-Soy Abir-
Fui traída en contra de mi voluntad a la gran ciudad de la Meca.
Mis mayores miedos empezaron a salir a flote cuando el vehículo cuatro por cuatro cruzara la península de Zaabel.
No sabía que me iba a deparar el futuro, solo sabía que justo ahora yo había sido devuelta a las tierras de donde mi madre le costó sacarme, incluso exponiendo su propia seguridad en peligro.
Este lugar que costara tantas lágrimas a mi madre y de donde salir de ella fue todo un reto.
Al tocar el polvo del desierto mis pies, y sentir el calor del desierto quemarme, sentí que mi alma también se quemaba en una hoguera interminable.
Vi las pocas palmeras, traté de recordar el miedo que sintió mi madre en aquel entonces, trataba de imaginarme su vida através de su historia contada.
Sentía que aquí no había vida, me había acostumbrado a estar rodeada de vegetación verde, árboles, ríos, toda una abundancia, yo había estado viviendo en Nicaragua.
Jamás consideré por ningún momento que los lugares que mencionara mi madre eran tan reales y que ahora eran parte de mis pesadillas, pesadillas que tenía mientras tenia los ojos abiertos.
Apenas llegamos, nos recibió una horda de hombres armados hasta los dientes, eran alrededor de 50 sujetos con cara de asesinos, quienes obedecían a uno en particular que llevara un turbante de color neg*o.
El resto de los hombres parecían estar a su disposición, el hombre de turbante negr*, nos miró a todo el grupo recién llegado. Su gran estatura y su llamativo rostro sobresalia del resto del grupo.
Este era un hombre alto piel trigueño, lo que mas sobresalia de él era su presencia arrollador y su mirada penetrante.
Pronto nos hicieron pasar delante de este individuo, nos empezó a pasar uno a uno, como si se tratara de un concurso o algo de presentación.
El encargado empezó a llamarnos a cada una de las mujeres tratando de sorprender al hombre que se percibía majestuoso e inalcanzable.
-Ella es Osiris, tiene 18 años, su familia nos cedió por tu generosidad al permitir vivir bajo nuestra protección -Dijo el presentador.
-Ella es Aleida, te la enviaron en obsequio por tu próxima boda que se acerca. Será parte de tu harén y será una de tus concubinas. -El hombre del turbante asintió afirmativo.
-Esta es Azahara, es la hija de un alto funcionario jefe, te la han entregado para ser candidata para esposa -El hombre mostró un rostro enojado.
-Y ... esta chiquilla jovencita, es Abir, creo que solo fue comprada, no tiene nada especial para presentar por ella-Dijo en tono despectivo.
-Señor, ella podría estar entre tus concubinas o entre las que sirvan, depende de tu decisión -trató de sugerir el hombre.
Los ojos del hombre del turbante negr* me miraron por unos minutos y sentí una repulsión y un gran miedo, era más repulsión que otra cosa.
Percibí su mirada, sus ojos como un pozo que me atraía a su interior. Él me miró por varios segundos antes de mirar a otro lado.
Yo seguí viéndolo con una mirada retadora, aunque alguien ya me había advertido que fuera indiferente y silenciosa, lo cierto era que lo odiaba.
La voz de alguien mas nos hizo salir del dilema de miradas en el que estábamos.
-Omán Qatar ya estás encima de nuestras mercancías -Dijo el recién llegado hombre y se le notaba una prepotencia sobre manera.
Me miró con escudriño, sentí que ese tipo miraba con lascivia y crueldad.
-Esa que estas revisando, déjala para mí-Dice sin sentir un poco de empatía por nosotras las mujeres, él no mostró ninguna consideración por los sentimientos.
Tratándome como un objeto, una mercancía, le aterricé mis ojos al nuevo hombre que llegara.
¿Será que para ellos una mujer no sufre, no siente? ¡Que horribles que son estos hombres hijos de su...!
Aún sentía su mirada sobre mi, esos ojos eran penetrantes ojos color marrón que de otra distancia parecería como ojos color neg*o. Mientras para mí sorpresa él dijera :
-Puedes quedarte con cualquiera de las otras, Assad Qatar. -El otro resopló en disgusto.
-Ya sabes Assad, no te fijes en esta -Mis ojos se abrieron en sorpresa para mirarlo mejor, pero luego agaché la vista, por que sentía verguenza a la vez enojo con ellos.
Aunque dejé de verlo directo a su rostro, aún recordaba sus facciones, tenía un rostro ovalado nariz puntiagudo y alto, tenía un cuerpo alto y fuerte musculoso de forma proporcional, se notaba bastante joven.
El segundo hombre, quien me había reclamado para él, se acercó a mí, me escudriñó con la mirada y sonrió al primero y luego dijo:
-Omán Qatar, ¿Que es lo que escondes de mi? -me volvió a mirar con ojos que parecían traspasar mi cuerpo.
La mirada del hombre del turbante neg*o me seguía mirando, me percaté de eso y sonrojé, por supuesto, ellos no lo podrían ver, pues yo traía una burka.
Había una mujer de entre unos 45 a 50 años de edad, quien me hizo un gesto de regaño, de bajar la vista, todavía hice caso omiso. Ella dijo:
-El es el futuro Jeque, el gran Jefe, no lo mires demasiado es una falta de respeto.
-Es el hombre que te acaba de comprar, es tu dueño, tu eres su esclava.
Entonces lo miré con mas intensidad, sí mis ojos tiraran a matar, él fuera hombre muerto.
Empecé a odiar a este hombre desde el primer momento.
¿Qué necesidad tenía de comprarse tantas mujeres?
¿Acaso se habían acabado las mujeres en toda la península de Arabia Saudí para irme a sacar de la tierra donde me sentía acogida?
¿Cuál era la gana de fastidiarme la existencia, yo vivía tranquila en ese país de Centroamérica?
Lo odié por eso y por mucho mas era un hombre estúpido, sin educación sin caballerosidad, un salvaje del desierto, tan seco y sin vida como el mismo desierto que nos rodeaba.
Fuimos dirigidas a una gran construcción maravillosa, nadie creería que se erizaba un edificio así en medio de la nada, pero resulta que si había.
Al adentrar a su interior, se te podía caer la quijada de tanto lujo que se veía por doquier.
Era una casa construida con mármol, oro, plata y piedras preciosas, tanta ostentosidad me dolía los ojos solo de entrada.
Vi que el tal Omán el del turbante negr* se acercó a la mujer, que pareció ser la encargada de todas las prisioneras, hablarle, al hacerlo, ella me volvió a ver directo a mi.
Ella le hizo reverencia al hombre alto y fortachón, como aceptando lo que le dijera, pero un minuto después, cuando me volvió a ver a mi, sus ojos se atenuaron.
Sabía que por alguna razón, yo no le había agradado.
Me dirigió por un pasillo hasta llevarme a unos aposentos grandes.
Me dijo en su idioma natural, la cual era mi lengua materna, pues aunque aprendiera bien a hablar español, mi madre siempre priorizó para que yo aprendiera a hablar el idioma árabe.
Éste era el árabe clásico, también el dialectical era el que mas usaba hablando con mi madre, ella no quería que olvidara mis raíces, así que hasta me había enseñado a hablar el árabe maltés.
-Este será tu aposento. Por ahora será para ti sola. -Dijo eso y me miró con desdén.
Apreté mis labios, yo traía una burka, me lo puse para que me vieran pocos y notaran mi juventud, mi madre me había dicho que la belleza no siempre me traería buenas cosas.
Mis lágrimas recorrieron cuesta abajo, mis ojos se humedecieron. Creí haberme quedado sola en esa habitación, no esperé que ese hombre del turbante negr* vendría de nuevo a verme estando sola.
Por lo que me había quitado el burka de mi y había expuesto mi rostro por completo.
Al abrirse la puerta, sentí como sus ojos me habían traspasado mi cuerpo como si fuera transparente.
Él posó sus ojos en los míos y dijo.
-Abir, eres la fragancia del desierto, la que mi olfato reconoce.
-Sal se aquí -Grité como si yo estuviera desnuda, solo me había visto sin el burka puesto.
Él me miró con fijeza, se acercó mas a mi y me limpió las lágrimas.
-¡Por que lloras! -Lo dice en tono simple, su voz es grave y seductora.
-No es asunto tuyo de el por qué lloro. Solo sal de la habitación. -Rechazo su presencia y él queda por varios segundos mas allí de pies para luego irse.
Dos horas después, llega una criada, me dice.
-Te esperan en la mesa para la cena, puedes apresurarte, pues solo faltas tú.
Me pasa un rollo de ropa doblada y lo pone sobre la cama.
-Ponte ésto -Me ordena, luego se para cerca de la puerta a esperarme.
Me visto con la ropa y el paquete de ropa trae un niqab, lo utilizo y voy siguiendo a la criada, ella me dirige hasta un enorme salón amplio, al llegar justo veo a todos sentados, veo que hay un espacio al lado del hombre del turbante negr* al que llamaran por nombre Omán.
Pero enseguida otro hombre alto fuerte y corpulento se agiliza y toma el lugar sonriéndose alegremente, lo cual deja adelante de Omán el espacio libre.
La mujer que con anterioridad me llamara la atención de no verle muy directamente a Omán, ordenó sentarme en el espacio vacío. Así lo hago sin demora y ahora al sentarme tengo a los dos hombres delante de mi mirándome.
-Assad debes comportarte, actúas como un niño, ya no lo eres.
-Omán, y tú olvidas que es vivir y ya pareces un viejo anciano decrépito.
Entran dos señores mayores y dice hablándoles a los dos hombres.
-Estos hermanos nunca van a comportarse debidamente, lo hacen delante de las esclavas.
Torcí mi boca al oír que éramos todos esclavos.
¿Que significaba ser esclavos para ellos? ¿Por qué tratar al resto de los seres humanos como si fueran meros costales de materia? Me dije mientras miraba directo a la mesa, me sentía tan molesta que la rabia me consumía mis entrañas.
-Oye tú -me dice el hombre por nombre Assad -Si, tu la que trae el niqab.
-Quítatelo -No lo hago, pues no quiero descubrir mi rostro delante de un montón de salvajes que se comportan peor que animales.
-No lo haré -Fueron mis palabras expresas.
-¿Que has dicho? ¡Insolente! -Se levanta en pies y me mira con los ojos sobresaliéndose y con el puño incrustado listo para golpearme.
-¡Assad! -La voz de Omán sobresale del resto de los presentes.
-¡Basta! Ella es mi futura esposa, no permitiré que nadie la maltrate. -Sus palabras cayeron como pólvora a oídos de todos los presentes.
-¿Tu- tu esposa di-ces? ¿apenas ayer llegó?
-Ayer llegó, pero ya la esperaba desde tiempo atrás... y si ella quiere tapar su rostro, que así sea. No quiero que nadie la haga sentir mal.
-Pero... hermano, es verdad que serás el próximo Jeque, pero me tenías que humillar así delante de todos.
-Y entonces, ¿crees que debí dejar que maltrataras a mí futura esposa?
-¿Que es un hombre si nisiquiera puede cuidar y defender a su esposa?
Flash Back
-Abir, hija mía. Entra a casa -Dijo Basima a su hija que ya tenía 15 años, era una chica alta, delgada, piel trigueña, ojos verde pálidos.
Era una niña mujer encantadora, tenía una belleza exuberante al natural.
Recordaba Basima que si estuviera allá en esa tierra donde enterraron su ombligo, su hija Abir ya estaría casada y lejos de ella, quizás incluso ya estuviera embarazada o siendo una madre en tan corta vida.
Al recordar su pasado, Basima se encorvó de dolor. Su corazón dolía, su corazón sangraba.
Todavía Abir se recostaba en su regazo, le hacía pucheros, mimada por su madre, Abir ignoraba la crudeza de un mundo turbio, amada y querída por su madre y sus amigos mas cercanos, ella no recordaba del hoyo de donde la sacara su madre.
Darle amor a como pudiera, era lo único que deseaba su madre Basima.
Basima era la hija menor de los Mohamed, pero siendo una mujer, la despreciaron, creyeron que lo mas que podia ser era ser la mujer de algún hombre árabe.
No contaban con que toda la prole de los Mohamed, muriera quedando para su sorpresa solo el patriarca de los Mohamed, y en este caso, Basima.
Sin duda, el viejo patriarca buscó a quien entregara a su descendiente Basima Mohamed, y el plan trazado para recuperar sus genes anhelados era tomar a su bisnieta Basima y casarla con el hijo de su primo hermano, así la descendencia que naciera, sería considerada un real monarca de las tierras de la península Arábica.
No contaba con que cuando quiso recuperar a Basima, ella ya había huido, por esta razón condenaron y lincharon al esposo de Basima, a Haidar Abdallah.
Las esposas de Haidar Abdallah pasaron a ser concubinas del hijo del primo hermano del Patriarca.
Su nombre, Aziz Mohamed.
Estás mujeres eran sometidas, a veces hasta ultrajadas por su nuevo dueño, por no decir su nuevo esposo.
Basima en su preocupación, llegó a hacer la última mala decisión, unos dos días antes de morir, sentía que la vida se le escapaba de su cuerpo, llamó al número de quien antes fuera el de su marido Haidar Abdaláh, el número de teléfono que ahora lo tenía Aziz Mohamed, quien era su tío lejano en tercero en la línea colateral del grado consanguíneo parental de ella. Un hombre como ninguno, uno bien atroz.
-Estamos en América -Dijo Basima, pero al oír la voz reconoció que no era la de Haidar Abdallah su esposo.
-Creo que voy a morir -Dijo Basima.
Eran las secuelas de tantos y tantos golpes que ella habia recibido viviendo junto a su esposo Haidar Abdallah, sin ser revisado por algún médico.
-Yo estoy segura que moriré, pero nuestra hija, ella ...
Fue entonces que Aziz no soportó más fingir hablar calmo, pues la ansiedad hizo hablar casi a gritos.
-¿Hija? -Asi comprendiera Basima que esta persona ni siquiera era su marido, el padre de Abir.
Basima de inmediato colgó la llamada, y podría decirse que su muerte tuvo mucho que ver con esta llamada.
Basima se puso tan nerviosa que la presión arterial aumentó, su cara se hinchó y su hablado se volvió difícil, balbuceaba, pero no podía ser entendible.
En cambio en la Meca, un hombre sonreía satisfactoriamente, pues odiaba a las mujeres después de pasar los treinta años, resulta que había una hija a quien él podría reclamar como esposa.
Así disfrutaría de un matrimonio y sus beneficios sin sentir repulsión.
La información con la que contara Aziz era América, pero que parte de América, si tuviera que hacer un escaneo, Estados Unidos era un país grande, una gran dificultad.
Canada era otro de los países, solo en Latinoamérica eran 19 países individuales que el debía hurgar con cuidado y en forma rápida.
Sin esperar más.tiempo, Aziz envío a un estimado de veinte personas hacia estás Tierras.
Volviendo a la delicada situación médica de Basima Mohamed, en este caso, Basima había dejado de utilizar el apellido de su esposo, lo cual estaba muy bien, lo que no debió hacer tampoco era utilizar el apellido de su tiránica familia.
Ese apellido y su nombre eran los puntos claves para que la encontraran a su hija.
Los últimos días de vida, Basima lloró y lloró por la hija de su alma.
Sabía que con esa llamada la había condenado a la vida del cual ella la había sacado.
Basima escribió en un papel, le hizo leer a su doctor, este comprendió que parte de la desesperación de Basima era el querer transmitir un mensaje importante a su hija.
Su hija Abir vino ante ella. Basima la tomó de la mano, le dijo :
-Debes huir... no utilices ni el apellido de tu padre ni el mío, debes huír lejos, muy lejos.
-¡Mamá, no te preocupes por mi! -Ella aspiró una bocanada de aire y luego dijo.
-¡Ellos vienen! Ellos quizás sean peores que tu propio Padre.
-Mami. -dijo Abir y lloró con amargura.
-Estamos lejos de ellos, no te preocupes -Insistió la chica inocente.
-¡Nooo, ellos ya saben donde estás! Yo misma los llamé pensando en que si muero debes estar con los tuyos, pero no me contestó tu padre si no otro hombre.
-El sonaba peor que tu propio Padre. Te encontrará si no huyes hija mía.
La presión arterial de Basima aumentó, por ello es que se dice, que lo que se confiesa con la boca, suele pasar.
Ella misma se metió en esta situación al llamar a ese hombre que siendo padre de su hija Abir, ya estaba buscando casarla con hombres super mayores, con el cuento de que esperaría a que ella creciera.
Sabiendo todo ello, ¿no era preferible que su hija Abir estuviera mejor sola que mal acompañada?
No aprendió de su tiempo de infierno, aunque así era la desesperación, siendo una mala consejera.
Y el arrepentimiento muchas veces llega tarde, justo ahora, ella se sintió tan desesperada que terminó asfixiando con el dolor y la incertidumbre, la preocupación de que pronto llegarían a llevarse a su hija.
La joven Abir, lloró cual persona que pierde lo único que tiene a su lado, a su Madre.
Solo cuando su Madre hubo muerto, Abir comprendió el dolor de perder, sintió el primer sufrimiento que generaba el perder a alguien, sintió la impotencia, y la amargura.
Retiró el cuerpo de su madre del hospital Vivían Pellas y ordenó cremar su cuerpo. Sabía la niña de 15 años que no tenía tiempo.
No le dió tiempo de velar el cuerpo de su Madre, ella conocía a una persona que trabajaba en migración, esta persona la llamó y le dijo.
-Abir Abdallah, ¿pero que primo tan guapo tienes? Te están buscando.
De inmediato, Abir comprendió que su madre era su más fuerte cimiento que la mantenía en pie desde abajo.
Era hora de construir sus propios cimientos, valerse por si misma, ya era hora de contar consigo misma y no con los demás.
Ella tomó los restos de su madre en un jarrón, los guardó como su mejor tesoro de vida, dejó un testaferro para poder manejar sus propiedades y se marchó a una pequeña ciudad costera, según quería esconderse. No sabía el grado de tentáculo que tenía aquella persona para atraparla.
Fin del Flash Back ⊙.☉
Siendo mi vida tranquila, nunca había pensado ni remotamente que yo estaría en esta posición. Sin embargo lo estaba, estaba en una encrucijada en el que escapar de nuevo era todo lo que mi mente pensaba y deseaba.
-¡Omán, Omán, estás loco, dices eso por una mujer que ni la cara le has visto! ¿Y si es fea y no te atrae ella? ¡Que harás!
-Te puede resultar demasiado desagradable y frustrante -Dicho eso, Assad Qatar jaló el niqab que traía encima.
Volteé mi rostro hacia un lado y toda mi cabellera abundante tapó mi rostro, quedé así sin levantar la vista, era como si yo misma me odiara, no me gustaba mostrar mi cara abiertamente.
-¿Ya viste, ella no quiere ni mostrar su feo rostro? Allí está.
Para entonces, Omán ya se había puesto en pie y se había acercado a mí. Omán Qatar me había vuelto a poner el niqab en mi rostro sin problemas.
-Assad, no vuelvas a tocarla -Lo dijo de tal manera que todos pudieron ver el enojo que había causado su hermano menor al mayor y futuro Jeque del Clan Qatar.
-Me retiraré señor Qatar -Dije agachándome.
-No, no tienes que hacerlo -Dijo el hombre de mirada tenebrosa y ojos penetrantes.
-Todos se pueden ir de la mesa, solo quedará ella para que coma tranquila.
Me pareció muy descabellado su postura, me habían raptado prácticamente, me había comprado como mercancía, pero entonces, ¿porqué trataría de sobreponerse por encima de otras personas? Me erguí de pies y dije al señor Omán.
-No tienen que irse nadie, señor. Me sentaré y terminaré la comida. -Dicho eso, me quité el niqab de mi rostro.
Todos me volvieron a ver, y no paraban de hacerlo. Incluso Assad dió un alarido al ver mi rostro.
-Si, eres muy bella de rostro, pero ¿y qué? Hay muchas mujeres hermosas que conozco -Dijo en afán de seguir fastidiando mi existencia.
Omán Qatar solo me miraba fijamente, no dijo ni media palabra más.
Me sentía muy asustada que nisiquiera estaba comiendo, la mesa estaba repleta de comida exquisita y de todo tipo de frutas y comida. Noté que el propio Omán Qatar no estaba comiendo casi nada.
Probé tan poco, eso sí, bebí mucho jugo y agua. El resto de los presentes, en mayoría que eran mujeres no apartaron la vista de mi.
Una de ellas, una mujer muy hermosa, sobre todo ataviada con muchas joyas y un vestido extravagante, diría que su vestido traía alguna costura en hilos de oro, le dijo al señor Omán.
-Mi señor, soy Amira, ¿puedo bailarle ahora mismo para así deleitar sus ojos?
El me miró a mi, lo hizo de una manera que sentí que buscaba mi aprobación, o yo estaba loca.
-No -Dijo Omán -Resérvese para su esposo.
Omán se dirigió a mí y me dijo.
-Ya que veo que tampoco tienes apetito, te acompañaré a tus aposentos. -Se puso de pies y rodeó la mesa para dirigirse hacía mi y luego a los aposentos.
Assad Qatar, el otro hombre quien entre las conversaciones logré escuchar decir que era el otro hermano, dijo al ver a su hermano tratar de hacerme dirigir a mi habitación.
-¿ Tanto la cuidas, que tiene ella para que actúes como su perro guardián?
-La cuido por que ella es mía, espero que no la sigas tratando como has hecho hasta ahora -Dijo Omán sin volver a mirar a los que se hallaban en la mesa.
Cuando llegamos a los aposentos, sentía que mi corazón iba a explotar, mis manos sudaban, tenia una rara sensación de rabia, enojo en contra de este hombre, a simple vista me parecía que era demasiado diferente al otro hermano, pero también no podía borrar que por alguna extraña razón me había comprado y quería que yo fuera su esposa.
Me tomó de la mano, temblé ligeramente, él lo notó y me soltó la mano, me dijo.
-No debes temerme. No haré nada para dañarte.
Pensé en lo profundo de mi corazón. "Si, como si no me sacaras de mi hogar" Umhp, resulta ahora que él es alguien inofensivo, medité en mal genio.
Él se quedó parado allí y me preguntó, algo que me desconcertó muy profundamente.
-¿Te gustaría casarte conmigo, ser mi esposa? -Mis ojos se despabilaron en un cúmulo de emociones.
Me preguntaba, ¿Por qué me estaría haciendo la pregunta, si hasta ya declaró que soy suya? Aparte él ya me compró y es irrelevante mi decisión.
Como si adivinara mis pensamientos internos me dice.
-Ya sé que dije que ibas a ser mi esposa, pero no pienso obligarte. Solo te advierto que si no quieres casarte conmigo, mi hermano te tomará por su concubina, no creo que él sea tu mejor opción.
Me sentí muy molesta, ¿de que se quería dar delante de mí? ¿De un benevolente hombre? Si a leguas se le mira la cara de malicioso y apático gruñón que se le babeaba por doquier.
-Bien, supongo que es demasiado pronto para responderme. Te dejaré descansar. Mañana me haces saber tu decisión.
Dicho eso, se va del aposento, mi mirada lo sigue, antes que se pierda viene un sirviente hombre, bastante mayor, me trae agua, jugo y frutas, él se medio detiene y hace un gesto de gratitud al sirviente. Luego se va.
No lo sé, su presencia me irrita, mas me reconforta, siento que me trata distinta al resto, pero también no olvido que aquí no tengo voz ni voto. Aquí soy propiedad de alguien.
Y aunque soy de origen de esta cultura y profeso la misma religión, crecí por situaciones del destino lejos de estas costumbres, claro sabiendo que existía algo así, pero sin sentirlo en carne propia.
Estaba sumida en mis pensamientos cuando llegó dos criadas jóvenes, me dijeron al unísono.
-Nos enviaron para ser sus damas de compañía.
Solo asentí sin decir media palabra. Una de ellas dijo.
-Señorita, le calentaré agua para su baño nocturno, ¿le gustaría que ponga especias y esencias de rosas?
-Esta bien, has lo que sepas hacer -dije sin emoción.
La otra chica quería hablar, me miró de reojo, me dijo.
-Tu rostro es cautivador, tienes unos ojos muy hermosos. Creo que naciste con las estrellas.
Fruncí mis cejas en señal de no estar entendiendo a sus observaciones hacia mi persona. Ella habló nuevamente y me dijo.
-Eres una mujer muy bella, también tienes una mirada cautivante, podrías lograr muchas cosas.
-¿Cosas como qué? pregunté. -Sonrieron algo nerviosas y dijo la primera chica por nombre Osiri.
-Puedes incluso casarte con el heredero en Jefe, o llegar a ser la concubina del Jeque actual, ya que él ya está casado y tiene suficientes concubinas.
-El Rey -Dijo la otra.
-No quiero casarme con nadie -Dije en tono amargo de manera sorpresiva para las dos mujeres.
-¿Prefieres ser parte del harem del jefe Assad Qatar, dicen que es grotesco con las mujeres a la hora de...
-¿A la hora de qué? -Ellas titubearon un poco y luego dijo.
-Bueno, a la hora de la intimidad.