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Desahuciado de Amor

Desahuciado de Amor

Autor: : Lotus93220
Género: Romance
Conocí el amor con Sean Ford, atractivo, millonario, pero sobre todo un hombre atento y lindo, siempre creí en sus palabras de amor, era el hombre más perfecto del mundo para mí hasta que después de tres años de matrimonio lo encontré con su asistente en la cama. Fue decepcionante y la primera de muchas veces que me lastimará aunque dicen que el karma existe, cuando llegó con una noticia soprendente no se lo hubiera deseado. Margareth Ford... perdón la costumbre, Margareth O'Neill

Capítulo 1 Prefacío

Después de todos estos años me siento feliz, todo lo que pasado ya no importa, solo quiero vivir el presente, ir a ese viaje fue como un hermoso sueño del que no quería despertar, pero tenía que regresar por mis responsabilidades en la ciudad aunque no quisiera, ya no me importa lo que digan los demás, solo quiero seguir sintiéndome así.

–¡¿Dónde has estado?! –exclamó Sean.

Johan nuestro hijo se colocó detrás de mí por los gritos de su padre, él se dio cuenta de lo que había hecho, pero ya era demasiado tarde.

–Cariño, pídele a Madeleine que te ayude con tu maleta, ahora voy.

El pequeño se apresuró a subir las escaleras y en cuanto desapareció mi rostro se endureció.

–¿Qué quieres Sean?

–¿Quiero saber dónde han estado?

–De viaje y lo sabias muy bien, firmaste para que me llevará a Johan.

–Debiste regresar hace una semana, debiste decirme.

–¡Eso no te importa! ¡Puedo hacer lo que yo quiera!

–¡No cuando se trata de irte a otro país! ¡No puedes desaparecer!

–¿Por qué no vas a ver a tu Pauleth?¡Y me dejas en paz!

–Pauleth y yo terminamos.

–Al fin te diste cuenta que te quería solo por tu dinero –solté una risa agría –. O seguramente te dejó por alguien con más dinero.

–¡Yo terminé con ella! ¡Por eso te estaba buscando, pero no contestas tu maldito teléfono!

–Y porque dejaste a tu noviecita yo tengo que estar para ti siempre, lo nuestro se acabo hace muchos años, entiendelo Sean.

–¡No me puedes hacer esto, Maggie!

–¿Por qué? Merezco hacer lo que yo quiera, soy una mujer libre...

–¡Tengo cáncer! ¡Me voy a morir!

Capítulo 2 Primer capitulo

Sean y yo llevamos tres años casados, este año no salimos de viaje porque tuvo muchas reuniones de trabajo, manejar la empresa de mi familia y la de su padre le ha absorbido demasiado tiempo, aunque me las arreglé para hacer una cena especial y tuvimos una noche maravillosa.

Hoy es su cumpleaños y he decidido darle una sorpresa, es un viaje a Santorini, el vuelo sale a las diez de la mañana.

Ayer me llamó para decirme que sus compañeros de trabajo le hicieron una pequeña celebración en la oficina y terminó en el apartamento de Richard nuestro amigo del instituto, que nos separamos un tiempo cuando él estudió leyes y nosotros gerencia, cuando Sean se hizo cargo de la empresa lo llamó para el asesoramiento judicial.

Dejé listas las maletas un día antes, todo estaba planeado y ya teníamos un tiempo de no salir solos, estaba decidida a arrastrarlo al aeropuerto si era necesario, le di al chófer la dirección de Richard y nos dirigimos a su apartamento, no quería despertar a todos y recordé que Richard tenía una Rana espantosa en la entrada, dentro de ella se encontraba una copia de su llave porque a veces la olvidaba dentro, no quería despertar a nadie, seguramente bebieron anoche, tomé la llave y al abrir efectivamente el apartamento tenía el olor a alcohol, cigarro y perfume masculino, dos chicos que creo que son del trabajo estaban en el sofá, el lugar estaba sucio, intente ignorarlo buscando a Sean o al menos a Richard, supuse que Richard estaría en su habitación y Sean en el de invitados así que fui directo a la habitación de invitados a buscar a mi esposo o mejor dicho a mi ex esposo por la escena que tuve frente a mí.

Sentí la presión en mi pecho, me faltaba la respiración, mis piernas se debilitaron y el dolor de cabeza fue intenso cuando ví a Sean con Jennifer, su asistente en la cama, mi cuerpo tardó en reaccionar incluso llegué a pensar que era una pesadilla, pero no lo era, salí de la habitación, quería irme. Sin embargo, no podía dejar las cosas así, no iba a ignorar esto, yo le había entregado todo a ese hombre y así era como me correspondía, el enojo lo convertí en valor, me limpie las lágrimas, respiré profundo mientras fui a la cocina por un gran vaso de agua volví a entrar la habitación lanzando el agua sobre ellos.

El cuerpo de Sean se sacudió de inmediato y llevó las manos a su rostro.

–Por Dios, Richard –gruñó mientras se limpiaba el rostro –. Despiértame como una persona normal.

Jennifer comenzó a moverse, pero no abrió los ojos.

–Te despierto como te lo mereces, cerdo asqueroso –escupí –. Aunque estoy ofendiendo al pobre animal.

Dejé el vaso sobre una pequeña mesa.

–Maggie, amor, ¿Qué te pasa? –murmuró mientras abrió los ojos.

Fue en ese momento cuando se dió cuenta que no estaba solo en la cama y que yo estaba frente a él, sus ojos fueron de Jennifer que se quedó en silencio cubriendo su cuerpo con la sábana y luego hacia mí.

–No, no, no, no –titubeo –. Amor, esto no es lo que parece, déjame explicarte.

–Por supuesto que lo vas a explicar –le di una risa amarga –. En el divorcio.

Me di la vuelta para salir de aquí, no tenía idea de a dónde iría, pero ya no quería seguir viendo esa escena.

–¡Maggie! ¡Espera, por favor! –gritó desde la habitación –. ¡Maggie! ¡Amor!

Justo en medio de la sala, sentí que me detuvo sujetando mi brazo.

–Amor, escúchame por favor –suplicó –. Esto fue un error.

Me sacudí para que me soltará y con mi mano libre la estrellé en su mejilla.

–El único error fue haberme casado contigo.

Me di cuenta que Richard había salido de su habitación y nos vio.

–¡Tú lo sabías! –lo señalé.

–¿Saber qué? –dudó al levantar las manos.

–No estoy para bromas, prepara el trámite de divorcio y no me vas a cobrar un solo centavo por tu servicio, sin trampas, ni beneficios, es lo mínimo que puedes hacer.

Entonces Richard vio salir a Jennifer de la habitación, la muy descarada todavía se colocó la camisa de Sean, pero que se quede con ella, eso no me importa.

–De acuerdo –murmuró Richard.

–Maggie, no puedes hacer esto –intervino Sean –. Tenemos que hablarlo, no me puedes dejar, te amo.

–Que forma tan patética de amar –me di la vuelta para irme, Sean quiso seguirme, pero Richard lo detuvo.

–Dejala, ya se le pasará.

Cómo si eso fuera tan fácil, bajé el ascensor pensando en aquel hombre tan perfecto que siempre creí que era, Sean Ford, el hombre cariñoso, impecable y perfecto, aquel chico por el que suspiraba cada vez que lo tenía frente a mí.

–¡Señora Ford! ¡Señora Ford!

Me detuve para ver al chófer del auto llamándome, había bajado del ascensor y caminado a la salida, no tenía idea de a dónde iba, pero no quería subirme a ese auto y volver a esa solitaria mansión.

–El auto está por aquí, señora Ford.

–Regrese a casa y dígale a Ceci que desempaque.

–Señora Ford, tengo que llevarla a casa.

–No se preocupe por mí –mencioné –. Regresé a casa y haga lo que le digo.

Me di la vuelta y seguí caminando, no tengo idea de cuánto tiempo lo hice, solo sé que mis pies empezaron a doler, mi cabeza daba vueltas entre todo lo que Sean y yo habíamos vivido estos años hasta la última imagen que ví de él con Jennifer.

Yo conocí el amor con Sean Ford, fuimos juntos a la preparatoria y nos volvimos grandes amigos, él tuvo algunas novias en esa época y aunque cada vez que aparecía con una chica nueva me hacía sentir un poco triste intentaba darle mi mejor sonrisa, yo era demasiado tímida y aunque nunca me faltaron las invitaciones para salir, intenté centrarme en mis estudios, al final me hice a la idea de que la amistad era lo único que tendría con Sean.

Eso fue hasta que su familia entró en una crisis económica poco tiempo después de graduarnos, el señor Ford le habló a mi padre para que lo apoyará y él aceptó comprar lo que le quedaba de la empresa, pero con la condición de un matrimonio.

Aún recuerdo el día en que Sean se inclinó sobre su rodilla colocando aquel diamante en mi dedo anular. Después me enteré por mi hermana que era un matrimonio arreglado y hablé con él, no quería forzarlo a nada que él no quisiera, aunque yo me estuviera muriendo por dentro.

Yo me quiero casar contigo, Maggie.

Esas palabras se guardaron en mi corazón. Papá compró los bienes de la empresa Ford y dejó como CEO de la empresa a Sean, había demostrado ser digno del puesto y por supuesto que no dejaría a ninguna de sus hijas en su lugar, siempre decía que el lugar de una mujer era la casa.

La mayoría de veces se mantenía en el trabajo y yo hice lo que mi padre dijo, me quedé en casa, tomé algunas clases de cocina, poco a poco me dedique más a tareas del hogar, incluso me emocionaba la idea de tener un bebé, pero cuando lo hable con Sean, me dijo que quería pagar las deudas con mi padre, volver a tener la empresa de su familia y darles buenas condiciones económicas.

Siempre fue un hombre al que admiraba, pero de pronto esa perfección se desvaneció. Nunca he conocido al verdadero Sean Ford.

Capítulo 3 Segundo capitulo

Me detuve en un pequeño parque, quería tomar lugar en un banca y comenzar a llorar, pero no creo que sea la mejor de mis ideas, de esto sólo resultaría dos escenarios, alguien llamaría a la policía y terminaría en un centro psiquiátrico o me tomarían una foto y mañana saldría en los titulares Margareth Ford llorando como una loca en público.

Caminé a una pequeña cafetería, busque la mesa más alejada de todos, un joven de cabello rubio me atendió, después de que me llevo una taza de café con una rebanada de pastel, las lágrimas salieron descontroladas, cayeron sobre mi pastel, no quería nada, tampoco sabia qué hacer o a dónde ir, no tenía amigas, mi madre seguramente estaría enfada si le digo lo del divorcio, estaba totalmente sola.

–Señorita, ¿Quiere que le traiga algo? –dudó chico.

–Supongo que la cuenta.

Él se retiró, tardó un poco en volver antes de colocar el papel con la cantidad en la mesa.

–¿Usted sabe qué idioma habla la tortuga?

–¿Qué?

–¿Usted sabe qué idioma habla la tortuga? –repitió.

Era la pregunta más extraña que me hacían en toda mi vida, me limité a negar con un movimiento de cabeza, el chico sonrió antes de inclinarse y darme la respuesta.

–En tortugues.

No sé si fue la sonrisa contagiosa del chico o el hecho que intentaba hacerme sentir mejor, pero solté una pequeña risa, fue un instante que me sentí mejor.

–Lo lamento –bajó la mirada –. Sé que es un poco tonto, pero una mujer como usted no debería estar triste.

–¿Una mujer como yo?

–Si, una mujer hermosa.

Parece que se dió cuenta de sus palabras cuando iba a corregirse un hombre mayor le gritó desde el mostrador.

–¡Dewey! ¡Deja de perder el tiempo y ven aquí!

–Salgo en quince minutos –murmuró –. La puedo llevar a un lugar donde se sentirá mejor, si usted quiere.

–¡Dewey!

–Gracias –respondí al señalar al hombre que no paraba de mirarlo.

No sé si ya perdí la cabeza, pero estoy segura que el día de ayer no estuviera aquí esperando a un chico al que posiblemente le duplico la edad. Aunque ahora mismo no tengo a donde ir.

El chico salió con unos jeans azules y camisa negra, se veía más jovén así.

–¿Vas a venir? –dudó al verme. Afirmé y lo seguí a la salida, caminamos por la acera en silencio, habían pocas personas a pesar de la hora.

–El lugar está cerca –indicó –. Soy Dewey Weiditz.

–Margareth O'Neil. –Supongo que debo comenzar a usar mi apellido de soltera, el Ford ha quedado atrás. –Puedes decirme Maggie.

Su sonrisa es muy sincera y sus ojos brillan con esperanza, no es una sorpresa para un chico tan joven, tiene todo un futuro por delante, una vida con todas las posibilidades.

–Llegamos –murmuró al tomar mi mano y llevarme adentro de un edificio, cerca de una entrada se encontraba un hombre robusto y alto –. Hola Mark.

–Hola Dewey, has venido antes aún no ha salido.

–Lo sé, me gustaría ver el final.

El hombre me dio una mirada, me dí cuenta que fijó su vista en nuestras manos entrelazadas y sonrió, me hizo sentir incómoda por lo que pensaría en este momento.

–Solo por está vez.

Abrió la puerta para dejarnos entrar, me sorprendió cuando ví un elegante teatro, el sonido de la música llego a mis oídos, sentí un cosquilleo en mi cuerpo cuando lo escuché, al darme la vuelta una chica de cabello rubio estaba en el escenario, traía un vestido negro, su brazo se agitaba contra las cuerdas del pequeño violín que tenía en sus manos, el sonido era angelical. La música se sentía en cada parte de mi cuerpo, cada nota era perfecta, no había público, lo estaba haciendo sola, ella tocaba para sí misma.

Disfrutaba la música, pero no cualquier música, recuerdo que papá nos llevaba a ver alguna orquesta sinfónica a mi hermana y a mí, era tan emocionante escucharla, no entendí muy bien como este chico sin conocerme me trajo hasta aquí, a algo que me deleitaba.

–¡Dew! Te he dicho que no traigas a nadie aquí –reclamó la chica desde el escenario, guardó su violín con rapidez y bajó del escenario –. Ich will nicht, dass mich jemand hört.

Le dijo algo en alemán que no entendí, reconocía el idioma, recuerdo que cuando fui a algunas reuniones con Sean algunos socios hablaban en Alemán.

–Es tut mir Leid, Sie war trauring –murmuró Dewey –. Tú música siempre me anima.

–Si estaba triste le podías comprar un helado –gruñó –. No traigas a nadie aquí.

–Lo lamento mucho –interrumpí –. No quería que tuviera problemas, fue amable eso es todo y tocas precioso, hace años que no escuchaba algo tan perfecto.

La chica me vio y cambió de postura.

–Soy Maggie.

–Madeleine Weiditz, la hermana de este tarado.

–Un gusto Madeleine, fue muy hermoso y sí que me siento mejor, muchas gracias.

–Me falta un poco, pero mis vecinos se han aburrido de escucharme así que tuve que venir aquí al menos por unas horas, tengo una presentación el viernes y tiene que sonar bien.

–Suena hermoso.

–Me agradas –sonrió.

–¡Ya debo cerrar, chicos! –gritó el hombre que nos había dejado entrar.

–¿Vienes con nosotros? –preguntó Madeleine.

Mire a Dewey que se había mantenido en silencio con su hermana al lado, ella se veía mayor que él y más sensata, por primera vez en mi vida no tengo nada planeado y por supuesto nada que tenga que ver con Sean.

–¿A dónde van? –dudé.

–Pasaremos por algo de comer y luego iremos al departamento, te podemos llevar a casa más tarde–mencionó.

–Acepto.

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