Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Urban romance > De Bailarín a Magnate
De Bailarín a Magnate

De Bailarín a Magnate

Autor: : Orange
Género: Urban romance
Mi vida era una melodía perfecta: un pequeño estudio de tango en San Telmo, el amor de "Luz", la mujer a quien salvé de la amnesia y que había jurado protegerme y amarme siempre. Pero esa "Luz" era una farsa. Cuando la Luciana Salazar, la despiadada heredera, recuperó sus recuerdos, el infierno se desató. Trajo a su prometido Máximo, quien me humilló y me tendió una trampa, acusándome de empujarlo de un yate antes de mi propia boda. Fui a prisión, un lugar que ella conocía bien. Los años de nuestra vida juntos no significaron nada. Cuando mis riñones fallaron por la brutalidad carcelaria, ella vino a verme, no para salvarme, sino para exigirme mi único riñón para su amado Máximo, burlándose de mi sufrimiento. En la mesa de operaciones, mientras los cirujanos abrían mi cuerpo para arrancarme lo último que me quedaba, sentí que moría. No fue la anestesia, fue el espíritu. Mi último recuerdo fue su rostro impaciente, esperando mi sacrificio. Pero en vez de morir, renací. Ahora, de vuelta en el día que Máximo finge su caída, ya no soy el ingenuo bailarín que ella controlaba. Esta vez, la deuda se cobrará, y la sinfonía de mi venganza apenas comienza.

Introducción

Mi vida era una melodía perfecta: un pequeño estudio de tango en San Telmo, el amor de "Luz", la mujer a quien salvé de la amnesia y que había jurado protegerme y amarme siempre.

Pero esa "Luz" era una farsa. Cuando la Luciana Salazar, la despiadada heredera, recuperó sus recuerdos, el infierno se desató. Trajo a su prometido Máximo, quien me humilló y me tendió una trampa, acusándome de empujarlo de un yate antes de mi propia boda.

Fui a prisión, un lugar que ella conocía bien. Los años de nuestra vida juntos no significaron nada. Cuando mis riñones fallaron por la brutalidad carcelaria, ella vino a verme, no para salvarme, sino para exigirme mi único riñón para su amado Máximo, burlándose de mi sufrimiento.

En la mesa de operaciones, mientras los cirujanos abrían mi cuerpo para arrancarme lo último que me quedaba, sentí que moría. No fue la anestesia, fue el espíritu. Mi último recuerdo fue su rostro impaciente, esperando mi sacrificio.

Pero en vez de morir, renací.

Ahora, de vuelta en el día que Máximo finge su caída, ya no soy el ingenuo bailarín que ella controlaba. Esta vez, la deuda se cobrará, y la sinfonía de mi venganza apenas comienza.

Capítulo 1

"Te lo ruego, Iván. Sálvame."

La voz de Luciana, normalmente tan imperiosa, sonaba débil y quebrada a través del teléfono, una súplica desesperada que me llegó hasta los huesos.

Pero no sentí nada.

"Te daré lo que quieras, dinero, propiedades, lo que sea. Por favor, solo sálvame."

Me reí, un sonido seco y sin alegría.

"Luciana," dije con calma, "¿recuerdas lo que me dijiste hace tres años? Cuando me sacaste de la cárcel, arrastrándome como a un perro, para que le diera mi riñón a tu amado Máximo."

Hubo un silencio al otro lado de la línea, solo el sonido de su respiración agitada.

"Me dijiste que era mi expiación," continué, mi voz tan fría como el hielo. "Que era mi deber pagar por haber 'matado' a Máximo en ese yate. Un hombre que, convenientemente, resultó no estar muerto en absoluto."

"Iván, yo..."

"No," la interrumpí. "Déjame refrescarte la memoria. Me dijiste que un don nadie como yo debería estar agradecido por tener la oportunidad de salvar a alguien tan importante como él."

El recuerdo era tan vívido que podía sentir el frío suelo de la sala de visitas de la prisión bajo mis pies. La forma en que me miró, con esa mezcla de desprecio y poder, como si yo fuera un insecto que podía aplastar en cualquier momento.

"Te dije la verdad," mi voz se endureció. "Te dije que ya no tenía dos riñones. Que doné uno en la cárcel para salvar a un compañero a cambio de protección, para sobrevivir en el infierno al que me arrojaste."

"Y tú te reíste," susurré, el dolor de esa humillación todavía fresco. "Te burlaste de mí. Creíste que era una mentira patética para evitar la cirugía. Me arrastraste a ese hospital y me pusiste en la mesa de operaciones."

Morí en esa mesa.

Mi corazón se detuvo, mi cuerpo finalmente cedió bajo la tensión y la pérdida de sangre. Mi última visión fue la de su rostro impaciente, esperando que mi sacrificio redimiera un crimen que nunca cometí.

"Ahora me pides que te salve," dije, volviendo al presente. "La vida tiene un sentido del humor muy retorcido, ¿no crees?"

Colgué el teléfono antes de que pudiera responder.

Miré mi reflejo en la ventana de mi lujoso apartamento en Puerto Madero. El mismo apartamento que una vez compartí con ella.

Todo había vuelto a empezar.

Desperté hace una hora en esta misma cama, con el sonido de un estruendo y un grito ahogado.

"¡Ay, me caí! ¡Iván, creo que me rompí la pierna!"

La voz lastimera de Máximo Trebor resonó desde el pie de la escalera de mármol. El mismo truco. La misma actuación. El primer incidente que ella usó para pintarme como un monstruo celoso y violento.

En mi vida anterior, corrí hacia él, presa del pánico, tratando de ayudar, solo para ser acusado de haberlo empujado.

Esta vez, no me moví.

Me quedé en la cama, escuchando fríamente el drama que se desarrollaba. Escuché sus gemidos exagerados, el sonido de Luciana corriendo escaleras abajo, sus gritos de preocupación.

"¡Máximo! ¿Estás bien? ¡Iván! ¿¡Qué le has hecho!?"

Su acusación llegó puntual, como un guion bien ensayado.

Me levanté lentamente de la cama. La ira que sentí en mi vida pasada, la desesperación, la injusticia... todo se había transformado en una calma glacial.

Ya no era el ingenuo bailarín de tango que creía en sus promesas.

El recuerdo de su rostro en la prisión, frío y despiadado, borró cualquier rastro del amor que una vez sentí. Ella no era la mujer vulnerable que yo había cuidado. Era una depredadora, y yo había sido su presa.

Pero ya no.

Capítulo 2

"¡Iván, baja aquí ahora mismo! ¿No ves que Máximo está herido?"

La voz de Luciana retumbaba desde el piso de abajo, cargada de una ira que yo conocía demasiado bien.

Máximo seguía gimiendo, una actuación digna de un Oscar. "Luciana, no fue su culpa... tropecé. No te enfades con él, por favor."

Qué manipulador. Incluso en su victimismo, estaba echando más leña al fuego, pintándome como el villano silencioso y a él como el noble mártir.

Luciana no le creyó, por supuesto. "¡No lo defiendas, Máximo! ¡Sé que te empujó! ¡Siempre ha estado celoso de ti!"

Me quedé de pie en la parte superior de las escaleras, observándolos. La forma en que ella acunaba la cabeza de Máximo en su regazo, la mirada de odio que me lanzó.

Una bofetada resonó en mi memoria. La bofetada que me dio esa misma noche en mi vida anterior, cuando intenté explicarle que no había hecho nada. El dolor en mi mejilla, pero sobre todo, el dolor en mi corazón al ver que confiaba en un mentiroso antes que en el hombre con el que había compartido cinco años de su vida.

"Máximo es mi invitado. Si no puedes tratarlo con respeto, ¡entonces el que se va eres tú!"

Sus palabras de entonces resonaron en mi cabeza.

Esta vez, no le daría la satisfacción.

Me di la vuelta y volví a la habitación. Ignoré sus gritos, su furia creciente. Abrí el armario, saqué una pequeña maleta y empecé a meter mis pocas pertenencias. Un par de camisas, mis zapatos de tango, el traje que usaba para las exhibiciones.

No tenía mucho. Casi todo en este apartamento era de ella. Yo solo era un accesorio más en su vida de lujo.

En el fondo de un cajón, encontré una foto enmarcada. Éramos Luciana y yo, en nuestro pequeño estudio de baile en San Telmo. Ella sonreía, una sonrisa genuina y despreocupada de la época en que no recordaba quién era. La época en que solo era "Luz" , la mujer que rescaté de un accidente y de la que me enamoré perdidamente.

Cogí el marco con fuerza, mis nudillos se pusieron blancos.

Esto era una farsa. Este amor, esta felicidad... todo se construyó sobre una mentira, sobre su amnesia. En el momento en que recuperó sus recuerdos, la verdadera Luciana Salazar, la heredera despiadada, regresó. Y yo me convertí en un obstáculo.

Con un movimiento brusco, rompí el marco contra el borde de la cómoda. El cristal se hizo añicos, esparciéndose por el suelo. Saqué la foto, la miré una última vez y la rompí en dos.

Luego, la rompí en cuatro. Y en ocho. Hasta que solo fueron pedazos insignificantes de papel.

Los dejé caer en la papelera.

Ya no había nada que salvar.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022