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Toda la vida he disfrutado ver la cara de panico que otros poner cuando estoy frente a ellos, temblando al saber que puede ser la ultima vez que vean la luz del día ya que estoy a punto de asesinarlos, acabarlos poco a poco en una tortura infernal. No soy un salvador que viene del cielo, estoy muy lejos de eso. Yo vengo del mismísimo inframundo, donde solo existe la maldad, una real y absoluta.
Tengo las manos manchadas de ese líquido rojo que manchan mi piel y mi apellido. No me apetece ser benevolente con ninguno de mis enemigos, soy quién ha desfigurado los rostros de los que me persiguen y he dejado algunos huesos rotos como recuerdo de mi maldad, para que sepan que no deben burlarse de mí o jugar sucio. Sin embargo, es un mundo de mierda donde la debilidad está a la vuelta de la esquina, es una que te hace perder el control de absolutamente todo, los estribos e incluso te doblega ante situaciones peligrosas convirtiéndote en un pendejo antes las reglas claras que llevas años construyendo.
- No creas que tengo miedo de alguien cómo tú - dice, sin quitarme los ojos de encima - Solo eres un jodido témpano de hielo - aprieta los dientes.
- Si, es lo que soy, encanto - ironizó, burlándome de ella - Y deberías aprender a respetarme, y además a temerme - sus labios tiemblan de puro horror, y eso me encanta - No eres más que una pobre niñita altanera y estupida.
No le gusta lo que digo y forcejea para que la suelte. Tengo la razón, está mujer frente a mí con su aspecto de chica nerd, es mucho más que eso, es más que una simple tonta de gafas y ropa holgada. Aún así, me he comportado de manera bastante estúpida frente a ella, cuando lo que tendría que hacer es volarle la cabeza para que deje de mirarme con esa intensidad, como si realmente pudiera entenderte y es lo que tanto me está molestando.
Está mujer, ha sido la única capaz de hacerme cruzar mis propios límites, de voltear mi mundo de cabeza haciendome perder la cordura de un momento a otro. Y eso, es otra de las cosas que detesto sobre ella.
- Entonces te sugiero que me dejes en paz - se le corta la voz.
- Si supieras que es lo que más deseo, Dalton - me acerco más a ella, de alguna forma es como si quisiera sentir su cuerpo y el mio juntos.
- ¡No eres más que un asesino! - ladra y aprieto la mandíbula.
- ¡Y tú eres una mocosa mentirosa! - replico y ninguno de los dos es capaz de bajar la mirada.
Ambos nos desafiamos, esperando que alguno de su brazo a torcer y por supuesto que sí está esperando que sea yo el primero está equivocada. Para su mala suerte soy mucho más fuerte, no tengo ningún tipo de remordimientos baratos, soy más poderoso entre los dos, y un ser malvado. Como ella, no tengo esa estúpida vena de la compasión que tanto refleja su mirada, por algo soy uno de los hombres más temidos de Italia y sus alrededores. Si no quiere darse cuenta de ello, es de muy mala suerte, ya que soy el mismísimo demonio reencarnado, que lucha constantemente contra sí mismo para no terminar por destruirla como debería haberlo hecho. Mi cabeza me grita una y otra vez, me tienta y me jode con las instrucciones claras.
Ha tenido que ver las advertencias, estaban allí frente a ella, puestas sobre una mesa. Jamás he ocultado lo que soy, ella más que nadie sabía perfectamente quien era Azahel Torricelli, desde un principio supo que no le convenía acercarse a mí. Sin embargo, no puso ninguna resistencia, sus limitaciones eran bastas y permitió que acabara con su patética existencia de chica aburrida en un segundo. Aún así, no dio un paso atrás.
- Solo estás convirtiendo esto en una larga y estupida tortura, Torricelli - un gemido de placer sale de sus labios por el morbo que le provoca tenerme cerca.
Desde el primer momento que mis ojos se posaron sobre ella, en aquel club de stripers, supe que la vida iba a cambiarme los planes absolutamente, sobre todo para mis futuras venganzas. Solo que ahora que veo su cara de horror, siento una pequeña satisfacción al saber que no soy el único que tiene problemas involucrado en esto que ambos llevamos por dentro. Tener su cuerpo presionado con el mío, su espalda pegada contra la pared y observar esas lágrimas tan falsas rodar por sus coloradas mejillas, encienden el fuego que hay dentro de mí. Soy consciente de lo que es capaz una mujer como ella, que a pesar de todo lo que ha escuchado prefurio continuar con su tortura, envez de quedarse en casa escuchando los consejos de su amiga, quién tantas veces le advirtio, que sucedería si llegaba a acercarse a mí.
- Una tortura que solamente tú has provocado - acaricio su labio inferior con mi pulgar, haciendo que trague grueso provocandome una sonrisa malevola en el rostro de pura satisfacción, cuando sus encantadores ojos se pierden en el movimiento de mis labios y no sabe, pero ha cometido otro gran error.
- ¿Qué quieres de mí? - pregunta, con un sutil tono a suplica.
- Nena, sabes perfectamente lo que quiero de ti - saboreo su aroma y me inclino un poco más cerca, dejando que mis labios queden a escasos centímetros de su boca.
No voy a negar que está mujer es verdaderamente fascinante y hermosa. Pero, demasiado estúpida al insistir buscar un mundo feliz en un demonio perturbado como lo soy yo, quién tiene garras que destrozan corazones, palabras que no excitan si no hieren acabando con tus tus sentimientos, doy besos de fuego que te hacen arder la piel en solo segundos.
- ¿Mi cuerpo? - se ríe de forma burlona y quisiera carcajearme también en su cara por la desfachatez. No voy a negar que quisiera descubrir lo que se esconde debajo de esa horrible ropa, pero no lo haré, ahora no es lo que necesito de ella.
- Te sugiero que cierres esa linda boca y dejes de decir tanta idiotez - aprieta la mandíbula y sé que le disgusta mi comentario.
- Estás equivocado si crees que me pondré a tus pies, como una de tus esclavas con las que puedes hacer lo que quieras - vocifera desafiante - No soy tu juguete, tampoco una princesa - eleva el mentón y me causa algo de risa que quiera hacerme creer que es mucho más fuerte que yo.
Al contrario de lo que ella puede pensar, me encanta esto de ella, que no se deje doblegar tan fácilmente con mis amenazas, que no me dé cabida para que la trate como una pobre niñita indefensa, si no como una igual que lucha cada día por no ceder a este ser demoniaco.
- El día que logre hacerlo, te pondré de rodillas para que me des una deliciosa mamada - mis palabras son interrumpidas casi de inmediato con una bofetada que me cruza la cara dejándola ardiendo.
Finalmente ha desatado un infierno en mi interior. Ser golpeado por una niñita malcriada, me nubla la mente casi de inmediato que me enceguece. Así que la sujeto de la muñeca con fuerza y aprieto haciéndola chillar de dolor. Estoy hastiado de todo este jueguito inutil entre ella y yo, sin que se lleve su merecido.
- ¡Sueltame, estás lastimando! - chilla, pero no la escucho y la sujeto de las piernas apartándola de la fría pared, para arrojarla sobre la cama.
Ahora mismo sabrá quien es Azahel Torricelli, no soy simplemente un mafioso valvado, le voy a demostrar porque me apodan como el "Diavolo" entre la mafia Italiana.
- ¡Mírame muy bien, niñita estupida! - forcejea para que la suelte, pero mi cuerpo la cubre por completo - Voy a advertirte esto una sola vez...
- ¡No dejaré que ningún bufón me falte el respeto! - patalea - ¡Quiero que me dejes ir! - sus movimientos son erráticos, lo que provoca que el roce de nuestros cuerpos solo me ponga más duro.
Quizás sueno como un verdadero pervertido, pero mi cuerpo sobre ella inmovilizandola es una tortura que quiero seguir sintiendo. Sin embargo, ella sigue luchando, como si pudiera con alguien como yo.
- Escúchame muy bien, Emma Dalton - gruño, a centímetros de su bello rostro y la tengo sujeta de las muñecas sobre su cabeza - Este bufón como has dicho, es el infierno aquí en la tierra - comienzo a decir y por primera vez, puedo ver un poco de pánico en su mirada, terror de verdad - Soy el hombre que te arrancará el corazón con mis propias manos incluso antes de quitarte la ropa - paseo la yema de mis dedos por el valle de sus senos y deja de forcejear temblando por completo y con los ojos empañados - Yo seré la puta tentación más ardiente que tendrás en tu miserable y patética vida.
- Por favor... - titubea, comienza a ahogarse con las lágrimas - Sueltame...
- ¿Ahora me suplicas? - mi lengua acaricia su rostro - ¿Sabes? No ha existido nadie en este mundo que viva luego de tocarme - aprieta los labios y puedo sentir como la sangre hierve en mis venas, sintiendo como el cuerpo me quemara con la ira que estoy comenzando a sentir por no poder cumplir mis deseos más bajos.
- ¡Entonces acaba conmigo de una vez! - grita con desespero.
Contengo las ganas de gritarle a la cara que me encantaría, que deseo cortar su lindo cuello y llenar mis manos con ese líquido rojo que tanto he perseguido, pero no puedo. Soy un hijo de perra egoísta que solo quiere rodear ese bonito cuello mientras la estoy follando.
Inclino un poco más mi rostro y con un rápido movimiento sostenido su pulso entre mis manos, quedandome allí más tiempo del necesario.
- En lo único que pienso ahora mismo, es en destruirte - susurro sobre sus carnosos labios - Rasgar tu ropa y dominarte hasta que supliques por más.
- Te odio - contiene el llanto - Jamás vas a tenerme - me hace sonreír - Nunca sería capaz de acostarme con alguien como tú - me carcajeo de su absurdo comentario y nuevamente mi lengua se pasea por su bello rostro.
- Mira tú que ironías de la vida, justo ahora estoy sobre tí - me le burlo en la cara.
- Solo quiero que me dejes en paz, ¿Eres incapaz de entenderlo? - forcejea nuevamente, pero el vaivén solo sigue provocandome.
- No le hago caso a las palabras de una mujerzuela - sigo provocandola - Aunque si puedo jurarte algo nena - miro sus destellantes ojos - Te vas a arrepentir toda la vida por haberte cruzado en mi camino.
Su rostro palidece complaciendome cuando traga lentamente al saber que mis palabras van enserio. Su mirada aterrada por saber si mis amenazas son ciertas o solo un juego mental y tortuoso que utilizo sobre ella. Ahora, está bajo mi dominio, bajo mi cuerpo aprisionando sobre el colchón. Es una pesadilla que me revuelve los jugos gastricos e imagino las mil formas de tortura que tengo para ella, sobre una mesa, atada de manos y pies con su cuerpo totalmente desnudo para ser venerado, explorado y consumido por mi.
Mis ojos bajan hasta sus pechos y mi propio pulso se acelera, sin poder evitar que mi lengua recorra su cuello y mi nariz olfatee su delicioso aroma y su miedo.
- ¿Q-qué estas haciendo? - jadea, lo que me complace.
- Estoy pensando en las formas que acabaré contigo - en una verdad a medias.
Su pecho sube y baja con la respiración acelerada, mi mano se coloca encima sintiendo el latir de su corazón y saboreando la calidad de su piel con la yema de mis dedos.
- No quiero que me lastimen... - susurra quebrándose ante mí.
- ¿No crees que es muy tarde para tus peticiones, nena? - subo lentamente mi mano a su cuello, haciendo un poco de presión - Ahora, solo puedo pensar en acabar con tu miserable vida.
- ¿Qué quieres de mí? - Tiene la voz estrangulada y eso solo me enciende más.
La comisura de mi boca se eleva en una sonrisa siniestra. No sabe en lo que se ha metido al conocerme.
- Todo - determino - Lo quiero absolutamente todo de ti, cada parte tuya quiero que sea mía.
Este soy yo, el que no le importa absolutamente nada, quién lleva el apellido más temido en Italia, Moscú y el mundo entero. Pocos conocen mi verdadero ser, pero los que han tenido la oportunidad de hacerlo, no viven para contarlo. Soy mucho peor de lo que ella cree, su mirada es demasiado inocente y al mismo tiempo llena de valentía, pero acercarse le traerá problemas si no entiende que volver a cruzarse en mi camino la destruirá.
Quiero callar a los demonios que viven dentro de mí y que gritan desesperados para que me desahogue de todo esto que estoy sintiendo cada vez que la veo. Es una tonta masoquista que corresponde a mis caricias prohibidas mientras tiembla con mis amenazas. Ahora le toca vivir bajo el infierno de un hombre completamente oscuro, que va consumiendo en llamaradas de fuego todo lo que toca a su paso, como un ser infernal donde hago absolutamente todo lo que sea necesario, para conseguir lo que quiere. Y ella, es justamente lo que tanto deseo tener.
- Azahel... - murmura mi nombre con la voz apagada y cerrando los ojos.
- Dime cariño - beso su mentón.
- Te odio...
- Yo también te odio - mi mano aprieta más su cuello y se que poco a poco hago que pierda oxígeno hasta que finalmente cae desmayada sobre mi cama y entre mis brazos.
Sonará bastante egoísta de mi parte si digo que su atracción por este mundo y después condenarla a una oscuridad absoluta donde voy consumiendola, es capaz de hacer que acaba con la vida de cualquiera que se atreva a tocarla quitandome la fascinación de volver a ver sus ojos grises y el desafío de su dulce voz, una que irónicamente odio.
No cambiaré lo que soy, ni dejaré de ser el hombre cruel y despiadado que mis enemigos conocen, mucho menos por ella.
- Jamás permitiré que me beses - susurro a escasos centímetros de sus deliciosos labios que me tientan viéndola allí, tan frágil - Si lo hago, voy a condenarte al infierno que soy, y será para siempre.
Acaricio su rostro, pensando que soy una bestia que va a consumir su alma por completo. Y ella lo sabe perfectamente.
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⚠️ ADVERTENCIA⚠️
EL SIGUIENTE CAPÍTULO CONTIENE LENGUAJE EXPLÍCITO, CONTENIDO SEXUAL Y ESCENAS DE VIOLENCIA QUE SOLO DEBEN SER LEÍDAS POR MAYORES DE 18 AÑOS. ASÍ QUE LEER BAJO SU PROPIO RIESGO
Sin más que decir. CONTINUEMOS.
EMMA DALTON
VENECIA, ITALIA.
CAMUFLAJE
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Siento como la cabeza comienza a darme vueltas replanteando la fatal idea de tener que irme a una fiesta con mi mejor amiga. Primero, porqué no soy una chica que vaya a una de esas, y tampoco me gusta estar rodeada de tantas personas. Sin embargo, me he acostumbrado a eso ya que es difícil no hacerlo cuando se está en el instituto.
- Ya te dije que prefiero no ir a ningún lado - intento nuevamente de que mi amiga comprenda - Así que puedes irte sola.
- Ay por favor, Emm, no seas quejica - me regaña - Esto ya lo hablamos y sabes que necesitas distraerte un poco - dice y sé que tiene mucha razón en que debería salir y dejarme de tonterías.
Le pedí tener un momento de distracción, no es bueno que siga metida en está enorme casa completamente sola.
- ¿Y no podemos ir a otro lugar? Sabes que no me gustan las fiestas - rueda los ojos con fastidio.
- Ya lo sé amiga, pero es que quiero verte con un hermoso vestido y me acompañes - súplica como una niña pequeña, formando un puchero en sus labios lo que me hace reir.
No entiendo cuál es el motivo de su insistencia, por lo general entiende y se va sola, además eso de colocarme un vestido me parece bastante exagerado. No lo haré, no por que se me arrodille. Llamar la atención no es lo mío, en el instituto todos me conocen como la chica nerd y poco agraciada, la que odian por su mal aspecto y quién pasa desapercibida ante las miradas curiosas. Lo que ninguno de ellos sabe, es que detrás de esa mujer con gafas de pasta gruesa, cabizbaja, avergonzada y tartamuda, hay una chica que a muchos no les gustaría conocer.
- ¡Estás completamente loca! - alzo las manos en protesta - No iré a ningún lado y mucho menos con un vestido. ¿Qué te sucede? - abre los ojos fingiendo sorpresa por mi estallido, pero sigue haciendo ese puchero de niña pequeña y no puedo contener la risa por su infantil actitud.
- Tienes razón, es demasiado para ti - entiende al fin - Es solo que deberías ponerte algo menos... - se lleva las manos al mentón de forma pensativa - ¿Aburrido?
- ¿Ahora te burlas de mi forma de vestir? - finjo estar molesta.
- ¡Jamás, amiga eso nunca! - dice de forma teatral burlándose de mí - Ya sé lo sexy que te ves cuando...
- ¡Basta! Iré contigo si te callas la boca - corto sus palabras antes de que pueda comenzar a decir boberias de las que no quiero escuchar.
Se levanta de la cama dando saltitos por toda la habitación. Definitivamente debería replantearme tenerla a ella como mi mejor amiga, está completamente loca, es un descontrol total y no contrasta para nada con la personalidad que tengo, la chica tonta que todos conocen.
- Perfecto, los chicos están por venir, me dijeron que llegarían a las diez - se apresura a decir buscando algún atuendo adecuado para mi - Les dije que nos esperaran hasta que te vieran salir junto a mí.
- No lo puedo creer Daeris - me cruzo de brazos y entrecierro los ojos mirándola,, pero se hace la loca - ¿Ya tenías todo planeado, cierto? - se encoje de hombros - Sabías que terminaría cediendo eres increible.
Voy camino a mi armario y la veo sonriendo, es una tramposa. Tengo que conseguir algo que no sea llamativo es capaz de buscarme una blusa transparente que se me vea el ombligo. Resopla a mi lado cuando ve lo que voy sacando del closet y estoy segura que va a protestar.
- Te conozco perfectamente, amiga - suelta - Aunque no seas una chica de fiestas, estarás encantada de estar allí - me vuelvo hacía ella, conozco ese tono y sé que es algo que me interesa.
- ¿A qué te refieres? - se hace la sorda y sigue buscando ropa ajustada - Daeris Rossi, quiero que me digas ahora mismo quién estará allí - se le dibuja una sonrisa en el rostro y me mira con diversión.
- Escuche que alguien que tienes en la mira hace mucho tiempo, estará allí - mis ojos se abren, el corazón me comienza a palpitar frenéticamente y de inmediato se me viene una sola persona a la cabeza. Ahora más que nunca quiero ir a ese lugar y verlo a la cara.
- ¿Te refieres a Cromwell? - pregunto para estar segura.
- ¡Bingo! - su sonrisa se ensancha.
- Hubieras comenzado por allí, amiga querida - la empujo de forma juguetona y comienzo a buscar algo que no sea ni muy ajustado ni revelador, pero tampoco muy sonso para el estilo que llevo siempre.
¡No lo puedo creer! Al fin veré a ese desgraciado de Dylan Cromwell, es todo un dolor de cabeza del pasado, no solo por qué está obsesionado conmigo si no que al parecer con mi padre también. Siempre está buscando la manera de conseguir información sobre los negocios de mi padre, pero siempre le he tendido trampas para que no pueda conseguirla. Así que iré a comprobar si es capaz de meterse en una fiesta de fraternidad llena de adolescentes, solo para intentar contactar con alguien cercano a mí y pueda convencerlo de que se meta en mi sistema.
Voy a presentarme como una chica que ha tenido una vida de infierno, gracias a sus persecuciones, a la niña tonta asustadiza que presenció aquella escena frente a su padre cuando le quitaba la vida a sangre fría a una persona inocente. Esa es la mujer que se encontrará. Desde ese momento me prometí que lo mejor que podía hacer, era seguir actuando como la chica callada que sus padres nunca tomaron en cuenta, unos que estaban totalmente desligados de sus obligaciones como tal. Para él y para todos, seguiré siendo la misma que tomó un avión desde Inglaterra, para venir a vivir a Italia y salir de esos malos recuerdos que me dejó una infancia maltratada.
- Ey, ¿sucede algo? - pregunta Daeris, sacandome de mis pensamientos.
- No todo está super bien.
- Bueno entonces quiero que te coloques esto - me muestra un vestido bastante corto, además que tiene una enorme abertura en toda la parte del pecho y solo la miro con ganas de abofetearla.
- Está muy hermoso pero yo prefiero usar esto - blanquea los ojos y le muestro mi atuendo de está noche y me comienzo a reír cuando veo su cara de asco.
- ¿En qué momento me convertí en tú amiga? - sigue riendose y la sigo - ¿Crees que vas a un convento? Pues no iremos a una fiesta, creo que estás completamente loca.
- Pienso lo mismo de ti - no le hago caso y si, tiene razón, estoy completamente loca, pero por aceptar una invitación como está. No solo por ver al hombre que más odio en este mundo, si no porqué no quiero que nadie se de cuenta que seré yo quién tiene que atraparlo, necesito tener a ese hijo de perra entre mis manos.
A pesar de mi apariencia desaliñada, sé perfectamente cómo defenderme en una situación de persecución, he tomado clases de boxeo, defensa personal y como si fuera poco, estoy involucrada en el mudo ilegal mucho más de lo que me gustaría. Es por ese motivo, que a pesar de dejarme intimidar por los idiotas del instituto, no cualquier idiota puede atacarme así nada más.
- Claro, si quieres me presento como la mujer exótica y exuberante que no soy - rebusco entre mis cosas la toalla para ir a darme una ducha - Si voy a ir, será como yo quiera y ya déjate de dramas.
- ¡Solo estoy molestando, Dalton! - grita y me abraza antes de entrar al cuarto de baño - Ve y ponte la pinta más horrorosa que tengas en este armario, así nadie sabrá quién eres en realidad.
Puedo escucharla al otro lado de la puerta.
- ¡Callate y deja que me duche! - me desnudo y abro el grifo de agua fría.
Puedo escuchar como se carcajea y me contagia. Sin embargo, la sonrisa se me desfigura cuando el agua cae sobre mi, está situación me sobrepasa de todas las formas posibles, llevar una doble vida no es para nada sencillo. No le tengo miedo a ese imbécil, a lo que precisamente le temo es al instinto asesino que muy rara vez sale a flote recordando quién soy y porqué termine siendo la chica tonta frente a todos que se cuida de un montón de estúpidos adolescentes hormonales.
Poco a poco la tensión va disminuyendo de mis músculos y cierro los ojos pensando en mis padres, preguntandome cada vez que mis pensamientos me juegan sucio, lo fácil que fué para mi madre abandonarme siendo una pequeña dedicándose solamente a su esposo. Y por otro lado, un padre que estuvo, solo para mostrarme lo tenebroso que podría ser un ex agente de la policía e informante del narcotráfico y asesino despiadado, pero muy mal jugador.
Nunca hubiera imaginado, que su propia hija heredara esa vena maliciosa, sus mañas, que hoy en día la mantienen fuerte y con vida. Es por eso que está noche será increíble, ya que estoy dispuesta a terminar con esto de una puta vez.
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⚠️ ADVERTENCIA⚠️
EL SIGUIENTE CAPÍTULO CONTIENE LENGUAJE EXPLÍCITO, CONTENIDO SEXUAL Y ESCENAS DE VIOLENCIA QUE SOLO DEBEN SER LEÍDAS POR MAYORES DE 18 AÑOS. POR FAVOR LEER BAJO SU PROPIO RIESGO.
Sin más que decir. CONTINUEMOS.
AZAHEL TORRICELLI
VENECIA, ITALIA
ENCUENTROS DE UNA NOCHE PASADA
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Un horrible estruendo me despierta sobresaltados. La habitación está en completa oscuridad y me da miedo pensar que estoy solo y que debo correr a la otra habitación para ver a mamá.
- ¿Mamá? - la llamo, pero escucho ruidos en la casa y creo que es ella quién anda por allí.
Nadie responde y sigo escuchando pasos, me asusta que alguien esté por allí y salgo corriendo por el pasillo para buscarla, pero cuando salgo de mi habitación, veo unas sombras que caminan con sigilo de un lado a otro por la casa y comienzo a temblar. Mis manos se mueven con nerviosismo y siento mucho calor. Voy caminando de puntillas, descalzo, para que no me escuchen y entonces las sombras empiezan a tumbar todas las cosas de mamá al suelo y comienzo a llorar, sintiendo lágrimas calientes rodar por mi cara. El piso está muy frío y detengo mis pequeños pasos cuando aquellas sombras, se llevan a mamá que está llorando y pidiendo que la suelten. Toman su cabello largo con fuerza y ella se queja, no quiero que lo hagan, a ella le gusta que pase mis dedos por su rubia cabellera.
Estoy muy asustado, pero quiero salvarla de esas malas personas, debo protegerla y ser el superhéroe que ella dice que soy. Lo único malo es que soy apenas un crío y esas sombras me dan miedo.
- ¿Mamá? - susurro con la voz temblorosa y una de las sombras me mira, creo que he llamado su atención, no he sido silencioso del todo. Tiene los ojos rojos como el fuego y me aterra.
- ¿Qué hace él aquí? - interroga - ¡Saben perfectamente lo que les dije, ahora tendremos que...!
- ¿Dónde está ella? - intento no llorar y uno de ellos se me acerca. Estan todos vestidos de negro, aunque puedo ver sus rostros en medio de la oscuridad y el que viene hacía mi tienes los ojos muy rojos.
- No llores muchacho, aquí no está sucediendo nada malo - no le creo porqué sus manos son muy grandes y parece que no es cuidadoso al tomarme del brazo - Verás, tu querida madre solo estaba molestando y la mandaremos a dormir una siesta.
- ¿Dormida? - digo confundido.
- Si, es que estaba molestando mucho y tenía que callarle la boca - se ríe y no me hace gracia - Quizás tú también quieras dormir...
- Yo no quiero dormir, tengo miedo y quiero estar con mi mamá.
Mis ojos la buscan, pero no la veo, solo escucho su voz pidiendo que la suelten y el señor de manos fuertes me lleva a la parte de abajo obligándome a caminar mucho más rápido, es cuando escucho a mamá llamándome y quiero correr hacía ella, pero me detienen.
- Nada de llantos, los verdaderos hombres no lloramos - el sonido de su voz es muy espeluznante y más cuando sonríe - Nosotros, tenemos que tener el control absoluto de todo - niego con la cabeza.
- No soy tan fuerte, y tampoco soy un...
- Pero, algún día lo serás - dice, y algo no se siente tan bien como debería.
Quiero ir por mamá y rescatarla de aquellas sombras, pero no soy valiente, ahora no me siento como aquel superhéroe que a ella tanto le gusta.
- ¡Azh! - mamá me llama y quiero ir hasta ella.
- ¡Mamá! - grito para que me escuche y sepa que aquí estoy. El señor de ojos rojos se arrodilla poniendose a mi altura.
- Escúchame bien hijo - lo miro de nuevo - Cuando seas grande debes tener el control de absolutamente toda la situación a tu alrededor. ¿Entendido?
- ¿Para qué? - inquiero.
- Eso te dará poder, estatus y hará que te respeten - dice aunque no entiendo mucho a lo que se refiere, escucho unos sollozos y estoy triste por mamá.
- ¿Poder? - pregunto y parece que ha sido la única palabra guardada en mi cabeza.
- Si, el poder del bien y el mal.
- Señor, no sé de lo que habla, yo solo quiero estar con mamá - pido - Las sombras la tienen.
- Ellos estan jugando con ella - me dice el señor de ojos rojos.
- Pero, ella no quiere jugar. Tiene miedo igual que yo.
- Creeme, ella lo quiere - palmea mi rostro - Ahora, quédate aquí o las sombras vendrán por ti.
No se porqué le obedezco, será por miedo o es que un sujeto se queda detrás de mí impidiendo que pueda moverme. Sin embargo, le doy una patada y voy corriendo a la cocina, cuando llego la veo, me mira asustada.
- Vete... - murmura.
- Mamá...
- Vete, Azahel... - asustado y nervioso, salgo corriendo por la puerta de atrás, recordando lo que ha dicho el señor malo.
- Tengo que ser fuerte por los dos, buscar ayuda y no volver a llorar. Nosotros los hombres debemos tener el control.
Y así será siempre, seré un hombre que tenga control sobre todo...
Me despierto sobresaltado y empapado de sudor. Cada nochee es la misma pesadilla, una donde me veo a mi de pequeño, a mi madre sobre el suelo, siendo golpeada, el liquido rojo empapando la ceramica y a mi, saliendo por la puerta de atrás como un puto cobarde internandome en la oscuridad. No hay un solo día que no recuerde ese rostro, saber que no eran solo sombras, no eran espectros de la noche ni fantasmas. Fueron unos desgraciados que se metieron en mí casa, abusaron de mi madre y me engañaron con frases estupidas. Querían acabar conmigo, y su error siempre será haber dejado que un pequeño, asustado, confundido, y solo se escapara internándose en la oscuridad.
Esta noche tengo una cita en un bar, o mejor dicho en un club nocturno donde los rusos estarán celebrando con sus putas, así que no creo que nada pueda salirse de control con el imbécil de Cromwell, si el da un paso en falso estando Vasíliev a cargo de la organización, desatara una masacre. Es un lugar neutro así que aunque el líder de la organización más criminal de todas, puede tener contacto conmigo siendo italiano. Para su desgracia, aunque quisiera atacar, tengo lo mejor de ambos bandos, además solo me interesa hablar con unos viejos amigos del pasado y estoy seguro que el ruso puede ayudarme, aunque tenga que sacrificarme.
Salgo de la cama para darme un baño, el sudor me recorre por la espalda y quedarme aquí pensando idioteces no ayuda para nada, lo que necesito es una ducha fría que despeje mis pensamientos y distensione mis músculos. Los recuerdos solo sirven para recordar el hombre en el que me he convertido hoy en día. El que no le tiembla el pulso a la hora de levantar un arma y disparar. Es lo que soy, y no me arrepiento de nada.
- ¡Torricelli, abre la puerta ahora mismo! - escucho la voz ruidosa de mi compañero de cuarto y desgraciadamente mi mejor amigo - Si no sales de tú habitación en cinco segundos, voy a patear tu trasero -ruedo los ojos con fastidio y simplemente no le prestó atención.
Todo el tiempo es lo mismo, viene a gritar como si fuera a darme una gran noticia, y solo lo hace para j0derme, sabe que no me haré caso y dice que se caga de miedo cuándo lo fulminó con la mirada ya que parece que lo aplastaré de un solo golpe. Lo que no es del todo una mentira, he acabado con la vida de más de uno solo por ponerme un dedo encima, pero siendo honesto aunque me cueste admitirlo por lo molesto que es, se convirtió en mi mejor amigo, uno que ha sido fiel a mí en todo momento. Y eso, tiene un valor incalculable.
El agua fría golpea mi espalda y escucho la voz de Louis, afuera gritando a todo pulmón, parece un niño pequeño en busca de atención. Veinte minutos después, cierro la llave y salgo de allí con una toalla alrededor de la cintura. Me doy cuenta que hay alguien sobre mi cama, echado como si nada viendo algo en su teléfono.
- No preguntaré cómo entraste porqué es evidente - no me mira, parece distraído - ¿Qué haces aquí?
- No es mi culpa, jamás le pones seguro a tus puertas - se excusa - Además, he venido a invitarte a una fiesta - alza las cejas con diversión.
Busco un pantalón de jeans negro, mis botas negras,una camisa negra. Me fastidian los trajes elegantes, y muy a pesar de las citas que pueda tener con otros empresarios del mundo criminal, no voy a cambiar lo que soy y como me sienta cómodo por otros.
- Olvídalo, sabes que no voy a ninguna de esas estupideces - aclaro - Además, está noche no puedo, me veré con alguien - me coloco una chaqueta de cuero del mismo color.
Afuera hace frío, pero seguramente la termine dejando tirada en la camioneta una vez que entre al club ese. Me imagino que solo es un puto burdel de mala muerte, investigue un poco; Il Puritone, no es precisamente un sitio lujoso, hay mujerzuelas bailando en tubos.
- No te he dicho de quién es la fiesta - busco entre mis pertenencias y lo miro de reojo cuando levanta las cejas con evidente emoción - No sabes amigo, irán las chicas más sexys de todo el instituto - bufo.
- No lo puedo creer, ¿quieres que vaya a una fiesta de universidad? - no puedo creer que siga con esa estupidez, pero me gustaría reírme de la cara que está poniendo en este momento, no madura.
- Es que no es solo una fiesta de universidad, es...
- Ya te dije que no puedo ir, tengo una cita - lo dejo a la espectativa - Me vere con Vasiliev, en el puto bar de mala muerte - se le borra la sonrisa divertida de pronto y le cambia la cara - Y tú mejor que nadie sabes que no puedo perderme eso.
Se levanta de la cama y me mira fijamente, buscando señales de una mentira. Pero Louis Koslov me conoce demasiado bien para eso. Sabe que no me gustan los jueguitos, especialmente cuando se trata de alguien como el ruso. Nuestra reunión no es un simple encuentro social; es algo mucho más profundo y serio. Louis no es solo mi mejor amigo, sino también una de las personas que mejor me conoce en este mundo. Puede aparentar un aspecto juvenil, de chico alocado, divertido y que se desordena cada fin de semana, pero todo eso es una pantomima ya que por fuera de todo ese papel de inmadurez, es uno de los hombres más letales que he conocido, no le tiene miedo a absolutamente nada. Su mente es maquiavélica y calculadora, sabe trabajar en silencio y parece un camaleón que puede camuflarse ante cualquier situación, pero nunca sabes cuando va a perder la paciencia para asesinarte.
- ¿Lo encontraste? - indaga - Dime lo que tenemos que hacer, sabes que estoy para respaldarte - ya no parece tan divertido como hace un momento.
- ¿Y tú fiesta universitaria? - lo molesto y cojo las llaves de la camioneta, salgo con él detrás de mí y me causa risa - Si te necesito, te llamaré.
- ¡No se te ocurra dejarme aquí! - chilla - Iré contigo, no te meterás allí tú solo, además... - se sonríe y lo conozco muy bien, sé perfectamente lo que quiere.
- No habrá masacre, se supone que hay una especie de tregua en ese asqueroso lugar.
- Pero, va a estar el líder de la mafia rusa, y ese placer no me lo voy a perder por nada del mundo, Torricelli.
- ¿Y qué, con eso? - averiguo.
- Yo también quiero esperar a ese perro de...
- ¡Callate la puta boca! - lo corto antes de que pueda decir cualquier idiotez - No se te ocurra mencionar a ese cabrón.
- Lo siento amigo, pero tengo que ir contigo - sigue - Sabes que te respaldo en todo momento.
- Si es verdad, quiero que vayas a tu fiesta, y no dirás nada más - dictamino.
- Pues, en eso no te apoyo - se burla de mí - No voy a perderme algo como eso, y si las cosas salen mal, tendrás que recurrir a mis habilidades para que te salve el culo - gruño y permito que se suba conmigo a la camioneta.
De nada sirve discutir con este niñato, es demasiado terco y a decir verdad tiene razón, me conviene llevarlo, si las cosas se ponen incómodas, él puede dar una estocada final.
- Pero, tendrás que esperar en la camioneta - no le gusta lo que digo y pone mala cara.
- Nada de eso - mira el teléfono y estoy seguro que está estudiando todos los puntos estratégicos del club, lo conozco perfectamente bien - Tranquilo, nadie me verá, pero no pienso dejarte solo - enciendo el motor y arranco saliendo del aparcamiento.
Tener a Louis cerca, me asegura una vía de escape rápida, sé que tendrá acceso a las cámaras de seguridad, luces y hasta sonido. Aunque sé perfectamente que estando allí a Cromwell, no sé le ocurrirá hacer nada teniendo a Vasiliev de por medio, no es tan estupido para provocarlo.
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