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Curvas para el CEO

Curvas para el CEO

Autor: : Federica Navarro
Género: Romance
¿Qué pasaría si el chico que arruinó tu vida ahora es el CEO de la empresa donde trabajas? Adelaida, una chica con curvas, tímida y solitaria, ha tenido una adolescencia difícil ya que en el colegio recibió muchas burlas y bullying por su peso. Pero por fin su vida adulta va por buen camino, tiene un buen trabajo y ya ha hecho las paces con su apariencia. Hasta que aparece el nuevo CEO: Brandon Clark. No solo es su amigo de la infancia y de su familia, su primer crush... sino el hombre que atormentó su adolescencia, y más atractivo que nunca Ella lo adoraba desde que era niña y cuando creció supo que estaba completamente enamorada de él, pero el rompió su corazón en pedazos y gracias a sus palabras por años recibió burlas, haciendo tambalear su autoestima. Sus curvas y su físico eran motivo de risas. Y su mundo se vino abajo, fue el hazmerreír de la escuela por años. Pero ahora Brandon regresa como su jefe y parece tener otras intenciones con Adelaida, quiere que trabajen juntos y usará su nuevo rol para lograrlo. ¿Cuáles son sus intenciones después de tanto tiempo? Esta obra está registrada. Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

Capítulo 1 Encuentros inesperados

¡Demonios, tenía que verme bien hoy! Era la bendita presentación del nuevo CEO. Un nuevo jefe que decidiría sobre nuestras vidas. Hasta mi jefe estaba nervioso, y eso no era buena señal. Decían que era joven, rico... y atractivo.

Me quedé horas frente al armario pensando que ponerme. Ayer mismo mi mamá me había dado, una mirada de arriba a abajo, criticando mi peso. Mejor dicho, mi falta de compromiso con bajar de peso.

Ahora no es que me viera mal: tenía un pantalón negro de tiro alto, con una blusa verde brillante y una chaqueta negra. Si no eres flaca como un espagueti, ni alta, ni esbelta, ni una modelo de pasarela o de redes sociales, eres de las mías, y sabes que el color negro es tu mejor amigo desde que eres adolescente. Quizás hasta desde antes. Y el verde creo que combina con mi cabello castaño, abundante y algo ondulado. Me gusta pensar que también con mi piel morena clara.

-Solo estoy nerviosa por lo del nuevo jefe -me repetí, pero tenía una mala sensación que no me podía quitar del todo. Tenía que dejar mi mejor imagen, dar una buena impresión. Pasé el fin de semana en casa de mi madre y siempre la pasaba mal ahí.

-¡Parece que tuvieras varios kilos menos! ¿No es maravilloso?

-Tengo una dieta buenísima que te haría bien. ¡Te verías estupenda! ¡Con la cara hermosa que tienes!

Era el tipo de halagos que no me hacen bien, aunque parezcan con buena intención. Y eso que no estaba mi hermana: ella es aún peor. Se reía de mi peso, de no ser como ellas, que son naturalmente esbeltas, flacas como palos. Pero no es mi caso. No, señor. Ahora mismo me veía en el espejo: mis piernas anchas, mi obvio sobrepeso, mi torso ancho, brazos gruesos y trasero, ni se diga. Siempre ha sido mi mayor inseguridad: mi peso. Es como si, solo con venir a su casa, aparecieran de la nada todos mis demonios y anduvieran sueltos haciendo lo que quieren con mi cabeza, con mi tranquilidad y mis esperanzas.

Prefieron quedarme en casa, en mi mundo. En mi pequeño departamento con mi compañera de cuarto, Liz: ella es tranquila y comprensiva, siempre está dispuesta a escucharme y es amable. Liz se morirá de la risa cuando le cuente todo esto; los chismes de la oficina, nos sentaremos a tomarnos una copa de vino y a reírnos, agradeciendo que el día terminó y mañana será un nuevo día. Eso es, tengo que pensar en eso.

-Quizás este nuevo CEO traiga los cambios que son necesarios -pensé entusiasmada. Hay probabilidades de que me coloquen a cargo de uno de ellos. Es una probabilidad remota, pero existe. Es lo que más deseo en el mundo. ¿Me pregunto cómo será este CEO? ¿Qué hará? Es obvio que lo buscaron por una razón.

Pero mis esperanzas se caen rápidamente, porque la realidad es que será como todos los CEOs: un viejo ricachón. Para estar en ese puesto, no creo que sea un hombre humilde; debe ser alguien que tuvo realmente buenas oportunidades.

Sin embargo en cuanto llego a la oficina, hay conmoción por el nuevo CEO.

-¡Es sexy!

-¡Es joven!

-¡Es soltero! -dicen mis compañeras. Así que los CEO podían ser diferentes, eso era algo nuevo. Quizás ni lo conozca después de un tiempo; no creo que venga precisamente a nuestra área. No es que yo piense que el nuevo CEO tenga algun tipo de interés en mi. En lo más minimo. Soy soñadora, pero no tanto; me puedo morir de la risa de solo pensarlo.

Claro que no soy el horror que me hicieron creer en los últimos años de la escuela, donde se rieron de mi peso y me llamaron por nombres horribles.

Aún los recuerdo.

-¿Una verdadera cerdita?

-Una ballena.

-¿Quién querría a una chica como esa?

En el colegio era el hazmerreír, todo por culpa de un chico. Uno que era mi amigo... uno que me gustaba. Había dicho en voz alta que no era mi amigo, ni tenía ningun interés en mi, que yo era ridícula y daba vergüenza. Y eso me marcó de por vida. A veces quiero olvidarlo, pero no puedo. Él se fue a la universidad y yo me quedé con esos apodos por años. Durante todo el colegio fui ballena y otros apodos ingeniosos que se les pudieran ocurrir. De más está decir que nadie quiso salir conmigo ni ser mi amigo. Estuve sola y deprimida por meses.

Lloraba todos los días antes de ir al colegio; no quería ir, inventaba excusas y me retraía como nunca. Mis calificaciones se vieron afectadas, mi rendimiento, todo. Intentaba pasar desapercibida lo más que podía, no me anotaba en actividades extra y la mayoría del tiempo decía que estaba enferma, cosa que no era mentira. Me sentía mal todo el tiempo.

Todo fue culpa de él, y lo odiaba. Tenía años sin verlo. Brandon Clark. Y juré no volver a verlo más. En la adultez, muchas personas me decían que para gustos están los colores y que a los hombres les gustan las mujeres con más carnes... en mi experiencia, no es tan así.

Tengo mucho tiempo sin novio y sin citas. Mis exnovios fueron bastante regulares; yo era demasiado insegura. Nada de enamoramientos, flechazos y pasión... parecía más bien una necesidad de no estar solos, algo de compañía.

-Adelaida, Mike te busca -me dijo una compañera, sacándome de mis pensamientos, de mi pasado, de mi oscuro pasado.

-¿Necesitas algo? ¿Es por lo del CEO? -pregunté al verlo tan estresado, casi al borde de arrancarse los pelos.

-Si supieras, Adelaida... Es un tipo bastante exigente y con mucho poder. Todos los demás jefes están encantados, y no sé si eso es buena noticia o no, pero... somos la primera área con la que quiere reunirse.

-¿Nosotros? ¿De verdad?

-Así es. Quiero un resumen de todos nuestros trabajos. Su anuncio ha sido muy sorpresivo y no hemos tenido tiempo de prepararnos. ¿Podrías armar algo rápido para presentarle? -me pidió con urgencia.

-Dalo por hecho, Mike.

Me senté frente a la computadora y comencé a trabajar lo más rápido posible. Estaba cerca de terminar cuando recibí un mensaje de mi madre que me dejó helada. Juro que no podía ser en peor momento.

"Tu hermana me acaba de avisar que Annie Clark se casa. ¡Y estamos todas invitadas! ¡Incluso tú! Y no solo a la boda... quieren contar con nosotras durante todo el proceso, preparativos, reuniones, ensayos y mi asesoramiento, por supuesto."

No... no puede ser, fue lo primero que pensé.

Annie era la mejor amiga de mi hermana, una chica encantadora y dulce. Mi madre siempre se jactaba de esa amistad porque ellos tenían mucho dinero, eran de la alta sociedad. Cada vez que hablaba de los Clark me revolvía el estómago; para ella eran casi realeza.

El problema con la boda no era Annie. De hecho, me alegraría por ella. El verdadero problema era que con todo eso se reavivaban mis peores traumas. Porque, si Annie era la novia, eso significaba que probablemente también estaría su hermano. Brandon. El mismo chico que en el colegio comenzó a burlarse de mí.

Los Clark eran una familia adinerada, nosotras... todo lo contrario. Y quizá por eso mi madre sentía tanta fascinación por ellos. Mi madre tenía un pequeño negocio y mi padre nos había dejado hacía muchos años.

"No sé si voy a poder ir, mamá. Tengo que ver mi agenda. Tenemos nuevo CEO y estaré muy ocupada en el trabajo" le respondí sin esperar a ver qué me respondía. Pero ya sabía cómo terminaría todo.

Fernanda estaría insoportable. Annie era una excelente persona, amable, cariñosa, una excelenter amiga aunque no nos hallamos visto en años. Es solo que no podía enfrentar eso de nuevo. Había trabajado tanto en terapia para hacer las paces con mi pasado... Quisiera creer que ahora era una nueva Adelaida. Pero verlo a él... no. Me negaba. No estaba lista para enfrentar mis miedos. Me pasé años huyendo de Brandon y de su familia.

-¡Adelaida! Trae el informe a la sala de juntas principal -me gritó Mike, haciendome volver a la realidad.

Vamos, Addy... Es solo una reunión y un simple CEO. Un hombre que seguro no vas a tener que ver más. Solo quiere saber qué hacemos aquí, tan lejos, en un área tan distinta al resto de la empresa. Una introducción, nada más. No viene a verte a ti.

-Debe ser Adelaida, una de nuestras ilustradoras junior. ¡Pasa, Adelaida! -dijo Mike.

Y entonces lo vi.

Él estaba sentado al lado de Mike, con una sonrisa brillante, un traje impecable. Esto tenía que ser una broma.

-Hola, Addy... es un gusto verte.

Era él.

El CEO.

Brandon. El chico del que estuve enamorada... y mi peor tormento.

La vida acababa de ponerme frente a mi peor pesadilla.

Hola hola!

Bienvenidos a esta historia y espero que les guste

¡Los leo!

Bso

Kika

Capítulo 2 La burla del colegio

No esperaba verlo. Mi mirada se fijó en él, el mundo desapareció: la reunión, mi jefe, todo.

Brandon estaba ahí. Después de huir de él, de no querer verlo, estaba aquí. Y lo supe: la boda de Annie debía ser la razón.

-Adelaida, él es Brandon Clark, el nuevo CEO -anunció mi jefe de forma solemne.

Era el mismo Brandon que, años atrás, me había hecho sentir como si todo en mí fuera un error, una burla, un chiste. Nunca pensé que el sonido de una voz pudiera revolverme el estómago como si tuviera quince años otra vez. Y estaba justo enfrente, en la misma mesa, en el lugar donde más quería estar para tener una oportunidad en mi carrera, pero que ahora era un suplicio. Mi corazón parecía que se iba a salir, mi respiración se agitó. Quería salir corriendo y me quedé en shock.

Él estaba ahí mirándome como si me conociera de toda la vida, como si no hubieran pasado años desde la última vez que lo vi... y desde que destrozó la poca autoestima que me quedaba. Su cabello estaba más corto, su rostro era como recordaba pero más masculino, más maduro. Su cabello claro, esos ojos hermosos, esa cara perfecta. Era ridículo cómo una imagen nos puede impresionar, mi cerebro estaba paralizado. Y, como suele ocurrir cuando la mente no obedece, los recuerdos empezaron a regresar, quisiera o no. Porque aun cuando lo creemos no podemos cambiar nuestros pensamientos.

Retrocedamos unos años antes, porque para que puedan entender mi dolor, mi shock y angustia, es necesario viajar en el tiempo. Justo desde el inicio.

A Brandon lo conocí mucho antes de que aprendiera a odiarlo. Éramos niños, yo era muy pequeña. Mi hermana Fernanda y Annie Clark se habían conocido en un campamento y eran inseparables, y yo, por descarte, terminaba colándome en todas sus citas de juego. Me llevaban a todos lados, y donde estaba Annie estaba su hermano. Mi madre me dejaba allí porque tenía que trabajar, porque estaba ocupada, sola con dos niñas y un negocio, y los Clark tenían de sobra. Mejor aún, estaban felices de tenernos.

Primero, los dulces recuerdos.

Éramos simples niños, el sol caía a plomo sobre la playa y yo corría detrás de él, descalza, con la sal en los labios y la arena pegada a las piernas. Él siempre sabía cómo hacerme reír: saltando olas, inventando historias de tesoros escondidos, jurando que algún día me enseñaría a surfear. Éramos inseparables; mi mundo, a esa edad, giraba en torno a esa amistad. Lo quería, lo adoraba desde que tenía uso de razón.

Recuerdo que la casa de los Clark era casi un parque de diversiones para nosotras, especialmente porque teníamos tan poco: había piscina, columpios, habitaciones enormes llenas de juguetes y dos padres amorosos. La familia perfecta. Brandon estaba ahí, aunque al inicio no era nuestro amigo. Pero poco a poco se convirtió en mi héroe personal. Siempre me protegía, me enseñaba a armar rompecabezas, jugaba conmigo aunque sus amigos se rieran, e incluso se metía en mis juegos absurdos de doctora con peluches. Yo, la niña más pequeña y regordeta del grupo, me sentía aceptada. Se podría decir que era mi hogar, esa casa ajena, esa familia que no era mía, me hacían sentir bien.

En los veranos íbamos a ese campamento juntos, luego alguna semana a su casa de la playa ¡con la playa ahí mismo para ser disfrutada!. Construíamos castillos de arena, recogíamos conchas, cantábamos frente a la fogata. Los padres de Annie y Brandon eran más cariñosos conmigo que mi propia madre, y eso me hacía quererlos más. Annie era dulce, Brandon era mi amigo, y su primo Billy, el payaso oficial del grupo. Por primera vez, sentía que pertenecía. Mi hermana usualmente no quería jugar conmigo porque me creía una tonta, pero Annie y Brandon eran diferentes.

Yo era pequeña pero sabía que todas las personas no eran así de buenas. Me sentía privilegiada, con suerte. Eran los niños más populares, eran lindos, tenían las mejores ropas y juguetes, eran excelentes en la escuela. Eran maravillosos. Y eran mis amigos.

Pero ya ustedes se imaginarán que los niños crecen... y cambian.

Por un tiempo los Clark se fueron a Europa, sus hijos estudiaron allá, para que tuvieran las mejores posibilidades. No nos habíamos visto por un tiempo, y el regreso coincidió con esa etapa poco atractiva en que los niños pasan a adolescentes. Bueno, no fue atractiva para mí. Yo había cambiado, y mucho. Había notado que mi cuerpo no era el que las revistas llamaban "bonito, deseable y esperable" para una chica de mi edad. No había pasado de "niña gordita" a "chica curvilínea" como en las películas; donde el patito feo se transforma en un cisne. Nada que ver. Había pasado a ser la regordeta de la escuela.

Pero los Clark... oh, los Clark, en cambio, volvieron convertidos en versiones mejoradas de sí mismos: Annie, elegante y preciosa como una muñeca, alta, delgada, perfecta. Y Brandon... bueno, Brandon era el chico que hacía suspirar hasta a las profesoras. Era lindo de niño, pero la pubertad potenció todo su físico y su personalidad. Era más inteligente, colaborativo y siempre el chico taciturno pero sonriente.

Me di cuenta de que el cariño que yo sentía por Brandon se transformó en un tonto enamoramiento juvenil, mi primer enamoramiento, nada más con él, mi amigo de la infancia. Pensaba en él todo el tiempo, era el único chico que me gustaba y sentía que nadie me iba a gustar tanto como él y que nunca iba a superar este enamoramiento en toda mi vida. Era intenso, como cualquier primer amor y a la vez, era doloroso porque sabía que jamás se fijaría en mí. Sentía que él me entendía, me conocía más que nadie, me comprendía. Él veía cosas en mí que nadie hacía, me apreciaba, yo sabía que sí, pero no como yo quería. Con todo y eso él siempre iba a hablarme, no era como antes, pero, sin embargo, en los pasillos me saludaba, me ayudaba con matemáticas y me sonreía; parecía que se acercaba a mí y luego se alejaba. Supongo que para el resto yo era la tonta hermanita menor de la mejor amiga de su hermana, nada más. ¿Qué más podría ser? Annie también me buscaba y me aconsejaba, incluso más que mi hermana. Me preguntaba por qué no podía ser de ese mundo como él y ellos. No sabía cómo vestirme, no sabía si esconder mi cuerpo o mostrarlo, ni qué hacer. No tenía madera para ser popular, por más que lo deseara e hiciera, yo no era así.

Por supuesto, muchas chicas lo querían para ellas, muchas, mejor dicho, todas. Hablaban de lo atractivo que era, cotilleaban sobre con quién estaría saliendo, quién sería su novia, si había besado a tal o cual chica, si prefería a las rubias o pelirrojas, o incluso con quién se habría acostado ya. Las especulaciones eran muchas y todas me dolían, como a una pobre tonta. Era el chico más popular, el más deseado. Y yo era una nerd que estudiaba, poco considerada, pero que, dentro de todo, pasaba desapercibida.

Aun así, él seguía siendo amable. Me ayudaba con matemáticas, me preguntaba por mis dibujos, me regalaba sonrisas que yo interpretaba como señales de algo que no existía. Enamorada en silencio, claro, con la intensidad ridícula y absoluta del primer amor. Él se destacaba en las asignaciones, era representante de su clase, y yo me aislaba más, pintaba, decoraba, me perdía en mi mundo de fantasía, ese que yo creé para sobrellevar mi vida. Pensé que, aunque habíamos crecido y yo era diferente, la rechazada, la tímida que nadie veía, la gordita rara del colegio, nuestra amistad sobreviviría. Que quizás llegaríamos a adultos siendo el mismo grupete, los chicos que habían compartido tanto tiempo desde niños.

Pero no, no fue así, como ya saben. Porque todo cambió un día, cuando llegó ese día espantoso que siempre recordaré. Cuando se abrió la grieta entre nosotros y todo cambió.

Fue en su último año de secundaria. Había una salida especial para todos los alumnos. Se suponía que era la última noche. Yo estaba sola, cuando escuché reír a un grupo de chicos. Me escondí, no sé qué me animó ese día a quedarme espiando. No sé si fue una buena idea, pero ese momento, esos minutos, formarían una parte importante de mi vida. Ahí entendería una verdad difícil, pero verdad al fin. Estaba Brandon y escuché la voz de un amigo suyo, Franco, soltó su nombre junto al mío en la misma frase:

-Creo que voy a invitar a tu amiguita Ady a salir.

Se rieron todos; eran varios, los peores del colegio, pero que idolatraban a Brandon. Franco era un verdadero abusador y no me agradaba, no entendía como Brandon seguía con ellos. Eran detestables, y ahora lo confirmaba. Ellos hicieron comentarios sobre mi cuerpo, mis curvas, mi sobrepeso, sobre lo rápido que diría que sí porque "seguro no ha tenido novio" por que no tenía experiencia, una pobre virgen, una tonta a la que nadie le prestaría atención ¿Eso era lo que Brandon también pensaría de mi?. Yo aguantaba la respiración, esperando que Brandon los callara, con el corazón tan agitado. Deseaba tanto que lo hiciera, que me defendiera, que hablara bien de mi. Que dijera algo. Y lo hizo... pero no como yo esperaba.

-¿Por qué querrías ir con ella? -dijo, con un tono burlón que jamás había escuchado en su voz-. A menos que te gusten las mujeres con más kilos de los que deberían tener... ya sabes, como una ballena.

-¡La gran ballena de la escuela! ¡Que buena idea!

-Es vergonzosa. ¿No sabe de dietas?

-Honestamente, la última chica con la que algún chico que no quiera ser un perdedor podría salir ¿Están locos? -añadían los otros. Este era el peor escenario, uno que ni en mis pesadillas había imaginado. Pero fue real, sucedió, y rompió mi corazón.

Se rieron. Todos, con grandes carcajadas. Incluso él.

Y aquí estaba, llamándome "Ady" como si nada hubiera sucedido. Nunca imaginé que volvería a verlo tan cerca, tan tangible, con esa sonrisa que parecía no conocer el daño que causó. Su voz parecía un eco de un pasado al que había intentado renunciar. Ahí estaba, sentado frente a mí, presentándose como el nuevo CEO de la empresa, como si no hubiéramos compartido nada más que un simple saludo.

Era el CEO, repetía mi cabeza. Yo que quería tener grandes avances en mi carrera, pero él era nada más y nada menos que el CEO. El gran jefe de todos que decidiría nuestras vidas. Estaba en sus manos.

Sentí un nudo en la garganta, una mezcla de ira, miedo y tristeza que me paralizó por un instante. Todo lo que habíamos vivido, o mejor dicho, todo lo que él había provocado con una sola frase, volvió a mi mente con fuerza. El pasado que había intentando tanto olvidar, venía de nuevo a mi con una fuerza espeluznante.

No fui a ningún baile después de eso. Mientras todos celebraban, yo estaba encerrada en mi cuarto, ahogada en lágrimas, llorando como nunca antes lo había hecho. No solo lloraba por lo que dijo Brandon, sino por lo que representaba: el fin de una parte de mí que creía intacta. La chica enamorada, la que soñaba con él. Y también perdí a mi amigo, una familia que me quería. Mi felicidad, mi esperanza de niña y de adolescente.

Al día siguiente, cuando crucé las puertas del colegio, él no estaba; se había ido feliz a ver universidades, a ser exitoso a hacer su vida como un chico de categoría solo puede hacerlo. Él se fue y me dejó sola con el peso de sus palabras: fui la burla de todos. Los apodos crueles, las risas que me perseguían en cada pasillo. Yo, y solo yo, cargaba con esa humillación. Y no se olvidó en unos días o semanas. Continuaron por años, fui la marginada, la chica regordeta que estaba en la mira de las burlas, en deportes no podía ni aparecer, dudé de la ropa que me colocaba. Fue un infierno. Annie intentaba protegerme, pero incluso ella era arrastrada por mi hermana hacia el grupo de populares, y yo quedaba sola con mis pensamientos y mis miedos.

Pasaron los años y me convertí en experta en evitar. Evitaba las invitaciones a la casa de los Clark, donde me esperaban con los brazos abiertos, pero donde yo me sentía prisionera de mis inseguridades. La idea de ir a la playa con ellos, de ponerme un traje de baño y estar expuesta, me aterrorizaba. ¿Estaban locos? Sabía que Brandon regresaba en vacaciones, y me encerraba en mi casa para no cruzarme con él. Perdí a Annie y a los Clark, solo por las palabras de Brandon. Perdí tanto que jamás lo pude superar. Ahora me daba cuenta.

Solo Billy, su primo menor, fue un remanso de paz, era mi amigo, el único que intentó realmente mantener contacto, y por eso lo adoraba. Nuestras charlas por mensajes y las pocas salidas que logramos tener eran el bálsamo para mi alma rota. Me contó algo que nadie más sabía: era gay. Guardar ese secreto me hizo sentir valiosa, como si alguien finalmente confiara en mí para algo importante. Durante años, él fue mi único amigo verdadero.

La graduación de Annie y mi hermana fue otro golpe al corazón. Fui temprano, saludé a Annie desde la distancia y escapé como si huyera del diablo. Recuerdo su felicidad de verme, cómo me abrazaba y me llamaba. Nunca más volví a ver a Brandon. Supe que partió a Europa para estudiar y que se hizo un empresario exitoso, mientras yo luchaba día a día para reconstruirme. Por años los evité: cumpleaños, vacaciones, eventos especiales. Sus padres me llamaban, Annie también, pero me convertí en un fantasma. Aprendí ilustración por mi cuenta, hice cursos, y sobreviví trabajos que me parecían pequeños castigos: tiendas, oficinas sin ventanas, tareas sin sentido. No fui a la universidad, mis notas cayeron en picada, y perdí mi oportunidad. Hice lo que pude en el peor momento de mi vida. Me costó tener novios, amigos. Mi vida fue cuesta arriba, mi confianza quedó destruida.

A veces me preguntaba qué habría pasado si Brandon no hubiera soltado esa frase. Tal vez las burlas hubieran sido diferentes, tal vez nadie se habría fijado en mí. O quizás habría tenido la fuerza para luchar, cambiar de escuela, encontrar refugio en otro lugar. Pero no fue así. Me alejé, me refugié en mi mundo, me alejé de todos.

Y finalmente crecí, me hice adulta, intenté sobrellevar mis traumas. Después de trabajos sin importancia, finalmente conseguí este puesto, el que quería, el que luché por tener. Había demostrado ser creativa, me había ganado la confianza de Mike con mucho esfuerzo. Tenía fe de que vendrían nuevas oportunidades.

Y aquí estoy, en mi oficina, en una reunión crucial, con él frente a mí. Brandon Clark, el mismo chico cuya palabra hizo añicos mi autoestima, es ahora el hombre que dirige esta empresa. ¿Podría ser peor? La vida no podía ser tan cruel.

Pero ese fue mi pasado, y este era mi cruel presente. ¿Y el futuro? Nadie lo sabe, quizás esté escribiéndose. Pero les puedo decir, desde ahora, que mi panorama era como mucho, gris.

Me sonrió, me llamó "Ady" con familiaridad, como si nada hubiera ocurrido, como si no hubiera dejado cicatrices profundas en mi vida. Me miró y saludó hasta con cariño, hasta como si estuviera feliz de verme. ¿Cómo era posible que fuera tan descarado?

Y yo... apenas pude contener las lágrimas.

Capítulo 3 Princesa

Habían pasado aproximadamente siete años desde que nos vimos la última vez, o al menos desde que yo lo vi de lejos en la graduación de Annie... y sí que había cambiado. Envejecido para bien, por supuesto.

Su cabello rubio oscuro estaba cuidadosamente peinado hacia atrás, tenía un traje fantástico y a la moda, un reloj caro en su muñeca y sus rasgos eran masculinos y hermosos. Sus ojos castaños que había querido tanto desde niña me miraban con una expresión casi alegre, tenía pequeños destellos dorados en sus pupilas que me encantaba admirar.

La sonrisa que me daba era arrebatadora, con unos dientes perfectamente blancos, era muy expresivo como si me hubiese encontrado dándome una gran sorpresa. Su espalda era ancha, podía ver sus brazos musculosos bajo su traje y su voz era encantadoramente grave y masculina. Sí, era un hombre que podía tener lo que quisiera en esta vida solo con extender su mano. Era sexy, con dinero, estudiado, todos deben haberse enloquecido cuando él entró, Brandon era un sueño hecho realidad. Un ejecutivo soñado, un hombre por el que muchas mujeres matarían. Y ahora... estaba en la oficina donde yo trabajo.

-Adelaida...- me trajo a tierra mi jefe y yo nerviosamente voy a recoger el papel, Brandon intenta tomarlo desde su asiento, pero yo se lo arrebato rápidamente, él me mira confundido. Sudando me siento en la silla y pido disculpas. Dios... debo verme horrible. ¡Me arrepiento de tantas cosas hoy!

-¿Ustedes se conocen?-pregunta mi jefe amablemente mirando a Brandon y luego a mí, señalándonos. Supongo que nuestro extraño encuentro fue más obvio de lo que pensé. Esto va de mal en peor, mi jefe no suele ser tan metido en cosas ajenas, pero su mirada no sé... me parece muy curiosa. No ayuda tampoco la forma en que Brandon me ve.

-Si somos amigos-dice él mientras yo al mismo tiempo digo -Somos conocidos- Brandon me mira extrañado, de reojo lo veo arrugando el ceño como si no entendiera por qué dije eso por lo que yo aclaro.

-Nuestras hermanas son amigas, así que nos frecuentábamos, cuando éramos niños. Digamos que nuestras familias se conocen- explico de forma nerviosa, intentando evitar verlo. Por un carraspeo de su garganta supongo que no le gustó lo que dije. ¿Acaso es mentira?

-Mmmm... interesante - dice mi jefe y yo reparó en que la reunión es pequeña, solo Brandon, Mike y una de las mejores diseñadoras estrella, Katie, quien obviamente mira a Brandon como si él fuera un caramelo de chocolate, que lo es ¿A quién engaño?. Yo literalmente ni lo miro, observo a mi jefe, fija como si fuera un robot, con miedo a intercambiar una mirada con el hombre del que vengo huyendo desde hace años. Creo que ni parpadeo, pero sudo profusamente y me arrepiento tanto de no ir al baño

-Bien, entonces creo que ya todos conocen al señor Clark eque es nuestro nuevo CEO, y desde la empresa que compró Atalant, trajo a un conglomerado de clientes que han hecho varias inversiones en el estado y que desean que les hagamos una propuesta de servicios. Particularmente están interesados en nuestros servicios de diseño. Creo que no tengo que decirles que es importante que hagamos el trabajo bien, que los sorprendamos... es una oportunidad única -indica con orgullo.

Yo me quedo en shock intentando lo mejor posible no parecer sorprendida ¡Que me lleve el demonio! ¡Esto no puede ser! ¿Él...? ¿Él es el CEO? ¿Es broma? ¿Es una estúpida y loca broma? ¿Es una cruel broma del destino? ¿Por qué tiene que pasar esto? ¿Por qué me tiene que pasar a mí?

Mientras tanto yo tengo esta crisis interna donde me gustaría gritar, llorar, patalear y tirar cosas, escucho en el fondo a mi jefe que empieza a explicar las fortalezas y bondades del equipo, mientras yo extiendo los archivos que imprimí como un autómata y puedo notar como Brandon tiene su mirada puesta en mí cuando me levanto de mi silla. Dios mío por favor que no me mira. Si pensaba que era un cerdito antes... ¿Qué pensará de mí ahora? Por favor que esta reunión termine lo antes posible, ruego a dios.

Yo que pensaba que mi día iba a ser grandioso, esta no es la oportunidad que esperaba. ¿Brandon CEO aquí? ¿Es que no hay otras empresas en el mundo? ¡En la misma ciudad han centenares de empresas mucho más grandiosas que esta!

La reunión es increíblemente larga o al menos yo lo siento así. Brandon explica con mucha seriedad y pericia los objetivos de los clientes que representa la empresa que compró Atalant. Y los proyectos son grandes, realmente grandes. Tanto que no creo que este pequeño equipo pueda dar todo lo que esperan, menos de una mínima área de diseño. Realmente debe agradarle mi jefe y causar una buena impresión. Concluimos entre todos que lo mejor es empezar por un proyecto pequeño, en el centro de la ciudad, un hotel que va a organizar un evento y quiere que desarrollemos la marca, avisos y parte de la publicidad, para probar y luego extendernos a proyectos más grandes.

Brandon luce tal cual imaginé que sería de adulto, es serio, inteligente, calmado, con una voz profunda, unos gestos agradables, muy profesional, un verdadero jefe y CEO. Cuando hablan todos lo observan con admiración, ahora él es el jefe de todos y lo deja claro con su presencia, que tiene experiencia, que es bien estudiado, que es creativo, brillante y que él es el jefe, el que manda aqui. Brandon exuda poder, control, profesionalismo, es el señor de todo esto, el dueño de todo y de todos.

Estoy especialmente concentrada en todo lo que mencionan, analizando todo solamente para huir de su mirada y olvidar que él está aquí. No sé cómo pretenden que hagamos un trabajo tan exigente, un equipo tan pequeño y si se quiere, reciente, si acaso estamos empezando. La buena noticia es que, sí..., mi ayuda va a ser necesaria. Algo bueno puede salir de todo esto, pienso, tratando de ser positiva. Pero sin duda se requerirá de muchas otras personas, así como de investigación, nuevos proveedores... un trabajo de locos.

-Creo que sería excelente que Katie y Adelaida llevarán este proyecto, si usted está de acuerdo las colocaré a ellas en la propuesta como las diseñadoras principales, tienen experiencia, creatividad, buen trato con clientes, estoy seguro de que los clientes quedarán complacidos y el trabajo superará las expectativas de todos-menciona mi jefe y yo me quedo en shock. Por un segundo escucho un profundo silencio, no no no no puede ser real.

-Es una idea excelente, estoy emocionado por ver este trabajo de cerca Mike... es muy importante para mí estar en los pequeños detalles de como funciona la empresa-afirma Brandon y aunque no quiero volver a verlo, algo me dice que se dirige a mí, mientras que yo juego a que él no existe.

-Ehhh... pero, ¿no sería mejor incluir a Dave o... o a Marilyn... quizás Debbie?-masculló yo nerviosa, todos se me quedaron mirando sin entender por qué dije eso. Trágame tierra.

Katie se ve hasta ofendida, es de esas compañeras de trabajo que ni me ve o me considera inferior. Pero ella no es el problema ¿Cómo se los explico? Muero por tener esta oportunidad pero no con este cliente, no en este proyecto. Significaría que Brandon estará metido, respirándome en el cuello a cada momento. Infinitas reuniones con él, por varios meses.

-Pensé que estarías contenta Adelaida con esta selección... tienes meses pidiéndome que te dé una oportunidad. Además, Dave y Marilyn están comprometidos con otro proyecto, Debbie está por salir de permiso de maternidad y además creo que aprenderías mucho de Katie- señala mi jefe con un mal tono. Sonó más a regaño de lo que debería y yo solo coloco mi boca en una línea y asiento. No sé ni qué decir. De reojo puedo ver como Brandon me ve con el ceño fruncido ¿Qué demonios le molesta?

-Muy bien, tendremos la propuesta lo antes posible señor Clark, trabajaremos en ella inmediatamente... y una vez más, nos sentimos muy contentos de que esté tan interesado en nuestro equipo, sea una vez más bienvenido a Atalant-dice mi jefe levantándose y extendiendo su mano a Brandon.

Yo me quedo un poco anonadada de lo que acaba de suceder, francamente es entre bueno y malo, muy malo. Hay una buena oportunidad, pero conlleva enfrentar a mi peor miedo, alguien que me hirió mucho. Aunque... capaz Brandon debe tener muchas responsabilidades ¿no?

Brandon está parado frente a mí, radiante con su sonrisa que parece bastante sincera. Como si estuviera realmente feliz de verme, casi esperando que yo lo abrace. Lamentablemente no es mutuo.

-Princesa... -me dice ensanchando su sonrisa, se ve encantador y mis rodillas tiemblan. Sus ojos brillan, veo su rostro de cerca que ahora es más hermoso que nunca. Si es posible, creció muchos más centímetros y además su espalda se ensanchó. Parece una broma cruel del destino.

-Adelaida-le corrijo mirando de un lado a otro, mi jefe y Katie están hablando a un costado, no sé si lo oyeron. Es ridículo esto. ¿Qué le pasa a este hombre? Tiene años sin verme, sin buscarme, sin saber de mí y de un día para otro aparece en la puerta y somos mejores amigos por siempre ¿Qué rayos?

Genial, viene a usar el apodo que me decía cuando era una niña, cuando estábamos haciendo castillos de arena y le decía que yo era la princesa del castillo, del imperio, del reino o lo que sea. Él decía que era el caballero, cuidándome a mí y al castillo. Yo decía que mi nombre parecía de princesa, compréndanme, era una niña tonta.

Mi nombre más bien es demasiado poco común, no sé ni para qué me lo pusieron, yo creo que mis padres ya estaban en contra de mí desde que nací, es decir, a mi hermana le ponen Fernanda un nombre perfecto y común y a mi Adelaida que parece de dos siglos atrás ¿Es broma? Ahora, por qué él tiene que sacar esto, francamente no lo entiendo. ¡Qué tontería, estamos en un ambiente laboral!

-Adelaida... - Corrige él un poco extrañado, como si pensara que me iba a agradar, que me diga como me decía cuando teníamos diez y siete años. Realmente él esperaba que yo lo recibiera con los brazos abiertos, que hiciera un baile. ¡Claro! El chico que destrozó mi vida, mi autoestima y mi corazón ahora viene después de siete años y es mi jefe, el jefe de toda la empresa donde hace rato lucho por tener un lugar

- Es un gusto verte... de verdad me agrada encontrarte aquí... quizás podríamos hablar un rato, ¿tomar un café? ¿Ponernos al día luego de todos estos años? ¿Te parece? Aún no entiendo como ha pasado tanto tiempo sin que nos veamos, realmente es increíble, ¿no?-indica confiado, su sonrisa es cortés, pero se acerca a mí como si fuéramos amigos, mucho más cerca de lo que debería. Puedo ver en su cara que él está convencido de que vamos a salir a tomar un estúpido café, como si fuera lo más normal del mundo, como si yo estuviera obligada a decir que sí.

Yo empiezo a enloquecer y a dar pasos atrás como si él fuera un fantasma, un atacante, una sombra perversa. Pero pienso... una cosa es mi trabajo, y otra muy diferente mi vida personal ¿No es así? Si él dice que tengo que ir a una reunión, hablar con un cliente, está bien, es mi trabajo. Tomar un café fuera de mi horario de trabajo y de la oficina... no es algo laboral. No señor.

-Ehhh... yo... mmm... mi jefe justo dijo que tendríamos que empezar la propuesta... la que usted necesita. Usted mismo dijo que la precisaba cuanto antes sea posible, ¿no? Para ayer básicamente-él me sigue mirando como sorprendido, ¿se dará cuenta de que le estoy dando cualquier excusa?

-¿Usted? ¿Por qué me dices así? Ady...soy yo Brandon... el Brandon de siempre- exclama algo perdido inclinando su cabeza a un lado para verme mejor, yo varios centímetros más pequeña que él. Noto que en cada expresión que hace está cada vez más confundido y cada vez luce más endemoniadamente hermoso.

-Brandon... si... ehhh... es que estoy ocupada, hay cosas que hacer por aquí, no quiero descuidar mi trabajo, es importante para mí- digo yo ahora sin formalismos a ver si me entiende. Como todos los hombres como él, todo tiene que ser como él quiere. Pues así sea.

-Ohh, claro. ¿Quizás cuando salgas de la oficina? Te puedo esperar. De hecho, muy cerca de aquí hay un café realmente bueno... podríamos quedarnos un rato hablando el tiempo que puedas y luego podría llevarte a tu casa ¿Qué te parece?-me pregunta acercándose más a mí -¿A qué hora sales? Creo que tenemos mucho de qué hablar ¿No crees? Me encantaría saber que ha sido de tu vida-indica como haciendo un punto, parece muy decido a que hablemos... ¿No tiene nada qué hacer?

-Lo siento, creo que hoy saldré muy tarde. Tengo mil cosas que hacer... somos un equipo muy muyyy ocupado,... a la noche con seguridad saldré cansada y directo a casa. Y si me disculpas... mejor me pongo a trabajar en ello. Ehh... ummm... adiós-indico y salgo corriendo de la sala de reunión sin mirar atrás, como una gran cobarde, no lo voy a negar porque lo soy.

En lo que puedo me voy al baño corriendo y constato que estoy más desaliñada de lo que pensé. Genial lo que me faltaba, otra vez Ady la fea desastrosa. Aunque para él yo era un cerdito, así que, ¿qué más da? Ni que me haga una cirugía plástica, no voy a cambiar por él, soy lo que soy.

El resto de la tarde estuve en mi escritorio haciendo la propuesta yo sola, Katie dio algunos tips cómo resaltar su curriculum personal, pero nada más, me parece que ella no va a ser de gran ayuda. Era casi ya la hora de salida cuando se la envié a mi jefe para que hiciera las últimas correcciones.

En cuanto llegué a casa me bañé y me coloqué mis pijamas rápidamente y me metí a la cama con un bol de palomitas de maíz. A veces intentaba hacer dietas, la mayoría sin resultados, pero hoy, hoy me merecía de todo. Rápidamente, encendí mi televisor y me dispuse a ver una serie, si, no hay nada que un lindo actor no pueda solucionar.

Al rato recibí un mensaje de mi mi compañera de departamento Liz quien está visitando a sus padres por unos días en otra ciudad, algo que suele hacer. Su familia es agradable, tiene mucha suerte. Le conté un poco de lo que sucedió hoy, ella sabe absolutamente todo de mi crush y tormento con Brandon y me prometió una buena charla con helado en cuanto volviera. También se molestó de que viera series sin ella.

Aproveché también de escribirle a Billy, nuestra amistad es de lejos con videollamadas, con envíos de meme casi diarios, pero cuando viene a visitar a los Clark, salimos, vamos a bailar y a cenar y es como si el tiempo y la distancia no pasarán.

Él no sabe de mi pasado crush con su primo Brandon, pero si de lo que él hizo. Ellos no se llevan muy bien, supongo que Brandon es demasiado formal y -rígido- como Billy lo llama. Mi Billy es al contrario, la locura y el desenfado. ¿Cómo es un abogado exitoso? Aún no lo sé, no me lo imagino en una oficina seria. Efectivamente, me comenta que vendrá en pocos días.

Aguanta Adelaida, aguanta un poco más, me digo. Esa noche no dormí, sino que mi cabeza daba vueltas pensando, cómo iba a esquivar a Brandon todos estos días. No sé ni por qué me preocupo, quizás ni lo vuelva a ver.

Hola hola!

¿Qué les parece Brandon y Adelaida?

¡Los leo!

Bso

Kika

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