Mila Becker estaba segura de que su familia era grande e impactante para todo aquel que no estuviera acostumbrado a las multitudes. Era común que todas las personas que los conocían por primera vez se sorprendieran al conocer la magnitud de personas que formaban parte de ese cúmulo familiar que no era extraño para ella. Habían crecido juntos y resultaban ser bastante intimidante, pero también podía ser un apoyo incalculable. Era de esa forma que ella prefería verlo, porque de lo contrario nunca regresaría a su casa porque en ocasiones las razones no eran suficientes.
Era fin de semana, por lo que aunque cualquier otra persona estaría haciendo planes para salir con amigos, mientras que ese sábado ella tenía que asistir una fiesta de cumpleaños para una de sus primas, era una de sus favoritas por lo que no consideró escapar. Se levantó de la cama, el lugar donde había pasado todo el día descansando y se metió a la ducha sin pensarlo demasiado, usó el champú en su pelo con fuerza para luego salir del cubículo que se había llenado de vapor con el agua caliente. En un suspiro se vistió con algo sencillo, se colocó algo de maquillaje y tomando su bolso salió del departamento.
-¿Noche de chicas?- Le preguntó una voz masculina mientras caminaba por el pasillo al ascensor.
-Como si fuera a decirte a donde voy, Nate- replicó ella con fastidio -cometí ese error una vez, no se repetirá.
-Oh, vamos Mila- siguió el con una risa falsa -sabes que estaba borracho ese día.
-Incluso aunque estuvieras borracho- dijo ella luego de presionar el botón del ascensor -tú y yo es algo que se da una vez en la vida, un error común. No va a volver a pasar, deberías entenderlo y dejarlo ir. No seas un acosador.
-No soy un acosador- negó él por enésima vez -me dijiste a donde ibas esa noche y yo me lo tomé como una invitación, es todo. Además, aceptaste los tragos que te invité así como muchas otras cosas que sucedieron entre nosotros, que fueron consensuadas.
-Y desde ese día no dejas de molestar- afirmó ella subiendo al ascensor por fin -no creo que sea una coincidencia que cada vez que abro la puerta de mi departamento estés aquí. Eres un acosador, tienes suerte de que no llame a la policía.
Las puertas metálicas por fin se cerraron y ella suspiró, su vecino era una espina es su costado desde esa primera noche en la que habían hablado. Ella había sido inocente al comentarle lo que haría creyendo que se trataba de una conversación común, esa idea se había terminado en el momento en que su mirada se había conectado con la de él unas horas más tarde en el bar donde acostumbraba a tomar con sus amigas. Se había dejado llevar por sus palabras pensando que era un encuentro inocente hasta que comprendió que él la había seguido.
Luego de eso nunca más le había hablado de sus planes, incluso aunque él insistía, tenía suerte de que lo considerara inofensivo porque de lo contrario habría llamado a la policía hace mucho tiempo, todavía le daba algo de miedo lo que había sucedido entre ellos. Bajó hasta el estacionamiento y se subió a su auto, condujo por las calles mirando la actividad de la noche hasta que se detuvo frente a la casa de sus padres. Muchos de los autos allí los reconocía como familiares, ella tomó aire unos minutos antes de bajarse. Amaba a su familia, pero muchas veces podían ser demasiado.
Se dirigió entonces a la entrada de la casa, que por ser una de las más grandes en la familia, era donde se hacían las reuniones. No entendía como su madre siempre estaba dispuesta a recibir a un montón de personas en su hogar, pero la hacía feliz por lo que no decía una sola palabra. Entró en el lugar que había sido su hogar por muchos años y comenzó el recorrido de saludos que normalmente era demasiado largo para terminar.
-Mi cielo, ya llegaste- dijo su madre con una sonrisa al entrar en la cocina -¿crees que puedas ayudarnos un rato?
Ella saludó a sus tías allí y luego asintió. Era común que le pidieran ayuda al llegar, no todo el mundo ayudaba a hacer las cosas.
-Toma esto y repártelo- dijo una de sus tías entregándole una bandeja con galletas y salsas.
Sin decir una palabra ella solo sonrió y salió a la parte de atrás de la casa. Allí había mesas, bebidas, entre muchas otras cosas junto a los invitados. Aprovechó de saludar mientras repartía las cosas que llevaba hasta que llegó al lugar donde la cumpleañera se sentaba.
-Feliz cumpleaños, Lula- ofreció ella con una sonrisa usando el sobrenombre de su prima.
-Gracias, Mili- dijo su prima devolviendo la sonrisa -cuando termines allí, escápate un rato y quédate aquí.
-Lo haré- afirmó Mila, riendo.
Dio todo el recorrido necesario entregando las galletas mientras saludaba hasta que regresó a la cocina con la bandeja casi vacía. No dijo nada mientras intentaba pasar desapercibida en el mar de tías que había allí reunido, se dio media vuelta hasta que salió por la puerta con éxito. Tomó algo de beber antes de caminar al lugar donde estaban sus primas. Lula fue la primera a la que vio, pero también estaban Ale, Gabi, Mary y Ari, todas nombradas por sus diminutivos.
-El escape fue todo un éxito- anunció ella con una sonrisa.
-Bienvenida- soltó Lula con una sonrisa.
Ella se sentó en el círculo familiar y dejó que la charla sencilla se la llevara como la marea, a veces era mejor que pelear. Seguía la corriente hasta que nadie la miraba demasiado, sabía que de todas sus primas ella era la más aburrida, o esa pensaban, su vida se basaba en su trabajo y no había mucho más que eso.
-Ayer salí a un club y el hombre que se fue conmigo a casa se puso extraño en medio de la noche- decía Ari con algo de censura.
-¿Cómo así?- Preguntó Ale preocupada -¿sucedió algo malo?
-Siempre les digo que no se vayan con extraños- se quejó Gabi y ella sonrió.
-Nada de lo que creen- siguió Ari -pero cuando estábamos desnudos en la cama agarró su corbata y quiso amarrarme las manos, muy al estilo cincuenta sombras. Nunca en mi vida un hombre había intentado algo parecido, fue un poco extraño, pero muy vergonzoso para ambos.
-Supongo que te negaste- siguió Gabi unos minutos más tarde.
Los rostros de sus primas estaban algo impactados con las noticias y por una vez ella no se sintió como la aburrida.
-Sí, obviamente- afirmó Ari -como si no pensara ya que llevar a un desconocido a mi casa es una situación de peligro, no voy a dejarlo amarrarme. Escucho a Gabi, aunque no lo crean. Y como dije, fue vergonzoso porque la situación no tuvo nada de excitante, no me sentí ni un poco cómoda por lo que me negué inmediatamente.
Todas sus primas asintieron de acuerdo.
-El bondage puede ser divertido si lo haces con cuidado- soltó ella sorprendiéndose incluso a sí misma.
Todos los ojos se posaron sobre tan rápido que estuvo punto de reírse.
-¿Bondage?- Preguntó Ari.
-¿Divertido?- Dijo Ale al mismo tiempo.
-Miren quien nos salió atrevida- comentó Lula, riendo.
-Solo lo hice una vez- admitió ella tomando de su trago -no es algo que puedas hacer con un desconocido o una persona que no sepa del asunto, pero sí, puede ser divertido. Es excitante al menos.
Su corazón se aceleró con el recuerdo, había sido un momento muy bueno.
-Si no era un desconocido, entonces ¿quién era?- Preguntó Gabi perspicaz como siempre -no has traído a nadie a casa desde hace mucho tiempo.
-Alguien a quien le gustan ese tipo de prácticas y que conoce del tema- dijo ella con simpleza -no necesita ser mi novio o nada parecido.
-Me sigue pareciendo arriesgado- afirmó Gabi sin emociones.
El silencio cayó en el grupo que todavía la miraba asombrada y Lula sonrió.
-Tal vez haya que escuchar la historia completa...- comentó Lula con bastante interés.
-No creo que sea lo mío- negó Ari con una mueca luego de unos segundos interrumpiendo cualquier cosa que se dijera.
La conversación siguió como si sus palabras no pesaran demasiado y ella simplemente la siguió. Comprendía que a pesar de todo lo que decían probablemente sus primas fueran tan aburridas como pensaban que ella era, así que se quedó callada. Unas horas más tarde estaba realmente aburrida de aquella fiesta, por lo que decidió escaparse de todos, se levantó con la excusa de ir al baño y al pasar por la puerta de la cocina tomó su bolso para salir corriendo de la casa.
-¿Ya te vas, mi niña?- Una voz la detuvo al abrir su auto.
-Papá, no te había visto- dijo ella abrazándolo con una sonrisa.
El gesto duró unos segundos, su padre era una persona cariñosa y a ver que ella no decía nada, en lugar de hacer un millón de preguntas como lo haría su madre, simplemente la dejó ir. Se subió a su auto luego de ver como su padre entraba a la casa junto a uno de sus tíos y pensó en las palabras que había escuchado esa noche. Todo el mundo pensaba que ella era aburrida porque se dedicaba a su trabajo, pero tal vez estaban muy equivocados.
La verdad era que ella siempre estaba en el trabajo porque los pagos eran demasiado buenos para dejarlos pasar, sobre todo en las temporadas vacacionales cuando nadie quería quedarse. Así que en lugar de tomar sus días libres, ella aceptaba los grandes bonos que le daban, no encontraba razones reales para irse. A su familia la veía siempre, no tenía un romance o un amor que la hiciera querer días libres y le gustaba su trabajo.
Así que ese año, sería como todos los anteriores. Se quedaría en su oficina, ocupándose de lo que sea que su jefa le asignara y disfrutaría de los espacios vacíos, las vías sin tráfico y el cálido sol del verano. Por un segundo la necesidad de una aventura se avivó en su pecho, pensó en las posibilidades para luego dejarlo ir, sin saber que esas ideas no se irían del todo.
Mila se levantó con una sonrisa en el rostro, ese día comenzaba la época vacacional en la empresa en la que trabajaba y no podía esperar a llegar a la oficina. Nadie estaría emocionado por razones como esas, pero ella era distinta, sabía que con el trabajo y las horas que estaría cubriendo tendría una cuota grande para sus ahorros, por lo que se sentía bastante feliz con esas noticias. Salió de la cama con una sonrisa, se duchó y se vistió como siempre lo hacía para el trabajo, tomó lo primero que encontró en su cocina para después salir.
Lo bueno de irse temprano era que no tenía que encontrarse con Nate en la puerta.
Caminó hasta el ascensor, esperó unos segundos a que llegara y bajó al estacionamiento para subirse a su auto. Llegó a la oficina en tiempo record, siempre le sucedía lo mismo en esos días, se sentía mucho más emocionada que de costumbre. Le hubiera gustado decir que se trataba de su devoción por lo que hacía, pero era mucho más por el silencio, el trato con su jefa, que era una persona realmente agradable y los espacios vacíos en la oficina que contenían secretos sobre ella que jamás querría que salieran a la luz.
Entró en el piso cuando las puertas del ascensor se abrieron en la oficina, caminó con una sonrisa saludando a los pocos rostros que quedaban allí y luego se dirigió a su escritorio lista para comenzar su día de trabajo.
-Mila, que bueno que ya estás aquí- dijo su jefa acercándose -ven, vamos a mi oficina.
Ella sonrió antes de levantarse de su escritorio. Entraron en la oficina de Bianca Harman y ella se sentó en la silla que la mujer le ofreció frente al escritorio que ocupaba gran parte del espacio.
-Mira, creo que es mejor que vayamos al grano- anunció su jefa con una mueca -tengo que informarte lo más rápido que pueda sobre tus vacaciones obligatorias.
-No entiendo a lo que te refieres- comentó ella a media voz.
-Al parecer el departamento de recursos humanos ha estado mirando los expedientes de todos los trabajadores que se quedan aquí en estos días- le explicó la mujer -y se vieron realmente preocupados cuando notaron que este sería tu sexto año consecutivo de trabajo en épocas vacacionales.
-Sí, no comprendo cual es el problema- intentó Mila con una mueca -siempre he preferido quedarme y aceptar el dinero, me vienen bien los ahorros.
-Y yo respeto eso- convino Bianca -pero sabes tan bien como yo que por ley, todos los trabajadores tienen el derecho de unos días de vacaciones.
-Lo sé, es por eso que siempre acepto la compensación monetaria- afirmó ella todavía confundida.
-Recursos humano está al tanto de ello- siguió Bianca -sin embargo, no se encuentran contentos por la cantidad de años que has estado sin vacaciones incluso aunque haya un contrato de por medio. Al parecer es demasiado arriesgado para la empresa seguir permitiéndote esto, bajo sus ojos podrías demandarnos por mucho dinero y ganarías. No es conveniente para nadie.
-Yo no demandaría- negó ella con fuerza -¿por qué lo haría? Acabo de decir que prefiero los ahorros.
-Lamentablemente tu palabra no es suficiente para ellos- afirmó su jefa -así que deberás irte de vacaciones.
-No lo entiendo- siguió ella realmente perdida -¿cómo que de vacaciones? ¿Me van a enviar a una playa en contra de mi voluntad?
-No tiene por qué ser una playa- comentó Bianca con una pequeña sonrisa -puedes simplemente quedarte en tu departamento si es lo que prefieres, lo que no puedes hacer es venir a la oficina.
-Y ¿de cuánto tiempo estamos hablando?- Siguió ella sintiendo la resignación -¿por cuánto tiempo tengo prohibido venir a trabajar?
-Por el número de días vacacionales que has acumulado a lo largo de estos años, que serían...- explicó Bianca revisando una carpeta en su escritorio -setenta y cinco días, es decir, un poco más de dos meses, más o menos.
Ella se quedó callada intentado comprender la cantidad de días que había acumulado, no sabía lo que haría en todo ese tiempo. Su rostro debió mostrar sus pensamientos claramente.
-Eres la primera persona que conozco no se siente feliz por tener dos meses de vacaciones- comentó su jefa con una sonrisa -aprovecha el tiempo para hacer algo que te guste, usa algo de esos ahorros y ve a la playa. De hecho, como un incentivo y pago por tu trabajo, la empresa accedió a pagar la estadía en el hotel que decidieras. Te recomendaría un hotel cinco estrellas.
-Lo voy a pensar- comentó ella con una sonrisa antes de levantarse -si eso es todo, supongo que es mejor que no me vean por aquí.
-Sí, es lo mejor- convino Bianca -disfruta de estos días y pásalo bien para que regreses en buenos términos a ocupar tu puesto. No puedo creer que no me dijeras que tienes seis años sin vacaciones y que estuvieras bien con eso.
-Lo haré, gracias- musitó ella antes de alejarse de la oficina.
Se sentía sorprendida, regresando a su escritorio tomó su bolso para alejarse de allí. Comprendía la postura de recursos humanos en esos momentos, pero eso no significaba que tuviera que gustarle. En el estacionamiento se subió a su auto y condujo por las calles sin saber a dónde ir, se detuvo en un café que llamó su atención para desayunar allí. Comió todo lo que quiso tomándose el tiempo que necesitó, no había presión de ningún tipo y aunque sintió un poco de libertad en su pecho también se sintió bastante confundida.
Regresó a su departamento con desánimo rogando por no encontrarse con Nate y se encerró en su espacio. Se quitó la ropa hasta quedarse prácticamente desnuda, deambuló por el departamento hasta que terminó tumbada en la sala viendo un programa cualquiera. Las horas pasaron con una lentitud agobiante y pensó en llamar a sus amigas, pero no tuvo la voluntad de moverse en esos momentos. Se distrajo como pudo hasta que unos pensamientos oscuros se presentaron en su mente como un rayo.
Miró hacia su habitación con una sonrisa pícara antes de levantarse, se tumbó en la cama con el corazón acelerado antes de buscar en su mesa de noche. Mila sonrió cuando vio en su mano el pequeño vibrador rosa que tanto le había costado comprar debido a la vergüenza de esa noche, justo en ese momento no se arrepentía ni un poco. Jugando con sus pechos y sus pezones que ya se alzaban marcándose en la tela, ella disfrutó del calor en esos puntos sensibles hasta que el aliento escapaba de su boca.
Gimió con suavidad mientras se quitaba la ropa lentamente, siguió acariciando su cuerpo mientras usaba esos puntos erógenos que conocía. Con pausa tocó su humedad que comenzaba a crecer mientras pasaban los minutos y ella iba excitándose, el aire se iba de sus pulmones hasta que sintió la necesidad de encender el pequeño vibrador. Su cabeza se llenaba de fantasías decadentes que la hicieron pensar en la cantidad de tiempo que había pasado sin que llevara a nadie a su cama. Ella gimió con fuerza al sentir la primera descarga de placer justo cuando el vibrador tocaba su clítoris y fue entonces que su celular comenzó a sonar con insistencia.
Ella gruñó frustrada sintiendo como el momento se iba al igual que su excitación, guardó el vibrador antes de contestar la llamada.
"-Mila, mi cielo- saludó la voz alegre de su madre -¿cómo va el trabajo? Sé que no puedo molestarte mucho, así que te digo que solo llamaba para decirte que tu padre y yo nos iremos unos días a una pequeña cabaña en la montaña".
Una sensación de incomodidad la invadió completamente al sentirse desnuda hablando con su madre. Se cubrió con la sábana aunque no pudiera verla.
"-¿Sus vacaciones anuales?- Preguntó ella con una sonrisa".
"-Sí, sabes que nos gusta darnos un descanso de todo- afirmó su madre -te invitaríamos, pero sé que rechazarás la idea como todos los años pasados".
Ella consideró comentarle los sucesos del día a su madre, pero se prefirió no hacerlo.
"-Está bien, pásenla bien y disfruten- dijo ella".
"-Gracias, cielo- comentó su madre -nos vemos en unos días".
La llamada se cortó y ella suspiró antes de tumbarse en la cama. Pensó en todas las vacaciones que había rechazado, el tiempo que pasaba trabajando y lo muy excitada que había estado. Tal vez todo el mundo tenía razón y necesitaba un momento para ella, unos días en los que pudiera relajarse, disfrutar, solo estar tumbada en un lugar soleado sin pensar en nada. Ella sonrió cuando la imagen de una playa se plantó en su mente.
La necesidad de aventura que había intentado ignorar de pronto se alzó en su pecho con una fuerza que la hizo reír, se levantó de la cama para buscar su laptop. Comenzó a buscar lugares, hoteles y descuentos vacacionales, esperaba que Bianca hubiera dicho la verdad sobre la compañía pagando su estadía en el hotel porque había seguido su consejo y había buscado uno de cinco estrellas que al parecer estaba llamando la atención de todo el mundo. En las fotos al menos, todo se veía increíble.
Cuando estuvo conforme con el lugar y el plan vacacional le envió un correo a su jefa para informarle de sus planes. La confirmación de reserva llegó casi de inmediato, ella sonrió sabiendo que la empresa debía estar desesperada porque iba a quedarse al menos un mes en aquel lugar, eso era demasiado dinero, pero no iba a decir una sola palabra. Terminó de hacer los arreglos cubriendo con sus ahorros lo que faltaba y sonrió cuando recibió en un correo de confirmación del hotel con todas sus peticiones.
Con la emoción recorriendo su cuerpo, se levantó de la cama para tomar la maleta más grande que guardaba en su closet. En una semana estaría en un lugar soleado e increíble, disfrutaría de tragos en la playa y solo se ocuparía de sentir la brisa marina en su pelo. La emoción que la recorría fue todo lo que necesitó para saber que estaba cumpliendo su deseo de aventura.
Llegar a hotel había sido como una experiencia extracorpórea, Mila no podía creerlo. Todo lucía pulcro, ordenado, costoso y lujoso. Las personas que se vislumbraba en el vestíbulo olían a dinero mientras ella miraba todo como si de un parque de diversiones se tratara, no todos los días podías apreciar un hotel de cinco estrellas y mucho menos quedarte a disfrutar de las comodidades que te ofrecía.
Estaba segura de que sin haber tenido la oferta de la compañía, sus ahorros se habrían llevado un buen golpe para poder quedarse allí, aunque si era sincera, de no tener esa oportunidad probablemente habría escogido un lugar mucho menos costoso.
Caminó hacia el escritorio central del lobby con un botones llevando su maleta en una especie de carrito, el hombre era amable y no dejaba de sonreírle. Una mujer cordial le sonrió al recibirla en el lugar para luego confirmar su reservación, una vez que eso estuvo hecho le entregaron un pequeña tarjeta que le daría el exceso a su habitación. No se había atrevido a escoger una habitación presidencial, el precio casi la había hecho gritar, pero se había tomado la molestia de escoger una suite con los suficientes lujos como para sentirse privilegiada.
El botones la siguió junto con su maleta hasta el ascensor y ella observó que el nivel de los pisos llegaba hasta el número veinte. Presionó el dieciséis que era donde se encontraba su habitación, y esperó hasta que las puertas volvieron a abrirse. El número que le correspondía era el ciento sesenta y cinco, por lo que caminó hasta allí e introdujo la tarjeta, con una sonrisa el botones la siguió hasta dejar la maleta en el closet. Ella observó todo maravillada, el lugar era tan grande que parecía un departamento en lugar de una habitación de hotel.
-Puede ordenar la cena en cualquier momento solo llamando al restaurante del hotel- le dijo el botones de pronto -o puede bajar y comer allí. Todo lo que pida será confirmado con su plan de estadía por lo que aquello que no esté incluido se le cobrará al momento de retirarse.
-¿Puedo pedir también el desayuno a la habitación?- Preguntó ella.
-Por supuesto- afirmó el hombre -el servicio de habitaciones viene incluido con la compra de los servicios de comida aquí en el hotel. Desayuno, almuerzo y cena se encuentra cubierto, lo demás se le cobrará.
-Muchas gracias- ofreció ella dándole una propina al hombre.
Luego de eso por fin estuvo sola. Recorrió la habitación, al entrar al lugar una pequeña sala se abría a tu vista, con muebles y un televisor. Algunas neveras llenas de dulces y jugos, un cuarto en el que se encontraba una cama inmensa, otro televisor y un baño con una bañera digna de llamarse jacuzzi. Finalmente en uno de los costados del cuarto se abría una puerta que daba a un balcón con vista al mar. Mila sonrió con alegría y se quedó a disfrutar de la puesta de sol con sus colores hipnóticos mientras la brisa salina golpeaba su cuerpo. Llenó sus pulmones con una sonrisa aceptando que aquella había sido una excelente decisión.
Ella se bañó con parsimonia disfrutando del espacio y de los jabones que olían realmente bien antes de colocarse un vestido veraniego de color pastel junto a unas sandalias antes de bajar al restaurante. Era su primera noche en el hotel y se sentía emocionada, quería experimentarlo todo por lo que pediría el desayuno a su habitación, pero disfrutaría de la cena en el restaurante del lugar. Bajó hasta el lobby y desde allí pudo acceder a una puerta de daba a la parte del hotel que se encontraba a la orilla del mar, pudo ver las canchas de tenis, varias piscinas que brillaban con luces, bares playeros con bastantes personas y muchas otras cosas hasta llegar al lugar que ella buscaba: el restaurante.
Entró con lentitud sintiéndose mal vestida al observar vestidos largos y maquillajes elaborados, sin embargo un mesero la recibió con una sonrisa para dirigirla al bar. Al parecer le ofrecían un trago mientras preparaban su mesa. Ella pidió un coctel sencillo.
-A veces esperar puede ser una tortura- comentó una mujer que se sentaba a su lado.
-Supongo que sí- convino ella con una sonrisa.
-Soy Mary- se presentó la mujer ofreciéndole la mano.
-Mila- ofreció ella devolviendo el gesto.
-¿De vacaciones?- Preguntó Mary bebiendo de su trago.
-Sí, este año decidí tomarme un tiempo para mí- soltó ella sin decir la verdad -¿tu?
-Igual- afirmó la mujer -mi esposo y yo decidimos hacer algo distinto con los niños. Traerlos a la playa es siempre una buena elección.
-Oh excelente...
-Y hablando del rey de Roma, aquí vienen- la interrumpió Mary saludando a alguien a su espalda -bueno, fue un placer conocerte, Mila. Disfruta del hotel.
-Tú también- fue todo lo que le alcanzó a decir mientras miraba a la mujer acercarse a dos pequeños niños que le sonreían y a un hombre que le daba la mano antes de sentarse en una de las mesas del restaurante.
Un mesero regresó entonces y la guió hasta una de las mesas cercanas a la ventana. Era de las pocas que poseían solo dos sillas. Ella miró el lugar lleno de parejas y familias sintiéndose sola de pronto. Intentó deshacerse de esos pensamientos ordenando todo aquello que llamaba su atención del menú. Disfrutó de una cena deliciosa junto a varios cocteles que la desinhibieron un poco antes de que saliera del restaurante y recorriera algunos de los lugares.
Lo que parecía una pequeña discoteca llamó su atención, pero no se atrevió a entrar por alguna razón, en su lugar regresó a los ascensores para subir a su habitación. Allí se desprendió del vestido para colocarse una pequeña camisa ligera sin molestarse siquiera en usar un pantalón. Se tumbó en la inmensa cama y encendió el televisor, fue revisando varios canales y aplicaciones de streaming que ofrecían hasta que los gemidos comenzaron a escucharse en la habitación.
Ella abrió los ojos con sorpresa antes de mirar la escena con atención, en la pantalla se mostraban a dos personas teniendo sexo sin censura. Nunca hubiera imaginado que un hotel de ese estilo tendría ese tipo de canales disponibles aunque si lo consideraba, las personas pagaban realmente bien por quedarse allí, así que si alguien se encontraba solo como ella, se sentiría bien aprovechando el tiempo y el espacio.
Mila observó entonces la pantalla, la escena era bastante grotesca y aunque nunca había sido una persona de mirar porno su cuerpo comenzó a calentarse con ese deje de excitación que conocía muy bien. No sabía si era por el deseo reprimido, por la falta de masturbación o de sexo, pero de pronto estaba realmente excitada. Sus pezones se alzaron sobre la tela de su camisa, ella juntó sus piernas intentado obtener algo de placer. Un gemido de escapó de sus labios y cuando sintió la humedad creciendo en su vagina fue la señal que necesitó para levantarse de la cama.
Con decisión caminó hasta su maleta y rebuscó entre su equipaje, por razones que todavía no terminaba de comprender había llevado su vibrador rosa junto a su dildo favorito de color lila para esas vacaciones. No sabía si había imaginado una escena como esa, pero en definitiva había hecho lo correcto. Tomó ambos juguetes en sus manos y se volteó hacia la cama, la imagen del balcón se filtró entonces en su mente, sin detenerse caminó hasta allí para abrir las puertas de par en par. La brisa golpeó su cuerpo caluroso mientras ella se arrancaba la camisa del cuerpo, dejaba los juguetes allí y se quitaba la ropa interior para quedar totalmente desnuda.
Se estiró con deseo sintiendo el piso frío en sus nalgas, jugó con sus pezones mientras la vista la envolvía una vez más. Estaba tan mojada, excitada y lista para correrse que no podía dejar de estremecerse. Las fantasías llenaron su mente: cuerpos excitados, erecciones gruesas y listas para embestirla, caricias dulces que la harían correrse con fuerza. Mila encendió el vibrador con las mejillas ruborizadas y lo colocó sobre su clítoris hinchado, un grito se escapó de sus labios al mismo tiempo que el placer la recorría con fuerza.
Había pasado demasiado tiempo desde que se había sentido tan excitada, la humedad goteaba por sus muslos dejándola en evidencia. Movió el vibrador por ese punto sensible que la volvía loca y gimió, fue entonces que sin esperarlo ella se corrió. Explotó en una espiral de placer que la llenó de deseo mientras palpitaba con los espasmos del orgasmo. Sin aliento disfrutó del momento hasta que regresó a la realidad, se había corrido, pero todavía no se sentía satisfecha.
Tomando entonces el dildo lila, su favorito, usó el chupón para adherirlo al piso. Estaba en el balcón, la brisa excitaba sus pezones y aunque alguien podría verla, en ese momento le importaba poco, de hecho el pensamiento la excitaba. Se meció contra el juguete hasta que bajó con fuerza llevándolo a su interior, luego de eso solo fueron gemidos. Cabalgaba el dildo mientras el placer la recorría, sentir esa dulce presión en su interior era delicioso y aunque no se asemejaba al miembro real, lo estaba disfrutando.
Sus caderas se movían con fuerza exigiéndole placer, ella subía y bajaba mientras sus pechos se balanceaban, su mente se imaginaba que debajo de su cuerpo se encontraba un hombre tallado que usaba sus manos para guiarla y moviendo sus caderas para que la penetración fuera mucho más intensa. Mila gimió con fuerza sintiendo como el orgasmo se acercaba, se inclinó para tomar el vibrador que había dejado de lado y lo colocó sobre su clítoris mientras seguía moviéndose, eso fue todo para ella. Se corrió una vez más, gritando cuando los espasmos de placer la recorrieron dejándola sin energía.
Ella sonrió unos segundos más tarde tumbada en el piso del balcón, satisfecha, sin aliento y un poco avergonzada. Tomó sus juguetes para adentrarse en su habitación sin saber que un observador había quedado hipnotizado y excitado con la escena.