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DE DAMA A REINA

DE DAMA A REINA

Autor: : Jorleny Flores
Género: Romance
Carolina Martínez es abogada y no cualquiera, ella es la mejor abogada de New York y Estados Unidos, su carrera esta en lo más alto; conocida como La Dama de la corte en ese país, su vida es como ella deseaba, sus sueños que tenía planteados a corto y largos plazos ya los cumplió. Todo por su largo historial en la¡corte, así como también la forma en que ayuda a todos los que llegan a su despacho. Pero hay varios factores en su vida qué a muchas personas no les gustaría, y sí lo hicieran serían como Pilato tirarían la piedra y esconderían la mano. Te preguntarás ¿Cuáles son? Púes te lo responderé, no te indigestiones o critiques, éstas advertido desde ya. Iniciemos con su vida privada; ella es demandante, ordenada, segura, sensual, hogareña en algunos aspectos de su vida y una mujer muy activa sexualmente. Sus gustos sexuales van desde estar con un hombre hasta una mujer, en el día de hoy la sociedad critica fuertemente a las personas que tiene sexo casual, más si es una mujer siendo catalogada una zorra, puta y otros adjetivos, muchas veces se pregunta ¿Por qué la sociedad es así de machista? Porqué eso es lo que es, machismo de parte de los hombres que se creen que solo ellos pueden disfrutar de su sexualidad, a ellos no se le puede catalogar con adjetivos que dañan moralmente. Es por eso que ella recurre a un club llamado El Paraíso, uno que es conocido por ser el más prestigioso y exclusivo, puede entrar cualquiera, con que paguen su mensualidad la cual hay que recalcar que no es poca, para ello se cumple una serie de requisitos, donde una vez que entras tu piel hormiguea, se enciende como si estuvieras en el mismo infierno, un nombre demasiado curioso para lo que se disfrutaba adentro, aunque si lo analizaba bien realmente el nombre si daba su talla, por algo era el Paraíso. Es ahí en donde una noche de las cuales ella va a ese club, conoce a un hombre, misterioso, enigmático, hasta podría decirse que peligroso por el aura que le rodeaba y inicia con él unas noches llenas de pasión, lujuria, deseo y misterio, donde solo sus cuerpos se tocan, se callan sus bocas con besos posesivos, furiosos, llenos de una pasión que arrasaba su sangre, que le hacían perder el juicio, que deseaba repetir hasta el fin de sus días de ser posible. Pero hay muchos secretos que esconden ellos, estos son bien resguardados como si fuese una caja de pandora, y el día en que se llegue abrir uno de ellos sería el fin de alguno de los dos o el inició de ambos. Los dos son peligrosos a sus maneras, sólo cambiaría el rumbo de las cosas aunque fueran a dar a la misma frontera del destino, sus acciones tendrían peso en el futuro de ambos y este perjudicaría mucho en sus vidas. Dolor, odio, desamor, amor, sangre, venganza, muertes y mafias es lo que encontrarás en la historia de Carolina, pero sobre todo ella quiere a qué su título cambie y convertirse «DE DAMA A REINA» ese hombre que la vuelve una dependiente y una mujer deseosa de más, sobre todo le da el valor de engrandecerse aún más, dejando a un lado su anterior titulo para volverse en lo que realmente es. Descubre conmigo que pasa en esta historia.

Capítulo 1 Sinopsis

Carolina Martínez es abogada y no cualquiera, ella es la mejor abogada de New York y Estados Unidos, su carrera esta en lo más alto; conocida como La Dama de la corte en ese país, su vida es como ella deseaba, sus sueños que tenía planteados a corto y largos plazos ya los cumplió.

Todo por su largo historial en la¡corte, así como también la forma en que ayuda a todos los que llegan a su despacho.

Pero hay varios factores en su vida qué a muchas personas no les gustaría, y sí lo hicieran serían como Pilato tirarían la piedra y esconderían la mano.

Te preguntarás ¿Cuáles son? Púes te lo responderé, no te indigestiones o critiques, éstas advertido desde ya.

Iniciemos con su vida privada; ella es demandante, ordenada, segura, sensual, hogareña en algunos aspectos de su vida y una mujer muy activa sexualmente.

Sus gustos sexuales van desde estar con un hombre hasta una mujer, en el día de hoy la sociedad critica fuertemente a las personas que tiene sexo casual, más si es una mujer siendo catalogada una zorra, puta y otros adjetivos, muchas veces se pregunta ¿Por qué la sociedad es así de machista? Porqué eso es lo que es, machismo de parte de los hombres que se creen que solo ellos pueden disfrutar de su sexualidad, a ellos no se le puede catalogar con adjetivos que dañan moralmente.

Es por eso que ella recurre a un club llamado El Paraíso, uno que es conocido por ser el más prestigioso y exclusivo, puede entrar cualquiera, con que paguen su mensualidad la cual hay que recalcar que no es poca, para ello se cumple una serie de requisitos, donde una vez que entras tu piel hormiguea, se enciende como si estuvieras en el mismo infierno, un nombre demasiado curioso para lo que se disfrutaba adentro, aunque si lo analizaba bien realmente el nombre si daba su talla, por algo era el Paraíso.

Es ahí en donde una noche de las cuales ella va a ese club, conoce a un hombre, misterioso, enigmático, hasta podría decirse que peligroso por el aura que le rodeaba y inicia con él unas noches llenas de pasión, lujuria, deseo y misterio, donde solo sus cuerpos se tocan, se callan sus bocas con besos posesivos, furiosos, llenos de una pasión que arrasaba su sangre, que le hacían perder el juicio, que deseaba repetir hasta el fin de sus días de ser posible.

Pero hay muchos secretos que esconden ellos, estos son bien resguardados como si fuese una caja de pandora, y el día en que se llegue abrir uno de ellos sería el fin de alguno de los dos o el inició de ambos. Los dos son peligrosos a sus maneras, sólo cambiaría el rumbo de las cosas aunque fueran a dar a la misma frontera del destino, sus acciones tendrían peso en el futuro de ambos y este perjudicaría mucho en sus vidas.

Dolor, odio, desamor, amor, sangre, venganza, muertes y mafias es lo que encontrarás en la historia de Carolina, pero sobre todo ella quiere a qué su título cambie y convertirse «DE DAMA A REINA» ese hombre que la vuelve una dependiente y una mujer deseosa de más, sobre todo le da el valor de engrandecerse aún más, dejando a un lado su anterior titulo para volverse en lo que realmente es.

Descubre conmigo que pasa en esta historia

Capítulo 2 Uno

Capitulo 1:"El inicio de todo"

•Años atrás... •

¿Quién era Carolina Martínez?

Vamos a iniciar con su infancia una llena de amor, donde sus padres a pesar de que siempre estuvieron ahí en cierto momentos de su vida, había ocasiones en donde pasaba parte de esta misma sola, sin que ellos estuvieran cerca en los momentos en donde caía y se golpeaba con fuerza su pequeño cuerpo, también debía de saber que no faltaron besos de buenas noches en su frente cada vez que estaba en cama cuando ellos estaban en casa, la niña que le llevaron a los juegos de distintos centros alrededor del país, de la chiquilla que le temía a las noches de lluvia, que creía en los monstruos debajo de la cama o en el armario, y que no se olvide de la pequeña niña que soñaba con ser cantante de ópera solo porque a sus padres les gustaba ese tipo de música y que juraba darles un concierto gratis solamente a ellos. Con tal de que no le dejarán sola.

Ahora vamos con su adolescencia, no fue como la de cualquiera chica se su edad, esas que eran llenas de risas, llena de anhelos, pero no de amor, a pesar de que estaba acostumbrada a que sus padres estuvieran viajando dejándola sola con sus abuelos, esas personas que le dieron el amor más auténtico y puro que puede existir, fueron ellos quienes le motivaron a ser lo que deseaba, que no tuviera límites, que sus sueños sí se podían cumplir y que nadie debía detenerla, pero cuando llego a la universidad descubrió cosas, un mundo distinto, momentos distintos, personas que le entendían y no juzgaban, pero habían personas que no comprendían que dañaban y causaban un gran odio en su ser, que guardaba muy bien en su interior. Un odio que crecía a pasos grandes, para que el día en que saliera sería el peor momento de la vida misma.

Nadie quería ajuntarse con una chica que sus ojos cambiaban repentinamente, que sus cambios emocionales eran igual, que poseyera dos personalidad o más, según su psicólogo decía que una persona así era especial, como los que padecían de esquizofrenia ellos tenían un don diferente a los humanos corrientes, ¿Por qué siendo diferente deseas ser alguien normal? Era la pregunta que le había hecho una vez, y no supo que responder en ese momento.

Y él tuvo razón, fue cuando se aceptó como era, una mujer que tenía una personalidad distinta y única. Ha ella le gustaba ver sus manos manchadas de sangre, que sonreía cuando sentía que está comenzaba a escurrirse entre sus dedos, para muchos le podía parecer asqueroso, repulsivo e incluso un asesino en serie, aunque bueno esto último lo era; pero nadie sabía el trasfondo de ello. Solo era una mujer que liberaba al mundo a personas que eran un asco en la sociedad, total nadie los extrañaría y si lo hacían ¿Quién en su propio juicio se a juntaría con un pedófilo? Porqué ella estaba claro que ni loca lo haría, aunque bueno loca ya estaba ¿Pero a quien le importaba saber eso?

Pero no hacia eso sola, no, ella tenía a una persona que le ayudaba en investigación de dicho muerto, eran un dúo se complementaban al perfecto, todo había iniciado cuando ella cumplió los dieciséis años ella lo recordaba como si fuese sido esa misma noche, un día lleno de nieve, el mes de diciembre, se suponía que ése mes era uno de amor, paz y muchos regalos pero no es así, ya que para su suerte encontró a una persona que no destilaba amor, al contrario destilaba un hedor a alcohol y a suciedad que le revolvieron el estómago.

No para ella que la pasaba sola, exactamente un quince de diciembre a las once y veinticuatro minutos de la noche, fue cuando sucedió su mente quedo en blanco, transformándose en una jovencita peligrosa que mató a un hombre con una piedra que le dejó el rostro desfigurado y que en el pecho le hizo una «C» con la misma piedra, sus manos, rostro y ropaje estaba lleno de sangre, eso a ella le causo satisfacción que no podía igualar, le pareció extraño sentir esa sensación pero le gusto y anhelo más.

Pero no supo nada de ello hasta que un muchacho se acerco a ella vestido de negro, en su rostro traía una sonrisa lobuna y divertida, el brillo en sus ojos color turquesa le hacia dar un toque de misterioso, ella tragó saliva y se frotó las manos cuando el apoyo una de las suyas sobre el hombro de ella, haciendo que brincara del susto, aunque no le asustaba que le viera ¿Era raro? Pero eso era la verdad, no sintió miedo de que haya presenciado ese exacto.

-¿Qué harás con el cuerpo? -preguntó el chico, el acento de él a ella le causo un escalofrío en su espina dorsal y que se expandió por todo su cuerpo.

-Dejarlo ahí -respondió ella encogiéndose de hombros, se había dilató en responder.

Porque primero no había pensado en ello, la ira le había llegado con la misma rapidez que el este se esfumó. Odiaba todavía sentir el aire que salía de sus labios por el cuello, las manos de ella en su cuerpo.

El chico sonrió divertido soltando un suave risa, haciendo que ella lo observara confusa ¿De qué se reía ese chico? Se pregunto así misma. Rodó sus ojos segundos después y volvió a fijar su mirada en sus manos esas que estaban bañadas en carmesí, el chico se puso frente a ella y con dos dedos de su mano derecha le hizo subir la mirada haciendo que sus ojos se encontrarán.

-Tus ojos, tus manos y rostro tienen el arte de la misma masacre -comentó él, recorriendo con sus yemas los labios de ella.

Aquella frase hizo que el rostro de ella se llenará de un sonrojo poco inusual. Era un halago sumamente raro, pero que le gustó.

-¿Me miro hermosa? -le preguntó ella en voz baja, mirándolo a través de sus pestañas.

Aquel individuo asintió sonriendo acercando su rostro al de ella, mientras su mirada estaba fija en sus labios y la de él en los suyos donde por inercia se paso la lengua por los labios los cuales estaban salpicados de sangre, fue entonces donde ella dio su primer beso, un beso lleno de sangre y deseo. Ambos jóvenes se besaron sin importarles que estaban a oscuras y salpicados de sangre caliente.

-Mucho más hermosa de lo que te imaginas -susurró cuando el aire les faltó y se tuvieron que separar.

Ella le sonrió, dejando ver sus dientes. Sus ojos brillantes y apoyando sus manos en el pecho de él, sintiendo en sus palmas el fuerte palpitar de su corazón.

Desde entonces ambos fueron inseparables, ambos eran igual de locos, tóxicos y anhelantes de sus cuerpos, ella se entregó a él, fue su primer hombre, su primera vez, su primer en todo referente a su vida sexual y estaba ahora el tiempo ese que pasaba sin importarle lo que pasará y sin impórtale que sentimientos cultivaba, esperando la cosecha.

∆∆∆

Carolina siempre ha sabido disfrutar, definir y analizar su entorno en su exterior. Desde que tenía uso de razón había sido así, por eso decidió estudiar Derecho con especialidad en casos Penalistas, aunque tomaba casos comunes con tal de hacer los actos que personas no deseaban, sólo porque no tenían dinero para pagar sus servicios.

A su veintiséis años tenia la reputación que siempre deseo, aunque su apellido influenciaba en casi la mayoría del tiempo, detestaba muchas veces que en referente a su vida, ellos no deberían de meterse en sus pasos, aún así fueran malos, ella se prometió empezar desde cero, no tanto su padre como madre no metieran sus manos en las decisiones que tomaría respecto a su carrera y así fue.

En su primer semestre conoció a quienes ahora eran sus amigos más cercanos, el que se conformaba por tres mujeres y dos hombres, eran el grupito popular de la universidad, aunque no cursaban todos la misma carrera, las que estudiaban Derecho era Karev Montenegro y ella. Ambas fueron las mejores de la carrera en todo el tiempo en que la cursaron, mientras Mario Ulloa y Meredith Ríos quienes cursaban Medicina especializados en Obstetra y Ginecología, ellos dos habían sido los mejores también.

Aunque estos dos últimos se habían casado con sus parejas al solo graduarse de la carrera y de eso ya habían pasado casi cuatro años, el matrimonio de Mario era complicado y tóxico a punto de vista de todos, aunque esté se enojaba cuando se lo decían; ya que era consciente de que todo lo qué le decían era verdad, aunque le causará enojó; pero no por menos importe estaba el último hombre del grupo, Raúl Carrillo quién era un Arquitecto; el cual se manejaba haciendo grandes construcciones alrededor del país y del mundo.

La amistad que creció entre todos se mantuvo al paso de los años, exactamente a casi ocho o nueve años. Carolina soltó una risa al ver la fotografía de todos vestidos como héroes, Mario de Capitán América, Raúl como el Hombre Araña, Karev como la Mujer Maravilla, Meredith como La Viuda Negra y ella como Harley Quinn aunque sabía que no era héroe alguno; ese era su propósito no encajar con los disfraces de los demás.

La foto fue tomada el día de Halloween, todos estaban cursando el tercer semestre de sus carreras, ese día todos comenzaron a quejarse de que porqué no se vistió a como habían acordado, pero ella solo dió un encogimiento de hombros expresando de esa manera que no se arrepentía de su elección. Una lágrima salió de su ojo izquierdo recorriendo su pómulo, cuando de sus labios salió un sollozó, esa noche fue cuando le avisaron que sus abuelos paternos habían fallecidos a causa de un accidente a poca distancia de donde ellos se encontraban. Había salido corriendo con el cabello revuelto y grandes lágrimas corriendo su rostro. Con un solo propósito en su destino y era llegar donde estaban sus abuelos.

Los recortes de periódicos estaban ahí, todos ellos corrieron cuando escucharon las ambulancias, después de que el celular de ella había sonado informándole de lo sucedido, los corazones de los cincos latían con frenesí, pero el de Carolina se detuvo por lo que parecía minutos, al observar la matrícula y modelo del auto y entonces supo quienes eran, sus pies se habían quedado pegados a la acera de la calle. Cuando ella pudo salir de su shock corrió con lágrimas en las mejillas, no supo en que momento la policía, los medios de comunicación y los de la ambulancia la apartaban del cuerpo lleno de sangre de su abuelo, a quien le pedía a través de gritos que despertará, qué le dijera que todo había sido una broma, pero no sucedió.

Ese día no sólo supo lo que era perder a los seres que más amaba, si no que también se entero de los abogados que defendían a personas que conducían borrachos y drogados por una fuerte cantidad de dinero hacían lo posible por librarlos de cualquier cosa, se vendían por unos cuantos fondos monetarios.

Durante por dos semestre después de aquella tragedia ella no salía, comenzó a beber hasta perder el conocimiento, odiando a sus padres, al mundo, a todos aquellos que no comprendían su dolor, muchas la criticaron, señalaron y perjudicaron, aunque ella tuviera esa actitud no perdió el nivel intelectual de sus notas, ya que aun asistiendo con resaca, dolores de cabeza y el estomago revuelto se mantenía como la mejor de su carrera. Pero entonces llegó un chico a la universidad. Uno que la sacó del pozo en que se encontraba en esos momentos, con las palabras dulces, gestos lindos, poco a poco fue regresando la mujer de siempre la que reía de todo, la que salía a divertirse en discotecas, bares y restaurantes.

Aunque de cierto modo también la comenzó a separar de sus amigos, fue con el quien tuvo sexo con otra persona que no fuera su amigo. Un día de donde pasaban juntos él la incitó a probar algo nuevo en referente al sexo, fue cuando recibió el primer latigazo y después continuaron más y más, aunque al principio el picor del cuero al contacto con su piel la incómodo y causo malestar. Terminó en un orgasmo muy raro para la mentalidad que poseía en aquel entonces, pero le gustó; ya que fue donde comenzó a integrarse en la información referente a ello.

Fue tiempo después donde se enteró de la verdad todo fue por querer tirarse a la popular, a la del grupito de alumnos que eran los mejores de su clases, ese día ella lo recuerda con perfección tanto sus amigos como ella, consiguieron huevos y los comenzaron a batir para tirárselo en el carro del año color blanco, dejándolo así apestoso al olor que poseía el huevo, aunque eso no quedo solo con eso; al contrario, a la salida Carolina se acercó a él con aparente normalidad, pero el golpe que recibió y que ella le dio en su mandíbula lo mando al suelo mientras se tocaba la parte donde ella le dio. El primer golpe con la punta del tacón se hundió en la costilla derecha sacándole el aire, los golpes de diferente lugares impactaron el cuerpo del individuó que merecía morir y que obtuvo más de un moretón.

Ese día se obtuvo vídeo y fotos por montón, fue tanta la vergüenza que no regresó a la universidad, provocando miedo entre todos los demás estudiantes que hasta ese día no sabía absolutamente nada de él y realmente poco le importaba saber. Cambio de página y observó la foto donde todos se encontraban en la playa de Miami donde fueron ha pasar las vacaciones de verano, la fotografía había sido tomada por un habitante o turista del lugar no recordaba bien, Mario y Raúl se encontraban cargando a sus espaldas a Meredith y a Karev, mientras ella salía con los pechos al aire sacando su dedo de en medio. Carolina comenzó a reír al acordarse de esa foto, ese día fue cuando las tres estuvieron tomando el sol así, llamando la atención de todos los que pasaban por sus lados ya que las tres estuvieron tomando sol solo en bikini que le cubrían la parte de la cintura para bajo o lo esencial por así decirlo, mientras que sus pechos estaban al aire libre.

Los habitantes y turistas masculinos les observaban con morbo, lasciva y deseo, ellas se observaban y sonreían mordiéndose los labios. El sonido de su teléfono la saco de la mirada que tenía en aquellos recuerdos que tanto apreciaba y que jamás olvidaría. Tras dejar el álbum en la mesita de cristal, se levanto para ir a atender la llamada que entraba en ese instante.

-¿Sí? -respondió ella limpiándose el rastro de lágrimas en sus mejillas.

-Seguro que has llorado -comunicó una voz al otro lado de la línea -Por sí, se te olvidó -anunció Meredith -En media hora nos encontraremos en el bar -le informó ella.

Ella asintió antes de morderse el labio inferior, su amiga tenía razón en lo que le había dicho.

-Se me había olvidado -murmuró Carolina pasándose su mano desocupada por el rostro -No tardaré en llegar -prometió cortando la llamada.

Se acercó a la ventana que daba hacia las calles transitadas de Nueva York, el sol se había ocultado por completo aunque el sol salía su poco, en ese mes no calentaba mucho a los habitantes por el inició de otoño; ahora solo se encontraba el cielo oscuro lleno de las estrellas que eran opacadas por las luces de la ciudad, soltando un suspiro comenzó a caminar a su habitación donde se desnudo y se fue a la ducha a darse un baño rápido para comenzar a arreglarse, mientras pensaba que se pondría.

Había perdido la noción de tiempo viendo las fotos de su álbum y siempre sucedía lo mismo, eran de esos días en que ella sentía que el mundo y el propio cielo comenzaba a caerse pedacitos por pedacitos en sí misma, donde prefería ocultarse del mundo hasta que le pasará todo lo que sentía. Diez minutos después salió de su baño envuelta en una toalla mientras caminaba al armario el cual se encontraba medio ordenado, una mueca se formo en el rostro de ella lo único que no le salía bien era tener su armario bien ordenado, tal vez era normal para su vida pensó con una mínima sonrisa.

Tras decidir por unos vaqueros negros ajustados, una camisa de mangas cortas color azul, además de su chaqueta de mezclilla, se vistió dejando su cabello suelto se lo había lavado y no deseaba hacerse peinados complicados, se maquillado un poco sólo aplicando un brillo en sus labios y sus botas de tacón bajo. Tras estar vestida guardo en su bolso tanto las llaves del departamento, teléfono y el álbum lo llevaría entre sus manos para que todos disfrutaran recordando los primeros años en donde se hicieron amigos, siendo tan diferentes en todos los aspectos, pero a la vez tan iguales. Tras analizar que todo lo que necesitaba fuera en su bolso salió, no iría en su auto, quería evitar un accidente en el camino además no era tan imprudente, el taxi la estaba esperando en la acera enfrente del edificio departamental donde vivía, cuando subió y saludo dándole la dirección de donde iría.

Treinta minutos después se abajo y entró al bar después de despedirse del taxista y pagarle claro, el calor impacto en su rostro, el olor a distintos perfumes, sudor, nicotina y todo tipo de alcohol llego a sus fosas nasales. Observo alrededor hasta dar con las manos alzadas de sus amigos, sonriendo comenzó a caminar esquivado a meseros y personas en su camino haciendo malabares con su cuerpo y cintura, hasta llegar a la mesa donde se encontraban todos, Mario, Meredith, Karev y Raúl quienes se levantaron cuando estuvo cerca.

Los primeros brazos que sintió fueron los de las chicas quienes chillaron y saltaron abrazándola, arrancándole una pequeña carcajada, había veces cómo esas que le causaban vergüenza ajena, pero para que negarlo a ella le gustaba pasar dicha vergüenza si era con ellas, con tal de reír y sentirse plena de cierta manera.

-Te vez espectacular -anunció Karev sonriendo mientras le besa una de las mejillas.

-Espectacular es poco -habló está vez Meredith -Éstas como me la recetó el doctor -finalizó riendo.

Carolina sacudió su cabeza al escucharlas mientras les besaba sus mejillas y dándoles un pellizco en sus glúteos a ambas quienes rieron con mucha más fuerza ante dicha acción.

-Yo no he recomendado nada -dijo Mario con sus ojos llenos de diversión, haciendo que ella sonriera divertida por la respuesta que daba.

Mario la abrazo alzándola del suelo mientras ella apoyaba sus manos alrededor del cuello de él, entre ambos había una química demás que provocaba cierta tensión entre ellos. Él le dejo un beso en el cuello de ella, que le erizo todo el vello.

-Sí, como no -le provocó Carolina -Algunas veces tu lado profesional prefiere hacerse el idiota.

Soltando una risita mientras se abajaba y le daba un beso en la comisura de los labios de él, quien tragó con fuerza saliva y le regalaba una sonrisa, a pesar de que él se encontraba casado le daba igual si ella se enteraba, así como le importaba poco a ella.

-¡Raúl! -exclamó Carolina acercándose al mencionado para abrazarlo -Teníamos tiempo de no saber de ti, de no verte por aquí -expresó ella contra la mejilla de él.

Raúl sonrió haciendo que Carolina rodara sus ojos con diversión al ver la sonrisa de él, tras darle un beso en la mejilla se sentó en el asiento libre que había en la mesa.

-Tenía asuntos que atender en ciertos lares del mundo -dijo él haciendo que Carolina entrecerrará sus ojos -Y me han dejado casi sin leche..

La carcajada que soltaron los demás hizo que ella rodará sus ojos y terminará sonriendo, su amigo era así. Algunas veces su forma de decir las cosas hacia que te sentirás tonta por preguntarlas.

-Y siempre concuerdo que cada día te vuelves más estúpido -mencionó ella sonriendo con inocencia.

Las carcajadas volvieron a hacer acto de presencia en la mesa haciendo que Raúl sacudiera su cabeza antes de darle un guiño.

-Ahora tengo una duda -habló Meredith mientras bebía de su copa -¿De que llorabas, cuando te llame? -preguntó levantando una de sus cejas.

Carolina hizo un mohín en sus labios, mientras respiraba con pesadez, tras quitarle el vaso a Raúl y tomarse de un solo tragó la bebida de él que era whisky, saco de su bolso el álbum. Los demás se quedaron en silencio al ver ello.

-Pasa que comencé a ver este álbum, llegue a las fotografías que salieron en el periódico cuando murieron mis abuelos -murmuró con voz ronca y pastosa.

Todos ellos sabían a la perfección el dolor que su amiga había pasado, la ira que había sentido cuando supo el veredicto para el responsable de la muerte de ellos.

-Sabemos que fue difícil -comentó Karev después de un silencio en la mesa -Pero no puedes, ni debes dejar que la tristeza te agobie y te haga regresar al lugar donde estuviste y que por desgracia un imbécil te ayudo a salir -exclamo ella haciendo una mueca en su rostro -Para nosotros tu salud mental tiene que ser lo primordial, siendo abogada te enfrentas a casos que personas como Raúl o yo no haríamos, siempre piensas con la cabeza fría y analizase todo tu entorno -enfatizó -Para que decidas volviera a entrar en un sitio así nuevamente.

-Karev tiene razón -opinó Meredith con una pequeña sonrisa -Las que estudiaron Derecho fueron ustedes dos, mientras ella se especializó en temas familiares y tú en casos penales donde sabemos que encuentras temas tan difíciles para todos, podemos tener carreras distintas; pero sabes que no todos tenemos la capacidad de aguantar atrocidades o tener esa vena de que a quien defenderás es completamente inocente, qué más quisiera yo tener esa sensación de sexto sentido -expresó ella -Te admiramos en muchas formas Carol, te entendemos también y es necesario algunas veces no permitirse volver a caer en donde antes estabas.

>>Porque en esta ocasión no sabes si habrá alguien que te ayude o si tú podrás salir de esta. El destino fue puerco hacia años y decidió hacer de las suyas; pero en este punto de nuestras vidas no sabemos si será igual la caída -murmuro viéndola -No queremos volver a verte así.

Carolina suspiro mientras les regalaba una sonrisa temblorosa y se soplaba el rostro con sus manos, se ordenó no llorar, eso era algo que amaba de ellos, que le decían las cosas en su cara y sin anestesia. Algo que valoraba en gran manera, porque eran pocas las personas que hacían eso.

-Yo soy consciente de ello -dijo ella observando a cada uno de ellos -Y agradezco infinitamente que ustedes no se hayan alejado de mi cuando ocurrió aquello, aunque yo se los hubiera pedido a gritos. Ya no hablemos más de ello -pidió sonriendo -Traje el álbum para que disfrutemos de las imágenes que se guardaron en esas fotografías graciosas que nos tomamos durante el tiempo que estudiábamos en la universidad -determinó tratando de cambiar el tema.

Y así fue, después de pedir otra ronda de bebidas en donde ella incluyo la suya, todos reían al ver las imágenes, contaban las anécdotas que hubo en cada foto mientras bebían y observaban, una foto en particular llamo la atención de los demás, era una donde Mario y ella se encontraban con antifaz y sus ropas eran de la edad media, Carolina comenzó a toser al verla haciendo que su rostro comenzará a sonrojarse a una velocidad impresionante. Y Mario comenzó a reír con diversión al verla como ella se atragantaba con el tragó que bebía, le palmeo la espalda con suavidad mientras ella se recuperaba del ataque tos y suspiraba con fuerza.

La mente de Carolina viajo a ese día, ambos habían acudido a la fiesta de disfraces en el Bar, uno que se llamaba Club Paraíso, ese día la entrada se encontraba llena, pero Mario camino haciéndose espacio arrastrándola en el camino sin importarle que los demás se quejaran y gritarán cuando dieron con el que cuidaba la entrada el enseñó la tarjeta doble para ingresar a la fiesta, la mirada del grandullón recorrió el cuerpo de ella deteniéndose en el escote y el volumen de sus pechos, haciendo que ella tragara saliva, pero alzando el mentón para que no creyera que le intimidaba. Y no es que lo hiciera, estaba lejos de hacerlo, pero había algo en la mirada de ese hombre que pertenecía a la seguridad que no le gustaba, por lo que elevó la comisuras de sus labios en una sombra de sonrisa, haciendo que el grandullón les cediera el paso hacia dentro causando alboroto con los que se encontraban ahí afuera y no los dejaban entrar.

La entrada al lugar fue de otro mundo, la música era actual, pero los diseños eran de la época media, telas finas colgaban del techo, velas aromáticas se esparcían en todo el contorno del lugar dándole ese toque elegante, las luces rojas y blancas bailaban alrededor de los cuerpos de las personas que bailaban en el centro de la pista, los ojos de ella no perdieron ningún detalle del lugar, sintiendo como su piel hormigueaba a causa del ambiente que se creaba a su alrededor, trataba de enfocar con esfuerzo a las personas que bailaban, las que estaban pegados a la pared pareciendo que tenían sexo en ese instante.

La mirada de una mujer y de un hombre en una de las esquinas la tenían de los nervios, los ojos coquetos de la mujer la hicieron fruncir el entrecejo intrigada por la mirada que ella le daba, mientras que el hombre tenía una media sonrisa en sus labios. Mario se acerco al oído de ella informándole que se encontrarían ahí dentro de cuatro horas y que pidiera lo que quisiera en la barra, para después desaparecer de la vista de ella, ocasionado que los nervios se le activaran aún más si es que aquello era posible, además de estar atenta a todos los que le rodeaban. En ese momento lo detestó ¿Sólo la había traído para que ella, se quedará como un farol? Apretó sus manos en puños maldiciendo a su amigo por hacerle ello..

-Maldito idiota -exclamó sulfurada y camino hacía la barra.

Tras beber dos mojitos ella observó la pista de baile, su cuerpo se movía al compás de la música de bachata que el DJ ponía cuando de la nada, tomándola desprevenida sintió una mano masculina en su cintura haciéndola dar un pequeño brinco sobre el lugar y que casi se le cayera de las manos la copa que tenía, por no ser los reflejos de aquel hombre este hubiera impactado en el piso.

-Veo que quieres bailar -dijo aquella voz ronca en su oído -Vamos bailemos -susurró poniéndola de espalda.

El torso y pecho de él, le provocó un agradable calor desde la espalda, ambos se comenzaron a mover, las caderas de él se restregaba en el trasero de ella, haciéndola sentir un inmenso calor en su entrepierna. Una de las manos de él se movió con sutileza al contorno de sus pechos dándole suaves caricias con la palma y las yemas de sus dedos que estaban cubiertos por unos guantes de cuero, acelerándole la respiración de ella, no pensaba con claridad, los ojos de Carolina estaban cerrados mientras bailaba y se dejaba tocar, importándole bien poco que le vieran.

-Vamos a un lugar más íntimo -le susurró, ella asintió y lo siguió cegada por el deseo que sentía en ese momento recorriendo su cuerpo.

Ambos pasaron una puerta que estaba oculta entre las cortinas finas de seda doradas, recorrieron un pequeño pasillo para entrar en una habitación, donde se comenzaron a besar con desespero y deseo. Las risas de los demás la trajo de regreso al presente, podía sentir su rostro y cuello caliente. El de solo recordar aquella experiencia le hacia temblar el cuerpo completo y no precisamente de miedo.

-Mira como esta de sonrojada -exclamó con diversión Raúl.

Quién era el que se encontraba a su derecha, ella le dio un puñetazo fingido mientras rodaba sus ojos y sonreía por lo que decía él, pero estaba segura que no mentía, que su rostro estaba rojo, podía sentir el calor que dicha sonrojes le producía, pero no diría ninguna palabra de ello.

-Esa foto es especial -declaró Carolina con una media sonrisa -El inició de una aventura llena de muchas expectativas y experiencias en mi vida -concluyó con una sonrisa de satisfacción.

Mario le guiño un ojo mientras se mordía el labio inferior con cierta fuerza, decidió invitar a bailar a la mujer que le enseño que aunque hubieran tenido sexo nada cambiaba en su amistad, ellos eran esos amigos que tenían sexo ocasional, cuando las ganas llegaban, sabiendo que en cualquier momento el amor tocaría sus puertas de ambos, aunque él estuviera casado y condenado.

-Vamos -habló Mario ofreciéndole su mano.

Ella asintió feliz y tras levantarse aceptó su mano y caminaron a la pista donde una música del grupo Aventura sonaba, la respiración de él le acariciaba su mejilla y movía sus labios hasta dar con su oreja, que lamió y chupo con suavidad, causándole un escalofrío por todo su cuerpo.

-Te deseo -le susurro él, ella levantó la mirada.

Y se encontró con sus labios, esos que se le tornaban apetecibles en aquel momento pero que en el lugar que se encontraban no podían besarse como deseaban, su relación de follamigos no debía de pasar de dos solamente.

¿Desde cuando no cogía con él?

Se pregunto así misma, las ganas no le faltaban, ella cerró sus ojos por unos segundos y apoyó la frente en el pecho de él, aspiro el olor de su fragancia, ese perfume cítrico y dulce que ella misma había mandado a que se lo hicieran, respiró hondo llenando de nuevo sus pulmones de ese olor mientras se mordía sus labios y levantaba su mirada.

-Nos iremos juntos -fue la respuesta de ella y el asintió, no había que decir más palabras, ambos sabían como terminaría la noche.

El regresó a la mesa consiguió mas risas entre todos, cuando observaron las fotos de sus años de estudios. Carolina se perdió de nuevo en sus recuerdos y sus sentidos comenzaron a estar a flor de piel, llenándola de un placer inigualable. La mano de Mario le acarició la pierna obligándole a que se concentrara en la platica que se mantenía. En ese instante su teléfono comenzó a sonar y tras ver quien llamaba se levanto para contestar.

-¿Diga? -dijo ella.

-Señorita -habló una voz que reconocía perfectamente, haciéndola rodar sus ojos -Disculpe si la molesto, pero hay un caballero preguntando por usted -expresó.

Ella se pasó una de sus manos por el rostro cansada de que ese hombre volviera a estar ahí.

-Puedes decirle que no me encuentro, que me puede dejar un mensaje contigo y que lo llamaré el día de mañana -determinó cortando la llamada.

Tuvo que tomar respiraciones profundas para calmarse, aquel tipo le estaba buscando la quinta pata al gato y si seguía así la encontraría y no de buenas, lo cual le provocaba ciertos instintos asesinos que desconocía que ella poseía en esos momentos. Le molestaba realmente que sólo a ella le pasara cosas así. Soltando un resoplido audible guardo el teléfono, para regresar a la mesa y continuar atenta a la conversación que se desarrollaba ahí con sus amigos. Sólo había sido una noche hace unos meses después de ganar un caso, decidió salir a divertirse grave error, porque lo conoció a él y ya era hora de ponerle un alto se dijo así misma.

Tres horas después caminaba apoyada sobre el hombro de Mario mientras ella le tocaba el trasero con diversión, al llegar a su puerta él abrió y ambos entraron la oscuridad los cubrió con su totalidad al ingresar, Carolina se dio media vuelta y apoyo las manos en el pecho de él, la respiración de ella había comenzado a acelerarse igual que su pulso, acerco sus labios a los de él y comenzó a dejar besos húmedos en el contorno de los labios hasta pasar la punta de su lengua paso por alrededor del labio inferior de Mario, para después morderlo con suavidad y así comenzar a besarlo con el deseo recorriendo por su cuerpo.

Una de las manos de Mario fueron ha dar al cabello de ella y la otra a la cintura para acercarla mas a él, así también sintiera la excitación que le provocaba sus besos, mientras que las manos de ella se encontraban en su cuello. Cuando el aire les faltó, Carolina con sus manos temblorosas le comenzó a quitar la chaqueta y camisa que llevaba puesta, lo caliente de la piel se podía percibir con solo pasar la mano cerca sin necesidad de rozarle la piel, pero ella quería probar cada parte del cuerpo de él, que aunque ya conocía le gustaba repetir el mismo proceso.

Y eso hizo, los labios de ella comenzaron un recorrido lento y sensual desde la barbilla de él, bajando por su garganta donde beso, lamió y chupo con deleite, bajo hasta llegar a las tetillas donde les paso la punta de la lengua alrededor con una suavidad que le hizo gemir de placer, dándole un mordisco y estirándolo entre sus dientes lo sintió estremecerse de pie, siguió su camino quedándose de rodillas frente a él quien se mantenía todavía de pie. Bajo el cierre del pantalón con lentitud mientras miraba hacia arriba con sus ojos entrecerrados y nublados de placer absoluto.

Los ojos de él brillaba a causa de la lujuria y por lo que pasaría, el suspiro de placer que salió de los labios masculinos cuando ella bajo el pantalón y el bóxer que llevaba revelando así la erección que poseía y que esta se erguía en toda su plenitud, le hizo agua la boca a Carolina quién sopló con suavidad en el glande de él, causándole escalofríos en todo el cuerpo. La punta de la lengua recorrió el glande con una lentitud que le mataba, cuando llego a la punta chupó el liquido pre seminal que había ahí sintió desfallecer, cuando lo introdujo de un sólo a su boca, lo caliente y humedad de la boca de ella lo hizo resoplar y maldecir en voz alta.

-Oh, si.. Si, sigue así -expresó Mario agarrando su cabello alrededor de su puño en una coleta.

Los sonidos que emitía Mario eran fuertes, descontrolados, palabras incoherentes, susurros inauditos, maldiciones y gemidos. El sonido de la saliva que provocaba la entrada y salida del pene de él en su boca era sordo y violento por las estocadas que daba, se follaba la boca de Carolina a gusto y placer. Ella saco el falo de su boca y dejo un reguero de besos en todo el glande hasta llegar a los testículos donde los masajeo con suavidad y después llevó sus labios ahí y los chupo haciendo eco al soltarlos, mientras su mano le masturba con eficiencia.

Una de las manos de ella fue a dar al culo de el mientras con la otra se ayudaba a masturbarlo y lamerlo para hacerlo acabar en sus labios. Aunque eso no significará que ella se tragaría el semen de él, sencillamente le sabia horrible lo caliente, amargo y espeso, le daba arcadas pero lo mantenía en su boca el tiempo adecuado para después escupirlo y enjuagarse su boca, el cuerpo de él comenzó a ponerse rígido y los embiste que hacía con sus caderas fueron con mas vehemencia haciéndole saber que estaba a punto de correrse, los minutos pasaron y con ello llego la liberación de él quien dejo salir desde su garganta un brutal gemido lleno de plenitud, eso era lo que sentía en ese instante.

Carolina se levantó del piso y camino hacía el lavado que había en la cocina donde escupió lo que tenia en su interior, se agradeció mentalmente por no dejar platos sucios en ella porque si no sería otro cantar y realmente no deseaba deshacerse de ellos y comprar otros, tras enjuagarse se dio media vuelta para observar al hombre que le acompañaba esa noche, la sonrisa que le brindó él le provocó estragos en su vientre, podía sentir como sus bragas se humedecían a causa de la excitación que tenía cuando los teléfonos de ellos comenzaron a sonar a unisón junto al del departamento.

La mirada interrogante que se dieron les hizo fruncir el entrecejo a los dos, pero los que le heló la sangre fue el mensaje que quedó en el contestador del teléfono de su casa, haciendo que ha ambos la calentura se les fuera y comenzaran a vestirse con rapidez, aquello era grave y delicado. Carolina podía sentir sus manos temblando y su torrente sanguíneo caliente por que le sucedía a su amiga y ella se encargaría de hacerle pagar. Nadie hería a los suyos sin salir impune de ello.

El camino hacía el hospital le pareció que iba lento, las calles todavía estaban llenas de autos de las personas que regresaban después de estar tal vez el fin de semana fuera de la ciudad, maldijo una y mil veces buscando en su móvil lo que realmente había sucedido, porqué dudaba que ella le dijera la verdad, la sangre le hervía a fuego lento y cuando está estuviera en un punto donde apagabas la llama o la enciendes más sería peor. Cuando estuvieron en el hospital ella fue la primera en entrar al cubículo donde se encontraba, viendo su rostro masacrado, con tres intravenosa, dos de sangre y una de líquidos, se acerco a ella temerosa y llena de irá.

No deseaba llorar, no delante de ella, no se dejaría vencer, ni mucho menos fallar de una o otra manera, ella haría pagar todo y cada uno de los golpes que le habían dado a ella, se mordió el labio con tanta fuerza que se lo hizo sangrar y sentir el sabor metálico en su boca, acarició su piel maltratada y aspiró aire por sus labios con fuerza.

-Meredith, mi hermosa mujer -exclamó ella susurrándole -Juró que le haré pagar todo lo que te hizo ese hijo de puta -dijo acariciándole con suavidad el rostro -Va a conocerme y aprenderá que nadie lastima a las personas que amo.

Capítulo 3 Dos

Capítulo 2:"Noches en el Paraíso"

Ese día Carolina se encontraba releyendo unos documentos cuando el teléfono de su departamento comenzó a sonar, dejo que la llamada se perdiera esperando a que dejarán de marcar, pero tras dejar que sonara cinco veces más, dejo salir con un resoplido, se levanto sintiendo el enojo recorrer su cuerpo antes de contestar el teléfono.

-¿Quién? -preguntó con mal humor.

-Soy Carmen, mi niña -escucho a través del auricular.

Sonrió un poco, sabiendo que sin duda la insistencia no podía ser de alguien que sabía a la perfección que ahí estaba ella.

-Sube nana -respondió ella para luego colgar la llamada.

Soltó un suspiro y camino hacia la puerta para abrirla y así que su nana entrara, era una de las personas que más quería además de sus padres y amigos, después de la muertes de sus abuelos, esa mujer hizo lo posible para que sonriera, así como también se alimentará adecuadamente, por eso a ella le tenía un gran aprecio y la amaba tanto.

Dos minutos después de que hubiera atendido la llamada, su nana entraba con unos bolsos, así como también con una sonrisa en su rostro. La mujer de cincuenta años se acercó a Carolina y le beso la mejilla mientras la abrazaba, en ese instante ella soltó una risita por sus labios, para regresarle con la misma fuerza el abrazo.

-Ya sabía yo que tu estarías, aquí encerrada y sin querer saber de nadie –dijo Carmen con cierta diversión en su voz y dulzura.

Carolina sonrió viéndola, antes de hacer una mueca con sus labios.

-Es que ando de mal humor nana -respondió ella haciendo un puchero con sus labios.

La risa de Carmen después de haberle apretado las mejillas, resonó por la sala para verla ir hacia la cocina y así sacar lo que traía en los bolsos que trajo consigo, al destaparlos el olor a sopa y también a té de manzanilla llego a las fosas nasales de Carolina. Haciendo que ella dejara a un lado los papeles que leía y se sentara en el comedor. Varios minutos después Carmen dejaba frente a ella una taza de té y un plato hondo lleno de sopa de pollo que le hizo agua la boca.

-Venga mi niña y comes todo –determino la mujer con una suave sonrisa.

El sabor de la sopa en su paladar le alivio y su estómago lo agradeció, llevaba dos días que no soportaba nada, el virus que había agarrado tras una haberse mojado le dejó con un mal sabor de boca y no literalmente. Desde entonces una semana completa transcurrió desde ello, pero los vómitos llegaron casi al final por lo que su nana no había día en que no le llegará a dejar comida para asegurarse de que ella estaba bien.

-Gracias nana, necesitaba esto –murmura Carolina sonriendo -Esta comida me ayudara para los planes que tengo hoy -finalizó.

-Pero mi niña...-dijo Carmen con una expresión de tristeza -Creo que deberías de estar descansando, para reponer las fuerzas que estás has agotado y perdido durante esta semana -explicó ella.

-Nana... -comenzó a decir en vago intento de que replicar.

Pero la mirada que le dirigió Carmen le hizo callar, la mujer era consciente de los lugares qué frecuentaba y lo que realizaba en ellos, era quien le vivía aconsejando para que se saliera de ahí y que buscara una relación "normal" según sus palabras. Aunque para que sirve una relación normal sí es cuando más cosas te prohíben y no disfrutas de casi nada, la monotonía es algo que le llegaba a aburrir cuando se llega a un punto donde todo era tan chocante.

Tras dejar salir un suspiro la observó hundiendo sus hombros y regalándole una media sonrisa en modo de disculpa. Aunque ella no haría nada de lo que dijera si sabía callarse, siempre era así, por lo que mejor había sido callar para no comenzar una de las disputas en las que ambas se decían cosas que podían herirles. Algo que había sucedido solamente tres veces desde que creció y se convirtió en lo que hoy en día es. Así que tras tomarse toda la sopa se levantó y lavo los platos ocupados para después ir a darse un baño.

-No te enojes nana -pidió abrazándola -Sabes perfectamente que aprecio y entiendo todo lo que me dices. Además necesitó de tu ayuda con la ropa que llevaré puesta -comentó.

Carmen respiro con cierta tristeza mientras besaba la mano de la mujer que le abrazaba y la cual vio crecer desde que era una niña en pañales. Tras asentir le acompañó al cuarto donde Carolina fue directo al baño y ella al armario, la mujer sonrió viendo que tenia todo patas para arriba. Tras buscarle una falda de cuero negro, una blusa blanca de tirantes finos, cual no utilizaría ropa interior en la parte de arriba, para que ella luciera a si sus pechos firmes, el conjunto terminaba con unas botas a mitad de la pantorrilla de color negras, además el abrigo que llevaría.

Sin duda su niña tenía el closet que toda mujer desearía, pero también el desorden que nadie quería en este mismo. Era un milagro que ella supiera dónde estuviera cada cosa y que sobre todo conociera ello. Tras media hora Carolina salía envuelta en una toalla y se encamino a los pies de la cama donde observo lo que su nana sacó y le dejo para ponérselo, además de una pequeña nota encima de la ropa. Tomo el papel leyendo lo que decía en este.

«Mi niña me tengo que ir, sabes como son tus padres si se enteran de que tú estas enfermas y yo no se los he comunicado capaz y me corran. Y como siempre te pido que te cuides y que no vayas a ese lugar, pero entiendo que es tu vida y que yo no puedo hacer nada más que darte consejos, por lo tanto no insisto.

Te quiere.

Tu nana.»

Carolina soltó una corta risa y dejo la nota a un lado mientras se vestía, mirándose en el espejo dio media vuelta y le gusto lo que miro, los pezones de su pecho resaltaban además se marcaban con disimulo el contorno de ellos. La falda cubría lo adecuado, no llevaba ningún tipo de ropa interior por lo que se sentía fresca y dispuesta a todo lo que pasaría en esa noche y las siguientes por sí se le daba por quedarse ahí. Cuando llegaron las once de la noche se subió a su auto donde manejo media hora hacía el Nigth Club Paraíso.

Las luces rojas hacían contrastes contra la paredes negras del lugar, ahí podían entrar por la puerta principal del club o bien por la parte alterna que era donde estaba el estacionamiento privado y exclusivo que tenía el propio lugar. El edificio contaba con tres pisos, uno que era la discoteca y bar, habitaciones en donde podías tener tu momento de intimidad si deseabas o bien podías hacerlo en la zona que quisieras; mientras que los niveles superiores eran los que pertenecían al club en todo el régimen sexual más fuerte si eso deseabas. Decidiendo entrar por la puerta alterna, se bajo de su auto y se llevo consigo lo que necesitaba.

El aire de Nueva York le erizo la piel por completo, además de que le hizo que su cabello bailara por causa de ello, en dicha puerta se encontraba un hombre alto, moreno, rapado de la cabeza. Él la observo y levantó una de las cejas mientras la detallaba con fijeza.

-¿Eres nuevo? -pregunto Carolina ladeando la cabeza.

-Sí, señorita -expresó él hombre.

Carolina sonrió con morbo mientras le daba otra repasada con la mirada, desde luego ese hombre que tenía enfrente estaba como debía, los músculos le resaltaban a través de la camiseta negra y la sudadera de cuero que vestía. Se paso la lengua por los labios de repente se los sentía resecos junto con la garganta, metió la mano en el bolso mediano que llevaba y saco su antifaz blanco con bordes plateados.

-Mucho gusto -exclamó ella, colocándose el antifaz mientras sonreía -Soy una de las clientas más frecuentes, me podrás ver casi todo los días o sólo los fines de semana -anuncio enseñando el pase de cliente.

El hombre miro su pase y asintió dándole una sonrisa apenada.

-Mi error, discúlpeme -murmuró el moreno.

Carolina negó con la cabeza mientras le restaba importancia moviendo su mano desocupada tras colocarse el antifaz en su rostro, se acercó a él y le acaricio el antebrazo con cariño y una sonrisa en sus labios para después dejarle un beso en las comisuras de los de él, quien carraspeo su garganta y se puso recto mientras ella pasaba, la carcajada que soltó resonó por las paredes angostas que le llevarían al lugar que deseaba.

El olor a nicotina, alcohol, sudor y el inconfundible olor a sexo llegó ha sus fosas nasales, respiro con fuerza, sintiendo cierto placer al poder percibir dichos olores, cerro sus ojos momentáneamente para después abrirlos, camino a su habitación habitual que estaba reservada al nombre de ella, cuando estuvo en la habitación comenzó a quitarse su abrigo dejando al descubierto sus hombros y cuello, se acomodo su cabello, dejando que sus leves ondas fueran hacia atrás.

Al salir fue directo hacía a la barra donde pidió una margarita que se bebió con lentitud mientras miraba la sala a través de su antifaz, su mirada dio con un hombre que estaba sentado en un sofá del lado contrario de donde ella estaba y también hacia lo mismo que ella observaba a su alrededor, las luces alumbraban con erotismo su cuerpo oculto entre las sombras, lo que le llamo la atención fueron los tatuajes que se le veía en sus manos. Llamó a uno de los meseros y le pidió que le llevara una botella de lo que el tomaba.

A los minutos vio como el mesero dejo una botella de brandy, junto a una jarra de hielo. El hombre la observó y sintió la penetrante mirada que le brindaba él, ella levanto la copa en signo de brindis en donde sus labios bailaba una sonrisa sensual, respirando con lentitud decidió caminar a su habitación consciente de que ese hombre le seguiría, al llegar a la puerta una mano fuerte y segura se posó a un lado de su cintura, mientras ella abría la puerta y ambos entraban.

El hombre misterioso la empotró contra la puerta y le apretó su cuerpo con el de ella, haciéndole notar la erección que tenia, los labios de el fueron a dar a su cuello donde chupo y lamió con deleite la zona; donde su boca probaba, una de las manos de ella se encontraba apretando con fuerza la camisa de vestir mientras sentía la respiración de él, al lado donde se encontraba su vena carótida, jadeo cuando el con cierta brusquedad hundió unos de sus dedos en el interior de ella arrancándole un gemido de placer y dolor.

Una de las finas tiras de su camisa descendió sobre su hombro dejándolo desnudó donde el dejo una suave mordida mientras la masturbaba con sus dedos, la mano que no tenía ocupada fue a su cuello donde comenzó a apretarle cortándole así poco a poco el oxígeno, ella trago saliva con cierta pesadez mientras sus caderas se movían en su apreciado orgasmo, podía sentir como este se acercaba; pero no podía llegar ya que el disminuía la velocidad por segundos para después volver a incrementarla y el proceso se repitió hasta que él saco sus dedos y le dio un azote en sus labios vaginales, fue en ese momento cuando se corrió con fuerza el cuerpo le temblaba, sus piernas cosquillaban por la fuerza de su orgasmo, la nube de éxtasis en la que se encontraba no le dio tiempo de procesar de que ese hombre le había desnudado de la cintura para abajo.

Los bordes del antifaz rozaron la parte interna de sus muslos, cuando él se encontraba de rodillas ante ella hundiendo su rostro en el interior de las piernas de ella, la respiración que salió de los labios de él le provocó que se humedeciera más si eso podía ser posible en ese instante, la lengua caliente para la sensibilidad de ella le envió pequeños espasmos a su cuerpo, él comenzó a chupar el rastro de su orgasmo cuando con de sus manos movió su pierna derecha y se la acomodó en su hombro para darle acceso a su sexo.

La falda de ella se enroscó en su cintura dejándole expuesta, ella trago saliva cuando el soplo en la entrada de su vagina mandándole escalofríos en todo su cuerpo, tenía una leve capa de sudor en su frente. Ella siseo cuando la lengua de él encontró su clítoris, comenzó con lamidas suaves y en círculos ella hecho la cabeza hacia atrás extasiada aquella lengua era codiciosa que no le daba tregua a su cuerpo. Unos de los dedos de él lo comenzó a introducir dentro de su vagina con un vaivén lento, podía sentir como en su vientre comenzaba a formarse otro orgasmo.

Y este llego de forma explosiva minutos después arrancándole gemidos agudos y leves convulsiones contra la puerta, estuvo ahí durante dos minutos apoyada recuperando la respiración y algo de cordura que se le había esfumado al momento en que entro ahí. El hombre se encontraba desnudo por completo cuando por fin regreso de las nubes en las que ella se encontraba flotando, el cuerpo de él era puro musculo, la tableta de su abdomen le llamaban a gritos para que ella las lamiera y mordiera, poseía tatuajes en todo su cuerpo en sus piernas también tenía, parpadeo dos veces antes de tragar saliva porque no sabía si lo que veía era real o no, pero ella recorrió cada parte de su cuerpo con la mirada, llenándose la vista de la belleza de hombre que tenia enfrente.

Fue en ese instante comenzó a desnudarse ella, los movimientos que hacia eran lentos, provocativos, sensuales, el sonido suave de la falda al caer junto a la camisa fue lo que se escucho en el cuarto, camino a paso seguro hacia él; pero se detuvo en la mesita de noche que estaba a la orilla de la cama, donde abrió uno de los cajones exponiendo a la vista varios juguetes sexuales, por lo que de ahí saco dos vibradores de diferentes tamaños, cuatro esposas, velas aromáticas y un aceite comestible de chocolate.

-Espero que estés dispuesto a jugar conmigo -murmuro ella con voz suave mientras se mordía los labios.

El susodicho asintió sin decir ninguna palabra mientras ella dejaba todo sobre la mesita, se acerco a él y le acaricio los pectorales llenos de tinta donde enterró leve sus uñas que le erizaron el vello de su cuerpo, comenzó a caminar a su alrededor y pudo apreciar la calavera que cubría toda su espalda, ella la dibujo bajo sus dedos mientras sus ojos se deleitaban de la vista que tenia, el trasero de él era firme y redondo, por lo que no pudo evitar dejar caer dos palmadas en ellas, dejo de observarlo y comenzó a dejar un rastro de besos húmedos en su espalda mientras sus manos dan suaves caricias en su pecho y abdomen.

La respiración de él se acelera a causa de lo que ella hace, las manos llegaron a la cintura masculina donde estas fueron a dar a la erección que se encontraba en su punto más alto, cuando sus dedos tocaron el glande, pudo sentir el líquido pre seminal en sus yemas, lo apretó con cierta presión alrededor de su miembro, escuchando como el soltaba un gemido que hizo temblar a Carolina ante el sonido que salía de sus labios, separó sus manos del cuerpo de él y dio media vuelta hasta quedar de frente, cuando sus ojos se vieron a través del antifaz ella llevo su mano hacia el miembro de él, en donde comenzó a masturbarlo con suavidad, así como también llevo sus labios a los de él en donde ambos buscaban la forma de dominar así mismo, se saboreaban los labios de una forma exquisita, eran esos besos que te volvían adictivos, deseosos y ansiosos de volver a sentir el mismo placer que esa vez.

Ella lo movió y lo dejo caer en la cama, se separó de él y cuando volvió entre sus manos estaban las esposas, le regaló una sonrisa, aunque ella no miraba los gestos que hacía pudo imaginar que debió de haber levantado ambas cejas sobre su antifaz negro, aquello le resultaba algo totalmente nuevo y muy peculiar, los pechos de ella quedaron a la altura de su boca que no dudó en lamer y chupar con fuerza el pezón rosado con aureolas del mismo color. Carolina gimió llena de placer y con un poco de dolor al sentir como el mordisqueaba su pezón para soltarlo causando un ruido totalmente erótico para sus oídos, él repitió con su otro pezón haciendo que ella jadeara con más fuerza, al sentir como le mordía.

Pero en ese descuido por parte de él, ella lo tuvo esposado de manos, para después esposarle los tobillos; él la vio tomar el aceite con el cual dejo caer unas gotas en sus manos, así como también la vio subirse encima de su cuerpo dejando su coño húmedo sobre sus pectorales, sus manos comenzaron a moverse sobre su pecho lleno de tatuajes y fue hasta en ese momento en donde ella observo que tenía piercing en ambas tetillas, aunque estas eran diminutas. Carolina se mordió los labios mientras pensaba como disfrutaría de morder los pezones de él, así como también podía sentir calor que emanaba el cuerpo de ese hombre; el solo sentir la dureza de sus músculos hacía humedecer más su coño si aquello era posible. Él dio un pequeño brinco sobre la cama cuando ella pellizco sus piercings haciendo que su miembro doliera ante ello, ella fue descendiendo con lentitud sobre el cuerpo de él untándolo en aquel aceite que su olor desprendía le hizo saber que era chocolate el dulce que más le gustaba. Cerro sus ojos sintiendo como ella mordía su cuerpo, así como también ejercía cierta fuerza ante sus mordidas, pero cuando sintió los labios descendiendo sobre su verga untada en aquel aceite fue la peor agonía, las manos de ella comenzaron a masajear sus testículos al ritmo que se introducía su verga en la boca.

Le era imposible mantenerse callado, así como ella disfrutaba oír como gemía y soltaba bufidos en vagos intentos de querer contenerse, hasta que él se corrió en su boca, lo caliente de su eyaculación salió de sus labios cayendo sobre sus pechos, fue la primera vez que trago el semen de un hombre, pero sus pensamientos no la dejaron que se fijara en ello, cuando lo observo lleno de ese aceite se tuvo que morder los labios con fuerza, para no volver a subir y comenzar a lamer el rastro que ella misma había dejado, salió de la cama y fue al diván que esta al frente de la cama; así como también había un espejo atrás del mismo.

Ella se había llevado consigo los dos vibradores los cuales eran de diferente tamaño y grosor, cuando se acomodo bien abrió sus piernas dejando a la vista su sexo húmedo, de este descendía como un néctar paso sus dedos sobre su hendidura, esparciendo la humedad alrededor de su hinchado clítoris, fue en ese instante cuando agarro uno de los vibradores y lo encendió en el nivel uno, el zumbido que emitió les erizo la piel a ambos que se encontraban separados.

-Me observaras y te vas a correr conmigo -demando Carolina suspirando -Yo no te masturbare y tu no puedes hacerlo -le recordó sonriendo. Mientras introducía el vibrador dentro de ella.

Sus caderas se movieron con cierta vehemencia cuando sacaba y metía en su interior el vibrador, fueron unos minutos después de dónde le subió de intensidad mientras se pellizcaba sus pezones, con el otro vibrador lo humedeció chupándolo como anteriormente le había hecho a él, cuando supo que tenía lo suficiente de lubricación de su saliva; se acomodó más en el diván abriendo sus piernas dejando así a la vista también de su culo donde ella movió el vibrador con cierta lentitud, cuando lo enterró dentro de sí en una sola estocada arrancándole un gemido de placer y dolor.

El teléfono de ella comenzó a sonar, decidió no contestar mientras se masturbaba, pero le fue imposible seguir ya que las llamadas se hicieron con más frecuencia, por lo que a la sexta vez que sonó de forma consecutiva hizo que ella se levantara con rabia del diván sacándose los vibradores de su interior, tomo su móvil y al ver el nombre de Karev le hizo fruncir el entrecejo y contestar cuando la llamada que entró de nuevo.

-¿Qué sucede, por qué la insistencia? -pregunto solo al contestar.

-Tienes que venir ya -exclamó entre jadeos ella -¡Oh Dios, Carolina! Ella... Ella esta mal, la iba a matar -dijo.

Carolina frunció aún más si ceño antes de tragar saliva.

-Necesito que te controles y me expliques mejor -pidió en voz baja -Primero que todo -comento -¿Dónde estás? – le preguntó.

-Estoy en el hospital central -le respondió llorando su amiga -Tengo miedo Caro, mucho miedo de ella -expreso sollozando.

La sangre se le congelo ante lo que decía su amiga, cerro sus ojos unos instantes.

-Escúchame estoy a treinta o cuarenta minutos del centro de la ciudad, necesito que me esperes en la entrada del hospital, además que lleves contigo un cambio de ropa, así que necesito que vayas a mi departamento a conseguirme mi tablet y la placa que está en el escritorio -murmuro.

-Estabas cogiendo -aseguro su amiga, soltando una risa.

-Por supuesto que lo estaba y a ti no te puedo mentir -le afirmó -Llama a Mario y a Alexander quiero que tome fotos y notas, estaré en breve ahí -finalizó cortando la llamada.

Hasta en ese momento supo que sus manos temblaban y todo la excitación que tenia hace unos minutos se transformo en rabia y terror, camino hacia la cama y comenzó a abrir las esposas de él, le regalo una sonrisa temblorosa, mientras él llevo sus manos ha sus mejillas y limpiaba la humedad que había en ellas, estaba temblando por completo, el aire le estaba asfixiando aparto las esposas con las que lo había mantenido inmóvil; ella soltó un quejido al golpearse con una de estás.

Él la observaba intrigado, pero no dijo nada; en cambio ella le brindo un intentó de sonrisa que terminó en una mueca.

-Me hubiera gustado disfrutar más tiempo contigo y que esto hubiera acabado de una manera en que los dos disfrutamos -comento ella poniéndose las bragas y el abrigo que le cubría todo el cuerpo -No se si te volveré a ver, pero sí el destino nos pone de nuevo espero disfrutarlo al cien, así como también te recompensare esto -expreso besando sus labios castamente -Hasta que volvamos a coincidir señor del club -finalizo saliendo de la habitación después de darle un guiño de ojo.

Desde entonces sus encuentros se dieron una vez cada dos meses durante los dos años siguientes, llevando a ambos a una nube de éxtasis cada vez que se encontraban, era como si sus cuerpos supieran que estaban ahí y que cada vez que se unían era lo mejor....

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