecho tarde, no recuerdo con claridad lo que tengo que llevar, así que tomo una gran bocanada de aire y me detengo por unos instantes, me relajo un poco y despejo mi mente, poco a poco voy organizando mis ideas y empiezo a guardar todo lo que tengo que llevar para luego colocarlo sobre mi maletín de cuero.

Con todo listo, salgo de mi cuarto y empiezo a caminar por los largos y anchos pasillos del convento, mis pasos resuenan sobre el piso de piedra haciendo eco por el lugar, en mi camino me encuentro con varias hermanas que me saludan de forma amable, pero de lo apurada que estoy, simplemente alcanzo a hacerles un ligero movimiento de cabeza que las palabras las tengo atoradas en la garganta.

Gracias a que estoy en el convento se me ha dado la hermosa oportunidad de poder estudiar, ya que de lo contrario estaría en la calle debido a que soy huérfana, pero para ser honesta, no siento el llamado del Señor y no creo que convertirme en monja sea mi destino ni mi vocación, tengo miedo de decirle esto a la madre superiora, no quiero decepcionarla, en especial porque ella ha sido una madre para mí. Yo sueño con tener una familia, casarme... no quedarme en el convento.

Llego a la entrada principal y me encuentro con el chofer, el señor Williams, un hombre de mediana edad. Al notar mi presencia, me mira con reproche y me regaña, como siempre, diciéndome que vamos tarde y que hoy tiene que hacer unos mandados, me disculpé repetidas veces con el señor.

Me abre la puerta del carruaje y me subo enseguida, en el camino tomo mi rosario entre mis manos y me pongo a rezar, pidiéndole a Dios que en el hospital no haya tantos enfermos como la última vez. Una vez que termino de rezar, guardo mi pequeño rosario de cuencas de madera y miro por la ventana, el cielo está algo despejado, pero parece que puede llover en el transcurso del día.

Luego de un rato alcanzo a ver el hospital a la distancia, cierro los ojos brevemente y lanzo una última oración al Señor, pidiéndole desde el fondo de mi corazón que hoy sea un día tranquilo. La carroza se detiene y el chofer abre la puerta para después ofrecerme su mano para que baje.

-Espero te vaya bien hoy Anne, recuerda esperarme en la entrada del hospital, nada de irte por tu cuenta como la última vez, que la madre superiora me dio un buen regaño.

-Sí y lamento que le hayan regañado por mi culpa, le prometo que esta vez no iré a ningún lugar señor Williams

Asiente con la cabeza feliz para luego entregarme mi maleta con mis cosas. Me despido de él una vez más y me dirijo al hospital. Mientras ando por los pasillos, saludo a todos de forma cordial y amable; he alcanzado a escuchar que algunas de mis compañeras piensan que es una lástima que me vuelva monja, no me lo dicen directo a la cara, pero cuchichean en voz muy alta.

Capítulo 3 III

Desde muy pequeña me enseñaron a que debo ayudar a todo aquel que lo necesite y que debo hacer todo lo que esté a mi alcance para ayudar a los enfermos. Adoro ayudar a las personas, por eso quiero seguir con mis estudios de medicina, pero si no hago mis votos me tendré que ir del convento y eso implicaría dejar mis estudios, pero si hago los votos... podría seguir estudiando, pero me cierro a toda posibilidad de cumplir mi sueño de ser enfermera, madre y esposa.

El doctor Durad me ha asignado el área de emergencias; ahora que lo pienso, él siempre me asigna esté zona y no entiendo porque, lo bueno es que he hecho amistades e incluso me llevo bien con el Doctor Durad, ya que está casi siempre en esta área. Llego al ala en donde me toca hacer parte de mi servicio y me pongo a ayudar a las personas como siempre, cambio vendajes, sano heridas y costuro algunas. Al no tener vendas, me encamino al almacén para buscar más.

-Anne... como siempre, estas dispuestas a ayudar a todos.

Me detengo en seco al oír la voz del señor Alphonse, mi corazón se agita al igual que mis pensamientos, una extraña sensación va creciendo dentro de mí y no entiendo que ocurre conmigo, porque siempre que el señor Alphonse está cerca de mí, me pongo de esta forma, mis pobres nervios están a flor de piel, pareciera que cualquier ruidito me podría asustar.

Alphonse es un ministro bastante serio, todas las veces que le he visto está fumando un cigarro. Me giro sobre mis talones y volteo a verlo, su ojo negro se clava sobre mí con intensidad; siempre he sentido curiosidad por saber cómo perdió su ojo izquierdo. Pasa una de sus manos por su cabello negro azabache, luego con la otra quita el cigarro de sus labios, a pesar de haberse despeinado un poco, su coleta sigue intacta.

-Señor Alphonse... le recuerdo que no puede fumar aquí adentro- Le reprocho suavemente, como siempre lo he hecho.

Extiendo mi mano hacia él, pidiéndole el cigarro, antes de entregármelo, le da una última calada al cigarro y luego veo como saca el humo por la nariz; me sorprende lo hábil que es para eso y sé que no debería impresionarme, puesto que lleva tiempo fumando, aun así, me gusta verlo, incluso ha hecho formas con el humo. Una vez que está satisfecho con su última calada, me entrega el cigarro, pero noto como frunce suavemente el ceño.

-Me disculpo... olvido por completo que no debo hacerlo, es una costumbre bastante arraigada y creeme Anne, estoy tratando de dejarlo.

-Entiendo señor Alphonse, me alegra saber que está tratando de dejar este mal hábito, pero solo le pido que dentro del hospital se abstenga de sacar su caja de cigarrillos, pero conociéndolo, veo muy difícil que pueda dejar de fumar en un futuro cercano.

Arquea su ceja derecha al escuchar mi pequeña risita, para luego acomodarse el saco, parece que se ha indignado por mis palabras, pero es la verdad, el ministro Roux está muy apegado a su tabaco y no le culpo, su trabajo debe de ser muy laborioso y difícil. Tener que mantener segura la ciudad de París no es tarea fácil. Igual que él, arqueo levemente mi ceja derecha mientras apago el cigarro en un cenicero que tenemos ahí cerca; según el director de la clínica, al poner ceniceros dentro del hospital quiere incitar a las personas a no fumar dentro de las instalaciones, pero creo que está causando el efecto contrario.

-¿Necesita algo, señor Alphonse?

-Sí, quería que me revisaras una herida que tengo en la espalda- Contesta con total normalidad.

No pude evitar sorprenderme por lo tranquilo que está y más por lo despreocupado de su voz, solté un leve resoplo y no pude evitar regañarlo, otra vez. Le repito el sermón de siempre, que debe tener cuidado y que tiene que empezar a bajar el riesgo en su vida, él asiente suavemente con la cabeza y como siempre, se disculpa por lo descuidado que es, pero son cosas que pasan ¿A diario? lo dudo mucho, pero tampoco conozco el estilo de vida del señor Alphonse, supongo que tiene algo que ver con bajar el estrés del trabajo, he leído que algunas personas usan actividades extremas para aliviar sus malestares y parece ser que este es el caso.

-Vaya al cuarto de siempre, iré por mis cosas.

-Gracias, Anne- Contestó con suavidad y ligereza.

Sin mediar más palabras, veo como el ministro se aleja por el pasillo, volviendo a sacar otro cigarro y se pone a fumar, puse los ojos en blanco y retomé mi camino, todavía tengo que ir a buscar las vendas y gazas, de paso, busco antisépticos y otras cosas. Una vez que tengo mis cosas entre mis manos, me dirijo hacia donde siempre atiendo al señor Alphonse. Por petición de él, me pide atenderlo en una habitación aparte.

Abro la puerta con cuidado y asomo la cabeza, él se encuentra sentado en un banco de madera con el torso descubierto, tiene sus codos apoyados sobre sus piernas y con sus manos sostiene su cabeza con firmeza, entre sus dedos puedo ver que tiene un rosario de plata.

Al ver al ministro en esa posición, recuerdo que había escuchado entre las hermanas que su familia y él son muy devotos a Dios, van todos los días a misa, al menos él junto con su señora madre y hermana, pero su padre.... parece que el señor Roux se mantiene alejado de todos desde su enfermedad, es una pena.

Sin hacer mucho ruido, entro a la habitación y dejo mi pequeña maleta sobre una mesa, puedo notar que él me mira de reojo por unos instantes para luego cerrar el ojo y seguir con su oración. De la maleta saco un pequeño bote de alcohol, gasas, vendas, aguja e hilo, todo lo voy poniendo sobre una charola de metal, luego la llevo a otra mesa que está cerca de él.

-Veamos que tiene en esta ocasión señor Alphonse- Un suspiro de pesadez se me escapa al final.

Abro los ojos de par en par al ver que tiene una herida bastante profunda en la espalda, parece que lo han apuñalado, apoyo con suavidad las yemas de mis dedos por los bordes de la herida y veo algo incrustado dentro, jalo un poco de su piel para ver mejor, pero al escuchar que ha soltado un pequeño gruñido, dedico dejarlo de momento.

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