Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > DEJAME AMARTE
DEJAME AMARTE

DEJAME AMARTE

Autor: : Andreita Kou1523
Género: Romance
Carolina Ferreira ha estado casada con Esteban Soler, un hombre que era muy detallista y amoroso desde que lo conoció. De un momento a otro no supo dónde quedó todo aquello que encontró en otro hombre, Daniel Blanchett; quien es su amante desde hace varios meses. A pesar de su engaño sigue sintiendo amor por el hombre con el que se casó, ya que solo quiso vengarse por su traición con la mujer que le dio el cargo de presidente de su compañía, sin detenerse a pensar que todo aquello ocurrió de una forma diferente a lo que ella imagina. Aun así no sabe que siente por aquel otro sujeto que le ha demostrado su amor aparentemente incondicional y que daría la vida por ella. Sus vidas tomaran un rumbo que los hará recapacitar para saber lo mucho que vale perder al amor de su vida. Muchísimo secretos saldrán a la luz a medida que transcurre la historia que los lleva a recapacitar sobre sus errores para que triunfe el amor.

Capítulo 1 EL DIA QUE DEJE DE AMARTE

Carolina Ferreira, una chica de 25 años, rubia, ojos azules, tez blanca y estatura promedio, psiquiatra de profesión.

Una tarde se dirige a aquel lugar donde lo conoció aquella cruel noche en la que sufrió el peor engaño por parte de su esposo.

Lleva puesta una bufanda y unos lentes para que nadie la reconociera en la calle, al llegar en su auto corrió a su departamento.

Abrió la puerta con las llaves que tenía, entró algo nerviosa esperándolo como siempre, se quitó lo que la ocultaba su rostro, fue hacia la cama, aquel hombre un apuesto joven de 26 años, cabello platinado, ojos color azul profundo, cuerpo de atleta y vestimenta elegante.

La tomó por sorpresa, abrazándola y besando su cuello de manera sensual.

-Daniel, creí que no vendrías. -La chica lo abrazó de vuelta.

- Sabes que siempre estoy cuando lo necesites hermosa. -Comenzó a besarla en su cuello con algo de desesperación. - ¿No se dieron cuenta?

-No, está en el corporativo Esquivel, no creo que llegue hasta la noche. -Habló con un poco de excitación por sus caricias.

-Entonces tenemos toda la tarde para los dos. -Daniel respondió.

Carolina sonrió, al sentir sus manos sobre ella.

Así es, Carolina vivía una aventura con Daniel Blanchett, desde hacía ya varios meses.

Se acercó a él, tocándolo, aquella rubia no podía evitar sentirse llena de placer.

Comenzó a acariciarle por encima de su ropa, mientras se da vuelta para verlo y besarle, aquellos que la matan, toda la pasión que le daba, que no era capaz de resistirse.

La arrojó a la cama con la fuerza de su cuerpo, no dejaba de besarle, le despoja de su camisa, rompiéndola, muerde sus labios de solo saber que la hará nuevamente suya, cada caricia que le da, es un destello de deseos desenfrenados que no había sentido antes con Esteban, su esposo.

Baja a su intimidad, notando lo húmeda que se encontraba, quita aquella falda negra que trae puesta junto a la lencería que le arranca con facilidad, se acerca a los labios de la rubia para besarla, gimiendo de nuevo de placer.

Ya desnuda, Daniel acaricia su cuerpo entero con sus manos, hasta que llega a su intimidad, sus dedos comienzan a adentrarse en ella, estremeciéndole por completo, no deja de besarla, mientras lo hace más fuerte cada vez.

Sus respiraciones son rápidas, de la excitación que sienten en ese instante.

No pueden más, quiere ser suya ahora, gemía de placer extremo, quería gritar, pero puso su mano en los labios de la rubia, esta sólo respiró, mordiendo aquellos dedos lamiéndolos de aquella sensación que provocaba ese hombre, lo deseaba más cada momento.

El chico nuevamente vuelve a besarle, no podía evitar tocar su cabello platinado, apretándolo fuerte cada vez más, pone sus manos sobre los pechos de la rubia, presionándolos con fuerza que la mujer sabe si ya está en otro mundo, antes aquel éxtasis de pasión que le daba.

Daniel se aleja, sin dejar de mostrar ese deseo inmenso que tiene por Carolina.

De nuevo se acerca, con sus dedos a su intimidad sin que deje de ansiarle, la hacen gemir, era una explosiva combinación de sensaciones que le hacían falta con su marido y él le hacía revivirlas.

Acaricia de nuevo, besándole, dándole la señal de que entraría en ella, mordió los labios aprobando que lo hiciera, lentamente fue adentrándose sintiéndose placenteramente bien, comienza a embestirle, jadeando, esto era el cielo, sólo mordía sus labios de lo fuerte que eran.

Apretaba las sábanas de la cama con desesperación, la besaba sin dejar de embestirla cada vez más rápido, jadeando de placer.

- ¡Eres mí adoración Carolina! -Gritaba mientras lo hacía más rápido.

- ¡Daniel, eres mi mayor placer, te necesito, quiero más...! - No podía casi ni hablar, de lo excitada que ya estaba.

Daniel le besó con locura al oírle decir aquello, hasta que ambos gritaron, llegando al clímax, Carolina no dejó que éste saliera de ella aún.

Daniel le sonrió, se sentaron aun sintiendo sus palpitaciones.

Él no dejaba de mirarle con el deseo, desde que lo conoció esa horrible noche, se besaron nuevamente, para iniciar un nuevo momento de placer.

Después de dormir por un rato Carolina se levantó para cambiarse, debía regresar a casa con su marido, ya estaba anocheciendo.

:::

Horas más tarde:

Cuando fue a casa, notó que Esteban aún no había llegado de la oficina, le preparó algo de cenar como siempre, comió algo, esperándolo.

Lo sintió llegar saludándola, sentados juntos en la mesa como siempre, Esteban le felicitó por la preparación, esta le dio las gracias, pero después se fue a sus ocupaciones en el estudio no sin antes besarle, sonriendo para ella.

¿Le duele engañarlo? La respuesta es, que todo es culpa de Esteban.

Cuando se casaron, todo era felicidad y alegría, pero se fue a pique cuando tomó las riendas del corporativo Esquivel, un lugar que no le correspondía, era el títere de una mujer enferma, hija del empresario Samuel Esquivel, que había muerto hacía dos años, de los cuales le ha lastimado de los tres que llevan juntos, Amanda Esquivel destruyó su corazón y lo que sentía por Esteban.

La noche en que todo ocurrió no lo soportó, pero desde allí, decidió mantener la calma a su lado, ya que encontró refugio en Daniel.

Aun así, no permitirá que esa mujer le quite su papel de la señora Soler.

Nunca quiso engañarlo de esa manera, lo amaba con loca pasión, su vida giraba en torno a él desde que lo conoció.

Su familia la amaba como si fuera su propia hija. Elena era la madre del chico, siempre la había aconsejado en todo por ser una de las alumnas de su clase de Psiquiatría.

Allí fue donde se conoció con Esteban.

Diariamente Esteban iba en busca de su madre para ayudarla en lo que necesitara para llevarla a su casa.

::

Años atrás:

Una mañana la chica llegó muy tempano para ayudar a Elena a preparar las clases del día, ya que siempre necesitaba ayuda necesaria para ciertos alumnos que asistían muy tarde.

Esteban llegó muy enojado y cansado con un par de cajas que su madre le había hecho llevar sólo.

No se dio cuenta que la chica estaba muy concentrada leyendo un libro para un examen realmente importante.

Se quitó la camisa que llevaba puesta alegando que si su madre creía que era un burro de carga.

Carolina se levantó para reclamarle, pero se quedó sin palabras ante la sorpresiva vista que le daba el chico.

Su respiración le estaba fallando ante la musculatura del chico.

Esteban estaba ruborizado que de inmediato se tapó con la camisa.

Elena llegó con lo demás ante la demora de su hijo, Esteban y Carolina corrieron a su ayuda.

La mujer se dio cuenta del nerviosismo que había entre los dos, así que decidió interferir para romper el hielo entre los dos.

-Carolina te presentó a mi hijo mayor, mi pequeñín Esteban Soler. -Se acercó a él.

Carolina estaba en shock al enterarse que era su hijo, pues siempre era una de sus distracciones en su clase cada que llegaba buscando a Elena.

Esteban lleno de vergüenza por los mimos de su madre le extiende su mano esperando estrechar la de ella.

-Mucho gusto, soy Esteban Alfonso Soler...soy del área de finanzas. -Le guiño el ojo sonriente.

-Esteban ella es Carolina -Elena le manifestó a la rubia.

-El gusto en mío Soy Carolina Isabela Ferreira Luna...cuando quieras una cita psiquiátrica no olvides consultarme...-Sonrió muy orgullosa.

Elena llegó a pensar que desde ese momento su hijo y Carolina llegarían a ser grandes amigos sin imaginar que sería su esposa más adelante.

Los días pasaron rápidamente y cada que llegaba buscando a Elena aprovechaban para hacer una actividad juntos después de las clases.

En un inició era sólo una simple salida para hacer los deberes que cada uno no entendía.

-Nunca creí que conocería a alguien tan apasionado por la psiquiatra, como mi madre y que le gustará leer libros. -Esteban le mencionó.

-¿Acaso no te gusta la carrera universitaria que escogiste? -Carolina pregunto muy seria.

-¿Tanto se me nota? -Habló el chico sorprendido.

-Siempre te quejas de los problemas matemáticos, algo que comparto contigo, soy pésima para eso. -Le confesó.

-Mi padre me obligó a ser un experto en finanzas, pero no es algo que me apasione, a pesar de ser bueno en ello. -Esteban suspiró.

-Vaya señor Soler, sí que sufres por eso... ¿Qué querías ser entonces? -Pregunto curiosa.

-Un cantante muy famoso, o un gran compositor. -La observó con unos ojos llenos de ilusión.

Carolina tenía ganas de besarlo ante la bella mirada que había descubierto por sus sueños, pero no quería arruinar la linda amistad que sentían desde que se conocieron.

-¿Quieres salir a algún lado? -Pregunto el chico muy nervioso tomándole las manos.

- Nunca me habían invitado a una cita. -Se sonrojo. -Pero me encantaría salir contigo.

-¿Qué te parece está noche en el teatro de la escuela, te puedo demostrar mis habilidades como cantante? -Esteban le sugirió.

-Tienes muchas influencias al ser el hijo de la profesora Elena. ¿No? -Se burló.

-Bueno, es que le pedí a mi madre que me ayudará con el director para poder estar siempre allí después de clases intentando tocar los instrumentos que hay, además es una de mis primeras canciones que he compuesto. -El chico tenía una gran vergüenza.

-Bien, iré a escucharte y si me gusta, me convertiré en tu fan. -Lo miro a los ojos llenos de alegría.

Esteban de la emoción la abrazó muy contento que dejó anonadada a la chica, pero aquel lindo sentimiento era único en sus corazones.

:::

Esa noche fue muy bien recibida por los sonidos del piano y le ofreció sentarse en la primera fila mientras estaba en el escenario con una de las guitarras.

El chico estaba lleno de nervios ante la letra improvisada letra que había compuesto esa tarde después de verla.

Amar puede hacer daño,

algunas veces, amar puede hacer daño,

pero es la única cosa que conozco.

Y cuando se pone difícil,

sabes que algunas veces se puede poner difícil,

es la única cosa que nos hace sentir vivos.

Guardamos este amor en una fotografía,

construimos estos recuerdos para nosotros mismos,

en donde nuestros ojos nunca se cierran,

los corazones nunca se rompen,

y los momentos quedan quietos, congelados para siempre.

Así que puedes guardarme en el bolsillo

de tus vaqueros rasgados,

abrazarme hasta que nuestras miradas se encuentren,

nunca estarás sola,

espérame a que vuelva a casa.

Carolina estaba encantada por la bella melodía, supuso que era para ella, pero ninguno de los dos lo decía en ese momento.

Simplemente le dijo que, si alguna vez se atrevía a ser un artista profesional, ella estaría allí.

Pocos meses después de sus constantes salidas decidieron hacer formal su relación delante de sus padres.

Todos ellos estaban más que encantados con la noticia y que debían ser muy pacientes en cierto aspecto hasta su boda.

Esteban en eso no tenía problemas, su madre le había enseñado todo lo necesario y Carolina lo entendía ya que primero era terminar sus estudios y después pensar en casarse.

:::

Actualmente.

Carolina tenía ganas de llorar ante aquel dolor que le provocaban aquellos momentos de felicidad con Esteban cuando lo conoció.

Era más de la media noche y aún no había llegado, pero ya no le extrañaba que fuera así, pues se había acostumbrado a no verlo en casa desde que comenzó su trabajo como presidente en uno de los corporativos más famosos de país.

"No sé siquiera como sucedió, pero debía decírtelo antes de que ocurriera más cosas, pero creo que ya es demasiado tarde para lamentarme del porque lo hice, te amaba con locura desde que te vi la primera vez, pero solo con tus constantes ausencias, hiciste que empezara a destruir todo aquello que tenemos, llegue a cometer la locura de engañarte con otro hombre"

Carolina pensaba siempre aquellas palabras que le carcomian el alma.

Capítulo 2 No queda nada.

:::

El amado hombre que era Esteban, un chico que tiene el pelo largo color negro atado con una cinta, usa aretes en forma de luna, su piel es de color blanca crema, sus ojos son azules.

Es un chico atractivo para la mayoría de las jóvenes, también es honesto, divertido, alegre, y de buenos sentimientos. Le encanta escuchar música, bailar y tocar la guitarra eléctrica. Aunque todo lo dejo al entrar al dedicarse a sus estudios de contabilidad ya que su padre le propuso estudiar aquella carrera para que tuviera un buen futuro. Del que Carolina se enamoró perdidamente años atrás apenas lo vio, ya no estaba ni su rastro.

Se conocieron cuando comenzaron a estudiar en la misma universidad, de inmediato sintieron una conexión especial, salieron un par de veces más, pero él tuvo que irse a Inglaterra para finalizar sus estudios por darle gusto a su padre Alfonso Soler.

Lo esperó durante dos largos para seguir su noviazgo. Fue cuando le propuso matrimonio de la manera más hermosa que pudo esperar, al finalizar sus estudios como Psiquiatra y el como un gran contador.

Carolina consiguió un puesto temporal en el corporativo de Samuel Esquivel, era una verdadera oportunidad que no podía perder, aunque no fuera de su área, trabajar allí le abriría puertas en un futuro.

Jamás se imaginó que él también estuviera trabajando con su jefe Samuel Esquivel en cuanto se presentó aquel primer día muy contenta por la oportunidad cuando le asignaron su puesto, se veía muy elegante como siempre, algo que ella adoraba de su novio.

-Carol. ¿Tú aquí? - Se le acercó, apenas bajo del asesor notando lo hermosa que estaba ese día.

-Si. Qué sorprendente, ¿no? Parece que el destino nos quiere juntos, mi amor. - Carolina dijo muy coqueta, tocando su pecho para sentir su aroma.

-Sí, disculpa que no te dije que trabajaría aquí, sabes que estaba tan cansado anoche que nos vimos. - Esteban estaba algo avergonzado por ocultarle aquello.

-Lo entiendo, yo tampoco te dije. Pero es que necesitaba esperar a que todo fuera confirmado hoy. -La rubia le mostró el carnet que la hacía trabajadora del lugar.

Sin importarle nada a Esteban, besó muy cariñoso a su amada, era una de las cosas que deseaba y que no espero hacer en su sitio de trabajo.

Samuel salió de la oficina de presidencia con su hija Amanda, notando aquellos acercamientos entre los chicos.

-Veo que ya conoces a mi asistente Esteban Soler. - Interrumpió aquellos mimos.

-Sí señor, no quiero que haya mal entendido en esto, pero él es mi novio. - Carolina hablo muy apenada, tomándole la mano a su novio.

- ¿Es tu novia, Esteban? - Amanda hablo sorprendida, como si no le gustara la idea.

-Sí señorita Esquivel, mi futura esposa. -Esteban afirmó sonrojado, observando a su prometida.

-Me agrada Soler, sólo una cosa, no anden demostrando afectos en público por favor, no quiero malos entendidos. -Samuel le recomendó en un gesto de agrado por su relación.

-Claro señor, no habrá problema. -Declaró con vergüenza.

Amanda estaba furiosa ante las tonterías que su padre les demostraba a sus empleados.

Deseaba ser ella la que manejará todo lo que le pertenecía.

Esteban le miró con picardía, sabía que esto no les dejaría tiempo de nada, aun así, de alguna manera debían encontrar un espacio para los dos, era algo que les encantaba, sobre todo si era en su casa que meses antes de graduarse habían comprado para vivir juntos.

Llegaban a su refugio de amor algo cansados, sin embargo, contentos de estar juntos, aún no habían tenido aquel primer encuentro de amor, pues deseaba que fuera una inolvidable oportunidad el día que se casaran.

Él era muy respetuoso con su prometida, un día, Carolina decidió que quería dar el primer paso, entregándosele, en verdad lo deseaba y supuso que él también, pero no quiso hacerlo, le dijo que esperaran, lo cual aceptó, otra prueba de que lo amaba.

=====

Tras dos meses de espera para la boda, dieron aquel importante paso.

Llegaron a su casa después de la fiesta, la cargó de la manera más hermosa hasta la cama, que estaba hermosamente decorada con pétalos rojos, sus besos tocaron sus labios que no paraba de probar en toda la noche.

Poco a poco, fue despojando el vestido sonriendo, mientras ella le desabotonaba su camisa viendo su lindo cuerpo, era un manjar para sus ojos.

Esteban se acercó a su cuello besándolo apasionadamente, a tal punto que no paraba de excitarse con sus besos, sus manos eran una delicia para ella que le estremecía, bajo su mano hasta el vientre, aún con la lencería blanca puesta.

Fue subiendo la mano, le acariciaba la pierna, pasaba sobre su pierna, la apretaba, le acariciaba y se fue acercando más a ella. La respiración comenzó a ser más agitada, no podían controlarse.

Carolina cerró los ojos y él fue subiendo su mano hasta llegar sobre la ropa íntima, fue acariciándole tiernamente, sintió lo mojada que estaba.

Le besó, no lo apartó de ella, se dejó besar, y con su mano retiro sus brazos que cubrían aquellos pechos besándola en el cuello, le estaba gustando lo que hacía, era totalmente nuevo para ella, podía sentir a un verdadero hombre a su lado.

Le besó con ternura y a la vez salvaje sobre sus pechos, los besaba y los apretaba, luego fue besando, bajando hasta llegar a su abdomen, donde besó sobre los pantys, en las piernas, se desvanecía en la cama, él se quitó la ropa, pudo notar desde el momento en que se bajó el pantalón, aquel enorme miembro que guardaba en su bóxer, no podía creer que estuviera así de excitado.

Ya no podía más, sentía esa necesidad de sentirse mujer, de que alguien que le hiciera su mujer, tanto desearlo cada noche, le hacía quererlo más.

Se estaba dejando hacer lo que él quería, bajó la lencería con delicadeza, vio lo húmeda que estaba, le besó ahí, nunca había sentido esa sensación, pero lo mejor fue cuando se acercó a su intimidad.

Sentir su boca y su lengua recorriéndola, no dejaba de besarle, hasta que se levantó y se quitó su estorbosa ropa interior, vio su miembro enorme, grueso y a punto de estallar.

Se acercó para que lo tocara, ella deseosa lo acarició, notó su rostro de satisfacción, luego, se acostó sobre ella y le siguió besando en el cuello, en los pechos, pudo sentir aquella excitación junto a su intimidad, que pedía que entrara por primera vez y que se adueñara de su ser, sabía que estaba ardiendo de deseo, así que la volteó y besó toda la espalda hasta los glúteos.

Luego puso boca arriba y abrió las piernas, se puso entre ellas con su miembro en las manos, lo comenzó a pasar sobre su intimidad, pero no le hacía suya, pensaba que otra vez no iba a ser.

Siguió excitándola cada vez más, hasta que ella pidió deseosa aquello.

- ¡Por favor, ya hazme tuya, quiero ser tu mujer ahora, mi amor! - Gritó con desespero.

Y fue cuando se acostó encima de ella y le fue penetrando. Estaba abrazada a él cuando se adentró en ella fue un grito, y le abrazó más fuerte, fue cuando lo vio a los ojos que en ese momento tenía unas lágrimas, de dolor, pero más de agradecimiento por que era maravilloso tenerlo dentro y le besó, acariciaba, con más ganas, fue disfrutando de que era el primero y único.

Estaba llorando de emoción, por fin era suya, por fin sentía su esencia dentro de ella.

Se quedó largo tiempo así, dolía un poco cada arremetida, pero le gustaba, hasta que sintió sus fluidos dentro de ella, fue maravilloso esperar a esa noche que jamás olvidaría, las sábanas que fueron testigos de su gran y mágico amor.

Después de eso, las cosas cambiaron para los dos al quedar embarazada y su maldito engaño con Amanda Esquivel que aún duele, porque, aunque tiene consuelo en Daniel, lo ama y no desea que su pobre hija Amelia, de apenas un año sufriera por culpa de los problemas de sus padres.

::::

Pocos meses después de su matrimonio jugaban a escondidas en las oficinas de las industrias Esquivel, una empresa muy codiciada en el país, aprovechaban para escapar en su tiempo libre, iban al archivo de la oficina principal sin que nadie los descubriera, ya que Carolina era la encargada de ese lugar.

Él comenzaba a seducirla, tocando sus piernas y besando el cuello, estaba desesperada por saber si en menos de un momento Esteban la haría suya, como podíamos se deshacían de la ropa para más comodidad, él la besaba apasionadamente, mientras que la atrapa en una pared.

-Creo, Señor Soler, que nos descubrirán si no me suelta ahora. - Dijo pícaramente, excitada.

- ¿Verdad, Señorita Ferreira? Porque ansiaba estar así contigo. - susurró en su oído.

Cada palabra la excitaba más, subió a sus piernas y lo atrapó, pues ya estaba dentro, evitar gemir de placer, en un momento así en la oficina fue algo muy especial, sobre todo si él le besaba para ahogarlo, mientras la embestía cada vez más rápido.

Fueron tantos los momentos en ese lugar, que nadie se dio cuenta, hasta que recibieron la noticia de que el señor Samuel había fallecido, fue muy fuerte para todos, sobre todo para ellos, pues lo apreciaban por dejarlos trabajar juntos al ser pareja.

En esos días, se leyó el testamento de aquel hombre, sin saber que lo que ocurriría les cambiaría la vida a Carolina y Esteban ante la decisión de la junta directiva.

La rubia se había quedado en casa, por un terrible malestar estomacal y vomitando mucho durante la noche, Carolina sacó la prueba que Esteban había comprado con anterioridad, al realizarla, no podía creer que estuvieran esperando su primer hijo con su gran amor, era algo que deseaba desde meses atrás.

Esteban le llamó pidiéndole que fuera a la playa cercana al corporativo para que le dijera si serían padres o no, también que tenía otra noticia más.

Así que fue rápido hasta ese lugar que era especial para ellos, pues era el lugar en que tenían citas cuando eran novios.

-Dime que sí, por favor, Carolina...no es una broma. ¿verdad? - Susurró en su oído, con una alegría de ilusión.

Le mostró la prueba y se alegró tanto que la cargó, comenzó a darle vueltas de felicidad, esa fue la última vez fue feliz junto a la chica.

-¿Qué noticias debes darme, mi amor? - Carolina mencionó momentos después de tanta alegría compartida.

-Carol, tú sabes que el señor Esquivel era mi jefe. -Esteban habló, observando el hermoso paisaje que había en ese instante en aquella playa.

-Sí, era un gran hombre. - Carolina sentía nostalgia pensando en aquel humilde hombre.

-Hace unas horas leyeron el testamento, dejando todo a su hija Amanda. - El chico la miro a los ojos, algo serio.

-Ya era hora de que esa niña tomará sus riendas con 18 años. - Carolina afirmó.

-Pero, ella me pidió que fuera su presidente. - Esteban le comunicó a su esposa.

- ¿Qué? ¿Tú, de presidente de esa empresa? - Carolina dijo, impresionada.

-Sabía que dirías eso, todos me dijeron que está enferma y que no puede. -Esteban le tomó la mano, muy cariñosamente.

-Mi amor, tu sueño es ser compositor, no quiero que lo olvides, Esteban. -Le recordó, con algo de enfado.

-Pero Carol, será una gran oportunidad, además, podemos tener nuestros momentos juntos sin que nadie nos moleste cuando seas mi asistente, ganaremos bien los dos. -Esteban le miro pícaramente, recordándole sus momentos íntimos.

-Creo que suena tentador, ya cambiaremos de sitio, paso de ser la amante del asistente a la esposa del presidente. - Carolina dijo un tanto emocionada y con la mirada de lujuria, cuando este se acercó más, sintiendo su esencia. Esteban le besó tan cariñoso, sin pensar que esta decisión acarrearía problemas en el futuro.

::

Semanas después su amado esposo la nombró asistente como lo acordaron aquel dia, la junta no opuso problemas, pues la chica era muy eficiente a pesar de no tener experiencia en esas áreas, cuando le llamaba a su oficina pasaban días inolvidables, era fascinante cada que tenían pocas visitas y reuniones podían estar encerrados el día entero amándose sin interrupciones.

Se reunían a solas para tener intimidad, sin que nadie los molestase.

Pero un día, Carolina recibió una carta de despido por estar embarazada, tenía la firma de su esposo.

-Esteban, querido. ¿Dime qué es esto? - Entró a la oficina algo mal humorada, reclamándole.

El chico tomó la carta y dijo que él no había enviado nada.

-Creo que la señorita Esquivel lo hizo. - Apreció la causa de despido muy enojado.

-Cariño, haz algo, eres el presidente, ¿no? - Lo abrazó, besando su mejilla.

-Pero yo soy la dueña, Señora Ferreira. - Los interrumpió aquella chica.

-Disculpe, pero soy la señora Soler. - Le recalcó, tomando la mano de su esposo.

-Me da igual, usted está embarazada y no servirá más como antes, desconcentra al señor Soler.

-Con el debido respeto, Señorita Esquivel...

-Amanda, solo llámame así. - Le mencionó en tono seductor, sin importar que estuviera al lado de su esposa.

Esteban no se atrevió a tutearla como quería, tomándole la mano a su esposa.

- Está embarazada y puede regresar a trabajar después de tener a nuestro hijo.

-Esteban, no pidas clemencia, por favor. - Carolina habló, enojada.

-Ya di una orden, Señor Soler y esta mujer se va hoy. - Le apuntó muy enardecida para marcharse, sin importar lo que el chico dijera.

:::

Jamás imaginaron lo malvada que era esta niña, su temperamento era distinto al de su padre.

Esteban la llevó a calmar la furia apenas se fue ella, sabían que con lo que ganaba en ese rango pagarían la casa en pocos meses, antes de que su bebé naciera.

Recibió la liquidación de sus años de trabajo, pagando algunos meses a la deuda y se dedicó a cuidar de su embarazo para que llegará a feliz término.

Los meses pasaban rápido, Esteban poco a poco no estaba en casa, sólo llegaba a la hora de la cena, otras veces llegaba de madrugada, se sentía tan cansado, que solo la besaba para darle las buenas noches.

El día que tuvieron a Mia, por poco y no llega al parto para acompañarla, aun así, se veía feliz con su hija en brazos, compartir un momento así con él era un milagro y un recuerdo que conserva en un álbum de fotografías.

:::

Una tarde, quedó en llegar a tiempo para celebrar su tercer aniversario de casados, se vistió para él, ya era de noche y no llegaba, pensó que seguro algo le había ocurrido. Decidió llamarlo, pero la voz era de una chica.

- ¿Quién eres? ¿Dónde está mi esposo? - Dije enfadada.

-¿De verdad quieres saberlo? - Habló en tono de burla.

- ¿Amanda? - Carolina quedo estupefacta al reconocerla.

-Así es, Esteban está conmigo, ven a verlo como disfruta haciéndome suya.

El corazón se detuvo al oírla, él no podría estar engañándola.

Fue rápido a donde él estaba y lo encontró con ella encima, disfrutando llena de placer, no le dijo nada y se fue enojada a un bar cercano, pidiendo vodka para tranquilizarse, pero era evidente no llorar como lo hizo esa noche.

-Señorita, el joven de la barra le envía esto. - El chico se acercó llevando una copa.

-Pero no puedo aceptarlo. - Habló molesta.

-Dijo que lo aceptará o me echaría de aquí. - El joven insistió.

Carolina no tuvo otra opción más que aceptar y agradecer al hombre. Este se acercó cuando ya estaba realmente borracha, quería invitarla a bailar, lo cual aceptó con gusto.

Mientras bailaba podía sentir sus músculos tan exquisitos, sus toques sensuales la estaban enriqueciendo, pero le recordó a Esteban y no quería eso, deseaba algo diferente que le hiciera olvidar su maldita traición.

Puso sus brazos en el cuello del chico mirándolo y sonriéndole para después besarla, dejándola sorprendente hipnotizada con su néctar, era algo que esperaba.

Estuvieron bailando con él por cerca de media hora más, hasta que regresaron a la mesa, el pidió que le trajeran más bebidas.

Poco a poco en medio de su borrachera lo besó, a tal punto que deseaba más y él lo notó.

-¿Seguro que quieres esto mi reina? - Besó sus manos con lujuria.

- ¿Reina? ¿Por qué me dices así? - Dijo con dificultad al respirar.

- Pareces una de ellas, eres demasiado hermosa. - Daniel se acercó, llevando una mano a su hombro.

-Gracias. - Carolina estaba ruborizada.

-Veo que tú marido ya no vendrá.

Notó la argolla de matrimonio, suspiró, mirando ese hermoso anillo que le unía a Esteban y después lo miró a él.

-Es un desgraciado, me engaño con otra. ¿Crees que no es justo que le pagué con la misma moneda? - Carolina habló con una voz seductora.

-Si eso quieres, podemos ir a mi casa. -Daniel le susurró.

Carolina mordió su labio con aquella petición, unos minutos después, se marcharon.

Aquella chica dejó que esa noche la hiciera suya, sintiendo muchísimas sensaciones nuevas que hacía tiempo no tenía con Esteban.

::

La mañana siguiente, despertó viéndolo a su lado, ya era demasiado tarde, había engañado al hombre que más amaba.

Daniel le besó, pero se alejó de este, le pidió que sólo fueran amantes y que se verían cuando ella sintiera deseos de hacerlo.

El comprendió lo que sucedía, besándola de nuevo.

Al volver a casa, vio que Esteban aún no se encontraba allí, sólo fue a la cama para calmar la resaca que aún tenía.

Por suerte, su hija estaba en casa de sus padres. Ya que esa noche festejaría su aniversario con su esposo. Al medio día, Esteban llegó algo adolorido de su cabeza, la abrazó y besó.

La chica no quiso reclamarle nada, pues si lo hacía, seguro se enteraría de todo lo que hizo con su ahora, amante Daniel Blanchett.

Así ya pasaban más de dos meses y aún continuaba su aventura con Daniel Blanchett, sólo han salido un par de veces, de los cuales en dos ocasiones han tenido intimidad, en él lo que busca es tranquilizarse y sentirse deseada y amada nuevamente ante el abandono de Esteban.

Lo que no sabía Carolina Ferreira, era que su amado Esteban Soler, había caído en una trampa de Amanda, quien se obsesionó de él desde antes de saber que era novio y prometido de la rubia, Daniel Blanchett era un títere de esta enferma mujer, pues estaba usándolo para separarlos.

El chico también se había obsesionado con Carolina desde que la vio una vez cerca al corporativo, meses atrás, desde allí no podía controlar las emociones que sentía cuando estaba con Amanda y pensaba en ella cada que se acostaban.

Capítulo 3 Mi peor noche: Tu traición

Aquella mañana que despertó, fue a darse un baño pensado en todo lo que le ocurriría, no sabía si podía continuar con la doble vida que tenía con Daniel, se vistió para ir a preparar algo de comer a su hija antes de ir a trabajar.

Carolina actualmente trabaja como psiquiatra sobre todo de niños en uno de los consultorios más importantes del país gracias a que su suegra le había dado un puesto después de terminar la dieta de su pequeña hija.

Manejaba diferentes tipos de conflictos con sus pacientes, por eso era que manejaba las cosas con calma con Esteban y la traición que ambos tenían y ninguno se atrevía a revelar sus engaños.

La chica al comedor y se sorprendió de notar a su esposo allí sentado en el sofá con la bebé, se notaba que la pasaba bien con la pequeña Mia, haciendo pucheros mientras se reía.

-¿Esteban? - Se impresiono al verlo en pijama y no vestido de traje para ir a la oficina.

-Hola cariño. -Sonrió al verla tan elegante o eso aparentaba ante ella.

-No tienes que ir a trabajar hoy? es viernes. - Le comento un tanto inquieta por su presencia en la casa.

- Decidí que tomarme desde hoy un descanso para compartir contigo unos días, ya hablé a tu oficina y le dije a mi madre que irás de vacaciones conmigo todo este tiempo.

-Pero, hay muchas cosas que debo organizar y seguro Amanda te necesité en el corporativo. - Habló de esto llena de celos, no podía evitarlo al mencionar aquella mujer despreciable

Esteban se acercó tocando su cintura sorprendiéndole y dejándola sin habla, el corazón de la chica latía a mil ante su contacto.

No podía evitar sentirse nerviosa, era algo natural desde que lo conoció aquella mañana sin camisa en la universidad.

-No tienes que preocuparte mi hermosa Carol, quiero estar con mi esposa, sé que te tengo abandonada desde que nació nuestra Mia. - Esteban le susurró a su oído.

Esas palabras entraron a su corazón como cuchillo, no sabía que decirle, no podía olvidar aquella traición con Amanda, le dolía demasiado.

Le besó tratando de contener sus lágrimas para que no notará nada extraño en ella, pues no quería que sospechara ahora que al parecer estaba regresando a casa.

Fueron a sentarse al lado de su hija, este le hacía pucheros a la pequeña en forma de juego, había olvidado el día en que la vio por última vez así de contento y entretenido con la niña.

El celular de Carolina sonó en ese momento, era Daniel, no podía creer que la llamara justo en ese instante que compartía con lo que quedaba de su familia.

Se alejó de ellos diciéndole a Esteban que era uno de sus pacientes, al llegar al jardín contesto con enojo y miedo a que su esposo la descubriera.

-Hola mi reina... -Daniel le hablo muy seductor mientras revisaba unos documentos en su escritorio.

-¿Qué haces llamándome? -Le pregunto muy alterada.

-Siempre lo hago amor lindo. - Le recalcó.

-No me llames así, ya te lo dije, además estoy con Esteban en casa. -Susurro observando que su esposo no estuviera cerca.

-Pensé que estabas en tu oficina, además quiero verte y hacerte mía de nuevo. -Le insinuó esperando su aprobación.

-Creo que ya habíamos quedado claro que solo yo te buscaría para eso, tu jamás me darás órdenes.

Daniel estaba sorprendido al notar aquella actitud con él, era la primera vez que se comportaba de esa manera cuando la llamaba. -Mi reina...

La chica muy enfadada colgó su teléfono sin decir más volviendo adentro, Esteban servía el desayuno, unos deliciosos panqueques con miel. Se sentó en la mesa controlando la rabia que sentía por la llamada de Daniel.

-Aquí está para mí preciosa Carol. -Le comento mientras esparcía la miel en su panqueque como a ella le gustaba.

Comenzó a comer agradeciéndole, estaba delicioso y era una de las especialidades culinarias de Esteban, siempre que se decidía a cocinar lo hacía con esmero y dedicación, algo que se había olvidado por completo por no tenerlo cerca.

-Espero que tengas mucha hambre porque prepare muchos por tu cumpleaños. -Esteban le mencionó contento el chico.

Escuchar eso hizo que por poco se atorara, era verdad, su cumpleaños era ese día y lo había olvidado, supuso que por eso que Daniel le llamo por esa razón y ella sólo lo trato muy mal.

No podría ser, apenas llevaba saliendo con él dos meses y no le dijo nunca sobre eso y otras cosas más. Pues simplemente se desahogaba teniendo intimidad cuando sentía deseo de perderse en sus caricias.

- ¿Estás bien Carol? -Pregunto notándola nerviosa ante su actuar.

Carolina tomo el vaso con jugo para disimular su atoramiento sonriéndole mientras en su mente se debatía una batalla de emociones encontradas por las nuevas atenciones que Esteban le demostraba.

El chico se acercó besándola de una manera que le sorprendió a la madre de su hija.

-Feliz cumpleaños cariño. -Esteban le acaricio su mejilla muy cariñosamente.

-Tu, nunca lo olvidas amor. -Declaro muy impresionada con aquel gesto de su esposo.

-Jamás me olvidó de fechas importantes, por eso decidí escapar de ese trabajo tan cansado y dedicarte tiempo, te tengo demasiado abandonada mi amor.

No dejo que la besara dando una vuelta a su cara llena de vergüenza, las lágrimas comenzaron sin poder esconderlas.

¿En verdad le estaba doliendo engañarlo? No podría estar sintiendo esto cuando él lo hizo de la misma manera con aquella maldita mujer.

Pensó que el quedarse a su lado era por tonta y también porqué su hija creciera con su padre era más, su pequeña era la causa por la cual no se ha arriesgado a dejarlo, ya que esa infeliz mujer podría tenerlo en bandeja de plata muy fácilmente. Era un gran padre para Mia después de todo y eso no lo podía negar jamás.

::

Amanda llegó a la oficina principal del Corporativo Esquivel enfurecida de percibir que Esteban no estaba, pregunto a donde se encontraba, le respondieron que él había decidido tomarse unos días para estar con su hija y su esposa.

Amanda al oír eso de la asistente se acercó al escritorio arrojando varios papeles y objetos de valor.

-¡Maldita infeliz Carolina Ferreira! ¿Por qué te metiste con el hombre que yo quiero? -Gritó llena de desesperación.

Su rabia era evidente, no soportaba la idea de que estuvieran juntos después de cómo le costó alejarlo de Carolina para mantenerlo en la oficina durante todos estos años, llenándolo de trabajo.

:::::

Meses atrás:

Terminada una reunión realmente complicada en el corporativo, Esteban estaba listo para irse a casa con su esposa, quien le esperaba para celebrar su tercer aniversario de casados, la rubia le envío una foto mostrándole lo hermosa que se veía con un hermoso vestido elegante color rojo muy sexy y que seguro el sería el único que tendría el gusto de quitárselo, también le envió un mensaje diciéndole que lo esperaba pronto en casa.

Esteban sonrió al ver el mensaje, sentía emoción, ya que le tenía preparado una joya especial que compro para ella, quería llegar a tiempo, pero esa mujer lo detuvo en cuanto encendía el auto en el parqueadero de la empresa.

-Señorita Esquivel. -Esteban se impresiono de verla en el estacionamiento frente a su carro. Bajo del mismo preguntándose qué quería ahora que ya había terminado su hora de trabajo, ya no había más que hacer después de esa extenuante reunión.

-Te he dicho que no me llames así, tenme confianza. -La chica se le acerco tocándole su mejilla de forma coqueta.

-Lamento esto, pero es mejor así, usted es la hija del fallecido dueño de este lugar y no sería nada bueno tutearla. -El chico intento ser lo más cortes que pudo ante la prisa que tenía.

-Eres ahora el presidente y puedes hacerlo querido Esteban, desde que te conocí supe que eras especial, acompáñame a la fiesta que habrá en unos minutos en el gran salón del corporativo, lo mereces. - Suplico la chica.

-No puedo ir, hay algo primordial con mi esposa y no deseo fallarle ahora.

-Tu esposa puede esperar. Además, ¿Qué hay de valioso en ella? Eres el presidente de la compañía más importante del país. -Amanda lo miro con algo de enfado recalcándole que ella era quien lo necesitaba.

-Es nuestro aniversario y eso no es cualquier tema señorita Esquivel. -Le afirmo que Carolina no era una segunda opción de su tiempo libre.

-No quisiste ir a la fiesta que organizo la compañía por los logros que hemos tenido.

El chico le repitió que no podía, pero la vio desvanecerse en sus brazos, esto le preocupo al notar que no despertaba, trato de buscar ayuda, pero no pudo encontrar a nadie, así que la llevo a su auto para ir a dejarla en su casa, en cuanto llegaron no encontró a nadie, ¿Qué estaba ocurriendo para que su noche de bodas con su esposa no se efectuara?

La cargo hasta la habitación con sus indicaciones recostándola en la cama para después marcharse a su cita con Carolina, Amanda le detuvo cuando despertó.

-¿Esta bien Señorita Esquivel? -Pregunto al sentir su mano un poco fría.

-Quédate por favor. - Fue lo único que dijo ante su aparente dolencia.

No podía hacerlo, eso le traería problemas con Carolina, ya que no confiaba en esta mujer por su instinto de mujer, y no por estar celosa de una pequeña malcriada, sabe perfectamente que la ama con locura.

La chica se levantó de la cama corriendo a la cocina trayendo consigo unas copas llenas de vino, al parecer su recuperación fue muy rápida.

-Disculpe, pero no beberé nada, debo conducir ahora mismo hasta mi casa. -Se alejó de la chica muy molesto al ver que ya se veía bien de salud.

-Es solo un poco, no te afectará. Además, ya me siento mejor, te agradezco que me trajeras a casa. -Le ofreció una copa. -Brindemos por tu excelente presidencia.

Amanda bebió de un solo sorbo una copa para demostrarle que no había nada de malo, así que el chico solo tomo un poco de aquella bebida para no hacerla enojar.

Después de haber bebido un poco comenzó a sentirse raro, parecía como si no fuera él mismo, hablaba algo loco con ella sentándose en el sofá de la habitación, hasta el punto que le dio un beso de una manera que los sorprendió a ambos.

Lo único que recuerda de aquel momento es que despertó en su cama desnudo y en sus brazos. La culpa de esa noche no le permite estar tranquilo, no recuerda bien que sucedió con aquella mujer que simplemente le había tenido una trampa y eso no se lo perdonaría nunca.

No sabía que Amanda lo drogo para después vestirse como Carolina, pues había comprado una peluca parecida a su cabello, ya que el chico alucinaba que estaba con ella mencionándola, pensaba que estaba con su esposa en casa en su aniversario.

Pero un rato después Amanda no pudo siquiera tocarlo para hacerlo suyo, estaba muy dopado con la droga que había usado.

Cuando Carolina llegó, les pidió a sus empleados de la casa que la dejaran entrar y simplemente comenzó a gemir encima de sus boxers dejándole ver que sus manos la tocaban sin que se notará que ella era la que las manejaba a su antojo.

Unos minutos después noto disimuladamente que estaba estática observando todo, comenzó a gemir de manera que la escuchara, la rubia escapó del lugar sin decirle más Amanda llamó a Daniel para que la siguiera para hacer su parte, esperaba buenos resultados.

:::::

Amanda recordaba cada momento en que tuvo en sus brazos a Esteban, pero le frustrada que no lo hubiera tenido del todo para ella.

-Cariño. ¿Ya sabes que tu amante estará todo el día con mi Esteban? -Amanda hablaba con Daniel por su teléfono entrando a la oficina del corporativo.

-Ya sé, no sabes lo loco que le pone. -Daniel hablo enfurecido.

-Sabes que puedes consolarte conmigo querido. -Mordió sus labios. - O acaso. ¿Ya te enamoraste de esa inútil?

-Amanda sabes que ella no lo dejara y tal vez algún día sepa lo que pasó. -Afirmo Daniel muy enojado.

-Sera muy tarde para ella, porque le pertenecerá a otro y debes lograrlo. -Puntualizo Amanda bebiendo una copa.

-No lo acepta Amanda, ella aún lo ama, supongo que es una estupidez.

-No es ninguna estupidez, Esteban Soler me pertenece a mi solamente, por eso lo tengo todo el día aquí, más nos vale que siga así o mataré a esa mujer. -Arrojo la copa en dirección a la puerta de su oficina.

Estaba realmente enfadada, pues su cómplice no quería seguir con sus planes de enamorar y separar a Esteban y Carolina.

Esteban se había vuelto su vida entera desde que lo conoció aquella mañana y si había una mujer que le quitará ese deseo de que fuera sólo suyo no duraría en destruir lo que sea.

Su amante diario era una de las cosas más maravillosas que había conseguido, pero necesitaba encontrar y comprobar que cada uno de los hombres de la tierra podrían caer ante sus encantos.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022