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Destrozada por tres lobos Alfas

Destrozada por tres lobos Alfas

Autor: Hong Jig
Género: Hombre Lobo
En todas las manadas de hombre lobo hay una regla para las lobas soltera y quien la incumpla seria decapitada. Una loba sin pareja no podía aparearse ni mucho menos quedar embarazada. Eso era inaceptable. Y yo la había roto. No con uno, si no con tres lobos alfas! Para evitar la muerte uno de ellos tiene que hacerse responsable, pero cuando todos le dan la espalda alegando que sus "genes inferiores" contaminarían el linaje Alfa y incluso su padre planeaba matarla a golpes. Por lo que escapa y cinco años después es solicitada con urgencia para tratar una maldición que esta acabando con la razas de lobos. Después de ser la omega rechazada ahora todos los alfas hacen filas para conquistarla, incluido los tres cabrones.
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Capítulo 1 ¿Quién es el padre

En todas las manadas de hombre lobo hay una regla para las lobas soltera y quien la incumpla seria decapitada.

Una loba sin pareja no podía aparearse ni mucho menos quedar embarazada. Eso era inaceptable.

Y yo la había roto.

No con uno, si no con tres lobos alfas!

Yo una omega sin loba y tarta-muda de sangre ilegítima, realmente la había cagado.

-¡Puta asquerosa tartamuda! ¿¡De quién es ese engendro que llevas dentro!? -mi madrastra me dio una bofetada en la cara delante de la doctora quien ya me miraba con despreció.

Me dolió muchísimo y estaba segura de que me iba a dejar un moretón horrible. Apreté los dientes, pero me negué a hablar, aunque estaba temblando, incluso respirar se sentía pesado.

-¿Qué clase de cosas sucias has estado haciendo, Celine? ¿Estás tratando de arrastrar más mi nombre por el barro? -mi padre siseo, ni siquiera se detuvo, su mano me acarició la otra mejilla, golpeándome tan fuerte que ni siquiera pude distinguir dónde estaba durante unos segundos.

-Celine, ¿sabes siquiera quién es el padre? -La voz de mi media hermana sonó fuerte. Era mayor que yo, pero nunca intentó guiarme ni tratarme como a una hermana. En cambio, le susurró veneno al oído a mi padre.

Pero lo que más me dolió fue que tenía razón.

No sabía quién era el padre.

Hace tres meses atrás:

Como omega trabajaba en la casa de la manada, mi primer celo me azotaba como una tormenta insalvable, no sabía cómo había pasado esto porque no tenía un loba. La fiebre me llegó a los huesos, extendiéndose caliente e implacable hasta que sentí que mi piel ardía. Recuerdo tropezar por los pasillos de la manada, con el sudor empapando mi camisón, con un hambre que nunca antes había sentido. Un hambre que jamás había imaginado. El aire estaba impregnado del aroma a pino y tierra del bosque exterior, pero solo podía pensar en alivio.

No pretendía acabar en su puerta. O quizás sí. No lo sabía. La habitación de descanso de alfas estaba al final del ala este, el único lugar al que nunca iba, eran los próximo gobernantes del Norte, sur y este. Los tres eran alfas poderosos, median más de 1.96 metros, musculosos y muy guapos.

Pero esa noche, mi cuerpo me llevó allí como una polilla a la llama. O quizás la Diosa de la Luna me llevó allí. Empujé la puerta y allí estaban:

Otro episodio de calor invadió su cuerpo, mi espalda se arqueó contra la pared.

Un gemido se escapó de mis labios e instantáneamente mi mano se estiró para taparme la boca. Por instinto comencé a sacarme la ropa, quedando en una simple ropa interior.

Todos gruñeron lo bajo, sus miradas lascivas escanearon mi cuerpo de pies a cabeza.

Sentí una atracción tan profunda que me dejó sin aliento. Crucé la habitación sin poder contenerme, con las manos sobre el pecho de uno de ellos y los labios chocando con los suyos.

Y después todo fue confuso en el instante en que nuestras pieles se tocaron. Predestinado. Innegable. Todos fuimos incapaces de detenerlo. Cuando me penetró cada uno no hubo pausa, ni protección. Simplemente me tomaron, me reclamaron.

No una, fueron muchas veces hasta que perdí la conciencia.

Cuando desperté estaba sola, envuelta en una manta y desnuda debajo. Me incorporé rápidamente, confundida y sorprendida. Se habían ido.

En el fondo, sabía la verdad. Como tarta-muda de sangre ilegítima era una vergüenza.

La peor parte llegó cuando un guardia me saco arrastra.

...

-¿Qué le vamos a decir a ese lobo viejo? Se suponía que se las íbamos a entregar en tres días. Nos va a matar. Diosa, ¿por qué no se murió con la zorra de su madre? -se quejó mi madrastra sin parar haciéndome salir de mi trance. Sentí su asco en su voz aguda.

Se me saltaron las lágrimas. Lo único que le preocupaba era todo el oro que le pagaría ese viejo lobo por mí, para ellos solo era un objeto.

No esperaba nada bueno de ellos, pero sus comentarios mordaces aún me dolían. Ya debería haberme acostumbrado, pero no lo hice. ¿Cómo puede uno acostumbrarse a la crueldad?

Sinceramente, yo también estaba molesta con la Diosa de la Luna. ¿Por qué no me mató junto a mi madre? De todas formas, me moría a diario. Sus burlas, sus miradas... nunca cesaban.

-No hace falta decirle nada a nadie. Nos libraremos de ese engendro -declaró mi padre apuntando mi vientre con su dedo índice. Lo miré de golpe. Sus palabras me pincharon la piel como mil agujas.

Mis instintos se despertaron como la oreja de un perro ante el peligro, inconscientemente, me rodeé el vientre con el brazo y retrocedí un paso.

-Tu, deshazte de eso ahora mismo -le dijo mi padre al doctor sin apartar la mirada de mí, llena de advertencia-. Y ni una palabra de esto a alguien. -Unas monedas de plata cayeron en las manos de doctor.

Fue como una daga en mi corazón.

Intentó arrastrarme hasta la puerta, pero por primera vez en mi vida, me defendí. Tenía algo por lo que valía la pena luchar. No iba a perder a mi cachorro sin luchar.

Capítulo 2 Destrozada por tres

Tenía que ir con los alfas. No había otra opción.

Me solté de su agarre y corrí por el pasillo.

¡La arena de entrenamiento! Allí era donde solía encontrar a los alfas, entrenando. Estaba en la frontera de nuestra manada, pero no me importó. Bajé corriendo las escaleras y atravesé las grandes puertas dobles de roble saliendo del hospital de la manada, con mi padre gritándome.

Pronto su voz se perdió en la lejanía.

Estaba atrapada en algo mucho más grande de lo que había imaginado. Estaba embarazada, sin tener ni idea de cuál de los tres era el padre.

Llevaba un viejo vestido blanco hasta la rodilla debajo por lo que el frio viento se colaba en mis huesos.

Cuando llegue estaba jadeando por aire, mire en todas las direcciones asegurándome que mi padre no me estuviera persiguiendo. Cuando estuve segura convencí al guardia para que me dejara entrar. Como era conocido y me había visto antes que los alfas me dejó.

No sin ates decirme que fuera al patio trasero, ya que una omega como yo no era digna de ingresar a la arena.

Y entonces salió el alfa Daemon. Llevaba una chaqueta de cuero, sus hermosos ojos brillaban, pero su rostro mostraba una reacción severa. Frunció el ceño, claramente infeliz de verme.

-¿Qué haces aquí? ¿Le dijiste a uno de los guardias que viniste a verme? ¿Por qué? Cuando te deje dicho que no queria volverte a ver más, significaba que no quería ninguna conexión contigo. -En el momento en que me vio, empezó a gritar.

Honestamente, estaba aterrorizada. Nunca lo había visto gritarme así. Daemon siempre había sido impulsivo, grosero con los demás, pero conmigo, siempre había sido dulce.

Eso me hacía sentir especial. Pero esta noche, todo era diferente. Para él, yo era como todos los demás.

-Cre...o que est...oy embar...azada.

En el momento en que lo dije, su ira pareció desvanecerse. En lugar de rabia, parecía aturdido. Dio un paso atrás y se enderezó rápidamente, listo para discutir de nuevo.

-¿Por qué me lo cuentas a mí? Díselo al padre del bebé -dijo con dureza, como si no se diera cuenta de que él mismo podía ser el padre.

-Por es..o vine a hab...lar con ust...edes tres. El pa..dre tiene que ser u..no de ustedes. -Hice el mayor esfuerzo para no tartamudear, forcé las palabras, pero mi vergüenza me perseguía.

-¿Qué? ¿Yo? ¿Cómo pude ser yo? Pregúntale a Baxter, pregúntale a Elian. Yo no. No hice nada. Tuve cuidado esa noche -Daemon explotó.

Me mintió directamente a la cara. Ninguno de ellos había tenido cuidado. Ninguno de ellos había usado protección.

Dio un paso atrás, fulminándome con la mirada, y luego sacó su teléfono.

-Baxter, ve al patio trasero ahora. Trae a Elian. Ustedes dos pueden encargarse de este desastre, no es mío -gritó.

Nunca había visto a Daemon así. Se veía monstruoso, con las venas palpitando, los bíceps tensos contra su chaqueta. Aterrorizada, me apreté contra la pared, sintiendo débiles las rodillas.

Momentos después, llegó Baxter.

-¿Qué demonios, hombre? Me sacaste de la arena... -Se detuvo cuando sus ojos se posaron en mí.

-¿Qué hace ella aquí? -le preguntó a Daemon, señalándome. Ambos rostros mostraban el mismo disgusto. Los ojos que una vez albergaron amor habían desaparecido.

-¡Dile lo que me dijiste! -gritó Daemon y me estremecí.

-Est..oy emb...arazada -susurré mientras temblaba por dentro.

Los ojos de Baxter se abrieron de par en par, igualando la sorpresa y el miedo en el rostro de Daemon.

-No es mío. No hice nada. Elian estuvo bombeando sin parar en tu coño esa noche, ¡pregúntale! -De repente, señaló a Elian, que parecía haber captado ya la mitad de la conversación.

-¿Por qué me culpas? -gritó Elian, corriendo hacia el patio trasero y señalándome-. ¿Cómo sabemos siquiera con cuántos hombres se ha acostado después de nosotros?

Ahora los tres estaban frente a mí, cada uno de más de 1.96 metros, rodeándome con sus enormes cuerpos. Yo solo era una figura pequeña y temblorosa.

Las palabras y los tonos que usaban para mí eran como una fuerte bofetada en la mejilla para despertarme de mis delirios. Estaba enamorada de estos alfas, qué decepción había sido.

-¡Sab..es que eran uste..des tres, solo tú, y na..die ant..es ni des...pués! -grité finalmente, la irá abriéndose paso a través de mi miedo.

Antes de que pudiera respirar, Daemon golpeó su puño contra la pared a mi lado. El sonido me dejó paralizada, y me apreté contra la pared, demasiado aturdida para moverme.

Se inclinó y me señaló con el dedo.

-Idiota... -susurró. Su rostro reflejaba asco y rabia. Sentí un nudo en el estómago de miedo-. ¡No te atrevas a alzar la voz aquí!

La advertencia fue clara para mí: el siguiente puñetazo podría darme en la cara.

Instintivamente toqué mi vientre aún plano y di dos pasos hacia atrás.

-No hablarás en enserió. ¿Una Omega tartamuda que lleva al heredero de un alfa? -siseo Baxter, cada palabra llena de veneno.

Me quedé paralizada por el shock, sintiéndome como si me hubieran rociado con agua fría.

-Este embarazo debe ser abortado de inmediato -dijo Elian, agarrando suavemente el brazo de Daemon y tirando de él hacia atrás.

Negué con la cabeza. Había con este problema, pero nunca había deseado hablar correctamente como en ese momento.

Sabía que mi estatus no era ideal. No solo era una Omega sin lobo que para colmo no podía hablar, sino que además era de nacimiento ilegítimo. Mi padre me trajo a casa después de la muerte de mi madre. Por lo que había ido descifrando a lo largo de los años, habían tenido una aventura, y yo era el resultado.

Mi padre nunca me quiso mucho, pero su esposa me odiaba. Me veía como un símbolo odioso de la traición de su marido. Su hija, mi media hermana, nunca perdía la oportunidad de recordarme que yo no era realmente parte de su manada. Era un extra. Indeseable. Sin VOZ.

Capítulo 3 Genes defectuosos

Lágrimas silenciosas resbalaron por mi rostro, mis labios temblaban.

Los ojos de Daemon brillaron de irritación. -El futuro de la manada está en juego. Un heredero no puede portar genes defectuosos.

Defectuoso.

La palabra cortó más profundamente que cualquier garra.

-Ya está. Pronto podremos fingir que este error nunca ocurrió -Elian soltó.

La voz de Baxter me devolvió al presente. -No permitiremos que tus genes inferiores manchen la sangre de nuestras familias -se burló-. Un cachorro débil y discapacitado deshonraría a toda la línea Alfa. ¡El Consejo se reiría de nosotros!

Las lágrimas me quemaron los ojos. Me agarré el estómago para protegerme.

-Conozco a alguien que puede encargarse de ello. Nadie lo descubrirá nunca. Puedes volver a vivir tu vida. -Daemon asintió con la cabeza.

Al escucharlos, ardía de ira conmigo misma por haber permitido que llegara a esto.

Justo entonces, un mensaje iluminó mi teléfono. Bajé la vista y me quedé paralizada. Era de mi padre.

Vuelve ya, si no quieres que vaya por ti y sea yo quien me encargué de sacarte a ese engredo a patadas.

Mis manos casi dejaron caer el teléfono, pero lo apreté con fuerza y cerré los ojos.

Para entonces, supe que era demasiado tarde. El problema no era si podía permitirme criar a este cachorro. El verdadero problema era que mi padre y mi madrastra nunca me dejarían quedármelo, a menos que alguien poderoso reclamara al cachorro. Y estos tres habían dejado claro que nunca lo harían.

-Necesito ir al baño -dije en voz baja. Cuando levanté la vista, los tres fruncían el ceño confundidos.

-Bien, llévala a los vestuarios nuestros -dijo Baxter. Me di la vuelta desde el patio trasero y comencé a caminar de regreso adentro, los tres siguiéndome de cerca.

Para entonces, sabía que no me iban a dejar ir fácilmente. No hasta que le asegurara guardar su secreto, nunca contarle a nadie sobre este cachorro.

Tan pronto como entré al baño de la habitación de invitados, cerré la puerta con llave y rompí a llorar. Pero incluso a través de mis sollozos, escuché sus voces afuera.

-No voy a ser el padre de un cachorro defectuoso y débil -se quejó Baxter.

-¿Crees que quiero serlo? -espetó Elian-. Tengo a las hijas de alfas haciendo fila para mí, y mira esto: aparece en mi puerta como una maldición.

Sus palabras me hirieron profundamente, haciéndome sentir como nada más que basura.

-Lo hizo a propósito. Lo sé, esa noche ella misma se nos ofreció-dijo Daemon, echándome toda la culpa

Nunca me aceptarían.

Y en ese momento, me di cuenta de que solo me quedaba una opción: mentir.

Cuando salí del baño, me estaban esperando, con los ojos fijos en los míos. Antes de que pudieran decir nada más y hundirse más en mis ojos, se lo puse fácil.

-Me ha venido la regla -dije.

El alivio se apoderó de sus rostros. Baxter y Elian se miraron y rieron.

-¿En serio? -preguntó Daemon con una amplia sonrisa.

Cuanto más sonreían, más me dolía.

-Entonces, ¿por qué viniste con esta noticia y causaste tanto estrés? Deberías haberlo confirmado primero. El hecho de que no te hubiera venido la regla una vez no significaba que estuvieras embarazada. ¡Maldita sea! -gruñó Baxter, con el alivio inundando su rostro, pero también la frustración.

-Me iré a casa ahora. Tengo un flujo abundante, necesitaré toallas sanitarias -murmuré. Intercambiaron miradas y asintieron.

-Sí, adelante -dijo Daemon poniendo los ojos en blanco.

Mientras caminaba entre ellos, una última pregunta me quemaba por dentro. Me giré para mirarlos.

-¿Podríamos volver a ser amigos?

No pregunté porque quisiera su amistad. Pregunté porque necesitaba ver en qué clase de personas había confiado.

-¿De verdad crees que después de esquivar un lío tan grande, te aceptaríamos de nuevo? -Daemon se burló.

-Sí -añadió Baxter, sonriendo con suficiencia-. Tenemos mejores cosas que hacer que andar con una omega.

Eso dejó a Elian, quien solo sonrió aún más. -¿Estás loca? Nos tomó todo este tiempo deshacernos de ti.

Sus palabras cortaron como cuchillos, pero solo les di una sonrisa rota.

-Lo sabía. Solo quería oírlo de sus bocas.

Dicho esto, me di la vuelta. No esperé sus reacciones. Salí de los baños, atravesé el patio y salí directamente por la puerta.

Pero la pesadilla no había terminado.

Mis manos se enfriaron, mis piernas se sentían débiles, no había tiempo mi padre vendría por mí y seguro me mataría a golpes. Solo me quedaba una opción ahora: tenía que huir de la manada. Solo me quedaba un lugar al que ir: el mundo humano, donde los hombres lobo sin lobos eran expulsados.

En los muelles, la gente estaba cargando. Entre ellos había otros como yo: desterrados, despojados de sus lobos, abandonados por sus familias. Parecían destrozados, les habían dicho que la tierra de los hombres lobo era demasiado sagrada para ellos.

Me deslicé en la fila, temblando. Un guardia borracho pasó tambaleándose, sin molestarse en comprobar. Nadie quería ir al mundo humano, las historias de lo que sucedió allí eran demasiado sombrías.

Por eso nadie vigilaba la fila de cerca. Si alguien estaba lo suficientemente desesperado como para irse, se le consideraba patético y condenado.

Pero abordé voluntariamente.

Mientras el barco se alejaba, miré hacia atrás a mi casa, con lágrimas en los ojos.

-Está bien. No importa quién sea el padre. De ahora en adelante, seré padre y madre para ti -susurré, tocando mi vientre con una mano.

Me prometí a mí misma que sobreviviría en la tierra humana y demostraría que se podía hacer.

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