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De matrimonio a Venganza

De matrimonio a Venganza

Autor: : Zhi Ning
Género: Romance
El día de mi boda, en la imponente nave de la hacienda familiar, mientras el sacerdote hablaba del amor eterno, sentí que, de algún modo mágico, había renacido. Mi mirada se posó en Javier Mendoza, mi futuro esposo, y el mundo se desdibujó para mostrarme con una claridad aterradora la imagen del cuchillo helado hundiéndose en mi espalda. En mi vida anterior, este mismo hombre, junto a Sofía, su amante, me despojó de todo: mi vasta herencia, el imperio de aguacates de mi familia y, finalmente, mi existencia. Morí sola, traicionada, mientras su ambición brillaba inquebrantable. Ahora, llevaba el mismo vestido blanco, en la misma iglesia, a punto de repetir la farsa. La sonrisa de Javier, antes cegadoramente encantadora, solo despertaba náuseas y un doloroso amargo recuerdo. ¿Cómo podía un alma regresar de tal deshonra? ¿Por qué la vida me ofrecía una segunda oportunidad para este mismo calvario? Pero en lugar de la desesperación que me consumió antes, una fría y calculada determinación invadió cada fibra de mi ser. Ya no había lugar para lágrimas ni súplicas. Mi "Acepto" rompió el silencio nupcial con una firmeza que sorprendió hasta al propio Javier. No era el inicio de un matrimonio, sino el comienzo de una venganza que duraría dieciocho años. Cada paso suyo, cada aliento de alegría robada, se convertiría en una pincelada de su propia y lenta destrucción. Esta vez, ellos mismos forjarían las cadenas de su perdición, mientras yo los observaba desde la sombra.

Introducción

El día de mi boda, en la imponente nave de la hacienda familiar, mientras el sacerdote hablaba del amor eterno, sentí que, de algún modo mágico, había renacido.

Mi mirada se posó en Javier Mendoza, mi futuro esposo, y el mundo se desdibujó para mostrarme con una claridad aterradora la imagen del cuchillo helado hundiéndose en mi espalda.

En mi vida anterior, este mismo hombre, junto a Sofía, su amante, me despojó de todo: mi vasta herencia, el imperio de aguacates de mi familia y, finalmente, mi existencia.

Morí sola, traicionada, mientras su ambición brillaba inquebrantable.

Ahora, llevaba el mismo vestido blanco, en la misma iglesia, a punto de repetir la farsa.

La sonrisa de Javier, antes cegadoramente encantadora, solo despertaba náuseas y un doloroso amargo recuerdo.

¿Cómo podía un alma regresar de tal deshonra? ¿Por qué la vida me ofrecía una segunda oportunidad para este mismo calvario?

Pero en lugar de la desesperación que me consumió antes, una fría y calculada determinación invadió cada fibra de mi ser.

Ya no había lugar para lágrimas ni súplicas.

Mi "Acepto" rompió el silencio nupcial con una firmeza que sorprendió hasta al propio Javier.

No era el inicio de un matrimonio, sino el comienzo de una venganza que duraría dieciocho años.

Cada paso suyo, cada aliento de alegría robada, se convertiría en una pincelada de su propia y lenta destrucción.

Esta vez, ellos mismos forjarían las cadenas de su perdición, mientras yo los observaba desde la sombra.

Capítulo 1

El día de mi boda, renací.

Mientras el sacerdote hablaba del amor eterno, yo miraba a Javier Mendoza, mi futuro esposo, y recordaba el frío del cuchillo en mi espalda.

En mi vida pasada, este mismo hombre, junto a su amante Sofía, me había quitado todo. Mi fortuna, el imperio de aguacates de mi familia, y finalmente, mi vida.

Morí sola y traicionada.

Pero ahora, estaba aquí de nuevo. Viva. Con el mismo vestido blanco, en la misma iglesia.

Javier me sonrió, una sonrisa que antes me parecía encantadora y que ahora solo me causaba náuseas. Vi la ambición brillando en sus ojos, la misma que no supe ver antes.

"Acepto."

Mi voz sonó firme, mucho más de lo que esperaba. La venganza me daba una fuerza que no sabía que tenía.

La fiesta fue en la hacienda principal de mi familia, un mar de lujos que a Javier le fascinaba. Mis padres, aunque aprobaban la boda, nunca confiaron plenamente en él. Veían al chico de barrio pobre que se había ganado a su única hija.

Esa noche, en nuestra habitación, Javier me abrazó.

"Isabella, mi amor," susurró en mi oído. "Ahora que somos uno, quiero proponerte algo. Vivamos una vida libre, bohemia, solo para nosotros. Sin las ataduras de los hijos."

Sentí un escalofrío. Era el mismo discurso. El principio del fin.

"¿Qué quieres decir, Javier?" pregunté, fingiendo confusión.

"Demostremos nuestro amor eterno. Hagamos algo radical. Lígate las trompas, mi vida. Así seremos solo tú y yo, para siempre."

En mi vida anterior, lloré. Le rogué. Le dije que quería una familia. Él me manipuló, me dijo que si de verdad lo amaba, lo haría. Y yo, ciega de amor, cedí.

Esta vez, sonreí.

"Qué idea tan romántica, Javier."

Lo besé, un beso frío que él no notó.

"Lo haré por ti. Por nosotros."

Una semana después, le entregué un certificado médico falso. Él lo miró, triunfante. El primer paso de su plan estaba completo.

Y el primer paso del mío, también.

Dieciocho años. Mi venganza no sería rápida. Sería una tortura lenta, meticulosa. Iba a destruir a cada persona que me traicionó, y lo haría usando sus propias armas contra ellos.

Esa noche, mientras Javier dormía, salí al balcón. La luna iluminaba los campos de aguacates que se extendían hasta donde alcanzaba la vista.

Alejandro, el capataz de la hacienda, estaba abajo, haciendo su ronda. Nuestros ojos se encontraron. Él era leal a mi familia, no a mi esposo.

En esta nueva vida, él sería mi único aliado. Y mucho más.

Capítulo 2

Diez meses después de la boda, Javier llegó a casa con una expresión de falsa solemnidad.

No venía solo. En sus brazos, y en los de Sofía Reyes, su "amiga de la infancia", traían dos pequeños bultos.

"Isabella, mi amor," dijo con la voz quebrada. "No vas a creer lo que pasó."

Yo ya sabía lo que venía. Había estado esperando este día.

Sofía, a quien yo misma le había dado un puesto de confianza en la empresa familiar por petición de Javier, me miró con unos ojos llenos de una lástima fingida.

"Estaba visitando el orfanato que apoyo," continuó Javier, "y encontré a estos dos angelitos. Gemelos. Sus padres murieron en un accidente. Mi corazón no me permitió dejarlos allí desamparados."

Puso a uno de los bebés en mis brazos. Un niño.

"Isabella, sé que acordamos no tener hijos, pero míralos. Son huérfanos. Necesitan un hogar. Necesitan a una madre."

Miré al bebé. Luego miré a Javier y a Sofía. Vi la misma mirada de complicidad entre ellos que había visto tantas veces en mi vida pasada. Eran sus hijos. Sus hijos biológicos.

En mi vida anterior, me derrumbé. Grité. Me sentí traicionada por el acuerdo que habíamos hecho. Pero él me convenció. Me dijo que era el destino, que éramos su única esperanza.

Esta vez, sonreí con la más dulce de las sonrisas.

"Oh, Javier. Son preciosos."

Acaricié la mejilla del bebé.

"Claro que los criaremos. Serán nuestros hijos."

La sorpresa en los rostros de Javier y Sofía fue casi cómica. Esperaban resistencia, una pelea. No una aceptación tan rápida y amorosa.

"Les llamaremos Leo y Luna," dije, usando los mismos nombres que ellos habían elegido en mi otra vida.

Mis padres llegaron poco después, alertados por el personal. Mi madre me miró, horrorizada.

"Isabella, ¿qué significa esto? ¿Has perdido la cabeza?"

Mi padre miró a Javier con puro desprecio.

"Siempre supe que no eras de fiar."

Tomé la mano de mi madre y la apreté suavemente.

"Mamá, papá, por favor. Mírenlos. Son solo bebés inocentes. Javier tiene un gran corazón. Y yo seré la mejor madre para ellos. Lo prometo."

Mi actuación fue impecable. Los calmé. Los convencí.

Javier me abrazó, susurrando en mi oído lo maravillosa que era. Sofía sonreía, aliviada.

El segundo paso de su plan estaba completo. Habían introducido a sus herederos en el corazón del imperio Vargas.

Pero mientras yo acunaba a su hijo, mi mente estaba en otro lugar. Pensaba en mis verdaderos hijos. Mateo y Valentina.

Hijos que nacerían en secreto, fruto de mi amor con Alejandro. Hijos que serían criados lejos de esta farsa, educados para ser los verdaderos herederos.

La crianza de Leo y Luna acababa de comenzar. Iba a darles todo. Todo, excepto lo único que importaba: valores, educación y amor verdadero.

Iba a convertirlos en monstruos. Sus propios monstruos.

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