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Despiadado CEO Solo Ámame

Despiadado CEO Solo Ámame

Autor: : Anónimo...
Género: Romance
Ella le salvó la vida. Él prometió regresar y casarse con ella mientras la tomaba, pero antes del amanecer fue enviada lejos, y otra mujer ocupó su lugar. Cuando ella lo volvió a ver, él ya amaba a su prima, pero sería ella su esposa, por decisión del patriarca. Él la odió, la odió porque ella era la verdadera nieta de su abuelo, mientras él solo era un bastardo recogido. También la odió por hacer que su promesa de matrimonio a otra mujer fracasara. Y las promesas de Benjamín, eran imposible de incumplirse. Él desconocía que había cumplido con su promesa, ya que la verdadera salvadora era su esposa, no la mujer que creía amar.

Capítulo 1 Firmalos ya.

Benjamín había ido a buscar a su esposa al hotel donde se estaba hospedando. Pidió a sus hombres esperaran abajo porque no tardaría en regresar. Solamente iría a obligar a su esposa a firmar los papeles del divorcio.

Cuando tocaron el timbre de la habitación, Miley fue a abrir. Aún cuando sabía que Benjamín iría a visitarla a pesar de que la noche anterior la corrió de la mansión Rodríguez porque había ofendido a su gran amor: Carola. Se sorprendió de verlo ahí.

El corazón de Miley latió con fuerza cuando la figura de Benjamín se introdujo en su habitación. Retuvo el aire cuando acaparó una gran cantidad de aroma que Benjamín dejó al pasar.

Dejando salir el aire cerró la puerta y se giró en dirección a su esposo quien contenía una carpeta en mano, con los documentos que Miley no quería ver en su vida.

-Fírmalos ahora. Acabemos con este absurdo matrimonio.

-El abuelo...

-Mi abuelo ya está muerto. No hay nadie más que nos obligue a seguir casados.

-Aun no se lee el testamento...

-No te preocupes por dinero, que no te faltará nada. Te daré lo que te corresponde. Pero no voy a seguir ningún día más casado contigo -dijo, tajantemente.

El corazón de Miley se apretó, y se apretó porque no quería divorciarse. Amaba a Benjamín desde hace mucho tiempo, pero él no la amaba, él la había olvidado. Olvidó que lo salvó aquella noche, cuando lo llevó a su casa y le pidió encarecidamente que se entregara a él cuando estaba agonizando por una droga que le habían dado. Ella le entregó su pureza, pero él solo le respondió con desprecio.

Miley observó los papeles del divorcio, sus ojos se llenaron de lágrimas, quería llorar, llorar porque él la estaba abandonando apenas su abuelo había sido enterrado. Pero no lloró, reprimió las lágrimas y dio a rodar su plan. Esperaba que luego de esto, que luego de estar de nuevo en sus brazos, él la recordara.

-Está bien, firmaré los papeles del divorcio, pero antes, quisiera que me permitieras hacer un brindis.

-¿Un brindis? -Inquirió Benjamín sorprendido, pues no esperaba que ella quisiera realizar un brindis después de que le pidiera el divorcio.

-Nunca te he pedido nada, Benjamín. Desde que nos casamos, jamás has brindado conmigo, ni en la boda, ni en nuestros aniversarios -dijo con un nudo en la garganta, recordando los desplante que le hizo en cada aniversario y fecha importante-. Brinda conmigo, por estos tres años -le acercó la copa, la cual Benjamín miró con duda, pues desde aquella noche que lo drogaron, no había vuelto a beber una copa ya servida.

-¿Qué quieres celebrar? En estos tres años no hemos sido más que dos personas unidas por un papel, y eso porque mi abuelo me obligó a contraer matrimonio.

-Pues quiero brindar por eso -le extendió más la copa, porque Benjamín aún no la agarraba.

Este frunció el ceño por lo que Miley estaba diciendo, que quería brindar por esa boda forzada que tuvieron-. Quizás para ti fue un sacrificio, Pero para mí, fue lo mejor que me pasó. Ser la esposa de un Rodríguez, me sacó de la pobreza y me cambió la vida.

Ahora ya le encontraba sentido, por ello agarró la copa. La miró, seguido la batió y levantó la mirada cuando Miley dijo.

-Salud por mis tres años como la señora Rodríguez -sonrió forzadamente.

Benjamín bebió de la copa, pues si eso significaba liberarse de esa mujer, pues lo haría.

-Ahora, firma los papeles -dijo al dejar la copa en su lugar.

-¿No quieres otra copa? -inquirió Miley llevando la botella.

-¡No! -refutó fríamente- lo único que quiero es que... firmes los papeles -comenzó a sentir calor.

-Está bien, ¿tienes un bolígrafo?

Se acercó y le habló de muy cerca, lo que produjo tensión en Benjamín.

-Claro.

Buscó dentro del bolsillo de su traje y sacó un bolígrafo para seguido dárselo.

Los dedos de Benjamín rosaron con los de Miley, y eso aumentó la tensión.

Miley se inclinó para firmar, de pronto se detuvo y lo miró.

-¿En serio no me recuerdas Benjamín?

Este miró a su alrededor, todo le dio vuelta, empezó a sentirse asfixiado, caluroso, deseoso de la mujer a su lado.

Benjamín retrocedió, se dejó caer en la cama, cubrió su cabeza con ambas manos.

-¿Qué diablos tenía esa copa?

Miley no respondió, fue al baño, se dio una rápida ducha y al salir, encontró a Benjamín tirado en la cama.

***

Al día siguiente, Miley despierta y se encuentra durmiendo sobre el pecho de Benjamín, quien duerme profundamente como si la droga aún pesara sobre sus ojos.

Miley no se siente mal por lo que ha hecho, no se arrepiente de nada, pues Benjamín no es su hermano de sangre, solo su medio hermano por el apellido.

Miley se levanta sintiendo su cuerpo adolorido.

Benjamín la había hecho suya, la había devorado en la cama hasta saciarse de ella. Estuvo fenomenal, haciéndole el amor en cada momento, cogiéndola como un salvaje, destrozándola con cada embestida.

Cuando Miley se mira en el espejo encuentra su cuello y pecho llenos de moretones, los cuales cubre con maquillaje luego de un baño. Al salir, Benjamín sigue dormido. El sol aún no sale y ella ya está lista para marcharse.

Miley se acerca al velador, agarra el bolígrafo y firma los papeles del divorcio. Es lo que Benjamín le había pedido, que le diera el divorcio, ya que ella no era la mujer que amaba y nunca la iba a amar. Solo se había casado con ella porque su abuelo se lo había pedido, pero ahora que su abuelo ha muerto, no quiere seguir casado con ella.

-Benjamín, espero un día puedas recordarme, por consiguiente, perdonarme -musitó antes de salir.

Benjamín abre los ojos cuando los rayos del sol pegan en sus ojos. Presiona estos porque siente un profundo dolor de cabeza, es como si la noche anterior hubiera bebido demasiado.

Su cabeza aun aturdida trae los recuerdos de lo que pasó en la noche. Al recordar a esa mujer la ira lo invade. Salta de la cama y va al baño creyendo que la encontrará ahí, no obstante, la mujer no está. Ninguna de sus cosas está en la habitación.

Benjamín se acerca al velador, donde se encuentra el papel del divorcio. Al agarrar este, nota que el papel ya está firmado.

¡Abusa de mí y se divorcia!

Ruge presionando el papel. Seguido llama a su guardaespaldas. Ante el grito este y los demás guardaespaldas corren a la habitación donde se encuentra Benjamín. Al entrar, se dan la vuelta porque Benja, aún está desnudo, y lo que menos quieren es ver a un hombre desnudo.

-Esa mujer ¿a qué hora se marchó?

-¿De quién nos habla señor?

Benjamín fulmina con la mirada al guardaespaldas que habló. Este puede sentir su espalda quemando.

-Si se refiere a su esposa, no ha salido, señor.

-¡¿No ha salido!? ¿¡En serio crees que no ha salido!? -escupe con irá.

-No... no pasó por delante de nosotros.

-¿¡Y por eso crees que no ha salido!? Entonces, explícame ¿dónde está?, porque aquí dentro no está -ruge furioso. El guardaespaldas no sabe que decir- ¡Búscala!, ¡encuéntrala y tráela a mí!

Capítulo 2 No puedes divorciarte.

Cuando los hombres vestidos de negros se marchan, Benjamín procede a colocarse el pantalón y la camisa. Mientras se viste observaba las sábanas. Al no ver una mancha de sangre lo hace odiar más a esa mujer.

"No fue su primer hombre", piensa, apretando los puños con tanta fuerza que sus nudillos se tornan blancos. Sus ojos, ahora inyectados en sangre por la ira contenida, recorren la habitación como si buscaran pruebas de una traición mayor. "¿Con cuántos se habrá acostado antes que conmigo?"

La idea de que Miley pudiera haberlo infectado con alguna enfermedad cruza por su mente como un relámpago, intensificando su ira. Su respiración se vuelve agitada, y gotas de sudor frío comienzan a formarse en su frente.

Llevaban tres años casado y nunca la había tocado, debía ser pura. Al menos eso era lo que pensaba. Pero la infeliz lo había estado traicionando, y quién sabe con cuántos hombres.

"¿Está es la mujer decente que querías para mí, abuelo? Tú nieta resultó ser una cualquiera que ni siquiera llegó virgen a su esposo". Reprocha en sus adentros.

Definitivamente su abuelo debió estar ciego con esa mujer para creer que era una santa. Se la impuso como la mujer perfecta, la hizo ver cómo la joven más pura y noble, pero Benjamín sabía que no era lo que aparentaba ante su abuelo.

Miley era una mujer ambiciosa. «Solo había aceptado mudarse a la hacienda porque así saldría de la miseria en la que vivía. Y creía que por ser la nieta de sangre de Samuel Rodríguez, podía quedarse con él. Pero eso no era posible. El corazón de Benjamín tenía dueña, era la mujer que lo salvó aquella noche, la que le entregó su pureza y estuvo desde entonces a su lado.

Quedó fechado con ella desde que sus labios hicieron contactos con los suyos, desde que aquellas manos lo tocaron y sus cuerpos se entrelazaron. Aunque mientras la hacía suya no la pudo ver porque la droga había afectado su visión, él sentía que era la mujer mas hermosa que había conocido. Y lo confirmó al día siguiente cuando despertó y la encontró a su lado.

Era Carola quien estaba acostada en su cama, quien dijo ser la mujer que lo salvó.

Se hubiera casado con ella hace tres años, pero su abuelo le impuso una esposa, a Miley. Fue por culpa de esa mujer que no pudo casarse con su amada Carola y cumplir con su promesa».

Pero ahora que Miley le ha dado el divorcio, puede cumplir con su promesa, pero antes, debe cerciorarse de que esa mujer no lleva una semilla en su vientre. De llevarlo, se lo sacará antes que sea tarde.

Benjamín llega a la mansión, encuentra a su amada Carola con lo ojos llorosos. Verla así le produce dolor a Benjamín, y no puede dejar que ella continúe llorando, debe hacer algo para consolarla. Antes, tiene que saber que está pasando. ¿Por qué lloraba?

-No llegaste a dormir. Me quedé esperándote toda la noche despierta. Pensé que Miley cumpliría sus amenazas. Ella dijo que iba a lograr que me abandonaras y te quedarás con ella -está abrazada a él, se aleja y lo mira con ojos vidriosos-. Pero haz regresado, lo que significa que te quedarás conmigo.

-Nunca te dejaría, Carola, jamás te abandonaría. Eras la mujer que me salvó de esa terrible muerte, y estaré agradecido eternamente por ello -la lleva a su pecho y la abraza con ternura.

Piensa que no es momento para contarle lo que pasó con Miley, de lo contrario, le romperá más el corazón y, verla llorar no es de su agrado. Quiere protegerla, cuidarla y hacerla feliz toda la vida.

Ella se lo merece, se merece ser feliz junto a él porque lo salvó. «Quién le dio esa droga, lo hizo con todas las intenciones de asesinarlo, sabía que él era un hombre que no se acostaría con cualquier mujer, que preferiría morir a dejar que su cuerpo se uniera al de una mujer que no amaba. Pero como bendición del cielo llegó "Carola", quien se ofreció a ayudarlo sin conocerlo, y en el momento que sus manos hicieron contacto, él sintió que ella era la mujer que había estado esperando hace mucho tiempo. Esa persona que quiso hacerle mal, lo envió a los brazos de la mujer de su vida».

Dos días después, la lectura del testamento está por dar inicio. Los minutos pasan, y la ausencia de Miley se hace cada vez más evidente. El abogado mira su reloj repetidamente, el tictac constante marcando el paso del tiempo y aumentando la tensión en la habitación.

Finalmente, el abogado rompe el silencio-. No va a venir, ¿verdad? -pregunta, su voz cargada de preocupación y un toque de frustración.

Benjamín levanta la mirada, sus ojos encontrándose con los del abogado.

-No -responde con firmeza-. Se ha marchado y no sabemos dónde se encuentra.

El abogado frunce el ceño, ajustándose las gafas en un gesto nervioso.

-Sin ella, no puedo leer el testamento -declara, su voz teñida de resignación.

-¿Por qué?-pregunta Benjamín, inclinándose hacia adelante en su silla. La irritación evidente en su tono.

-Porque es la última voluntad de tu abuelo -explica el abogado, sus manos extendidas en un gesto de impotencia.

Benjamín se pone de pie abruptamente, su silla arrastrándose hacia atrás con un chirrido.

-Pues tienes que leerlo -insiste, su voz elevándose ligeramente-. Porque esa mujer no va a regresar. Huyó como una cobarde, estoy seguro que no dará la cara después de lo que hizo.

-¿Y que hizo? -Benjamín mueve los hombros y no dice nada. No va a divulgar que había sido abusado por esa perversa mujer.

El abogado lo mira con curiosidad.

-¿Por qué estás tan seguro de que no volverá?

-Porque firmó los papeles del divorcio y desapareció -declara, cada palabra cayendo como una sentencia en el silencioso despecho.

El abogado se queda boquiabierto, la sorpresa evidente en su rostro. -¿Qué? ¿Se divorciaron?-pregunta, incrédulo. Benjamín asiente en silencio, su mandíbula apretada mientras trae el recuerdo de como obtuvo esa firma.

El rostro del abogado palidece visiblemente. Se pone de pie, apoyando ambas manos sobre el escritorio como si necesitara el apoyo.

-¡No puedes divorciarte! -exclama, su voz una advertencia.

-¿Quién lo dice?-desafía Benjamín, cruzando los brazos sobre su pecho.

-Tu abuelo... -aclara el abogado-. En el testamento lo dice -continúa, señalando el sobre sellado-. Si llegas a divorciarte de Miley sin tener un heredero, pierdes todos los derechos como un Rodríguez porque no llevas sangre Rodríguez.

Las palabras del abogado caen como un peso sobre Benjamín. El silencio que sigue es ensordecedor, cargado de implicaciones y consecuencias que apenas comienza a comprender. El despacho, antes un simple despacho, ahora se siente como una jaula, las paredes cerrándose a su alrededor mientras la realidad de su situación se asienta en su mente.

-¡No puede ser cierto! -gruñe indignado.

-¡Lo es! -rectifica el abogado- ¡Si Miley y tú se divorcian sin dejar un heredero, no tendrás derecho a nada.

Benjamín no puede creer lo que escucha, su abuelo no pudo hacerle eso. El era su nieto, su nieto querido. Al cual crio, amo y protegió. ¿Por qué le hacía esto? ¿Por qué lo ponía en esta situación?

Capítulo 3 No podemos casarnos.

Benjamín regresa a su casa con un torbellino de pensamientos contradictorios a los que acaba de escuchar. Su mente es un caos, repleta de emociones encontradas y decisiones imposibles. El peso de las palabras del abogado cae sobre sus hombros como una losa, aplastando sus sueños y esperanzas. Cada paso que da hacia su hogar se siente como si estuviera caminando hacia su propia condena.

Se detiene en seco cuando ve a su madre en la sala junto a su amada Carola, quien sonríe radiante de felicidad. La escena que se desarrolla ante sus ojos parece sacada de un sueño, pero para Benjamín, es el comienzo de una pesadilla.

-¡Oh, querido, ya estás aquí! -exclama Caro, levantándose y dirigiéndose hacia él con pasos ligeros y alegres. Le rodea con sus suaves manos el cuello y le da un beso, un gesto que antes lo llenaba de dicha y ahora solo aumenta su angustia-. Tu madre ha venido a visitarnos y a ayudarme a elegir el vestido de novia -acota con una amplia sonrisa que ilumina toda la habitación.

Benjamín siente un nudo en la garganta. Las palabras se atoran en su boca, negándose a salir. ¿Cómo puede destruir esa felicidad? ¿Cómo puede decirle a Carola que todos sus planes, sus sueños, se han desmoronado en cuestión de horas? El peso de la verdad lo aplasta, robándole el aliento.

-¿Todo bien, Benjamín? -pregunta su madre, Adelia, con un tono que oscila entre la preocupación y la sospecha-. ¿No vas a saludar a tu madre? ¿O es que te molesta mi presencia?

Carola, siempre conciliadora, interviene con una sonrisa.

-Como crees, Adelia. Benjamín está más que contento de que puedas venir a visitarlo, ¿verdad mi amor?

Benjamín lucha por encontrar su voz. Sabe que su abuelo no aprobaba las visitas de su madre a esa casa. Que ella ingrese ahora que está muerto le parece una falta de respeto a la memoria de su abuelo. Pero ¿por qué debería preocuparle eso ahora? Si a su abuelo no le importó agregar esa absurda cláusula en el testamento para obligarlo a seguir casado con Miley, e incluso tener un hijo con ella, aun sabiendo que no la amaba, que su amor era Carola.

Los pensamientos se arremolinan en su cabeza. ¿Cómo le dice a Caro que debe tener un hijo con Miley? Sobre todo, que acaba de detener los trámites del divorcio. ¿Ella lo entendería? ¿Le apoyaría? ¿O simplemente lo abandonaría? Si eso sucedía, se las cobraría a Miley. La rabia y el resentimiento comienzan a bullir en su interior.

-Hay que hablar -dice seriamente al acomodarse en la sala.

-Sí, claro, hablemos de la luna de miel -responde Carola con entusiasmo, ajena al tormento que consume a Benjamín-. ¿Dónde me llevarás? Quiero que sea en una de las ciudades más hermosas de Estados Unidos -inquiere con una sonrisa tímida.

Al ver la mirada sombría de Benjamín, la sonrisa de Carola se desvanece. Un destello de preocupación cruza su rostro. Temiendo haber sido demasiado ansiosa o interesada, cambia rápidamente de táctica.

-Así vayamos a las afueras de la ciudad, estaría feliz. Porque si estoy contigo, seré completamente feliz...

Las palabras de Carola son como puñales que se clavan en el corazón de Benjamín. Cada expresión de amor y felicidad solo hace más difícil lo que está a punto de decir. Toma aire, sabiendo que sus siguientes palabras cambiarán todo.

-No podemos casarnos -expone con dolor, consciente de que esa respuesta partirá el corazón de su inocente Caro.

-¿Por qué? -cuestiona ella con voz temblorosa y ojos lagrimosos.

Poco a poco, la visión de Carola se va opacando. Su mente, siempre imaginativa, comienza a tejer escenarios. ¿Acaso Miley le había aclarado que fue ella quien durmió esa noche con Benjamín? Los recuerdos de aquella noche fatídica inundan su mente...

«Carola había visto a Miley ingresar con un hombre. No dijo nada por algunas horas, hasta que decidió avisar a su abuela. Esta se levantó y fue a la habitación de Miley, encontrándola, ajustándose el vestido y a un hombre en la cama.

Antes de que su abuela pudiera decir algo, Miley se apresuró a explicar.

-Es Benjamín Rodríguez, ha prometido casarse conmigo si lo salvaba.

El apellido Rodríguez resonó en la mente de la mujer mayor, trayéndole recuerdos de su hijastra. Sin pensarlo dos veces, agarró a Miley de las orejas y la arrastró hacia la sala.

-¡Abuela, me lastimas! -gritó Miley, su voz cargada de dolor y miedo.

-¿Qué te he dicho de meter hombres a la casa? -escupió la abuela mientras la lanzaba al mueble.

-Estaba muriendo, solo lo ayudé -musitó Miley, bajando la voz para que la discusión no llegara al segundo piso.

-¡¿Por qué mientes?! -La sacudió la mayor, apretando los dientes-. ¡No lo veo herido!

-Es que... moría por una droga -respondió Miley, su voz apenas audible. La abuela se quedó en silencio, esperando que continuara-. Debía acostarme con él para poder salvarlo.

Los ojos de la mujer mayor se abrieron con asombro. Miley, viendo una oportunidad, acotó de inmediato.

-Él prometió que me llevaría a su casa y me presentaría a su familia como su novia y luego nos casaríamos -al ver que su abuela seguía presionando sus brazos y sin decir nada, insistió-. Lo juro, abuela. Él me lo juró, se casará conmigo. Me dio su palabra y, la palabra de un Rodríguez es ley.

-¿Le diste tu nombre? -preguntó la abuela. Miley negó, y eso produjo una sonrisa escondida en los labios de la mayor-. Eres una cualquiera. Ahora mismo te largas al pueblo y no sales de ese lugar.

-Pero... abuela -protestó Miley, solo para recibir una bofetada que se estrelló en su cara.

-No me rezongues y haz lo que te digo. Tú no puedes casarte con Benjamín Rodríguez. ¡No puedes porque es tu medio hermano!

La abuela replicó mientras la sacaba a empujones de la casa. Sabía que tarde o temprano esa verdad saldría a la luz. Que la nieta de su hijastra tendría una vida de niña rica, mientras que su pobre nieta seguiría siendo pobre y sin una vida digna por delante.

Había pensado en hacerla pasar por nieta de Samuel Rodríguez, pero se enteró que el viejo Rodríguez estaba realizando pruebas de ADN a las jóvenes que decían ser sus nietas. Dos muchachas ya habían intentado ocupar ese lugar y a las dos les había ido mal. No quería que su nieta pasara por ello, pero tampoco quería que la verdadera nieta del viejo Rodríguez apareciera, por ello la escondía muy bien.

Ahora se abría una oportunidad para que su pequeña Carola se convirtiera en una dama importante de la alta sociedad, y estaba decidida a aprovecharla.

-Abuela, ¿qué has dicho? ¿Cómo que Benjamín Rodríguez es mi medio hermano? -preguntó Miley, su voz temblando de incredulidad y miedo.

-La cusca de tu madre se atrevió a meterse con un hombre casado y producto de ese romance naciste tú -escupió la abuela, sus palabras cargadas de veneno-. Tu abuelo y toda la familia Rodríguez despreciaron a tu madre, la echaron a la calle cuando se enteraron de esa relación. Y el miserable de Benja Rodríguez nunca vino por ella, y así naciste tú, una bastarda.»

Ese recuerdo resonó en la mente de Carola mientras miraba a Benjamín, buscando una explicación, una razón para sus palabras devastadoras. ¿Acaso él sabía algo de esto? ¿Era por eso por lo que ahora decía que no podían casarse?

Benjamín, ajeno a los pensamientos tumultuosos de Carola lucha por encontrar las palabras adecuadas para explicar su situación. Sabe que cada palabra que diga puede destruir no solo su relación, sino también la vida que habían planeado juntos. El peso de la verdad, de las condiciones del testamento, de la existencia de Miley, todo se cierne sobre él como una tormenta a punto de estallar.

-Carola, yo... -comienza, su voz quebrándose-. Hay algo que debo decirte. Algo que cambia todo.

Los ojos de Carola, llenos de lágrimas contenidas lo miran fijamente. En ellos, Benjamín puede ver el reflejo de sus propias dudas, de su propio dolor. ¿Cómo explicarle que debe permanecer casado con otra mujer? ¿Cómo decirle que todos sus sueños juntos deben ser sacrificados por una herencia?

El silencio en la sala es ensordecedor. Adelia, la madre de Benjamín observa la escena con una mezcla de curiosidad y preocupación. Ella, que ha estado ausente durante tanto tiempo, ahora es testigo de cómo el mundo de su hijo parece desmoronarse frente a sus ojos.

Benjamín toma aire, sabiendo que las palabras que está a punto de pronunciar cambiarán el curso de sus vidas para siempre. En ese momento, desearía poder retroceder el tiempo, volver a ese instante antes de entrar en la oficina del abogado cuando su mayor preocupación era encontrar a esa mujer y evitar que llevara un hijo en su vientre.

Pero el tiempo no retrocede, y la verdad, por dolorosa que sea debe ser dicha. Con el corazón pesado y la voz temblorosa.

-Tengo que seguir casado con Miley hasta que tengamos un heredero -Adelia presionó los puños, sus largas uñas se clavan en la palama de su mano hasta que están rompen la suavidad de su piel.

-¡¿Qué!? -pronuncia Carola, con voz temblorosa.

-Si me divorcio de Miley sin tener un heredero, no tengo derecho a nada. Todo, absolutamente todo se lo quedará ella.

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