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DANCE WITH THE DEVIL.

DANCE WITH THE DEVIL.

Autor: : Beahh
Género: Romance
Briella. Nunca crei en fantasmas. Seres sobrenaturales. Dioses. Angeles. Demonios... Hasta que lo conocí al borde de la muerte... de mi muerte. Me ofreció un trato, le vendí mi alma. Ahora paso cada día pensando en cuando vendrá a cobrar mi deuda. **** Sytry. Los demonios no hacemos favores. Personalmente no cometo errores. Pero su sangre olía tan dulce y me pareció una pena dejarla morir sin probar lo que podría ofrecerme. Así que la salve. Le ofrecí un trato. Me robe su alma. Y es tiempo de cobrar lo que me pertenece.

Capítulo 1 CERO: EL PRIMER ENCUENTRO.

BRIELLA.

Nunca había tenido suerte.

Supongo que así sería hasta el día de mi muerte.

Nunca di un primer beso.

Nunca nadie me tocó inapropiadamente.

Nunca hice nada más que soportar los golpes de mi padre y luego los de la madre superiora.

Así que supongo que no sería extraño morir de la misma manera.

Miro el acantilado ansiosa porque esto termine.

-Mereces morir como la puta perra que eres.

El hombre que me engendró me mira y escupe alejándose en medio de la noche.

No, no lo merecía pero hace tiempo que deje de responder.

La oscuridad podría ser un lugar aterrador, la sensación de estar desangrándome se parecía mucho a cuando estaba exhausta.

Demasiado cansada para luchar.

Las estrellas aquí siempre parecen brillar mucho más de lo normal, implorándome que me mueva, que la esperanza está ahí al alcance de mis manos solo tengo que quererla con todo el corazón.

Quizá sea el momento perfecto para orarle a ese hombre con el que hace años atrás me case, figurativamente, ya sabes, ese dios del que todos hablan pero que nunca me mostró misericordia.

Pero que se joda ¿no? Preferiría llamar a su maldito rival, ¿donde están los demonios cuando los necesitamos? Mierda, ojala pudiera invocarlos.

"Si alguno está escuchándome joder, te daré mi alma"

Cierro los ojos escuchando el murmullo de las aves nocturnas que me verán morir.

"Como sea"

Mis dedos tocan la herida en mi estómago.

Hay demasiada sangre.

Está tibia y pegajosa.

"Mierda. Ew"

"¿Cuánto tiempo tarda una persona en morir?"

-Mucho. Si sacas esa navaja será más rápido.

La voz masculina me obligó a abrir los ojos.

¿Estoy alucinando? Debe ser un maldito efecto secundario.

-No lo es, estoy aquí.

Intentó levantar la cabeza buscó por todas partes sin éxito.

"¿Dios?"

Una risa profunda me hiela los huesos, se siente con un montón de hielos bajando por donde debería viajar mi médula ósea.

-Dios nunca viene a ayudar, pastelito.

Es entonces cuando lo veo, observándome como un animal mal herido y joder, en cierto modo lo soy, los humanos también somos animales, bestias mucho peores que las que se esconden entre los arboles de este bosque.

Un hombre, lleva una gabardina con el cordón ajustado a su cintura, su cabello castaño esta despeinado y puedo ver sus botas negras debajo de sus pantalones perfectamente lisos.

"¿Qué carajo?"

Sonríe con los brazos cruzados en el pecho, no hace absolutamente nada y eso ni siquiera me extraña, nunca nadie ha hecho algo por ayudarme.

Me retuerzo sobre las hojas secas, crujen debajo de mi habito intento levantarme.

-Una luchadora.- dice todavía mostrándome esos caninos que parecen mucho mas afilados de lo normal.

No digo nada, no hago nada, solo... joder, ¿cuanto tardara esto?

-¿De verdad solo morirás así?

Su pregunta golpea mi frágil ego pero ese mismo es el que me trajo hasta este maldito momento, disculpa si solo quiero tener una muerte pacífica.

-¿Quién eres?.- por un segundo el dolor se disipa, así que lo aprovecho tanto como puedo.

-Alguien que puede ayudarte.

Suelto un resoplido que se mezcla con una risa extraña.

-¿Llamarás a una ambulancia?

"¿Crees que no le he intentando?" "¿Qué no lo hemos intentado todas?"

Sonríe de nuevo como si estuviera satisfecho.

-¿Quién necesita un medico?

Cierro los ojos sintiendo como poco a poco el dolor vuelve cada vez mas y intenso, gimo de dolor retorciéndome sobre la tierra, es extraño porque el dolor se va.

¿Qué es todo esto?

El sudor en mi frente corre por mi cien.

-¿Qué es lo que quieres?

"¿Y porque no me dejas morir en silencio?"

Camina hasta el borde del precipicio se inclina de espaldas a él mirándome sus ojos son tan parecidos a los de un gato que me asustan, brillan como farolas en la oscuridad pero todavía distingo el dorado en uno de ellos y el azul en otro.

Es jodidamente hermoso, sus pómulos son altos y su mandíbula afilada podría cortarme los dedos si los pasara por ella, los rastros de barba podrían parecer descuidados pero en él parece perfectamente planeado.

-Esa es mi pregunta pastelito, ¿que es lo que quieres?

Aprieto los dientes inspirando hondo, su fragancia me embriaga, es algo que nunca he olido antes, algo tan... poderoso, huele a madera ahumada y a moras o cítricos o sal de mar, o mierda como si todo eso junto fuera posible y todavía estuviera ansiosa por guardar ese aroma en un frasco.

-Quiero...- hablo por inercia, como si se tratara de un impulso que siempre estuvo en mi pecho.- Vivir.

Escupo palabras torpes porque el dolor empuja mi estomago.

El extraño sonríe apartándome el cabello del rostro, las llenas suaves de sus dedos me provocan escalofríos, su piel esta hirviendo.

-Hagamos un trato pastelito.- se acerca hasta que su rostro casi toca el mío, inhalo con fuerza por la boca y gimo un poco por el dolor, todavía me maldigo por pensar que de cerca es todavía mas guapo, demasiado atractivo para el bien de cualquier mujer.

-¿Un trato?

-Tu alma.

Por un momento incluso el silencio se agudiza, no hay nada por un segundo, ni el viento, ni el sonido de los grillos arrullándome, es un vacío inexplicable.

-¿Q-que eres?

Se pone de pie y la silueta que forma cuando se gira al abismo es una completamente diferente, un animal... un ave, un leopardo... ni siquiera tiene sentido porque cuando vuelve a mirarme sigue siendo la perfección humana.

-¿Quién soy? Soy alguien que esta dispuesto a ayudarte, sabes... he estado aburrido y en este pueblo de mierda hay pocas cosas que me entretienen, pastelito.

Frunzo el ceño.

He leído la biblia, me la se de memoria gracias a todos los golpes que el pastor me propiciaba cada puta mañana.

"tu alma no se puede vender, cualquier acción para hacerlo es simplemente apartarse de Dios. Te condenas no por el hecho, sino por la intención del hecho"

Es imposible, los demonios no existen.

Pienso cada vez que ore a dios, cada noche que le suplique que me ayudara, nunca apareció.

Aquel hombre vuelve a acercarse, esta ves me toma del cuello jalándome hasta que nuestras narices se juntan, hasta que casi puedo sentir sus labios y me paralizo.

-A partir de ahora soy yo tu dios, tu salvación, tu única esperanza.

-Yo no...

Sonríe y el dolor se intensifica, siento que algo me presiona, grito llena de desesperación e incluso sudo por el dolor, mi vista es borrosa y apenas si puedo mantenerme despierta.

"No puedes morir así, no puedes morir y dejar que se salga con la suya"

Un grito desgarrador sale de mi garganta y luego... nada.

Desaparece por arte de magia.

Respiro a toda velocidad llena de pesadez.

-¿Qué... carajo? ¿Como es posible que...?

-Puedo liberarte de ese dolor.- ofrece.- Puedo darte poder si es lo que quieres, puedo protegerte.

-Nadie puede protegerme.- lo sé porque he vivido en el mismísimo infierno durante 21 años.

Su mano acuna la mía, una ola de acidez se apodera de mi cuerpo y de pronto... se ha ido, el dolor.

Reviso cada centímetro de mi cuerpo, sano, sin una jodida cicatriz, me incorporo al fin y lo miro sorprendida.

-Es temporal pastelito, pero puedo hacerlo realidad, solo necesitas decir que si. Sin embargo si dices que no...

El dolor vuelve con mas fuerza y la desesperación se come mis entrañas.

-Morirás lentamente, con tanto dolor que...

-¡Jódete!.- grito para nadie en especifico, para todos, para nadie.

-Aw, pastelito, sabes maldecir, pero el tiempo se te acaba. Tik tak, tik tak.

Mueve el dedo indice de un lado a otro, sin parar mientras me deja respirar.

De pronto como si no lo supiera ya o toda la sangre me gritara que soy una estúpida, sé que si no tomo lo que me ofrece... moriré.

Será una muerte injusta y probablemente mi fantasma ronde por los al rededores para siempre.

"Mierda"

No quiero eso.

-Si... nadie quiere eso.- resopla con diversión.

-¿Puedes escuchar lo que digo?

-Si.

-Si hacemos... el trato, ¿dejaras de oírme?

-Si.- repite sin darme una explicación.

Miro al cielo, las estrellas han desaparecido y no se si es una señal para que corra a mi muerte o una para decirme que la salvación ha llegado.

Como sea.

-Lo haré.

Una sonrisa siniestra provoca que mi estomago se retuerza no tengo miedo, es... algo diferente un par de agujas pinchando mi interior en algo que jamás en toda mi vida había sentido, adrenalina, emoción, excitación....

Sonríe aun mas grande acercándose.

-Sabía que algún día te encontraría.

Toma mis dedos entre los suyos sin esperar respuesta y saca un artefacto redondo que parece un guardapelo, de él saca una pequeña cuchilla en forma de serpiente, besa mi mano inhalando no fuerza y corta tres veces seguidas mi palma formando una estrella, deja que la sangre caiga en el interior del aparatejo y luego hace lo mismo con su mano, la sangre se quema, arde en un fuego intenso y hermoso, puedo sentir como todo en mi se inunda de un rojo poderoso, el brillo me deja completamente ciega, todo lo que veo es a él.

Y luego rojo, rojo, rojo....

Capítulo 2 UNO: DE VUELTA A CASA.

BRIELLA.

Rojo...

Mis ojos se abren de golpee y respiro con fuerza.

El sentimiento de estar ahogándome me obliga a arrancarme los malditos cables en mi cuerpo.

Miro en todas direcciones esto es...

-¡Tranquila! ¡Doctor!

Las manos suaves que reconocería en cualquier lugar apenas me mantienen en la cama.

Me toco el costado esperando sentir la herida.

Esta ahí, un parche cubre lo que sospecho es una costura.

-¿Qué...

-Cariño, respira... debes estar asustada dios mío.

Aprieto los dientes, mierda si no conociera a esta horrible mujer y sus castigos creería que esta preocupada por mi.

Los recuerdos de la noche que me torturaron hasta que casi muero me golpean como una tormenta arrasando con todo a su paso.

El doctor entra a toda prisa, me revisa los ojos, la boca, los dedos, todo hasta que sonríe acariciando mi cabello.

-Briella, estarás bien, tienes mucha suerte.

Abro la boca para responder, pero, como siempre, la madre superiora Datura me roba la palabra, sonrie tomando mi mano.

-Debe ser una bendición, oramos a dios durante todo el mes, tus hermanas pasaron noches enteras en la capilla Briella, cuando vuelvas deberías agradecerles.- esto ultimo me da escalofríos, porque puedo traducir perfectamente sus palabras.

"Has causado problemas"

-Te haremos un chequeo completo, tal vez puedas irte a casa esta misma tarde.- el. Doctor sonríe ajeno al infierno al que me esta enviando.

Recuerdo a mi padre, intentando arrancarme lo único que jamás le daría, su risa martillando mis oídos y la manera en la que nadie se atreve a hacer o decir nada, puedo recordarme mirando las estrellas y el destello de sangre en mis mano, pero no tengo idea de como llegue aquí.

Cuando el doctor abandona la habitación, Datura me mira con los ojos llenos de rabia, sus uñas se clavan en mi piel y mi palma izquierda hormiguea.

-¿Sabes lo que hiciste Briella?

Agacho la mirada y asiento, no hice nada malo, pero no sirve de nada luchar contra ello.

-Si, señora.

Sus uñas duelen cada vez mas pero no me muevo.

-¿Y sabes que mereces un castigo verdad?

Aprieto los dientes.

-Si, señora.

-Bien, porque el pastor esta muy decepcionado de ti y cuando volvamos a la iglesia quiere hablarte, mas te vale comportarte como la buena paloma que eres.

-Si, señora.

Me suelta después de unos minutos y yo escondo las marcas bajando la manga de mi pijama hospitalaria.

El chequeo termina con una sonrisa del personal, todos me felicitan y se alegran por mi, somos monjas de clausura naturalmente soy un caso especial, nunca salimos del convento y probablemente nunca vuelvan a verme.

Nos marchamos del hospital sin decir una palabra, debería estar feliz porque estoy viva, pero todo lo que siento es miedo y rabia.

***

Mi habitación es un pequeño cubo gris, un crucifijo cuelga de la pared sobre la puerta, una silla de madera tapizada de rojo terciopelo espera en la esquina y un escritorio de madera podrida y desgastada alberga mis escasos libros que han sido una donación de las personas que viven en el pueblo.

Miro el habito nuevo sobre mi cama.

Papá desgarro el ultimo.

Suspiro resignándome, me meto en la fría ropa, miro mi reflejo en la ventana que me permite ver la vida que me ha sido privada en el exterior y trago intentando calmarme al tiempo que mi palma izquierda pica y hormiguea.

Dos golpes en mi puerta me sacan de mi trance y me giro para ver a Zad, uno de los pocos buenos que conozco en este lugar.

Sus ojos me examinan, entra cerrando la puerta lentamente, él sabe que no debería estar aquí, si lo atrapan me castigaran.

-Gracias a Dios...

Me toma de las manos acercándome a él pero me suelta casi de inmediato, empujándome como si le quemara.

-¿Briella?

-¿Zadkiel?

Abre la boca para decir algo pero se arrepiente a la mitad de camino.

-¿Qué sucedió?.- pregunta con cuidado.

-Yo... no lo recuerdo.- miento.

-La policía estuvo aquí la noche que...

Frunzo el ceño.

"Mierda, papá debe estar realmente molesto"

-Zad, puedes decirlo.

-La noche en que te atacaron.

Intento obtener la mayor cantidad de información, cuando hable con papá no quiero equivocarme.

-¿Qué paso?

-¿De verdad no lo recuerdas?

Niego con la cabeza.

-Un loco entro a la fuerza, atacó al pastor a Datura y te secuestro, afortunadamente alguien te encontró en el bosque y pidió ayuda en el pueblo, de no haber sido por eso no sabríamos si tu...- se golpea la cabeza negando.- por dios no, no sabríamos si volverías.

-¿Quién era... el hombre que ma ataco?.- digo apretando los dientes.

-No pudimos reconocerlo, pero tal vez alguien con resentimiento a la iglesia, tu estabas rezando en la capilla principal te vio de inmediato.

Asiento respirando profundo.

Recuerdo a mi padre dejando que Datura hiciera eso... con la boca, de rodillas frente a él, los gritos ahogados y mi biblia cayendo, luego lo recuerdo furioso luego... nada.

-Es un alivio que estes bien.- dice sin tocarme, sonríe, sus Cabello castaño baila con una pequeña fuga de viento en mi ventana, es realmente atractivo y se ve tan joven para su edad.

-Gracias por preocuparte Zad, escuche que rezaron toda la noche.

-¡por supuesto que lo hicimos! Queríamos tenerte de vuelta.

Alguien toca la puerta pero no entra, la voz de Datura inunda el espacio mientras Zad se queda quieto.

-El pastor quiere verte Briella.

Tiemblo debido al escalofrío que me provoca, escuchamos cuando se aleja y soltamos el aire.

-Tengo que irme.

-Te veré mañana.- se despide mientras abro la puerta y me marcho.

Camino entre los fríos pasillos de concreto sintiendo que mi cuerpo hormiguea con cada paso que doy.

Una vez que llego a la capilla principal, las imágenes religiosas se imponen sobre mi cabeza, la alfombra evita que mis pasos se escuchen pero él de alguna manera sabe que estoy aquí.

-¡Pasa!.- su grito rebota en las paredes.

Empujo la puerta con el suave rechinado de la misma como mi compañera.

El olor a madera vieja y libros desgastados me revuelve el estomago, camino suavemente hasta llegar al pequeño atrio que tiene frente a su escritorio, me coloco de rodillas frente a él con la cabeza agachada, para el sacerdote... no... para mi padre nunca ha habido ningún dios, es él quien se proclama como si lo fuera, como si fuera él mismo el que resucito.

Su mano se enreda en mi cabello aun con el habito puesto, me obliga a mirarlo.

-¿Sabes lo que has hecho?

Aprieto los dientes intentando controlar mis impulsos, clavando las uñas en mi palma que quema, arde como si acabaran de calcinarme.

-Si.- miento, no hice nada malo.

-Dilo.- me ordena lleno de rabia.

-Estuve fuera de mi habitación lejos del toque de queda.

-¿Qué mas?.- su mano aprieta el agarre provocando que mi cuero cabelludo arda.

-Yo...- cierro los ojos.- lo siento no puedo recordarlo.

Debe ver algo en mi mirada porque me suelta, luego se marcha poniendo en su rostro esa falsa sonrisa.

Solo entonces puedo respirar.

-No olvides que mentir en la casa de dios es un pecado imperdonable Briella.

-No, señor.

-Pensaré en tu penitencia.- se acerca a mi de nuevo pasando el dedo áspero por mi barbilla, obligándome a levantar el rostro para observar su mirada lujuriosa recorrer mis pechos incluso bajo el habito provocándome una ola de ira.- Vuelve a tu habitación y reza por tu perdón, hija mía.

Cierro los ojos y salgo inclinándome como si fuera la realeza, le doy una ultima mirada al atrio detrás de él miro a ese dios que se supone debería cuidarme.

Llena de resentimiento cierro la puerta y respiro al fin.

Capítulo 3 DOS: EL MIRADOR.

SYTRY.

Huelo el deseo a kilómetros.

Me encanta provocar

Me gusta jugar.

Los seres humanos siempre buscan un poco de placer, las mujeres especialmente tienen el control sobre su instintos carnales yo las llevo al límite, las empujo tan duro que podrían correrse en un segundo, pero eso mata la diversión.

Hace años no me divierto lo suficiente.

Todas son desechables, nadie vale la pena, la gran mayoría se baja las bragas en cuanto me ve y ni siquiera debo hacer uso de mis dones.

Balanceó las piernas en el aire dejando escapar el aire del cigarrillo entre mis labios, esta cruz es bastante cómoda y desde este convento tengo la mejor vista del pueblo.

Las luces parpadean y algunas brillan hermosas, las mujeres bailan con sus hijos mientras preparan la cena y los hombres salen por la leña para sus estúpidas chimeneas.

Lo mismo de siempre.

Pero es por eso que estoy aquí.

Necesitaba un respiro.

Soy un maldito demonio no debería necesitar un puto respiro, pero lo hago, no tengo interés en coleccionar almas, tampoco deseo escalar la pirámide de los lamebotas de Lucifer.

Cuando vives demasiado hay poco que te impresiona.

Termino mi cigarrillo e inspiro hondo el dulce aroma se mezcla con el maldito humo, algo en mi pecho se extiende como una maldita droga.

"Sangre"

De alguien jodidamente pura.

"Tengo que probarla"

Miro en todas direcciones, la sangre tiene que venir de algún lugar cercano, pero todo parece tranquilo, incluso para el este pueblo de mierda la noche parece más sombría que el resto de ellas.

Cierro los ojos agudizando el oído.

Está en las profundidades del bosque, salto de inmediato y serpenteó entre los árboles.

Es una imagen pintoresca una barroca como las que solía hacer ese tipo Caravaggio.

Una monja tirada en medio de las hojas secas de otoño, su habito está roto por todas partes, si empuja solo un poco su cuerpo caerá al precipicio.

Inspiró hondo, escucho sus pensamientos.

Quiere morir.

Una sonrisa se extiende por mi rostro.

Puedo escuchar cada palabra que esta pensando, pero también puedo sentir su desesperación, no por vivir, sino por algo mucho mas siniestro.

Destrucción.

Venganza.

Dolor.

Hace siglos que no me divertía tanto, la excitación corre por mis venas como una perra, llenándome el cuerpo de intensa adrenalina a la que me entregaré sin objeción.

Me acerco con pasos decididos.

Le ofrezco un trato.

Me da su sangre.

Y la convierto en mía.

***

Termino mi paleta helada de uva, uno de los pocos placeres mundanos que disfruto, muerdo el hielo dejando que el sabor se escurra por mi lengua y tiro el maldito palo inútil.

Observo a esa pequeña monja pervertida y ahora maldita.

Corta las flores del jardín del convento, moviéndose hábilmente de un lugar a otro, cargando su pequeña canasta repleta de colores.

La recuerdo ensangrentada y desesperada, a medida que los días pasan me vuelvo mas y mas impaciente.

Quiero tenerla.

Echo la cabeza atrás cerrando los ojos intentando respirar su delicioso aroma pero se ve interrumpido por un terrible hedor a incienso, arrugo la nariz y miro directamente al portador, el maldito intruso que ya puedo sentir como se interpondrá entre nosotros.

"Hijo de puta"

Mi voz interior susurra y me doy la libertad de mirarlo desde mi cómoda cruz en la punta de la iglesia.

Gira la cabeza mirándome directamente, él sabe que estoy aquí.

Sonrió estirándome, él parece querer asesinarme, puedo escuchar la voz de mi pequeño pastelito, dice algo sobre el clima y el maldito ángel a su lado sonriendo acariciando su cabello, aprieto los dientes casi sangrando por la boca.

Él ya debería saber que ella me pertenece.

¿Entonces como es posible que todavía pueda permanecer cerca de ella?

Su mirada vuelve a la mía y decido que es hora de desaparecer, porque por mucho que me gustaría arrancarle esas putas alas blancas y tirar de su cabello dorado, hay mucho que tengo que hacer antes de comerme por completo él alma de mi pastelito.

Saco el dedo medio y se lo muestro, el maldito ángel frunce el ceño y niega volviendo a prestarle atención al pastelito.

Desaparezco entre las nubes, sin dejar rastro de mi presencia.

***

Mirarla se ha vuelto parte de mis actividades favoritas, me encanta sentirla cerca y observar como se rasca la palma de la mano recordatorio de que me pertenece y de que cada segundo que puede respirar es solo porque yo se lo permito.

Termino mi pastel de chocolate botando la envoltura.

-No es correcto botar la basura.- esa maldita voz angelical hace que me duelan los oídos

-Si quisiera saberlo, le habría preguntado a cualquier santurrón en este maldito pueblo.

Giro la cabeza para verlo a mis espaldas, parado sobre el otro extremo de la cruz, con un bonito traje azul marino, a diferencia de esa sotana horrible que usa cuando esta merodeando a mi pequeño pastelito.

-¿Qué estas tramando Sytry?

La sonrisa se extiende por todo mi rostro pensando en la manera que pastelito se extendería sobre una mesa áspera a la luz de las velas, gimiendo mi nombre, llorando por la necesidad que le causo, entregándome su sangre desesperada porque yo la beba.

-¿Qué podría estar tramando Zadkiel?

-¿Enserio me preguntas eso? Eres un demonio, si no fuera por ti yo no tendría que estar aquí perdiendo el tiempo.

-¿Ser tan engreído no es un pecado?.- suelto poniéndome aun más cómodo.

-Ahórrate la superioridad moral, eres un demonio perverso, te he olido mucho mas cerca últimamente.

-Te extraño.- suelto un puchero y rueda los ojos, poniéndose de pronto frente a mi, pisando mi mano, me burlo de él ignorando la picazón.

-No vas a salirte con la tuya.- deja ir mi pie sonriendo, sabiendo perfectamente que un poco mas de tiempo podría quemarme.

Conozco a Zadkiel casi desde que llegue a este pueblo que yo creía abandonado por dios, es obvio que nunca podríamos tener una buena relación pero si el bastardo engreído no se mete conmigo, tampoco me meto con él.

-No tengo ni la menor idea de lo que hablas niño bonito, deberías cuidar mejor tus alas, parecen de utilera, ¿son si quiera reales?.- estiro la mano para acariciar las plumas brillantes pero se aleja de inmediato.

El pequeño pastelito sale al jardín, cargando lo que parece ropa sucia, limpia su sudor con el dorso de la mano y puedo ver como brilla la estrella, reflejando mi marca personal.

Él también la ve.

"Lo sabe"

La rabia en sus ojos se cuela por sus poros y su mano me agarra por la garganta dejando las marcas de cadenas en mi cuello, finjo que no arde y lo miro sin moverme.

-¿Qué le hiciste?

-Sabes que no puedo tocar a nadie sin que ellos me lo permitan.

Es una regla implícita, puedo tomarlos y marcarlos solo cuando ellos acepten el trato.

-¡Los engañas! Eres una rata mentirosa.

-Cálmate querubín, ella sabía lo que hacia.

-No dejare que te la lleves.

-No hay nada que puedas hacer al respecto, y, siendo sinceros, ¿que se supone que hacías mientras ella se desangraba?

-Eso es...

-¿Una conferencia con papi?

Aprieta mi cuello levantándome hasta que me pongo de pie, luego ambos nos detenemos, su mirada se cuela entre nosotros, incluso desde el majestuoso patio su mirada se encuentra con la mía, frunce el ceño, niega con fuerza y luego mira a Zadkiel quien vuela conmigo por los aires hasta hacernos desaparecer.

Las excitación recorre mi cuerpo.

Es mía, siempre fue mía, solo debía encontrarla, solo debo tomarla cuando quiera.

Y la quiero ahora.

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