Un rayo cayó desde el cielo y seguidamente se escuchó un trueno, lo que indicaba que una tormenta se aproximaba.
Audrey Yang yacía recostada sobre el polvoriento pavimento de un lugar que no conocía. Al abrir los ojos, la oscuridad del lugar inundó su campo de visión.
Intentó moverse un poco, pero un dolor agudo recorrió todo su cuerpo, contuvo un grito de dolor con todas sus fuerzas.
Habían manchas oscuras en el suelo, al parecer era sangre. Fue entonces cuando sintió un frío abrumador le hizo temblar hasta los huesos.
¿Estaba al borde de la muerte? ¿Este era el fin? Ciertamente se sentía así. Pero era un sentimiento que no estaba dispuesta a aceptar todavía.
Se mordió el labio y se estremeció nuevamente ante el dolor que recorría por todo su cuerpo. Seguía sin encontrar a su madre, tenía mucho por lo que vivir, muchas cosas por hacer y muchos sueños que cumplir, no podía morir en una habitación oscura y sucia en medio de la nada.
Mientras intentaba tranquilizarse, escuchó unos pasos acercándose, seguidos por una profunda voz masculina que reconocía perfectamente.
"Ella está aquí adentro, señorita Yang. He estado haciendo guardia para que no pueda escaparse tan fácilmente. Me puse en contacto con el señor Bai de nuevo. Estoy seguro que nuestro plan no fallará esta vez".
"Eso espero, porque si las cosas salen mal esta vez puedes despedirte de tu dinero", respondió una voz femenina que sonaba familiar.
Los ojos de Audrey se abrieron de repente al sentir el dolor recorriendo una vez más por su cuerpo, producto de la adrenalina que estaba sintiendo. Apretó los dientes, se puso de pie torpemente, caminó despacio hacia la puerta y se asomó por una grieta que daba justo al lugar de donde venían las voces.
Otro rayo cayó, seguido de un trueno explosivo y resonante. El breve destello de luz reveló los rostros del hombre y de la mujer que hablaban en la oscuridad.
¿Qué hacía Alia Yang hablando con el hombre que la había secuestrado y que ahora planeaba venderla al dueño de un burdel?
¿Acaso era ella la responsable de todo esto?
Antes de que Audrey pudiera retroceder, Alia miró hacia la puerta, como si hubiera sentido la presencia de la mujer. De repente, Alia dio un paso adelante y abrió la puerta.
Al verla, la rabia se apoderó de Audrey y le gritó a la mujer: "¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! Siempre te consideré mi hermana y te he dado todo lo que has querido. ¿Por qué me traicionas de esta manera? ¡Eres tan cruel!".
Mientras sus ojos estaban llenos de lágrimas, vio que Alia ponía una sonrisa cínica y llena de satisfacción.
"¿Tu hermana?", preguntó Alia echándose a reír y mirando a Audrey como si fuera una idiota.
"¿Es que no sabes que solo somos hermanastras? Te soporté todo este tiempo porque quería robar tu lugar. Quiero tomar tu lugar como la hija mayor de la familia Yang y a tu hombre, Kase".
Audrey se quedó atónita, recordando todas las interacciones con su hermanastra. Miró a la mujer de en frente y dijo: "¿Entonces mentiste acerca de que mamá estaba en M Country solo para que yo viniera aquí? Tú... No vas a salirte con la tuya, Alia. Incluso si logras deshacerte de mí, Kase nunca te amará".
"¡Eres tan ingenua! Soy más hermosa que tú y seguramente será fácil complacerlo. Una vez que me deshaga de ti y yo ocupe tu lugar, él será mío". Alia sonrió entusiasmada.
"¡Perra!". Fue lo último que se escuchó en la sala. Audrey se abalanzó hacia la mujer con toda la fuerza que le quedaba, pero antes de que pudiera tocarla, su cuerpo cayó al suelo. Su hermanastra la había abofeteado con tanta fuerza que hizo que ella perdiera el equilibrio.
"¡Aaah!".
Alia clavó el tacón de su zapato en el dorso de la mano derecha de Audrey, haciendo que un fuerte grito de dolor se escuchara por todo el lugar.
"Por cierto, te tengo buenas noticias. Estoy embarazada de Kase, él está muy emocionado con la idea de tener un hijo. Cuando regrese a casa, nos casaremos y me convertiré en la esposa del director ejecutivo de Feng Group y nuestro hijo heredará la compañía. Nunca volverás a ver a ese hombre en tu vida", declaró Alia.
"Estás mintiendo. Él quiere casarse conmigo, me prometió que nos casaríamos cuando me graduara de la universidad. Él no te ama, solo te ve como mi hermana", replicó Audrey, sin
creer ni una palabra de lo que había escuchado. Kase nunca la traicionaría de esa manera.
Alia estaba tan enojada que le arrancó el collar que llevaba Audrey en el cuello, dejando al descubierto múltiples heridas y marcas que tenía. Alia respondió:
"¿Y qué pasa si no me ama ahora? Será fácil hacer que se enamore de mí. Ya no tienes oportunidad porque ya estuviste con otro hombre. Kase nunca querrá a una mujer con la que otro hombre ya haya jugado".
Mientras hablaba, la mujer levantó su teléfono móvil y comenzó a tomarle fotos a Audrey.
"¡Detente! ¡Deja de tomarme fotos! ¡Dame ese teléfono!".
Audrey luchó por arrebatarle el teléfono de las manos, pero ya no le quedaban fuerzas. Solo podía mirar desde el suelo a Alia acercándose al hombre que había contratado para secuestrarla y torturarla.
La mujer volteó la cabeza hacia Audrey una última vez y luego le ordenó al hombre: "Cambio de planes. Tírala al océano, no puedo arriesgarme a tener complicaciones en mis planes. Ten cuidado y cubre sus huellas".
"Considérelo hecho, señorita Yang".
"¡Alia!", exclamó Audrey, pero su hermanastra no le prestó atención. Lo siguiente que supo fue que estaba flotando en el mar. Se sentía increíblemente cansada, y cuando cerró los ojos, el agua fría y salada la sumergió lentamente.
Los recuerdos pasaron como una película en cámara rápida ante sus ojos mientras se hundía en el agua. Fue entonces cuando la voluntad de sobrevivir cobró vida. Usando lo último que tenía de fuerza, se mordió la lengua y comenzó a nadar hacia la superficie.
Nadó y nadó, luchando contra el fuerte oleaje. Acababa de ser golpeada y violada, no había comido ni bebido desde hace un buen tiempo, estaba a punto de darse por vencida cuando escuchó el sonido de un crucero cerca de la zona.
¡Sus plegarias silenciosas habían sido escuchadas!
Comenzó a moverse bruscamente en el agua para llamar la atención de los que estaban a bordo y gritó pidiendo ayuda una y otra vez hasta que le dolió la garganta.
Mientras tanto, en el crucero de lujo, un hombre esbelto, de rostro bonito, y pelo corto estaba en la proa. Estaba disfrutando de la fresca brisa del océano cuando escuchó el grito de una mujer pedir ayuda, así que miró por la borda, tratando de localizar a la mujer.
"¿Escuchaste eso? Alguien está pidiendo ayuda".
"No, no escuché nada. Ah... ¡Jefe, mire hacia allá! ¡Veo a una mujer! ¡Dios mío, se está ahogando! ¡Iré a buscar ayuda!".
Audrey había agotado todas sus fuerzas. Cerró los ojos y se hundió en el agua.
Seis años después, en un aeropuerto internacional bastante concurrido, dos hombres ansiosos, se hallaban esperando por alguien, al parecer, tenían la encomienda de recogerlo.
"Aún no los veo, director Zhang. ¿Está seguro de que llegarían hoy?", el hombre bajo le preguntó al alto. Mientras hablaba, miraba a su alrededor y se centró especialmente en las mujeres que viajaban con un niño de unos cinco o seis años.
En ese momento, una hermosa joven salió con un niño de cinco años que la seguía muy de cerca.
El niño iba vestido con una camisa a cuadros y unos pantalones cortos. Debajo de su mechón oscuro y bien peinado, sobre sus mejillas regordetas y rosadas había unos enormes ojos negros. Se veía como un muñeco de porcelana que miraba hacia todos lados, atónito por la cantidad de personas corriendo por el aeropuerto.
La joven, quien empujaba su carrito con su equipaje, tenía un rostro que casi rayaba en la perfección y vestía una camisa blanca larga sobre un par de jeans ajustados. Estaba peinada con una coleta baja que descansaba en su nuca. Se veía muy normal, pero se comportaba con cierta elegancia.
"Mira eso, mamá. Aquella mujer del cartel se parece a ti". El niño señaló un cartel a su izquierda.
En eso, Audrey volvió la cabeza para mirar.
En el cartel yacía una mujer de pelo largo con un vestido amplio y sin tirantes.
En efecto, se parecía a ella, y exudaba un aura de confianza que algunos podrían encontrar bastante arrogante. Sin duda, debía haber estado muy ocupada durante los últimos años persiguiendo la fama.
Alia lo había hecho todo por sí misma y lo había hecho muy bien.
En ese momento, los ojos de Audrey brillaron con un dejo de odio.
Hace unos años, Alia afirmó conocer la ubicación de la madre de Audrey y la engañó para que esta acudiera. Una vez ahí, hizo que la secuestraran, ocupó todo lo que tenía en la familia Yang y le robó a su prometido, después de esto, la arrojó al mar. Audrey casi perdió la vida entonces, pero Graysen Su la rescató.
Ahora estaba de regreso, pues sabía que era hora de ajustar algunas cuentas.
De pronto, el bullicio del lugar, la alejaron de sus pensamientos.
Un gran grupo de personas con paneles luminosos y banderas de colores gritaba con entusiasmo: "¡Alia! ¡Alia!". Iban corriendo hacia ella y hacia su hijo.
"Mamá, ¿por qué parecen estar corriendo hacia nosotros?".
Al ver la multitud que se acercaba, inmediatamente le dijo a su hijo que siguiera caminando y que se mantuviera cerca. Afortunadamente, algunos guardias del aeropuerto llegaron a ayudarlos y pudieron caminar entre la multitud.
"Gracias a Dios que esto ha terminado. ¿Mi amor? ¿Estás bien?". Audrey miró a su alrededor y cayó en la cuenta de que en ese momento estaba sola.
Al parecer, su hijo se había ido.
Pero, ¿a dónde había ido?
En ese instante, sintió cómo el corazón le llegó a la garganta. Instantáneamente se le vinieron a la mente unas noticias que había escuchado, hace unos días sobre niños secuestrados en aeropuertos justo delante de las narices de sus padres.
"¿Cariño? ¡Harlan! ¿Dónde estás?".
"Discúlpeme, ¿es usted la señorita Audrey Yang?". Mientras ella buscaba a su hijo y trataba de no romper en llanto en público, dos hombres se le acercaron.
"Así es. ¿Quién es usted?".
"Yo soy Joe Zhang. Estoy trabajando para He Group. Me parece que ayer hablamos por teléfono. Estoy aquí para recogerlos a usted y a su hijo", le respondió el hombre más alto. En ese momento él la miró confundido. Debía haberse estado preguntando por qué estaba sola.
"Creo que perdí a mi hijo. Hace un momento, él estaba justo detrás de mí, y luego caminamos entre una multitud de fanáticos de Alia Yang que gritaban. Y cuando se habían ido, mi pequeño ya no estaba conmigo. Por favor ayúdenme a encontrarlo. Estoy enloqueciendo."
"Por favor, no se preocupe, señorita Yang. Verá que pronto encontraremos a su hijo. Estoy seguro de que no podría haber llegado muy lejos".
Los dos hombres fueron inmediatamente a buscar a Harlan Yang mientras Audrey buscaba ayuda con la seguridad del aeropuerto. Al otro lado del aeropuerto, dos hombres muy guapos con figuras y apariencia comparable a la de modelos internacionales salían del pasillo del aeropuerto.
"¡De verdad, qué viaje! De no haber sido por esa mujer que me estaba jugando una mala pasada, me habría quedado unos días más. Qué vergüenza. Creo que pasé mucho tiempo persiguiendo a esa chica de cabello dorado"
dijo el hombre del traje blanco con una sonrisa algo pícara.
El otro siguió caminando como si no hubiera escuchado una sola palabra. Su rostro era frío pero bastante fino, como si hubiera sido tallado por expertos en mármol. Parecía ser del tipo tranquilo y distante a la vez, pero sus ojos decían mucho y se movía con una cierta elegancia que atraía la atención de extraños. Era el tipo de belleza que sugería un indicio de peligro, y eso era lo que lo hacía atractivo. Su nombre era Kyler He.
En eso, su amigo, Malcolm Mo, volvió la cabeza hacia él. A diferencia de él, Malcolm era todo un sol y muy juguetón, no le gustaba que la persona con la que hablaba lo ignorara.
"Así como es esa mujer, seguro debe haber una gran sorpresa esperándonos. Y como estás tan tranquilo, supongo que ya habrás pensado en una forma de ganar el juego".
Kyler entrecerró los ojos y frunció un poco los labios. Y cuando estaba a punto de decir algo, una vocecita lo llamó.
"¿Papi?".
Él, de inmediato, volvió la cabeza y vio un par de ojos grandes y oscuros mirándolo. Malcolm, quien estaba a su lado, jadeó de la sorpresa.
"¡Guau! ¿Cuándo fue que tuviste un hijo?". Al parecer, el chico se parecía exactamente a Kyler cuando era niño. Sin duda, el parecido era asombroso.
Harlan Yang miró al hombre alto y apuesto frente a él, observó que este se comportaba como un noble emperador.
¿Era él? ¿Acaso ese hombre era su padre?
Kyler se quedó boquiabierto unos momentos. Quería darse la vuelta y alejarse al instante, pero el chico se veía tan lindo que sintió la necesidad de abrazarlo.
Finalmente, le sonrió y se agachó frente al pequeño extraño. Entonces, le palmeó suavemente la cabeza y le preguntó: "¿Por qué estás aquí solo, muchacho? ¿Dónde están tu mami y tu papi?.
"Me llamo Harlan. Te he estado buscando durante mucho tiempo, papi". El niño agarró su manga con entusiasmo, sus ojos brillaban como un cielo nocturno y muy estrellado.
"Debes estar confundiéndome con otra persona, pequeño. Yo no soy tu papi". Aunque el chico era lindo y adorable, no estaba dispuesto a complacerlo.
"Sí, usted es mi padre. Mi aplicación me lo dijo. Mire". En eso, el niño levantó su teléfono y se lo mostró.
En la pantalla se podían ver dos fotos una al lado de la otra, una era la suya y la otra era del niño. Abajo de las fotos, había algo escrito
que decía: "Probabilidad de paternidad: noventa por ciento".
"¿De qué se trata todo esto?".
"Esta es la aplicación que diseñé y que acabo de usar para poder encontrarte, papi". Al decir eso, el chico levantó la barbilla con mucho orgullo mientras le enseñaba su software.
"Esta aplicación compara fotos de dos personas y usa tecnología de reconocimiento facial para medir la probabilidad de una relación familiar. Hace unos minutos, escaneé tu cara con mi celular y me dio este resultado. Así que sí, tú eres mi papi, ¿Te puedo tutear, verdad?".
"Pero, como puedes ver, la probabilidad es solo del noventa por ciento. Eso significa que aún hay un diez por ciento de posibilidades de que no estemos emparentados", le recordó Kyler con mucha paciencia.
"Hasta ahora, es el resultado más alto que he obtenido. Todos los anteriores estaban todos por debajo del ochenta por ciento".
Los grandes ojos negros del niño reflejaban que realmente quería que él fuera su papá.
Malcolm se echó a reír de repente y al hacerlo, Kyler le dio una palmada en el brazo.
"Oye, dime una cosa, ¿desde cuándo empezaste a tener sexo sin protección, amigo? Es tan irresponsable de tu parte".
"¿En qué estabas pensando?, deja de decir tonterías", dijo Kyler con los labios apretados y una expresión seria; sin embargo, su mirada se suavizó al contemplar al niño.
Malcolm no pudo evitar reírse. "En los últimos años no has estado cerca de ninguna mujer, y hasta han circulado rumores de que tú y yo somos amantes; pero el parecido del niño contigo es evidente. ¿Estás seguro que no dejaste embarazada por accidente a alguna mujer?".
Kyler miró al pequeño y preguntó perplejo: "¿Realmente es parecido a mí?".
"Estoy seguro de que si tu madre los ve juntos, ella diría que es tu hijo", aseveró Malcom.
Kyler sonrió con dulzura mientras alzaba al niño y le pellizcaba las mejillas con afecto.
Malcom lo miró incrédulo. ¿Era este el mismo Kyler frío y despiadado que él conocía?
'¡Me estoy asustando!', pensó.
Lo conocía bien, y sabía que cada vez que Kyler sonreía, alguien estaba en problemas.
"¿Quién es tu mamá, chico? ¿Ella te envió a verme?", preguntó Kyler. Cuanto más lo miraba, más adoraba a este niño; sintió que no tenía otra alternativa que aceptarlo, ya que había venido por su cuenta a buscarlo.
Justo en ese momento, se escuchó un anuncio por la transmisión de altavoz del aeropuerto.
"Harlan Yang, tu madre te espera en la recepción. Por favor, ven de inmediato a la recepción", dijo una voz de mujer.
Harlan se puso muy nervioso después de escuchar el anuncio; miró a su alrededor y dijo: "¿Podría llevarme a la recepción, por favor? Mi madre va a estar muerta de miedo si no me encuentra pronto".
En realidad, Harlan había estado tan emocionado por seguir a Kyler que se había olvidado por completo de su madre.
"Por supuesto"; el corazón de Kyler se enterneció al ver el pequeño rostro lleno de ansiedad.
El niño rodeó a Kyler con sus brazos y sonrió orgulloso.
'¡Misión cumplida!', pensó.
Kyler se dirigió hacia la recepción; mientras se acercaban al escritorio de la recepcionista, Harlan vio que su madre estaba hablando con un policía, y gritó: "¡Mami, aquí estoy!".
Había bastante ruido en el lugar, sin embargo, Audrey distinguió la voz de su hijo con claridad.
Cuando se dio la vuelta, vio que Harlam estaba en brazos de un extraño, así que corrió hacia él y le arrebató el niño de los brazos como una mamá gallina enojada.
"¿A dónde te fuiste? ¿Cuántas veces te he dicho que no debes salir corriendo así? ¡Me diste un susto de muerte, Harlan!"; las lágrimas rodaban por las mejillas de Audrey mientras hablaba.
"¡Perdóname, mami! Nunca volveré a hacer algo así, estoy bien, por favor, no llores"; el niño hablaba en voz baja, intentando consolar a su madre, estaba tan nervioso por haberla asustado tanto que al instante extendió la mano para secar sus lágrimas.
"¿Por qué te escapaste y a dónde te fuiste?".
Audrey entró en pánico cuando descubrió que su hijo había desaparecido; estaba muy preocupada, y lo único que quería era encontrarlo de inmediato. En cuanto lo vio se tranquilizó, pero de todos modos, percibió que algo no estaba bien.
"Yo...", Harlan se dio la vuelta para mirar a Kyler y pestañeó muy contento. "Fui a buscar a mi papá. Mami, ¿este es mi papá?".
Tanto Audrey como Kyler se sintieron avergonzados al escuchar al niño.
También, Audrey se sintió confundida al ver cómo la miraba Kyler. ¿Quién era este hombre que miraba sus pechos con tanta intensidad?
"¡No, Harlam! Ese no es tu padre", explicó Audrey con calma.
"Pero, los resultados del análisis...".
"¡Cállate, Harlan!". Audrey interrumpió a su hijo porque sabía lo que estaba a punto de decir.
Ella nunca le había gritado así antes, por lo que el niño intuyó que estaba enojada, y se quedó en silencio.
Apoyó la cabeza en el hombro materno mientras sus grandes ojos negros miraban a Kyler expectante.
Kyler sintió pena por el niño al ver su expresión lastimera, y
cuanto más se compadecía de Harlan, más se molestaba con la madre. '¿Qué le pasa a esta mujer?', se preguntó.
No había ninguna razón para tratar al niño con tanta dureza, aun cuando hubiera dicho algo inconveniente; Al pensar en esto, quería llevarse al niño a su casa para que fuera feliz.
Al percibir que el hombre rechazaba su método de crianza, Audrey abrazó a su hijo con más fuerza y lo miró con actitud desafiante.
"Gracias por traerme a mi hijo, me disculpo por cualquier problema que le pueda haber ocasionado, adiós".
Dicho esto, se dio la vuelta para marcharse.
Sin embargo, cuando pasó por delante de Kyler, él la agarró del brazo. Audrey lo apartó de inmediato, asustada.
"¿Qué cree que hace?", preguntó con el ceño fruncido.
"Señor He".
Joe Zhang llegó corriendo muy apurado.
Se secó el sudor con un pañuelo y saludó a Kyler con respeto.
Kyler lo miró sin entender y preguntó, alzando una ceja: "¿Quién eres?".
"Señor He, soy Joe Zhang, el director del departamento de ventas de He Group". En seguida, procedió a presentar formalmente a la madre y su hijo.
"Este niño, Harlan Yang, ha sido contratado como embajador de la marca de la empresa para esta temporada; ella es Audrey Yang, su madre. Señorita Yang, este es el señor Kyler He, el CEO del He Group".
Kyler miró a Audrey entrecerrando los ojos; se había preguntado si esta mujer usaba a su hijo en su propio beneficio, y ahora que se la habían presentado, estaba seguro.
"Señor Zhang, le agradezco la ayuda, pero debo reconsiderar la cooperación con su empresa; tengo previsto encontrarme con un amigo, así que contactaré con usted más adelante.
Luego de decir esto, Audrey dejó a Harlan en el piso, lo tomó de la mano y caminó hacia Joe; le hizo un gesto con la mano al hombre que estaba detrás de Joe para que llevara su equipaje y siguió caminando.
"Espera un momento", dijo Kyler. Audrey no podía pretender no haberlo escuchado, y además, sentía curiosidad de saber qué le iba a decir.
Se sintió intimidada por el apuesto rostro del hombre, pero no podía demostrar que le tenía miedo; no tenía otra opción que quedarse allí, con expresión calma.
Pensó que él no se atrevería a decirle algo hiriente en público.
"¿Por qué no quieres trabajar con nosotros?", preguntó él directamente, sus rostros enfrentados a unos treinta centímetros de distancia.
Audrey tragó saliva al ver qué apuesto era; sentía que su corazón se aceleraba solo con mirarlo a los ojos.
Kyler estaba jugando sucio; pretendía usar su atractivo apariencia para hacerla firmar el contrato; pero la joven no se iba a dejar engañar.
Se mordió el labio inferior, lo miró a los ojos y dijo con cortesía y frialdad: "Me temo que Harlan no podría cumplir con las reglas de la política publicitaria de su empresa; entonces me negué, ya que no quiero que la pasemos mal después. De todos modos, ahora me tengo que ir. ¡Adiós!".