Había comenzado mis vacaciones finalmente, debía descansar de todos mis clientes y sus infinitos problemas. La oficina era un caos diario, por lo tanto, mi vida era un huracán constante. Esto no quiere decir que no me guste mi trabajo, porque lo amo.
Amo lo que hago y sé que soy muy buena en eso, pero es muy estresante a veces escuchar las infinidades de discusiones porque a veces me es imposible no ponerme en el lugar de algunas personas y ser imparcial en el tema. Soy una persona y tengo una vida, no puedo evitar no involucrarme con algunas historias porque muchas veces algunas son muy parecidas a la mía.
Así que, aquí estoy con mi café y mis libros de novelas cursis, sentada en el desván de mi departamento observando el exterior que era tan triste y gris ya que era esa época del año donde el cielo en la ciudad no paraba de llorar, una llovizna constante que empañaba los cristales con pequeñas gotas y estas jugueteaban a una carrera silenciosa.
Había estado pensando en algunos planes para disfrutar de mis vacaciones ya que me había tomado no más que dos meses, dos meses donde me enfocaría nada más que en mi misma. Tenía en mente quizás poder hacer un tour por el continente o mismo visitar otro, pero aún no tenía bien definido donde comenzar o tan siquiera si es lo que realmente necesito. Hacia tantos años que no me tomaba un tiempo libre que la verdad es que me siento perdida sin rumbo.
Mi vida era por completo solitaria y daba pena, soy una persona que ama tener el control de mi vida y es por eso que sigo minuciosamente al pie de la letra mi agenda, ahora en mis vacaciones por supuesto que no tengo nada programado, por lo que me siento a la deriva como un barco sin marinero perdido en el alta mar.
Con toda esa patraña triste en mi cabeza de cómo se encuentra mi vida, decido llamar a una de mis amigas, quisiera salir o mínimo juntarnos a ver una película en mi departamento, pero tal parece que ninguna está disponible. Para mi desgracia ambas estaban felizmente casadas y ya tenían planes de vacaciones que comenzaban con el fin de semana. Fantástico. Y yo aquí sola torturándome con pensamientos nostálgicos y deseando poder ser iluminada con algo increíble en que ocupar mi tiempo.
Tal parece que tanto es mi pesar que estaba tan sumida en mis pensamientos que jamás escuché cuando el timbrazo del celular comenzó a sonar, aunque cuando lo oí finalmente ya era tarde porque había parado de sonar. No presté tanta atención, estaba segura que se trataría algún cliente o alguna venta telefónica. Cuando nuevamente mis ojos estaban observando el mundo en el exterior a través de mi ventana el celular comenzó a sonar y esta vez sí corrí para tomarlo, debía ser algún cliente que no comprendía el significado de "Me fui de vacaciones".
- ¿Sí? Habla Julia Blanco.
- Julia ¿Eres tú? Habla Ximena ¿Te acuerdas de mí?
- Ximena Reyes, eres tú realmente, hace tanto que no sabía de ti.
- Si lo sé, desde que abandonaste el país y te fuiste.
Era verdad, de eso ya han pasado cinco largos años. Por aquellos tiempos había tomado la decisión de dejarlo todo atrás y largarme para comenzar de nuevo, olvidar mis penas y tristeza, sacarme de la cabeza al estúpido hombre que me rompió el corazón. Aunque eso había significado dejar a mi mejor amiga que más que una amiga, una hermana para mí.
Desde entonces no la veía, tampoco habíamos vuelto a hablar. Lo poco que sabía de ella se debía a las redes sociales, pero en estos momentos escucharla nuevamente, aunque solo sea por teléfono, lograba que una parte de mi corazón que parecía que años había estado dormitando, había revivido con una felicidad tan abrumadora. No me había percatado hasta ahora la falta que me hacía tenerla en mi vida.
- Si bueno, ya sabes porque lo hice – Ambas suspiramos al mismo tiempo – Ahora dime ¿Qué ocurre? Si por tantos años nunca llamaste, el que lo hagas ahora solo me dice que ocurrió algo.
- Siempre tan directa y al punto. Amé eso de ti desde la primera vez.
- Creo que por eso fuimos amigas desde el Kínder, me amaste porque era la única que no te temía para decirte lo feas que eran tus muñecas.
Ambas reímos de eso, recuerdo todas las veces que habíamos discutido por esa razón, mi sincerisidio y sus muñecas espantosas era un problema a los cuatro años, pero todo eso nos ayudó a fortalecer una amistad increíble. Una complicidad que hasta ahora puedo afirmar sigue existiendo y es igual de fuerte que siempre.
- Escúchame, me casaré. Y antes de que me digas algo, sé que las bodas no te gustan, pero es la mía y quiero que seas mi Dama de Honor, no podría hacer esto sin ti a mi lado y además aún no conoces a Mason, es increíble.
- Ximena...
- Por favor amiga, no te he llamado en cinco años porque sabía y respetaba el hecho de que querías alejarte de todo, pero es mi día especial, por favor. Acepta.
- Ok, tú ganas. Iré, solo dime cuando y donde será.
- Bueno, será este fin de semana y lo festejaremos en la casa del campo de mi familia. No te preocupes por los preparativos, ya está todo listo. Sé que como Dama debías de ocuparte de varias cosas, pero como no estabas lo hice yo, sabía desde siempre a quien quería a mi lado por eso te elegí a ti. Además, ya tengo tu vestido.
- Dime que no es espantoso.
- No – contesta y la escucho reírse, desde pequeñas habíamos jurado que no haríamos sufrir a nuestras Damas con vestidos ridículos y horribles – Es de color champagne y con brillo, mucho brillo. Es hermoso te gustará.
Cuando colgué con mi mejor amiga ya habíamos acordado que iría en el primer vuelo de mañana rumbo a Argentina nuevamente, ya que allí los festejaría. En el mismo lugar de donde había escapado hace cinco años.
Estaba muda, petrificada y con el celular aún apoyado en la cara. No lo podía creer, había aceptado. Así sin más, volvería y ¡Santo cielo! No estaba segura de si aquello era buena idea. Pero mierda, ya lo había prometido, además, era la maldita boda de mi mejor amiga. Debía asistir, aunque eso signifique horas y horas de sesiones en el psicólogo que no servirían para nada y solo me harían enojar por lo estúpido que era y me haría olvidar de mis traumas por unas horas. Ridículo. Ridícula yo.
"No seas estúpida Julia" me digo a mí misma volviendo a mí.
Debía de preparar mi maleta y mi pasaporte, obviamente también debía de prepararme a mi mentalmente. Cuando estaba pensando en disfrutar de mis vacaciones, viajar y hacer algo productivo de mi vida jamás creí que volvería al lugar donde tanto daño me hicieron. Pero lo haría, lo iba hacer solo por la mujer más importante que tenía, la que estuvo para mí siempre en todo momento y la que aceptó mi silencio por todos estos años porque sabía que era lo que necesitaba.
Mentalizada con el asunto corrí por toda la casa, manos a la obra empacando y aproveché en llamar a mi secretaria para avisarle de mis planes y que estaría fuera del país por cierto tiempo, obviamente le aseguré que ante cualquier cosa estaría pendiente del mail. También la pobre mujer, totalmente cansada de mí, sumamente complacida me reservó los boletos de avión para el día siguiente. La había llamado a las 8:00 p.m. entendía la felicidad suya de no saber nada de mi en un tiempo, ya que también estaría de vacaciones el mismo tiempo que yo.
¡Dios! Estaba que caminaba por las paredes de la euforia que sentía. No podía simplemente explicar los nervios que sentía.
Volvería, sí que lo haría y me encontraré cara a cara con esas personas nuevamente, las que por años quise olvidar. Sabía que quizás me dolería, pero también sabía que en algún momento debía de enfrentarlos, lo gracioso y por completo cómico de todo esto, es que lo haría en otra boda, y nada más y nada menos que en el casamiento de mi mejor amiga.
Pensar que todo mi calvario comenzó el día en que yo me iba a casar con el supuesto amor de mi vida, el cretino que me había dejado plantada en el altar, frente a cientos de invitados.
Pero lo triste de todo esto no fue aquello que, aunque desolador porque ¿Qué mujer no se siente estúpida siendo abandonada frente a sus familiares, frente al pastor con su hermoso vestido de ensueño? No, esto no fue lo realmente traumático. Lo que me destruyó y aniquiló mi corazón o mejor dicho lo que quedaba de él, fue enterarme que la persona que creí me amaba, con quien estaba segura de compartir mi vida para siempre me había sido infiel pero que lo más desgarrador del asunto era que su amante estaba embarazada y a punto de dar a luz.
El estúpido cerdo, bastardo y cretino iba a tener un hijo ¡Por Dios Santo! ¡Un hijo!
Mi llegada a Buenos Aires había tomado su tiempo, escalas y escalas, pero finalmente me encontraba en la hermosa ciudad del tango esperando el siguiente avión que me llevaría a San Luis. Allí se encontraba la casa de campo de los Reyes que es donde celebraran una pequeña e íntima ceremonia.
Me sentía tan nerviosa, que hasta incluso temía encontrarme a alguien conocido aquí mismo. Porque, aunque no parezca la ciudad era bastante pequeña, además, el destino podía hacerte bromas muy crueles cuando se lo proponía. La sola idea de cruzarme desde ahora a alguien que quizás me conozca era algo que no me daba tanta seguridad, aún quería disfrutar de mis pequeños momentos de libertad antes de irme a meter a la boca del lobo donde estaré mitad estresada y mitad enrabiada.
Durante todo el trayecto mientras volaba hasta aquí, había practicado que iría a decirles a algunas de las personas a quienes estaba segura los vería, más que nada teniendo en cuenta que son aquellos por los que me fui en un primer momento. Aunque comprendía que debía plantar cara a la situación y enfrentarlos, había transcurrido cinco años ¡Por amor al cielo! Se supone que soy una mujer adulta y madura que es muy capaz de seguir adelante y superar los obstáculos que la vida le presenta. No tenía por qué temer.
También estuve pensando en algo no menos importante, el bendito regalo de bodas para mi mejor amiga. Era difícil regalarle algo a la mujer que lo tenía todo. Una de las razones por las que odio las bodas y cumpleaños o cualquier festividad donde involucre regalos, es la parte en donde uno piensa en que regalarle a la otra persona, es un incordio ¡Por favor! Soy de las que nunca tiene idea de que cosas son útiles para las demás personas. Un desastre. Se supone que en este caso debía de ser fácil, la conozco desde siempre y es mi mejor amiga, mi otra mitad, pero claramente fácil no es la palabra adecuada para la situación.
Durante varias horas mirando a la nada, recordando nuestros momentos de la niñez tratando de capturar algún recuerdo feliz donde mi amiga confesara querer tanto algo para el día de su boda. Fue cuando una idea asaltó mi mente, un sueño que habíamos tenido, pero de adolescentes y es algo que claramente corresponde a la Dama de Honor organizarlo. Sabía que Xime había cubierto todos los detalles que se supone yo lo debía de hacer, pero estaba segura que esto no lo tuvo presente y que será el mejor regalo que puedo ofrecerle. Aún disponía de tiempo, era cuestión de ser organizada y sumamente cautelosa.
Estuve un largo tiempo mientras esperaba para embarcar, planeando mi regalo de bodas cuando ya la idea la tenía definida decidí dejarla ahí y continuarlo cuando ya estuviera allí y pudiera conocer el terreno y las opciones. Se me ocurrió que buscar una bebida antes de volver a volar sería una gran idea, ansiaba mi buena dosis de café ya habían transcurrido muchas horas desde la última vez que bebí uno.
En la cafetería había una pequeña fila de no más de seis personas esperando a dar su orden, por lo que aproveché el momento para avisar a mi amiga de mi ubicación y poder ponerme al corriente con las redes sociales. Estaba tan sumergida en mi mundo que de un momento a otro sentí algo frío muy frío derramarse sobre mi cabeza hasta que sentí que lo frío iba expandiéndose por todo mi cuerpo. Cuando levanté la mano y con mis dedos rocé mi coleta supe de qué se trataba, resulta que algún idiota decidió que sería genial chocar contra mí y empaparme de todo su frapuccino que hasta cubitos de hielo tenía.
- ¿¡Eres estúpido!?
- Lo siento mucho, no te vi...
- Eso me queda más que claro ¡Dios y ahora que haré! Debo buscarme una muda de ropa.
- Ven te compraré ropa nueva - Es lo menos que puede hacer. Creo que se ha percatado de mi mirada un tanto severa porque su rostro denotaba preocupación y esto se hacía cada vez más evidente - Ven mira, hay un local aquí enfrente. De verdad, lo lamento.
Observo su rostro lleno de consternación, no sabía que exactamente decir y aquello me causaba gracia. Había logrado desvanecer un tanto mi mirada iracunda que en estos momentos me había dedicado a observarlo de una manera un tanto curiosa.
Al principio no había prestado tanta atención en él, pero ahora que lo hacía ¡Santo Cielo! ¿Qué ven mis ojitos? Es un hombre muy atractivo, varonil y sumamente sexy como el infierno. En sus treinta y tantos, dueño de un cabello claro que contrastaba con su piel bronceada y dueño de unos ojos grises tan profundos que sería tan fácil perderte en ellos. Claro que se había percatado de mi escrutinio en su persona ya que luego de unos segundos en silencio su mirada de consternación cambió a una llena de simpatía y esbozaba una sonrisa cínica que rápidamente hizo que mi enojo volviera a surgir. Ser atrapada mientras miraba de una manera muy desvergonzada y que encima me lo hiciera saber me molestaba aún más.
- Es lo menos que puedes hacer, mira como quedé y tengo un vuelo que sale en unos minutos.
- Muy bien vayamos a ver que conseguimos y de nuevo, lamento lo que te hice. Por cierto - dice algo curioso mirándome y en este momento siendo el quien me escudriñaba de pies a cabeza sin intención de esconderlo, me mira a los ojos y sonriendo nuevamente pregunta - ¿Cómo te llamas?
- Julia ¿y tú? - contesto ahora también curiosa por saber quién era ya que super atractivo es, además de que claramente no era de por aquí, tenía un acento raro su español. No era horrible pero tampoco perfecto, mi curiosidad se había activado.
- Ryan Ryder, es un gusto conocerte. Lamento la forma.
No puedo no evitar sonreír porque a pesar de ser un estúpido por volcar toda su bebida sobre mí y no prestar atención por donde iba, se ha portado muy bien conmigo desde el pequeño accidente y ha sido bastante atento y gentil.
- Mejor vayamos a ver, que mi vuelo saldrá en cualquier momento.
- Si, el mío también.
Cuando la dependienta del lugar nos ve ingresar supo adivinar que había ocurrido, supongo que mi apariencia era más que suficiente evidencia de lo que pasó. Ryan toma asiento en uno de los pequeños pero delicados silloncitos mientras la joven trae algunos outfits para elegir. Había pedido que sean los más cómodos posible ya que aún me faltaba un tramo más de viaje y odiaba viajar incómoda.
Luego de probarme algunos y creo que aburrir hasta el cansancio al pobre hombre me decidí por unos clásicos jeans negros y una remera básica blanca junto con una campera de cuero negra que combinaban a la perfección con unas muy hermosas y delicadas botas que llegaban hasta el tobillo.
- ¡Wow! Eso te sienta increíble, realmente me gusta como luce en ti. Creo que realza tu color de pelo que por cierto es genial, nunca había pensado que el cabello blanco se vería tan sexy en una mujer joven.
- Gracias - sonrío con cierto sonrojo en mi rostro, no había esperado semejante comentario de su parte. Estaba que saltaba en una pata la niñita de mi interior. El tipo es realmente un dulce.
- Bien pagaré por esto y luego te invitaré un café.
- El que no pude tomar porque alguien me baño en frapuccino mocca con chips de chocolate, que incluso creo que aún tengo alguno dando vueltas en el pelo.
Ríe mientras va hacia la cajera a pagar y yo termino de acomodar la ropa sucia en una bolsa que las chicas me supieron dar. Se habían apiadado de mi desgracia que me permitieron su baño y así poder sacarme lo más posible toda la crema del pelo. Me eché una cantidad espantosa de perfume ya que olía a vómito de bebé aun vistiendo ropa nueva y limpia.
Increíble día la mía, pero puedo decir que lo hermoso que rescato de todo esto es que el mismo idiota que no prestó atención y me baño en crema y me dejó oliendo así, es el mismo hombre sexy pero dulce quien me invita a tomar un café el mismo día en que piso mi amado país otra vez. Puede que sea una señal de la vida, cuando mencioné que el destino es un listillo haciendo bromas me refería a esto.
- Bueno ya está, vamos por el café. ¿Aún tienes tiempo no? - me dice cuando lo veo acercarse nuevamente a mi fuera del local de ropa, con una hermosa sonrisa que me deja algo tonta por unos segundos. - ¿Dónde vas? Si es que no te molesta que pregunte no.
- Para nada, voy al casamiento de mi mejor amiga en San Luis, Merlo. Estoy muy emocionada, soy su dama de honor.
Se queda por unos minutos pensando, creí que quizás no me haya entendido porque hablé muy rápido por la emoción, pero cuando estaba por preguntarle sonríe, me quedo algo confundida ya veo que tanta es mi suerte y le falta un par de amiguitos en la cabeza. Luego para mi intranquilidad larga una carcajada. ¡Dios esto ya me preocupa! Creo que desistiré del café.
-Creo que el destino es maravilloso - dice luego de su ataque de risa, si en definitiva esta loquito - Te parecerá asombroso o algo muy psicópata, depende de cómo lo veas - me dice observándome fijamente, esto ya me da miedo - Pero resulta que yo también viajo a San Luis por la boda de mi mejor amigo y yo soy el padrino, y juraría que es la misma boda a la que vas tú.
Me había quedado mirándolo por lo sorprendida que estaba, en definitiva, el mundo era muy muy pequeño. De todas formas, no pude evitar preguntarle los nombres de los futuros novios para corroborar los datos, me era imposible no ser desconfiada en algunas ocasiones. Aunque cuando lo escuché me dije a mi misma que sería muy curioso que hubiera dos bodas programadas en la misma ciudad el mismo fin de semana. No pude evitar sonreír por las vueltas de la vida, vaya manera de conocer a la persona que caminaría conmigo en el altar acompañando a nuestros amigos.
De repente mi curiosidad se hizo presente y no lo podía parar una vez que se encendía no había forma de controlarme y no lo voy a negar quería saber más de este hombre ¿De dónde vendrá? Esto era algo que desde que lo escuché hablar con ese acento muy particular y delator de que era un turista, me lo había preguntado. Y sin poder soportarlo más hice la pregunta.
- ¿De dónde eres? Porque se nota que no eres de aquí, no estoy diciendo que tu español sea espantoso, pero es muy notorio debido al acento que tienes.
Me mira curioso, sonríe a pesar de haber quedado como una loca. El ser curiosa es útil muchas veces en mi trabajo, pero en lo que se refiere en la vida cotidiana no me resulta de mucha ayuda. Generalmente logro espantar muy rápido a las personas ya que se lo toman a mal el que le haga muchas preguntas. Preguntas que siempre suelen ser muy personales, pero no lo puedo evitar. Quiero conocer bien a las personas con quien pienso involucrarme, bastante mala la experiencia que tengo como para permitirle formar parte a mi vida a alguien cualquiera.
- Eres muy curiosa y muy directa. - me dice achinando los ojos hacia mí. Pero yo aún me quedo a la espera de que me diga de dónde viene - Australia, crecí en Sídney como Mason.
¿Australia? Viajó desde tan lejos solo para esta boda ¡Wow! Bueno, yo no tengo mucho más que decir, acabo de llegar desde Europa también. Está claro que yo lo hacía por la persona a quien quería como una hermana, aunque supongo que la relación que mantienen ellos debía de ser bastante estrecha también como para venir desde tan lejos.
- ¡Wow! - digo asintiendo con la cabeza no sabiendo mucho más que decir ya sabía lo que quería, además, odio las conversaciones casuales porque no sé cómo mantenerlas sin que parezca un interrogatorio.
- ¿Wow? Estabas tan curiosa y me dices eso - ríe con una pequeña carcajada. ¿A este que le pasa? Claramente lo estaba divirtiendo. Esperen ¿Eso quiere decir que no lo espanté? ¡Y este de que mundo vino!
- Quería saber de dónde eras y ahora ya lo sé. ¿Querías que siguiera preguntado más? - digo levantando una ceja inspeccionando su rostro, el cual seguía mostrándose divertido.
- Mejor vayamos por ese café.
Sonríe mientras vamos hacia la cafetería por un segundo intento de comprar un café, no voy a negarlo, es bastante guapo además de simpático y amable y más aún después de haberlo llamado idiota. Tiene un muy buen aspecto, pero aprendí gracias a mi experiencia personal y laboral que cuanto más guapos más idiotas y embusteros son. Aunque sea amigo del futuro marido de mi amiga no significaba que no sea un completo mujeriego, debía mostrarme alerta y no bajar la guardia por más hermosa que sea su sonrisa.
Descubrí luego de la espera en la cafetería y nuestra charla esperando el avión que es un amante de la cafeína al igual que yo, pero que además es bastante sereno, tranquilo y calculador. Simpático y bastante charlatán, cuando notaba que quizás no tenía mucha más idea de cómo continuar con un tema iba lo cambiaba y tomaba el mando de la conversación, incluso me había dado carta blanca para continuar con mis preguntas, ya que al parecer se percató de mi habilidad interrogando personas. Aunque él había aprovechado también la ocasión para cuestionarme un poco acerca de mi vida y claro, yo era todo lo contrario a él viviendo mi vida a mil por hora teniendo la habilidad de hacer dos o tres cosas al mismo tiempo, ya que, para mí, el tiempo vale oro. Lo cual, le ha parecido bastante gracioso porque mientras hablábamos estuve mandando mails ya que mis clientes no entienden el concepto de vacaciones. Obviamente aquello le pareció alarmante, aún más cuando me preguntó si tenía una secretaria y le dije que también se había tomado unos días la pobre.
- Pero entonces quien atiende tus asuntos.
- Bueno, por eso es que con tiempo avisé a todos mis clientes que no me encontraría en el despacho y que mi secretaria tampoco ya que nos íbamos de vacaciones. Pero claro, existe la gente que no entiende y se piensa que me sé sus expedientes de memoria.
- Pero, no entiendo ¿Por qué no dejarla a ella?
- Porque prefiero que el despacho quede cerrado mientras no estoy, pero cuando esté tenerla a ella porque si no mi vida sería una locura.
Asiente dándome la razón, aunque meditando sobre el tema. Podía ver que era un hombre bastante observador y escuchaba atentamente todo lo que le había dicho hasta ahora.
- Es muy comprensible, en mi caso siempre hay una de reemplazo. - aquello llamó mi atención, cuando mencionó que tenía una empresa familiar no especificó las dimensiones de la misma.
- Yo no sé qué haría sin ella, desde que llegué a España ha sido mi mano derecha y me ha acompañado en todo, pero gracias a eso también su carrera está en pleno ascenso.
Estuvimos un buen tiempo más charlando, cuando llaman a embarcar. Lamenté el que el tiempo que teníamos se haya acabado, increíblemente me había relajado y la charla se daba de una manera muy fluida, luego recordé que íbamos al mismo lugar así que podría tener más oportunidades para hablar con él. Mientras íbamos buscando nuestros asientos por casualidades del destino nos dimos cuenta que estábamos uno a lado del otro, ya que los asientos de primera clase eran de a dos, pero eran bastante más amplios.
- La vida de alguna u otra forma nos iba juntar – dice con una amplia sonrisa en su rostro.
Lo miro sorprendida por ese comentario, si es de esos tipos melosos moriría si fuera el caso. No soportaría tenerlo cerca creyendo que el destino nos unió, el destino es una porquería, le gusta las bromas y los dramas, pero nada más.
- La vida o destino cómo le dicen es una tontería.
- Fuertes declaraciones para alguien que es Dama de Honor en una boda.
- Claramente lo hago por el amor que le tengo a mi amiga, porque si fuera por mí ni volvería a este país.
Me mira completamente confundido, listo ahora sí cree que soy una loca desquiciada. Si no lo había espantado en todo este tiempo, ahora lo había logrado.
- ¿Quieres hablar del asunto? - me dice en tono suave tan solo audible para mí, me conmovió el hecho de que no me haya lanzado la pregunta cómo yo se lo habría hecho a él.
- Quizás deberías de preguntarme en la fiesta cuando tenga varias copas de más - contesto acomodándome en el respaldo cerrando los ojos. No quería hablar del asunto estando sobria, es más jamás he hablado de esto desde aquella vez.
Me despierto porque siento una leve sacudida, cuando abro los ojos veo el rostro anguloso de Ryan sobre mí y es cuando me percato que estaba mi cabeza en su regazo y una de sus manos en mi cabello acariciándome. Me levanto rápidamente de un salto, ¿Cómo es que terminé ahí?
- Tranquila, es que te dormiste e ibas cayendo de apoco hacia un costado que preferí que te recostaras directamente en mi o te despertarías con una contractura horrible.
Lo observo un momento porque me pareció un gesto agradable algo que hacía tiempo nadie hacía por mí, el último hombre que medianamente hizo cosas como estas me dejó plantada y con un corazón roto en el altar.
- Gracias. - fue lo único que se me ocurrió decir y rápidamente me acomodé derecha en mi asiento. No podía verlo a la cara, sentía... La verdad no sabía lo que sentía. Me tomó por sorpresa, pero como había dicho antes, probablemente sea un mujeriego que sabía cómo tratar a una mujer. No debía ilusionarme por un gesto tan dulce, aunque admito que me guste el que haya pensado en mi comodidad.
"Señores pasajeros le habla su piloto pedimos que se abrochen los cinturones porque nos encontramos próximo al aterrizaje. Muchas gracias"
Estamos llegando, se había pasado muy rápido el vuelo. Menos mal porque está situación tensa de no saber que decir no me agrada, es un hombre muy atento, pero hacía mucho no dejaba que nadie tuviera esas consideraciones conmigo, me había cerrado por completo a las citas y me enfoque en lo único que me apasiona realmente, mi trabajo.
Tratando de liberar mis pensamientos sobre eso, decido mirar por la ventana para ver las nubes, pero me encuentro con que no son blancas más bien grises, eso significaba que abajo estaba lloviendo odio los vuelos con tormentas. En realidad, me aterran las tormentas ¡Maldita sea! No puedo tener estos terrores ahora. En una de esas veo un haz de luz brillar y truenos sonar que de inmediato bajo la ventanilla para no verlo.
- ¿Estás bien? - Ryan me observa preocupado - Estás pálida. Pediré agua.
Tocó el timbre y en segundos apareció una azafata a quien le pidió un vaso de agua, al rato volvió y se lo entrego el cual me lo ofreció, yo tan solo podía mirarlo, era atento y sabía que algo me ocurría. ¿Qué si me gustaba eso? me gustaba, pero me aterrorizaba también era un hombre bastante completo, atento, guapo y sumamente observador; no sabía que era lo que más me preocupaba en estos momentos la tormenta o Ryan. Pero al sentir una sacudida del avión supe inmediatamente que en ese momento sería la tormenta.
- Gracias, debo confesar que odio las tormentas, nunca las he superado. - lo veo que me mira fijamente y sonríe - Adelante búrlate, pero de verdad las odio.
- No me burlaré, sonrío porque no tienes por qué temer, yo las he superado y me tienes a mí. - al finalizar esas bellas palabras toma mi mano entre las suyas y las acerca a su boca besándola, no puedo describir la descarga eléctrica que sentí por la espina dorsal. Pero si puedo el nivel de sonrojo que tenía en estos momentos que era similar al de un tomate. ¿Por qué tiene que ser tan dulce? Y ¡Porque demonios sentía esta revolución en mi interior!
Le devuelvo la sonrisa algo incómoda ya que descubrí que, es un hombre atento, pero con una dosis de cursilería también, aunque eso no le robaba atractivo es más lo sumaba y eso era preocupante. Simplemente no pensaría en esto ahora, lo primero era llegar a tierra firme, entera.
Luego de dar unas vueltas y ver el momento oportuno para atravesar la tormenta y con un mini infarto de por medio estábamos en tierra a salvo de todo. Ryan tuvo que desabrochar mi cinturón porque yo aún me encontraba muy alterada, me ayudó a levantarme y con su ayuda iba bajando el avión. El único momento que se separó de mi fue cuando tomo su bolso y luego los míos para colocarlos en el carro, sabíamos que nadie iría a recogernos ya que ambos habíamos dicho que alquilaríamos un coche, pero ahora alquilaremos uno solo ya que Ryan lo creyó más oportuno porque aún no me encontraba del todo bien. De verdad odiaba las tormentas y lo peor fue atravesar esa con el avión queriendo descender.
- ¡Bonita ven! Ya nos trajeron el auto.
¿Lo escuché bien? Me acaba de llamar bonita, odio los apelativos cariñosos de ese estilo, pero cuando lo decía él sonaba malditamente bien. Luego hablaremos sobre eso, ahora tan solo quería llegar y tomarme un baño caliente y descansar.
De camino a la casa de campo íbamos con la radio encendida que casi ni hablábamos, la estancia con Ryan era pacífica y de una manera increíble lograba comprender lo que quería y se había dado cuenta que ahora mis nervios quizás no eran por la tormenta más bien por lo que podría ir a encontrar cuando lleguemos. Estaba sumida en el silencio preparándome para lo inevitable, rencontrarme con mi pasado no me resultaba para nada fácil de digerir.
Estábamos a unos 100 metros aproximadamente de la entrada al lugar donde decía "Estancia Reyes" por lo que me sorprendió que aparcara el auto en un costado para luego apoyar la cabeza en el respaldo y observarme.
- ¿Qué sucede? - pregunto algo confundida. - ¿Por qué te detienes?
- Aunque no me hayas hablado del asunto supe que volver aquí era difícil para ti, quería darte un tiempo para que te prepares y saber si estás bien.
Lo miro sin creer lo que acabo de escuchar, desde hace años me había cerrado por completo a todos y este hombre en ¿Qué? Dos horas y media había logrado leerme con mucha facilidad, no lo puedo creer sin querer había hecho que algo en mi interior brincara de la emoción. Me escuchaba, me entendía y le importaba lo que me sucedía, lo mejor de todo era que lo demostraba.
Sin poder frenarme a mí misma no pude darme cuenta en qué momento me desabroché el cinturón y me incliné hacia él plantándole un beso. Un beso. Por amor al cielo está no era yo. Pero no lo pude resistir, algo en él me llamaba, me decía que lo hiciera. ¡Y maldita sea que lo disfruto! Sus labios se sentían a la gloria misma.
Claramente lo tomé por sorpresa, los primeros segundos no logró reaccionar, pero luego tomó fuertemente mi rostro entre sus manos queriendo profundizar el beso, en ese momento me percaté de mi atrevimiento y sentí que me aprovechaba de él. Me encontraba vulnerable y confundida por todo esto, aterrorizada de encontrarme a esas personas. No, esto estaba mal. Me alejé lo más rápido posible, no lo utilizaría. No se lo merecía, no después de que se haya portado tan bien conmigo.
- Lo lamento no sé qué me sucedió. Yo... - no sabía que decir, abrí la puerta y bajé del auto, necesitaba aire. Al segundo escucho que él también baja, no quería levantar la vista me encontraba muy avergonzada, yo no era así soy alguien sería y fuerte ante los impulsos, más aún cuando de hombres se trataba, pero ahora...
- Julia, no lo lamentes. Te juro he querido hacerlo yo desde hacía rato... Por favor, mírame.
¿Él había querido besarme antes? Lo miro a los ojos y me pierdo en ellos. Me miraba de tal forma que sentía mis piernas aflojarse, podía ver la intensidad de sus ojos y si, podía ver en ellos la urgencia y el deseo. Ya mis muros habían caído no podía remediarlo más, si salía lastimada ya no me importaba. Saber que también quería besarme, que había sentido atracción por mí en tan solo tres horas de habernos conocido logró que todo aquel muro que había construido a mi alrededor se derrumbara.
- Eres hermosa, y aún más con un Frappucino de chocolate y chips en la cabeza. - Río ante eso, lo tenía cerca muy cerca, de puro instinto trato de alejarme de él retrocediendo un paso, pero me encuentro con el auto, él aprovechó la oportunidad y con sus brazos me había apresado entre el vehículo y él - Me volviste loco desde el momento en que te vi y ese beso me dice que yo tengo el mismo efecto en ti. Sabes que sí, y juro que no puedo estarme un rato más quieto, no quiero. Lo único que si quiero es volverte a besar, solo necesito que me digas que sí.
- Hazlo
Fue lo único que pude decir y lo que él necesito para hacerlo. Tomando mi rostro entre sus manos me besó de una forma tan gentil y dulce, disfrutando de cada centímetro de mi boca, podía sentir que con este beso podía decirme muchas cosas, con cada movimiento era como si acariciara todo de mi con su alma. Aunque en un principio creí que me besaría desesperadamente porque sonaba así, lo hacía con cariño, con cierta delicadeza y yo lo único que deseaba era quedarme aquí rodeada de este hermoso paisaje y con este hombre tan sexy y cariñoso que lograba hacerme sentir tan importante y bella.
Lo que menos deseaba ahora era alejarme de su lado e ir a encontrarme con aquellas personas que significaban dolor y malos recuerdos, quería escaparme con este hombre muy lejos y tenerlo solo para mí. A fin de cuentas, acababa de decirme que lo volvía loco y aunque no lo quiera admitir, él también tenía ese efecto en mí.
- ¿Julia? - esa voz, ¡Santo cielo! No puede estar ocurriendo esto ahora mismo. Maldita mi suerte y maldito el destino.
Lo dije y lo vuelvo a decir, el destino era una porquería, de todas las personas que viven en este mundo, de todas las personas que viven en esta maldita ciudad. Tenía que ser la persona a la que menos tenía ganas de ver a la que me encontrara antes de cruzar el maldito portón.
¡Es él! ¡Maldito bastardo! Reconocería su voz en cualquier sitio del mundo.