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Destinos Entrelazados: El Alfa y la Omega

Destinos Entrelazados: El Alfa y la Omega

Autor: : Sayi Wolf
Género: Hombre Lobo
Él es un alfa líder de la manada Zahk y ella una simple omega, a pesar de ser de dos mundos diferentes el destino buscara unirlos de la manera más extraña moviendo sus cartas a su merced. Que pasara cuando estos dos finalmente se encuentren y una serie de diversos acontecimientos buscara provocar su paciencia e incluso su existencia hasta el punto tal de estar envueltos en una guerra en la cual no pidieron estar. Te invito a que lo descubras...

Capítulo 1 Prefacio

Mi vida es un completo embrollo capaz de enloquecer hasta la persona más cuerda.

Yo no tengo familia, ni patria, ni mucho menos manada con la cual convivir, pues todo una vez se me fue quitado.

Yo soy una simple omega solitaria, que viaja de ciudad en ciudad creando historias con las que intento rememorar mi existencia.

Hola me presento, mi nombre es Kreiger mejor conocida como Emma Robinson por los humanos y soy producto de la relación abominable entre mi padre un alfa y mi madre una humana llamada Monit quien murió tras traerme a este cruel mundo.

Mi niñez fue bastante brutal, pues los demás miembros de la manada me trataban como a cuál pelota de pin pon la cual simplemente obedecía, no tenía dignidad, ni derecho a la palabra y por sobre todo carecía de identidad propia, más un muñeco sin voluntad simulaba.

Llegue a pensar que mi trágica vida llegaría a su fin la noche del veintisiete de enero del dos mil seis cuando apenas tenía ocho años.

Todo absolutamente todo se llevó a cabo en medio del tan helado invierno en la parte oculta de los bosques que dividen a Venencia de Belcier y allí por órdenes de mi padre fui torturada y golpeada casi hasta perecer.

Allí en el bosque fui abandonada a mi suerte prácticamente sin vida a la merced de lo que el destino quisiese hacer en base a su voluntad conmigo.

Tirada en el suelo, cubierta de sangre incapaz de mover la más mínima parte de mi cuerpo yacía inerte intentando no perder el conocimiento.

Créeme que luchaba con toda y cada una de las fuerzas contenidas en mi pequeño cuerpo lo hacía a la vez que lloraba intentando resistir, intentando aguantar.

Un buen tiempo transcurrió en el que allí completamente sola me encontraba, el frio era cada vez peor e incluso podía sentir como aquel llegaba a quemar mi piel.

Aquel tortuoso sentimiento lo sentía como se adentraba con rabia por mi cuerpo adueñándose de cada parte de mi a su paso acurrucándome en cual melodía tétrica tocada por la misma muerte la más aterradora jamás escuchada.

Algunos segundos transcurrieron hasta que mis ojos comenzaron a pesar ya cansada y agobiada, deslumbre a lo lejos el poco brillo que se elevaba en el cielo tras aquella noche de invierno, y poco a poco tras sentirme fatigada guiada por el sueño empecé a desvanecerme así que eh de admitir que me encontraba asustada completamente aterrada.

Yo quería vivir, pero temía que ya era tarde para mí y sin esperar recibir mucho en la vida llegué a pensar incluso que no era digna ni de ser escuchada, así que tras respirar profundamente me rendí perdiendo completamente el conocimiento.

La muerte poco tiempo después llego a danzar victoriosa tras pensar que tendría así de forma tan fácil una nueva víctima la cual tomar, pero para ella tal logro no sería tan sencillo de reclamar, pues a pesar de todo viví, mi plegaria había sido escuchada, te preguntaras como más solo puedo decir que tuve suerte.

Y porque digo que tuve suerte, pues por obra de los cielos y sin saberlo en aquel momento yo me encontraba justo en el camino por donde un viejo lobo ermitaño transitiva.

Aquel como cada día nevado había salido a recolectar algunas hiervas junto a algo de leña para encender la hoguera y precisamente se encontraba de camino a casa cargando lo poco que había podido encontrar mientras tiraba enérgicamente de su trineo.

Tal sujeto ya era un hombre bastante mayor por lo que el peso de los años ya había empezado a hacer estragos en su cuerpo, sus piernas ya no eran tan fuertes como antes por lo que las consecuencias de la vida habían empezado a cobrar facturas en ellas.

Así solitario, aquel tiraba y tiraba siguiendo cual sendero perfectamente conocido por su persona hasta que de la nada tropezó con algo en medio del camino.

Al principio pensó que podría ser una roca o quizás un viejo tronco pues cubierto por una fina capa de nieve aquello se encontraba, así que sin pensarlo dos veces se acercó, lo toco y cuando intento levantarlo se percató de que no era para nada parte de la idea que se había formado.

Tremendo susto aquel viejo se llevó al notar mi cuerpo completamente desganado y agonizante.

El miedo lo paralizo no muy bien me contemplo por lo que ante tal imagen no sabía qué hacer y mucho menos como actuar.

Así fue que aquel empezó a batallar contra sí mismo bajo una disputa en la cual ponía en cual balanza el ayudarme o no, pues valla se lo había puesto bastante difícil.

A fin de cuenta término escuchando a la razón y tras confirmar que aún seguía con vida bastante débil, pero con vida, me llevo con él.

Sin dudarlo en su hogar me alojo haciéndome un hueco en su mesa y tanto aquel viejo como su esposa cuidaron de mí.

Ambos sacrificaron su descanso, sus sueños de vivir en la montaña solos y alejados del mundo con la esperanza de morir algún día juntos como un solo ser.

A pesar de que tal sueño era ante todo su mayor añoranza, desistieron de él para en cambio darme un futuro, uno el cual agradezco con toda el alma y al cual honrare eternamente.

Así fue entonces que después de algún tiempo viviendo en aquel bosque que terminamos los tres viviendo en el centro de Venecia ciudad la cual, a fin de cuentas, me vio crecer.

Con ellos aprendí lo que significaba tener una verdadera familia y aunque no llevaba su sangre pude llamarles abuelos ya que llamarles padres con lo mayor que ambos eran se vería un poco extraño.

Así tanto Sonn y Aerdmound quienes eran llamados por los humanos Eliot y Linsey pasaron a ser lo más importante en mi vida.

Los años transcurrieron luego de aquel fatídico día de tal blanca nevada, mi vida tomo incluso otro sentido, uno en donde una vez solo relucía lo gris del abismo empezó a tener otro matiz y con un mayor valor.

Tanto el abuelo como la abuela a pesar de mi condición como omega cosa que no les importo, me entrenaron, me educaron, me llenaron de amor y me formaron de forma tal que fuera capaz de ser completamente independiente por tal razón me volví enteramente una persona diferente.

Gracias a ellos me convertí en una persona en la que no quedaba rastro alguno de debilidad pues ellos habían logrado resaltar tanto lo bueno en mí que no me quedo duda alguna de lo mucho que como persona y como loba podía llegar a dar teniendo ante nada aquellos completa razón.

Tal vez estimo que ante nada me preparaban para afrontar su partida pues aquellos sabían que en el momento justo en el que ya no les necesitara, en el momento justo que ya no dependiera de ellos porque debía de enfrentarme sola contra el mundo se debían de finalmente marchar.

Algunos años después ya en medio de mi vida adulta aquel momento llego, no muy bien había cumplido mis veinte un años, calculándolo claro esta desde el ciclo de desarrollo humano y de la misma forma que llegaron a mi vida Linsey y Eliot se esfumaron.

Despedirse nunca fue el fuerte de ambos así que cuando desaparecieron fue ante todo sin dar palabra o pista alguna y para nunca más volver.

Ahora cuando me pongo a pensar me culpo pues debí imaginar que aquello sucedería.

Las pistas eran muy obvias pues desde hacía unas semanas ambos se comportaban de manera extraña y tanto fue la anormalidad de la situación que incluso a mis manos entregaron su más preciado tesoro un viejo relicario el cual resguardo hoy por hoy con mi vida.

Aquel pequeño objeto era lo único que de ellos se había otorgado junto a un mensaje bastante claro en relación a Belcier pues si alguna vez me dirigía a aquella ciudad aquel pequeño objeto mi vida iba a guiar.

Tal objeto es ante todo singularmente delicado a la vista, en su interior porta una pequeña joya que podía ser visible en el momento justo de este ser abierto la cual permanece sujeta justo en una mitad de aquel relicario un pequeño zafiro perfectamente incrustado.

Ahora bien, del otro lado reluce perfectamente tallada las iniciales BD iniciales que me producían especialmente curiosidad pues desconocía completamente que significaban y junto a ella yacen amarrados algunos mechones de cabello algunos de ellos con un aroma único y diferente de cualquier otro.

Perderles así fue más que doloroso y fue por tal sentimiento que tiempo después a causa de su desaparición que me fui de Venecia alguna temporada para recorrer el mundo por alrededor de tres años donde disfruté de un sin fín de lugares en los cuales algunos tantos fui bien recibidos y en donde en otros se me dio la espalda.

En tanto con prisa aquellos años pasaron sin descanso alguno, sin proporcionar el más mínimo respiro como si ante todo la prisa fuera primordial.

Todo iba bien perfecto ante nada, hasta que llego el tiempo de regresar y a consecuencia de una decisión tomada casi apresuradamente termine desplazándome desde Venecia hasta Belcier ciudades que, aunque continúas se mantienen separadas por algunos cuantos kilómetros.

Tal ciudad figuraba en los pensamientos de mi niñez como parte de mi más grande sueño pues en más de una ocasión llegue a visualizarme recorriendo sus calles mientras disfrutaba de su paisaje gracias a las historias que los abuelos solían contarme y es justo allí donde empieza mi historia de la mano de aquel alfa mal llamado Bastrii.

Capítulo 2 Bienvenida a Belcier

Hace algunas dos semanas que llegue a Belcier luego de estar viajando por el mundo por algunos años, tiempo después de que los abuelos Linsey y Eliot hayan desaparecido sin dejar razón clara alguna, guiada más que nada por mi imprudencia.

Llegué a Belcier un viernes en pleno inicio del mes de mayo alrededor de las dos de la tarde, llegué sola ya que no conocía a nadie y peor aún no conocía nada por lo que tuve que aprender a usar el sentido de la orientación que como loba poseo pero que por lo general no me sirve de mucho en mi calidad de omega.

La ciudad en mi plena llegada se encontraba sumamente alborotada tras el fin de semana estar en su pleno inicio por lo que todos los establecimientos a la redonda se mantenían abarrotados.

Hacia donde quiera que mirases el cumulo de personas era impresionante, hoteles, plazas, parques, centros comerciales, bares y restaurantes, todos completamente llenos a su máxima capacidad se mantenían, alboroto que empeoro tras llegar la noche, así que la verdad tuve muchísima suerte de conseguir un lugar para quedarme.

El último espacio disponible permanente lo pude encontrar a unos cuantos minutos alejado del centro de la ciudad localizado en el tercer nivel de un antiguo edificio llamado Vinchenzo donde por lo general solo se encuentran residiendo humanos justo allí pude dar con un pequeño aparta estudio dividido en dos sesiones para dos inquilinos.

Para mi sorpresa ya la habitación continua se encontraba ocupada, en pocas palabras ya había alguien alojado allí quien más que nada era una chica de la cual podría decir que incluso es alguien que ronda mí misma edad mirándolo desde la perspectiva humana claro está.

Lina Cossio es una chica humilde y dulce quien no tiene nada que ver con el mundo de los lobos ya que es una completa humana, llego a Belcier para seguir sus estudios universitarios y término quedándose viviendo en tal inusual ciudad atrapada por su hermosura y la vida tan dinámica que por estos lares se suele llevar.

Lina no solo supo acogerme, sino que, en el transcurso de los días comenzamos a formar una buena e intachable amistad, por tal razón esta al ser conocedora de mi situación y siendo consciente de mis posibles necesidades se vio comprometida a tenderme una mano amiga pudiendo esta llegar a dar buenas referencias de mi a su jefe aun a pesar de ser una desconocida para ella y tras tal encuentro es que la verdadera historia inicia.

Te imaginaras mi sorpresa pocos días después tras enterarme de lo hecho por Lina hacía mí, al decirme está un día menos que otro de la nada que me había conseguido una entrevista de trabajo con el dueño del restaurante ´´El Gran Atlante´´ establecimiento que se localiza en pleno centro de la ciudad, siendo tal un icono a nivel nacional, acuerdo que se concretó velozmente tras algunos pocos días después de mi llegada, aunque mi emoción no radicaba meramente por tal oportunidad sino que mi atención giraba aunque no quisiera admitirlo en el peso de tal detalle.

El gran día de la entrevista llego y las sorpresas empezaban a surgir literalmente, pues tras seguir a Lina hasta el área administrativa e ingresar en una oficina allí terminé encontrándome con alguien conocido, aquella persona no muy bien me observo tras abrir la puerta sorprendido pronunció.

- ¡Emma! - replica aquella persona que tengo delante quién yace sentando acomodado en aquel escritorio con la cara mostrando completas expresiones de sorpresa y a quien, por el momento, aunque se me hacía familiar no reconozco.

Con confusión observe a Lina quién con sorpresa me devolvía la misma expresión de regreso.

- Usted la conoce señor- refuta Lina tras intentar actuar como mediadora entre los dos.

- Claro que la conozco, aunque es evidente de que ella a mí no me recuerda - aquel sin dudarlo se pone de pie abandonando el asiento en donde anteriormente se encontraba y tras rodear el escritorio busca posicionarse justo al frente nuestro al tiempo que replicaba.

- Soy el señor Lombardi, Emma, el viejo amigo de tus abuelos Eliot y Linsey, solía visitarlos constantemente antes de irme de Venecia hace algunos diez años atrás.

Aquel apellido hacía años que no lo escuchaba sin dudas tenerle a aquel frente a mí era una completa sorpresa.

- ¡Tío Martín!

- Si pequeña, soy yo.

Con cual emoción aquel abrió en el aire sus brazos, ni él, ni mucho menos yo podía creer que finalmente después de tanto tiempo ambos nos habíamos podido reencontrar de nuevo así que llenos de regocijo terminamos unidos en un sin igual abrazo tan cálido y reconfortante como ningún otro.

- No sabes el placer que me da nuevamente verte - refuta aquel tras finalmente apartarnos.

- Lo mismo pienso tío, no imagina lo feliz que me hace poder encontrarle, por cierto, y la tía Susan ¿dónde se encuentra?.

- Recientemente ha salido de viaje, en unos pocos días estimo que estará de regreso, sin dudas le encantará él poder verte.

Tras el resurgir de tal conversación y observando un espacio en el cual poder intervenir Lina recalco

- Valla semejante sorpresa que brinda el destino, me alegra mucho que se hayan podido reencontrar.

El tío Martín esta extasiado la emoción que en su ser se había acumulado por lo que fácilmente podía distinguirla.

- No te imaginas cuanto te lo agradezco Lina - el señor Lombardi no dudo expresar su gratitud ante tal situación emociones le ganaban por mucho y tras respirar algunos segundos continúo diciendo - y bien que las trae por aquí.

Lina vuelve a tomar la palabra y recalca - ella es la persona de la cual le hable.

- Valla que sorpresa entonces Emma has resultado ser tú la solicitante.

- Sí tío Martín.

El tío con cual ademán de mano guiado a evidente insistencia hizo que me acercara hasta el escritorio para que me acomodara en uno de los asientos que allí se encontraban para a fin de cuentas dar riendas sueltas al diálogo, sin dudarlo me acerque no era justo que le hiciese algún desaire y tras yo notar que Lina permanecía en el mismo sitió tras nuestra llegada le increpe.

- Vamos Lina, acércate no te quedes hay de pie.

- Emma tiene razón acércate - recalca de igual forma el tío con evidente empeño.

- Gracias Emma y señor Lombardi, pero no, lamento rechazar su invitación, ya casi es hora de empezar con mis tareas laborales y por ende tengo que retirarme a mi área de trabajo, además imagino que tienen mucho de qué hablar, así que prefiero darles tiempo.

El tío Martín al escucharle sin tardar se acercó a Lina para indicarle una sencilla cuestión y tras colocar una mano sobre su hombro izquierdo indico.

- De nuevo Lina muchísimas gracias, no imaginas lo que has hecho por mi hoy sin siquiera ser tu consciente de ello, ahora bien, tenlo muy pendiente por tal acto recibirás una buena recompensa de mi parte.

- No es necesario señor Lombardi solo eh intentado hacer algo bueno, algo correcto y ello nos ha llevado a esto.

Lina elevando su mano izquierda cerciorarse así de la hora mirando con atención el reloj que en su muñeca se encontraba colocado y tras ver el tiempo que allí se marcaba pronunció - ya debo de marcharme con su permiso me retiro.

Pronunció aquello con la mirada fija en aquel hombre y tras unos segundos al dirigir su mirada a mi persona finalmente exclamó.

- Emma nos vemos más tarde en el apartamento.

Y elevando su mano en el aire moviéndola de un lado a otro como señal de despedida con rapidez se alejó de allí, la verdad ni tiempo me dejo para devolverle tal saludo así que simplemente se esfumo.

- Valla que chica.

- Dilo fuerte Emma, Lina tiene una energía única es como si no se le acabarán nunca las pilas.

Tras escucharle no pude evitar reír pues hacía muchísimo tiempo que no escuchaba tales comparaciones que solo él sabía hacer.

- Veo que ni los años han podido cambiarte tío Martín, no tienes remedio alguno.

- Con la edad que tengo lo dudo - y tras replicar aquello la risa también le gano.

Luego de calmarnos la seriedad tomo la oficina y aquel aire de alegría paso a ser cambiado por una sensación de evidente pesades y tensión por lo que tío me increpo

- Y dime que te trae por Belcier ¿Dónde están Eliot y Linsey?

- Créame que la misma pregunta me hago yo.

- Como, no comprendo.

Hablar de ellos provocaba que en mi se asentara una enorme desganes ligada a la más cruel tristeza pues tras verlos desaparecer de la manera en la que lo hicieron era bastante duro para mí.

Ante lo más mínimo pronunciar alguna palabra que les relacionara me hacía padecer ante la más pequeña inquietud, pero a fin de cuentas luego de guardar algunos segundos el silenció me vi en la obligación de dar una respuesta.

- Ambos regresaron al bosque hace alrededor de cuatro años, de todas las formas posibles me prohibieron que interviniera e incluso que me acercase a la cabaña.

Agache la cabeza no tenía fueras para siquiera verle a los ojos en aquel momento.

Créame cuando le digo que en más de una ocasión entre al bosque con la esperanza de atravesar la niebla para intentar verlos, pero era inútil a fin de cuentas terminaba perdiéndome en medio de la misteriosa niebla que se forma a causa de eso termine marchándome del país, pero hace poco regrese pensé que lo más conveniente era cambiar de aires así que decidí alejarme un tanto de Venecia para establecerme aquí.

- Sabes sí algo paso o si se ha escucho alguna noticia entre los lobos de la zona respecto a ellos - con curiosidad y miedo Lombardi refuta aquello quizás imaginando el peor escenario.

- No, estoy completamente exenta de todo, desconozco por completo la razón de su huida, ahora bien, cuando finalmente se iban ambos me entregaron el relicario que la abuela siempre llevaba en su cuello con el mensaje en específico de que con el tiempo descubriría el significado de lo que se esconde en su interior.

Con tristeza tome mi mano derecha la lleve hasta mi cuello y tomándolo por la cadena que lo sujetaba saque aquel objeto el cual mantengo oculto la mayor parte del tiempo bajo mi ropa de la intrusa vista de los demás.

Así que con cuidado lo eleve en el aire y tras extraerlo por completo una vez en el exterior lo deposite justo sobre mi mano izquierda para admirarle, así que por nueva vez terminé elevando mis ojos hasta aquel hombre y repliqué...

- Desde entonces se ha convertido en lo más preciado para mí es lo único que me hace sentirles a ellos cerca.

El señor Lombardi me miró con los ojos inundados de tristeza escuchar mis palabras habían formado un nudo en su alma, pero a pesar de ello sin dudas tal sentimiento no le impediría hablar.

- Emma desde ahora te lo digo debes de mantenerlo oculto a la vista de todos, aunque no lo parezca el relicario tiene un enorme valor, uno que no se compra con dinero alguno.

Verlo en mis manos provoco en el algo de inquietud su voz ya no se escucha serena más bien paso a estar un tanto agitada sus ojos no se apartaban miraba fijamente el objeto que en mi mano se encontraba como analizando perdido en su propio mundo.

Por algunos segundos más aquel guardo silencio como si intentase poner en orden sus pensamientos y tras respirar profundamente continúo diciendo...

- Lo sé, se lo preciado que puede llegar a ser, era demasiado importante para ellos, pero ahora, en el tiempo presente él te afecta más que nada a ti, no puedo contarte mucho porque se poco al respecto, pero solo puedo decir que ese objeto también afecta tu futuro en el mundo de los lobos.

Capítulo 3 El reencuentro con el tío Martín

El tío Martín había conocido a los abuelos hacia muchísimo tiempo ya, por lo que yo sabía que sus palabras venían cargadas de dudas y saturadas de mensajes que no eran del todo comprensibles para mí en ese instante.

No obstante, en mi caso conociéndole tan bien como de por si lo hago a pesar de los años que teníamos ya distanciados ante todo sabía que en Lombardi sus palabras acarreaban una razón, así mismo como lo incluso supone su presencia en nuestras vidas.

Aunque la verdad pensándolo bien la historia de como los abuelos y él se conocieron es un poco parecida a una película de acción, se me hace incluso imposible no contarla tal y cómo mismo se me dio a conocer por sus personas.

Un día los abuelos se encontraban merodeando a las afueras de la ciudad en su forma animal escondiéndose entre la niebla y la escasa luz que la maña proveía, cuando a lo lejos mientras se desplazaban por el bosque llegaron a observar como una jauría de lobos perseguía a un muchacho humano que con miedo luchaba por su vida.

Aquellos tras ver tan desastroso evento se lanzaron en su ayuda logrando así salvarle, las heridas que habían sido infringidas en su cuerpo eran preocupantes, pero a pesar de ello aquel chico sobrevivió pese a su pésimo pronostico y desde entonces a pesar de romper los acuerdos la relación entre un humano y lobos se formó.

Sorprendentemente ese fue uno de los últimos casos de avistamiento que se escuchó en Belcier, uno de los últimos casos en los cuales tanto lobos como humanos terminaban sumergidos en el mismo mundo antes de que esta extraña era de paz entre ambas especies surgiera.

Lo que más curioso se me hace de toda aquella situación es pensar que cuando este los conoció ya de por si los abuelos eran algo mayores por lo que no evito aun hoy el preguntarme qué edad realmente aquellos tenían pues es algo que completamente desconozco.

Martín a diferencia de aquellos para aquel momento solo era un jovenzuelo de apenas algunos quizás treinta años así que escuchar de aquel aquellas palabras provenientes de su persona le daba un nuevo sentido a tal objeto llenándolo aún más de importancia.

Tras escucharle no pude evitar repetir en mi cabeza - ¿Cómo o porque esto puede afectar mi futuro? - pero simplemente no podía comprenderle.

Por un buen tiempo las constantes preguntas estuvieron rondando por mi cabeza, por lo mismo al estar rodeada por tantas cuestionantes se me hacía difícil el creer que tal y simple objeto llegara a ser el causante de tal futura variación en mi vida.

- Ahora más que nunca estoy casi convencida de que tú sabes algo, pero no sé qué es lo que te detiene tío Martín, porque simplemente no lo dices.

- Porque aún no es tiempo, solo los acontecimientos me permitirán a fin de cuentas poder expresar que es lo que guardo, pues más que nada no quiero tener que exponerte a un mal innecesario.

Algo raro sin dudas estaba ocurriendo, algo que en gran medida me producía un mal presentimiento, pero, aunque quisiera averiguar algo más al respecto sabía que por más que insistiera, de la boca de aquel hombre no saldría ni una sola palabra más.

Por un buen rato más ambos estuvimos conversando, rememorando aquellas viejas historias de los momentos con los cuales tanto aquel, la tía Susan su esposa y los abuelos llenaron el resto de mi niñez, hasta que, llegado el momento justo, aquel replico.

- Bueno Emma lo último que tengo para decir es que el trabajo es tuyo.

- Lo dice enserio.

- Claro que sí, oficialmente eres una empleada más del ´´Gran Atlante´´.

Con gran emoción me puse de pie abandonando en el acto aquella silla, mientras era impulsada por la explosión de alegría que tomo mi ser y guiada por este mismo sentimiento no dude tampoco en acercarme hasta aquel tras rodea aquel escritorio con velocidad buscando obtener un nuevo abrazo.

- Tío mil gracias, realmente lo necesitaba, de verdad no te decepcionare.

Tal noticia era sinónimo de algarabía para mi pues con toda la conmoción de mi regreso, era consciente que ya era poco lo que aun sobrevivía de mis ahorros ya que una buena parte la tuve que invertir en el pasaje de avión más el transporte que hay que tomar una vez llegas a Venecia para dirigirte a Belcier.

Y porque sucede esto pensaras, pues sencillo, tal ciudad se encuentra limitada meramente a una carretera que las une, pues Belcier a diferencia de otras localidades no posee aeropuerto alguno por lo que se podría llegar a decir que esta parecía haberse quedado paralizada en el tiempo.

Ahora bien, sumado esto al pago por adelantado que tuve que proporcionar a Lina para mi estadía en la residencia han hecho caer significativamente mi economía más de lo que llegué en algún momento a pensar, por lo que recibir tal aprobación me proporcionaba un enorme respiró y suscitaba una mejoría en mi evidente y caótico presente.

Así, el tiempo paso y llegado el momento justo en el cual finalmente tanto el tío como yo debíamos despedirnos tras aquel indicar con especial énfasis recalco.

- Mañana debes de estar aquí temprano preferiblemente minutos antes de que sean marcada las tres en punto hora en la que aun el restaurante no se encuentra recibiendo comensales, para que puedan entregarte tu uniforme y se te informe de las labores que deberás de realizar, tenlo bien pendiente.

- Perfecto, temprano aquí estaré.

Aunque llenas de aceptación sus palabras eran bien dirigidas hacia mí, yo entendía de igual forma que aquellas contenían su toque de severidad puesto que conocía a la perfección su carácter junto a sus manías y sabiendo que lo que menos tolera aquel es la impuntualidad entendía perfectamente que debía de cumplir con aquellas indicaciones para que la armonía reinase, ante todo.

Con una enorme sonrisa que ocupaba casi por completo la comisura de mis labios tras despedirme salí de aquella oficina.

Eran alrededor de las cinco y treinta de la tarde y ya había empezado a caer poco a poco la noche...

Eh de admitir ante nada que soy muy curiosa lo cual me lleva casi siempre a estar envuelta en uno que otro problema y por lo mismo guiada por tal sentimiento decidí que en vez de tomar un taxi hasta Vinchenzo caminaría tranquilamente pues ya sabía con claridad el sendero que debía de tomar para regresar a casa.

Lina tiempo antes tras una de nuestras salidas se había encargado de hacerlo de mi entero conocimiento cosa que le agradezco, así pues, empecé mi travesía que calculando la distancia estimaba que no me llevaría más de veinte minutos máximo claro tomando el atajo.

Así pues, empecé a andar tomando en primera instancia la calle principal que da la vuelta en toda la redonda a aquella ciudad y empecé a distinguir aquellos detalles que hacen de tal vista única en el mundo.

Su figura y forma al detallarla podría llegar a compararla incluso con la vieja Transilvania.

Como la tal Belcier yace rodeada de viejos castillos creados desde sabrá Dios que siglo, enormes montañas, espesos bosques, casas de apariencias inusuales rodeadas en su máxima expresión por un sentimiento oscuro y tétrico donde abundan misteriosas historias de desapariciones de personas llevadas a cabo por seres lo más parecido a perros gigantes.

Aunque Belcier a diferencia de Transilvania es muchísimo más colorida y ruidosa, contrastes sumamente opuestos, claro sin quitarle belleza ni a una ni a la otra fue gracias a esto que me llevo a deducir en medio de aquellas palabras algo en lo que hasta el momento no me había puesto a pensar.

- Y bien entonces ¿Dónde están?

Aquella pregunta resonó con fuerza en mi cabeza, era la que con más peso quizás me había hecho en la vida, la cual a ciencia cierta se repetía una y otra vez tras darme cuenta de que durante los días que llevaba ya en tal ciudad no había sentido ni la más mínima presencia animal.

Vamos ninguna esencia de lobo había sido detectada por mí en el aire cosa que era imposible pues para ser tan enorme, a más de uno hacia rato debía de haber ya descubierto pues somos como cual plaga habitando el mundo.

Sumergida en tal dilema camine, inmersa completamente en mis ideas sumamente concentrada hasta el punto tal que inclusive el tiempo parecía haber transcurrió rápidamente ya que sin ser consciente de ello arribe justo a la zona a la cual me dirigía.

Emocionada a sabiendas de que probablemente estaba a punto de alcanzar mi independencia me acerque hasta la zona del atajo pensando que simplemente no había peligro, aunque era consciente de que Lina me había advertido de que no debía de atravesar sola aquel pasillo entre los edificios que conforman el atajo pues el riesgo de chocar contra algo de temer y de lo que no me pudiera defender estaba latente.

- Si tomo el camino largo será muy tedioso y si le atravieso en poco menos de cinco minutos estaré frente a Vinchenzo.

Replique pensando de forma ardua, así sin más me cuestioné buscando tomar cual decisión, debatiéndome entre una u otra opción buscando de igual manera convencerme de que la verdad nada me pasaría, estando más que nada confiada hasta que finalmente dentro de mi cabeza murmure.

- Lina, temo que hoy te desobedeceré.

La verdad no iba a pasar demasiado tiempo para que me arrepintiera de tal decisión pues la propia vida más tarde me reclamaría por mi imprudencia.

Cuando ya me encontraba acercándome próxima al pasillo acepté en gran medida con mi poco de desconfianza que le recorrería con seguridad pues según yo no había nada que temer.

Serenamente realizando cuales sutiles pasos me encontraba, cuando no muy bien llegando casi a la mitad de aquel pasillo un sentimiento de ante todo tensión se adueñó de mi ser, por un momento me detuve en seco tomada por el miedo y la preocupación tras observar a un lado en una de las paredes un nombre que me estremeció por completo.

Las palabras ´´Grohbiet manda´´ en tinta roja se encontraban perfectamente escritas en aquella pared blanca.

Más que palabras aquella representa un nombre y no uno cualquiera, sino el nombre de una de las manadas más sangrientas que alojan en los límites.

Aquello no podía ser y me negaba a aceptar que en verdad lo estaba contemplando ya que, aunque para los demás que lo observasen podía pasar como cual echo desapercibido en realidad tenía un significado y un valor bastante aterrador para mí.

- ¿Como rayos llego esto aquí?

Me cuestionaba una y otra vez mientras un incómodo sentimiento de miedo me recorría pues en más de una ocasión había realizado cual travesía a través de aquel lugar, pero aquello nunca había sido visto por mis ojos.

Tal sentimiento me hizo voltear hacia todos lados la cabeza desesperada y ante todo desconfiada pues temía que alguien pudiera haberme visto eh intentase hacerme daño, por lo mismo temía eh incluso imaginaba que probablemente quien fuera se encontraría quizás observándome con malicia.

Pero no, encima de que no llegue a sentir ni a ver a nadie próximo ni oculto en aquel callejón los más justo que me hacía era salir pues no me iba a quedar a esperar a que algún acontecimiento tomara vida, así que tras dominar mis impulsos empecé a caminar nuevamente y con rapidez me alejarme de aquel lugar.

- En que carajos me eh metido.

No dejaba de replicar, de todas las formas posibles buscaba dar con alguna razón lógica, pero hasta el momento era algo que era completamente incierto para mí y a lo que no le veía significado ya que tal manada suele encontrase en lo más recóndito del bosque, las ciudades nunca fueron una opción para ellos por lo que no veía el porqué de tal nombre allí.

Así fue que sin tener otra opción salí despedida corriendo a toda prisa buscando alejarme de todo aquello; tanto era mi incomodidad que incluso perdí el control ante mi exaltación.

Corrí tanto como pude hasta llegar a la acerca donde me encorvé casi de inmediato tras colocar mis manos a nivel de mis rodillas buscando la forma de descansar de tal agonía.

Así que ya aliviada al encontrarme finalmente rodeada de personas respiré profundamente mientras los ojos de aquellos transeúntes eran clavados haciendo un evidente juicio contra mi persona.

La conmoción que aquello provoco en mi fue enorme, tanto que ni siquiera me dio tiempo de razonar a un menos de cerciorarme antes de finalmente atravesar aquella carretera y así ante mi imprudencia estuve casi a punto de ser atropellada.

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