Ese día realmente había sido agotador. Sus estudios no marchaban del todo bien, y su jefe se comportaba verdaderamente desagradable.
La profesora del turno mañana la había descubierto a punto de quedarse dormida y le llamó la atención frente a toda la clase, un montón de "niños mimados" que no debían trabajar para mantenerse.
Nunca bastaba lo excelentes que fueran sus exámenes o cuánto se esforzara en los trabajos prácticos, podía sentir el desprecio de aquellos profesores que esperaban una dedicación absoluta sólo a los estudios y una disponibilidad para cualquier proyecto extra que se les ocurriera... y al que Lilian tenía que negarse porque trabajaba durante el turno nocturno.
Sin embargo, esa carrera empresarial seguía siendo su pasión.
Algún día conseguiría trabajo de eso y aprendería para emprender por su cuenta.
Lilian trabajaba en un bar nocturno, rodeada de bullicio, durante la noche, donde una breve formación como "barwoman" la había ayudado a conseguir un lugar sirviendo tragos. Lo único que realmente le gustaba de ese sitio era la flexibilidad horaria, y la música. A menudo se imaginaba en medio de la pista, bailando.
Por millonésima vez su jefe se le había insinuado, y le había rozado el trasero fingiendo un accidente.
Claramente el uniforme de trabajo no estaba diseñado para un cuerpo como el suyo, lleno de curvas, y los espacios del bar no le daban mucha libertad de movimiento.
Entre el poco espacio tras la barra, los estantes de botellas y vasos y el tumulto de clientes, su jefe, un hombre alto y voluminoso, encontraba las excusas para tocar ocasionalmente alguna parte de su cuerpo, sabiendo que necesitaba el trabajo y que, previo a los exámenes finales, no estaba en condiciones de buscar uno nuevo.
Llegó a su monoambiente gris sintiéndose sucia y agotada. Pasó directo al baño y se desvistió. El uniforme era una camiseta de tirantes corta y negra que apenas si le cubría el pecho, que siempre tuvo grande, y una pollera que debía ser amplia y a la rodilla pero a ella le iba ajustada y corta. Soltó su largo cabello negro azabache, y se miró las ojeras bajo sus ojos avellana.
Se metió a la ducha esperando que el agua le lavara esa sensación de vacío, y se durmió desnuda y con el pelo mojado, esperando que mañana fuera mejor.
Al día siguiente se despertó muy temprano. Tenía una de sus clases favoritas, así que se vistió rápidamente con unos jeans y camisa, se preparó en el termo un café bien cargado, agarró del congelador un recipiente con el almuerzo, y fue a tomar el autobús.
Su buen humor se disipó cuando el vehículo pasó de largo y sin llevarla porqué iba lleno. Otra vez llegaría tarde.
Afortunadamente el profesor estaba de espaldas cuando ella entró al aula en silencio, pero su lugar predilecto estaba ocupado, así que debió sentarse en otro lado.
Se concentró tanto en la clase, mientras el profesor hablaba, que no notó la mirada de él.
Alex llevaba todo el año observándola con deseo. No había tenido oportunidad de abordarla nunca, ya que Lilian no almorzaba en la universidad, no iba a los grupos de estudio en la sala común, no asistía a fiestas...
Ahora estaba a su lado, oliendo a café, con una camisa fucsia con la que podía adivinar que no llevaba sostén, el pelo suelto y despeinado... tan distinta de las otras compañeras de clase, algunas de las cuáles ya conocía, y muy íntimamente.
Porque, a diferencia de ella, Alex era de esos "niños mimados", que llegaba en su auto, tenía departamento pagado por sus padres y excelentes calificaciones, pues sus profesores lo amaban... aunque Lilian ignoraba completamente su existencia.
Él pasó la clase imaginando que le quitaba la camisa liberando esos pechos de la evidente opresión, adivinando sus piernas debajo de esos gastados jeans. Intentó ahuyentar sus fantasías para evitar la palpitación de su entrepierna, pero estaba tan, tan cerca... Su cuello moreno era una invitación, y su boca, suave y rosada...
Sólo cuando finalizó la clase y se dispuso a guardar sus cuadernos y salir a tomar aire antes de la siguiente materia, cuando casi se chocan al levantarse, ella lo miró para disculparse.
Se quedó unos segundos enganchada en esos ojos azules. Él era bastante alto, y podía verse que hacía ejercicio. Tenía el corto pelo castaño y brillante, jeans oscuros y camisa blanca. Olía tan bien...
Musitó unas disculpas y salió, un poco abrumada por la mirada intensa de él, mientras caía en la cuenta de la cantidad de tiempo que había pasado de la última vez que estuvo con un hombre.
Y su cuerpo le reclamaba atención.
Él demoró unos segundos en reponerse y salir del aula, pero fue suficiente para perderla de vista.
Cuando comenzó la siguiente clase, ella había llegado temprano y ocupado su asiento de siempre... y a su lado no había lugares vacíos.
Pero esta vez, él, perseguido por el sueño de la última noche, estaba resuelto a buscarla en el horario del almuerzo, así que cuando la profesora de turno terminó su perorata, salió primero y la esperó.
-Hola, ¿te gustaría almorzar conmigo?- la voz de Alex rompió la burbuja de ensimismamiento de Lilian.
-Ah, hola... ¿te conozco?
-Pues quizá- se rió él -llevamos casi un año cursando juntos. Soy Alex.
-Oh, lo siento, no quise ser descortés, es que realmente nunca tengo mucho tiempo de hacer sociales...
-Entiendo, pero no respondiste mi pregunta... ¿almorzamos?
Lilian no podía sacar los ojos de la seductora sonrisa que tenía enfrente. Y sin saber por qué se escuchó decir.
-Claro, ¿por qué no?- aunque inmediatamente se corrigió -Ehm, lo siento, en realidad traje mi almuerzo, no voy a la cafetería... porque... ehhh... bueno...
-No te preocupes- Alex la sacó de su balbuceo- Compro un sándwich y nos sentamos en la plazoleta, el lugar es lo de menos.
-En ese caso, está bien, almorcemos.
Tal como dijo, Alex compró algo rápido y la acompañó, no quería que se arrepintiera. Estaba de suerte e iba a aprovecharlo.
El día estaba precioso y se sentaron en un banco bajo un árbol cuya sombra los protegía del sol del mediodía.
Al principio la charla no fue muy dinámica, pero a medida que agotaron los temas de cortesía y lugares comunes, se descubrieron dialogando más abiertamente.
Ella era inteligente, y contrariamente a lo que Alex había creído, también era muy graciosa.
Le contó que ese día no trabajaba, porque su jefe tenía que realizar unas diligencias en otra ciudad, así que pensaba dedicar esa tarde para ponerse al día con las materias de esa semana...
Lilian no se reconocía a sí misma. Ese ultra masculino y sexy hombre había desbloqueado, sin saberlo, la "chica" que todavía era. Tanto estudio y trabajo la hacían sentir a veces una anciana agotada, pero esos ojos azules, su perfume (¡alerta de feromonas!), y el sol jugando entre las luces y sombras del árbol con ese pelo claro y brillante... de repente no quería que se fuera. Se volvió locuaz, charlando de la universidad, de su trabajo (muy por encima, realmente el tema la avergonzaba). Y él parecía escucharla interesado... aunque había descubierto que sus ojos iban a su escote más seguido de lo que quisiera, en verdad no se ofendió por su deseo.
Ella también sentía esas cosquillas en el bajo vientre y descubrió, con un poco de pudor, que se había humedecido. "Pero si sólo estamos hablando... ay, cómo quisiera que esos dedos me rocen".
Alex le contó que trabajaba en una empresa de desarrollo informático, aunque omitiendo que era hijo del dueño (¿por qué lo hizo? Era lo primero que solía decirle a las chicas, garantía segura de poder llevárselas a su departamento... y a su cama), y que ese día también estaba libre (mintió, por supuesto, tenía libres seis de los siete días de la semana, iba cuando quería).
Por alguna razón se avergonzó un poco de su posición económica, al escucharla hablar, y supo que si decía la verdad, ella huiría. Tras un año observándola y deseándola, algo la conocía. Y no arruinaría la oportunidad que al fin había tenido de acercar posiciones a esa fortaleza... necesitaba entrar, literalmente.
Hacía semanas que soñaba con ese cuerpo lleno de unas curvas que podía adivinar bajo su ropa de segunda mano. Apenas anoche había soñado que lamía sus senos, color canela y salpicados de algunos lunares, imaginó sus pezones grandes y rosados, y en un gemido, se había despertado tan agitado, que tuvo que darse una ducha de agua helada.
-Bueno, tengo que ir a retirar unos libros en la biblioteca- la escuchó decir- Nos vemos otro día.
¡No! Se le escapaba de nuevo, no podía ser...
-Te acompaño, necesito unas fotocopias- mintió.
Entonces entraron juntos al edificio.
Se sentaron juntos en la biblioteca. Faltaba la última materia de la tarde, y ella tenía que terminar un trabajo práctico para presentar hoy mismo.
Él ya lo había entregado, pero fingió estudiar para el próximo examen, aunque la profesora lo amaba y ya tenía asegurado un diez.
Aprovechó para observarla leer. Se la veía algo cansada, pero nada que unas vacaciones no pudieran curar.
La imaginó en una cabaña, en las montañas, descansando desnuda entre mantas abrigadas... "oh bien, acá va de nuevo la fantasía" se autorreprimió al sentir la erección que comenzaba.
Lilian intentaba concentrarse en la lectura, y escribía en su laptop la monografía. Le faltaba sólo la última página, pero ya había leído unas cien veces el mismo párrafo sin poder avanzar. Lo percibía demasiado cerca y se descubrió sintiendo un deseo que le era desconocido. Si, alguna vez se había enamorado, y había pasado algunos años de novia con un chico amable, habían perdido su virginidad juntos y ella seguramente había disfrutado el sexo... pero esto era diferente. Un deseo que le arrugaba las entrañas y la hacía desconocerse. Se había querido escapar, pero él la siguió a la biblioteca y ahora estaba ahí, con esa intensidad azul que tenía en la mirada y ese olor, moriría por olerlo de cerca...
Al fin terminó el trabajo y lo envió por mail. Fingió seguir leyendo porque no se atrevía a moverse. No tenía idea de cómo continuar. Quería escaparse, pero también quería seguir cerca de él. Imaginó esas manos fuertes apretando sus contornos... ¿Cómo sería el sexo cuando no te arrastra más que la pasión, cuando te consumen el fuego y la humedad?.
De repente su fantasía se disparó. Estaba en el bar nocturno, trabajando. Su jefe no era su jefe, si no Alex.
El lugar estaba lleno, la música muy alta. Mientras servía tragos, ella deseaba moverse al ritmo de la música, estar del otro lado, si él pasaba detrás de ella la agarraba de las caderas. Si se encontraban de frente, él apoyaba sus manos en sus pechos.
Entonces, pese a toda la gente, él la agarraba desde atrás, mientras ella se apoyaba en la barra. Estaba nerviosa, no quería emitir sonido por la cantidad de clientes. Él levantaba despacio su pollera, rozando sus glúteos con los dedos y bajando sus bragas con los pulgares. Súbitamente uno de sus dedos entraba y salía varias veces de su hendidura, ya completamente húmeda. Se mordía para ahogar los gemidos en su garganta, mientras con sus dedos Alex hacía círculos en su pequeño botón.
De pronto el lugar estaba vacío y la música enmudeció, por lo que lo escuchaba decir su nombre con voz grave y cargada de deseo, antes de penetrarla sin darla vuelta, abrir el escote de su mini camiseta y agarrarla firmemente de sus pechos, con sus grandes y fuertes manos, que encajaban, tan perfectamente, mientras la embestía y el orgasmo se acercaba...
- Lilian, Lilian... ¿Estás bien?- su voz atravesó el velo de la fantasía y la sacó del sueño.
Se puso completamente roja y corrió al baño dejando sus cosas en la biblioteca.
Necesitaba refrescarse, acomodar su respiración, secar su entrepierna.
Nunca se había sentido así. ¿Lo habría visto él? ¿Acaso gimió en voz alta? ¿Cuánto tiempo pasó en ese extraño trance?...
Alex se había distraído apenas unos minutos con un mensaje en su móvil, levantó la vista para ver a Lilian, que estaba con la mirada perdida y los labios entreabiertos, como invitando a un beso... pero se había contenido para preguntarle si estaba bien. Por alguna razón que desconocía, ella salió corriendo dejando sus cosas.
Así que él guardó todo y la esperó.
Se quedó pensando en lo diferentes que habían sido sus vidas. Aunque él también tenía un trabajo que odiaba y sus padres aún no le perdonaban su negativa por continuar en la empresa familiar y su deseo de emprender por su cuenta.
Al menos no habían decidido desheredarlo, y a pesar de haber elegido buscar su camino, sus habilidades en la empresa eran innatas.
Sin embargo había preferido mudarse a un departamento, un poco menos ostentoso que la casa familiar, con la excusa de estar más cerca de la universidad.
Tenía dos hermanos menores, los mellizos, más que ansiosos de ocupar su lugar como herederos y que trabajaban exactamente en lo que su padre quería.
Alex tenía otras aspiraciones, le gustaba la idea de crear su empresa desde cero y quería seguir estudiando y especializarse en todo lo necesario para ello. No era un iluso, y aunque de pequeño se había fascinado por algunos conocidos de la familia que relataban sus esfuerzos por hacerse de un imperio mercantil, al menos si esperaba poder estudiar y encontrar su propio camino.
Sin embargo, la universidad había sido menos estimulante de lo que esperaba, por lo que había encontrado entretenimiento en sus estiradas compañeras de clase con cuerpos de modelos de pasarela, hasta que a comienzos de este año descubrió a Lilian y su pronunciado escote y redondeado trasero.
Lamentablemente, resultó ser tan escurridiza como sensual, y pronto descubrió que no sería tan fácil de pescar.
Sólo la veía en clase, siempre apurada, cada vez más cansada... y aún así, mientras más imposible parecía, menos podía dejar de imaginarse esas curvilíneas piernas rodeándolo mientras él se abría un camino a su interior...
Lilian salió del baño más repuesta y se encontró con él en la puerta de la biblioteca. Llevaba su bolso. Al escucharla, él levantó la vista y le sonrió... "ay, que me derrito".
-Perdón, tuve un poco de malestar, quizá la calefacción de la biblioteca. Gracias por guardar mis cosas. Tal vez será mejor ir a descansar a mi casa, total el trabajo ya lo envié por mail y la clase de la tarde es sólo un repaso.
-¿Estás segura? Se te ve algo pálida- mintió él- No parece buena idea que tomes un autobús en esas condiciones, no me perdonaría que te pase algo en el camino... ¿y si mejor te llevo en mi auto?...
Oh no, mala idea, mejor evitar los espacios cerrados con Alex al lado. Además, no quería que viera el lugar dónde vivía. No se avergonzaba de su pequeño hogar alquilado, pero la invadió el temor de que él pensara que había aceptado su acercamiento por interés.
La vio dudar, pero estaba decidido a no perder esta jugada:
-Si no quieres que te lleve a tu casa, y aún necesitas estudiar, podemos ir a la mía. Tengo todos los libros y así me aseguro de que te sientas realmente bien antes de ir a tu casa. Vivo cerca.
Lilian buscó desesperadamente en su mente alguna excusa, una que en realidad no quería encontrar, porque la idea de separarse de Alex, de ese aroma embriagador, se le hizo repentinamente dolorosa.
Podía decir que la esperaban, pero ya le había dicho que vivía sola. Podía decir que no se conocían lo suficiente, fingir una desconfianza que no sentía...
-Está bien, podriamos comprar comida y tomar algo juntos, repasar para las materias de mañana temprano...
-Perfecto, pero no es necesario comprar nada, en casa hay de todo- "Aunque ya tengo en frente lo único que quiero comer"- Seguramente te jugaron una mala pasada el hambre y el cansancio. Cuando te sientas mejor, te llevo a tu casa y listo. Aún es temprano. Vamos, mi auto está cerca.
Lilian difícilmente podía ocultar su nerviosismo y su ansiedad. El auto olía a Alex con mayor intensidad, y estaba confortable. Él estaba hablando sobre algo, pero no podía enfocar su atención... por suerte era cierto y vivía muy cerca, llegaron pronto a un lujoso edificio de departamentos, entraron al estacionamiento y bajaron del vehículo.
De repente ambos estaban nerviosos y en silencio.
Ella empezó a pensar que quizás no había sido tan buena idea, jamás había hecho algo así. Conocer a alguien, dejarse llevar por el deseo, ir a la casa de un hombre...
Alex se sintió nervioso cuando entraron al ascensor. Los minutos se le hicieron eternos mientras subían al último piso, conteniendo el impulso de acercarse a ella y besarla allí mismo, detener el elevador y arrancarle la ropa... aún no era el momento. Si había soportado tanto tiempo, bien podía esperar un poco más.
El departamento era realmente amplio, bien amoblado, aunque algo impersonal. Parecía salido de una revista, excepto por la biblioteca que enseguida llamó la atención de Lilian.
Él le pidió que se quitara el calzado e hizo lo mismo, tenía esa costumbre oriental y a ella le pareció genial.
El piso no era frío y se sintió confortable.
-Adelante, ponte cómoda en el sillón, enseguida traigo algo para que comamos y busco los libros.
-Bueno, gracias.
Alex fue a la cocina, y ella en lugar de sentarse fue directa hacia la biblioteca. Desde pequeña sentía un magnetismo especial por los libros, quizás porque era lo poquito que podía recordar de su infancia y de sus padres. Luego del accidente y al vivir con su abuela, los libros la siguieron acompañando, siempre fue la niña rara que leía mucho.
Alex tenía una hermosa colección, algunos eran ediciones casi imposibles de conseguir. Podría pasar ahí días enteros leyendo, era increíble. Envidió más esa biblioteca que cualquier departamento o auto de lujo.
-Lindos ¿no?- la interrumpió la voz de Alex -Algunos de esos libros me costó muchísimo conseguirlos, son mi pequeño tesoro.
-Es una bellísima colección, estoy fascinada.
-Gracias. Ahora ven, comamos algo.- Al escuchar eso, Lilian se dio cuenta que estaba realmente hambrienta. El almuerzo rápido había sido más que frugal y la noche anterior había llegado tan agotada que no había cenado. Notó con vergüenza el rugido de su estómago ante la mesita en la que se desplegaban unos café latte, sándwiches, croissant y frutas cortadas.
Comieron animadamente mientras conversaban de la universidad, se fueron relajando y sintiendo más cómodos.
La conversación se volvió personal, y ella le contó que desde el accidente de sus padres, cuando tenía cuatro años, había crecido con su abuela en un pueblito, hasta que decidió mudarse para poder estudiar.
Él le confesó sus sueños de empresario autosuficiente, y se rieron juntos al imaginar cómo serían sus empresas en el futuro.
Sin darse cuenta, sus cuerpos se habían ido acercando en el sillón, como atraídos por magnetismo y la mano de él se apoyó en la espalda de Lilian.
Instantáneamente ella sintió el fuego del contacto y lo miró. Los ojos de Alex brillaban con lujuria y leyeron el deseo en los de ella. Se atrevió a besarla y ella respondió entreabriendo sus labios. Entonces la tomó de la nuca y hundió su lengua profundamente en esa boca de labios rosados que hacía tiempo anhelaba. La besó hasta perder el aire mientras ella le devolvía la pasión con su anhelante lengua, cruzando sus manos detrás del cuello de él.
Aproximaron sus cuerpos, friccionándose uno contra el otro sin atreverse a separarse para quitarse la ropa. Hasta que la tela se les hizo intolerable. Él se separó de golpe, y se quitó la camisa. Ella miró embelesada ese cuerpo marcado que tan bien había adivinado, aún más perfecto que en su fantasía. Su piel dorada la invitó a acercarse con urgencia. Hábilmente, él desabrochó el pantalón de Lilian y se lo quitó en un movimiento rápido.
Se estaban dejando llevar, y a ella ya no le importó. Se quitó la camisa fucsia y él descubrió con placer que, tal como había sospechado, no llevaba sostén. Los grandes y firmes pechos canela estaban terminados con unos pezones prominentes y sonrosados. Él la tomó de las caderas y la sentó encima de sus piernas. Sopesó los senos con las manos y rozó los suaves botones con los pulgares. Ella dejó escapar un leve gemido, que se multiplicó cuando la lengua de Alex comenzó a lamérselos mientras sus manos viajaban entre los pechos y sus glúteos. El calor les iba creciendo en la entrepierna y ella comenzó a moverse rítmicamente, bajó sus manos y sintió la enorme erección debajo del pantalón. Así que, con más habilidad de la que se creía capaz, liberó el miembro y lo observó brillar con incredulidad y adoración. Alex abandonó momentáneamente el esmero con que mordisqueaba un pezón y apartó las bragas para sentir su sexo. Estaba tan húmeda y cálida, que metió un dedo y ella se retorció, así que metió dos y la penetró varias veces hasta que ambos estaban desesperados por acoplarse. Él la levantó de la cintura y la acomodó suavemente en su erección. Encajaban tan bien, que enseguida comenzaron un baile desesperado pero suave, gemían acompasados en una melodía invisible, él agarraba sus redondos glúteos con sus grandes manos, dejándola marcar el ritmo mientras hundía su cara en sus pechos. Cuando el ritmo fue aumentando y creciendo, soltó sus caderas y apretó y masajeó sus senos mientras la besaba. Quería prolongarlo, pero el deseo había sido tan intenso, tan urgente, que ninguno deseaba demorar el placer final.
Ella sentía la fricción, y el miembro empujando en su interior con un fuego que no había experimentado jamás. Se sabía llena, deseada, plena... tan mujer.
Como si estuvieran hechos uno para el otro, acabaron juntos, con intensidad. Él se sintió enceguecer y ella tuvo el orgasmo más intenso que pudiera recordar.
Abandonó su cuerpo y cuando volvió, Alex abrazaba su cintura y ella reposaba su cabeza en el hombro de él, llenándose de ese olor que la enloquecía y que el sexo había intensificado.