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Destino IMPUESTO

Destino IMPUESTO

Autor: : Francis Wil
Género: Romance
Janina y Sebastián, se ven obligados a hacer a un lado sus diferencias y afrontar las complejidades de una vida compartida, hasta que logran la libertad tan ansiada. Sin embargo, un acontecimiento inesperado, hace que, poco tiempo después, se vean forzados a enfrentar un pasado no resuelto y, las circunstancias, los obliga a vivir juntos nuevamente, pero ésta vez será por un motivo diferente al cual ninguno de los dos puede negarse. Se odian, deben vivir juntos, se separan y vuelven a vivir juntos, aunque no han dejado de odiarse, ¿qué puede salir mal?

Capítulo 1 Y hubo boda

Capítulo 1 -Y hubo boda

Narrador:

La majestuosa iglesia se erguía imponente, sus altas paredes resonando con un silencio expectante. De pronto las anchas puertas se abrieron de par en par para dar paso a Janina, la novia, envuelta en un inmaculado vestido blanco de encaje que fluía con elegancia, tal cual como si fuera una princesa. Un espeso tul cubría su rostro, ocultando así su mueca de dolor y sus ojos al borde de las lágrimas, no de felicidad sino de frustración. Avanzaba por el pasillo central, a paso lento pero firme, tomada del brazo de su padre. Bajo la atenta mirada de todos los presentes. Sebastián, impecable en su traje oscuro, la aguardaba en el altar con una mirada que oscilaba entre la resignación y la hostilidad. La boda, no era un enlace por amor y se convertiría en una actuación magistral para mantener las apariencias. Una vez que Janina estuvo frente a él, le cogió la mano que el padre le entregaba, trató de verla a través del velo, pero le fue imposible, la conocía, pero en ese momento sentía que no. Al cogerle la mano, pudo sentir como su cuerpo temblaba y lo único que atinó a hacer, fue ofrecerle una leve sonrisa tranquilizadora.

-Damas y caballeros -así iniciaba con suma solemnidad, el sacerdote la ceremonia -nos reunimos hoy para celebrar la unión en santo matrimonio de Janina Sandoval y Sebastián Mireles. Si hay alguna razón por la cual esta unión no deba llevarse a cabo, hable ahora o calle para siempre

Daniel, que era amigo y confidente de Janina, tuvo que morderse la lengua para no gritar que él estaba en desacuerdo, que ese matrimonio era una farsa, pero le había prometido a su amiga respetar la decisión tomada, y eso era justamente lo que haría. Así que un silencio tenso llenó la iglesia, ya que, al final, nadie habló

-Janina, ¿aceptas a Sebastián como tu esposo, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, por todos los días de tu vida? -a la joven le pareció más una sentencia que una pregunta

-Sí, acepto -aun así respondió con voz firme y mirada desafiante

-Sebastián, ¿aceptas a Janina como tu esposa, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, por todos los días de tu vida?

-Sí, acepto - respondió con una voz que resonaba con amargura y mirando a Janina con una sonrisa sutil que escondía algo de hostilidad

-Los declaro marido y mujer, que el hombre no separe lo que ha unido Dios

Aunque las palabras de aceptación resonaron en la iglesia, las miradas entre Janina y Sebastián revelaban un entendimiento claro, pero lleno de desdén. La ceremonia continuó, pero cada gesto, cada mirada, llevaba consigo el peso de la desdicha. Luego del intercambio de los anillos, llegó el momento del beso que sellaba la unión. Sebastián con suma delicadeza levantó el tupido tul que cubría el rostro de su, ahora, flamante esposa. La observó por un instante, los ojos de Janina develaban angustia y dolor, una lágrima rodó a lo largo de su mejilla, lágrima que Sebastián secó con un dedo en un gesto de ternura muy poco habitual en él. Trató de esbozar una sonrisa, pero en su lugar solo fue una mueca, se acercó lentamente, sin dejar de mirar directamente a los ojos a Janina, y apoyó sus labios sobre los de ella, pero no lo dejó allí, con su lengua se abrió paso sin piedad alguna. Sintió como la joven se desvanecía y la tomó por la cintura, sin separar sus labios. Cuando se detuvo, volvió a mirarla y sonrió satisfecho. Ella estaba sonrojada hasta el punto de arderle el rostro, pues hasta ahora ellos no habían tenido un contacto físico tan cercano y, el hecho de que él la besara y con tal intensidad, descolocó a la joven quien no se lo esperaba en lo absoluto. Al volver a la calma, también volvieron a la tensión entre ellos. Mientras la iglesia se llenaba de aplausos de los concurrentes, quienes estaban ajenos a la realidad de esa unión, Janina y Sebastián se dirigieron hacia el futuro, con un matrimonio que no era fruto del amor, sino de una compleja red de circunstancias y decisiones familiares que les eran ajenas. La recepción posterior fue un torbellino de brindis y felicitaciones, pero bajo las sonrisas ensayadas de los novios.

-Esto es una locura Sebastián -dijo Janina, susurrando con resentimiento, en un momento que estuvo a solas con él

-Sí, Janina, pero al menos no morirás en la miseria -le respondió devolviendo la mirada con hostilidad

Y así, bajos las luces brillantes y la apariencia de una feliz celebración, Janina y Sebastián se aventuraron en un matrimonio que desafiaba lo convencional. La hostilidad entre ellos crecía con cada palabra, cada gesto, marcando el comienzo de una unión forzada donde el desprecio era el telón de fondo de su incipiente vida. Al terminar el banquete, los novios, bajo los saludos interminables, se dirigieron al apartamento en el que vivirían de ahora en más. En la penumbra de la sala, la tensión flotaba en el aire cuando Janina rompió el incómodo silencio

-Esto es una farsa Sebastián -comenzó con voz firme -No lo olvides. No es un matrimonio real, y no voy a actuar como si lo fuera

-¿Y qué esperabas Janina? Ambos sabemos que esto no es por amor, es por conveniencia, así que no vengas con dramas

-No es drama, es realidad. Y yo dormiré sola, así que no te hagas ilusiones de que compartiremos la misma cama

-¡Oh! ¿eso crees? -la tomó firme de un brazo impidiendo que se escabullera -esto puede no ser por amor, pero tienes que cumplir con tu papel. Así que, acostúmbrate a mi presencia, porque no hay escapatoria

-Puede que no tenga opción en este matrimonio, pero si tengo el control de mi espacio. Así que buenas noches, Sebastián. Cada uno a su lado de esta farsa -y se soltó del agarre de su esposo

Con esas palabras, Janina dejó a Sebastián parado en medio de la sala, enfrentando la realidad de una unión que ninguno deseaba. La noche de bodas se convirtió en un reflejo sombrío de las complicaciones que los rodeaban, mientras el eco de sus palabras resonaba en la oscuridad, marcando el inicio de un matrimonio forzado lleno de desafíos y desencuentros.

¿Pero cómo llegaron a este punto dos jóvenes que se detestan y tienen toda una vida por delante?, vida que ahora se ven forzados a compartir

Capítulo 2 Un ególatra

Capítulo 2 -Un ególatra

Narrador:

En el animado patio de la casa, el hermano mayor de Janina la llevó hacia un grupo de amigos, para presentárselos, luego de la intensa conversación sostenida con su padre minutos antes de que sus amigos llegaran. Los jóvenes del grupo, al ver a su amigo acercarse con ella se diluyó, quedando solo Sebastián, su mejor amigo, es que nunca le dejaba solo por peor que fuera la situación

-Janina, quiero que conozcas a Sebastián, es un buen amigo mío

-Hola Janina, ¿cómo estás? -le dijo Sebastián con una sonrisa superficial y extendiéndole la mano

-Hola Sebastián, encantada de conocerte -respondió la joven tratando de ser amigable

-Ah, por fin conozco a la hermanita menor de la que tanto me ha hablado Max -dijo mirándola de arriba abajo -espero que no seas tan ruidosa como tu hermano -acotó con sarcasmo

Janina le sonrió de medio lado, mostrando así su enfado ante las palabras de Sebastián. Luego de la incómoda presentación, la joven se retira para reunirse nuevamente con sus amigas, quienes observaron todo desde un rincón del patio.

¡Janina, tienes que contarnos todo sobre el amigo de tu hermano! ¡Es tan apuesto y encantador! -le suplicó Rosalinda

¡Sí, tienes una suerte increíble! Deberías haber visto como nos miraba a todas – acotó Marisel

Chicas, no entiendo porque están tan emocionadas -respondió con expresión desconfiada – Sebastián es simplemente despreciable

-¿Despreciable? ¿Estamos hablando del mismo chico? ¿Viste esos ojos y ese cuerpo? -observó Carla

-Sí, lo vi -soltó cruzándose de brazos -pero es un ególatra y un cretino. No entiendo que encuentran de atractivo en él

-Janina, no puedes negar que es un sueño hecho realidad. ¡Incluso a mí me miró un par de veces! -continuó Marisel con un tono soñador

-Probablemente solo quiera alimentar su ego. Mi hermano me ha dicho que es un mujeriego. Chicas, no deberían ilusionarse ni caer en sus juegos de seducción -exclamó con desdén

-Pero es tan encantador... -dijo en un suspiro Rosalinda

-Pues no te dejes llevar por las apariencias Rosalinda -le interrumpió -hablé con él solo dos palabras y su actitud dejó mucho que desear. Es como un lobo con piel de cordero

Las amigas intercambiaron miradas divididas entre la admiración por Sebastián y la opinión crítica de Janina aunque las otras chicas suspiraban por él, Janina se mantenía firme en su percepción, consiente que la superficialidad de Sebastián superaba su apariencia atractiva.

-Anda, tienes que contarnos como convenciste a tu hermano de que te lo presentara, ¡es tan guapo y encantador! -continuó Rosalinda, ignorando el desprecio que demostraba Janina hacia Sebastián

-Deberías sentirte afortunada, todas estamos suspirando por él -se sumó Carla

-En serio, no entiendo porque están tan fascinadas con él, Sebastián es...es simplemente repulsivo

-¿Ahora también es repulsivo? -preguntó Marisel, pero no esperó respuesta de su amiga – ¿has visto esos músculos y esa sonrisa encantadora?

-Sí, sí que lo he visto, al igual que sus hermosos ojos azules -y redondeó los suyos -pero eso no cambia el hecho de que es un ególatra y un cínico. Intercambié dos palabras con él y eso bastó para que lo quiera lejos de mí, lindo y todo como es

-¡Oh, Janina!, no puedes estar hablando en serio. No todos los días conoces alguien como Sebastián

-No me importa lo guapo que sea -ahora ya un poco enojada -No quiero tener nada que ver con alguien tan vació y egoísta

-Bueno, cada quien con sus gustos -rezongó Rosalinda -pero sinceramente, creo que deberías reconsiderarlo ¡Sería tan emocionante salir con alguien como él!

Por el otro lado, Maximiliano, el hermano de Janina, se acerca a Sebastián esbozando una sonrisa curiosa

-Oye, Sebastián, ¿qué te pareció mi hermana Janina? ¿Hicieron buenas migas?

-Bueno Max -respondió Sebastián con una mueca de desinterés -es una chiquilla bastante rebelde y caprichosa. No le veo mucha gracia, ¿sabes?

-¿Rebelde?, ¿caprichosa? -preguntó sorprendido -¿de qué carajos estás hablando Sebastián? Janina es increíble, no puedo creer que no notaras su encanto

-¿Encanto? -agregó Sebastián -Lo siento Max -prosiguió encogiéndose de hombros -pero no veo ese encanto que mencionas. A demás no creo que tenga mucho potencial, honestamente

-No sé de qué estás hablando -respondió Maximiliano frunciendo el ceño -ella es inteligente, talentosa y tiene un carácter fuerte, eso es lo que la hace única

-Bueno, cada uno tiene sus opiniones, ¿no? Pero no sé si encajaría en nuestro círculo social. Es un poco...diferente -concluyó Sebastián con indiferencia

Maximiliano, visiblemente molesto, dejó claro que no compartía la perspectiva de Sebastián sobre su hermana, y el ambiente terminó tornándose tenso entre los dos. Antes de las presentaciones, en el elegante despacho de la mansión Sandoval, Maximiliano había tenido una conversación con su padre, donde le expresaba su resistencia cuando le planteó la necesidad de unir a Janina con Sebastián

-Maximiliano, la situación de las empresas es crítica. Necesitamos fusionarlas, y la única manera es a través del matrimonio de tu hermana con Sebastián. Necesito que me ayudes a que lo entiendan y acepten

-Pero papá -respondió frunciendo el ceño -no puedo simplemente entregar a Janina en matrimonio. No es justo para ella ni para Sebastián. No creo que tengamos el derecho de manipular sus vidas de esa forma

-Comprendo que no sea la situación ideal, Maximiliano, pero estamos hablando del futuro de nuestras empresas. Necesitamos esa fusión para evitar la ruina. Sé que es difícil, pero también sé que es necesario

-Sebastián es un cretino con las mujeres, él ama su libertad y por otro lado está Janina que siempre ha soñado con su príncipe azul, y convengamos que él no es precisamente eso. No puedo ser parte de algo que va en contra de su voluntad

-Entiendo tus preocupaciones, pero estamos hablando de la supervivencia, de todos, incluso de la de Janina. Sebastián tiene sus motivos para aceptar, créeme y, en última instancia, esto beneficiará a todos

-Está bien papá, haré lo que me pides, los convenceré de que lo hagan, pero quiero que sepas que no estoy de acuerdo con esto

-Lo sé, hijo, lo sé, a mí también me disgusta. Aun así, confío en que comprenderán la magnitud de la situación y tomarán la decisión correcta por el bien de las familias y las empresas

Capítulo 3 Despreciable

CAPITULO 3 - Despreciable

Narrador:

Janina recién había llegado de su clase de inglés, una de las últimas que tendría antes de ingresar a la universidad, pues ya estaba cursando los últimos días del último año. Se dirigió directamente a su dormitorio con la intención de darse una ducha y luego ponerse a estudiar. Y casi pudo lograrlo, pues luego de su ducha, cuando ya iba a sentarse en su escritorio para estudiar, su madre ingresa para interrumpirla

-Hola Janina

-Hola mamá, que raro tú en casa a ésta hora -le dijo con sorpresa

-¿Acaso tengo horario para estar en mi propia casa? -con el tono dramático que acostumbraba acompañarla -y se sentó al borde de la cama que se encontraba a la espalda de Janina

-No, ma, no es eso -y se volteó para quedar frente a ella -es solo que a ésta hora, estas en el club tomando el té y jugando, a lo que sea que jueguen, con tus amigas

-Hoy no tenía ganas

-¿Qué sucede mamá?

-Nada hija

-A mí me parece que sí y que es algo grave -ahora estaba realmente preocupada

-No es nada, tú no te preocupes, tu padre lo resolverá como siempre lo hace -trató de quitarle importancia

Janina, con los ojos inquisitivos, intentó sonsacarle más detalles a su madre. Sin embargo, la madre, conocedora del plan que se estaba tejiendo, se mantuvo en firme silencio. Con la certeza de que su esposo, con la habilidad que tenía para resolver complicaciones, resolvería la situación. Así que le sostuvo la mirada, dejando en claro que cualquier intento de Janina por obtener respuestas sería en vano.

-Tu solo preocúpate por tus estudios -y sonrió -hablemos de otra cosa

-¡Sí claro, mamá! -se acomodó en su silla -¿y de qué quieres hablar?

-No sé, cuéntame algo de ti, ¿qué has hecho estos últimos tiempos?

Cuando su madre empezaba así, sabía que había algo en específico que quería saber pero daría muchos rodeos antes de preguntarlo directamente

-Pues, no mucho, básicamente estudiar y prepararme, me quedan solo dos exámenes y termino el colegio para poder ingresar a la universidad

-Pero ve con calma, la universidad puede esperar

-¿Me estás hablando en serio mamá? -preguntó

La sorpresa en el rostro de Janina al notar que su madre, quien durante toda su vida había insistido en la importancia de que ingresara a la Universidad, ahora le restaba valor a ese logro. Los ojos de la joven reflejaban desconcierto mientras observaba a su madre, intentando comprender ese cambio de actitud hacia una meta, que hasta hace poco, había sido tan apreciada. La contradicción creó un desconcierto para ella, quien veía con claridad que las prioridades de su madre habían cambiado, lo que no sabía en qué rumbo lo habían hecho

-¿Y chicos? – Interrogó desviando el tema -El otro día te vi charlando en el patio con el amigo de Maximiliano

-¿El amigo de Max, cuál? No recuerdo -ella se estaba haciendo la tonta, pues sabía muy bien que su madre se refería al engreído de Sebastián

-El joven alto y tan buen mozo -pero Janina seguía tratando de hacerle creer a su madre que no sabía de quien estaba hablando, pero su madre era tonta solo cuando quería serlo -Vamos Janina, sabes muy bien de quien hablo, el chico bien vestido, al que aun así se le notaban los músculos por encima de la ropa, el que es hijo de uno de los socios de tu padre, de Ruperto Mireles

-¡Ah, tú hablas de Sebastián! – trataba de sonar sorprendida

-Sí él, es que te vi charlando con él tan amenamente y es tan guapo – suspiró – además tú ya estás en edad de merecer

-¿Edad de merecer? -y rió -¿qué terminología tan antigua es esa?

-Como sea Janina, te agrada o no

-A decir verdad hacía muchos años -hizo una pausa significativa, sus ojos se desviaron ligeramente, su frente mostró arrugas leves y sus cejas se fruncieron suavemente -en realidad creo que nunca – continuó – había conocido un ser... -la madre escuchaba atentamente a su hija -¿Cómo le diría... ¡Ah si!, un ser tan despreciable como Sebastián Mireles

-¿despreciable? – preguntó con sorpresa

-Sí mamá, despreciable. Es arrogante, cínico...simplemente no puedo soportarlo

Janina, vertió ante su madre una lista detallada de las razones por las que aborrecía a Sebastián Mireles. Desde su engreimiento hasta su actitud cretina, pasando por su reputación de mujeriego y su falsedad, cada palabra resonaba con la intensidad que la joven sentía. Cada adjetivo, cada descripción, pintaba un retrato vívido de las razones que la llevaban a odiar a ese hombre

-¿de dónde sacas esa opinión tan negativa de Sebastián? Él es un buen chico, de buena familia, conocemos a sus padres de toda la vida, deberías darle una oportunidad -acotó la madre tratando de suavizar un poco la situación

-No mamá, he presenciado su actitud y sus comentarios despectivos. No puedo ignorar como trata a la gente, incluso a Max, no sé cómo le soporta. No es alguien en quien pueda confiar

-¡Ay Janina! -La madre, sorprendida por la elección de palabras tan duras de su hija, frunció el ceño y continuó -La gente puede cambiar, quizás solo necesita alguien que lo comprenda

-No puedo creer lo que me estás diciendo...

-Mi ni*ña, a veces las primeras impresiones pueden ser engañosas. Dale una oportunidad de mostrarte su verdadero yo. Tal vez encuentres algo en él que aún no has visto hasta ahora

-Ma, entiendo que creas que Sebastián puede cambiar, tú eres muy crédula cuando se trata de personas. No puedo prometerte nada, solo que intentaré ver algo más allá en él de lo que me ha mostrado hasta ahora, que es bastante negativo.

-Hija, solo digo que no cierres la puerta tan rápido. Sebastián podría sorprenderte

-Lo pensaré, pero no puedo prometerte nada -dijo manteniendo, su postura, y asintió con la cabeza – ahora, por favor, necesito estudiar. Las finales están cerca y no quiero perder la oportunidad de ingresar a la Universidad

La madre se retiró de la habitación, dejando a Janina sumergida en sus pensamientos y en la tensión de los finales, pero también en su interacción con Sebastián, tal vez su madre tenía razón y era solo cuestión de darle una oportunidad. Lo que no entendía era porque, su madre, quien hasta ahora nunca se había metido en sus asuntos personales, ni en novios ni en amistades que ella elegía, tenía tanto interés en que Sebastián le agradara

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