Aquel día. No sabía si algún día o quizás nunca conseguiría recordarlo, pero la marcó para siempre, estaba convencida.
Brianda, una hermosa joven rubia, de ojos azules, con una estatura media y apenas 25 años.
Esa misma joven que no sabía quién era, de dónde venía ni que había pasado en su vida. Solo vagos recuerdos había en su mente.
Un accidente lo cambió todo. Lo último que ella recuerda es haber despertado en un hospital junto a Shara, una señora mayor, de unos cincuenta y cinco años, que decía ser su niñera.
¿Sus padres? Habían fallecido esa misma noche, en aquel accidente, dejándola completamente sola. Con un hermano mayor que ella que residía en América Latina.
Y una empresa, en ruina.
Todo, absolutamente todo era un caos en aquel duro momento, en el cual solo contaba con su niñera y varias chicas que decían ser sus amigas. Pero la triste realidad era que ella no recordaba absolutamente nada...
Con el paso del tiempo consiguió levantar a la empresa que había heredado de sus padres y de la cual su hermano, Juan Antonio, con el que tenía una hermosa relación, había decidido dejar en sus manos porque él ya tenía importantes compromisos con su propia empresa.
Todo parecía haberse arreglado, pero no era cierto. Ella seguía sin recordar nada. Su mente era como un folio en blanco, no conseguía recordar nada de su adolescencia o infancia.
Había acudido a miles de especialistas, pero de nada había servido. Decidió dejar de hacerlo al ver que no obtenía éxito alguno.
Una mañana como por cosa del caprichoso destino todo cambió para ella.
Lo que se suponía que iba a ser un día más en su rutina diaria, se convertiría en lo más importante que ella no hubiera imaginado jamás...
Brianda se despertó como cada mañana, antes de que sonara la alarma. Para ella era como una manía, le gustaba hacerlo.
Se lavó la cara y se puso mis pantalones de correr negros y una camiseta rosa. Se calzó sus zapatillas negras y después se colocó una sudadera negra. Lo sabía, era demasiado evidente que le gustaba el color negro.
Se recogió su alocado cabello largo, rizado y rubio en una alta coleta que hacía ver aún más larga su melena.
Como complemento colocó sus audífonos mientras salía de su habitación y bajaba las escaleras. Llegando a la puerta tomó sus llaves y se dispuso a escuchar «Reik» mientras empezaba su rutina de running como cada mañana.
Mientras iba corriendo, por un segundo cerró sus ojos mientras cantaba al compás de la canción «Noviembre Sin Ti» y se dejaba envolver por el sonido de esa canción.
Pero como a veces es la mujer más patosa que pisó La Tierra y suele ocurrirle, no supo en qué preciso momento, chocó una vez más contra una maldita farola. O eso creía, que aún seguía con los ojos cerrados por el impacto.
-¿Está bien señorita?...
Una voz le pregunto e inmediatamente se sacó los audífonos y miró al frente. Enseguida enrojecieron sus mejillas.
Sí, había chocado contra el hombre más guapo que había visto en toda su vida.
Se quedó boquiabierta al ver esos ojos azules tan hermosos a la par que poco comunes, esa boca tan perfecta, que parecía dibujada y esos cabellos oscuros perfectamente peinados.
Pudo observar que el apuesto joven le extiendió su mano para ayudarla a levantarse. Aunque por un segundo dudó, optó por agarrar su mano y dejarse ayudar.
-Sí, estoy bien, muchas gracias y disculpa, iba despistada pensando en cualquier cosa... -No era capaz de soltar su mano, aunque ya estaba en pie y debía sacudir su ropa que estaba llena de tierra.
Cuando al fin reacciona, soltó su mano como con pesar. Sacudió sus pantalones y volvió a posar su mirada en él. Se sentía como hechizada.
Escuchó entonces a alguien aclararse la garganta y giró su cabeza para mirar.
Al parecer no solo había hecho el ridículo delante de un hombre guapo, sino que este venía acompañado por su hermano o amigo, no lo sabía en realidad.
''Tierra tragame y escupeme en el Caribe. ''
Pensó llena de vergüenza.
-Perdonen, debo seguir mi ruta, se me hace tarde y no puedo perder tiempo, de nuevo discúlpame. -Le dijo mirando fijamente a los ojos a ese guapo hombre.
-No se preocupe y ponga más cuidado en adelante. -Responde con voz seria el joven, mientras su amigo no deja de verla de arriba abajo, haciendo que ella se sintiera aún más nerviosa de lo que ya estaba.
-Pierda cuidado, señor en adelante me fijaré por donde voy.
Sin esperar su respuesta comenzó a correr nuevamente hasta su casa, algo le decía que no era la primera vez que veía a ese hombre, pero por más que se esforzaba no conseguía recordar de dónde le conocía.
Ya en casa, después de ducharse y alistarse, salió para la empresa, la cual había tenido que construir desde cero, dado que la heredó en ruinas tras la fatídica muerte de sus padres.
Inés, su secretaria, la esperaba con una enorme pila de papeles para firmar.
Después de varias horas, al fin tuvo un rato libre para respirar.
Decidió llamar a una de sus mejores amigas, Valeria.
Valeria, Roxana y Brianda se conocían desde el colegio. Fueron las únicas que siempre habían estado ahí para ella.
Para hacer todo más rápido, decidió escribirle un mensaje:
"Valeria, os espero esta noche a Roxana y a ti para cenar, tengo que contaros una cosa que ha sucedido esta mañana. Avisa por favor a Roxana, no tengo tiempo de mandar dos mensajes. Nos vemos a las 9 en mi casa."
No se molestaba en esperar respuesta, sabía que ambas irían, puesto que sus amigas sabían que si ella las reunía era por algo importante.
Pasada una media hora Inés aparece de nuevo por la puerta para avisarle que tiene una reunión urgente con la empresa asociada nueva, de la cual aún no conocía al dueño.
Ella caminaba hasta la sala de reuniones con pasó firme, haciendo resonar sus zapatos por toda la planta. Empujó la puerta de madera y acto seguido caminó hasta su sillón de cuero negro. Tomó asiento enseguida y esperó.
Cinco minutos más tarde estaban todos los socios allí.
O eso era lo que ella creía.
Instantes después sonó suavemente la puerta. Evidentemente alguien estaba llamando.
Cuando la puerta se abrió, un apuesto joven con traje gris de Armani, alto, moreno y con un maletín negro, apareció frente a ellos, entrando en la sala.
''No puede ser él. ''
Pensó.
Brianda se quedó inmóvil durante unos cortos segundos y se puso en pie, dispuesta a saludarlo. Éste le extiende nuevamente la mano, la cual ella toma sin dudarlo y a él se le dibuja una sonrisa en sus labios.
-Vaya, parece que vamos a vernos muy seguido, señorita paredes.
-Eso parece, ¿Señor...?.
-Anderson, Oliver Anderson.
Aún muy sorprendida, tomó asiento y, el apuesto joven, el cual se había presentado como "Oliver Anderson", resulta que era su nuevo socio.
La reunión se desarrolla con normalidad. Oliver es muy inteligente, sabe perfectamente como meterse en el bolsillo a los socios y hasta la propia Brianda queda asombrada ante él.
Tras dos horas finaliza la reunión y, muy caballerosamente, Oliver se despidió de ella y se marchó.
Después de un largo día lleno de sorpresas, al fin llegaron las nueve de la noche.
Brianda se estiró en el asiento de cuero negro y luego cerró su ordenador, ya mañana terminaría de revisar las estadísticas ya que se sentía demasiado cansada.
Salió de su despacho, con el maletín marrón que usaba diariamente en sus manos y caminó hasta el ascensor, pulsó la tecla roja y esperó hasta que se hubieron abierto las puertas ante ella. Acto seguido entró en el y pulsó la tecla que llevaba al garaje, donde esperaba por ella su coche. Un audi Q5, nada del otro mundo, pues era una mujer muy sencilla.
Se subió a su coche y condujo hasta llegar a su casa y, cómo era de costumbre, Shara, su ama de llaves y la que durante su infancia fuera su niñera, la estaba esperando en la sala junto con Roxana y Valeria.
-Buenas noches, niña Brianda -dijo entonces Shara educadamente y regalándole una tierna sonrisa.
-Pues con la cara que traes, cualquiera diría que vienes de un entierro en lugar de venir del trabajo -comentó Valeria en tono burlón.
-Ja, ja -respondió Brianda mientras caminaban al comedor y acto seguido tomaba asiento en la mesa.
-Bueno, mientras Shara nos sirve la cena, podrías irnos adelantando que era eso tan importante que querías decirnos. Valeria me sorprendió realmente cuando me lo comentó –dijo Roxana bastante divertida.
Brianda rodó los ojos al techo y apoyó los codos en la mesa. Las miró a ambas, de una a otra intermitentemente.
Tomó una bocanada de aire, como para darse ánimo y por fin les contó.
-Esta mañana he chocado contra un hombre guapísimo mientras hacía running...
-Tú siempre tan cuidadosa -comenta Valeria y tanto ella como Roxana ríen a la vez.
-Si... Pero aquí lo importante no es mi patosidad. Resulta que este hombre ha aparecido esta tarde en una junta y es mi nuevo socio. Su nombre es Oliver Anderson.
Al escuchar el nombre, tanto Roxana cómo Valeria palidecen. Se miran la una a la otra en silencio, hasta que finalmente es Roxana quien opta por hablar.
-¿Y bien?, ¿Qué te ha dicho?, ¿Pasó algo? -pregunta mientras se muerde las uñas.
-¿Qué se supone que un extraño deba decirme, Roxi? Yo no lo conozco de nada, es cierto que me es familiar su cara pero no le he visto nunca antes o al menos no lo recuerdo... ¿Hay algo que deba saber? -pregunta Brianda con una ceja arqueada mirando a ambas.
-No, no... Nada. Yo le conozco por las revistas, igual que Roxana, su empresa es de las más importantes del mundo de la informática y electrónica -dijo Valeria con voz segura.
Brianda estaba segura de que no le estaban contando todo, pero decidió dejar el tema.
Lo cierto es que gracias a sus amigas ahora sabía algo más sobre él.
Cuando terminó la cena, Valeria se despidió.
Ella tenía una hija de ocho años llamada Milagros.
No estaba casada, pero hasta donde sabía o al menos hasta donde le habían contado, el padre de Milagros no había querido hacerse cargo de la pequeña.
Roxana se quedó un rato más. Brianda aprovechó para tratar de sacarle más información, pero fue en vano, pues según Roxana, ella no sabía absolutamente nada más de Oliver.
Una vez Roxana se hubo ido, Brianda se metió a la ducha y dejó caer el agua caliente sobre su piel. Quería olvidarse de todo por un rato, pero no lo logró.
Media hora más tarde, cuando ya se había alistado, se dispuso a ir a la cama para dormir. Estaba a punto de hacerlo cuando su teléfono vibró en la mesita de noche y ella extendió su mano para cogerlo.
El mensaje provenía de un número desconocido.
No confíes en todo lo que crees saber, trata de recordar, te están robando tu vida frente a tus ojos...