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Demasiado tarde para el arrepentimiento: la heredera talentosa

Demasiado tarde para el arrepentimiento: la heredera talentosa

Autor: : Nikolos Bussini
Género: Moderno
Ciego tras un accidente, Carlos fue rechazado por todas las señoritas de la alta sociedad, excepto por Evelina, quien se casó con él sin dudarlo. Tres años después, él recuperó la vista y terminó su matrimonio. "Mi chica y yo nos hemos perdido tantos años por tu culpa, y no voy a permitir que las cosas sigan así". Evelina firmó los papeles de divorcio sin decir una palabra. Todos se burlaban de su desgracia, hasta que descubrieron que la doctora prodigiosa, la magnate de las joyas, la genio de la bolsa, la hacker de primera y la verdadera hija del Presidente... eran todas ella. Cuando Carlos regresó suplicando, otro hombre poderoso lo echó fuera. "Ahora ella es mi esposa. Vete".

Capítulo 1 Divorciémonos

La noche anterior a su tercer aniversario de bodas, Carlos Gibson salió victorioso de una subasta de lujo, tras conseguir un par de raros aretes de zafiro.

Dijo con voz suave: "Esto es para la persona a la que más le debo: mi amada".

Desde casa, su esposa, Evelina Marsh, sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas mientras veía la subasta por televisión. Al día siguiente era su tercer aniversario y, quizás, por fin, Carlos se había dado cuenta de la devoción de ella.

La abuela de Carlos, Demi Gibson, soltó un suspiro de tranquila satisfacción. "Por fin, Carlos ha aprendido lo valiosa que es realmente su esposa".

A la noche siguiente, Evelina apenas había puesto los toques finales a una cena suntuosa cuando Carlos entró por la puerta.

Se apresuró a saludarlo, le quitó rápidamente el maletín y alargó la mano para tomarle el abrigo.

"Vaya festín el de esta noche", comentó él con tono despreocupado. "¿Ha pasado algo?".

Alto y cautivador, Carlos se desenvolvía sin esfuerzo. Incluso el simple acto de aflojarse la corbata parecía un gesto pulido de una sesión de fotos de alta moda.

Sin embargo, de algún modo, siempre lograba helar a Evelina con solo unas palabras. Los dedos de ella se detuvieron con incertidumbre y preguntó en voz baja: "No te has olvidado, ¿verdad?".

No, eso no podía ser cierto. Había comprado esos aretes de zafiro de valor incalculable para compensarla, ¿no?

Carlos frunció ligeramente el ceño. "¿Olvidar qué exactamente, Evelina?".

"Los aretes de zafiro... los compraste, ¿verdad?". Su corazón tembló de inquietud, pero ella se aferró a un hilo de esperanza.

"¿Cómo sabes lo de esos aretes?". Carlos pareció realmente sorprendido. Era evidente que no esperaba que su esposa, de modales suaves y que siempre pasaba desapercibida, estuviera al tanto de cosas tan extravagantes.

Una leve sonrisa, cargada de desprecio, se dibujó en sus labios.

Ciertamente, Evelina poseía una belleza natural, rasgos suaves, ojos tiernos y expresivos, pero se negaba a hacer alarde de ella. Vestía con sencillez, dando siempre una imagen insípida y discreta, como una flor que había dejado de florecer.

Incluso la sirvienta de la casa de los Gibson parecía más refinada que Evelina.

Sin embargo, Evelina reunió valor y, con los ojos brillando con cautela, dijo: "Vi la transmisión de la subasta. Esos aretes son realmente preciosos...".

Carlos la interrumpió bruscamente: "Son para Esme".

Ante la mera mención de su primer amor, Esme Barton, la voz de Carlos se suavizó notablemente. "Por fin ha aceptado volver conmigo. Naturalmente, necesitaba algo especial para darle la bienvenida".

Evelina sintió una dolorosa opresión en el pecho y que le faltaba el aire.

¿Así que la persona con la que se sentía en deuda era Esme Barton, la misma mujer que lo había abandonado?

¿Y en qué la convertía eso a ella, la esposa devota que había estado a su lado durante tres años sin quejarse, sin pedir siquiera reconocimiento?

Incapaz de soportarlo, la voz de Evelina se quebró por el dolor. "Carlos, ¿has olvidado de quién fue la culpa del accidente que te dejó ciego?".

Aquel terrible día, Esme había montado una rabieta por algo insignificante, lo que distrajo a Carlos y provocó que se estrellara.

Cuando se supo que Carlos probablemente había perdido la vista de forma permanente, Esme desapareció rápidamente; inventó una excusa endeble y huyó al extranjero el mismo día. No dejó rastro, se desvaneció por completo.

Su boda ya se había anunciado y se habían enviado las invitaciones. No se pudo localizar ni a Esme ni a su familia.

Si Evelina no hubiera intervenido valientemente en el último momento, la familia Gibson habría sido el hazmerreír de toda la ciudad.

"¡Tú no sabes nada de eso!", replicó Carlos con dureza. "¡Esme no tuvo la culpa!".

Se negaba a tolerar cualquier crítica dirigida a su supuesto verdadero amor. "Esme organizó las cirugías de mis ojos", respondió a la defensiva. "Si alguien no hubiera revelado accidentalmente la verdad, nunca habría sabido todo lo que hizo en secreto por mí".

Atónita, Evelina apenas pudo articular palabra. "¿Qué... estás diciendo?".

Fue ella misma quien le realizó las cirugías. La abuela de él prácticamente le había suplicado ayuda. Había realizado tres procedimientos críticos, hasta el punto de caer agotada. Pasó incontables noches en vela cuidándolo, sin revelar nunca que era la renombrada La Tejedora, dedicada por completo a Carlos.

¿Cómo había acabado Esme llevándose todo el mérito?

"¿Estás seguro? ¿Te crees todos los rumores que oyes?".

"Por supuesto. Esme fue la última aprendiz del profesor Landen Mitchell, la única persona en el mundo calificada para realizar esas cirugías", respondió Carlos con inquebrantable orgullo y gratitud.

¿Pero no era Evelina en realidad la última aprendiz del profesor Mitchell? ¿Cuánto tiempo llevaba Esme fingiendo ser ella?

Evelina deseaba desesperadamente desenmascarar el engaño de Esme en ese mismo instante, pero enseguida recordó la muerte de su mentor seis meses antes.

Era lógico que Esme eligiera este momento para regresar.

Con Landen muerto, nadie podía cuestionar las afirmaciones de Esme. Y Carlos, totalmente curado gracias a los cuidados de Evelina, ejercía ahora una gran influencia como jefe del Grupo Gibson. El momento elegido por Esme era impecablemente estratégico.

Evelina no tenía pruebas, ninguna forma de revelar la verdad. En silencio, con amargura, preguntó: "Entonces, ¿qué haces aquí esta noche? ¿No deberías estar celebrando con Esme?".

Se quitó el delantal bruscamente, sintiendo cómo la desesperación le roía el corazón.

La respuesta de Carlos fue despreocupada e indiferente. "Estoy agotado, Evelina. Acabemos con este matrimonio. Acordamos tres años y ya he soportado bastante".

¿Soportado bastante? ¿Cómo se atrevía a desestimar así todos sus sacrificios?

Había sacrificado tres largos años, entregándose en cuerpo y alma a curarlo de la ceguera para convertirlo en el hombre poderoso que era ahora.

Sin siquiera reconocer la angustia en el rostro de ella, Carlos sacó con calma los papeles del divorcio, obviamente preparados con antelación. "Revísalos. Si no tienes objeciones, firma. Ya he perdido bastante tiempo. No haré esperar más a Esme".

Echando un vistazo a los papeles, Evelina se centró con amargura en el acuerdo de divorcio: un apartamento lejos del centro de la ciudad, el viejo auto que usaba para hacer la compra y solo tres millones de dólares.

Increíble. Su audacia era asombrosa.

Le regaló unos aretes de zafiro valorados en trescientos millones a la mujer responsable de su ceguera, y sin embargo le ofrecía unos míseros tres millones a la esposa que lo había salvado.

Tres millones no cubrirían ni el costo de una de las cirugías que ella había realizado, y mucho menos compensarían los innumerables procedimientos que había rechazado durante estos tres años que pasó escondida, dedicada únicamente a cuidarlo.

"Si quieres más...". Carlos esperaba lágrimas o súplicas de Evelina.

En cambio, ella soltó una risita burlona, tomó el bolígrafo con decisión y firmó con determinación.

Carlos vaciló, desconcertado. No esperaba que se rindiera tan rápido. Evelina era huérfana, ¿de verdad renunciaría a una vida de comodidades?

Le devolvió los papeles firmados y dijo con frialdad y claridad: "Ya está. Pero Carlos, será mejor que no te arrepientas de tu elección".

Capítulo 2 El regreso de la reina

Carlos se sobresaltó por un instante, pero se recuperó de inmediato. "Claro que no me arrepentiré. Pero ya que has aceptado el acuerdo, es tu deber explicarle el divorcio a la abuela".

Carlos sabía perfectamente que Demi solo reconocía a Evelina como su verdadera nieta política. Si su abuela se enteraba del divorcio, tendría que enfrentar su furia.

Y, naturalmente, Carlos esperaba que Evelina cargara con la culpa.

Sin levantar la mirada, Evelina respondió con calma: "No voy a explicarle nada. En estos tres años, he saldado mi deuda con Demi por completo. ¿Acaso no estás locamente enamorado de Esme? ¿Qué pasa? ¿No puedes ni reunir el valor para enfrentarte a tu propia abuela?".

Al haber crecido en un orfanato, Evelina le debía su educación por completo a la generosidad de Demi.

Por eso, cuando la familia Gibson necesitó urgentemente una novia sustituta, ella se había ofrecido de buena gana.

No se inmutó ni un ápice cuando Carlos perdió la visión; al contrario, cumplió fielmente sus deberes, lo cuidó incansablemente y administró el hogar sin quejarse.

Solo había hecho una modesta petición: un periodo de prueba de tres años. Si al final Carlos no se enamoraba de ella, se separarían pacíficamente.

Ahora, por fin, había llegado su libertad.

"El verdadero amor lo conquista todo", respondió Evelina con sequedad, con un ligero toque de sarcasmo en sus palabras. "Espero sinceramente que tu cuento de hadas perfecto dure para siempre".

Cuando fue a buscar las llaves del auto, Margot Gibson, la hermana menor de Carlos, le bloqueó el paso bruscamente.

"Evelina, escuché que te estás divorciando de mi hermano. ¡Ese auto es de la familia Gibson, no puedes llevártelo!".

Evelina se rio con frialdad. "Este auto lo pagué yo. Sinceramente, Margot, eres tan descarada como tu hermano".

Atraído por el alboroto, Carlos se acercó y preguntó: "¿Qué está pasando aquí?".

De inmediato, Margot se quejó con un mohín: "¡Carlos, Evelina se lleva el auto y yo quería usarlo!".

Carlos frunció ligeramente el ceño. "Evelina, entrégale las llaves a Margot".

"Absolutamente no", respondió con frialdad. "¿Por qué debería hacerlo?".

"¡Eres increíble!", exclamó Margot, lanzándose hacia adelante para agarrar las llaves.

De repente, una vieja maleta voló hacia el vehículo, seguida de varios petardos encendidos.

En cuestión de segundos, las chispas saltaron y una densa humareda se elevó mientras los petardos estallaban, provocando que Margot gritara de pánico.

"El auto es todo tuyo, yo no lo quiero", respondió Evelina con calma, sacudiéndose las manos con desdén antes de alejarse con paso decidido.

Todo lo que había usado o llevado en la casa de los Gibson se quedaría allí. No quería nada que le recordara ese lugar.

Marcó rápidamente el número de su mejor amiga, Cristina Andrea.

Cuando Evelina llegó a las puertas de la mansión, la esperaba un elegante y discreto auto de lujo.

Cristina se quedó boquiabierta, con un gesto teatral. "¡Vaya, si no es la mismísima Evelina en persona!".

Fingiendo asombro, Cristina se frotó los ojos y dijo: "Tres años, Evelina. Cada vez que te llamaba, estabas demasiado ocupada atendiendo a ese marido ingrato. Sinceramente, no sabía si había asistido a tu boda o a tu funeral".

Cristina se abalanzó sobre ella y la abrazó con fuerza. "¿Por fin terminaste con ese tonto 'ciego'? ¡Qué bien! Ahora empezamos a vivir de verdad".

Cristina chasqueó los dedos teatralmente. "Espera, no, ¡necesito abastecerme de fuegos artificiales! Tu gran regreso merece una celebración por todo lo alto".

"Llegas tarde", dijo Evelina con calma, señalando por encima del hombro.

Justo en ese momento, una explosión rasgó la quietud de la noche. El viejo auto estalló en una espectacular bola de fuego.

Las chispas saltaron por doquier, iluminando la oscuridad en un vívido espectáculo.

"¿Qué te parece como regalo de despedida?", preguntó Evelina con una sonrisa juguetona, arqueando una ceja con picardía.

Cristina soltó una carcajada. "¡Ahí está! ¡Evelina por fin ha vuelto! ¡Es hora de festejar!".

Evelina se deslizó en el asiento del copiloto y soltó un suspiro de agotamiento. "Otro día, quizá. Ahora mismo, lo único que necesito es dormir".

Se había pasado los últimos tres años cuidando incansablemente de la recuperación de Carlos, sin apenas descansar. El cansancio acumulado pesaba sobre ella como una losa.

Dentro de la mansión, Margot pateaba el suelo con furia.

"¡Casi me mata del susto! ¿Acaso Evelina ha perdido la cabeza? ¡Ha destruido nuestro auto! Carlos, tienes que hacer algo al respecto...".

"¡Ya basta!", interrumpió Carlos bruscamente.

La exasperación era evidente en su voz al regañarla: "¿Acaso un berrinche tan infantil es la forma en que debe comportarse una Gibson?".

Margot cambió rápidamente a un tono suplicante y herido: "¿De verdad me estás regañando por esa mujer? Espera a que se lo cuente a Esme, ¡verá cuánto has cambiado!".

"No digas tonterías", replicó Carlos con irritación, aunque en privado consideraba a Evelina insignificante en comparación con su hermana.

Suavizó la voz para tranquilizarla y añadió: "¿Has olvidado que Gaspar Russell llegará pronto a Aglonard?".

La familia Russell, una de las más influyentes de Iria, dominaba los círculos políticos, empresariales y militares, lo que la convertía en un poder intocable.

Y Gaspar Russell, su heredero más joven, no solo era extraordinariamente carismático, sino que también dirigía el inmenso Grupo Russell. Su más mínimo gesto causaba revuelo en la alta sociedad.

Lo más importante, era el único soltero entre los herederos Russell. Todas las jóvenes ricas de Aglonard y más allá fantaseaban con convertirse en la señora Russell.

"No lo he olvidado", murmuró Margot con timidez, sonrojándose profundamente al mencionar a la figura que tanto admiraba.

Se aferró con cariño al brazo de Carlos y añadió con entusiasmo: "Viene para el tratamiento ocular de su sobrina. Si Esme consigue curar la vista de la señorita Flora Russell, se volverá indispensable para la familia Russell, e innegablemente valiosa para nosotros. Incluso la abuela tendrá que aceptarla entonces".

Carlos asintió con aire pensativo.

El supuesto talento médico de Esme había atraído a los Russell a Aglonard, lo que les presentaba una oportunidad perfecta para forjar alianzas poderosas.

"Y si ayudas a Esme durante la operación y te ganas el favor de la señorita Russell... quizá el propio Gaspar se fije en ti", sugirió con ánimo.

"¡Oh, gracias, Carlos!". A Margot le brillaron los ojos, con la cabeza llena de sueños.

Pero, inesperadamente, los pensamientos de Carlos tomaron otro rumbo. La imagen de Evelina, alejándose segura de sí misma, serena y sin miedo, persistía obstinadamente en su mente.

Siempre la había considerado simple, pasiva, incluso aburrida. Esta versión suya, atrevida y feroz, era totalmente inesperada.

Quizá... necesitaba reevaluar a la mujer que había ignorado durante tres años.

Capítulo 3 La esposa contra la robamaridos

Evelina pasó tres días seguidos recuperando el sueño perdido en la lujosa suite presidencial de Cristina.

Aparte de breves pausas para picar algo, apenas se movió, mientras su amiga incluso le aplicaba mascarillas faciales rejuvenecedoras.

En la mañana del cuarto día, Demi llamó inesperadamente para pedirle a Evelina que fuera a la Mansión Gibson.

No le resultó difícil adivinar el motivo de la llamada: sin duda, se trataba del divorcio.

Cristina, sin embargo, sospechaba algo más.

"Dudo que sea tan sencillo", comentó. "Al parecer, Flora Russell, la nieta mayor de la influyente familia Russell, se quedó ciega hace poco tras sufrir una grave lesión en la cabeza. La familia ha agotado sus opciones con especialistas de renombre y ahora está buscando desesperadamente a la escurridiza protegida de Landen Mitchell, la Tejedora.

El propio Gaspar Russell llegará a Aglonard para supervisar la búsqueda personalmente. Demi es la única que conoce tu verdadera identidad, y me preocupa que intente...".

Evelina la tranquilizó rápidamente. "Demi ha jurado que nunca revelaría mi identidad. No te preocupes por eso".

Cristina se mantuvo cautelosa. "Solo asegúrate de que la familia Gibson no vuelva a aprovecharse de tus habilidades".

"Tendré cuidado", respondió Evelina con firmeza.

Como Cristina aún no estaba convencida, sentenció: "No te reunirás con ellos con ese aspecto".

Justo después del desayuno, convocó a su equipo de belleza privado. "Su misión: revivir a nuestra bella durmiente".

Y vaya si lo hicieron. Tras un descanso adecuado, Evelina se asemejaba a una flor marchita que por fin recibía la luz del sol. Su piel lucía luminosa, sus facciones radiantes, y el cansancio que había nublado su mirada durante años desapareció por completo, dando paso a una claridad y un encanto renovados.

Con un refinado vestido de coctel y un maquillaje sencillo pero de buen gusto, la transformación de Evelina fue drástica.

Cristina se quedó sin habla durante unos instantes antes de exclamar: "Carlos debió de estar completamente ciego para cambiar a una diosa por una mujer como esa".

Puntualmente, el vehículo con chofer de la familia Gibson llegó frente al hotel.

Asher, el mayordomo de toda la vida de la familia, vino personalmente a acompañarla. Al principio, no reconoció en absoluto a Evelina.

La miró con incertidumbre hasta que ella lo saludó, y entonces la reconoció de golpe. "¿Señora Marsh?", tartamudeó. "Se ve absolutamente extraordinaria".

En menos de media hora, el vehículo llegó a la Mansión Gibson, y Asher salió rápidamente para abrirle la puerta con cortesía.

"¿Es la señorita Russell en persona?". Margot se apresuró hacia adelante, con una expresión que cambió al instante a una de adulación.

Hoy llegaba Gaspar, y Margot se había arreglado con esmero desde primera hora de la mañana, ansiosa por captar su atención.

Esperaba que solo apareciera él, por lo que no se imaginaba encontrar a una mujer tan impresionante en la puerta.

Con esa gracia y confianza, ¿quién podía ser sino una Russell?

"Margot, quizá deberías revisarte la vista". El tono de Evelina era cortés, pero con un inconfundible matiz de desdén.

Margot se quedó con la boca abierta. "¿Eres tú?", susurró con incredulidad, mientras la examinaba de cerca con una envidia visible.

En ese preciso instante, se acercó otro vehículo. Carlos salió con elegancia, acompañado de Esme.

Su mirada se posó en la recién llegada y se detuvo en seco, completamente cautivado.

Solo habían pasado unos días, ¿cómo se había transformado de forma tan asombrosa? Evelina irradiaba una belleza natural y cautivadora.

Al notar el asombro de Carlos, Esme apretó la mandíbula, aunque mantuvo su suave sonrisa. "Esa es tu exesposa, ¿verdad?", dijo en voz baja. "Ya que nos la encontramos, podrías saludarla. Debe de haber sido un reto para una huérfana como ella seguirte hasta aquí".

Esme habló en voz baja, pero cada palabra era más hiriente que una bofetada, actuando como si ella, y no Evelina, fuera la verdadera señora Gibson.

Sacada de su ensoñación, Margot estalló inmediatamente en ira. "¡Evelina! ¿De dónde sacaste el dinero para vestirte así? ¿Usaste las cuentas de Carlos para pagarte ese cambio de imagen y ese vestido de diseñador?".

Incluso Esme había optado hoy por la sencillez, evitando llamar la atención innecesariamente. Ver a Evelina robarse el protagonismo sin esfuerzo era insoportable para ella.

Dudó un instante antes de escupir con rencor: "Mírate, vestida como una zorra. ¿Intentas recuperar a Carlos? ¡Ilusa!".

Furiosa, se lanzó hacia adelante, con las uñas extendidas con saña hacia el vestido y el cabello de Evelina.

Asher intervino con firmeza: "¡Señorita Gibson, por favor! Hoy hay invitados importantes, este no es un comportamiento apropiado para alguien de su familia".

Ignorando la súplica del mayordomo, Margot gritó con furia: "¡Te destrozaré esa cara de presumida!".

Sin perder la compostura, Evelina levantó tranquilamente su celular, grabando la rabieta de su excuñada. Con fría confianza, respondió: "Sigue. Vamos a mostrarle a Gaspar Russell lo refinada que eres en realidad".

Margot se quedó paralizada al instante, con los ojos muy abiertos. Su amenaza se ahogó en su garganta y se trocó en una mirada fulminante. "¡No te atreverías!".

Cambiando de estrategia, Margot se apoyó teatralmente en Esme, fingiendo vulnerabilidad. "Esme, por favor, protégeme. Pronto seremos familia, tienes que defenderme".

Enfatizó deliberadamente la palabra "familia", con la intención de molestar a Evelina.

Tiernamente, Esme acarició el cabello de Margot como si estuviera consolando a una niña. "No pasa nada. Nadie te hará daño mientras yo esté aquí".

Evelina soltó una risa brusca: "¿Dónde están Demi y Elora Gibson? ¿Desde cuándo los extraños imponen las reglas en esta casa?".

La expresión de Esme se puso rígida.

Esa no era la dulce Evelina que todos esperaban. ¿Cómo había desarrollado una lengua tan afilada de repente?

Margot replicó rápidamente: "¿Quién es la extraña? ¡Tú eres la que no tiene nada que hacer aquí!". Volviéndose hacia Carlos, le reclamó: "¿Oíste lo que le dijo a tu prometida? ¡No puedes dejar que nos intimide así!".

Con una gracia practicada, Esme suspiró con suavidad. "No pasa nada. La señorita Marsh no tuvo padres que le enseñaran modales, no es su culpa. Carlos, por favor, no la culpes".

Evelina puso los ojos en blanco, claramente irritada por la insinuación de Esme.

Sin embargo, Carlos no vio nada de la frustración de su exesposa. A sus ojos, la suave tolerancia de su prometida solo amplificaba la perfección de esta última.

Dando un paso protector hacia Esme, Carlos la abrazó con cariño antes de volverse fríamente hacia su exesposa. Su voz fue cortante cuando dijo: "Si crees que causando problemas vas a ganar puntos, te equivocas. Es patético. Pídele disculpas a Esme ahora mismo".

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