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De Familia A Enemigo

De Familia A Enemigo

Autor: : Xiao Zi Yi
Género: Xuanhuan
El frío del mármol me despertó de golpe, pero no era la oscuridad del ataúd que recordaba. Toqué mi vientre, plano aún, sin el dolor desgarrador que me había matado. Luego, los recuerdos me golpearon: la sonrisa falsa de mi hermana Valentina, la indiferencia helada del príncipe Alejandro, mi esposo. Recordé el veneno en mi té, llevándose no solo mi vida, sino la de mi hijo no nacido. La traición, la crueldad, todo se quemó en mi memoria como una herida abierta. Soy Sofía, y la mujer en el espejo es más joven, sin las ojeras de la desesperación, la misma que fui el día en que mi tragedia comenzó. Pero esta vez, cuando la doncella anunció mi embarazo, no sentí alegría ingenua, sino el primer clavo de mi ataúd personal. Mi hijo sería mi razón, mi arma, mi venganza. Recordé el falso encanto de Alejandro, su alegría por un heredero que le aseguraría poder, no por mí. Y recordé a Valentina, mi dulce hermana, quien no tardaría en aparecer para robarme lo poco que tenía. Pero esta vez, el juego había comenzado, y yo no sería la víctima. Yo sería la jugadora, moviendo cada pieza, tejiendo la red de la que ninguno de ellos podría escapar. Por mi hijo y por la mujer que fui, desataría el infierno en este palacio.

Introducción

El frío del mármol me despertó de golpe, pero no era la oscuridad del ataúd que recordaba.

Toqué mi vientre, plano aún, sin el dolor desgarrador que me había matado.

Luego, los recuerdos me golpearon: la sonrisa falsa de mi hermana Valentina, la indiferencia helada del príncipe Alejandro, mi esposo.

Recordé el veneno en mi té, llevándose no solo mi vida, sino la de mi hijo no nacido.

La traición, la crueldad, todo se quemó en mi memoria como una herida abierta.

Soy Sofía, y la mujer en el espejo es más joven, sin las ojeras de la desesperación, la misma que fui el día en que mi tragedia comenzó.

Pero esta vez, cuando la doncella anunció mi embarazo, no sentí alegría ingenua, sino el primer clavo de mi ataúd personal.

Mi hijo sería mi razón, mi arma, mi venganza.

Recordé el falso encanto de Alejandro, su alegría por un heredero que le aseguraría poder, no por mí.

Y recordé a Valentina, mi dulce hermana, quien no tardaría en aparecer para robarme lo poco que tenía.

Pero esta vez, el juego había comenzado, y yo no sería la víctima.

Yo sería la jugadora, moviendo cada pieza, tejiendo la red de la que ninguno de ellos podría escapar.

Por mi hijo y por la mujer que fui, desataría el infierno en este palacio.

Capítulo 1

El frío del suelo de mármol me despertó de golpe, un frío que se sentía como la muerte misma, un eco de la sangre que se me escapó del cuerpo en mi vida pasada. Abrí los ojos, confundida, el techo de mi antigua habitación en el palacio del príncipe giraba sobre mí, no era la oscuridad del ataúd que recordaba.

Toqué mi vientre instintivamente, todavía plano, pero sin el dolor agudo y desgarrador que me había matado.

«¿Dónde estoy?»

El recuerdo me golpeó como una ola helada, la imagen de mi hermana mayor, Valentina, con su rostro lleno de un arrepentimiento falso mientras el príncipe Alejandro, mi esposo, me miraba con fría indiferencia.

«Lo siento, Sofía», había dicho Valentina, sus ojos brillando con una ambición mal disimulada. «Alejandro y yo nos amamos, no debiste interponerte».

Sus palabras fueron la sentencia final, justo antes de que el veneno en mi té hiciera su efecto, arrebatándome no solo mi vida, sino también la de mi hijo no nato. La traición de mi propia sangre, la crueldad del hombre que juró protegerme, todo se quemó en mi memoria.

Me levanté de la cama, mis piernas temblaban, y corrí hacia el espejo. La mujer que me devolvía la mirada era yo, pero más joven, sin las ojeras de la desesperación, sin la palidez de la muerte. Era yo, el día que todo comenzó.

Justo en ese momento, la puerta se abrió y entró mi doncella.

«Alteza, ¿se encuentra bien? El médico acaba de irse».

Entonces lo recordé. Hoy. Hoy fue el día en que el médico real me confirmó la noticia.

«Felicidades, Alteza, está usted embarazada».

La misma noticia que en mi vida pasada me había llenado de una alegría ingenua, ahora se sentía como el primer clavado de un ataúd. Pero esta vez era diferente, esta vez, este niño sería mi razón para vivir, y mi arma.

Poco después, el príncipe Alejandro entró en la habitación, su rostro apuesto iluminado por una sonrisa que yo sabía que era completamente falsa.

«Sofía, mi amor», dijo, acercándose para tomar mis manos. «Acabo de escuchar la maravillosa noticia. Me has hecho el hombre más feliz del reino, un heredero está en camino».

Su alegría no era por mí, ni siquiera por nuestro hijo, era por el poder y la posición que un heredero le aseguraría en la lucha por el trono. Lo miré a los ojos, ocultando el hielo en mi corazón detrás de una máscara de felicidad tímida.

«Estoy tan feliz, Alejandro», mentí, mi voz sonando dulce y temblorosa.

«Debemos anunciarlo de inmediato, organizar un gran banquete para que toda la corte se entere».

Su ambición era tan predecible. En mi vida pasada, acepté con entusiasmo, dándole a Valentina la oportunidad perfecta para regresar y seducirlo durante las festividades.

Esta vez, no.

Negué con la cabeza suavemente, bajando la mirada como una esposa devota y preocupada.

«Alejandro, por favor, esperemos un poco», supliqué. «Los primeros meses son los más delicados, tengo miedo de que algo malo pueda pasar si lo celebramos demasiado pronto».

Él frunció el ceño, claramente molesto por el retraso en su plan de autopromoción.

«Además», añadí rápidamente, jugando mi primera carta. «Quisiera ser yo misma quien le dé la noticia a mi familia, especialmente a mi hermana Valentina, significaría mucho para mí».

Sabía que mencionar a Valentina despertaría su interés, el recuerdo de la mujer que originalmente estaba destinada a ser su esposa todavía ardía en su mente superficial. Él la deseaba, no por amor, sino porque ella lo había rechazado, un golpe a su enorme ego.

«Por supuesto, mi amor», dijo, su tono suavizándose. «Como desees, una celebración familiar íntima será perfecta».

Sonreí, una sonrisa que no llegó a mis ojos. El juego había comenzado. Esta vez, yo no sería la víctima, sería la jugadora que movía todas las piezas. Valentina, Alejandro, mi ambiciosa madre y mi débil padre, todos bailarían a mi son.

Por mi hijo, y por la mujer que fui, desataría un infierno en este palacio.

Capítulo 2

Al día siguiente, mientras el príncipe Alejandro se preparaba para sus deberes en la corte, lo detuve con una expresión de calculada preocupación.

«Alejandro, he estado pensando», comencé, mi voz suave y sumisa. «Ahora que estoy esperando a nuestro hijo, me preocupo más por tu bienestar, pasas tantas horas trabajando, y apenas tienes a alguien de confianza que te atienda personalmente».

Él me miró con una pizca de sorpresa y un toque de vanidad complacida.

«¿A qué te refieres, Sofía?»

«Mi doncella personal, Elena, es increíblemente leal y eficiente», dije, señalando a la mujer que estaba de pie en un rincón de la habitación. «Me ha servido durante años, y no podría confiar en nadie más. Me sentiría mucho más tranquila si ella estuviera a tu lado, asegurándose de que comes a tus horas y descansas lo suficiente».

Elena levantó la vista, sus ojos se abrieron con sorpresa y una chispa de algo más, una ambición que yo conocía demasiado bien. En mi vida anterior, fue Elena quien, corrompida por las promesas y regalos de Valentina, me traicionó en los momentos más cruciales, fue ella quien me sirvió el té envenenado.

Recuerdo perfectamente su rostro mientras yo agonizaba en el suelo, una mezcla de miedo y una cruel satisfacción. Ella pensó que al ayudar a Valentina, aseguraría un lugar más alto en el nuevo orden del palacio. Pobre tonta.

Ahora, al ver la oportunidad de servir directamente al príncipe, esa misma ambición brillaba en sus ojos. Ella creía que era su golpe de suerte.

Alejandro frunció el ceño, su mente calculadora trabajando a toda velocidad.

«Elena es tu doncella, Sofía, no puedo simplemente quitártela».

Su rechazo era tan falso como su amor por mí, sabía que la idea de tener una espía, o al menos a alguien leal a su esposa a su lado, le resultaba atractiva, le daba una sensación de control.

«Por favor, insisto», dije, poniendo una mano en su brazo. «Mi salud y la del bebé dependen de mi tranquilidad, y no estaré tranquila hasta saber que estás bien cuidado. Piensa en ello como mi primera contribución como madre de tu heredero».

Usar al bebé era un golpe bajo, y funcionó a la perfección. La mención del heredero siempre nublaba su juicio.

«Bueno, si insistes tanto...», cedió, fingiendo renuencia. «Elena, a partir de hoy, servirás en mis aposentos, informa directamente a mi mayordomo».

«Sí, Alteza», dijo Elena, haciendo una reverencia profunda, incapaz de ocultar el temblor de emoción en su voz.

Más tarde ese día, la madre de Elena, la jefa de las lavanderas del palacio, vino a verme, su rostro lleno de lágrimas de gratitud.

«Alteza, no tengo palabras para agradecerle», dijo, arrodillándose ante mí. «Ha honrado a nuestra familia, mi hija le servirá con su vida».

«Levántate», le dije con una sonrisa serena. «Elena es una buena chica, se merece esta oportunidad».

Mientras la mujer se iba, llena de orgullo y alegría, mi sonrisa se desvaneció, reemplazada por una frialdad glacial. Había colocado a mi traidora justo en el corazón del territorio enemigo. Elena, con su ambición y su estupidez, sería el catalizador perfecto para el caos que estaba a punto de desatar.

Ella pensaba que estaba subiendo la escalera del poder, pero yo acababa de empujarla al primer escalón de su propio cadalso.

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