Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Dejé Que El Mejor Amigo De Mi Padre Me Probara
Dejé Que El Mejor Amigo De Mi Padre Me Probara

Dejé Que El Mejor Amigo De Mi Padre Me Probara

Autor: Roseheart
Género: Romance
Harlow Vance ha pasado veinticuatro años sintiéndose invisible. Su hermano menor es el orgullo de la familia, aquel de quien su padre presume constantemente, el que parece no poder hacer nada mal. Desesperada por sentir algo, por sentirse deseada, decide perder la virginidad. No con un chico de su edad que no sabrá qué hacer y que la olvidará a la mañana siguiente, sino con un hombre. Un dominante con el que lleva semanas chateando por internet, alguien que la llama caprichosa y consigue acelerar su pulso con cada mensaje. Acepta encontrarse con él en Radiant, un exclusivo club BDSM de Pittsburgh. Utiliza un nombre falso. Solo planea pasar una noche allí, nada más. Pero cuando la puerta se abre, el hombre que la mira desde arriba no es ningún desconocido. Es Kael Hawthorne. El mejor amigo de su padre. El socio comercial de su padre. El hombre por el que ha estado suspirando en secreto desde que tuvo edad suficiente para darse cuenta de que su mirada se detenía en ella un poco más de lo debido. Kael debería rechazarla. Debería llamar a Julian y decirle que su hija está en un lugar al que no pertenece. En cambio, la hace entrar en la habitación y cierra la puerta. Pero los secretos siempre encuentran la manera de salir a la luz. Y cuando Julian entra en Radiant y encuentra a su hija de rodillas ante su mejor amigo, todo lo que Harlow ha construido con Kael amenaza con hacerse añicos. ¿Qué crees que sucederá? ¡Lee para descubrirlo!
Leer ahora

Capítulo 1 Perdí mi virginidad con el hombre equivocado.

Punto de vista de Harlow

El olor a vainilla y cuero me golpeó la nariz en cuanto crucé las puertas de cristal negro de Ember. El club BDSM más exclusivo de Pittsburgh vibraba a mi alrededor, todo terciopelo rojo, luz tenue y cuerpos pegados de maneras que me hicieron arder las mejillas. Mujeres semidesnudas se enroscaban en barras plateadas al fondo. Una pareja en un sofá de ante negro se comía a besos como si se acabara el mundo.

Me bajé la falda y seguí caminando.

No venían muchas novatas como yo. Salvo mi mejor amiga Sage, que probablemente ya estaba arriba con su profesor. Pero yo solo había venido por una cosa esta noche.

Para perder la virginidad.

-¿Puedo ayudarte? -Un camarero de ojos color miel apareció a mi lado-. Pareces perdida.

Se me encendió la cara. -Soy nueva aquí.

Se rio. -Ya lo veo. ¿Buscas algo en particular?

-Al dueño.

Abrió los ojos de par en par. -¿Al dueño?

-Sí. -Recorrí la multitud con la mirada, con el corazón desbocado-. Tengo un acuerdo con él esta noche.

-¿Es usted la señorita Raquelle Chambers?

-Sí.

No. Ese era solo el nombre falso que llevaba semanas usando con el hombre al otro lado de aquellos mensajes. El que me llamaba malcriada y me hacía apretar los muslos a las tres de la mañana. No le había dicho mi nombre real. Él no lo había preguntado. Esto era cosa de una sola vez.

Perder la virginidad. Darle las gracias por su tiempo. Largarme de allí.

-Por aquí. -El camarero dejó su bandeja y me guio más allá de la barra, más allá de las zonas VIP, donde hombres de traje me miraban con ojos hambrientos. Volví a bajarme la falda. Subimos unas escaleras, pasamos por habitaciones privadas con números dorados, hasta que nos detuvimos frente a una gran puerta negra con el número cuatro en el centro.

El camarero llamó dos veces.

-Adelante -dijo una voz desde dentro.

Me dedicó una pequeña sonrisa y me dio la llave, y luego desapareció por el pasillo. Me mordisqueé la mejilla por dentro y me acerqué a la puerta. Un grupo de mujeres con lencería de encaje salió tambaleándose de la habitación de al lado, entre risitas.

-Vamos, Harlow -susurré-. Una noche.

Metí la llave en la cerradura.

La puerta se abrió antes de que pudiera girarla.

Kael Hawthorne me miraba desde arriba con los ojos muy abiertos. Kael Hawthorne era muchas cosas. El dueño del club BDSM más popular de la ciudad. El hombre de cincuenta y seis años más sexy que había visto jamás. Un playboy dominante que hacía suplicar a las mujeres. Y lo peor de todo: el mejor amigo de mi padre.

Esta noche se suponía que iba a perder la virginidad con él.

-Harlow. -Su voz era grave, áspera. Su mirada bajó por mi cuerpo. De mis labios a mi pecho, a mis caderas. Se quedó ahí un momento de más y luego arrastró los ojos de vuelta a mi cara-. ¿Qué haces aquí?

-¿Tú eres el dueño? -El corazón me latía tan fuerte que pensé que podría oírlo.

-Uno de ellos. -Miró hacia el pasillo. Las mujeres de antes lo saludaron con la mano. Fulminé con la mirada sus espaldas, que se alejaban, con los celos ardiéndome en el pecho como una niña tonta.

Volvió a mirarme. -No has respondido a mi pregunta.

Era el momento. Había que confesar. Decirle que yo era la que había estado hablando con él por internet. La que había mantenido esa fachada de malcriada durante tres semanas. La que había mentido diciendo que sabía algo de BDSM.

-Nada -dije en cambio.

La confusión le cruzó el rostro. Luego sus ojos se oscurecieron. -No me digas que eres la mujer con la que he estado hablando en línea.

Apreté los labios y cambié el peso de un pie a otro.

Dio un paso hacia mí. Rodeó mi garganta por delante con una de sus enormes manos. No apretaba, solo estaba ahí. Una advertencia. -Me vas a responder, Harlow.

-¿Y si no lo hago?

No sabía en qué me estaba metiendo. Pero había venido por una razón. No iba a retroceder. Mis amigas siempre hablaban de lo bien que se sentía. Mi vibrador ya no me bastaba.

Kael soltó una risa oscura y negó con la cabeza. -Joder. Me voy a meter en un lío enorme por tu culpa.

En lugar de apartarme, me metió en la habitación, cerró la puerta y pegó mi pecho contra ella. Inhalé bruscamente. Su cuerpo se apretó contra mi espalda. La hebilla de su cinturón se me clavó en la parte baja de la columna.

-No deberías estar en un club como este -dijo.

-Tú no deberías mirarme cada vez que puedes.

Se tensó a mi espalda. Sus dedos tamborilearon sobre mi garganta.

Era verdad. Las últimas semanas lo había pillado mirándome durante las cenas con mi padre. Y no eran miradas inocentes. Era el tipo de mirada que decía que sabía exactamente lo que quería hacerme.

-Tu padre nunca puede enterarse -gruñó junto a mi oído.

Se me cortó la respiración. -¿Qué pasa si se lo cuento?

En lugar de responder, me separó de la puerta y me lanzó sobre la enorme cama negra en el centro de la habitación. Caí de espaldas, con los pezones marcándose duros contra el sujetador de encaje. Avanzó hacia mí, quitándose el cinturón.

-Quítate la ropa.

Apreté los muslos. Era el momento. Esta noche perdería la virginidad con el mejor amigo de mi padre.

-Quítatela -dijo, con la voz más dura-. Ya.

---

**Kael**

La vi apresurarse a obedecer.

Harlow se quitó la blusa, se deslizó fuera de la falda, hasta quedarse sentada solo con un conjunto de lencería diminuto. Sus curvas desbordaban el encaje. Su piel clara parecía casi translúcida bajo la luz tenue. Las pecas se esparcían por su pecho como si alguien las hubiera pintado ahí a propósito.

La había deseado durante años.

Cada fiesta de Navidad. Cada cena familiar. Cada vez que entraba en una habitación con algo puesto que me hacía la boca agua. Había mirado. Había imaginado. Me había follado a otras mujeres fingiendo que eran ella.

Y ahora estaba aquí. En mi club. En mi cama. Mirándome con esos ojos grandes que decían que no tenía ni idea de en qué se había metido.

Dejé caer la camisa de mis hombros. Luego los pantalones. Los calzoncillos. Mi polla dura colgaba entre mis piernas, y vi cómo ella abría los ojos de par en par. Bien. Debía estar nerviosa. Debía estar aterrada.

Porque no pensaba dejarla marchar.

-No tienes ni idea de lo que has hecho -dije, subiéndome a la cama y empujándola contra el colchón-. Venir aquí. Mentirme. Fingir ser alguien que no eres.

Abrió la boca para hablar. Le metí dos dedos entre los labios.

-Cállate. -Los empujé más hondo, viendo cómo la saliva le resbalaba por la barbilla-. Quisiste jugar conmigo. Bien. Jugaremos.

Ya estaba mojada. Podía olerlo. Podía sentirlo a través de la tanga fina. Saqué los dedos de su boca y los metí entre sus piernas, frotándola sobre el encaje.

Ella gimoteó.

-Vas a arrepentirte de cada mensaje de malcriada que me enviaste -dije, apartando su ropa interior a un lado y hundiendo un dedo dentro de ella. Estaba apretada. Muy apretada-. Para cuando termine contigo, estarás suplicándome que pare. Y no lo haré.

-Yo no suplico -jadeó.

Metí otro dedo. -Ya veremos.

Sus piernas se abrieron más. Sus caderas se alzaron de la cama. Ya estaba cerca, ya temblaba, ya se deshacía sobre mis dedos. Virgen. Lo noté en cómo su cuerpo se cerraba a mi alrededor, incierto y desesperado a la vez.

Todavía no lo sabía. Pero lo sabría.

Y cuando lo supiera, todo cambiaría.

Capítulo 2 ¿Eras virgen

Punto de vista de Harlow

Me quedé tumbada en la cama, con el pecho agitado y la mente completamente en blanco. Kael acababa de estar dentro de mí. Cada centímetro de él. Y ahora su semen me goteaba por el muslo y no podía pensar con claridad.

Se sentó en el colchón a mi lado. -Joder.

Cerré los ojos. Dejé que el calor se extendiera por mi cuerpo. Eso era todo. Ya estaba hecho. Había perdido la virginidad. No había dolido tanto como decían mis amigas.

Entonces Kael se tensó.

-Hay sangre. -Su voz sonaba distinta. Confundida. Se miró a sí mismo y luego a mí-. ¿Eras virgen?

Me cubrí el cuerpo desnudo con la manta y me deslicé fuera de la cama. Me temblaban las piernas. Me di la vuelta para que no pudiera verme la cara.

-Harlow. -Su mano se cerró alrededor de mi muñeca-. No puedes simplemente irte.

-Mírame.

Solté el brazo de un tirón y busqué mi ropa a toda prisa. Ropa interior. Sujetador. Falda. Blusa. Me puse todo tan rápido que casi tropecé con mis propios pies.

-Deja de ser una malcriada por una vez. -Ahora estaba detrás de mí, con la voz baja y peligrosa-. Esto es serio. ¿De verdad nunca habías tenido sexo?

-No es asunto tuyo.

Agarré el picaporte. Su mano golpeó la madera por encima de mi cabeza, atrapándome.

-Sí lo es.

-¿Qué habría cambiado si lo hubieras sabido? -Me giré para enfrentarlo, con la rabia burbujeando para tapar la vergüenza-. Igualmente me habrías pedido que viniera. Igualmente me habrías inclinado sobre tu cama. Igualmente me habrías follado hasta que no pudiera ver con claridad.

Gruñó. -Eres la hija de mi mejor amigo.

-Y aun así lo hiciste. -Negué con la cabeza-. Entonces, ¿qué importa?

-Importa porque ahora eres mía.

Me inmovilizó contra la puerta, con una mano en mi barbilla, obligándome a mirarlo. Sus ojos eran oscuros. Feroces. Nada que ver con el empresario controlado que había visto en la mesa de mi padre.

-No vas a salir corriendo -dijo-. No vas a irte a casa a ver a ese chico que siempre anda rondándote.

-Archer.

-Me da igual cómo se llame. Ningún otro hombre va a mirarte como te miro yo. Sabías en lo que te metías cuando entraste en mi club.

-No, no lo sabía.

-Sí, claro que lo sabías. Te advertí que no vinieras a menos que fueras en serio con todo lo que esto implica. Con que yo sea el cabrón posesivo y celoso que soy.

Tragué saliva con dificultad. Me lo había advertido. Y a mí me había excitado. La idea de que alguien estuviera tan obsesionado conmigo como para no dejar que otro hombre ni siquiera me mirara.

Pero no podíamos hacer esto. Mi padre se enteraría.

Kael inclinó la cabeza y murmuró en mi oído. -No sabes cuánto tiempo llevo deseándote. Con cuántas mujeres he estado imaginando que eran tú. Si sales de mi club esta noche sin mí, iré a buscarte.

Lo empujé con fuerza y abrí la puerta de golpe. -Inténtalo.

Y salí corriendo.

---

**Kael**

Me quedé en el pasillo, viéndola desaparecer tras la esquina. Mi mano seguía levantada, donde la había apoyado contra la puerta. Mi polla seguía mojada con su sangre y mi semen.

Una virgen.

Había sido virgen.

Me pasé una mano por el pelo y maldije en voz baja. ¿Qué carajo había hecho? Julian era mi socio. Mi mejor amigo. Y acababa de tomar la virginidad de su hija en un club BDSM como si fuera una sumisa cualquiera.

Pero ella no era una sumisa cualquiera.

La había deseado durante años. Años. Cada cena de fiesta, cada barbacoa de verano, cada vez que entraba en una habitación con esas faldas cortas que me hacían la boca agua. Había soñado con inclinarla sobre la superficie más cercana y follarme la malcriadez hasta sacársela.

Y ahora lo había hecho.

Y ella había huido.

-Kael. -La voz de Mira llegó desde el fondo del pasillo. Mi hermana caminó hacia mí con esos ridículos zapatos de suela roja, con la mirada afilada-. ¿Quién era esa chica que acaba de salir corriendo de tu habitación?

-Nadie.

-Mentira.

Me di la vuelta y caminé en la otra dirección. Tenía que encontrar a Harlow antes de que hiciera alguna estupidez. Como llamar a su padre. Como contarle a Julian que su mejor amigo acababa de arruinar a su hija.

El bar estaba lleno. Cuerpos pegados. El sudor y el sexo flotaban en el aire. Recorrí la sala con la vista una vez. Dos. Tres.

Ni rastro de Harlow.

-Se fue -dijo Charlie desde la esquina, con una copa en la mano-. Hace unos dos minutos. Parecía que estaba llorando.

Ya me movía hacia la puerta. El aire frío me golpeó la cara al salir a la acera. La calle estaba vacía, salvo una pareja que tropezaba al subir a un coche de alquiler y un hombre sin hogar durmiendo junto a una rejilla.

-¡Harlow!

Sin respuesta.

Saqué el teléfono y la llamé. Fue directo al buzón de voz. Volví a llamar. Buzón. Escribí un mensaje.

*¿Dónde estás?*

Aparecieron tres puntitos. Luego nada. Luego una sola palabra.

*Casa.*

Sabía dónde vivía. Había estado allí una vez, hacía años, cuando Julian me pidió que le llevara un regalo por su cumpleaños. Un pequeño apartamento en Oakland que compartía con su amiga Sage.

Estaba en el coche antes de poder pensármelo mejor.

El trayecto duró quince minutos. Pasé cada segundo maldiciéndome y deseándola al mismo tiempo. Ella no tenía ni idea de lo que me había hecho. Ni idea de que llevaba cinco años medio empalmado cada vez que la veía.

Aparqué frente a su edificio y caminé hasta la puerta. Llamé a su apartamento. Nada. Volví a llamar.

-¿Quién es? -La voz de Sage salió por el altavoz.

-Kael Hawthorne. Necesito ver a Harlow.

Una pausa. Luego la puerta hizo clic y se abrió.

El ascensor tardó una eternidad. Aproveché el tiempo para recomponerme. Para recordarme que ella era la hija de Julian. Que esto era un error. Que debía disculparme e irme.

Entonces estuve frente a su puerta. Llamé.

Sage abrió, con los ojos muy abiertos. -Está en su cuarto. Ha estado llorando.

Pasé junto a ella sin decir palabra. El apartamento era pequeño, abarrotado de libros de texto y tazas de café. La puerta de Harlow estaba cerrada. No llamé.

Estaba sentada en la cama, con las rodillas contra el pecho, todavía con la ropa que se había puesto a toda prisa en el club. Tenía la cara llena de manchas. Los ojos rojos.

-Vete, Kael.

-No.

Cerré la puerta tras de mí y me apoyé en ella. Me fulminó con fuego suficiente para incendiar el edificio.

-No tienes derecho a estar aquí -dijo.

-Tengo todo el derecho. Eres mía.

-No soy tuya. No soy de nadie. Vine a ti por una cosa y la conseguí. Así que ya puedes irte.

Me aparté de la puerta y caminé hacia ella. Se encogió contra el cabecero, pero mantuvo la barbilla en alto. Terca. Malcriada. Perfecta.

-Puedes decírtelo todo lo que quieras -dije, deteniéndome en el borde de la cama-. Pero los dos sabemos que mientes.

-No miento.

-Entonces, ¿por qué sigues llevando mi semen entre las piernas?

Se puso roja como un tomate. Abrió la boca, la cerró, volvió a abrirla.

Me senté en la cama a su lado. Ella se estremeció, pero no se apartó.

-No voy a hacerte daño, Harlow.

-Ya lo hiciste.

Algo se me quebró en el pecho. -Lo sé. Y lo siento. Pero no siento que haya pasado.

Entonces me miró. Me miró de verdad. Le temblaba el labio inferior.

-¿Qué quieres de mí? -susurró.

-Todo.

Capítulo 3 Seguiré siendo una niña mimada

**Punto de vista de Harlow**

Alguien golpeó la puerta principal. Me levanté de un salto del sofá, con el corazón latiéndome a mil. Sage se había ido antes, y siempre se olvidaba las llaves. Me limpié la cara con el dorso de la mano y caminé hacia la puerta.

-No me digas que te has vuelto a olvidar las llaves. Siempre lo haces.

Abrí la puerta.

Kael estaba allí. Tenía el ceño fruncido en una mirada furiosa. De su mano colgaba una gruesa cuerda negra que se arrastraba por el suelo.

-¿Qué haces aquí? -Retrocedí hacia el interior del apartamento.

Entró a zancadas, cerró la puerta y echó el cerrojo. La cuerda se deslizaba por el suelo de madera con cada paso que daba hacia mí.

-Sabes por qué estoy aquí.

-No, no lo sé.

Pero lo sabía. Había huido de él cuando me dijo que no lo hiciera.

-No me mientas, Harlow.

Me balanceé sobre los talones y junté las puntas de los dedos índices, intentando parecer pequeña y tímida. -De verdad que no sé de qué hablas.

Cerró la mano alrededor de mi garganta y me obligó a mirarlo. Tenía los dientes apretados. Las fosas nasales dilatadas, como solo le ocurría cuando algo salía mal en el trabajo.

-Huiste de mí cuando te dije que no lo hicieras.

-Yo no hice tal cosa.

Subió la mano y me inclinó la barbilla. -No juegues conmigo, joder.

-¿O qué?

En un instante, Kael me hizo girar, me inclinó sobre el sofá y empezó a enrollarme la cuerda en los brazos. Empujé el hombro hacia atrás contra su pecho. Moví el cuerpo de un lado a otro. Lancé la pierna hacia atrás para patearle la espinilla.

Las ataduras solo se apretaron más.

-Suéltame.

-Si hubieras seguido mis instrucciones -dijo junto a mi oído-, iba a ser suave contigo.

-Que te jodan.

Antes de que pudiera terminar, me metió cuatro dedos en la boca. Me dieron arcadas. La saliva me resbaló por la barbilla. Lo fulminé con la mirada por encima del hombro.

-Las chicas malcriadas como tú no les contestan a sus amos.

Una oleada de calor estalló entre mis muslos.

-¿Entiendes? -gruñó.

Asentí para poder responder con algo descarado. Sacó la mano de mi boca, luego me levantó tirando de las ataduras y me empujó hacia el dormitorio más cercano. El mío. Cerró la puerta de un portazo y me lanzó sobre la cama.

-¿Por qué te fuiste?

-Porque solo quería que me quitaras la virginidad. Y además, esta noche venía otro chico.

Me agarró la barbilla. -Deja de ser una malcriada. Me está cabreando.

-Bien. Quizá así me dejes en paz.

-Quizá te meta la polla hasta la garganta y te dé tu primer castigo.

-No lo harás.

Me empujó fuera de la cama y me dejó de rodillas frente a él. Se desabrochó los vaqueros. Su polla saltó fuera. Lo miré con los ojos muy abiertos. Veinticuatro años y nunca había hecho esto.

-Abre la boca y sé una buena chica.

Apreté los labios.

-No me obligues a hacerlo. No te va a gustar.

Lo miré fijamente y mantuve la boca cerrada.

Se pasó la lengua por delante de los dientes. Una risa oscura escapó de su garganta. -Oh, te voy a arruinar, joder.

Me pellizcó la nariz con el índice y el pulgar. No podía respirar. Las lágrimas me llenaron lentamente los ojos. Las mejillas me ardían cada vez más.

No iba a ceder. Él se rompería antes que yo.

-Cuesta respirar, ¿verdad?

Negué con la cabeza, pero ya empezaba a ver estrellas.

-En cualquier momento -se burló-, vas a rendirte.

El calor recorrió mi cuerpo. Por fin abrí la boca de par en par para tomar aire. En cuanto lo hice, ya estaba dentro de mí. Golpeando el fondo de mi garganta. Haciéndome tener arcadas.

Lo miré con los ojos llorosos. Sus manos rodeaban la parte de atrás de mi cabeza, sujetándome en su sitio. Con los brazos atados a la espalda, él tenía el control total.

Su mirada era oscura. Los ojos entornados. Se metió en mi boca tanto como pudo. Cuando no pude aguantar más, dio un paso adelante para forzar un centímetro más.

-Yo tengo el control, Harlow. No tú.

-Que te jodan -balbuceé.

-Vamos a educar esta boquita descarada hasta que aprendas a no contestar.

Eso jamás pasaría.

En medio de mis arcadas y mi saliva, su teléfono vibró en el bolsillo de los vaqueros, tirados en el suelo. Lo miró y luego volvió a mirarme a mí. Me pellizcó la nariz de nuevo.

-Cógelo y contesta.

Abrí los ojos como platos.

-Ya.

Metí la mano en sus vaqueros y saqué el teléfono. Pulsé el botón verde. Costaba ver a través de las lágrimas.

-Hola, Kael -dijo mi padre por el altavoz.

Miré el teléfono horrorizada. Kael lo acercó más a mi boca. Si hacía un solo ruido, papá lo oiría.

-¿Ha pasado algo en la oficina? -preguntó Kael.

-Quería hablar contigo de las finanzas del cuarto trimestre. ¿Estás ocupado?

Kael me metió otro centímetro. -Un poco, pero puedo hablar.

Contuve una arcada. Tragué la saliva que tenía en la boca. Las lágrimas me corrían por la cara. La necesidad de respirar crecía.

A Kael no le importó. Esos ojos fríos y oscuros se encontraron con mi mirada vidriosa mientras hablaba por teléfono con mi padre. Enredó una mano en mi pelo y movió mi cabeza adelante y atrás sobre su polla hasta que me dolió la garganta.

-Deberíamos mover el puesto de Evelyn -dijo papá-. Estaba pensando en ponerla bajo tu mando.

Los celos se agitaron dentro de mí. Me descubrí moviendo la cabeza sin que él me obligara. Lo miré con los ojos escocidos, desesperada por dejar huella.

-Joder -murmuró Kael, lo bastante bajo para que papá no lo oyera-. Buena chica.

-¿Qué te parece? -dijo papá.

Yo estaba de rodillas, con la polla de Kael hundida en mi garganta. Echó la cabeza hacia atrás, con los ojos en blanco, y me agarró un pecho con su mano grande y áspera.

-Me parece genial -murmuró, mientras su semen me llenaba la garganta-. Me parece jodidamente genial.

-Bien. Mañana lo hablamos con más calma. -Papá hizo una pausa-. Suenas ocupado.

Kael se aclaró la garganta y me quitó el teléfono. -Hablamos mañana.

Pulsó Finalizar llamada y salió de mí. Me desplomé hacia delante sobre la alfombra, de hombro, y tragué lo que pude de él. El pecho me subía y bajaba rápido. Tenía la mente adormecida.

Entonces me levantó y me dejó con suavidad sobre la cama. Se sentó detrás de mí y deshizo la cuerda. Tomó mi mano y posó los labios sobre las marcas rojas de mis muñecas.

¿Qué era eso?

-Por una vez en tu vida, hazme caso y quédate aquí. -Se subió los vaqueros-. Te traeré agua.

Salió de la habitación. Me quedé mirando la puerta con los ojos muy abiertos. Sorprendida de que fuera tan amable después de haber sido tan malcriada. La intensidad se fue apagando. Ya no me quedaban fuerzas para ponerme difícil esta noche.

Pero los celos seguían dando vueltas dentro de mí al pensar en Evelyn acercándose a Kael. Quizá él no lo supiera, pero era mío. Todo mío.

---

**Kael**

Estaba en la cocina, llenando un vaso de agua. Mis manos estaban firmes, pero mi mente no.

Se había tragado hasta la última gota mientras su padre hablaba de trabajo. Mientras Julian hablaba de poner a Evelyn bajo mi mando. Y Harlow había parecido celosa. Posesiva. Como si quisiera marcarme como suyo.

Yo quería que lo hiciera.

Quería que estuviera tan obsesionada conmigo que no pudiera pensar en nadie más. Igual que yo llevaba años obsesionado con ella.

Volví al dormitorio. Ahora estaba sentada, envuelta en una manta, con los ojos todavía rojos pero la barbilla en alto.

-Toma. -Le di el agua.

Bebió despacio. Luego me miró. -¿Por qué eres amable conmigo?

-Porque no eres una sumisa cualquiera. Eres Harlow.

-La hija de tu mejor amigo.

-Sí. -Me senté en el borde de la cama-. Y también la mujer a la que llevo deseando más tiempo del que me gusta admitir.

Me miró fijamente. Separó los labios.

-No voy a disculparme por desearte -dije-. Pero siento cómo lo manejé esta noche. Debería haber tenido más cuidado. Haber sido más delicado.

-Yo no quería delicadeza.

Eso me hizo detenerme. -¿Qué querías?

Dejó el vaso en la mesita de noche. -Quería sentir algo. Sentirme querida. Deseada. Como si fuera suficiente para alguien.

-Eres suficiente. -Le tomé la cara entre las manos-. Siempre lo has sido.

Una lágrima le resbaló por la mejilla. La sequé con el pulgar.

-Quédate -dije-. No vuelvas a huir. Quédate conmigo esta noche.

Asintió.

La atraje a mis brazos y me recosté en la cama. Su cabeza descansaba sobre mi pecho. Su mano se curvó alrededor de mis costillas.

-¿Kael? -susurró.

-Dime.

-Voy a seguir siendo una malcriada.

Sonreí en la oscuridad. -No te querría de ningún otro modo.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022