Maeve
"Has eliminado a Sophia del grupo"
Sarah: "¿Qué pasó?"
Dani: "Maeve, ¿dónde estás?"
Clau: "¡La voy a matar!"
El teléfono no paraba de vibrar en mi mano, y las lágrimas me dificultaban leer los textos de mis amigas. Mis manos temblaban tanto que tampoco podía responder. La pantalla se iluminaba constantemente con mensajes.
Sophia había sido mi mejor amiga desde que teníamos tres años. Ella había sido mi única constante en la vida, y ahora...
Una y otra vez volvía a la escena que desearía nunca haber presenciado.
Jonas me había escrito para pasar por su habitación de la universidad así nos poníamos al día. Estaba emocionada por verlo después de las vacaciones; habíamos pasado tiempo sin estar juntos.
Cuando llegué a su habitación, los sonidos que provenían del interior me detuvieron en seco.
Acerqué mi oreja a la puerta, y los gemidos se hicieron más fuertes. Me alejé, mirando la puerta con las cejas fruncidas y el corazón martilleando en mis oídos.
"¿Qué mierda? ¿Jonas? No, tal vez es Travis," pensé mientras sacaba mi móvil del bolsillo de la chaqueta amarilla que llevaba puesta. Busqué entre los contactos el número de Jonas y lo llamé.
Quedé inmóvil cuando el teléfono comenzó a sonar al otro lado de la puerta. Corté la llamada rápidamente y busqué el número de Sophia, llamándola de inmediato, sabía que necesitaba a mi mejor amiga después de la escena que le haría a Jonas.
Mis ojos se abrieron como platos cuando, al otro lado de la puerta, comenzó a sonar el tono de llamada que mi mejor amiga tenía para mí en su móvil.
"Maldita sea... No..." maldije en mi mente.
Intenté abrir la puerta, pero estaba cerrada o trancada con algo. En un arrebato de adrenalina, golpeé la puerta con toda la fuerza que pude reunir en mi cuerpo. Uno, dos, tres golpes, y la puerta cedió.
Caí dentro de la habitación, levantando la vista justo cuando Sophia saltaba de encima de Jonas, intentando cubrirse con una sábana.
-Eve... Esto no es lo que parece, -se atrevió a decir, envolviéndose con la tela blanca.
-Esto es una puta mierda... -dije levantándome, las lágrimas acumulándose en mis ojos. -¿Hace cuánto...?
-Solo esta vez... -susurró ella, al mismo tiempo que él decía:
-Tenemos tres meses saliendo... No sabía cómo decírtelo.
Me quedé mirándolos, mi mirada vagando de uno a otro. Tres malditos meses...
-¿¡Tan difícil era terminar conmigo!? ¿¡Decirme que estabas cogiendo con mi mejor amiga!? Son unos putos traidores... -les grité, desbordada de frustración y desesperación. -No te preocupes, ahora entendí el mensaje, terminamos... los tres...
La traición ardía en mi pecho, un fuego que quemaba cada recuerdo feliz que había tenido con ellos, juntos o por separado. El dolor se convirtió en una rabia intensa, casi paralizante, mientras observaba sus rostros llenos de culpa y tristeza.
Me giré y salí corriendo de la habitación, dejando que las lágrimas cayeran sin importarme las miradas de las personas que pasaban por mi lado. El dolor y la traición se mezclaban en mi pecho, convirtiéndose en una tormenta de emociones que me cegaba y me hacía correr sin rumbo fijo.
Terminé en el parque a pocas cuadras de la universidad, dejándome caer junto al árbol bajo el cual tantas veces nos habíamos juntado mis amigas y yo. Ahora, ese lugar que antes había sido un refugio de risas y confidencias, se sentía lleno de sombras y dolor.
Mi teléfono no dejaba de vibrar. Tenía llamadas perdidas de Sophia y Claudia. El maldito Jonas ni siquiera se había molestado en llamarme. Corté la llamada de Sophia y la bloqueé. Atendí la llamada de Claudia, intentando controlar mis sollozos.
-Amiga, sé que si la eliminaste del grupo es porque te hizo algo... ¿qué pasó? -fue su saludo en cuanto puse el teléfono en mi oreja.
-Los encontré a los dos... -aclaré mi garganta antes de continuar, sintiendo un nudo que amenazaba con ahogarme, -Sophia y Jonas, ¿puedes creerlo?
Un silencio se instaló al otro lado de la línea.
Sabía que Clau no me había cortado porque aún escuchaba su respiración, cada vez más acelerada. Estaba intentando dominar su temperamento, pero el enojo en su voz era palpable.
-Dime que la golpeaste, -dijo entre dientes, las palabras arrastradas por la rabia, -a ella o a él, no importa, pero dime, por favor, que corrió sangre...
Así era Clau, muy emocional e impulsiva.
-No, Clau, yo solo me fui... -dije encogiéndome de hombros, sintiendo el peso de la impotencia, -no podía seguir allí...
Sentí una ráfaga de viento en mi rostro, mezclándose con las lágrimas que no dejaban de caer, y cerré los ojos, tratando de contener el dolor que me desgarraba por dentro.
La escuché maldecir al otro lado de la línea, intentando controlar su respiración. Sabía que si no la distraía, Clau sería capaz de cazar a Sophia y Jonas por todo el campus, aunque tal vez se lo merecían.
-Estoy en el parque... -susurré al teléfono, levantando la vista. El atardecer teñía el cielo con sus tonos rosas y dorados, una belleza que contrastaba dolorosamente con mi estado de ánimo. -Necesito... necesito olvidar lo que vi...
-Estaré allí en unos minutos, -respondió antes de cortar la llamada.
Mientras esperaba, el parque parecía sumergirse en un silencio inquietante. Me sentí pequeña y perdida, como si el mundo entero se hubiera desmoronado a mi alrededor.
Miré mi teléfono una vez más, viendo las notificaciones de mis amigas que continuaban llegando. Las palabras de apoyo y consuelo de Sarah y Dani eran reconfortantes, pero no podían llenar el vacío que sentía dentro de mí.
El tiempo parecía arrastrarse hasta que finalmente vi a Claudia acercándose a paso rápido. Su rostro estaba marcado por la preocupación y la ira contenida. Cuando llegó a mi lado, me abrazó sin decir una palabra, dejándome sentir su calidez y apoyo.
-Vamos, -dijo finalmente, tomando mi mano y ayudándome a levantarme. -No dejaremos que esta mierda te destruya. Hoy nos olvidamos de todo.
Mientras caminábamos hacia su auto, la vi cliquear en su teléfono, y de inmediato el mío también sonó.
"Vamos al Craver por unos tragos", escribió en el grupo.
-Yo preferiría llorar en mi apartamento, pero esto suena bien, -le dije, forzando una sonrisa en mi rostro.
El Craver era nuestro refugio habitual para las noches de fiesta. El ambiente oscuro y ruidoso siempre nos ofrecía una bienvenida distracción.
-No tienes que fingir conmigo, Eve, -dijo mirándome, aún con furia contenida en sus ojos. -Pero mañana me agradecerás todo el alcohol en tu sistema.
Nos subimos a su auto, y ella me observó de arriba a abajo. Sus labios se torcieron en una mueca de desaprobación antes de girarse y pasarme una bolsa desde el asiento trasero.
-Que te hayan roto el corazón no significa que puedas andar vestida así. Cámbiate.
Me reí de sus palabras, ella siempre tan atenta.
Metí la mano en la bolsa y saqué un vestido de seda verde, unos tacones oscuros y un saco del mismo color. La textura de la seda se sentía fresca y suave contra mis dedos, una pequeña tregua al dolor emocional que me envolvía.
Haciendo malabares, me quité la ropa, tirándola al asiento trasero. En el momento en que quedé en ropa interior, un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Clau, notando mi incomodidad, encendió la calefacción mientras maniobraba para doblar a la izquierda. El calor comenzó a llenar el auto, dándome un consuelo necesario.
Me coloqué el vestido, la tela suave cubriendo mi cuerpo como una segunda piel.
-No debería usar sujetador con esto, -me reí, sacándolo y tirándolo con el resto de la ropa.
Clau soltó una carcajada, la primera risa genuina que había escuchado desde que mi mundo se había desmoronado. Su risa era contagiosa, y por un breve instante, el dolor pareció disminuir.
El vestido se ajustaba perfectamente, resaltando mis curvas de una manera que me hizo sentir más segura de mí misma, aunque fuera solo un poco.
-Eso es, cariño. Esta noche es para olvidar, y te aseguro que vas a brillar.
El Craver siempre estaba lleno de gente, un lugar donde las preocupaciones se desvanecían con cada trago. Al llegar, la música vibraba a través de las paredes, y las luces neón creaban una atmósfera electrizante.
-Vamos a olvidarnos de todo, -dijo Clau, bajando del auto y dirigiéndose hacia la entrada.
La seguí, decidida a dejar atrás el dolor, al menos por esta noche.
Maeve
Entramos al Craver y la música pulsaba a través de las paredes, envolviéndonos en una energía vibrante. Las luces neón teñían el ambiente de tonos cálidos y fríos, creando un contraste perfecto para olvidar las preocupaciones.
Al cruzar la entrada, vi a Sarah y Daniela esperándonos cerca de la barra. Ambas me abrazaron fuerte, transmitiendo su apoyo con cada apretón.
-Maeve, lo siento tanto -dijo Sarah, su voz llena de compasión y rabia contenida-. Haremos que esos dos traidores paguen.
Daniela asintió, con la misma determinación reflejada en sus ojos.
-Sophia y Jonas no saben con quién se han metido -dijo Daniela, apretando mi mano-. No te preocupes, estamos aquí para ti.
Clau apareció de repente con una bandeja de tragos, una sonrisa decidida en su rostro.
-Chicas, esta noche es para olvidar -anunció, repartiendo los vasos-. A la mierda los traidores. Vamos a disfrutar.
Tomé uno de los vasos y miré a mis amigas, sintiendo una calidez que contrastaba con el frío que había sentido antes. Levanté el vaso junto a ellas.
-Por olvidar, -dije, y todas brindamos antes de beber.
El alcohol quemó al bajar, pero trajo consigo una sensación de alivio. Pronto nos dirigimos a la pista de baile, dejando que la música se apoderara de nosotras. Los ritmos vibrantes y las luces danzantes nos envolvieron, y nos dejamos llevar por la energía del momento.
Bailamos como si no hubiera un mañana, moviéndonos al compás de la música, liberando todas las tensiones y frustraciones acumuladas. Sarah y Daniela se turnaban para hacerme reír con sus movimientos exagerados, mientras Clau giraba a mi alrededor, animándome a seguir.
La pista se llenaba de gente, pero para nosotras solo existíamos nosotras mismas. Bebimos, reímos y bailamos hasta que perdimos la noción del tiempo. Cada canción nos llevaba a nuevas alturas de euforia, y por un momento, todo lo demás dejó de importar.
-¡Vamos! Será divertidoooo... -insistía Dani mientras yo negaba con la cabeza, sintiendo la habitación girar levemente a nuestro alrededor. La música pulsaba a través de los muros del club, envolviéndonos en su ritmo hipnótico.
-Estamos demasiado peligrosas para ese juego borracho... -dije riéndome de mi error.
Mi mente estaba completamente nublada por el alcohol, una mezcla embriagadora que hacía que todo pareciera más brillante y distante al mismo tiempo.
-Essss fácil, -dijo Sarah llevándose otro vaso de algo a los labios. Habíamos tomado tanto que ya no sabía qué había en esos vasos, cada sorbo era una sorpresa más fuerte y ardiente que el anterior. -Verdad o retooo...
-Pero sin la verdad, -terminó por ella Clau, que no paraba de reír a mi lado. Su risa resonaba como campanillas, contagiando a todas nosotras con su alegría despreocupada.
Sí, estábamos locas, y éramos cuatro locas borrachas sentadas en un apartado del club, alejadas del bullicio pero no lo suficiente como para escapar del vaivén de las luces y la música.
-Está bien, pero prometan que nos vamos las cuatro juntas, -dije levantando mi dedo meñique para sellar la promesa. Mi voz se quebró un poco por la preocupación latente. -Estamos muy borrachas y cualquiera se podría abusar...
-Si estás pensando en esooo, -se rio Dani a mi lado, colocando su dedo con el mío, su aliento mezclado con el aroma a licor. -Es porque no estás lo suficientemente borracha...
A pesar de nuestro estado, todas prometimos irnos juntas, nuestras voces uniéndose en un juramento frágil pero firme.
-¡Yo empiezo! -Gritó Sarah, su entusiasmo brillando en sus ojos. -Clau, elige a la chica que más te gusta y consigue su número...
Clau se rio, su mirada buscando a esa chica en el lugar, sus ojos recorriendo la multitud con una determinación divertida.
-Bien, denme unos minutos... -dijo levantándose lentamente del sofá, su balanceo traicionando la cantidad de alcohol que había consumido. Con la vista fija en una chica de cabello rojo en medio de la pista, se acercó a ella con pasos decididos, intentando sin éxito disimular su borrachera.
Clau llegó a su destino, envolviendo a la chica en un abrazo inesperado. Ella se sobresaltó al principio, sus hombros tensándose, pero se giró rápidamente para ver quién se había acercado con tanta familiaridad. Su expresión cambió de indignación a una sonrisa coqueta cuando sus ojos se encontraron con los de Clau.
Le dijo algo al oído a la chica, sus labios apenas rozando su piel, y la chica sonrió, sus mejillas sonrojándose ligeramente bajo las luces multicolores del club. Tomó el teléfono que Clau le ofrecía y cliqueó en él con una sonrisa traviesa en sus labios.
Con una sonrisa triunfal, Clau volvió a la mesa sosteniendo el teléfono con su mano mientras lo agitaba como un trofeo.
-Pan comido... -dijo, dejándose caer en el asiento a mi lado, su respiración acelerada por la emoción del momento. -Mi turno, Sarah...
-¿Sí? -preguntó Sarah esperanzada, sus ojos brillando con anticipación.
-Coquetea con el cantinero para que nos dé unos tragos gratis, -le dijo, enarcando una ceja a modo de desafío.
-¡Hecho! -gritó Sarah entusiasmada mientras se levantaba de un salto, casi derramando su bebida, y corría hacia la barra, su risa burbujeante mezclándose con la música.
-¡Esa es una fácil! -gritó Dani entre risas, -lleva coqueteando con él hace meses.
-Bueno, quería asegurarme de que recibiéramos los tragos gratis, -rió Clau, su risa un bálsamo para mis nervios.
Todas observamos a Sarah hablarle al cantinero que la recibió con una sonrisa radiante en su rostro, sus movimientos ágiles y seguros mientras preparaba bebidas tras la barra.
No tardó ni cinco minutos en que Sarah volviera con los tragos para todas, sus manos cargadas con vasos que relucían bajo las luces del club.
-Woow, -dije antes de beber el trago de una sola vez, sintiendo el ardor descender por mi garganta, -eso fue rápido...
-Bueno, pero no fueron totalmente gratis... -sonrió Sarah con picardía, sus ojos centelleando con un brillo travieso, -aunque no me puedo quejar de la forma de pago que recibiré en unas horas...
Nuestro rincón estalló en carcajadas, el sonido mezclándose con la música y creando una burbuja de alegría. Se sentía tan bien estar así con mis amigas, una sensación de calidez y pertenencia envolviéndome.
-Mi turno, -dijo Dani, mirando alrededor con ojos calculadores. -Maeve, quiero que vayas con aquel apuesto chico y le robes un beso.
Miré al chico en cuestión, y quedé prendada con lo guapo que era. Parecía ser atlético, sus hombros anchos y su postura relajada, y bastante alto aunque estuviera sentado. Su cabello oscuro y desordenado enmarcaba su rostro anguloso, combinado con una barba cuidadosamente recortada que acentuaba su mandíbula fuerte.
Sonreí antes de pararme en busca de mi víctima, sintiendo un torrente de adrenalina mezclado con el alcohol.
Me acerqué a la mesa donde estaba el chico con otro más hablando, pasé mi mano por su espalda sintiendo la tensión por el acercamiento tan atrevido. Me paré frente a él mirándolo a los ojos.
Primer error.
Sus ojos eran de un color extraño, parecían verdes o tal vez grises, me quedé atrapada en su mirada. Una especie de hipnotismo parecía emanar de ellos, y por un momento olvidé dónde estaba y qué estaba haciendo.
Su amigo se aclaró ruidosamente la garganta devolviéndome a la realidad. Una realidad en la que parecía una completa psicópata acosadora.
-Lo siento... -me disculpé nerviosa, entrelazando mis manos delante de mí y bajando la mirada a su pecho.
Segundo error.
Tenía una camisa oscura, con los primeros botones desprendidos que dejaban ver un poco de su musculatura debajo. Tragué saliva apartando la mirada.
-Dime, ángel, -dijo él con voz dulce y grave, -¿qué necesitas?
Tercer error, aunque este no fue culpa mía, pero cuenta igual.
Su voz me envolvió como una manta cálida en una noche de invierno. Sentí que mis piernas se debilitaban ante ese tono profundo y atractivo.
-Ehm, yo... solo... -balbuceé, buscando desesperadamente una respuesta coherente.
Pero antes de poder decir algo más, mis piernas cedieron y me encontré cayendo hacia adelante.
En un instante, él me sostuvo antes de que pudiera tocar el suelo, y de repente me encontré en su regazo, completamente avergonzada y sin saber qué hacer.
Maeve
Mis manos se movieron instintivamente hacia sus hombros para sostenerme, podía sentir el calor de su piel a través de la tela de su camisa. Una sonrisa tímida en sus labios me hizo suspirar. Lentamente colocó una mano en mi rodilla y con movimientos firmes avanzó a lo largo de mi muslo, casi debajo de mí vestido, mientras se inclinaba hacia mí.
-¿Estás buscando problemas, ángel? -susurró en mi oído, su aliento cálido haciendo destrozos de mi sistema nervioso.
En un segundo recordé por qué estaba ahí. Reuniendo toda la valentía que podía tomé su rostro entre mis manos y lo besé.
Sus labios suaves y tan extrañamente reconfortantes me recibieron enviando una descarga eléctrica por todo mi ser. Dejé escapar un jadeo cuando me separé. Con su rostro sujeto entre mis manos me atreví a ver sus ojos. Brillaban con una emoción que no supe distinguir... ¿Enfado? ¿Anhelo? ¿Deseo?
No me quedé para averiguarlo. Me levanté rápidamente y corrí en dirección a mis amigas.
Las chicas estaban mirándome como si me hubiera salido otra cabeza.
-¡Hecho! -dije con una sonrisa arrogante en mi rostro.
Sarah se atragantó con su trago, mientras Dani y Clau intercambiaban miradas incrédulas.
-¿Qué? ¿Qué has hecho? -preguntó Sarah, poniéndose seria de repente.
-Besé al chico que me pediste que besara -respondí, disfrutando el impacto en sus caras.
Dani soltó una carcajada.
-¡No me digas que realmente lo hiciste! ¡Eres una loca! -exclamó, entre sorprendida y admirada.
Clau se inclinó hacia adelante, con los ojos entrecerrados.
-Y ¿cómo fue? -preguntó con curiosidad, como si estuviera evaluando la calidad de mi hazaña.
-Fue... interesante -contesté sonriendo, sintiendo aún el zumbido del beso en mis labios.
Las chicas se rieron a carcajadas, con una mezcla de incredulidad y diversión en sus ojos.
-Te vimos caerte -dijeron entre risas, casi ahogándose por la diversión, -por eso no sé si interesante sería la palabra correcta.
Sentí el rubor subiendo por mis mejillas. El alcohol nublaba mis pensamientos, pero aún así, sentí un poco de vergüenza.
-Y mucho menos fue... -continuó Sarah, pero se detuvo abruptamente, moviendo la cabeza para señalarme algo detrás de mí.
Me giré lentamente, sintiendo un nudo formarse en mi estómago.
Allí, parado detrás de mí, estaba el chico que había besado. Su presencia era imponente, su figura alta dominaba el espacio. Sus ojos, esos ojos que me habían atrapado antes, me miraban con una intensidad que me dejó sin aliento.
-Hola de nuevo, ángel -dijo con una voz que parecía acariciar cada nervio de mi cuerpo.
Las chicas se quedaron en silencio, observando la escena con asombro y curiosidad. Sentí mis mejillas enrojecer bajo su escrutinio.
-Hola... -respondí, intentando mantener la compostura, pero sintiendo que mis piernas temblaban ligeramente.
Él dio un paso adelante, cerrando la distancia entre nosotros. Podía oler su colonia, una mezcla de sándalo y especias que me embriagaba.
-No puedes simplemente besarme... -dijo sonriendo con picardía, -y salir corriendo.
-Bueno, fue solo un juego -intenté explicar, mi voz temblando un poco.
-¿Un juego? -repitió, arqueando una ceja. -Entonces, juguemos.
Antes de que pudiera responder, tomó mi mano y me guió hacia la pista de baile. La música pulsaba a nuestro alrededor, una melodía vibrante que se sentía como un latido compartido. Me atrajo hacia él, sus manos firmes en mi cintura, y comenzamos a movernos al ritmo de la música.
Su mirada no se apartaba de la mía, y el mundo alrededor se desvanecía, dejándonos a los dos en una burbuja compartida que parecía contener todas las respuestas y ninguna al mismo tiempo. Mi corazón latía desbocado, y la tensión en el aire era casi tangible.
-Así que, ¿qué hacemos ahora? -preguntó, su voz tan baja que apenas la oí por encima del latido de mi corazón.
No sabía qué decir. Parte de mí quería volver con mis amigas y olvidar que todo esto había pasado, pero otra parte, la más atrevida, quería quedarse aquí con él, descubrir qué había detrás de esa mirada intensa y esa sonrisa enigmática.
Antes de que pudiera responder, una risa estridente rompió el hechizo. Me giré y vi a Clau y las chicas mirándonos con curiosidad desde la mesa, obviamente disfrutando del espectáculo.
-¿Tus amigas? -preguntó él, siguiendo mi mirada.
Asentí, sintiendo un poco de vergüenza y diversión a partes iguales. Él sonrió de nuevo, pero esta vez fue una sonrisa más contenida, sus ojos fríos evaluando a las chicas.
-¿Vienes? -le pregunté, intentando no mostrar cuánto me importaba su respuesta.
-No, gracias -dijo él, su tono ahora cortante y distante. -Prefiero no unirme a... eso.
Su rechazo me dejó un poco desconcertada, pero antes de que pudiera responder, él dio un paso más cerca, acortando la distancia entre nosotros. Su mano rozó la mía, enviando una descarga de electricidad por mi piel.
-Pero... no estoy preparado para dejarte ir -susurró en mi oído. -Estás demasiado borracha para quedarte aquí. Déjame llevarte a casa.
Sus palabras se hicieron eco en mi mente, y me encontré asintiendo, intrigada por la confianza innata que sentía hacia este desconocido.
Saqué mi teléfono y envié un mensaje rápido al grupo de mis amigas: "Me voy con él. No se preocupen. Hablamos mañana."
Nos alejamos del Craver tomados de la mano, su agarre firme y cálido. Al salir a la calle, el aire fresco de la noche me despejó un poco la mente, pero todavía sentía el mareo del alcohol. Me guió hacia su auto, un coche oscuro y elegante que reflejaba la luz de las farolas.
-Sube -dijo con suavidad, abriéndome la puerta del pasajero. Me acomodé en el asiento, sintiendo el cuero fresco bajo mis piernas desnudas.
Él se sentó en el asiento del conductor y encendió el motor, la música suave llenando el silencio entre nosotros.
-Dime tu dirección -pidió, mirándome con esos ojos intensos que ahora parecían más cálidos.
Balbuceé algo, intentando recordar mi dirección exacta. Él se rió, un sonido bajo y dulce que me hizo sonreír a pesar de mi estado.
-Está bien, vamos a hacer esto de la manera fácil -dijo, tomando mi teléfono y buscando mi dirección en la aplicación de mapas. Cuando la encontró, la ingresó en su teléfono y comenzó a conducir.
Durante el viaje, intenté mantener mis ojos abiertos, pero el movimiento suave del auto y la música relajante me arrullaban. Sentía su mirada sobre mí de vez en cuando, y cada vez que lo hacía, me sentía más segura y protegida.
-Gracias por hacer esto -murmuré, mis palabras apenas audibles.
-No tienes que agradecerme, Maeve -respondió, su tono suave y dulce. -Quiero asegurarme de que llegues a casa a salvo.
Llegamos a mi edificio y él apagó el motor. Se bajó del auto y caminó hacia mi lado, abriendo la puerta para ayudarme a salir. Me sostuvo firmemente mientras caminábamos hacia la entrada.
-¿Puedes subir sola? -preguntó, la preocupación evidente en su voz.
-Sí, puedo -respondí, aunque no estaba completamente segura de mis palabras. Él me miró con escepticismo, pero finalmente asintió.
Al llegar a la puerta del edificio, traté de subir los escalones, pero mis piernas temblaban demasiado. Él puso su brazo alrededor de mi cintura para apoyarme.
-Está claro que no puedes subir sola -dijo con una sonrisa divertida. -Vamos, te ayudaré.
Nos movimos lentamente por las escaleras, él sosteniéndome firmemente mientras yo me apoyaba en él. El calor de su cuerpo y su presencia tranquilizadora me hicieron sentir más segura.
-¿Cuál es tu apartamento? -preguntó cuando llegamos al segundo piso.
-El 204 -dije, señalando la puerta al final del pasillo.
Nos dirigimos hacia allí y saqué las llaves de mi bolso con manos temblorosas. Él tomó las llaves suavemente de mis manos y abrió la puerta, guiándome adentro.
Me ayudó a llegar hasta el sofá y me senté, sintiendo el agotamiento de la noche caer sobre mí. Se agachó frente a mí, asegurándose de que estuviera cómoda.
Sus manos se movieron con cuidado hacia mis pies, y suavemente sacó mis tacones, dejándolos a un lado. El alivio inmediato que sentí al liberarme de ellos fue abrumador.
-Gracias -murmuré, dejando que mi cabeza descansara en el respaldo del sofá.
-Cualquier cosa por tí, ángel, -susurró mirándome con intensidad en sus ojos claros.