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Destino de amor, bajó el velo del acuerdo

Destino de amor, bajó el velo del acuerdo

Autor: : Pamela ant
Género: Romance
Sapphira Valmont, Es una chica que corriendo tras el amor de su vida, llega a otro país, descubriendo que este le es infiel. Con el corazón roto, y sin tener como regresar, decide iniciar desde cero, conociendo en el proceso a un millonario bastante arrogante, el cual no soporta. Por azares del destino, este es nada más y nada menos que el jefe de su hermano mayor, el cual casualmente necesita una novia falsa para reclamar la dirección de la cadena hotelera familiar por petición de su abuelo.Sumergiéndose en una fascinante farsa de noviazgo por contrato, inician una relación, y pasando del odio al amor en cuestión de días, descubren que fingir no ha sido tan malo después de todo.

Capítulo 1 Descubriendo el engaño.

Capítulo 1 - Descubriendo el engaño.

Narrador.

Reteniendo un poco de aire, Sapphira solo observó a los lados, y pensando que era una verdadera locura lo que estaba por hacer, elevó su mano temblorosa, para tocar la puerta frente a ella, de la cual salió su hermano Julián unos segundos después.

-¡Sapphira! ¿Qué haces aquí?

Preguntó el chico, apenas la vio, con una mezcla de preocupación, pero también de alegría, al ser tomado por sorpresa; ya que esperaba que ella se hallara a más de dos mil millas de distancia, y no allí frente a él.

-¡Sorpresa!

Alcanzó a decir Sapphira sonriendo nerviosa sin nada más que agregar; mientras abría sus brazos esperando un abrazo que no llegó, todo lo contrario por la cara de Julián, presentía que le esperaba un gran regaño.

-¿En serio te has vuelto loca? ¿Cómo se te ocurre venir sin siquiera avisar?

Abriendo su puerta, él le dio a entender que no la echaría, y haciéndose a un lado, le señaló seguir para entrar al pequeño lugar.

-No me regañes, hermanito, quise venir a verte.

Ingresando, Sapphira contempló el hogar de su hermano mayor, el cual solo era un pequeño departamento, con una cocina, una habitación, y una pequeña estancia en donde se hallaban.

-¿Cómo será que no te creo? Será porque sé que tu llegada repentina se debe a Patricio.

Y ciertamente así era, por causa de su novio, quien llevaba semanas sin responder sus mensajes, es que ella, en un ataque de desesperación, agarró sus pocas pertenencias y emprendió el viaje a otro país.

-Bueno, tienes razón, pero es que... Julián, entiende, Patricio, y yo somos novios; lo menos que podía hacer era venir a apoyarlo.

Sapphira solo trató de convencerlo, y ganándose una mirada de muerte, supo que él no estaba de acuerdo con ella.

-¡Mira, Sapphira! Patricio es un imbécil que no piensa más que en él mismo. ¿Cómo se te ocurre venir así? ¿Si te hubiese sucedido algo en el camino?

El reproche de Julián, salió cargado de ira, pero también de preocupación, y escuchando cómo se expresa de Patricio, Sapphira supo que él no lo quería en lo absoluto.

-Pero no me pasó nada, y aquí estoy. Bien, y a salvo. Yo creo que ya estoy grande como para saber qué me conviene o no, y Patricio, Julián es el amor de mi vida.

Esto lo dijo llena de ira al no ser comprendida, y empuñando sus manos tratando de contenerse, permaneció en silencio a la espera de una respuesta que llegó enseguida.

-¿Bueno, entonces por qué no lo buscas a él? Porque si él es el amor de tu vida, no estás a su lado, sino aquí frente a tu hermano, el amargado.

Sapphira sintió que un nudo en su garganta se formaba, y bajando su rostro, sintiendo vergüenza, tragó, esté un instante después para musitar.

-Porque no tengo ni la mínima idea de dónde vive.

Cuando Patricio dejó de responder, era poco lo que ella sabía de su nueva residencia, y arriesgándose, pensando que el amor era mutuo, ella se aventuró sin saber que fracasaría en su búsqueda.

-¡Queee! ¿Cómo se te ocurre venirte así? ¿Si no me encontrabas, Sapphira, qué ibas a hacer?

Julián, lleno de ira, empezó a caminar por la pequeña estancia, y deteniendo su andar justo frente a ella, permaneció en silencio, en espera de una respuesta.

-Pensaba buscarte en tu trabajo. Sabía que no me dejarías en la calle.

Su voz salió en un hilo casi inaudible, y pasando las manos un par de veces por su rostro, Julián pensó que su hermana estaba mal de la cabeza como para hacer algo como eso, arriesgando su vida.

-¿A mi trabajo? De verdad, cada día me sorprendes más. Sapphira tienes 21 años, no 12, deja lo cabeza hueca y piensa un poco. Te amo, eres mi hermana, pero creo que no estás pensando con el cerebro. Patricio es un imbécil, él no te quiere, y tú eres la única que no lo nota.

En ese momento, cegada por su amor, Sapphira le hizo frente a su hermano, y mostrando la ira que recorría su cuerpo, respondió sin pensarlo.

-¡No voy a permitir que hables así de él, Julián! Lo amo, y debes aceptarlo.

Sapphira creía que su hermano solo juzgaba a Patricio sin conocerlo, sin tomarse el tiempo para saber más de él, y deseando demostrarle lo equivocada que estaba, él espetó.

-¿No? Bueno, vamos y te muestro.

Julián, con desespero, solo tomó la mano de su hermana, y sacándola a rastras del lugar, la guio a la calle, en donde se hallaba el auto que conducía, dentro del cual la empujó para mostrarle la cruel realidad.

-Te mostraré quién es en realidad Patricio.

Murmuró colocando este en marcha, y conduciendo en completo silencio por las abarrotadas calles de la ciudad, un par de minutos después llegaron a su destino. Un edificio de 4 plantas, de fachada desgastada, en uno de los peores lugares de la ciudad.

-¡Baja, Sapphira!

Espetando entre dientes, Julián ordenó a punto de perder la paciencia, y viendo que si se oponía todo sería peor, Sapphira, no tuvo otra opción que salir, con su rostro bajo, producto del temor.

Entrando el pequeño edificio tras de él, ella notó las paredes desgastadas, y la situación precaria del lugar, y deteniendo sus pasos frente a una puerta con el número 5, él le ordenó.

-¡Toca! ¡Toca fuerte!

Sapphira presentía que lo que hallaría allí, le rompería el corazón, y elevando su mano temblorosa, sin nada más que hacer, impactó la madera con sus delicados nudillos.

-¿En qué puedo ayudarla?

Un par de segundos después, luciendo una camisa de Patricio, la cual conocía ella a la perfección, ya que fue su obsequio de cumpleaños la última vez juntos, salió una chica de piel blanca, y ojos azules, y sintiendo sus ojos cristalizarse, Sapphira supo que él la había engañado.

Capítulo 2 Empezar de cero.

Capítulo 2 - Empezar de cero.

Narrador.

-¿Patricio se encuentra?

Preguntó Julián desde las espaldas de Sapphira al ver que la pobre se había quedado sin palabras, por lo que acababa de descubrir, y tras sonreír con modestia, la chica solo se fue para indicarle al antes aludido que lo buscaban.

-¡Un momento! ¡Ya voy!

Saliendo tiempo después, desconociendo quienes preguntaban por él, Patricio salió cubriendo su desnudez solo con una toalla; y quedándose helado al ver a Sapphira, su novia, él solo musitó.

- ¿Sapphi? ¿Qué haces aquí?

Con sus ojos cristalizados, las palpitaciones de su corazón aceleradas, Sapphira, se obligó a respirar profundo para no llorar, y tensando su mandíbula, una vez, supo que no lo haría, respondió.

-Vine a verte, Patricio. ¿Por qué no te alegras?

Su voz salió en un siseo, cargado de ironía, y manteniéndose en silencio, sin decir nada más. Él solo bajó su rostro al ser descubierto por la mujer que decía amar.

-¡Patricio! ¡Amor, la comida está lista!

Tras gritar desde el interior del departamento, la amable chica salió de nuevo en busca de Patricio, y sonriendo, sintiendo su corazón hacerse trizas, Sapphira camino a la salida, siendo seguida por su hermano, quien se sentía fatal por lo que acababa de hacer.

-¡Sapphi! ¡Sapphi! Por favor, detente.

Corriendo tras ella, Julián la llamó en varias ocasiones, y dejando las lágrimas caer, al creer ser una ingenua, Sapphira se detuvo una vez llegó a la calle.

Sí, como una estúpida, así se sentía Sapphira Valmont, al salir de su país detrás de un hombre, por el que recorrió miles de millas, mientras que el muy sínico solo se hallaba disfrutando de un día de comida con su novia de turno.

-Te dije que Patricio es un imbécil, no vale la pena que llores por él.

Llegando a su lado, su hermano solo la abrazó, y escondiendo su rostro, en el pecho de Julián, Sapphira se permitió llorar.

-Pero... Yo lo amo, Julián.

Musitó, sin dejar de llorar, aferrándose más a ella, él solo respondió.

-Lo sé, pero ya no puedes hacer nada, lo único bueno es que estás aquí. Así que al levantar esa cabeza, no hay tiempo de echarse a morir.

Separándose de ella, Julián se quedó observándola, esperando una respuesta, y sorbiendo por su nariz. Al ver que él tenía razón, ella solo limpió sus lágrimas.

- Tienes razón, Patricio, no vale la pena, así que dime qué puedo hacer para ayudarte.

Sonriendo ampliamente al ver que esa era la Sapphira que él había criado tras la muerte de su madre cuando apenas era una adolescente, Julián la guio al auto de regreso, y subiéndose a él, un poco más tranquila, empezó a explicarle.

-Primero debes buscarte un trabajo, no podemos vivir solo de mi sueldo.

Eso Sapphira lo comprendía, la vida en la gran ciudad era muy costosa, y depender de su hermano no podía, cuando ya ella era toda una mujer.

- ¿Alguna idea por dónde buscar?

Preguntó verdaderamente interesada, y deteniendo su auto un par de minutos después, frente al pequeño departamento en el que vivía, Julián respondió.

- Déjame ver, tal vez Yeni me pueda ayudar a conseguirte algo, pero mientras me voy al trabajo. Solo te pediré una cosa. No te metas en problemas, por favor.

Al escucharlo, una sonrisa se formó en los labios de Sapphira, y asintiendo con su cabeza, se bajó del auto para que su hermano pudiese ir a trabajar.

- Nos vemos en la noche, te quiero, Sapphi...

En ese momento, al ver a Julián partir, un enorme nudo se formó en su garganta y rompiendo en llanto fuera al departamento, Sapphira intentó desahogarse por el dolor que sentía.

Ella no comprendía cómo él había sido capaz de hacer algo así, tantos planes que tenían, tantos sueños, y todos, Patricio solo los arrojó por la borda, solo por otra mujer. Ahora todo tenía sentido, desde hacía tiempo que él se hallaba frío, y distante, y esta era la verdadera razón. Sapphira solo quería llorar, sacar todo lo que tenía atascado en el pecho, ya que pensaba que solo así, podría cerrar ese ciclo doloroso.

Porque así fuese lo último que Sapphira hiciera, de que lo sacaba de su corazón lo sacaba, ahora su objetivo era encontrar un empleo y ayudar a Julián, para quien no sería una carga, nunca lo había sido, desde la muerte de su madre que les tocó trabajar duro para salir adelante, mucho menos lo haría ahora

Durante el resto de la tarde, Sapphira ordenó el pequeño departamento, el cual era un verdadero caos, y cayendo la noche, cuando la luna se posaba en lo alto del cielo, Julián llegó, trayendo consigo una noticia alentadora, la cual alegró a su hermana.

-Te traigo una buena noticia... Te encontré empleo; empiezas mañana mismo.

Con una sonrisa, Julián le explicó, y caminando hasta él un poco más tranquila, Sapphira solo lo abrazó.

- Gracias, hermano, de verdad te lo agradezco.

De esa manera, sin decir nada más, los dos permanecieron por un instante, y separándose de ella tiempo después, él empezó a explicarle.

- Es algo sencillo, Sapphi, solo debes ayudar a una amiga de Yeni a atender una tienda de antigüedades, no es algo complicado y lo mejor, la paga es buena.

Algo ansiosa, ella solo asintió, y esperando que el otro día llegara, ella apenas pudo conciliar el sueño, nerviosa por lo que le esperaba.

- ¿Asustada?

De camino a su nuevo trabajo, al cual la llevaba su hermano, tras ayudarlo en casa, Sapphira jugaba con sus manos, y asintiendo al ver que él la conocía muy bien, ella vio cómo el auto se detuvo fuera a la tienda de antigüedades.

- No tengas miedo, eres una chica brillante, y sé que todo saldrá bien.

Depositando un leve pellizco en su mejilla él le indicó seguir, e ingresando a la vieja tienda, un par de objetos llamaron su atención, pero ella no los tocó, todo lo opuesto se centró en llegar al mostrador, en donde los recibió, una señora mayor de unos 50 años, pequeña, cabello castaño, ojos grandes y oscuros, la cual se veía muy conservada.

- Buenos días, ¿puedo ayudarlos?

Preguntó con una pequeña sonrisa, la cual transmitía dulzura, y adelantándose para hablar, es Julián quien le cuenta que se encuentran allí por el empleo.

- ¿Ella es Sapphira?

Preguntó la señora, sabiendo que ella estaría allí al otro día, y extendiendo su mano, algo nerviosa, Sapphira se presentó muy asustada.

- El placer es mío, mi nombre es Rocío, y esperó que podamos trabajar en armonía, como dos grandes amigas.

Capítulo 3 Luz Verde

Capítulo 3- Luz Verde

Narrador

Por suerte, el primer día de Sapphira salió mejor de lo que ella pensaba. Rocío era una excelente mujer, dulce y muy cariñosa, que la guio en su primer día haciendo la situación más amena.

El día fue algo movido, clientes entrando y saliendo a cada minuto, por fortuna la tienda quedaba a un par de cuadras del departamento de Julián, así que para no ser una molestia para su hermano, ella decidió que se iría caminando a casa, así poco a poco iría conociendo la ciudad, y en cierta parte esto la ayudaría a pensar las cosas que habían pasado recientemente, ahora que todos sus planes con Patricio se habían ido por un tubo, necesitaba establecer prioridades para así no continuar siendo la niña tonta que todos creían.

Sapphira se encontraba tan metida en sus pensamientos que mientras caminaba, tropezó con un par de personas, las cuales le dijeron un par de insultos que ignoró por completo; hasta que de un momento a otro, cuando estaba por pasar la calle, un auto deportivo golpeó su pierna levemente, haciéndola perder la estabilidad, enviándola directo al pavimento, con el cual se golpeó la cabeza.

El golpe fue pequeño, seco, pero lo suficientemente fuerte como para lograr aturdirla, y permaneciendo en el mismo punto en el que cayó, ella escuchó como algunos autos pitaban, y las personas murmuraban; por desgracia debido al golpe no podía levantarse, y notando como una figura masculina bastante alta se colocaba de pie a su lado, escuchó decir.

-¿Eres ciega niña? ¿Acaso no ves la luz?

Aturdida, Sapphira solo frunció su entrecejo, sintiendo el dolor intensificarse, y permaneciendo en el mismo lugar, solo respondió.

-Y tú, un imbécil, ¿no puedes pisar el bendito freno?

Llevando las manos a su cabeza, ella intentó calmarse al sentir que esta empezaba a dar vueltas, y tomando asiento en el suelo, trató de estabilizarse para colocarse de pie

¿Qué pensaría la gente de ella? ¿Qué era una tonta que no se había fijado en un simple semáforo?

-Creo que aquí el error fue tuyo, la luz está en verde, así que la equivocada eres tú

Respondió el hombre con un tono cargado de arrogancia, y enfocando su visión en él, Sapphira notó unos hermosos ojos grises que no dejaban de observarla detenidamente.

-¡Ja, Ja, Ja, no me digas! Imbécil.

Riendo con ironía, se colocó de pie con la ayuda del desconocido que le extendió su mano, mientras que su cabeza aún no dejaba de dar vueltas.

-Creo que no te pasó nada, es una suerte, no me hubiese gustado llenar mi auto de sangre.

Espetó el hombre apuesto, haciendo que la sangre de Sapphira empezara a arder. ¿Quién se había creído él como para ofenderla de esa manera? ¿Acaso su vida no valía de nada?

Tratando de controlarse, ella observó bien quién intentó matarla, y notando que era un hombre bastante apuesto, pero arrogante, ella siseó entre dientes.

-¡Vete a la mierda! Grandísimo idiota.

Sin siquiera esperar respuesta, sapphira empezó a caminar molesta, y dejando al hombre que casi la mata detrás de ella con una enorme sonrisa en el rostro, se dispuso a alejarse de él.

El camino a casa fue algo complicado, por el hecho de que no recordaba bien dónde era, y a eso había que sumarle que después del golpe se encontraba algo aturdida.

Ella entendía que había sido su culpa el incidente con aquel hombre, por pasarse la luz sin siquiera mirar; aun así, no podía creer, que él no hubiese podido pisar el freno, sino que pensaba que lo había hecho a propósito solo para arrollarla.

Por suerte, y con algo de dificultad, Sapphira, logró llegar al departamento de Julián, en el cual apenas abrió la puerta, lo encontró. Para su desgracia, apenas entró, este notó la mano en su cabeza, y apresurándose a revisarla, vio que se había golpeado, alarmándose enseguida.

-¿Qué te pasó, Sapphira? ¿Quién te lastimó así?

Preguntó, fijando sus ojos oscuros en ella, los cuales la hicieron confesar la verdad.

-Que apenas llegué ayer, y un imbécil de aquí, casi me arrolla con su auto perfecto, y reluciente.

Respondiendo con ironía, Sapphira le contó a Julián, y empezando a revisar de cerca el golpe, él solo la reprendió.

-Sapphi, tienes que tener cuidado, esta ciudad es de locos, aquí la gente vive a toda prisa y conociéndote venías distraída

Al ver que estaba bien, que solo fue un golpe, Julián se acercó al refrigerador, y sacando una bolsa de hielo, se la tendió para tratar de bajar el hematoma.

-Tienes razón, hermano, me pasé la luz verde, pero es que no entiendo, la gente aquí como que no usa los frenos.

Julián solo se encogió de hombros ante su respuesta, y llevando la bolsa a la zona afectada, ella se preparó para la reprensión que seguía.

-Ahí está, ¿Cómo se te ocurre pasar una luz verde? Dale gracias a Dios, que no estás muerta, por tu imprudencia.

Rodando sus ojos, Sapphira sabía que él iniciaría, y pareciéndole aún increíble que el otro tipo no la haya visto antes de frenar, soltó.

-No exageres, Julián, no creo que sea para tanto, lo único que agradezco al cielo es que no volveré a ver a ese imbécil, nunca más, porque si no... No respondo.

Luego de durar toda la noche con la bolsa de hielo sobre su cabeza, por órdenes de Julián, Sapphira se dedicó a dormir, esperando que al otro día no amaneciera con un enorme morado en su frente; por qué si no, no imaginaba qué debería hacer para cubrirlo para ir a trabajar.

Ella apenas iniciaba, y por nada del mundo podía perder lo único que había obtenido desde que llegó.

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