Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Moderno > Destino Intercambiado en Mi Segunda Vida
Destino Intercambiado en Mi Segunda Vida

Destino Intercambiado en Mi Segunda Vida

Autor: : Yi Jian Zhong Qing
Género: Moderno
El olor a desinfectante y a muerte era el último recuerdo de mi vida. Morí sola, abandonada por un esposo al que mi madre eligió y denigrada por una familia que solo veía mi fracaso. Afuera, los fuegos artificiales celebraban el éxito millonario de Laura, mi hermana y la "genio" de la familia, quien me lanzó una última mirada de desprecio antes de abandonarme. Mi vida fue una comedia de errores, una "perdedora" a los ojos de todos, pero especialmente a los de mis padres, quienes me obligaron a tomar un sistema que lo garantizaba. Pero entonces, abrí los ojos. No estaba muerta, sino que había renacido justo el día en que todo comenzó, mi decimoctavo cumpleaños. Una voz mecánica resonó en mi mente, pero no era la que me atormentó; esta prometía un nuevo comienzo, un "Sistema de Genio" que me catapultaría a la cima. La ira y la humillación de una vida de invisibilidad y traición se transformaron en una claridad gélida: no solo renací, sino que renací con un propósito. Esta vez, las cosas serían diferentes; no más sufrimiento, no más ser usada. La venganza sería mía. Con una sonrisa interna, miré a Laura, ansiosa por su "Sistema Genial", y supe que un giro del destino, propiciado por mis propias manos, la llevaría a experimentar cada gramo del sufrimiento que yo padecí.

Introducción

El olor a desinfectante y a muerte era el último recuerdo de mi vida.

Morí sola, abandonada por un esposo al que mi madre eligió y denigrada por una familia que solo veía mi fracaso.

Afuera, los fuegos artificiales celebraban el éxito millonario de Laura, mi hermana y la "genio" de la familia, quien me lanzó una última mirada de desprecio antes de abandonarme.

Mi vida fue una comedia de errores, una "perdedora" a los ojos de todos, pero especialmente a los de mis padres, quienes me obligaron a tomar un sistema que lo garantizaba.

Pero entonces, abrí los ojos.

No estaba muerta, sino que había renacido justo el día en que todo comenzó, mi decimoctavo cumpleaños.

Una voz mecánica resonó en mi mente, pero no era la que me atormentó; esta prometía un nuevo comienzo, un "Sistema de Genio" que me catapultaría a la cima.

La ira y la humillación de una vida de invisibilidad y traición se transformaron en una claridad gélida: no solo renací, sino que renací con un propósito.

Esta vez, las cosas serían diferentes; no más sufrimiento, no más ser usada.

La venganza sería mía.

Con una sonrisa interna, miré a Laura, ansiosa por su "Sistema Genial", y supe que un giro del destino, propiciado por mis propias manos, la llevaría a experimentar cada gramo del sufrimiento que yo padecí.

Capítulo 1

El olor a desinfectante y a muerte llenaba mis pulmones.

Morí en un pequeño y sucio departamento alquilado, sola.

Afuera, los fuegos artificiales celebraban el éxito de mi hermana Laura, la genio de la familia, que acababa de conseguir un contrato millonario para la empresa familiar.

Mi esposo, el "joven adinerado" que mi madre eligió para mí, me había abandonado hacía mucho tiempo, después de que el "sistema de perdedora" me hiciera inútil para sus ambiciones.

Mi último recuerdo fue el rostro de mi hermana, sonriendo con desprecio mientras me miraba desde la puerta, antes de irse a su celebración.

"Siempre serás una perdedora, Sofía", me dijo.

Tenía razón.

Fui una perdedora toda mi vida, y morí como una.

Pero entonces, abrí los ojos.

La luz del sol entraba por la ventana de mi antiguo cuarto, el que compartí con Laura durante toda mi infancia.

Mi cuerpo se sentía ligero, joven, sin el peso del hambre y la enfermedad.

Estaba viva.

Reconocí la fecha en el calendario de mi escritorio. Era el día de mi decimoctavo cumpleaños. El día en que todo comenzó. El día de la Elección.

Una voz resonó en mi cabeza, una voz mecánica y fría que no había escuchado en años.

[El sistema se está reactivando... Bienvenida de nuevo, anfitriona.]

No era el sistema de "perdedora" que me había atormentado.

Era otro.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza, no de miedo, sino de una emoción fría y aguda.

Había renacido.

Esta vez, las cosas serían diferentes. No más sufrimiento. No más ser utilizada.

Esta vez, la venganza sería mía.

Escuché la voz de mi madre desde el pasillo, empalagosamente dulce.

"¡Laurita, Sofía! ¡Bajen, queridas! ¡Es el gran día!"

Mi hermana Laura entró corriendo a mi habitación, sus ojos brillando de emoción. Era hermosa y vibrante, la favorita de todos.

"¡Sofía! ¿Estás lista? Hoy voy a elegir el sistema de 'genio'. Papá y mamá dicen que con él, llevaré a nuestra familia a la cima".

Me miró esperando mi envidia, mi tristeza. En mi vida anterior, le habría dado exactamente eso. Habría llorado y le habría suplicado a mi madre que no me obligara a tomar el otro sistema.

Pero ahora, solo la miré con calma.

Vi la ambición en sus ojos, la crueldad apenas disimulada. Vi a la persona que me vería morir con una sonrisa.

Y por primera vez, no sentí dolor.

Sentí lástima.

"Claro, Laura", dije, mi voz sonando extrañamente tranquila. "El sistema de 'genio' es perfecto para ti".

Ella frunció el ceño, confundida por mi falta de reacción. Esperaba un drama, una escena.

"¿Y tú? ¿Qué vas a elegir?", preguntó, con un tono burlón. "¿El de 'ama de casa'? ¿O quizás el de 'persona común y corriente'?"

La miré fijamente, una pequeña sonrisa formándose en mis labios.

"No te preocupes por mí, hermanita", le dije. "Ya sé exactamente lo que quiero".

Ella no lo entendía. Nadie lo entendía.

En mi vida anterior, mi madre me obligó a tomar el sistema de "perdedora" para que no opacara a Laura. Ahora, yo dejaría que Laura tomara ese camino por sí misma.

El camino que la llevaría a experimentar cada gramo del sufrimiento que yo padecí.

Mi madre nos esperaba en la sala, con dos cajas idénticas sobre la mesa. Una brillaba con una luz dorada y tenue; la otra era simple, de un color opaco y sin adornos.

"Niñas, ha llegado el momento", dijo con una solemnidad falsa. "Laura, como la futura líder de esta familia, tienes el honor de elegir primero".

Miré a mi hermana, que observaba las cajas con codicia. Miré a mi madre, cuya sonrisa no llegaba a sus ojos.

Qué farsa.

Qué familia tan patética.

Pero esta vez, yo era la que tenía el control.

Capítulo 2

El desayuno fue una actuación que ya había visto antes.

"Laurita, come más fruta, es buena para tu cerebro de genio", decía mi madre, poniendo un trozo de papaya en el plato de mi hermana.

"Sí, mi niña, debes estar fuerte para hoy", añadía mi padre, sonriendo con adoración.

A mí me ignoraron por completo, como si fuera un mueble más en la habitación. Mi plato estaba casi vacío, pero nadie se dio cuenta. Nadie preguntó.

En mi vida pasada, esta indiferencia me destrozaba. Me esforzaba por llamar su atención, por conseguir una migaja de su afecto. Ahora, su desprecio era una confirmación. Me recordaba por qué estaba aquí.

Laura devoraba la atención, hinchándose de orgullo.

"No se preocupen, mamá, papá. Sé que tengo una gran responsabilidad", dijo con la boca llena. "Cuando elija el sistema de 'genio', compraré una casa más grande para nosotros. Y un coche nuevo para ti, papá".

"¡Oh, nuestra Laurita es tan considerada!", exclamó mi madre, con los ojos llorosos de falsa emoción.

Terminé mi café en silencio, observándolos. Eran predecibles. Sus motivaciones eran tan simples, tan transparentes. Dinero, estatus, poder. Y Laura era su boleto dorado.

Después del desayuno, mi madre nos condujo a la sala de estar con un aire ceremonial.

"Ahora", dijo, señalando las dos cajas sobre la mesa de centro. "El momento que hemos esperado".

La caja dorada parecía pulsar con una energía cálida. Era el sistema de "genio". La otra caja, la de color gris pardo, parecía absorber la luz a su alrededor. El sistema de "perdedora".

Los ojos de Laura estaban fijos en la caja dorada. Su respiración era agitada. Se lamió los labios, ansiosa por reclamar su destino.

Pero yo recordaba algo.

En mi vida anterior, mi madre me había dicho: "Sofía, eres la mayor. Deberías ser sensata. Deja que tu hermana tenga lo mejor. Tú toma la caja sencilla. Es lo que te corresponde".

Ahora, decidí usar sus propias tácticas en su contra.

Justo cuando Laura extendía la mano hacia la caja dorada, hablé con una voz suave y resignada.

"Laura, tienes razón. El sistema de 'genio' es para ti", dije, bajando la mirada como si estuviera a punto de llorar. "Toda la familia depende de ti. Es justo que tomes la caja dorada. Yo... yo tomaré la otra".

Hice una pausa, dejando que mis palabras calaran.

Laura detuvo su mano a centímetros de la caja.

Me miró con sospecha. Su naturaleza competitiva y su desconfianza hacia mí eran más fuertes que su deseo por el sistema.

¿Por qué se lo estaba cediendo tan fácilmente? ¿Había un truco?

Mi madre frunció el ceño.

"Sofía tiene razón, Laurita. Elige la caja dorada", dijo, un poco impaciente.

Pero mi sumisión había sembrado la duda en la mente de Laura. Ella siempre había tenido que arrebatarme las cosas. Mi aparente rendición la descolocó.

"¿Y si esto es una prueba?", murmuró Laura para sí misma, aunque lo suficientemente alto para que todos la escucháramos. "¿Y si la verdadera genialidad está en no elegir lo obvio? ¿En ser humilde?"

Era más estúpida de lo que recordaba.

Para rematar mi actuación, levanté la mano y señalé la caja gris.

"Yo... elijo esta", dije con voz temblorosa.

Ese fue el empujón final que Laura necesitó.

Si yo quería la caja gris, entonces debía tener algún valor oculto que ella no veía. No podía permitir que yo tuviera algo bueno.

"¡No!", gritó de repente. "¡Yo la elijo! ¡Elijo la caja sencilla!"

Con un movimiento rápido, apartó mi mano y agarró la caja gris, apretándola contra su pecho como si fuera el tesoro más grande del mundo.

"¡Laura, qué haces!", gritó mi madre, sorprendida. "¡Esa no es la correcta!"

"¡Cállate!", espetó Laura. "Sé lo que hago. Sofía quería engañarme. ¡Pero yo soy más lista!"

Mi padre parecía confundido, sin saber a quién apoyar.

Dentro de mí, una risa fría comenzó a burbujear. Funcionó. Funcionó a la perfección.

Mientras Laura abría la caja gris con manos temblorosas, mi mente se inundó con los recuerdos de mi vida anterior al abrir esa misma caja.

El sistema de "perdedora" se activó con un sonido bajo y deprimente.

[Sistema de Perdedora activado. Misión principal: sobrevivir. Tasa de éxito: baja.]

A partir de ese día, todo lo que podía salir mal, salía mal.

Suspendí exámenes para los que había estudiado durante semanas.

Tropezaba en la calle y me caía sin motivo.

La comida que cocinaba se quemaba o salía insípida.

Si buscaba trabajo, llegaba tarde a la entrevista por un atasco imprevisto o el entrevistador perdía mi currículum.

Mi vida se convirtió en una comedia de errores, pero sin la comedia. Solo los errores.

Mientras tanto, Laura florecía.

Con el sistema de "genio", se graduó con honores, fundó una empresa con el dinero de mis padres y se convirtió en la niña dorada de la ciudad.

Mi familia me trataba como una carga.

"Sofía, ¿no puedes hacer nada bien?", era la frase que más escuchaba de mi madre.

"Al menos tu hermana nos enorgullece", decía mi padre, suspirando con decepción cada vez que me veía.

Laura era la peor de todos.

Disfrutaba de mis fracasos. A menudo me "ayudaba" dándome consejos que sabía que saldrían mal, solo para poder reírse de mí después.

"Oh, pobrecita Sofía. Parece que la mala suerte te persigue", decía con falsa compasión.

El golpe final fue mi matrimonio. Mi madre me arregló un matrimonio con un hombre de una familia rica, pero oportunista.

"Es tu única oportunidad de tener una vida decente, Sofía. No lo arruines", me advirtió.

Al principio, mi esposo, Ricardo, fue amable. Pero pronto se cansó de mi constante mala suerte. Perdió dinero en inversiones que yo le sugerí sin querer. Tuvo accidentes menores cuando estaba conmigo.

Finalmente, me culpó de todo.

La última vez que lo vi, fue en nuestro pequeño apartamento. Estaba haciendo las maletas.

"Estoy harto de ti y de tu maldición, Sofía", me dijo, sin mirarme. "Laura me ha ofrecido un puesto en su empresa. Un puesto directivo. Ella sí que sabe cómo triunfar en la vida".

Me dejó sin un centavo.

Sobreviví durante unos meses con trabajos precarios, pero el sistema de "perdedora" hacía imposible que mantuviera uno por mucho tiempo.

Mi salud se deterioró.

Mi familia nunca me llamó.

La última visita que recibí fue de Laura. Entró en mi sucio apartamento, vistiendo un traje de diseñador y joyas que costaban más de lo que yo ganaría en cien vidas.

Miró a su alrededor con asco.

"Te lo dije, Sofía. Siempre serías una perdedora", dijo, su voz llena de un triunfo cruel. "Yo, en cambio, lo tengo todo. Ricardo está conmigo ahora. Es mucho más feliz".

Se dio la vuelta para irse.

Esa noche, mi cuerpo finalmente se rindió.

Un sonido metálico me trajo de vuelta al presente.

Laura había abierto la caja gris. Dentro, no había nada más que un simple anillo de hierro.

Una voz mecánica, la misma que me había atormentado, resonó en la habitación, audible solo para aquellos con un sistema.

[Sistema de Perdedora detectado. ¿Desea vincularse?]

Laura, pensando que había descubierto un secreto, se puso el anillo sin dudarlo.

"¡Sí!", exclamó con arrogancia.

El anillo brilló con una luz opaca y luego se apagó.

[Vinculación exitosa. Bienvenida, anfitriona Laura.]

La cara de mi hermana se contrajo en una mueca de confusión.

"¿Eso es todo?", preguntó, decepcionada.

Mi madre se llevó las manos a la cabeza, al borde de un ataque de pánico.

"¡Tonta! ¡Has elegido el sistema equivocado! ¡Has arruinado todo!"

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022